August 1, 2021
De parte de Lobo Suelto
209 puntos de vista


hace ya un siglo que el diagn贸stico cl铆nico del fin de la civilizaci贸n occidental fue establecido, y ratificado por los acontecimientos. Disertar en esa direcci贸n no ha sido desde entonces m谩s que una manera de distraerse del asunto. Pero es sobre todo una manera de distraerse de la cat谩strofe que est谩 ah铆, y desde hace largo tiempo, de la cat谩strofe que somos nosotros, de la cat谩strofe que es Occidente. Esta cat谩strofe es en primer lugar existencial, afectiva, metaf铆sica. Reside en la incre铆ble extra帽eza en el mundo del hombre occidental, la misma que exige, por ejemplo, que el hombre se vuelva amo y poseedor de la naturaleza 鈥 no se busca dominar m谩s que aquello que se teme. No ha sido a la ligera que 茅ste ha puesto tantas cortinas entre 茅l y el mundo. Al sustraerse de lo existente, el hombre occidental lo ha convertido en esta extensi贸n desolada, esta nada sombr铆a, hostil, mec谩nica, absurda, que debe trastornar sin cesar por medio de su trabajo, por medio de un activismo canceroso, por medio de una hist茅rica agitaci贸n de superficie. Arrojado sin tregua de la euforia al entorpecimiento y del entorpecimiento a la euforia, hace el intento de remediar su ausencia en el mundo con toda una acumulaci贸n de especializaciones, de pr贸tesis, de relaciones, con todo un mont贸n de chatarra tecnol贸gica al fin y al cabo decepcionante. De manera cada vez m谩s visible, 茅l es ese existencialista superequipado que s贸lo para cuando lo ha ingeniado todo, recreado todo, al no poder padecer una realidad que, por todas partes, lo supera. 鈥淧ara un hombre 鈥攁dmit铆a sin ambages el imb茅cil de Camus鈥 comprender el mundo consiste en reducirlo a lo humano, a marcarlo con su sello.鈥 El hombre occidental intenta llanamente reencantar su divorcio con la existencia, consigo mismo, con 鈥渓os otros鈥 鈥斅aya infierno!鈥, nombr谩ndolo su 鈥渓ibertad鈥, cuando esto no es sino a costa de fiestas deprimentes, de distracciones d茅biles o por medio del empleo masivo de drogas. La vida est谩 efectivamente, afectivamente, ausente para 茅l, pues la vida le repugna; en el fondo, le da nauseas. Es de todo aquello que lo real contiene de inestable, de irreductible, de palpable, de corporal, de pesado, de calor y de fatiga, de lo que ha logrado protegerse arroj谩ndolo al plano ideal, visual, distante, digitalizado, sin fricci贸n ni l谩grimas, sin muerte ni olor, del Internet.

La mentira de toda la apocal铆ptica occidental consiste en arrojar al mundo el luto que nosotros no podemos rendirle. No es el mundo el que est谩 perdido, somos nosotros los que hemos perdido el mundo y lo perdemos incesantemente; no es 茅l el que pronto se acabar谩, somos nosotros los que estamos acabados, amputados, atrincherados, somos nosotros los que rechazamos de manera alucinatoria el contacto vital con lo real. La crisis no es econ贸mica, ecol贸gica o pol铆tica, la crisis es antes que nada de la presencia. Tanto es as铆 que el must de la mercanc铆a 鈥攖铆picamente el iPhone y la Hummer鈥 consiste en un sofisticado equipamiento de la ausencia. Por un lado, el iPhone concentra en un solo objeto todos los accesos posibles al mundo y a los dem谩s; es la l谩mpara y la c谩mara fotogr谩fica, el nivel de alba帽il y el estudio de grabaci贸n del m煤sico, la tele y la br煤jula, el gu铆a tur铆stico y los medios para comunicarse; por el otro, es la pr贸tesis que barre con cualquier disponibilidad a lo que est谩 ah铆 y me fija en un r茅gimen de semi-presencia constante, c贸moda, que retiene en s铆 misma y en todo momento una parte de mi estar-ah铆. Recientemente se lanz贸 incluso una aplicaci贸n para smartphone que supuestamente remedia el hecho de que 鈥渘uestra conexi贸n 24h/24 en el mundo digital nos desconecta del mundo real a nuestro alrededor鈥. Se llama alegremente GPS for the Soul. En cuanto a la Hummer, se trata de la posibilidad de transportar mi burbuja autista, mi impermeabilidad a todo, hasta a los rincones m谩s inaccesibles de 鈥渓a naturaleza鈥; y de volver intacto de ellos. El hecho de que Google anuncie la 鈥渓ucha contra la muerte鈥 como el nuevo horizonte industrial, dice bastante de cu谩nto se equivoca uno acerca de qu茅 es la vida.

