March 9, 2021
De parte de Asociacion Germinal
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Guadi Calvo*. LQS. Marzo 2021

Quienes han seguido con atenci贸n la cuesti贸n libia desde iniciado la entente que termin贸 con el gobierno del coronel Muhammad Gaddafi y se continu贸 en una guerra civil que se mantiene hasta hoy, no tiene demasiados elementos para confiar鈥

Mientras las c煤pulas de poder tanto nacionales como extranjeras, festejan los acuerdos de un alto el fuego en el conflicto libio, una guerra que no solo promovieron, sino que fueron activos participantes y de la que se enriquecieron, utilizando para s铆 los 鈥済enerosos鈥 aportes de gobiernos occidentales, naciones seudo democr谩ticas, monarqu铆as 谩rabes, entes internacionales y diferentes holdings, fundamentalmente del 谩rea petrolera, que van por los ricos recursos naturales del pa铆s en disecci贸n, el ya tan meneado petr贸leo y uno todav铆a mucho m谩s importante, para los tiempos que viene: agua, as铆 a secas, ya que Libia posee uno de los acu铆feros m谩s ricos del mundo.

Tras los acuerdos alcanzados en la ciudad suiza de Ginebra, el pasado cinco de febrero, los 74 delegados de los diferentes grupos armados, con m谩s o menos capacidad de fuego, eligieron a los hombres que tendr谩n la dif铆cil tarea de llevar al pa铆s, una vez m谩s, a las elecciones establecidas para el pr贸ximo 24 de diciembre.

Sin duda en muchos gabinetes del mundo 鈥渃ivilizado鈥, los mismos que con metodolog铆a y esmero se plantearon hace m谩s de una d茅cada la destrucci贸n de la naci贸n 鈥搎ue hasta febrero de 2011 fue modelo y ejemplo de los pa铆ses del Tercer Mundo鈥, a velocidad de v茅rtigo ya deben estar comenzando a trazar planes multimillonarios de reconstrucci贸n, los que deber谩 pagar el pueblo libio.

El nuevo gobierno ungido en Ginebra, compuesto por hombres del establishment provenientes de la pol铆tica, la diplomacia y la empresa privada, como es el caso del Primer Ministro Abdul al-Dbeibah, cuya familia posee empresas constructoras y medios de comunicaci贸n, el mismo que en tiempos de Gadafi dirigi贸 la constructora estatal Libyan Investment and Development Company (su nombre aparici贸 en los Panam谩 Papers), Mohammad Menfi, ex embajador en Grecia, como presidente del Consejo de la Presidencia, Mossa al-Koni l铆der tribal de la provincia sure帽a de Fezan y Abdullah al-Lafi, diputado del Parlamento de Tobruk, ambos a cargo de la vicepresidencia.

Quienes han seguido con atenci贸n la cuesti贸n libia desde iniciado la entente que termin贸 con el gobierno del coronel Muhammad Gaddafi y se continu贸 en una guerra civil que se mantiene hasta hoy, no tiene demasiados elementos para confiar que este proceso desemboque en la pautada elecci贸n de diciembre ya que los diez meses que deben trascurrir hasta entonces, en tiempos libios son eras geol贸gicas, por lo que podr铆a suceder cualquier imprevisto o no tanto.

Como muestra de lo dicho es necesario se帽alar que las nuevas autoridades libias ya han pactado con los l铆deres de las muchas milicias que operan o bien por la propia o quien los conchabe. La gran mayor铆a de ellos responsables de cr铆menes de lesa humanidad, como asesinatos masivos, secuestros, detenciones arbitrarias, tortura, violaciones, desplazamientos forzados y tr谩fico entre otras 鈥渧ituallas鈥 de personas, droga, combustibles y armas.

Tras la operaci贸n a茅rea de la OTAN, que termin贸 con la Jamahiriya (Estado de las Masas), propugnada por el Coronel Gaddafi, y al calor de la anarqu铆a reinante, entre los miles de mercenarios aportados por Arabia Saudita y los miles de j贸venes libios que, perdida cualquier posibilidad de futuro y gracias al armamento llegado desde el exterior, en la actualidad se calcula que existen en el pa铆s cerca de 30 millones de armas, se configuraron centenares de peque帽as organizaciones armadas, que se estructuraron seg煤n las necesidades del 鈥渟e帽or de la guerra鈥 que las pague, bien pod铆a ser el General Khalifa Hafther, el propio Daesh o los pol铆ticos financiados por Naciones Unidas como al hasta ahora jefe de gobierno de Tr铆poli, Fayez al Sarraj.

