November 24, 2021
De parte de La Haine
318 puntos de vista


La violencia policial no puede reducirse a hechos aislados. El asesinato de Lucas Gonz谩lez puso en escena la contra cara de los discursos de “mano dura”

Exacerbados en las 煤ltimas elecciones por los principales candidatos. La Correpi (https://correpi.lahaine.org) inform贸 que “En solo cinco a帽os la Polic铆a de la Ciudad asesin贸 a 121 personas en casos de gatillo f谩cil” pero las ejecuciones de las fuerzas de seguridad no tienen limites geogr谩ficos: en el 2020, el relevamiento alcanzo el numero de 537 casos entre fusilamientos, desapariciones seguidas de muerte, femicidios perpetrados por uniformados y muertes en detenci贸n. El 17 de diciembre se espera el nuevo informe de Correpi que reveler谩 los asesinatos ocurridos en este a帽o.

Pero para refrescar y dar cuenta del arrastre hist贸rico del “Gatillo F谩cil” publicamos el art铆culo “La secta del gatillo alegre: el enigma de La Matanza”, escrito por Rodolfo Walsh para el Semanario de la CGT de los Argentinos en el a帽o 1969. 

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El comisario Miguel Etchecol谩s es un hombre sensato, buen observador. Cuando se hizo cargo de la [comisar铆a] primera de Avellaneda, su mayor preocupaci贸n consisti贸 en evaluar el personal con que contaba.

Del resultado final de esas cavilaciones dio cuenta La Naci贸n del 23 de marzo de este a帽o: “Un curso de alfabetizaci贸n para su personal fue iniciado en la comisar铆a primera de esta ciudad. A la inauguraci贸n de las clases asistieron el intendente y el p谩rroco de la Catedral”.

Si el comisario de la primera de San Justo, Antonio Recar茅, hubiera seguido el ejemplo de su colega, quiz谩s habr铆a evitado los episodios que ocurrieron en su jurisdicci贸n el 1掳 de Mayo. Obviamente es dif铆cil manejar un personal que necesita ser alfabetizado 鈥攑or lo tanto analfabeto鈥, y 茅l mismo tuvo una prueba cuando el jinete que tras derribar a una mujer persegu铆a fusta en alto al fot贸grafo Zenteno Zegarra, le ech贸 encima su caballo: qu茅 comisario ni comisario.

Don Antonio Recar茅 podr铆a alegar que ese jinete era del escuadr贸n G眉emes 鈥攆amoso desde que asesin贸 a los obreros Mussi, Retamar y M茅ndez鈥, que no est谩 bajo su jurisdicci贸n: grandes domadores reclutados en el interior, que m谩s que un curso de alfabetizaci贸n necesitan un reformatorio.

La palabra reformatorio no es bien vista en San Justo, desde que en agosto del a帽o pasado se ahorc贸 all铆 un chico escapado del Agote. Se llamaba Jos茅 Camilli y ten铆a 19 a帽os. Como todo el mundo sabe, la melancol铆a que inspiran las altas paredes de una celda fomenta negras ideas en los j贸venes d茅biles de esp铆ritu, los ebrios, los chilenos carteristas y, en general, la gente sin familia que pueda reclamar por ella. Otro factor deprimente que acaso contribuya a la ola de suicidios en tales calabozos son las inscripciones que dejan los torturados. San Justo, en ese sentido, es un lugar inconveniente cuya frondosa historia puede remontarse a 1957, con el picaneo de los gremialistas Mitjans, Ramos, Rodr铆guez y Amoroso.

En los tres primeros meses de 1968, la Polic铆a bonaerense mat贸 en tiroteo a diez delincuentes, o presuntos delincuentes, sufriendo por su parte una sola baja. Este rendimiento de diez a uno es 煤nico en el mundo, y aun en el pa铆s: en el mismo per铆odo la Polic铆a Federal registr贸 un modesto dos a uno: cuatro pistoleros y dos polic铆as abatidos.

