May 1, 2021
De parte de Memoria Libertaria
323 puntos de vista


El Salto/

Recordamos los hechos que originaron la celebraci贸n del 1 de mayo por parte de la clase trabajadora

https://www.elsaltodiario.com/conquista-derecho/-historia-del-primero-de-mayo

El 1 de mayo de 1886 arranc贸 una huelga general por la jornada laboral de ocho horas en Norteam茅rica. El 4 de mayo, una bomba arrojada en una concentraci贸n en Chicago mat贸 a siete polic铆as. Ocho anarquistas fueron condenados por estos hechos y cinco de ellos fueron ejecutados. Desde entonces se les conoce como los M谩rtires de Chicago.

Forest Park

Monumento a os m谩rtires de Chicago

En octubre de 1884, la Federaci贸n de Sindicatos de Estados Unidos y Canad谩 se fij贸 como objetivo conseguir la implementaci贸n de la jornada laboral de ocho horas no m谩s tarde del 1 de mayo de 1886. Esta idea no fue bien acogida por la patronal, que no s贸lo se opuso a la misma, sino que adem谩s empez贸 a redactar listas negras de sindicalistas y a contratar a esquiroles y rompe-huelgas, entre los cuales destaca la agencia de detectives Pinkerton, cuyos agentes amenazaban a trabajadores organizados y provocaban tensiones raciales entre la clase obrera, entre otros encargos.

Un a帽o y medio despu茅s, la fecha acechaba sin que se hubiera logrado todav铆a su prop贸sito, por lo que los sindicatos del pa铆s convocaron una huelga general que empezar铆a. 鈥隆Un d铆a de rebeli贸n, no de descanso!鈥 rezaba el llamamiento. 鈥Un d铆a no ordenado por los voceros jactanciosos de las instituciones que tienen encadenado al mundo del trabajador. 隆Un d铆a en que el trabajador hace sus propias leyes y tiene el poder de ejecutarlas! Todo sin el consentimiento ni aprobaci贸n de los que oprimen y gobiernan. Un d铆a en que con tremenda fuerza la unidad del ej茅rcito de los trabajadores se moviliza contra los que hoy dominan el destino de los pueblos de toda naci贸n. Un d铆a de protesta contra la opresi贸n y la tiran铆a, contra la ignorancia y la guerra de todo tipo. Un d铆a en que comenzar a disfrutar 鈥榦cho horas de trabajo, ocho horas de descanso, ocho horas para lo que nos d茅 la gana鈥.

La huelga del Primero de Mayo de 1886 fue un aut茅ntico 茅xito. Las cifras de trabajadores que la secundaron en Estados Unidos en su primera jornada oscila entre los 300.000 y los 500.000. Se estima que la ciudad donde m谩s incidencia tuvo fue Chicago, con unas 40.000 personas haciendo huelga y unas 80.000 participando en las movilizaciones. La manifestaci贸n m谩s importante de la jornada transcurri贸 por la Avenida Michigan y fue encabezada por el matrimonio de anarquistas Albert y Lucy Parsons.

Los Parsons

Albert Parsons hab铆a luchado en el bando confederado durante la Guerra Civil americana, 鈥la revuelta de los esclavistas鈥, como la denominar铆a m谩s tarde. Tras la contienda se instal贸 en Waco (Texas), se involucr贸 en campa帽as por los derechos de los antiguos esclavos y se cas贸 con Lucy Gonzales, la hija de una esclava negra y su amo blanco. El matrimonio interracial y sus opiniones pol铆ticas abolicionistas les granjearon enemistades con los antiguos compa帽eros del ej茅rcito sure帽o y el temido Ku Klux Klan, por lo que tuvieron que huir de Texas y terminaron por instalarse en Chicago (Illinois).

Lucy Parsons.

Una vez all铆, la pareja transit贸 por una militancia socialista en los Knights of Labor para desembarcar en un activismo anarquista en la International Working People鈥檚 Association. Fundaron el peri贸dico The Alarm y r谩pidamente se convirtieron en los sindicalistas m谩s conocidos de la regi贸n. Tanto la polic铆a de Chicago como el mism铆simo Allan Pinkerton los llegaron a considerar 鈥m谩s peligrosos que mil personas causando disturbios鈥. El Jefe de Polic铆a de la ciudad lleg贸 a detener a Parsons en una ocasi贸n mientras se dirig铆a a la sede del Chicagoer Arbeiter-Zeitung (un peri贸dico socialista escrito en alem谩n), se lo llev贸 al ayuntamiento y, ante una treintena de concejales que ped铆an su ejecuci贸n, le aconsej贸 que abandonara el municipio por su propia seguridad.

