January 4, 2023
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Fuente – La ultraderecha como expresi贸n del colapso en Occidente – elviejotopo.org 1.1.2023 por Alejandro P茅rez Polo

1. El crash de 2008: aqu铆 empez贸 todo

Corr铆a el a帽o 2012. La crisis econ贸mica derivada de la gran recesi贸n hac铆a estragos en Europa. Las movilizaciones populares en Espa帽a (15M y huelga general de marzo del 2012) y las violentas protestas en Grecia hab铆an contagiado al conjunto del mundo occidental. Llegaron hasta el coraz贸n del imperio: en Nueva York, la ciudadan铆a se manifestaba en Wall Street a trav茅s de Occupy. No hab铆a rastro de la ultraderecha en ninguna parte. Ni siquiera en Francia una primeriza Le Pen lograba pasar a segunda vuelta de las presidenciales que se dirimir铆an entre Sarkozy y Hollande, con victoria socialista.

Se viv铆a una fase de descomposici贸n ideol贸gica y org谩nica del neoliberalismo. Los consensos econ贸micos de la globalizaci贸n tras la ca铆da de la URSS se hab铆an resquebrajado para siempre. Se termin贸 la luna de miel que fue desde 1991 hasta 2008, en la que el capitalismo sin cortapisas logr贸 incorporar a todos los pa铆ses exsovi茅ticos a su l贸gica. Una subsunci贸n formal y material del conjunto del globo que toc贸 a su fin.

Esto se tradujo en una gran crisis de hegemon铆a que se extendi贸 a todos los estamentos de poder. De esta manera, nadie se libr贸 de la impugnaci贸n: crisis de representaci贸n, que conllev贸 una crisis de los partidos tradicionales y la posibilidad de emergencia de nuevas fuerzas pol铆ticas. Crisis de los medios de comunicaci贸n, que intentaban defender lo indefendible y perdieron la credibilidad ciudadana. Esto allan贸 el terreno para las fake news que tanto aprovechar谩 la ultraderecha, y tambi茅n para el surgimiento de nuevos medios. Crisis tambi茅n de la instituci贸n cient铆fica por asociarse a aquello p煤blico y oficial, que abrir铆a m谩s adelante el campo para la conspiraci贸n que tocar铆a su techo con la pandemia de la COVID-19.

La crisis org谩nica del capital dej贸 abonado el terreno para la irrupci贸n de la ultraderecha, que explotar谩 al m谩ximo todas las derivadas del derrumbe ideol贸gico del edificio neoliberal. Sin embargo, primero fue la izquierda popular la que aprovech贸 la oportunidad.

En 2012, tras dos d茅cadas de inanici贸n, digiriendo la derrota hist贸rica de la URSS, la izquierda tom贸 la delantera. Vio el momento y supo conectar tanto con el pulso de la calle como con la propuesta constituyente subsiguiente. Se hab铆a aprendido la lecci贸n, se hab铆an renovado los manuales, se ven铆a de un periodo de reflexi贸n profunda que permiti贸 afrontar con garant铆as el nuevo escenario.

As铆, en 2015, Tsipras se hac铆a con la presidencia de Grecia en una victoria electoral inimaginable tras d茅cadas de bipartidismo. En Espa帽a, Pablo Iglesias y Podemos lograban m谩s de cinco millones de votos (un 20,2% de los sufragios) que, sumados al mill贸n de votos de IU, posicionaban por primera vez a la izquierda del PSOE por encima de la socialdemocracia (6 millones de votos contra 5,5). Sanders hac铆a temblar los cimientos del Partido Dem贸crata norteamericano: Hillary Clinton tuvo que tirar de todo el aparato para detenerle. En Italia y Francia, tanto el M5S como M茅lenchon empezaban a despuntar en las encuestas. Existi贸 un momento popular liderado por las izquierdas en todo el mundo occidental.

Sin embargo, dos a帽os despu茅s, todo hab铆a cambiado. La fragilidad del momento popular de izquierdas hizo tambalear unas apuestas valientes que volvieron a las zonas de confort cl谩sicas, puede que impresionadas o intimidadas por su propia fuerza electoral. De discursos que beb铆an de la hip贸tesis nacionalpopular latinoamericana (soberan铆a popular, democratizaci贸n de la econom铆a y disputa del universal de la naci贸n) se pas贸 a los cl谩sicos ejes de la izquierda ilustrada de clase media (ecologismo, derechos de minor铆as, europe铆smo). La derrota de Tsipras ante la Uni贸n Europea tras el refer茅ndum contra las draconianas medidas de austeridad fue un duro golpe del que cost贸 mucho volver a levantarse.

