May 16, 2021
De parte de ANRed
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Ilustraci贸n Se帽ora Milton.

Muchas ni帽as y ni帽os han sufrido violencia sexual, en un alto porcentaje de las ocasiones cometida por el padre. Mientras la justicia cuestiona los testimonios de las criaturas y las madres que denuncian, las implicadas reclaman colectivizar y politizar un tab煤 ignorado. Por Mar铆a 脕ngeles Fern谩ndez (P铆kara Magazine)


Marta Suria-V谩zquez no es Marta Suria-V谩zquez. O s铆 que es ella, pero en su DNI aparece otro nombre. Tuvo que recurrir a esta especie de pseud贸nimo para contar su historia. Los abusos sexuales en la infancia son m谩s que abusos. Son silencios. Y violencia, dolores, enjuiciamientos. Son sobre todo historias de cuestionamientos, de no creer, de dudar. El sistema judicial no la crey贸 y, para evitar que se ocultara su historia y poder contarla, naci贸 Marta Suria-V谩zquez. Porque lo que vivi贸 en su infancia no es un caso aislado, es una historia colectiva. 鈥淒as el paso al mundo exterior y lo que te encuentras es la inmensa nada鈥, reflexiona por tel茅fono. Una inmensa nada compartida, porque tambi茅n cuenta que no son pocas las veces que le dicen 鈥渁 m铆 tambi茅n鈥 o 鈥渁 mi amiga鈥, 鈥渁 mi prima鈥.

Con una vida de novela autobiogr谩fica, esta mujer, experta en cooperaci贸n internacional y consultora de organismos internacionales en asuntos como la resiliencia, trata de que su relato sea un tir贸n de orejas social. Con una voz suave, en la que no hay espacio para los reproches, solo para las preguntas, pretende que se deje de mirar para otro lado.

鈥淣o soy un caso aislado. As铆 me lo confirman las estad铆sticas. Soy una de cada cuatro, parte del 23 por ciento de ni帽as que en Espa帽a son v铆ctimas de abuso sexual infantil. Soy una de cada cuatro. S铆, has le铆do bien. Una de cada cuatro. Tambi茅n soy una del 60 por ciento que lo sufre a manos de una persona del entorno familiar. Lo siento, pero las cifras no acaban aqu铆. Soy una de cada dos donde los casos no son aislados, sino repetidos y continuados. Aunque el 48 por ciento lo olvida, lo relega a la parte m谩s profunda de su cerebro para sobrevivir. Soy una de cada siete, los casos que se denuncian. En el momento en el que escribo, se presentan ocho denuncias al d铆a. Pero yo soy parte del escaso 30% de quienes consiguen llegar a juicio鈥.

As铆 arranca Marta Suria-V谩zquez Ella soy yo (C铆rculo de Tiza, 2019), donde narra su vida a trav茅s de un relato dividido en dos: como la ni帽a que sufre maltrato por parte de su madre y que tiene problemas de bulimia, y como la mujer adulta que de repente recuerda a trav茅s de flashes los abusos sexuales que hab铆a sufrido en la infancia por parte de su padre y de los que no hab铆a sido consciente hasta la treintena. Lo que empez贸 siendo un diario en el que anotaba los recuerdos que la golpeaban, se convirti贸 en un texto que atrapa. Una vez finalizado su largo procedimiento judicial, busca la manera de articular un discurso pol铆tico sobre los abusos sexuales en la infancia: 鈥淣o es un libro para v铆ctimas, es para colectivizarlo y las que tienen fuerza que empujen鈥.

Las cifras

S铆. Los abusos sexuales en la infancia existen. Los datos, que seguro no recogen toda la dimensi贸n real, son abrumadores. Entre un 10 y un 20 por ciento de la poblaci贸n ha sufrido abusos sexuales en su infancia. Este es el porcentaje que m谩s se repite en el informe de Save the Children 鈥極jos que no quieren ver鈥. Tambi茅n recoge que el Consejo de Europa afirma que al menos, una de cada cinco ni帽as, ni帽os y adolescentes en Europa es v铆ctima de alguna forma de violencia sexual, incluyendo el abuso, la explotaci贸n o la pornograf铆a.

