October 27, 2021
De parte de La Haine
400 puntos de vista


Enzo Traverso responde desde su casa en Ithaca (NY, EEUU) como podr铆a hacerlo desde cualquier parte del mundo. La hiperlocalizaci贸n a la que lo compeli贸, tambi茅n a 茅l, la pandemia, dej贸 ese aprendizaje: es posible habitar todos los lugares desde alguno de sus rincones… y ello sin perjuicio de que se pueda atesorar uno de ellos como favorito.

El de Traverso es, quiz谩s, aquel que le permita ver desde la ventana algo del Mediterr谩neo que dej贸 atr谩s hace tiempo. Nacido en Italia, Traverso recuerda sus a帽os de juventud, que son los de su militancia pol铆tica y de su formaci贸n te贸rica, como momentos intensos. El fin de la hegemon铆a cultural y pol铆tica del PCI (Partido Comunista Italiano) hacia la d茅cada del 80 hab铆a dado lugar a la combinaci贸n poco feliz de terrorismo fascista, represi贸n estatal y declive socio-cultural. En esa atm贸sfera un tanto irrespirable, la mayor aspiraci贸n ut贸pica, recuerda ahora con iron铆a Traverso, se condensaba en el estribillo de la canci贸n que sonaba por entonces en todas las radios: “vamos a la playa oh, oh, oooh…”.

En esa Italia no hab铆a lugar para estudiosos, intelectuales, investigadores. Su destino diasp贸rico lo llev贸 no a Alemania -lugar de procedencia de sus autores de referencia- sino a Francia. En su reconstrucci贸n autobiogr谩fica, Par铆s aparece como el signo de la liberaci贸n de los condicionamientos y la apertura de nuevos comienzos. Es el lugar del encuentro con Michael L枚wy y, de su mano, con todos los exiliados latinomericanos, muchos de los cuales eran jud铆os. La huella de esos encuentros se lee tanto en esa manera descentrada, no etnoc茅ntrica, de interpretar la historia como en la complicidad que uno siente cuando conversa con 茅l. En ese contexto se aboca a estudios que los llevan a desplazar el tropo del Holocausto como prisma exclusivo y excluyente para interrogar las violencias del siglo XX (y las contempor谩neas). Desde entonces sus abordajes ser谩n innovadores y sus libros no estar谩n exentos de fruct铆feras pol茅micas.

No es f谩cil elegir con qu茅 comenzar una entrevista, entonces se me ocurri贸 partir por una pregunta por los comienzos: 驴c贸mo explicar铆as el o los comienzos de esta 茅poca en que vivimos? 驴Qu茅 temporalidades convoca? 驴Qu茅 rasgos generales porta y qu茅 inflexiones singulares?

Los comienzos del neoliberalismo son ya lejanos. En t茅rminos intelectuales, debemos situarlo en los a帽os 1930. Como forma dominante del capitalismo, tiene al menos cuarenta a帽os de vida, desde que fue introducido por Margaret Thatcher y Ronald Reagan hacia comienzos de los a帽os 80 del siglo pasado (Am茅rica Latina, que fue su laboratorio, lo experiment贸 mucho antes con Pinochet). Esto significa que casi dos generaciones vivieron dentro de un r茅gimen de historicidad neoliberal. Para los j贸venes, el neoliberalismo es la norma, una “forma de vida” que configura al planeta. Para poder confrontarlo con otros modelos econ贸micos y sociales de los cuales se ha hecho una experiencia, es necesario tener por lo menos setenta a帽os. En pocas palabras, creo que el neoliberalismo es mucho m谩s que un conjunto de pol铆ticas econ贸micas; creo que no es, en absoluto, reductible a la privatizaci贸n de los servicios p煤blicos, a la financiarizaci贸n de la econom铆a, a la desregulaci贸n de los mercados, etc, etc. Sin duda, podemos verlo como una alternativa ganadora del Welfare State, que fue la forma dominante del capitalismo en la posguerra, pero se trata de una simplificaci贸n.