La Revuelta de Haymarket

La huelga hab铆a logrado mantenerse no violenta gracias a la coordinaci贸n de August Spies, un joven l铆der anarcosindicalista y editor del precitado peri贸dico alem谩n. Sin embargo, en su tercera jornada, algunos huelguistas se enfrentaron a los esquiroles que hab铆an acudido a trabajar a las f谩bricas y la polic铆a dispar贸 contra ellos, matando a dos personas.

Indignados por la violencia policial, grupos anarquistas convocaron una manifestaci贸n al d铆a siguiente, el 4 de mayo, en la plaza de Haymarket, el coraz贸n comercial de Chicago. El primer borrador del panfleto de la convocatoria hac铆a un llamamiento a que la clase trabajadora acudiera armada al evento, pero Spies dijo que no participar铆a si se manten铆a esa frase. Se redact贸 un segundo panfleto, retir谩ndola, y se distribuyeron m谩s de 20.000 copias, en ingl茅s y en alem谩n, en un solo d铆a.

Primera versi贸n del panfleto, llamando a acudir armados

Al d铆a siguiente, la concentraci贸n comenz贸 de forma pac铆fica. Albert Parsons y August Spies dieron largos discursos ante las cerca de 3.000 personas congregadas. Spies asegur贸 en su intervenci贸n que el objetivo de esa manifestaci贸n no era organizar disturbios, sino reivindicar la jornada laboral de ocho horas y explicar los 煤ltimos acontencimientos.

Varios agentes de polic铆a observaban atentos a las personas congregadas, que se encontraban en una actitud pac铆fica. Tambi茅n se acerc贸 a escuchar a los ponentes el alcalde de Chicago, Carter Harrison, el cual se march贸 antes de que acabaran las intervenciones a la vista de que la multitud se encontraba muy tranquila.

A Spies le sigui贸 en el escenario Samuel Fielden, un pastor metodista, alba帽il, anarcosindicalista y tesorero de la American Group. Spies permaneci贸 en el escenario junto a 茅l, mientras que Parsons les abandon贸, junto a su amigo Albert Fischer, para atender otro mitin anarquista en Zepf鈥檚 Hall.

Fielden no hab铆a participado en la preparaci贸n de la manifestaci贸n, al haberse enterado tarde de su existencia y se hab铆a ofrecido voluntario para hablar en el 煤ltimo momento. Su discurso no dur贸 m谩s de diez minutos, pero fue apasionado y llamaba a la movilizaci贸n. Mientras finalizaba su intervenci贸n, un numeroso grupo de polic铆as se person贸 en el lugar, se acercaron al carro al que estaban subidos los oradores y empezaron a dispersar a la multitud. El inspector de polic铆a John Bonfield orden贸 a Fielden que detuviera su discurso y a las personas concentradas que se marcharan, a lo cual Fielden le contest贸 que se trataba de una reuni贸n pac铆fica y que no ten铆an ning煤n derecho para interrumpirla.

En ese momento, alguien arroj贸 una bomba de fabricaci贸n casera hacia el grupo de polic铆as, la cual deton贸 y mat贸 a siete de ellos en el momento. Se trata de la mayor matanza de agentes de la historia del cuerpo de polic铆a de Chicago. Una ciudad que, recordemos, alberg贸 a Al Capone.

Este hecho fue seguido de un intenso tiroteo entre obreros y polic铆as. El New York Times asegur贸 que los manifestantes dispararon primero, mientras que el historiador Paul Avrich sostiene que fueron los agentes quienes lo iniciaron, disparando sobre personas que hu铆an del lugar. Sobre lo que s铆 hay consenso es que en escasos minutos la plaza se vaci贸 y 60 polic铆as acabaron heridos, pero muchos de ellos por fuego amigo. El agente de polic铆a Michael Schaack, encargado de investigar los hechos, escribir铆a tiempo despu茅s confesando que el alto n煤mero de heridos en su bando se deb铆a a 鈥excesos鈥 cometidos por compa帽eros suyos.

En total siete agentes y cuatro manifestantes fallecieron ese d铆a. Otro polic铆a fallecer铆a dos d铆as m谩s tarde a consecuencia de sus heridas. Se desconoce el n煤mero de trabajadores lesionados, pues muchos no acudieron a ser atendidos por m茅dicos para evitar posibles detenciones.

Las detenciones

Al d铆a siguiente, la polic铆a llev贸 a cabo una redada en la sede del Chicagoer Arbeiter-Zeitung. August Spies fue detenido en el acto, as铆 como su tip贸grafo, Adolph Fischer.