La Fundaci贸n Anar atendi贸, entre enero de 2008 y mayo de 2019, 6.183 casos de abuso sexual a menores de edad. Cuatro de cada cinco eran ni帽as. Y casi un 40 por ciento de las veces se prolongaron durante m谩s de un a帽o, seg煤n apunta esta instituci贸n en el estudio 鈥楢buso sexual en la infancia y la adolescencia seg煤n los afectados y su evoluci贸n en Espa帽a (2008-2019)鈥. Y los abusadores son en una inmensa mayor铆a hombres.

No cojas caramelos de extra帽os es un advertencia que apenas cabe en estas cifras. Porque los abusadores est谩n cerca: el hogar es el lugar en el que con mayor frecuencia ocurren los hechos. Los datos de esta fundaci贸n tambi茅n indican que la mayor parte son perpetrados por el padre (32 por ciento). Si se suman todos los parientes (padres, padrastros, t铆os, abuelos, hermanos, primos, etc.) resulta que el 58,8 por ciento de los abusos sexuales a menores de edad en Espa帽a son cometidos por un miembro de la familia. Y los conocidos tambi茅n aparecen en las estad铆sticas (21,2). No cojas caramelos en casa.

Y estos son los casos que se conocen, la gran mayor铆a est谩n ocultos, silenciados. Save the Children estima que tan solo en un 15 por ciento de las ocasiones son denunciados. Y 鈥渦n 75 de los que se denuncian se archivan antes de llegar a juicio鈥, apunta M陋 脕ngeles Jaime, abogada y presidenta de la asociaci贸n de Mujeres Juristas Themis. Y 驴qu茅 pasa con los que se enjuician? Pues que muchas veces no son cre铆dos. La abogada subraya que cuando hay una revelaci贸n de una ni帽a o un ni帽o 鈥渟e produce extra帽eza, se piensa que esto no puede pasar, que son muy fant谩sticos. A veces no queremos creer que estos horrores pasan鈥.

Las criaturas

En 2016, una ni帽a de nueve a帽os se escondi贸 una grabadora en un calcet铆n para pillar a su padre despu茅s de que un juzgado de M贸stoles archivara la denuncia que hab铆a interpuesto la madre por abusos. El testimonio de la ni帽a carec铆a de l贸gica, se justific贸, a pesar de los habituales llantos y quejas cuando ten铆a que irse con el padre, lo que obligaba a la intervenci贸n de la polic铆a. 鈥淐omo no hay testigos y en la mayor铆a de los casos no dejan se帽al f铆sica hay que escuchar al menor鈥, incide la magistrada Helena Gil, de la Asociaci贸n de Mujeres Juezas. No siempre es as铆. La experta en prevenci贸n de la violencia infantil de Save the Children Cristina Sanju谩n recuerda que existe el derecho de los ni帽os y las ni帽as a ser escuchados en todos los procesos que les afecten, aunque reconoce que no siempre se cumple.

鈥溌緾贸mo hab铆a sido posible? 驴Qu茅 hab铆a fallado para que con apenas nueve a帽os una ni帽a se viera obligada a pasar por esa situaci贸n?鈥. Con este caso y con esta pregunta arranca Save the Children su informe.

Paula sabe alguna de las cosas que fallan. Paula, por cierto, es un nombre ficticio porque teme revelar su identidad y que eso la perjudique en el proceso judicial que tiene con el padre de su criatura. Todo comenz贸 cuando la ni帽a, muy peque帽a, habl贸. Y desde entonces los fallos han sido constantes: una pediatra que tarda en poner la denuncia porque no conoce el protocolo, unos servicios sociales que tampoco lo conocen, una administraci贸n auton贸mica que no resuelve las dudas, una polic铆a no quiere recoger la denuncia鈥. 鈥淟o t铆pico cuando vas una ventanilla y te dan largas. Es violencia institucional pura y dura, y abuso de poder y una misoginia absoluta. Todo el sistema que ten铆a que hacer su trabajo鈥 que no digo que me crean, pero cuando yo voy tienen que darme el servicio鈥, cuenta Paula por tel茅fono, a煤n encogida, a煤n da帽ada.

