February 26, 2021
De parte de La Haine
219 puntos de vista


Pat Buchanan tiene toda la raz贸n: cuando se trata de insurrecciones, la historia depende de qui茅n escriba el relato. Sin embargo, soy capaz de recordar a unos cuantos terroristas que posteriormente se convirtieron en hombres de Estado, sobradamente reconocidos. As铆 que la rueda del tiempo gira, y vuelve a girar a煤n.

Por supuesto, fijar una narrativa -una realidad incuestionable, que se percibe como demasiado segura, en la que se conf铆a demasiado como para considerar su fallida- no significa que no vaya a ser contestada. Hay una vieja expresi贸n brit谩nica que describe bien la experiencia del desaf铆o silente a la narrativa colonial dominante, que se produjo tanto en Irlanda como en la India, as铆 como en otros pa铆ses. Se conoce como insolencia muda. Cuando la realizaci贸n de actos individuales de rebeli贸n son demasiado costosos a nivel personal, y se juzgan como in煤tiles, la expresi贸n silenciosa y agria toma forma de un mudo desprecio por los se帽ores, el cual lo dice todo. Anta帽o ya enfureci贸 a la clase dominante brit谩nica, puesto que era un recordatorio diario de su falta de legitimidad. Gandhi hizo de esta pr谩ctica un acto ampliamente reconocido. Y es su ejemplo, en 煤ltima instancia, el que m谩s se recuerda en la historia.

Con el control global de la narrativa por parte de las grandes empresas tecnol贸gicas hemos entrado en un orden de cosas completamente distinto al de aquellos primeros esfuerzos por parte de los colonos brit谩nicos para mantener a raya la disidencia. Como se帽ala sucintamente la profesora de la Harvard Business School, Shoshana Zuboff:

“Durante las dos 煤ltimas d茅cadas, he observado las consecuencias de nuestra sorprendente metamorfosis en imperios de vigilancia, impulsados por arquitecturas globales de control, an谩lisis, selecci贸n y predicci贸n de comportamientos, que he denominado capitalismo de vigilancia. En virtud de sus capacidades de vigilancia y en aras de los beneficios que proporciona esta, los nuevos imperios han dise帽ado un golpe epist茅mico, fundamentalmente antidemocr谩tico, marcado por concentraciones sin precedentes de conocimiento sobre nosotros y por el poder irresponsable que se deriva de dicho conocimiento”.

El control de la narrativa ha alcanzado su punto 谩lgido. La profesora prosigue:

“Esta es la esencia del golpe epist茅mico. Reclaman la autoridad para decidir qui茅n sabe qu茅 (…) y ahora compite vigorosamente con la democracia por los derechos y principios fundamentales que definir谩n el orden social de este siglo. 驴Nos obligar谩 el creciente reconocimiento por parte de la sociedad de este fen贸meno a reconocer por fin la inc贸moda verdad que se ha cernido sobre nosotros durante las dos 煤ltimas d茅cadas? Podemos tener democracia, o podemos tener sociedad de vigilancia, pero no podemos tener ambas cosas (茅nfasis a帽adido)“.

Esto representa claramente una magnitud muy diferente de lo que entendemos com煤nmente como control y, cuando se al铆a con las t茅cnicas occidentales para combatir y desarticular la emergencia de narrativas terroristas -perfeccionadas durante la guerra contra el terrorismo- se convierte en una herramienta formidable para frenar la disidencia, tanto a nivel interno como externo. Sin embargo, tiene una debilidad fundamental.

Es bien sencillo. Al estar uno tan implicado, tan inmerso en una “realidad” concreta, las “verdades” de los dem谩s no se escuchan, no pueden escucharse. No sobresalen por encima de la interminable llanura del discurso consensuado. No pueden penetrar en el caparaz贸n endurecido de una burbuja narrativa predominante ni reclamar la atenci贸n de las 茅lites, ensimismadas en la gesti贸n de su propia versi贸n de la realidad.