El neoliberalismo, como subrayan Pierre Dardot y Christian Laval, es una forma de “conducirse en la vida” (Lebensf眉hrung) en el sentido weberiano, un modelo antropol贸gico que prescribe valores, comportamientos y una 茅tica general. Se trata de un modelo antropol贸gico basado en el individualismo, en la competencia y en la organizaci贸n de la existencia en funci贸n de la b煤squeda de un inter茅s privado. Cada uno debe concebir su propia vida como “emprendedor” de s铆 mismo. Algunos lo han definido como una nueva percepci贸n y representaci贸n del tiempo; el neoliberalismo es “presentista” porque solo conozco el presente; comprime pasado y futuro en el presente. No existe m谩s la idea de futuro si no es como renovaci贸n y cambio permanente en un marco social y econ贸mico inmutable; el futuro s贸lo puede concebirse como un “茅xito” individual y, por lo tanto, tambi茅n est谩 privatizado. Aquello que hizo posible esta mutaci贸n antropol贸gica fue el fracaso de las revoluciones del siglo XX. La URSS no atra铆a ya a ninguno, y en comparaci贸n el neoliberalismo parec铆a ofrecer amplios espacios de libertad individual (muchos, hasta Foucault inclusive, lo creyeron), pero la existencia de la URSS indicaba que el capitalismo ten铆a alternativa. Hoy, el capitalismo se “naturaliz贸” y este es su mayor 茅xito. La f贸rmula discursiva preferida de Margaret Thatcher era “There is no alternative”.

Seg煤n distintos autores podr铆a establecerse un lazo entre neoliberalismo y lo que denomin谩s, en Las nuevas caras de la derecha, “posfascismos”, cuya figura emblem谩tica ser铆a, en gran medida, Donald Trump. All铆 entend茅s a Trump, entre otras cosas, como un emergente de una reacci贸n al neoliberalismo. Mi pregunta es si no podr铆a pensarse tambi茅n en Trump y en otras figuras de la derecha radical contempor谩nea como una continuidad o derivado del neoliberalismo, antes que como una reacci贸n ante 茅l…

Trump es seguramente un producto del neoliberalismo, come Bolsonaro en Brasil, y como antes de ellos tantos otros, partiendo desde Berlusconi en Italia. El neoliberalismo no tiene un color pol铆tico, es por su naturaleza compatible con (y disoluble en) todos los reg铆menes pol铆ticos respetuosos de la propiedad privada y del mercado. Las elites financieras americanas se acomodaron muy bien con Trump durante cuatro a帽os, y lo mismo sucede hoy en Brasil con Bolsonaro. Pero Trump no era su candidato en 2017 ni tampoco en 2020. En enero de 2021, cuando Trump explicit贸 sus pulsiones fascistas buscando volver a poner en discusi贸n el resultado de las elecciones y sosteniendo un movimiento abiertamente subversivo, las elites lo abandonaron. No lo hicieron porque amen la democracia o sean antirracistas, sino porque necesitan estabilidad y no tienen ning煤n inter茅s en empujar al pa铆s a una guerra civil. Wall Street, el Pent谩gono, la gran industria del Midwest y las multinacionales californianas de las nuevas tecnolog铆as nunca apoyar谩n un movimiento supremacista blanco para evitar que Joe Biden se convierta en Presidente. Hoy el Partido Republicano encuentra grandes dificultades precisamente porque su fidelidad con Trump es dif铆cilmente compatible con su rol tradicional de pilar del establishment estadounidense.

“Hoy el Partido Republicano encuentra grandes dificultades precisamente porque su fidelidad con Trump es dif铆cilmente compatible con su rol tradicional de pilar del establishment estadounidense.”