Su denuncia ha sido sobrese铆da provisionalmente. Nadie escuch贸 a su hija y se obvi贸 a la madre: el juicio se centr贸 en analizar la relaci贸n entre los progenitores. La justicia, en este caso, determin贸 que no se llevaban bien. Y caso cerrado. 鈥溌omo si no llevarnos bien eximiera de cometer abusos al progenitor!鈥, clama la madre en una conversaci贸n en la que las palabras 鈥渉orror鈥, 鈥渢errible鈥 y 鈥減esadilla鈥 salen una y otra vez.

鈥淎 la ni帽a hasta hoy no la ha visto nadie, solo el psic贸logo de la Seguridad Social que la ha estado tratando un tiempo porque estaba muy alterada鈥, apunta Paula. La psic贸loga Mireia Darder tambi茅n denuncia la desprotecci贸n de las criaturas al no ser cre铆das: 鈥淪e hace una negaci贸n cultural de que el abuso existe en el seno de la familia. Miramos para otro lado: el sexo es tab煤 y en el seno de la familia todav铆a m谩s, preferimos creer que eso pasa en otros pa铆ses o en familias desestructuradas鈥.

Las madres

Paula, que apenas ha contado lo que est谩 viviendo a su c铆rculo m谩s cercano, ha tenido que buscar mucha informaci贸n para entender que lo que les pasa a ella y a su hija no es un caso aislado. Aunque vive a miles de kil贸metros, ha sido una asociaci贸n gallega la que la ha ayudado a entender el contexto, la estructura en la que operan muchos de estos hechos. 鈥淐reen que no ha pasado nada. No investigar porque nos llevamos mal quiere decir que est谩n relacionando lo que dice la ni帽a conmigo y me apuntan a m铆, aunque no lo dicen directamente. Lo que ponen sobre la mesa es el falso sap [s铆ndrome de alieci贸n parental]鈥, cuenta Paula.

La asociaci贸n de Mujeres Juristas Themis ha analizado 455 resoluciones judiciales dictadas entre 2010 y 2019 y concluye que las madres denuncian en un 51,24 por ciento de los casos, seguidas de las propias v铆ctimas (18). Pero muchas veces no las creen. Ni a unas ni a otras. De las sentencias absolutorias, un ocho por ciento razonan 鈥渜ue existe una manipulaci贸n por parte de un adulto para conseguir un fin. As铆, se considera que la menor no quer铆a ir con su padre y que este es el motivo por el que se interpone la denuncia, culpando a la madre de ello鈥, recoge el an谩lisis que Themis ha hecho para el Ministerio de Igualdad. En un 35 por ciento de ocasiones se achaca la absoluci贸n al testimonio contradictorio; adem谩s 鈥渓a tardanza en denunciar, que tiene su fundamento en la idea estereotipada de que todas las v铆ctimas de violencia sexual piden ayuda y denuncian inmediatamente, tambi茅n fundamenta la absoluci贸n en algo m谩s del ocho por ciento de las sentencias鈥, a帽ade la asociaci贸n de juristas.

鈥淗ay un problema de incredibilidad鈥, lamenta M陋 脕ngeles Jaime, presidenta de Themis. Cuando estos casos se basan 煤nicamente en testimonios, porque no suele haber testigos, no es raro que no se crea, que se cuestione. Tanto a quien ha sido objeto de abusos como a quien denuncia. 鈥淣uestra experiencia es que, a falta de evidencia f铆sicas o testigos, se vuelve contra quien denuncia. Como la formulan las madres, se cuestiona permanente su credibilidad y siempre se sospecha de un motivo espurio detr谩s鈥, a帽ade la abogada.