Ninguno de los expertos consultados puede dar una explicaci贸n satisfactoria a la eficiencia provinciana, pero se aventuran tres hip贸tesis: a) el uso de la metralleta en todos los procedimientos; b) la orden de fuego contra cualquier desconocido o sospechoso que huye; c) la simple ejecuci贸n de pistoleros capturados.

Si esta eficacia desconcierta un poco, la de San Justo anonada. De los diez presuntos malhechores muertos en el trimestre, cuatro cayeron all铆, sin bajas policiales. Ahora bien, San Justo es cabeza del partido de La Matanza, con quinientos mil habitantes. Si en el resto de la provincia se hubieran alcanzado los mismos 铆ndices, la cifra de delincuentes muertos en los tres primeros meses ser铆a superior a la que se registra en todo un a帽o en los EEUU.

Una polic铆a que seg煤n vimos el 1掳 de Mayo trata a manifestantes como si fueran ladrones, es posible que trate a los ladrones como si fueran condenados a muerte. Quiz谩 convendr铆a que alg煤n juez investigara las reales circunstancias en que han muerto este a帽o en San Justo, Osvaldo Herrera, Juan Esteban Roldan, Roberto Pierce y Severo Alagastino.

Aunque m谩s no fuera para volver a felicitar o ascender a los agentes Dom铆nguez, Fern谩ndez, Ontibero, Takch, Wernert, al sargento Su谩rez, y a otros que tanto trabajo tuvieron este 1掳 de Mayo en la plaza.

Gatillo alegre

Si el manejo de la ametralladora resulta muy preciso por parte de los hombres de San Justo, deja bastante que desear en otros lugares de la provincia.

El 13 de septiembre de 1967, por ejemplo, al agente Seraf铆n Borda de la primera de Lomas de Zamora se le escapaba una r谩faga que dio muerte a Mar铆a Luisa Rodr铆guez de Wingandt, cuya 煤nica culpa fue pasar a su lado.

Dos d铆as m谩s tarde el agente caminero Gernetti persiguiendo por la ruta 2 a un autom贸vil que marchaba a velocidad excesiva, hizo un disparo de “advertencia”. La advertencia entr贸 por la espalda del ingeniero Luis Augusto Galli, profesor universitario.

Por la misma fecha los cabos P谩ez y Blas, de Lomas del Mirador, metralleta en mano, obligaban a arrodillarse en la vereda a dos peatones. Cuando la madre de uno de ellos, Rosa Grande de Dante, quiso intervenir, se “escap贸” una r谩faga que la hiri贸 de gravedad. “Un episodio que no resiste al an谩lisis desde ning煤n punto de vista”, editorializ贸 La Naci贸n.

El 29 de enero de este a帽o un forcejeo entre el agente Ayala, de Olivos, y un presunto delincuente juvenil motiv贸 que se “escapara” otra r谩faga, que hiri贸 al transe煤nte Carlos Romero, de 16 a帽os.

De “penoso” calificaron los diarios el hecho en que el oficial Gardel铆n, que al parecer buscaba un delincuente, ametrall贸 de noche una casa de Lomas de Zamora. Detr谩s de la puerta recibi贸 la r谩faga una mujer embarazada: Mar铆a Elena Dama.

Otro disparo de “advertencia” efectuado por el vigilante D铆az Berastegui al intervenir en una ri帽a familiar en Gonz谩lez Ch谩vez puso fin, el 25 de abril, a la vida de Felipe Bel茅n.

Para entonces ya se hab铆a producido el hecho cumbre en esta cadena de episodios: el ametrallamiento en Florida de los menores Seijo y Rodr铆guez Font谩n, por una patrulla que encabezaba el oficial Araujo, ya procesado por su intervenci贸n en el asesinato de Felipe Valiese.

A primera vista, un torpe accidente m谩s. 驴Lo es realmente?

