April 9, 2021
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Los estereotipos en torno a lo que significa ser mayor justifican un tratamiento diferenciado en numerosos 谩mbitos, diferencias que no se entienden como una discriminaci贸n, sino como 鈥渓o normal鈥.

Ilustraci贸n de Zuri帽e Burgoa de mujeres diversas junto a una casa para representar la vejez.

Ilustraci贸n: Zuri帽e Burgoa

He dedicado mi vida profesional al periodismo, especialmente al radiof贸nico y, dentro del periodismo, al periodismo social. Durante 20 a帽os present茅 y dirig铆 uno de los programas m谩s longevos de la historia de Radio Nacional de Espa帽a, El club de la vida, dedicado expresamente a las personas mayores. Las aproximadamente 20.000 cartas que recib铆 cada uno de esos 20 a帽os, las conversaciones, las entrevistas, los encuentros con tantas personas mayores de tantos lugares y diferentes vidas han sido para m铆 de enorme valor y enriquecimiento.

Adem谩s, ha pasado el tiempo y ahora las personas mayores no son las otras, soy yo. A mis 75 a帽os, vivo y compruebo la realidad de lo que me contaban y sigo defendiendo de manera activa nuestros derechos desde las presidencias de la Asociaci贸n Mayores de Madrid XXI y de la Fundaci贸n Grandes Amigos, que se ocupa de las personas mayores que viven en situaci贸n de tremenda soledad. Desde aqu铆 hablo.

Y quiero hacerlo sobre la imagen social de las personas mayores porque creo que de ese imaginario colectivo de qu茅 y c贸mo es una persona mayor y para qu茅 sirve, arrancan muchas de las situaciones que vivimos a diario (s铆, incluyendo las que hemos tenido todos estos meses de Covid-19). Creo que es imprescindible cambiar esa imagen para que muchas otras cosas cambien.

Las personas de m谩s de 65 a帽os[1], que somos en Espa帽a m谩s de nueve millones (y m谩s de mil millones en todo el mundo, un sexto de la poblaci贸n mundial), constituimos un grupo social heterog茅neo: somos muy diferentes, muy diversas, muy plurales. Y, sin embargo, se nos muestra como si todas fu茅ramos iguales y, adem谩s, con una imagen social que no es atractiva, que es t贸pica y que est谩 anclada en el pasado, teniendo cada vez menos que ver con la realidad.

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Los estereotipos en torno a lo que significa ser mayor justifican un tratamiento diferenciado en numerosos 谩mbitos, diferencias que no se entienden como una discriminaci贸n, sino como 鈥渓o normal鈥. Es cierto que muchas veces esa discriminaci贸n adquiere forma de trato diferenciado basado en razones de protecci贸n, de cuidado, de liberar de obligaciones. Sin embargo, tambi茅n es cierto que no se nos pregunta si queremos 鈥渄isfrutar鈥 esa liberaci贸n o supuesta ventaja y que es en la posibilidad de poder ejercer los derechos y cumplir los deberes donde est谩 la base de la ciudadan铆a y del envejecimiento activo.

Actualmente se tiende a asociar la edad cronol贸gica avanzada con enfermedad y p茅rdida de capacidades, y esto lleva a la creencia de que no podemos ser personas aut贸nomas. Se considera que, por nuestra edad, somos vulnerables y, por tanto, necesitamos muchos cuidados. Esta imagen tradicional y estereotipada lleva a utilizar un lenguaje paternalista, 鈥nuestros mayores鈥 (驴se imaginan a un pol铆tico diciendo, por ejemplo, 鈥nuestras mujeres鈥?), a ejercer una especie de sobreprotecci贸n, 鈥todo es para cuidar a nuestros mayores鈥 y a infantilizarnos, 鈥los viejos son como ni帽os鈥.

