November 29, 2021
De parte de SAS Madrid
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El doctor Jos茅 Eugenio Guerrero aparece al final del pasillo con un pijama naranja, una bata blanca y el pelo cano. El 煤ltimo a帽o y medio al frente de la Unidad de Cuidados Intensivos del hospital Gregorio Mara帽贸n le ha ca铆do como una losa encima. Todav铆a espanta fantasmas, pero ya nada es la pesadilla que fue. El centro de referencia madrile帽o tiene siete pacientes ingresados por coronavirus frente a los 134 que lleg贸 a sumar en el peor momento. elDiario.es ha podido acceder a la antigua biblioteca del hospital, reconvertida de manera permanente en una nueva UCI. Este es el retrato de una sala de intensivos 18 meses despu茅s del inicio de la pandemia.

No hay carreras ni escenas de p谩nico, aunque s铆 una sensaci贸n de que los ingresos entran con m谩s frecuencia que hace unas semanas. Dos en los 煤ltimos d铆as. El n煤mero de contagios est谩 subiendo en toda Espa帽a y eso “se nota” ya a nivel hospitalario. Seg煤n los 煤ltimos datos de Sanidad, en Espa帽a hay 571 pacientes en UCI, que ocupan el 5,66% de las camas disponibles. En Madrid son 86, distribuidos entre todos los hospitales. La diferencia con la primera, la segunda, la tercera y la cuarta ola es que no supone un problema a nivel asistencial. Ni hay previsiones de que lo sea con la alta cobertura vacunal.

“Ahora ofrecemos un pron贸stico de vida alt铆simo. Puede que tengan una traqueotom铆a, que sean intubados, que lo pasen mal y que salgan agotados, pero sobreviven. En los primeros meses la mortalidad en UCI era del 38% y en la quinta ola, del 8%”, afirma el doctor Guerrero tras consultar un papel arrugado que saca de la bata con las cifras. La mayor esperanza ha cambiado tambi茅n, apostilla, la relaci贸n con los familiares. “Antes hablabas con ellos cuando ingresaban en la UCI por primera vez y lo siguiente era decirles que se hab铆a muerto; ahora pueden visitarles”.

M茅dicos y enfermeras de la UCI est谩n escaneando desde la primera l铆nea qui茅nes son los pacientes que, con un 80% de la poblaci贸n espa帽ola vacunada, acaban en cuidados intensivos. El nuevo desagregado de los datos oficiales del Ministerio de Sanidad confirma que las inyecciones reducen el riesgo de hospitalizaci贸n, UCI y fallecimiento en todos los grupos de edad.

Esta es la mirada macro. La micro arroja m谩s matices. El perfil de los pacientes ingresados en la UCI del Mara帽贸n no es completamente homog茅neo. Tienen entre 54 y 70 a帽os y un 70% no est谩n vacunados, “porque lo han decidido o porque no han podido”, aclara el jefe de servicio, que confirma que los pacientes “que no existen” para el sistema -es decir los extranjeros sin tarjeta sanitaria- tienen peores tasas vacunales.

-驴Han tratado a negacionistas de la pandemia?

-Recuerdo uno. Poca broma, muri贸 el hombre. No quiso ingresar en la UCI y se qued贸 en la planta. Al final termin贸 viniendo pero se neg贸 a ser intubado.

El 30% que resta son pacientes inmunizados que, pese a ello, han enfermado gravemente. Guerrero los divide en dos grupos. Una primera mitad est谩n inmunodeprimidos, el factor “m谩s relevante” para aumentar el riesgo, ya sea por patolog铆as o por tratamientos. La otra mitad resultan una inc贸gnita: “Son personas que, por la raz贸n que sea, no han generado respuesta inmunitaria“, explica el intensivista.

La Ponencia de Vacunas que asesora al Ministerio de Sanidad en la estrategia reitera en su 煤ltimo documento que “la informaci贸n disponible en Espa帽a muestra una p茅rdida de la protecci贸n frente a la infecci贸n por SARS-CoV-2 a partir de los 3-6 meses de la vacunaci贸n completa”, aunque con la evidencia disponible esa p茅rdida de eficacia no implica m谩s posibilidades de hospitalizaci贸n.