En 2017, Trump fue nombrado presidente de Estados Unidos tras ganar a Hillary Clinton. Marine Le Pen lograba pasar a segunda vuelta de las presidenciales francesas, en un primer round contra Macron que se repetir铆a en 2022. En Italia, la Lega lograba su mejor resultado hist贸rico (un 16%, base de lo que luego ser谩 Fratelli d鈥橧talia) y, en Espa帽a, se empezaba a fraguar el fen贸meno VOX, que despertar铆a con una fuerza poderosa en 2018 (en las elecciones andaluzas). Quedaba el experimento italiano, con el Movimiento 5 Estrellas liderando el ejecutivo con el populismo de la Lega tras una importante victoria electoral, construida bajo la impugnaci贸n a las viejas elites econ贸micas y pol铆ticas.

El mapa ya hab铆a cambiado. Ahora, reci茅n estrenado 2023, la extrema derecha gobierna en Italia tras una aplastante victoria electoral, revalid贸 la presidencia de Hungr铆a con Orban, as铆 como la de Polonia con Ley y Justicia, VOX se mantiene alrededor del 15% del voto en Espa帽a, Le Pen consigui贸 superar el 41% en Francia y se prepara para el asalto al El铆seo en 2027, al igual que Trump a la Casa Blanca en 2024. Una vez m谩s, como en la d茅cada 2000-2010, solo Am茅rica Latina se erige como nuevo faro de las izquierdas en el mundo. Al igual que en aquel momento, sendos liderazgos populares se han hecho con la presidencia de sus respectivos pa铆ses bajo una apuesta n铆tida de izquierdas, no alineada con ninguna gran potencia occidental, aunque est茅n un poco m谩s a la defensiva y con un rearme potente de sus respectivas derechas nacionales.

驴Qu茅 es lo que ha sucedido para que la extrema derecha asuma el mando de las derechas en Occidente?

2. El miedo es la emoci贸n dominante en el declive

La crisis del 2008 lo cambi贸 todo. El derrumbe del sistema financiero americano arrastr贸 al conjunto de potencias alineadas con Estados Unidos, mientras la periferia del mundo (China, Rusia, Brasil, India) daba un paso al frente, aprovechando la fragilidad occidental para seguir creciendo y ocupando mercados. Se empez贸 a dibujar un realineamiento global debido a la debilidad de Estados Unidos y la fortaleza de los pa铆ses emergentes. Una nueva arquitectura en ciernes en el que nuevas potencias asumir铆an un rol protagonista, capaz de dise帽ar su modelo con una gran capacidad de negociaci贸n.

Los declives civilizatorios nunca se dan de un d铆a para otro. Tardan d茅cadas en materializarse. El fin de los consensos neoliberales supuso, en realidad, el fin de la propia creencia en la superioridad del sistema occidental en relaci贸n con otros sistemas econ贸micos del globo. La izquierda occidental supo leerlo correctamente en su momento y, por eso, la apuesta radical por un sistema m谩s justo que repartiera la riqueza y cambiara las reglas del juego conect贸 en aquel contexto destituyente. Todav铆a hab铆a esperanza en poder tomar el poder para transformar las relaciones de dominaci贸n.

Sin embargo, los viejos fantasmas suelen emerger cuando todo parece encaminado. Fue el polit贸logo Dominique Mo茂si el que propuso una nueva forma de entender la geopol铆tica m谩s all谩 de las relaciones econ贸micas entre pa铆ses. Seg煤n esta forma, aparte de los valores colectivos, hay unas narrativas que configuran los grandes estados de 谩nimo de las naciones. As铆, Mo茂si propone hablar de una 鈥済eopol铆tica de las emociones鈥 en la que diversas potencias act煤an bajo la influencia de diversos sentimientos: el miedo ser铆a la emoci贸n dominante en Occidente, la humillaci贸n en el mundo isl谩mico y la esperanza en Asia.

Esta forma de enfocar los grandes estados an铆micos que motivan a los diferentes gobiernos es bastante explicativa de la forma en la que nos enfrentamos a las problem谩ticas globales. El miedo en Occidente presiona en la direcci贸n de ejecutar pol铆ticas m谩s enfocadas a la seguridad y le empuja a estar constantemente a la defensiva en el plano ideol贸gico. Si lo comparamos con la actitud del gobierno chino, por ejemplo, vemos que all铆 est谩n movidos por la confianza en un futuro prometedor. Est谩n a la ofensiva, movidos por la esperanza en sus propios valores, su sistema y su capacidad de liderazgo.

