November 29, 2021
De parte de La Haine
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En la foto, partidarios del gobierno boliviano participaron en la Marcha por la Patria el martes pasado en Caracollo.

El mundo est谩 atravesando una transici贸n pol铆tica-econ贸mica estructural. El viejo consenso globalista de libre mercado, austeridad fiscal y privatizaci贸n que encandil贸 a la sociedad mundial durante 30 a帽os, hoy se ve cansado y carece de optimismo ante el porvenir. La crisis econ贸mica de 2008, el largo estancamiento desde entonces, pero principalmente el lockdown de 2020 han erosionado el monopolio del horizonte predictivo colectivo que legitim贸 el neoliberalismo mundial.

Hoy, otras narrativas pol铆ticas reclaman la expectativa social: flexibilizaci贸n cuantitativa para emitir billetes sin l铆mite; Green New Deal, proteccionismo para relanzar el empleo nacional, Estado fuerte, mayor d茅ficit fiscal, m谩s impuestos a las grandes fortunas, etc., son las nuevas ideas-fuerza que cada vez son m谩s mencionadas por pol铆ticos, acad茅micos, l铆deres sociales y la prensa del mundo entero. Se desvanecen las viejas certidumbres imaginadas que organizaron el mundo desde 1980, aunque tampoco hay nuevas que reclamen con 茅xito duradero el monopolio de la esperanza de futuro. Y mientras tanto, en esta irresoluci贸n de imaginar un ma帽ana m谩s all谩 de la cat谩strofe, la experiencia subjetiva de un tiempo suspendido carente de destino satisfactorio agobia el esp铆ritu social.

Am茅rica Latina se adelant贸 a estas b煤squedas mundiales hace m谩s de una d茅cada. Los cambios sociales y gubernamentales en Brasil, Venezuela, Argentina, Uruguay, Bolivia, Ecuador, El Salvador, Nicaragua, dieron cuerpo a esta primera oleada de gobiernos progresistas y de izquierda que se plantearon salir del neoliberalismo. M谩s all谩 de ciertas limitaciones y contradicciones, el progresismo latinoamericano apost贸 a unas reformas de primera generaci贸n que logr贸 tasas de crecimiento econ贸mico entre 3 y 5 por ciento, superiores a las registradas en tiempos anteriores.

Paralelamente, se redistribuy贸 de manera vigorosa la riqueza, lo que permiti贸 sacar de la pobreza a 70 millones de latinoamericanos y de la extrema pobreza a 10 millones. La desigualdad cay贸 de 0.54 a 0.48, en la escala de Gini y se aplic贸 un incremento sostenido del salario y de los derechos sociales de los sectores m谩s vulnerables de la poblaci贸n que inclin贸 la balanza del poder social en favor del trabajo. Algunos pa铆ses procedieron a ampliar los bienes comunes de la sociedad mediante la nacionalizaci贸n de sectores estrat茅gicos de la econom铆a y, como en el caso de Bolivia, se dio paso a la descolonizaci贸n m谩s radical de la historia, al lograr que los sectores ind铆gena-populares se constituyan en el bloque de direcci贸n del poder estatal.

Esta primera oleada progresista que ampli贸 la democracia con la irrupci贸n de lo popular en la toma de decisiones, se sostuvo sobre un flujo de grandes movilizaciones sociales, descr茅dito generalizado de las pol铆ticas neoliberales, emergencia de liderazgos carism谩ticos portadores de una mirada audaz del futuro y un estado de estupor de las viejas 茅lites gobernantes.

La segunda oleada progresista

La primera oleada del progresismo latinoamericano comenz贸 a perder fuerza a mediados de la segunda d茅cada del siglo XXI, en gran parte, por cumplimiento de las reformas de primera generaci贸n aplicadas.

El progresismo cambi贸 la tasa de participaci贸n del excedente econ贸mico en favor de las clases laboriosas y el Estado, pero no la estructura productiva de la econom铆a. Esto inicialmente le permiti贸 transformar la estructura social de los pa铆ses mediante la notable ampliaci贸n de las clases medias, ahora con mayoritaria presencia de familias provenientes de sectores populares e ind铆genas. Pero la masificaci贸n de ingresos medios, la extendida profesionalizaci贸n de primera generaci贸n, el acceso a servicios b谩sicos y vivienda propia, etc., modific贸 no s贸lo las formas organizativas y comunicaciones de una parte del bloque popular, sino tambi茅n su subjetividad aspiracional. Incorporar estas nuevas demandas y darle sostenibilidad econ贸mica en el marco program谩tico de mayor igualdad social, requer铆a modificar el modo de acumulaci贸n econ贸mica y las fuentes tributarias de retenci贸n estatal del excedente.