Ninguno de los gobiernos que se levantaron en estos 煤ltimo diez a帽os tanto en Tr铆poli, Bengasi, Tobruk o Sabha (Fezan) ha podido, ni querido, terminar con las siempre 煤tiles bandas armadas. Durante una d茅cada, se han sacrificado la rendici贸n de cuentas y la justicia en Libia en armadas, y por lo que parece este gobierno reci茅n surgido en Ginebra tampoco parece muy interesado en deshacer estos grupos, sino todo lo contrario, ya que apenas echado a rodar ya se conoce que ha integrado a verdaderos criminales de guerra a sus equipos.

La violencia, es mi trabajo

Los sucesivos gobiernos que han continuado a la ca铆da del Coronel Gaddafi, han incorporado a las n贸minas oficiales de Ministerios como de Defensa o del Interior, independientes del ejecutivo, a comprobados asesinos y criminales, l铆deres de bandas armadas de la que cuesta entender, si son simples delincuentes o jugadores claves en del extra帽o juego de la guerra libia. Los nuevos gobernantes, a pesar de conocer muy bien esta realidad, los van a mantener en sus puestos.

En enero pasado, el Gobierno de Acuerdo Nacional con sede en Tr铆poli, tributario de Naciones Unidas, integr贸 a Abdel Ghani 鈥淕heniwa鈥 al-Kikli, jefe de la milicia Fuerzas de Seguridad Central de Abu Salim (una de los barrios m谩s populosos y violentos de la capital) como director en la oficina Autoridad de Apoyo a la Estabilidad, que responde directamente a la presidencia, es decir el hombre de la ONU, Fayez al Sarraj. El adjunto a Gheniwa, en su nuevo cargo es Haitham al-Tajouri, l铆der de la Brigada de Revolucionarios de Tr铆poli, tambi茅n con un largo historial en la violaci贸n de derechos humanos.

Tr铆poli, ya en 2018, hab铆a incorporado al estamento gubernamental a la Rada (Fuerzas Especiales de Disuasi贸n), fueron integradas en el Ministerio del Interior en 2018 y, en septiembre de 2020, bajo la fachada de ser una unidad de polic铆a militar, especializada en secuestros, de corte fundamentalista est谩 dirigida por de Abdel Raouf Kara, un criminal muy activo desde la ca铆da del Coronel. Amnist铆a Internacional, al igual que otras organizaciones, han documentado la participaci贸n de Rada en secuestros, desapariciones forzadas, torturas, asesinatos, y ataques contra la libertad de expresi贸n y contra las mujeres que no se someten a la sharia. En septiembre de 2020, el Gobierno de al-Sarraj (ONU) ascendi贸 a Emad al Trabulsi, que dirig铆a la milicia Seguridad P煤blica, a la direcci贸n de inteligencia a pesar de que 茅l y su grupo est谩n implicados en numerosos hechos criminales.

Tampoco han sido juzgados los miembros, ni lo ser谩n, de las milicias con base en la ciudad de Misrata, responsables de numerosos cr铆menes de guerra, entre los que se cuentan los ataques a la ciudad de Tawergha, en 2011, hoy una ciudad fantasma, ya que obligaron a m谩s de cuarenta mil civiles a huir de sus hogares, por su apoyo al Coronel Gaddafi, y hasta el d铆a de hoy no han podido retornar a sus viviendas, siendo forzados a vivir en campamentos improvisados en el desierto.

Otro aliado del nuevo gobierno, es Mahmoud al-Werfalli, cabecilla de la Brigada al-Saiqa buscado por la Corte Penal Internacional por el asesinato de m谩s de 33 personas, a quien han apa帽ado las Fuerzas Armadas 脕rabes Libias (LAAF), otra banda criminal con cobertura oficial. Al igual que a los jefes de la Novena Brigada, pertenecientes a las fuerzas del mariscal Hafther, Ejercito Nacional Libio (LNA), tambi茅n conocida como brigadas o khatibas al-Kaniat鈥, responsables de la masacre de Tarhuna, a cuyas v铆ctimas han enterrado en fosas comunes, durante la fracasada avanzada de 2019, las que fueron descubiertas en junio del a帽o pasado.

Con el intento de asesinato del poderoso ministro del Interior, Fathi Bachagha, de la Libia regida por Tr铆poli, del pasado domingo 21, se muestra que, si bien las c煤pulas han podido llegar a un acuerdo, dicho atentando se deber谩 tomar como un aviso de que los cientos de bandas armadas, tantas veces utilizadas por el poder pol铆tico, est谩n reclamando su lugar y su parte del bot铆n del saqueo a que el pa铆s de Coronel Gadaffi, est谩 siendo sometido desde febrero de 2011, cu谩ndo la serpiente se adue帽贸 de Libia.

Libia 鈥 LoQueSomos

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Fuente: Asociaciongerminal.org