Varios registros en domicilios de conocidos anarquistas se llevaron a cabo en los siguientes d铆as y decenas de activistas fueron detenidos.

Entre las casas que se registraron se encontraba la del anarquista Louis Lingg, donde el 7 de mayo se encontr贸 dinamita y materiales para fabricar bombas.

Tambi茅n fueron detenidos Samuel Fielden, Michael Schwabb (editor del Arbeiter-Zeitung), Oscar Neebe (quien intent贸 relanzar el Arbeiter tras las detenciones) y George Engel, conocido por ser un sindicalista muy activo, pese a que el d铆a de los hechos hab铆a estado en su casa jugando a las cartas.

Albert Parsons no se encontraba en Chicago durante las detenciones, pero sabiendo que le estaban buscando y no queriendo abandonar a sus compa帽eros, se entreg贸 a las autoridades.

En total ocho personas fueron acusadas de conspirar y organizar la matanza. A nadie se le atribuy贸 concretamente la acci贸n de arrojar la bomba. Cinco de los acusados eran inmigrantes alemanes: August Spies, Louis Lingg, Michael Schwab, George Engel y Adolph Fischer. El sexto, Oscar Neebe, hab铆a nacido en Estados Unidos, pero era de origen alem谩n. Albert Parsons tambi茅n hab铆a nacido en Estados Unidos y era de origen ingl茅s. El octavo acusado, Samuel Fielden, hab铆a nacido en Inglaterra.

La condici贸n de extranjeros de la mayor铆a de ellos tuvo un enorme peso en la sociedad estadounidense, que tem铆a la invasi贸n de 鈥渋deas revolucionarias extranjeras鈥, como bien explica Tom Goyens en su ensayo, publicado en 2007, Beer and Revolution: The German Anarchist Movement in New York (1880-1914).

De todos los acusados, solo August Spies y Samuel Fielden hab铆an estado presentes en Haymarket durante la explosi贸n.

El juicio

El juicio contra los ocho acusados arranc贸 el 21 de junio de 1886 y finaliz贸 el 21 de agosto. El juez, Joseph Gary, no supo guardar las formas y se mostr贸 muy hostil hacia los acusados a lo largo de todo el proceso.

La campa帽a de solidaridad con los acusados consigui贸 reunir 40.000 d贸lares para pagar a investigadores, cronistas que documentaran la totalidad del juicio y pagar los 鈥渕odestos honorarios鈥 de los abogados defensores, en palabras del historiador Paul Avrich.

La defensa fue liderada por el abogado William Perkins Black, un respetado veterano de la Guerra Civil condecorado con la Medalla de Honor y letrado de gran prestigio en Chicago. Sin embargo, su buena reputaci贸n no pudo soportar la decisi贸n de defender a los anarquistas y, como consecuencia, fue condenado al ostracismo por sus compa帽eros y perdi贸 muchos clientes. Le acompa帽aron en estrados los abogados Sigmund Zeisler (miembro de la Liga Antiimperialista), Moses Salomon y William Foster.

William P. Black

Los acusados no solo tuvieron que hacer frente al cuerpo de polic铆a de Chicago, sino tambi茅n al imperio medi谩tico. El New York Times public贸 un art铆culo titulado 鈥La Mano Roja de la Anarqu铆a鈥 en la que describi贸 el incidente como el 鈥fruto sangriento de las viles ense帽anzas de los anarquistas鈥. El Chicago Times describi贸 a los procesados como los 鈥consejeros de los disturbios, el pillaje, el incendiarismo y el asesinato鈥 y les tach贸 de 鈥渂rutos鈥, 鈥rufianes鈥, 鈥monstruos鈥, 鈥cobardes鈥, 鈥asesinos鈥, 鈥ladrones鈥 y 鈥criminales鈥. El bi贸logo brit谩nico Edward Aveling lleg贸 a decir que 鈥si estos hombres finalmente son ahorcados, habr谩 sido el Chicago Times quien lo haya hecho鈥.

El relato del juicio del historiador Paul Avrich en su maravillosa obra The Haymarket Tragedy (1984) es apasionante desde el inicio. Seg煤n Avrich, la formaci贸n del jurado result贸 especialmente tramposa, pues cualquier miembro de un sindicato o simpatizante del socialismo fue descartado de inmediato. De los doce miembros del jurado que se form贸, muchos confesaron tener prejuicios hacia los acusados, bien por su condici贸n de extranjeros, bien por sus ideas anarquistas. El juez Gary no lo consider贸 motivo suficiente como para excluirles.