驴Cu谩l es, pues, la gran debilidad? Las 茅lites llegan a creer ciegamente en sus propias narrativas, olvidando que 茅sta fue concebida como una ilusi贸n, una entre otras, creada para capturar el imaginario colectivo dentro de su sociedad (obviando as铆 las de otros).

As铆, pierden la capacidad reflexiva de diferenciarse y de verse a s铆 mismas como las ven los dem谩s. Se embelesan tanto con la virtud de su versi贸n del mundo que pierden toda capacidad de empatizar o aceptar las verdades de los dem谩s. No pueden escuchar las se帽ales del entorno. La cuesti贸n es que, al no comunicarse ni escuchar bien a otros Estados, los motivos y las intenciones de estos 煤ltimos se malinterpretan, a veces de forma tr谩gica.

Podemos encontrar numerosos ejemplos de tal suceso, pero la percepci贸n de la Administraci贸n Biden de que el tiempo se congel贸 -desde el momento de la salida de Obama de la presidencia- y de que de alguna manera se descongel贸 el 20 de enero, justo a tiempo para que Biden retomara esa 茅poca anterior (como si el tiempo fuera ininterrumpido), es un gran ejemplo de la creencia de las 茅lites de su propio meme. El asombro -y el honesto enfado- de la UE al ser descrita “como un socio poco fiable” por el ministro Lavrov en Mosc煤, constituye otro ejemplo de c贸mo las 茅lites se han alejado del mundo real y son presas de su propia autopercepci贸n.

Las declaraciones de Biden respecto a que “EEUU ha vuelto” para liderar y “establecer las reglas del juego” para el resto del mundo, pueden tener la intenci贸n de irradiar y proyectar la fuerza estadounidense, pero m谩s bien sugieren una tenue comprensi贸n de las realidades a las que se enfrenta: las relaciones de EEUU con Europa y Asia se estaban distanciando cada vez m谩s, mucho antes de que Biden llegara a la Casa Blanca y, por lo tanto, tambi茅n desde antes del mandato (intencionadamente perturbador) de Trump.

Debemos preguntarnos, 驴por qu茅 EEUU rechaza tan sistem谩ticamente esta realidad?

El presidente Joe Biden y la vicepresidenta Kamala Harris de los EEUU

Por un lado, despu茅s de siete d茅cadas de primac铆a mundial, es inevitable una cierta inercia que impedir铆a a cualquier poder dominante de registrar y asimilar correctamente los cambios significativos del pasado reciente. Sin embargo, en el caso de EEUU, hay otro factor que ayuda a explicar su “sordera”: la fijaci贸n del establishment en su conjunto en evitar que las elecciones presidenciales de 2020 validaran los resultados de aquellas de 2016. Tal cometido los eclips贸, nada m谩s importaba, era tan absorbente que les impidi贸 atender el mundo que estaba cambiando, justo ah铆, en sus narices.

Este error no es exclusivo de EEUU. Es f谩cil comprender por qu茅 la UE qued贸 tan asombrada cuando el ministro Lavrov calific贸 a la UE de “socio poco fiable”, aunque esta sea una descripci贸n fidedigna. Como escribi贸 el exministro de Econom铆a griego, Yanis Varoufakis, a partir de su propia experiencia al tratar que la UE escuchara sus detallados res煤menes y propuestas con respecto a la crisis financiera de su pa铆s: “Ellos (el Eurogrupo) simplemente se sentaron con cara de asco, sin hacer ni pizca de caso: Podr铆a haber cantado el himno nacional sueco, por toda la atenci贸n que prestaron a mis contribuciones”, relat贸 m谩s tarde Varoufakis. Su experiencia fue el modus operandi habitual de la UE. La UE no negocia. Los suplicantes, ya sean griegos o brit谩nicos, deben aceptar los valores de la UE y, con ello, las reglas del club.