Milongas cl谩sicas

As铆 como hay apenas media docena de chistes b谩sicos que admiten infinitas variaciones, la cr贸nica policial bonaerense registra media docena de historias que pueden tomarse de modelo. Una de ellas es la siguiente: “En horas de la noche de ayer, una comisi贸n de la comisar铆a primera de tal lugar observ贸 a varias personas en actitud sospechosa. Al acercarse a interrogarlos, fueron recibidos por una descarga cerrada, generaliz谩ndose un tiroteo a cuyo t茅rmino encontraron heridos de muerte a N. N., con antecedentes por robo, y X. X., cuya identidad se procura establecer. Junto al cad谩ver de uno de los malhechores se hall贸 un rev贸lver 38 con dos c谩psulas servidas”.

Si admitimos que los antecedentes los pone la polic铆a, y el rev贸lver tambi茅n, esta historia cotidianamente admitida por todo el mundo es la misma historia de los menores Seijo y Rodr铆guez Font谩n. Con la sola diferencia 鈥攓ue los matadores ignoraban en el momento de apretar el gatillo鈥 de la edad y la condici贸n social de las v铆ctimas. Pero es un hecho que la comisar铆a de Florida invent贸 delincuentes a posteriori, y “encontr贸” un rev贸lver.

Parece que la consigna fuera tirar primero y averiguar despu茅s. Quiz谩s eso explique el diez a uno.

“Hablar con Ren茅”

La misma falta de cuidado que la Polic铆a bonaerense pone en el uso de la ametralladora, se observa en el manejo que hace de la picana el茅ctrica. Como se sabe, es un instrumento delicado que requiere en el operador cierta calma para no incurrir en lamentables abusos frente al preso que no quiere confesar.

Sin duda esto es lo que ocurri贸 en el caso de Miguel 脕ngel Palacios, de 18 a帽os. Detenido el 24 de febrero de 1967 por el subcomisario Riviello, fue llevado a la subcomisar铆a de El Palomar con sus amigos Miguel D鈥橝ndr铆a y Alfredo Rojo. Estos dos fueron picaneados, pero de Palacios s贸lo se encontr贸, meses despu茅s, el cad谩ver.

M谩s suerte tuvo Luis Francisco Rudaz, fugazmente apodado “El S谩tiro”. Acusado de agredir mujeres en Avellaneda, en la brigada de investigaciones lo hicieron “hablar con Ren茅”: conversar con la picana. Por supuesto confes贸 todo, y el 4 de julio de 1967 el jefe de la Polic铆a provincial felicitaba alegremente por el “esclarecimiento” del caso al personal que hab铆a intervenido: comisario Sim贸n, inspector Verhaz, subinspector Saracho, sargento Alaniz, cabos Becerra, Cortez y Rocha, agentes Zalazar, Lubo, Pastorini y G贸mez.

L谩stima que el 16 de julio Rudaz probaba su inocencia y era excarcelado por el juez. Los hombres de Avellaneda no se inmutaron: al d铆a siguiente descubrieron “otro” S谩tiro. Es probable que nueve meses m谩s tarde el jefe de polic铆a haya vuelto a felicitar a cinco de esos hombres 鈥擜laniz, Cortez, Rocha, Pastorini y G贸mez鈥, integrantes del equipo Diez a Uno, que mataron sin bajas propias a los delincuentes Humberto Moya y Jos茅 Moro.

Pero si el S谩tiro no era el S谩tiro, 驴茅stos ser铆an delincuentes?

Patoteros sentimentales

La pena de siete a帽os de prisi贸n que un juez de Bah铆a Blanca solicitaba en julio del a帽o pasado para el c茅lebre comisario Polo y cuatro polic铆as m谩s, no detuvo el burocr谩tico funcionamiento de la “patota”, como se llama en cada comisar铆a y unidad regional al grupo de especialistas en picana.

En agosto el comisario Jacinto Canosa, de la cuarta de Mar del Plata, anunciaba la detenci贸n en Bat谩n del secretario del gremio minero y alrededor de treinta personas m谩s, acusadas de “comunistas”. Diez d铆as despu茅s el juez Vi帽as los dejaba en libertad e iniciaba un sumario por apremios ilegales.

El 28 de setiembre el guardatr茅n Nemesio Quilici fue detenido en San Vicente y llevado a la Segunda de Lan煤s, donde lo picanearon.