Hace tiempo busqu茅 en un diccionario de sin贸nimos la palabra 鈥渧iejo鈥 y encontr茅 las siguientes: veterano, senil, cascado, caduco, decr茅pito, deteriorado, vejestorio, carcamal, ajado, gastado鈥 Algunas como vejestorio, carcamal o senil se han convertido incluso en insulto. Estar茅is de acuerdo conmigo en que cada una de estas palabras en particular y todas ellas juntas dibujan un perfil con el que nadie quiere identificarse: el de alguien que no aporta, que requiere cuidados y ayuda, que probablemente es una carga. Que no tiene futuro, ni apenas presente. Solo pasado. Y, como nadie quiere que esa sea su fotograf铆a, estamos inmersos en esta gran paradoja: todos queremos vivir muchos a帽os, pero nadie quiere ser viejo.

驴Qu茅 pasar铆a si cambiamos estas palabras y las sustituimos por otras como: 煤til, capaz, serena, v谩lida, sabia, experimentada, necesaria, solidaria, vital? El resultado ser铆a completamente diferente. Estas palabras crear铆an una imagen de persona activa, llena de vida, en quien podemos apoyarnos y confiar, que soluciona no pocas situaciones cotidianas, que tiene su d铆a y su vida llena de realidades y proyectos. Y esto ya es otra cosa.

驴Hay personas mayores fr谩giles, m谩s vulnerables, necesitadas de cuidados incluso de larga duraci贸n? Pues claro que s铆 y personas de otras edades tambi茅n, y hay que velar porque reciban todo cuanto precisen para que su vida tenga la mayor calidad posible. Pero no por buenismo, sino por derecho.

Aunque en Espa帽a la mayor parte de las personas deseamos vivir hasta el final de la vida en el propio domicilio, en nuestro barrio o pueblo, all铆 donde ha transcurrido la vida y tenemos nuestras ra铆ces, de los nueve millones de personas mayores que vivimos en este pa铆s, hay alrededor de un 4 por ciento que viven en una residencia, de las cuales el 80 por ciento tienen m谩s de 80 a帽os. Hay, adem谩s, personas mayores que viven en sus domicilios pero que tambi茅n necesitan 鈥減rotecci贸n y cuidado鈥, en especial en este tiempo dif铆cil. Me refiero a los aproximadamente dos millones de personas mayores que viven solas y que, en muchos casos, tienen escasos recursos y domicilios que no re煤nen los requisitos de seguridad y confortabilidad necesarios. De ellas, casi 852.000 tienen m谩s de 80 a帽os (datos de la Encuesta continua de hogares espa帽oles de 2019). Y tampoco podemos olvidar a ese 15,6 por ciento de las personas mayores espa帽olas que son pobres, muchas viviendo en situaci贸n de pobreza extrema a la que se suma, frecuentemente, su mala salud y la debilidad de la red familiar de apoyo.

Junto a esas realidades, hay otras: la mayor铆a de las personas mayores viven en su domicilio, gestionan su vida diaria, estudian y aprenden, llevan a cabo alguna tarea solidaria en una oeneg茅, pertenecen a alguna Asociaci贸n y ayudan a sus familias. Seg煤n el Informe del Bar贸metro de Mayores de la UDP (Uni贸n Democr谩tica de Pensionistas), el 42,2 por ciento de las personas mayores ayudan o han ayudado econ贸micamente a sus hijos en los dos 煤ltimos a帽os, mientras que 煤nicamente el 5,6 por ciento de las personas mayores recibe ayuda econ贸mica de un familiar o persona amiga. Esta es la realidad, pero no la recoge la imagen social que sigue repitiendo que las personas mayores somos las necesitadas de ayuda.

Vuelvo al principio: somos un grupo social absolutamente heterog茅neo con una imagen social 煤nica, que cada vez se parece menos a la realidad de quienes somos mayores a estas alturas del siglo XXI. Por eso, hace ya mucho tiempo que las personas mayores, a trav茅s de nuestras entidades representativas, venimos reclamando el derecho a una imagen social pertinente, es decir, adecuada a nuestra realidad. No somos un pozo sin fondo de necesidades que hay que atender, ni 煤nicamente grandes consumidores de recursos. No somos unidades de gasto. Lo que ocurre es que nuestras inmensas aportaciones, en el 谩mbito de los cuidados o en tareas de voluntariado, por ejemplo, son invisibles para la sociedad y, cuando no lo son, se infravaloran.