Sara no denunci贸. Primero fueron sus m茅dicos los que iniciaron un protocolo de malos tratos. Cuando se separ贸 por este motivo y su hija mayor iba con el padre, de nuevo fue un equipo m茅dico quien inici贸 el protocolo de abusos, ante los s铆ntomas de la ni帽a. Entonces, la psic贸loga de violencia de g茅nero aconsej贸 que 鈥渘o es posible concluir si existe o no abuso por la edad de la menor鈥 y la obligaron a mantener las visitas, a pesar de que la ni帽a no quer铆a. Y el hospital abri贸 otro nuevo protocolo ante las evidencias, corroboradas por la pediatra mediante un informe. Solo se llama al padre a declarar y nuevo archivo. Por tercera vez la justicia no cree a Sara y la deja sola. El relato lo hace la campa帽a #Mam谩Est谩Castigada, lanzada por la asociaci贸n Mujeres libres, Mujeres en paz, que lleva meses acompa帽ando a Sara para que no sienta sola.

El sistema

A Paula a煤n la cuesta verbalizar algunas cosas. Y necesita tiempo para leer la documentaci贸n judicial. Porque aunque los abusos que ha denunciado sobre su hija sean de momento un caso cerrado, la telara帽a judicial la tiene atrapada. Afirma que denunci贸 para salir del infierno, pero ahora ha entrado en otro muy turbio y pegajoso.

鈥淓l dilema es terrible y cuando tienes que aconsejar en un despacho, si no hay evidencias, porque son casos en los que es dif铆cil que haya, sabes que implica que se traslade la sospecha y el reproche a la madre que denuncia鈥, contextualiza M陋 脕ngeles Jaime.

La sospecha cay贸 sobre Sara. Porque ante la desprotecci贸n del sistema a su hija, decide interrumpir las visitas. Y 茅l pide la custodia. Y se la dan, tambi茅n la de la hija menor, aunque no tenga filiaci贸n paterna. Y Sara no las entrega a la espera de que se le comunique la ejecuci贸n de la sentencia. Y 茅l la denuncia por secuestro. 鈥淢e las arrebat贸 de manera brutal la polic铆a de la Unidad de Familia y Atenci贸n a la Mujer que, se supone, es la especializada en Extremadura para atender a las mujeres v铆ctimas de violencia de g茅nero鈥, explica Sara. Y el duro relato contin煤a: detenci贸n en la comisar铆a junto con su hija peque帽a, que estuvo horas sin comer, trato vejatorio que incluy贸 que la desnudaran, 鈥渁rrancamiento鈥 de las ni帽as, el dolor de escuchar desde el calabozo las llamadas desconsoladas de sus hijas, y los gritos y los lloros. 鈥淓ntregaron a mis hijas a un desconocido para la peque帽a [que no tiene filiaci贸n parental porque 茅l nunca hizo el registro necesario] y por el que la mayor sent铆a miedo, tal y como ella hab铆a expresado a su pediatra y a otras profesionales鈥, cuenta la madre. 驴El resultado? Sara lleva dos a帽os sin ver a sus hijas y tiene una condena de cuatro a帽os de prisi贸n.

Un estudio publicado por la revista Sexual Assault Report recoge que presentar denuncias por abuso puede ser m谩s perjudicial para el progenitor que intenta proteger a la menor que para el agresor denunciado. E indica que en el 20 por ciento de los casos analizados se entreg贸 la custodia al abusador, en el 10 a quien hab铆a denunciado y en el restante 70 por ciento fueron custodias compartidas.

驴Qu茅 debe hacer una madre cuando su hija le cuenta lo que hace su padre con ella? Por cierto, en muchos casos son violaciones. 鈥淪i denuncias, te criminalizan. Y a las ni帽as no las escuchan o, si las escuchan, dicen que est谩n manipuladas. Y puedes perder la custodia. O acabar en la c谩rcel. Y si no denuncias tambi茅n te pueden criminalizar y quitar la custodia porque no has protegido a la menor鈥, cuenta otra madre que ha pasado por esta experiencia. Ella tampoco quiere que salga su nombre, por temor a represalias y a exponer a su hija. Y porque su testimonio, de nuevo brutal y asfixiante, quiere que solo sirva para emprender los primeros pasos de este reportaje, para contextualizar y ayudar a entender la magnitud del asunto.

