December 13, 2021
De parte de Oiradilos
195 puntos de vista

El doctor alemán Günter Kampf, del Instituto Universitario para la Higiene y la Medicina Medioambiental, ha publicado un artículo en la prestigiosa revista científica The Lancet que creo que merece la pena comentar. El semanario médico británico se publica desde 1823 y su prestigio sobre todo es consecuencia del trabajo que ha hecho para hacer llegar la ciencia al gran público sin abandonar nunca el rigor.

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Kampf expone su preocupación por la utilización pública, por parte de varios altos funcionarios de los Estados Unidos y Alemania, de la expresión «pandemia de los novacunados» como si las personas vacunadas fueran irrelevantes para la enfermedad, como si no la transmitieran. Según sus investigaciones, no hay ninguna prueba científica que avalen estas afirmaciones y, en cambio, conociendo el pasado reciente o lejano de estos dos estados, le da miedo ver como se señala supuestos «culpables» con el único objetivo de relajar la tensión que una epidemia como esta supone para la población en general, buscando culpables que no lo son porque son las personas infectadas las únicas que pueden transmitir la enfermedad, no los vacunados o los no vacunados.

Coincido completamente con las palabras de Kampf. De hecho, ente las últimas semanas hemos visto como el Consejero de Salud del Gobierno de la Generalitat afirmaba públicamente que los hospitales estaban llenos de no vacunados, hasta el 70% decía. Pocos días después, al hacerse públicos los datos oficiales, hemos visto como estos mismos hospitales estaban llenos hasta el 64%, de personas vacunadas. Inmediatamente, han aparecido gráficos que nos han explicado por qué eran vacunados la mayoría de personas hospitalizadas, pero dejando a un lado los gráficos, que creo en todos ellos, de estos hechos se desprende una verdad que tendría que ser motivo de cese para cualquier político y más todavía si ocupa un cargo de tanta importancia como es el de conseller. Porque lo que queda claro es que Josep Maria Argimon engañó a todo el país al dar unos datos que no es que fueran inexactos sino que eran radicalmente falsos. ¿Por qué lo hizo? Pues si hacemos caso a Kampf, porque quería crear miedo y resentimiento contra las y los catalanes no vacunados para conseguir que se acabaran vacunando o, en el peor de los casos, para entretener a la mayoría social con carnaza no vacunada y que esta mayoría social no se acabara entreteniendo haciéndose preguntas o haciéndoselas a él.

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Porque hace falta mucha paciencia para no hartarse de tantas afirmaciones categóricas de científicos-que-nunca-se equivocan en torno a la fecha en que se acabará la pandemia (hasta ahora hemos escuchado como mínimo cuatro), el efecto protector de la transmisión de las vacunas (empezaron con el 90%, subieron hasta el 96% y ahora hablan de un 40% a los seis meses), de aquel objetivo tan denominado y cada vez mis olvidado de la «inmunidad de rebaño» que primero estaba en el 60% de personas vacunadas y ahora ya ronda el 90 o el 100% como objetivo, de la desaparición de derechos básicos eliminados por una misteriosa pandilla secreta llamada Procicat que sustituyó al Gobierno de Cataluña durando meses y del cual no tenemos ni las actas de las reuniones para saber cómo tomaba sus decisiones porque «no redactaban». Una pandilla que nos confinó en casa tres meses, a la vez que hacía desaparecer la atención primaria y nos lanzaba a una carrera loca de datos sin sentido para la mayoría de la población que veía cómo, mientras tanto, morían miles de abuelos confinados en residencias que cuando hacían mal su trabajo, básicamente por falta de personal, eran intervenidas por la Generalitat y devueltas a sus amos una vez saneadas para que pudieran continuar haciendo negocio sin cambios significativos.

Si estas cosas, y otras muchas, las escuchas y no te enfadas aunque sea un poco, es que no eres demasiado humano. Pero en cierto modo han conseguido que acabemos viendo cosas que no cuadran con los discursos oficiales y que no deseamos saber como realmente son angustiados como estamos con tantos datos negativos y tanta muerte. Por lo tanto, señalar como culpables a los no vacunados es una buena manera de destensionar y tensionar a una buena parte de la población no contra los de arriba sino contra los del lado.