La incomprensi贸n en el progresismo de su propia obra y la tardanza en plantarse los nuevos ejes de articulaci贸n entre el trabajo, el Estado y el capital, dieron paso desde 2015 a un regreso parcial del ya enmohecido programa neoliberal. Pero, inevitablemente, este tampoco dur贸 mucho. No hab铆a novedad ni expansivo optimismo en la creencia religiosa en el mercado, s贸lo un revanchismo enfurecido de un libre mercado crepuscular que desempolvaba lo realizado en los a帽os 90 del siglo XX: volver a privatizar, a desregular el salario y concentrar la riqueza.

Ello dio pie a la segunda oleada progresista que desde 2019 viene acumulando victorias electorales en M茅xico, Argentina, Bolivia, Per煤 y extraordinarias revueltas sociales en Chile y Colombia. Esto enmudeci贸 esa suerte de teleolog铆a especulativa sobre el fin del ciclo progresista.
La presencia popular en la historia no se mueve por ciclos, sino por oleadas. Pero claro, la segunda oleada no es la repetici贸n de la primera. Sus caracter铆sticas son distintas y su duraci贸n tambi茅n.

En primer lugar, estas nuevas victorias electorales no son fruto de grandes movilizaciones sociales cat谩rticas que por su sola presencia habilitan un espacio cultural creativo y expansivo de expectativas transformadoras sobre las que puede navegar el decisionismo gubernamental. El nuevo progresismo resulta de una concurrencia electoral de defensa de derechos agraviados o conculcados por el neoliberalismo enfurecido, no de una voluntad colectiva de ampliarlos, por ahora. Es lo nacional-popular en su fase pasiva o descendente.

Es como si ahora los sectores populares depositaran en las iniciativas de gobierno el alcance de sus prerrogativas y dejaran, de momento, la acci贸n colectiva como el gran constructor de reformas. Ciertamente, el gran encierro mundial de 2020 ha limitado las movilizaciones, pero curiosamente no para las fuerzas conservadoras o sectores populares all铆 donde no hay gobiernos progresistas, como Colombia, Chile y Brasil.

Una segunda caracter铆stica del nuevo progresismo es que llega al gobierno encabezado por liderazgos administrativos que se han propuesto gestionar de mejor forma en favor de los sectores populares, las vigentes instituciones del Estado o aquellas heredadas de la primera oleada; por tanto, no vienen a crear unas nuevas. Dicho de otra manera, no son liderazgos carism谩ticos, como en el primer progresismo que fue dirigido por presidentes que fomentaron una relaci贸n efervescente, emotiva con sus electores y disruptivas con el viejo orden.

Sin embargo, la ausencia de relaci贸n carism谩tica de los nuevos l铆deres no es un defecto sino una cualidad del actual tiempo progresista, pues fue por esa virtud que fueron elegidos por sus agrupaciones pol铆ticas para postularse al gobierno y, tambi茅n, por lo que lograron obtener la victoria electoral. En t茅rminos weberianos, es la manera espec铆fica en que se rutiniza el carisma, aunque la contraparte de ello ser谩 que ya no puedan monopolizar la representaci贸n de lo nacional-popular.

En tercer lugar, el nuevo progresismo forma ya parte del sistema de partidos de gobierno, en cuyo interior lucha por ser dirigente. Por tanto, no busca desplazar el viejo sistema pol铆tico y construir uno nuevo como en la primera 茅poca, lo que entonces le permiti贸 objetivamente enarbolar las banderas del cambio y de la transgresi贸n por exterioridad al sistema tradicional. Lo que ahora se proponen es estabilizarlo preservando su predominancia, lo que los lleva a una pr谩ctica moderada y agonista de la pol铆tica.