El Alto Representante, Borrell, lleg贸 con su larga lista de reclamaciones, prescritas por 27 Estados (algunos de los cuales tienen una lista hist贸rica de reclamaciones contra Rusia). Ley贸 las demandas y, sin duda, esperaba que Lavrov, al igual que Varoufakis, se sentara tranquilamente y aceptara las reprimendas y las “reglas del club”, el c贸digo de comportamiento apropiado para cualquier aspirante que contemple alg煤n tipo de relaci贸n de trabajo con el “mayor mercado consumidor del mundo”. Esta es la cultura de negociaci贸n de la UE.

Y lo que sigui贸 a la reuni贸n fue la infame rueda de prensa en la que se calific贸 a la UE de “poco fiable”. Cualquiera que haya asistido a un 贸rgano decisorio de la UE conoce el protocolo, pero dejemos que un antiguo alto funcionario de la UE lo describa: El Consejo se ocupa del Chefsachen -la materia de la alta pol铆tica, no de la baja regulaci贸n- en sesiones a puerta cerrada. A estas acuden, seg煤n cuenta van Middelaar, los 28 jefes de gobierno (antes del Brexit), se llaman por sus nombres de pila y pueden llegar a acordar decisiones que ni siquiera hab铆an imaginado antes, antes de salir juntos para una radiante foto de familia ante las c谩maras de los mil periodistas reunidos para escuchar sus buenas nuevas. Su presencia hace que la imagen de fracaso sea inconcebible, de ah铆 que todas las cumbres -con una 煤nica y molesta excepci贸n- hayan terminado con un mensaje de esperanza y resoluci贸n com煤n.

Lavrov, actuando como aquel pariente lejano que todos tenemos, fue rudo, no supo comportarse en la sociedad educada de la UE; no se insulta a la UE. 隆No, se帽or!

Varoufakis explica:

“A diferencia de los Estados naci贸n que surgen como estabilizadores de los conflictos entre clases y grupos sociales, la UE se cre贸 como un c谩rtel con el cometido de estabilizar los m谩rgenes de beneficio de las grandes corporaciones centroeuropeas (no olvidemos que en su g茅nesis la UE comenz贸 siendo la Comunidad Europea del Carb贸n y del Acero). Visto a trav茅s de este prisma, la obstinada fidelidad de la UE a pr谩cticas fracasadas empieza a tener sentido. Los c谩rteles son razonablemente buenos para distribuir los beneficios del monopolio entre los oligarcas, pero terribles para distribuir las p茅rdidas. Tambi茅n sabemos que, a diferencia de los Estados, los c谩rteles se resisten a cualquier tipo de democratizaci贸n o aportaci贸n externa a su estrecho c铆rculo de toma de decisiones”.

Este incidente en Mosc煤 podr铆a ser ligeramente divertido, excepto por el hecho de que subraya c贸mo el “ombliguismo” de Bruselas (de forma distinta al del equipo Biden) produce un resultado similar: se queda sin contacto con el mundo exterior. Escucha, pero no oye. La estrategia hostil de Occidente hacia Rusia, como ha observado Pepe Escobar en su an谩lisis estrat茅gico de la posici贸n de Rusia, est谩 condicionada por la noci贸n, la creencia, de que Rusia no tiene ning煤n otro sitio al que ir, y por lo tanto debe sentirse complacida y honrada por el hecho de que la UE se digne a estirar sus “tent谩culos” hacia Eurasia. Sin embargo, ahora que el centro de gravedad geoecon贸mico se ha desplazado hacia China y Asia Oriental, es m谩s realista preguntarse si el coraz贸n de la Gran Eurasia, con sus 2 mil 200 millones de habitantes, considera que vale la pena extender su brazo hacia la UE y someterse a las reglas de esta.

No se trata de una cuesti贸n menor: una cosa es que la UE se enfade por el desprecio de Lavrov a la UE en Mosc煤. Ahora bien, la posibilidad de que EEUU escuche, pero no oiga a Rusia y China, es otra muy distinta. El hecho de no escuchar, de no entender a estos dos Estados, afecta a cuestiones de guerra y de paz internacional.

Strategic Culture. Traducci贸n para www.misionverdad.com de Eli C. Casas.




Fuente: Lahaine.org