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Es aquí donde llega la hora de nuestro amigo «pasaporte covid», sobre el cual pronostico que mutará de nombre pronto y pasará a denominarse quizás Green Pass o alguno otro nombre bonito y ampliable más allá de la covid. Un nombre bonito que no esconderá lo que realmente es este «pasaporte». Ni más y menos que una herramienta de control social digital implementada a la mayor parte de la población con la posibilidad de crecer y crecer hasta el infinito. Porque si alguien piensa que la Patronal española CEOE o Foment del Treball Nacional se han convertido en «buenos» de repente sin más, está claro que está apañado. Las dos organizaciones empresariales han pedido incluso exigido el «pasaporte» para poder ir a trabajar, tal como se hace ya en Italia, por ejemplo. De hecho, alguna empresa como Seat ya ha creado espacios separados y diferenciados para vacunados y no vacunados. ¿Es la protección de la salud de trabajadoras y trabajadores el objetivo de estos empresarios y de este «pasaporte»? Es evidente que no. Si las patronales quisieran proteger la vida o la salud de sus trabajadores, lo que harían seria aplicar las leyes de riesgos laborales de forma extensa e intensa y este no el caso, todo lo contrario. Ahora bien, si observamos los ejemplos de control total a partir de mecanismos digitales como pasa ya a en China o el acceso a datos médicos por parte de empresas y administraciones como pasa en los EEUU, la cosa toma mucho más sentido. Foment del Treball busca la puerta abierta que supone este medio de control social para añadir más informaciones y tener acceso al historial médico nuestro, una vez perdida la confidencialidad que teníamos hasta ahora. ¿Si somos capaces de dar datos médicos personales destacadas a un camarero para entrar en un bar, quien se negará a dar con bandeja de plata nuestros datos médicos a un empresario que quizás nos dará trabajo? Pues casi nadie. Y de aquí a la exclusión de las personas con enfermedades de larga duración, con enfermedades complejas o directamente con enfermedades no hay ni siquiera un paso. Y cuando pase no valdrá haber estado en el bando de los que exigían mano dura contra los no vacunados porque entonces los señalados habrán cambiado de nombre pero continuarán siendo señalados…

Estamos jugando con fuego y en medio hay tantos intereses ante lo único que no se puede hacer es callar. Y a pesar de que no sea tan complicado de entender, tenemos que buena parte de la izquierda anticapitalista y de medios de periodismo sociales (antes contrainformativos) se mantienen mudos. Se entiende, porque quien habla es crucificado públicamente por los más alocados. Así que la gente calla para no parecer a los ojos del resto de la sociedad unos «magufos» de mierda, unos emuladores de Bosé, etc., porque una de las cosas que sí ha funcionado bien en esta pandemia ha sido la construcción de modelos y contramodelos, el control de las palabras y su clara manipulación para que acabaran señalando el único camino posible.

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En el último año y medio hemos visto como palabras y expresiones como «nueva normalidad», «negacionista», «magufo», «inmunidad de rebaño», «por solidaridad», «inmunidad» «antivacunas», «egoístas» y otras muchas variaban en sus significados y se plegaban a nuevas definiciones, nuevos contenidos y nuevos usos. No, no se trata de la normal evolución del lenguaje sino de un control hecho desde arriba. Y lo podemos ver cualquier comparación de lenguas, dándonos cuenta de que las variaciones se han dado en prácticamente todas las lenguas del mundo occidental, que es donde más se ha centrado esta pandemia mundial. La jefatura lingüística única se ha producido realmente y esta coincidencia también da miedo, avisados cómo estamos del uso que la neohabla ha tenido en distopías literarias trastornantes que cada vez sea vuelven más referenciales y, desgraciadamente, reales.

En nuestras manos continúa estando la capacidad de confrontació que siempre hemos tenido cuando nos hemos dedicado a analizar la realidad sin ‘doctrinas de shock’ encima, aplicadas en este caso aquí y no en otro lugar del planeta. Analizar la realidad, ver donde nos quieren llevar y, si no es donde queremos ir, hacerles frente es todavía posible, pero está claro que no lo será siempre. Si hoy bajamos la cabeza y asumimos el redil que los amos nos han preparado, señalamos a los leprosos del siglo XXI y los condenamos en la muerte civil pensando que así nos salvaremos, detrás de ellos iremos los demás y de nosotros, otros más. El «pasaporte covid» no tiene nada que ver con la salud de nadie y sí que tiene mucho que ver con esta forma de fascismo que tiende a la dominación total, niega los derechos básicos humanos como los entendíamos hasta ahora y lo hace, sobre todo, en nombre del bien común. No callemos, ni ahora ni nunca, porque si ahora callamos, mañana no tendremos lengua o, todavía peor, la nuestra será la suya y lo que digamos ya no querrá decir nada.

Fuente: Jordi Martí Font (Vilaweb)

Autor: fargov

Interesado en temas sociales y más concretamente en la solidaridad, el apoyo mutuo, los derechos humanos y todo aquello que represente una mejora para la sociedad.




Fuente: Oiradilos.wordpress.com