En Europa, las elites neoliberales no apoyan Alternative f眉r Deutschland, Marine Le Pen, Matteo Salvini o Vox; sus representantes son Macron, Angela Merkel y Mario Draghi. Apoyan a la Comisi贸n y al Banco Central Europeo, no a la extrema derecha que reivindica el retorno a las soberan铆as nacionales y a las monedas nacionales. Es cierto que el impulso hacia la derecha radical es fuerte. Si estos movimientos llegaran al poder, deber铆an lograr un compromiso con el neoliberalismo y revisar sus programas: esto es lo que sucedi贸 en Polonia y en Hungr铆a, esto est谩 sucediendo en Italia con el ingreso de la Lega de Salvini en el gobierno de Draghi, y esto podr铆a suceder en Francia, despu茅s de que Marine Le Pen haya declarado no querer abandonar el euro. Pero estos peque帽os giros indican una subordinaci贸n de la derecha al neoliberalismo, no a la inversa. Una forma de neoliberalismo autoritario no necesita de la extrema derecha, basta observar el incremento de la violencia policial en la Francia de Macron. Un planeta “fascistizado” sobre bases neoliberales es una hip贸tesis que no podemos excluir; nada se opone a ella desde el punto de vista te贸rico. Hoy, sin embargo, 茅sta no me parece la hip贸tesis dominante.

De este lado del continente americano -en el Sur- no tenemos a Trump pero s铆 a Bolsonaro… Bien, como se帽al谩s, los mitos a los que apelan los posfascismos no son equiparables a aquellos del fascismo cl谩sico, creo que estar铆as de acuerdo conmigo en admitir que existe una dimensi贸n m铆tico-ideol贸gica indudable en ambos. La pregunta ser铆a: 驴qu茅 “mitolog铆as” o, en rigor, qu茅 retazos de discursos sociales sirven para edificar los castillos ideol贸gicos en los que se asientan estas figuras pol铆ticas?

La mitolog铆a de la derecha radical es heredada del siglo XIX, es conservadora y no posee la carga “ut贸pica”, ni tampoco la proyecci贸n hacia el futuro que caracterizaba al fascismo cl谩sico. Quienes en la actualidad planifican el futuro del planeta son las elites neoliberales, no la extrema derecha. Los mitos de la derecha radical son un retorno al pasado. Ella encarna una cultura nacionalista, racista y xen贸foba que corresponde a una forma del capitalismo del siglo XIX anterior al giro neoliberal. Decir esto no significa en absoluto defender al neoliberalismo. Pongamos un ejemplo concreto. Las grandes multinacionales como Microsoft, Amazon, Apple, entre otras, tienen una dimensi贸n global. Sus estrategias implican una divisi贸n internacional del trabajo que supone condiciones de explotaci贸n brutales y una semiesclavitud en gran parte del mundo, especialmente en Asia.

Un visionario neoliberal “ut贸pico” como Elon Musk imagina inclusive un planeta Tierra trasformado en un jard铆n con la producci贸n deslocalizada en planetas sat茅lites habitados por esclavos. Estas mismas multinacionales emplean y pagan muy bien, en sus compa帽铆as-jardines de Silicon Valley, a inform谩ticos, arquitectos, dise帽adores y t茅cnicos especializados que vienen de India, de Pakist谩n, de 脕frica o de Am茅rica Latina. Y no se preocupan para nada por las inclinaciones sexuales de sus empleados. El capitalismo neoliberal no le teme a una Am茅rica multirracial, multicultural y pluralista en el plano religioso, porque este es el ADN de EEUU. La supremac铆a blanca, el miedo de una sociedad blanca devenida minor铆a en una naci贸n multirracial es un fantasma racista muy antiguo, anterior al capitalismo globalizado. Es cierto que este racismo se alimenta de las contradicciones del capitalismo global y prospera por todas partes, pero no es el espejo de la visi贸n del mundo neoliberal.

“Los mitos de la derecha radical son un retorno al pasado. Ella encarna una cultura nacionalista, racista y xen贸foba que corresponde a una forma del capitalismo del siglo XIX anterior al giro neoliberal.”