Discriminaciones cotidianas en todos los 谩mbitos

En los estudios cl铆nicos que se hacen para probar los medicamentos (su eficacia, efectos secundarios, dosis adecuadas, etc.) las personas mayores no son tenidas en cuenta. Pues bien, con alguna de las vacunas contra la Covid-19, particularmente la de AstraZeneca, ha pasado lo mismo y en esta situaci贸n excepcional en la que las personas mayores nos estamos llevando la peor parte, no se est谩 usando esa vacuna para mayores de 55 porque no est谩 claro que sea adecuada. Es una clara muestra de discriminaci贸n por raz贸n de edad que ya ocurr铆a antes y que se ha mantenido tambi茅n en esta ocasi贸n.

Hay, a su vez, discriminaciones cotidianas, como micromachismos, pero por la edad: una persona mayor acude al m茅dico acompa帽ada por otra m谩s joven, un hijo pongamos por caso, y el m茅dico (sin mala intenci贸n, por supuesto) ignora a la persona mayor y se dirige a la persona joven a la que pregunta que le pasa a su madre o le informa sobre qu茅 debe hacer.

O has tenido varias ca铆das inexplicables y el neur贸logo especialista en cuanto te ve dictamina 鈥渟e ha ca铆do porque es mayor y las personas al hacernos mayores nos caemos m谩s, seguramente estaba distra铆da o ha tropezado con algo鈥 y t煤 insistes educadamente que no, que en el suelo no hab铆a ni una raya pintada con la que tropezar y tienes que pelear para que decida hacerte una prueba.

En el 谩mbito laboral, es cierto que ya no se publican ofertas de empleo con la coletilla 鈥減ara menores de 40 鈥 50 a帽os鈥 pero sigue siendo cierto que, si tienes la desgracia de perder el empleo con 45 a帽os o m谩s, ser谩 muy dif铆cil que encuentres otro, y no me refiero a este tiempo de pandemia y crisis econ贸mica: los parados de larga duraci贸n tienen muchas posibilidades de pasar del paro a la jubilaci贸n. Aunque no se puede discriminar a nadie por su edad, la realidad es que se discrimina. Por ejemplo, un ERE te afecta o no, exclusivamente en funci贸n de la edad.

Tampoco en el 谩mbito pol铆tico nuestra participaci贸n es acorde a nuestra realidad. Somos alrededor del 24 por ciento del electorado pero estamos muy poco o nada representadas all铆 donde se toman las decisiones que nos afectan. En el Congreso espa帽ol, en la presente legislatura, por ejemplo, s贸lo el 6 por ciento de las y los congresistas tienen m谩s de 65 a帽os.

Por otra parte, a partir de los 70 a帽os estamos excluidos de participar en los procesos electorales como miembros de las mesas, pues ya no entramos en el sorteo. Y, desde los 65, si te toca, puedes renunciar. De nuevo, parece que sea por hacernos un favor, sin preguntarnos qu茅 nos parece y sin tener en cuenta que la participaci贸n es un derecho fundamental de la ciudadan铆a y pilar clave para sentirse parte de la comunidad.

Cuidados y aportes invisibilizados

No se contabilizan los aportes sociales (y tambi茅n econ贸micos, midiendo nuestra contribuci贸n al PIB) que las personas mayores realizamos para nuestras familias, como personas cuidadoras de larga duraci贸n de otras personas mayores, enfermas o dependientes; o en el cuidado de nuestros nietos y nietas (transporte y recogida de colegios, alimentaci贸n, horas de crianza, cuidado cuando enferman, etc.).

Somos discriminadas en el acceso a seguros, que se vuelven mucho m谩s caros: seguros de viaje, seguros de salud o seguros de riesgo para voluntarios mayores, por ejemplo.

A partir de los 75 a帽os, tu DNI tiene como fecha de caducidad el 1 de enero del a帽o 9999, supuestamente para no preocuparse de localizar una comisar铆a, pedir la cita, desplazarse, etc茅tera. Sin embargo, as铆 es pr谩cticamente imposible sacarse una tarjeta de embarque o hacer seg煤n qu茅 compras por internet, o realizar cualquier gesti贸n telem谩tica que solicite la fecha de caducidad del DNI pues la mayor铆a de sistemas no permiten introducir ese n煤mero.