Una nueva condena de a帽o y medio de prisi贸n a dos torturadores de Bah铆a Blanca, dictada en octubre, no impidi贸 que el mismo mes y en la misma ciudad se radicara una denuncia contra el oficial V谩squez y los cabos Balbuena y R铆os, que en Copetonas hab铆an golpeado a siete vecinos, entre ellos un menor de trece a帽os.

En marzo de este a帽o la polic铆a de Berisso detuvo y picane贸 al obrero de la carne Marcelino Santill谩n. Como la patota es sentimental, quiso quedarse con un recuerdo suyo y le sac贸 un reloj de oro. En abril le pas贸 lo mismo a Ovidio Moreno, pero en vez de un reloj le robaron 15.000 pesos despu茅s de la sesi贸n. Ocurri贸, nuevamente, en la Segunda de Lan煤s.

Entretanto, la patota de Lober铆a mataba a golpes al obrero Jos茅 Card贸se.

Suma Y Sigue

La vocaci贸n de violencia de los polic铆as bonaerenses no se agota en estos episodios. Sus conflictos personales y aun sus peque帽os incidentes cotidianos suelen resolverse por la v铆a del “arma reglamentaria”.

En agosto del a帽o pasado los agentes Zuloaga y Rojas, de Avellaneda, quisieron tomar un auto de remise conducido por Rub茅n Ju谩rez, quien se neg贸 a llevarlos porque estaban ebrios. Rojas sac贸 la pistola y lo mat贸 de un tiro en la cabeza.

Un mes m谩s tarde los agentes Zalazar y Medina, de la brigada de Avellaneda, fueron comisionados por un particular para que cobraran una deuda. Como el presunto deudor, Faustino Ibarbals, se negara a pagarles, Zalazar lo mat贸 de un tiro.

En noviembre el agente Juan Boria, chofer del comisario de la cuarta de La Plata, asesin贸 a palos al marido de una mujer con la que ten铆a relaciones. Para ello debi贸 secuestrarlo con la complicidad de otro polic铆a, el agente Eusebio Raingo.

Gente peligrosa

Un total de ocho funcionarios policiales bonaerenses fueron abatidos por la delincuencia en 1967. Las bajas producidas por el estado de 谩nimo que reina en la misma repartici贸n fueron mayores: diez vigilantes se suicidaron entre el 26 de julio y el 31 de diciembre.

Es probable que en el momento de la decisi贸n pesaran sobre ellos no s贸lo los sueldos de hambre que ganan, sino las tareas que les obligan a realizar. Es sabido por los psic贸logos que el represor y el torturador no s贸lo destruyen a su enemigo, sino que terminan destruy茅ndose a s铆 mismos, moral y hasta f铆sicamente.

Nadie est谩 seguro cerca de estos hombres. En junio de 1967 el juez condenaba a once a帽os de c谩rcel al polic铆a Carlos Leguizam贸n, matador de su amigo Nicol谩s Alegre. El mismo mes el agente Derico de La Plata mataba a su amiga Florinda Ib谩帽ez. En julio Luis 脕ngel P茅rez her铆a grave con el arma de la repartici贸n a su suegro, en Tolosa. En agosto el agente Santill谩n de Bah铆a Blanca mataba a su amigo Sanferreite, al limpiar el arma. En marzo de ese a帽o, Salinas, de Olivos, mataba a su hermano y her铆a grave a su esposa.

Hombres violentos suelen tener parientes violentos. En el mes de enero el agente Contini desenfundaba la pistola en Mar del Plata para atacar a su suegra. La se帽ora no se intimid贸: con un peque帽o rev贸lver calibre 22 tuvo mejor punter铆a y lo mat贸 de cuatro tiros.

Dijimos al referirnos a Tucum谩n que la violencia policial va siempre acompa帽ada de corrupci贸n. La secta del gatillo alegre es tambi茅n la logia de los dedos en la lata. Pero esto ser谩 motivo de otra nota, siempre que no tropecemos en el camino con alg煤n disparo de “prevenci贸n”.

ANRed




Fuente: Lahaine.org