En una entrevista que diste a Massimo Modonesi en el 2008 dec铆as: “hay una expansi贸n de los estudios sobre el comunismo que es paralela al eclipse de la memoria del comunismo en el espacio p煤blico”. A prop贸sito de esto quer铆a preguntarte si no consider谩s que hoy, quiz谩s fundado en aquel desconocimiento, el comunismo est谩 llamado a cumplir el rol de espectro a ser conjurado toda vez que fracasa en este rol (de producir espanto) la amenaza del populismo… Y, por otro lado, 驴c贸mo podr铆a desarticularse esto?

Massimo Modonesi ha captado una contradicci贸n real que merece ser meditada por lo que revela. La desaparici贸n relativa del comunismo de la esfera p煤blica y la expansi贸n paralela de los estudios sobre su historia est谩n indicando la metamorfosis en “lugar de la memoria”. Seg煤n Pierre Nora, que ha acu帽ado este concepto, los “lugares de la memoria” nacen cuando la memoria deja de palpitar en el cuerpo social y no es m谩s transmitida de una generaci贸n a otra como un conjunto de conocimientos, pr谩cticas y experiencias colectivas. La historizaci贸n del comunismo coincide con su desaparici贸n de la vida real. Esto no significa que la ret贸rica anticomunista haya desaparecido: ella sobrevive y puede ser movilizada en formas demag贸gicas en diversas ocasiones; pensemos en la campa帽a contra Bernie Sanders en 2019-2020, en la de la derecha espa帽ola contra Podemos, etc., pero en general el anticomunismo no es m谩s un elemento constitutivo del imaginario y de la cultura de la derecha. Permanece en el trasfondo, como parte de su “archivo” cultural e ideol贸gico, listo para ser reactivado en cualquier momento.

Desde este punto de vista, es interesante esbozar una comparaci贸n. Aun desplazado del escenario, el anticomunismo permanece presente en el archivo ideol贸gico de la derecha mientras que el comunismo est谩 casi totalmente ausente de la cultura y del imaginario de los nuevos movimientos alternativos. No ha desarrollado ning煤n rol relevante en las primaveras 谩rabes, en Occupy Wall Street, en el 15M espa帽ol, en la Nuit Debout francesa, etc. La extrema derecha se apega a su repertorio -nacionalismo, racismo, xenofobia, homofobia, misoginia, etc.- introduciendo algunas variantes (la islamofobia tiende a ocupar el puesto del antisemitismo). Los movimientos alternativos deben reinventarse, pero no reivindican ninguna continuidad con el pasado, con excepci贸n de una cultura anticolonial y antirracista que ciertamente estaba presente, pero no era dominante, en la tradici贸n comunista.

“Aun desplazado del escenario, el anticomunismo permanece presente en el archivo ideol贸gico de la derecha mientras que el comunismo est谩 casi totalmente ausente de la cultura y del imaginario de los nuevos movimientos alternativos.”

Desde este punto de vista, la ruptura de continuidad hist贸rica ha sido mucho m谩s profunda en la izquierda que en la derecha. Los nuevos movimientos alternativos redescubren una tradici贸n libertaria, no en el sentido doctrinario del anarquismo sino m谩s bien como sensibilidad antiautoritaria, indiferencia a las instituciones, democracia horizontal, participaci贸n colectiva, rechazo de toda jerarqu铆a…

En sus pr谩cticas, la ecolog铆a, la reivindicaci贸n de nuevos derechos, la cr铆tica de las desigualdades sociales, la cr铆tica de las discriminaciones de clase, raza, religi贸n y g茅nero tienen la misma legitimidad, en una suerte de “interseccionalismo” integral. A veces estos movimientos exhuman tradiciones escondidas, por ejemplo, la Comuna de Par铆s, redescubierta como experiencia de democracia directa, fuera de la imagen que le hab铆a dado el comunismo durante todo el siglo XX: aquella de una prefiguraci贸n, todav铆a inmadura, de la Revoluci贸n de Octubre.