Por su parte, el Fiscal Julius Grinnell era consciente de que casi ninguno de los ocho procesados se hallaba presente en el lugar de los hechos el 4 de mayo, por lo que bas贸 su acusaci贸n en que los procesados no hab铆an hecho nada por desalentar a la persona que arroj贸 la bomba, por lo que eran tan culpables como el autor.

Un total de 118 personas declararon en el juicio, entre ellos 54 agentes de polic铆a. Destac贸 el testimonio del inspector Michael Schaack, quien lider贸 la investigaci贸n de los hechos. Schaack asegur贸 que hab铆a analizado la composici贸n qu铆mica de la dinamita de la explosi贸n y que coincid铆a con la que se encontr贸 en el domicilio de Lingg, por lo que concluy贸 que los anarquistas de la ciudad llevaban tiempo experimentando con explosivos. Oscar Neebe le espet贸 en una sesi贸n del juicio que la banda criminal m谩s peligrosa de la ciudad era la polic铆a, que hab铆an destrozado sus casas durante las redadas y hab铆an robado dinero y relojes. Schaack respondi贸 con una carcajada y Neebe le dijo 鈥no se r铆a, Schaack. Es usted un anarquista, tal y como entiende usted este concepto. Lo son todos ustedes, en ese sentido, debo decir鈥.

Schaack fue expulsado poco despu茅s del cuerpo de polic铆a por haber fabricado las pruebas que se utilizaron en el juicio, aunque fue reintegrado en 1892. Durante el tiempo que permaneci贸 fuera del cuerpo public贸 el ensayo Anarqu铆a y Anarquismo (1889), que logr贸 infligir rechazo y miedo hacia los anarquistas en la clase media estadounidense.

De los acusados, 煤nicamente Fielden, Schwab, Spies y Parsons declararon en el juicio. Los discursos de todos ellos en general, y de estos dos 煤ltimos en particular, han llenado p谩ginas de libros de historia judicial y anarquista. El libro Contra los Jueces (2009) analiza el discurso de August Spies, al que titula 鈥淢i Defensa es Vuestra Acusaci贸n鈥.

驴Cre茅is, se帽ores, que cuando nuestros cad谩veres hayan sido arrojados a la fosa se habr谩 acabado todo? 驴Cre茅is que la guerra social se acabar谩 estrangul谩ndonos b谩rbaramente? 隆Ah, no! Sobre vuestro veredicto quedar谩 el del pueblo americano y el del mundo entero, para demostraros vuestra injusticia y las injusticias sociales que nos llevan al cadalso鈥 exclam贸 Parsons durante su turno de palabra.

El veredicto

El jurado declar贸 culpables a los ocho acusados. El juez Gary conden贸 a todos a muerte, salvo a Oscar Neebe, a quien impuso una condena de quince a帽os de prisi贸n.

Tras escuchar el veredicto, Louis Ling le dijo al jurado lo siguiente: 鈥soy enemigo del orden de hoy y repito que con todas mis fuerzas, mientras tenga aliento para respirar, lo combatir茅. Les desprecio. Desprecio su orden, sus leyes, su autoridad apuntalada por la fuerza. Ah贸rquenme por ello鈥.

George Engel, por su parte, profiri贸 el siguiente discurso: 鈥Es la primera vez que comparezco ante un tribunal norteamericano, y en 茅l se me acusa de asesino. 驴Y por qu茅 raz贸n estoy aqu铆? 驴Por qu茅 raz贸n se me acusa de asesino? Por la misma que me hizo abandonar Alemania; por la pobreza, por la miseria de la clase trabajadora. Aqu铆 tambi茅n, en esta 芦Rep煤blica Libre禄, en el pa铆s m谩s rico de la tierra, hay muchos obreros que no tienen lugar en el banquete de la vida y que como parias sociales arrastran una vida miserable. Aqu铆 he visto a seres humanos buscando algo con que alimentarse en los montones de basura de las calles.

[鈥 Cuando en 1878 vine desde Philadelphia a esta ciudad cre铆 iba a hallar mas f谩cilmente medios de vida aqu铆, en Chicago, que en aquella ciudad, donde me resultaba imposible vivir por m谩s tiempo. Pero mi desilusi贸n fue completa. Entonces comprend铆a que para el obrero no hay diferencia entre Nueva York, Philadelphia y Chicago, as铆 como no la hay entre Alemania y esta tan ponderada Rep煤blica. Un compa帽ero de taller me hizo comprender, cient铆ficamente, la causa de que en este pa铆s rico no puede vivir decentemente el proletario. Compr茅 libros para ilustrarme m谩s y yo, que hab铆a sido pol铆tico de buena fe, abomin茅 de la pol铆tica y de las elecciones y comprend铆 que todos los partidos estaban degradados y que los mismos socialistas dem贸cratas ca铆an en la corrupci贸n m谩s completa.