La telara帽a obliga reiteradamente a dejar a un lado la identidad e inventarse un nuevo nombre para hablar.

Y aqu铆 entran los estereotipos. Lo de siempre. 鈥淓s muy f谩cil, porque est谩 m谩s instalado, poner a la mujer de bruja y mala, y eso cala en un periquete鈥, lamenta Paula. La magistrada Helena Gil recuerda que adem谩s de sobre las mujeres los prejuicios tambi茅n calan en los ni帽os y ni帽as. 鈥淗ace falta mucha perspectiva de infancia para instruir estos casos correctamente, no puedes investigar buscando el error y no creyendo la denuncia鈥, apunta.

Cuando denunci贸 Marta Suria-V谩zquez no era una ni帽a ni tampoco una madre, era una mujer adulta. 鈥淢entirosa鈥, 鈥渓oca鈥 y 鈥渆nferma鈥 fueron los calificativos que recibi贸 por una parte de su familia. Tambi茅n denuncia violencia institucional: 鈥溍塴 es inocente y t煤 la mentirosa, o la loca, o ambas cosas, si no demuestras lo contrario. No se juzga al acusado, sino a la v铆ctima鈥. Y reclama que cuando 鈥渢e abres en canal鈥 es necesario un sitio libre de juicio y rebosante de paciencia.

鈥淢i proceso judicial fue brutal en may煤sculas, fue una batalla de soldados con lanzas y t煤 eres el centro de la diana. Mi proceso dur贸 cuatro a帽os, desde que fui a la comisar铆a hasta que recibo el resultado. Tuve que declarar siete veces, repetirlo todo con detalles. Cuando eres peque帽a se recurre a la imaginaci贸n, a la mentira de la ni帽a, a la manipulaci贸n o a la venganza de las madres. Si eres adulta y no ha prescrito entonces todos los ex谩menes son sobre tu cordura, c贸mo puede ser que solo lo cuentes en la edad adulta y que no hayas recordado hasta ahora. De peque帽a es el sap y de mayor el s铆ndrome de memorias falsas, que es pseudociencia y que usan para cuestionar tus recuerdos y tu memoria鈥, explica. Y revive que en sus informes se menciona c贸mo iba vestida, su sueldo y su trabajo. Y tira del hilo y narra que cuando cont贸 sus problemas con el peso y con la bulimia en su adolescencia, uno de los comentarios de los expertos fue que no lo entend铆a porque era una mujer muy guapa.

La sociedad

Dylan Farrow, hija adoptiva de Woody Allen, hizo p煤blicos en 2014 los abusos de su padre hacia ella cuando ten铆a siete a帽os. 鈥淲oody Allen es un testimonio vivo de la forma en que nuestra sociedad falla a los supervivientes de agresiones y abusos sexuales鈥, escribi贸 en The New York Times. Con el movimiento #MeToo volvi贸 a clamar. El proceso judicial tras la denuncia de su madre, Mia Farrow, y a la que respondi贸 Allen pidiendo la custodia, nunca pen贸 al director de cine. Este a帽o, a trav茅s de un documental Allen vs Farrow, el testimonio de Dylan Farrow s铆 ha tenido m谩s repercusi贸n y amparo.