Es un movimiento caracter铆stico de ciertas corrientes de izquierda el llamado a tomar conceptos, autores o categor铆as identificadas con la derecha para un uso/refuncionalizaci贸n en provecho de una acci贸n emancipatoria. Hoy pareci茅ramos asistir a un movimiento semejante pero de signo contrario: es la derecha la que toma conceptos y categor铆as de la izquierda para reclutar adeptos. De su lado parece haber quedado la osad铆a, la “revoluci贸n”, la rebeld铆a, la libertad e, incluso, en algunos casos, la rep煤blica. La pregunta es: 驴d贸nde podr铆a inscribirse la cr铆tica cuando su elemento m谩s importante, la palabra, el argumento, parece estar tan devaluado?

No estoy seguro de que se pueda hablar de un “intercambio de ideas” tan vasto entre derecha e izquierda. Esta 煤ltima tom贸 prestado de la derecha algunas categor铆as anal铆ticas. Baste pensar en el uso de conceptos como “estado de excepci贸n” o “autonom铆a del pol铆tico” de parte de autores que conoces muy bien, desde Walter Benjamin a Mario Tronti. Pensemos incluso en la filiaci贸n heideggeriana de toda una veta del marxismo y de la teor铆a cr铆tica, Herbert Marcuse en primer lugar. Por su parte, algunos intelectuales de extrema derecha han hecho amplio uso de Gramsci (por ejemplo Alain de Benoit). Se trata, como sosten铆a Jacob Taubes en su intercambio epistolar con Schmitt, de un “di谩logo” imposible que implica una distancia irreductible. M谩s que de un di谩logo, se trata de una simetr铆a: tanto el fascismo cuanto el comunismo volv铆an a poner en discusi贸n la tradici贸n liberal, a partir de perspectivas y con finalidades opuestas. Si luego adoptamos un acercamiento geneal贸gico, los pasajes son constantes: no ser铆a dif铆cil encontrar huellas de Weber y tambi茅n de Nietzsche en el concepto de racionalidad instrumental elaborado por la Escuela de Frankfurt, o huellas del romanticismo en el marxismo del joven Luk谩cs, etc.

Empero, las categor铆as anal铆ticas no son valores o principios. No se puede construir una idea de socialismo o comunismo con los valores de la derecha, ni una idea de orden fascista con los valores de la izquierda. Solamente una visi贸n del mundo inspirada en el liberalismo cl谩sico puede confundir los valores de la derecha con aquellos de la izquierda. El ejemplo m谩s obvio de este error es el concepto de totalitarismo, uno de los m谩s ambiguos y enga帽osos de la historia del pensamiento pol铆tico. La adopci贸n de una ret贸rica “revolucionaria” por parte del nacionalismo no es nueva -se remonta al fascismo y a la llamada “revoluci贸n conservadora”- pero no se relaciona con los valores, sino en todo caso con las formas y los medios de la acci贸n pol铆tica.

Mi impresi贸n es que hoy, la nueva derecha ha abandonado la vieja ret贸rica “revolucionaria fascista” y no se est谩 apropiando de las ideas de izquierda. Se est谩 convirtiendo al lenguaje y a la ret贸rica -no s茅 hasta qu茅 punto a los “valores”- de la tradici贸n liberal, integrando en su l茅xico lemas como democracia, rep煤blica, libertad, emancipaci贸n, derechos, etc. Estos conceptos, sin embargo, han perdido el significado subversivo que ten铆an en 1848 o todav铆a en la primera mitad del siglo XX. Se trata de conceptos ahora universales, a tal punto abusados y desgastados que todos los pueden reivindicar porque no significan m谩s nada. El contenido que la nueva derecha confiere a estos conceptos es conservador o reaccionario: “democracia” significa consenso plebiscitario, “emancipaci贸n” significa defensa de las influencias de culturas externas (el islam), la defensa de los derechos significa la exclusi贸n de minor铆as que amenazar铆an las conquistas de la civilizaci贸n occidental, “feminismo” significa lucha contra el oscurantismo isl谩mico, etc.