En Occidente hay miedo: miedo a los refugiados y a un mundo exterior que asoma cada d铆a de forma tr谩gica en las aguas del Mediterr谩neo. Miedo a Rusia y a las nuevas potencias emergentes. Miedo al cambio clim谩tico, miedo a las protestas sociales que ya no se saben gestionar de forma eficiente, miedo a las fake news y los populismos. Miedo, en definitiva, al futuro. Este miedo es el ingrediente principal del que se alimenta la extrema derecha, que ofrece discursos m谩s tranquilizadores estructurados en torno al regreso de los valores fuertes y los Estados dispuestos a guerrear ante las turbulencias de nuestro siglo.

La extrema derecha ya no es futurista como el viejo fascismo italiano o el nazismo alem谩n, que promet铆a la gloria de un Tercer Reich. La extrema derecha es reactiva y busca, sobre todo, apaciguar los miedos derivados de las angustias existenciales que atraviesan el conjunto de Occidente. Sin una izquierda capaz de hacerse cargo de esas angustias existenciales, el terreno estar谩 abonado para sus sucesivos triunfos electorales.

La ultraderecha no ha surgido contra la democracia 鈥渂urguesa鈥 o liberal. No est谩n abandonando ning煤n barco sino asumiendo el mando. La compatibilidad de Meloni con la UE y la OTAN demuestra que la ultraderecha no est谩 opuesta a las elites europeas, sino que son su expresi贸n m谩s recalentada. Aspiran a hacerse cargo de los miedos que las viejas derechas liberales ya no pueden afrontar. Aspiran a refundar en clave cristiana y civilizatoria Europa, para protegerla de las amenazas que la acechar铆an.

Es en este punto donde encuentran un gran tir贸n entre los electorados y una gran fortaleza en su hip贸tesis. A diferencia de muchas izquierdas populistas, las expresiones de ultraderecha apenas retroceden electoralmente desde que irrumpieron en la arena pol铆tica porque se inscriben en un zeitgeis [esp铆ritu de la 茅poca]t: son la expresi贸n m谩s n铆tida del colapso civilizatorio derivado de la crisis de 2008 y la p茅rdida de posiciones de Occidente en el mundo.

El primer gran nudo para desentra帽ar la fuerza pol铆tica y discursiva de la ultraderecha radica en estos elementos geopol铆ticos, emocionales y pol铆ticos. Pero no es el 煤nico nudo. Hay otro que es prioritario abordar: la expresi贸n de las clases trabajadoras excluidas del discurso p煤blico.

3. La distancia sentimental de las izquierdas con el pueblo

Cuando en Francia surgieron los chalecos amarillos, una protesta social con una envergadura enorme, mucha gente en la izquierda tuvo una desconfianza intuitiva contra aquellos 鈥渉ombres鈥 de las 鈥減rovincias鈥 que se movilizaban contra el impuesto al di茅sel. Esa misma desconfianza se percibi贸 cuando los camioneros espa帽oles hicieron un par贸n contra el gobierno de coalici贸n en marzo de 2022 por las subidas del precio de la gasolina. Se les acusaba de estar instrumentalizados por la extrema derecha, en lugar de conectar emocionalmente con sus demandas (una justa reivindicaci贸n [patronal] contra una escalada imposible de los precios [paro patronal, no huelga obrera]).

Durante la 煤ltima d茅cada, se ha ido inoculando un odio creciente contra las clases populares tanto en Espa帽a como en el resto de Occidente. Esta estigmatizaci贸n, perfectamente descrita en el fenomenal Chavs de Owen Jones, ha ido derivando en una demonizaci贸n completa. Los obreros son representados como una panda de machistas y racistas. Lejos de combatir estos arquetipos, gran parte de la izquierda ha asumido como propios esos clich茅s. Muchas expresiones populares son sospechosas. De hecho, los ataques contra lo que se ha denominado 鈥rojipardismo鈥 est谩n estructurados bajo esos prejuicios. El 鈥渞ojipardismo鈥 ser铆a toda aquella 鈥渋zquierda rancia鈥 que no asume como propios los avances del feminismo o de la lucha contra el racismo (multiculturalismo).