En cuarto lugar, la nueva oleada progresista tiene al frente a unos opositores pol铆ticos cada vez m谩s escorados hacia la extrema derecha. Las derechas pol铆ticas han superado la derrota moral y pol铆tica de la primera oleada progresista y, aprendiendo de sus errores, ocupan las calles, las redes y levantan banderas de cambio.

Han cobrado fuerza social mediante implosiones discursivas reguladas que las ha llevado a enroscarse en discursos antiind铆gena, antifeminista, antiigualitarista y anti-Estado. Abandonando la pretensi贸n de valores universales, se han refugiado en trincheras o cruzadas ideol贸gicas. Ya no ofrecen un horizonte cargado de optimismo y persuasi贸n, sino de revancha contra los igualados y exclusi贸n de quienes se considera son los culpables del desquiciamiento del viejo orden moral del mundo: los populistas igualados, los ind铆genas y cholos con poder, las mujeres soliviantadas, los migrantes pobres, los comunistas redivivos鈥

Esta actual radicalizaci贸n de las derechas neoliberales no es un acto de opci贸n discursiva, sino de representaci贸n pol铆tica de un notable giro cultural en las clases medias tradicionales, con efecto en sectores populares. De una tolerancia y hasta simpat铆a hacia la igualdad hace 15 a帽os atr谩s, la opini贸n p煤blica construida en torno a las clases medias tradicionales ha ido girando hacia posiciones cada vez m谩s intolerantes y antidemocr谩ticas ancladas en el miedo. Las fronteras de lo decible p煤blicamente han mutado y el soterrado desprecio por lo popular de a帽os atr谩s ha sido sustituido por un desembozado racismo y anti-igualitarismo convertidos en valores p煤blicos.

La melancol铆a por un antiguo orden social abandonado y el miedo a perder grandes o peque帽os privilegios de clase o de casta ante la avalancha plebeya han arrojado a estas clases medias a abrazar salvacionismos pol铆tico-religiosos que prometen restablecer la autoridad patriarcal en la familia, la inmutabilidad de las jerarqu铆as de estirpe en la sociedad y el mando de la propiedad privada en la econom铆a ante un mundo incierto que ha extraviado su destino. Es un tiempo de politizaci贸n reaccionaria, fascistoide, de sectores tradicionales de la clase media

Y finalmente, en quinto lugar, el nuevo progresismo afronta no s贸lo las consecuencias sociales del gran encierro planetario que 2020 desplom贸 la econom铆a mundial sino, en medio de ello, el agotamiento de las reformas progresistas de primera generaci贸n.

Esto conlleva una situaci贸n parad贸jica de unos liderazgos progresistas para una gesti贸n de rutina en tiempos de crisis econ贸micas, m茅dicas y sociales extraordinarias.

Pero, adem谩s, globalmente se est谩 en momentos de horizontes minimalistas o estancados: ni el neoliberalismo en su versi贸n autoritaria logra superar sus contradicciones para irradiarse nuevamente ni los diversos progresismos logran consolidarse hegem贸nicamente. Esto hace prever un tiempo ca贸tico de victorias y derrotas temporales de cada una de estas u otras opciones.

Sin embargo, la sociedad no puede vivir indefinidamente en la indefinici贸n de horizontes predictivos duraderos. M谩s pronto que tarde, de una u otra manera, las sociedades apostar谩n por una salida, la que sea. Y para que el porvenir no sea el desastre o un oscurantismo planetario con clases medias rezando por orden a la puerta de los cuarteles como en Bolivia, el progresismo debe apostar a producir un nuevo programa de reformas de segunda generaci贸n que, articuladas en torno a la ampliaci贸n de la igualdad y la democratizaci贸n de la riqueza, propugne una nueva matriz productiva para el crecimiento y bienestar econ贸micos.

Pero, adem谩s, con ello, ayudar a impulsar un nuevo momento hist贸rico de reforma moral e intelectual de lo nacional-popular, de hegemon铆a cultural y movilizaci贸n colectiva, hoy ausentes, sin los cuales es imposible imaginar triunfos pol铆ticos duraderos.

* Fragmentos del discurso pronunciado en la Universidad Nacional de La Rioja, Argentina, al recibir el nombramiento de doctor honoris causa, el 5 de noviembre pasado.




Fuente: Lahaine.org