En resumen, es urgente crear una nueva cultura del envejecimiento, revisar la mirada hacia la vejez y el lenguaje que estigmatiza e infantiliza a las personas mayores, cambiando la terminolog铆a peyorativa, paternalista o infantiloide por otra adecuada a personas adultas. Esto es algo especialmente necesario en los medios de comunicaci贸n, clase pol铆tica y, por supuesto, en leyes y documentos.

Igualmente, la uniformidad y homogeneizaci贸n que insiste en dar una imagen de que todas las personas mayores somos iguales y, adem谩s, siempre necesitadas de protecci贸n y cuidado, alimenta la p茅rdida de valor social cuando, en realidad, estamos aportando un porcentaje muy considerable y muy invisibilizado al PIB (tal y como tambi茅n ocurre con las mujeres y nuestras tareas de cuidado y reproducci贸n de la vida).

Modificar esta imagen social tendr铆a, adem谩s, efectos pr谩cticos y directos en pol铆ticas y acciones de todo tipo:

  • Promover el dise帽o universal y la accesibilidad para tener casas, transportes y ciudades accesibles para todas y todos nos beneficia como sociedad y no solo a las personas mayores. Si se puede cruzar un sem谩foro con calma pues tiene los segundos suficientes, eso facilita la vida tambi茅n a alguien que va cargado de cosas o con muletas o empujando un cochecito de beb茅 o con un ni帽o o ni帽a de la mano.
  • Si se considera que la vida no se desarrolla en compartimentos estancos, sino interdependientes y que todo el mundo tiene cierto grado de vulnerabilidad tanto como cierto grado de experiencia que aportar, fomentar铆amos m谩s centros de barrio o centros socioculturales abiertos a todas las edades en vez de tener Centros de Mayores o Centros de d铆a separados del resto. Nos sobran muros de separaci贸n y nos faltan lugares de encuentro.
  • Si la inmensa mayor铆a de las personas mayores hemos manifestado en diferentes encuestas el deseo de seguir viviendo en el propio domicilio hasta el final de la vida, es imprescindible dise帽ar nuevos servicios sociales de proximidad que lo faciliten y que, al mismo tiempo, detecten posibles situaciones de pobreza o soledad para ponerles remedio.
  • Igualmente, cuando no sea posible continuar viviendo en el propio domicilio, hay que ampliar las posibilidades de vivienda favoreciendo otras formas de convivencia posibles como pisos tutelados, viviendas compartidas, viviendas intergeneracionales, cohousing, etc.
  • Hay que llevar a cabo un replanteamiento global de las residencias. El cambio imprescindible pasa por poner el foco en las personas, y ajustar a esto la localizaci贸n (m谩s c茅ntricas), las dimensiones (m谩s peque帽as), el tipo de construcci贸n, etc茅tera, para que se respete la privacidad, el n煤mero y caracter铆sticas de los profesionales necesarios.
  • Impedir que la edad sea el factor clave, pr谩cticamente el 煤nico, para determinar qu茅 personas deben dejar su puesto de trabajo si se firma un ERE.

Es cierto que estas razones y argumentos llevan d茅cadas siendo discutidas entre las personas mayores. Ahora que nuestras realidades est谩n, lamentablemente y solo gracias a los miles de fallecimientos durante la pandemia, muy en boca de toda la sociedad y que la sensibilidad en torno a estas cuestiones ha aumentado considerablemente, creo necesario que otro tipo de p煤blicos actualice sus miradas, imaginarios, actuaciones y actitudes hacia las personas mayores y, desde donde cada una est茅, promuevan un cambio.


[1] Aunque los investigadores y expertos han se帽alado hace tiempo que la l铆nea del envejecimiento ha retrocedido al menos 10 a帽os, es decir que lo que el siglo pasado se dec铆a de una persona de 65 o m谩s a帽os, hoy ser铆a aplicable a las de m谩s de 75 y no en todos los casos, esta sigue siendo la referencia actual.


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Fuente: Pikaramagazine.com