Si la extrema derecha encuentra consensos en las clases populares (esto sucede en todos lados, desde EEUU hasta Brasil, desde Alemania hasta Italia), ello no se debe a la adopci贸n de un lenguaje nuevo sino al hecho de que la izquierda las ha abandonado, que partidos y sindicatos de izquierda se han debilitado y son hoy inexistentes, que una memoria y una cultura de la acci贸n colectiva, de la organizaci贸n y de la solidaridad no existen m谩s. La izquierda encarnaba una idea de emancipaci贸n colectiva; la extrema derecha propone la b煤squeda de un chivo expiatorio. El consenso electoral de Trump, Bolsonaro, Le Pen, reside en su capacidad -en algunas circunstancias- de capitalizar un voto de protesta, no en el hecho de apropiarse de un lenguaje de izquierda.

Y, en relaci贸n a esta 煤ltima pregunta… sabemos, entre otras cosas gracias a tus libros, que el rol del intelectual declina al calor del declive de la cultura letrada y de su incidencia en el espacio p煤blico. Las im谩genes de mundo que esa cultura produc铆a difieren de las propias de la “videoesfera”… En este sentido, 驴qu茅 “visualizaciones del mundo” (pasado o presente), qu茅 modos inconscientes de pensar, o qu茅 narrativas prevalecen en nuestra “digitoesfera” contempor谩nea -como un poco en serio y otro en broma la llam谩s en una entrevista reciente-?

Puedo pecar de ingenuo, pero soy bastante optimista acerca de las potencialidades de la “digitoesfera”. Claro, mi percepci贸n de este cambio es muy aproximativa, porque pertenezco a una generaci贸n que privilegia otros medios de comunicaci贸n y no tiene mucha familiaridad con esos nuevos instrumentos, pero algunos hechos macrosc贸picos son evidentes. Las redes sociales han transformado completamente la estructura misma de la esfera p煤blica, porque por un lado han completado la reificaci贸n -todas las redes pertenecen a multinacionales privadas-, pero por otro lado se han vuelto instrumentos subversivos. Un ejemplo de este fen贸meno son los “chalecos amarillos” en Francia, en 2018 y 2019. Todos los 贸rganos de la esfera p煤blica tradicional -la prensa, los canales televisivos y la radio- eran un谩nimes en la condena de este movimiento: populista, rudimentario, violento, culturalmente regresivo, reaccionario en cuanto irrespetuoso de las instituciones de la democracia representativa, etc.

Gracias a las redes sociales este movimiento espont谩neo logr贸 crear estructuras propias, formas de deliberaci贸n colectiva extremadamente democr谩ticas, discusiones horizontales sobre todos los problemas sociales y ha organizado sus propias manifestaciones. Los sondeos de opini贸n han revelado que este movimiento, condenado por todos los medios, hab铆a obtenido el consenso de m谩s del 70% de la poblaci贸n. Este ejemplo se puede extender: la primavera 谩rabe, desde la revuelta tunecina de 2011 al Hirak argelino del 2019, debe mucho a las redes sociales. Ellas fueron el vector del Black Lives Matter en EEUU y del movimiento de protesta en Hong Kong, m谩s recientemente en Minsk y en Birmania. Las redes sociales constituyen probablemente el lugar privilegiado de expresi贸n de una esfera p煤blica del siglo XXI, en el sentido con el cual Habermas usa este concepto: un espacio de la sociedad civil donde se puede ejercitar un uso cr铆tico de la raz贸n. El neoliberalismo promueve la “digitoesfera” como espacio de reificaci贸n y alienaci贸n: la comunicaci贸n mediada desde el mercado que vincula individuos aislados cuyo estatus de ciudadanos ha cedido el lugar a aquel de consumidores. El uso subversivo de las redes sociales ha transformado estos vectores de cosificaci贸n en vectores de movilizaci贸n y acci贸n colectiva, dirigida a la reapropiaci贸n del espacio social y pol铆tico.

Ahora s铆, para ir cerrando, asumiendo la tesis de que vivimos en una 茅poca signada por el presentismo, 驴crees que ser铆a adecuado afirmar que la pandemia vino a consumar esa experiencia dado que implica una suspensi贸n en lo urgente, lo necesario, lo inmediato que resta tiempo y posibilidad a la reflexi贸n y el estar con otros, ambas instancias imprescindibles para organizar algo que trascienda esta coyuntura?