Entonces entr茅 en la Asociaci贸n Internacional de los Trabajadores. Los miembros de esta Asociaci贸n estamos convencidos de que s贸lo por la fuerza podr谩n emanciparse los trabajadores, de acuerdo con lo que la historia ense帽a. En ella podemos aprender que la fuerza libert贸 a los primeros colonizadores de este pa铆s, que s贸lo por la fuerza fue abolida la esclavitud y que, as铆 como fue ahorcado el primero que en este pa铆s agit贸 a la opini贸n contra la esclavitud, vamos a ser ahorcados nosotros.

[鈥 驴En qu茅 consiste mi crimen? En que he trabajado por el establecimiento de un sistema social donde sea imposible que mientras unos amontonen millones [鈥, otros caen en la degradaci贸n y la miseria. As铆 como el agua y el aire son libres para todos, as铆 la tierra y las invenciones de los hombres de ciencia deben ser utilizadas en beneficios de todos. Vuestras leyes est谩n en oposici贸n con las de la naturaleza y mediante ellas rob谩is a las masas el derecho a la vida, a la libertad y al bienestar [鈥 La noche en que fue arrojada la primera bomba en este pa铆s, yo estaba en mi casa y no sab铆a una palabra de la 鈥榗onspiraci贸n鈥 que pretende haber descubierto el ministerio p煤blico. Es cierto que tengo relaci贸n con mis compa帽eros de proceso, pero a algunos s贸lo los conozco por haberlos visto en las reuniones de trabajadores. No niego tampoco que he hablado en varios m铆tines ni niego haber afirmado que, si cada trabajador llevara una bomba en el bolsillo, pronto ser铆a derribado el sistema capitalista imperante. Esa es mi opini贸n y mi deseo, [pero] no combato individualmente a los capitalistas; combato al sistema que produce sus privilegios. Mi m谩s ardiente deseo es que los trabajadores sepan qui茅nes son sus enemigos y qui茅nes sus amigos. Todo lo dem谩s merece mi desprecio. Desprecio el poder de un gobierno inocuo. Desprecio a sus polic铆as y a sus esp铆as.

En cuanto a mi condena, que fue alentada y decidida por la influencia capitalista, nada mas tengo que decir鈥.

Las condenas

Una vez que el Tribunal Supremo desestim贸 el recurso interpuesto por la defensa, el gobernador de Illinois, James Oglesby conmut贸 la pena de muerte de Fielden y Schwab por una condena a cadena perpetua. Lo hizo el 10 de noviembre de 1887. A Parsons se le advirti贸 que seguramente podr铆a conseguir el mismo beneficio, debido a su fama, su pasado militar, a que se hab铆a entregado voluntariamente y a su nacimiento en Estados Unidos, pero se neg贸 a pedir clemencia al gobernador, pues consideraba que se entender铆a como un reconocimiento de su culpabilidad.

Esa misma noche, Louis Ling se suicid贸 con un explosivo que consigui贸 colar en la prisi贸n. Se lo puso en la boca como si se tratase de un cigarro y la detonaci贸n le vol贸 media cara, pero no muri贸 en el acto y tard贸 seis largas y agonizantes horas en fallecer.

Al d铆a siguiente, Engel, Fischer, Parsons y Spies fueron ejecutados en la horca. Como hab铆an hecho en incontables manifestaciones anteriores, cantaron La Marsellesa, el himno revolucionario por excelencia, antes de subir al cadalso. Engel y Fischer gritaron 鈥viva la anarqu铆a鈥 antes de morir y Parsons exclam贸 鈥llegar谩 el d铆a en el que nuestro silencio ser谩 m谩s poderoso que las voces que ahog谩is hoy. Dejad que se escuche la voz del pueblo鈥.

Desde entonces se les conoce como los M谩rtires de Chicago.

Los siete condenados a muerte

Lucy Parsons intent贸 ver a su marido una 煤ltima vez, pero fue detenida antes de llegar a la prisi贸n y registrada por si portaba alguna bomba y no pudo lograr su objetivo. 

En 1893, el nuevo gobernador de Illinois, John Peter Altgeld, un inmigrante alem谩n, indult贸 a Fielden, Neebe y Schwab, asegurando que hab铆an sido v铆ctimas de la 鈥histeria, juicios injustos y prejuicios鈥 y que el Estado 鈥nunca ha descubierto qui茅n tir贸 la bomba y nunca




Fuente: Memorialibertaria.org