En el intento de alinear la izquierda con las elites realmente existentes, el disciplinamiento discursivo ha venido del lado de la supuesta sofisticaci贸n de los postulados verdes, liberales y de tolerancia con lo diferente. Estas ideas pol铆ticas, presentadas como el sumun de la cultura, se postulan como un estadio m谩s avanzado de lo humano. No hay an谩lisis sobre los sesgos de clase de estas ideas urbanitas, pero operan con fuerza en los discursos mainstream.

La globalizaci贸n cre贸 ganadores y perdedores. Hoy, estamos en una fase que Esteban Hern谩ndez describe como de desglobalizaci贸n, acentuada por la guerra de Ucrania, pero hay una parte de las elites y de las clases medias que siguen apostando por disolver las soberan铆as nacionales, convencidas de que la UE es el mejor horizonte posible. As铆, una facci贸n ilustrada de la clase media (periodistas, acad茅micos, personas pertenecientes a las profesiones liberales y una parte del funcionariado) cree en una alianza con las elites globalistas. Mira hacia arriba por el v茅rtigo que le produce mirar hacia abajo, hacia ese abismo de precariedad y pobreza del que forman parte m谩s del 35% de nuestro pa铆s. Esa facci贸n de la clase media en desaparici贸n conf铆a en ser incluida en las mieles del progreso de las elites y le tiene un p谩nico terrible a quedarse excluida, en la periferia del progreso.

驴Qui茅n se hace cargo de los malestares, anhelos y voces de los de abajo si las clases medias ilustradas renuncian a aliarse con ellos? Pues es la ultraderecha la que aprovecha el flanco. La ultraderecha logra unificar a los excluidos por arriba (esas elites nacionales que fueron excluidas del globalismo) y a los excluidos por abajo (los perdedores de la globalizaci贸n) bajo un 煤nico eje.

Tal como explica el ge贸grafo y ensayista franc茅s Christophe Guilluy, las clases dominantes se postulan como la fuerza positiva del progreso, las 煤nicas herederas de la mejor tradici贸n de la cultura occidental (pureza) y las clases populares dejan de ser una referencia cultural positiva como ocurr铆a antes de los a帽os 80, pasando a ser las perdedores y fracasadas del sistema, culpables de su propia miseria y atraso pol铆tico-moral. La desaparici贸n de la clase media, para el franc茅s, inaugura una nueva era en la que los de arriba se desentender谩n de los de abajo, a los que condenar谩n a un ostracismo cultural y moral. De esta manera, las clases populares quedan excluidas como sujeto activo con voz propia.

Este quiebre entre el mundo de arriba y el mundo de abajo provoca, al mismo tiempo, que los expulsados de la sociedad (las clases populares) construyan sus propios relatos impermeables a los relatos de las clases dominantes. De aqu铆 surge el populismo, como un regreso al pueblo, un intento de reconstruir la sociedad rota por la escisi贸n de las elites. Sin embargo, este populismo puede bascular de un cierre autoritario (ultraderecha) o una apertura democr谩tica (republicana).

Para que la expresi贸n popular no sea monopolizada por la ultraderecha ni se reconduzca hacia lugares tenebrosos, es necesario volver a situar el bien com煤n y la idea de pueblo en el centro de las pol铆ticas y los discursos. Recuperando el lenguaje popular y situando en positivo los valores de la comunidad. Una tarea importante es salirse de los juegos moralistas que las elites instrumentalizan para estigmatizar a las clases populares, para volver a situar la referencia cultural en las expresiones que vienen de abajo. Afirmando un proyecto propio que no se subordine ni a las viejas elites nacionales, ni a las nuevas elites globales, sino que asuma el mando de las alianzas interclasistas.

La ultraderecha es una expresi贸n del colapso de Occidente. Hoy, es necesario hacerse cargo de este colapso si se quiere una soluci贸n democr谩tica y popular a las sucesivas crisis. De la misma manera, hacerse cargo de las angustias existenciales que este colapso est谩 provocando entre las mayor铆as sociales (miedos y malestares profundos), recogiendo en positivo una nueva expresividad que aspira a refundar la idea de pueblo ante la fragmentaci贸n y disoluci贸n de lo social propuestas por las elites. De otra manera, la ultraderecha seguir谩 conquistando espacios pol铆ticos, sociales y culturales, acumulando m谩s victorias electorales. En nuestras manos est谩 no permitirlo.
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Fuente: Tarcoteca.blogspot.com