El “presentismo” -el mundo encerrado en el presente- permanece como horizonte de nuestro tiempo, pero la pandemia ha sido tambi茅n el espejo de sus contradicciones. Por una parte, ella ha celebrado el triunfo del neoliberalismo. Por primera vez los destinos de la humanidad -la soluci贸n de una pandemia global fren贸 las agujas del reloj del planeta entero- fueron puestos en las manos del capitalismo. Todos los gobiernos han confiado a algunas grandes multinacionales privadas la tarea de elaborar y producir vacunas; se han puesto al servicio de las empresas privadas y ahora se encargan de vacunar a las poblaciones en funci贸n de las dosis (o sea de la mercanc铆a) que adquieren en el mercado.

Fue una elecci贸n de principio, porque la investigaci贸n ha conocido una extraordinaria aceleraci贸n gracias a los financiamientos p煤blicos, pero estos financiamientos fueron atribuidos a empresas privadas que decidieron c贸mo gestionarlos. Parafraseando a Marx, el capitalismo ha demostrado su superioridad ontol贸gica frente a todas las superestructuras jur铆dico-pol铆ticas, porque el principio de soberan铆a ha abdicado y se ha sometido al mando del capital. La “autonom铆a de lo pol铆tico” fue borrada de golpe. Pero esta es solamente una cara de la moneda. La otra cara muestra que la pandemia ha suscitado una conciencia anticapitalista difundida a escala global. La gente ha comprendido que no se puede salir de la pandemia con soluciones nacionales, m谩s o menos individuales, que una crisis global requiere una respuesta global, y que esta respuesta implica una reactivaci贸n de los poderes p煤blicos.

La salud de millares de seres humanos no puede ser confiada a un pu帽ado de multinacionales interesadas exclusivamente en sus beneficios. En todos los pa铆ses las discusiones se focalizaron en las insuficiencias de los sistemas sanitarios nacionales -en los primeros meses de la pandemia faltaban mascarillas y tubos de ox铆geno- fragilizados por decenios de privatizaciones y recortes del gasto p煤blico. En fin, la opini贸n internacional expresa la demanda de un nuevo acuerdo [new deal] global. Las pol铆ticas de Biden y los planes de relanzamiento de la Uni贸n Europea son como un espejo deformante, una primera, t铆mida, respuesta a esta demanda social.

Por 煤ltimo 驴de qu茅 modo consider谩s que eso que en Melancol铆a de izquierda nombr谩s como propio de una operaci贸n pol铆tico intelectual compleja podr铆a abrir una grieta en el presente capaz de trascenderlo y llevarnos a imaginar otros rumbos que hoy parecen estar obturados?

En mi libro sobre la “melancol铆a de izquierda” he tratado de “rehabilitar”, o sea de reconocer la legitimidad de un sentimiento que pertenece desde siempre a la estructura emotiva de la izquierda, pero que ha sido siempre desplazada, ocultada o censurada. He tratado de reconstruir su historia, pero nunca he pretendido atribuirle cualidades terap茅uticas m谩s que aquellas de una necesaria “elaboraci贸n del duelo” despu茅s de las derrotas del siglo XX. Me parece que la melancol铆a de izquierda puede acompa帽ar a las luchas del presente y favorecer el nacimiento de nuevos proyectos, pero ciertamente no sustituirlos. Aquella es fecunda si ayuda a la izquierda a conocerse y alcanzar una nueva madurez autoreflexiva, pero no posee virtudes demi煤rgicas. La izquierda debe inventar una nueva idea de futuro sin y contra el capitalismo. El camino a recorrer es largo, pero no se trata de un proceso acumulativo, lineal; debemos prepararnos a contramarchas, cambios y aceleraciones inesperadas.

* Micaela Cuesta es doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires
Le Monde Diplomatique




Fuente: Lahaine.org