La segunda UCI del Mara帽贸n, donde accede este medio, est谩 en la planta baja y se inaugur贸 hace un a帽o tras seis meses funcionando como un espacio provisional para los pacientes muy graves. El espacio est谩 dividido en 15 boxes individuales que pueden desdoblarse en dos. La moderna infraestructura, al aislar a los enfermos por habitaciones, permite mezclar en la misma UCI a infectados y no infectados. Los primeros tienen colocado en su puerta un cartel con esparadrapo que advierte de que son contagiosos.

La mayor铆a de los boxes est谩n en penumbra. Al fondo se distingue la cara de una mujer no muy mayor, iluminada por la pantalla del m贸vil. “Consciente y orientada”, definen las enfermeras. Ingres贸 hace dos d铆as en cuidados intensivos y en su historial figura una pauta completa de AstraZeneca. “Hemos tenido un par de ingresos 煤ltimamente de vacunados con esta inyecci贸n, pero lo que yo pueda contar son meras impresiones”. Guerrero se adelanta a la pregunta y afirma: “La vacuna es magn铆fica, magn铆fica, aunque parece que existe una disminuci贸n de la inmunidad de las c茅lulas desde la segunda dosis”.

Hay estudios, citados por los expertos del Ministerio de Sanidad, que apuntan a que los vacunados con el f谩rmaco brit谩nico vieron m谩s reducida su inmunidad ante una posible infecci贸n que las que recibieron Pfizer. La p茅rdida de efectividad, adem谩s, aumenta con la edad y es m谩s significativa para las personas menores de 40 a帽os con “factores de alto riesgo”. Estos hallazgos han reducido a la mitad (de seis a tres meses) el tiempo que debe pasar entre la segunda dosis y la dosis de refuerzo para mayores de 60 y personal sanitario, seg煤n el 煤ltimo documento de recomendaciones de la Ponencia de Vacunas.

Los intensivistas y sus equipos han dejado atr谩s tras a帽o y medio la angustiante constataci贸n de que iban a ciegas contra un virus que pon铆a gravemente enfermos a los pacientes en pocos d铆as y, en muchos casos, los mataba. Pero en las estanter铆as del fondo de la memoria se apilan im谩genes que no son f谩ciles de olvidar. “Uno echa la vista atr谩s y revisa las decisiones que tom贸. Estamos hablando de cosas… de 25 candidatos para 3 camas. Nos faltaron recursos, claro, aunque a las UCI siempre nos trataron de manera preferencial”, sentencia Guerrero. “Llegamos a mecanizar, pero lo ves con distancia y piensas: madre m铆a”, cuenta la enfermera Mar铆a Huerta, que hab铆a trabajado en quir贸fanos hasta que la COVID se llev贸 por delante las operaciones. Su contrato forma parte de los refuerzos asociados a la pandemia. Acaba el 31 de diciembre.

Emma Mart铆nez es la enfermera m谩s joven de la UCI. Cuando la pandemia estall贸 en Espa帽a a煤n no hab铆a terminado la carrera. Lo siguiente fue una vor谩gine que dej贸 sin palabras hasta al m谩s experimentado de la unidad. “Lo m谩s sorprendente son los altibajos de estos pacientes. Te vas de aqu铆 un d铆a y al siguiente te lo encuentras intubado o con una mejor铆a tremenda. Eso impacta a nivel psicol贸gico, tambi茅n a ellos”, asume.

Pese a la notable mejora del escenario, los jefes de las UCI madrile帽as mantienen activos dos grupos de WhatsApp creados cuando Madrid viv铆a una situaci贸n cr铆tica. El primero se llama ‘Tetrix’ y fue la v铆a para gestionar de manera informal los traslados de los pacientes m谩s graves de un hospital a otro en funci贸n de las camas disponibles ante del desborde de la Consejer铆a de Sanidad. El segundo se mont贸 para compartir dudas y consejos sobre los tratamientos que iban administrando a los enfermos, otro de los grandes agujeros negros en la primera ola. Hoy, aunque la incidencia sigue escalando y se asume 鈥損or el conocimiento adquirido sobre c贸mo se comporta el virus鈥 que se ocupar谩n nuevas camas en las pr贸ximas semanas, queda poco de aquello. A trav茅s de los cristales de la del Mara帽贸n se atisban varios puestos libres. Las UCI han dejado de ser camas calientes.

Enlace relacionado ElDiario.es (28/11/2021).




Fuente: Sasmadrid.org