En 1998 Zoilam茅rica Ortega Murillo, la hija de la actual vicepresidenta de Nicaragua, Rosario Murillo, e hija adoptiva del presidente del pa铆s, Daniel Ortega, denunci贸 a este por los abusos sexuales sufridos desde que ten铆a nueve a帽os. Nadie la crey贸, tampoco su madre. Cuando el caso lleg贸 a los tribunales hab铆a prescrito. Zoilam茅rica se tuvo que exiliar en Costa Rica. De nuevo fue un documental, Exiliada, el que record贸 la historia a la sociedad para, ahora s铆, creer a la v铆ctima. 鈥淯na de las cosas que me hace sentir m谩s contenta es la humanizaci贸n de Zoilam茅rica, porque es muy com煤n que las v铆ctimas de abuso sexual sean estigmatizadas, que les digan 鈥榤entirosas鈥 y 鈥榣ocas鈥, que les acusen de tener agendas ocultas y que por eso hablan鈥, dijo a Pikara Magazine la directora del documental, Leonor Z煤niga.

A pesar de la multitud de casos, el abuso sexual en la infancia cuando el abusador es alguien de la familia o, sobre todo, cuando es el padre, no tiene espacio medi谩tico ni pol铆tico ni social. 鈥淟a sensaci贸n que tengo es que la gente lo reh煤ye, es tan horroroso, descabellado y tan oscura la idea鈥︹, apunta Paula. 鈥淭odav铆a estamos en la negaci贸n鈥, a帽ade la psic贸loga Mireia Darder.

En los 煤ltimos a帽os, los medios de comunicaci贸n s铆 han informado de varios casos. 鈥淪ale m谩s, pero descontextualizado, con titulares pornogr谩ficos, sin an谩lisis. Est谩 m谩s presente, pero me preocupa c贸mo lo hace porque alimenta la monstruosidad, el suceso, el caso aislado y todo aparece muy judicializado, cuando hay que hablarlo como un asunto de justicia social鈥, cuenta Suria-V谩zquez. Adem谩s, la gran mayor铆a de las noticias est谩n relacionadas con abusos por parte de personas que pertenecen a instituciones religiosas, trabajan en colegios o son monitores deportivos.

La mam谩 a la que ni siquiera se le ha puesto un pseud贸nimo lo anunci贸 desde el inicio: 鈥淓l problema es cuando el abusador es el padre, porque si es un profesor o un monitor cambias a la ni帽a de colegio鈥. Hay entonces margen para la protecci贸n y el cuidado. Hay espacio para las certezas. Las dudas no se帽alan ni castigan. Al menos, no tanto.

鈥淭odo el abuso en el seno de la familia es un tab煤, no solo del padre, sino de t铆os, hermanos, abuelos鈥 Es el gran tab煤 cultural que tenemos, que es el m谩s com煤n y el que menos sale en los medios. El que m谩s sale es de hombres a hombres鈥, describe Darder. Y ofrece un ejemplo: de los cuatro libros que ha escrito es precisamente el relacionado con abusos sexuales, La sociedad del abuso, el menos vendido.

Las redes

Marta Suria-V谩zquez naci贸 para hacer p煤blica su vida, politizarla fue una de las razones por las que escribi贸 su libro. Y tambi茅n es uno de los motivos por los que busca alianzas y lanza preguntas, porque a pesar de lo vivido sigue sin entender. Pero una cosa tiene clara: 鈥淟as palabras no salvan, la compa帽铆a s铆鈥.

La mam谩 que ni siquiera aparece bajo un nombre ficticio tambi茅n incide en la importancia de las redes 鈥減ara mantenerte cuerda鈥 y exige responsabilidad social para proteger a las criaturas.鈥淪i hay una de cada cuatro mujeres abusada, hay uno de cada cuatro hombres abusador, eso significa cambiar la cultura patriarcal entera, no naturalizar la violencia. El cambio tendr铆a que ser tan grande que por eso no se mira. El abuso es la forma de relaci贸n que propone el patriarcado鈥, a帽ade Darder. 鈥淐omprender y aceptar el abuso sexual es devastador para la que lo sufre y para la que acompa帽a鈥, escribe Suria-V谩zquez.

Y Paula finaliza: 鈥淭engo que involucrarme en politizar los abusos. Adem谩s de cuidarme y protegerme, esta experiencia de mierda tiene que ir m谩s all谩 de destrozar mis nervios y la salud de mi hija鈥.





Fuente: Anred.org