El desastre objetivo nos sirve en primer lugar para ocultar otra devastaci贸n, a煤n m谩s evidente y masiva. El agotamiento de los recursos naturales est谩 probablemente bastante menos avanzado que el agotamiento de los recursos subjetivos, de los recursos vitales, que sorprende a nuestros contempor谩neos. Si tanto se place uno detallando la devastaci贸n del medio ambiente, es tambi茅n para velar la aterradora ruina de las interioridades. Cada derrame de petr贸leo, cada llanura est茅ril y cada extinci贸n de una especie es una imagen de nuestras almas harapientas, un reflejo de nuestra ausencia en el mundo, de nuestra 铆ntima impotencia para el habitar. Fukushima [5] ofrece el espect谩culo de este perfecto fracaso del hombre y de su dominio, que no engendra m谩s que ruinas 鈥 y esas llanuras japonesas intactas en apariencia, pero donde nadie podr谩 vivir por decenas de a帽os. Una descomposici贸n interminable que concluye por hacer inhabitable el mundo: Occidente terminar谩 por pedir prestado su modo de existencia a aquello que m谩s teme 鈥 el deshecho radioactivo.A un paso de su demencia, el Hombre incluso se ha proclamado una 鈥渇uerza geol贸gica鈥; ha llegado hasta a darle el nombre de su especie a una fase de la vida del planeta: se ha puesto a hablar de 鈥渁ntropoceno鈥. Una 煤ltima vez, se atribuye el rol principal, sin importar que se acuse de haberlo destrozado todo 鈥攍os mares, los cielos, los suelos y los subsuelos鈥, sin importar que se golpee el pecho por la extinci贸n sin precedentes de las especies vegetales y animales. Pero lo m谩s destacable es que, produci茅ndose el desastre por su propia relaci贸n desastrosa con el mundo, 茅l se relaciona siempre al desastre de la misma desastrosa manera. Calcula la velocidad a la que desaparecen las masas de hielo flotante. Mide la exterminaci贸n de las formas de vida no humanas. No habla del cambio clim谩tico desde su experiencia sensible: tal p谩jaro que ya no vuelve en el mismo periodo del a帽o, tal insecto cuyas estridulaciones ya no se escuchan, tal planta que ya no florece al mismo tiempo que tal otra. Habla de todo eso con cifras, promedios, cient铆ficamente. Piensa que tiene algo que decir tras haber establecido que la temperatura va a elevarse tantos grados y que las precipitaciones van a disminuir tantos mil铆metros. Habla incluso de 鈥渂iodiversidad鈥. Observa la rarefacci贸n de la vida terrestre desde el espacio. Lleno de orgullo, pretende ahora, paternalmente, 鈥減roteger el medio ambiente鈥, quien tanto as铆 no le ha pedido. Hay muchos motivos para creer que aqu铆 yace su 煤ltima huida hacia adelante.

Cuando se le pregunta a la izquierda de la izquierda en qu茅 consistir铆a la revoluci贸n, se apresura a responder: 鈥減oner lo humano en el centro鈥. De lo que no se da cuenta, esa izquierda, es de en qu茅 medida el mundo est谩 fatigado de la humanidad, de en qu茅 medida nosotros estamos fatigados de la humanidad 鈥 esa especie que se ha cre铆do la joya de la creaci贸n, que se ha estimado con total derecho a devastarlo todo, puesto que todo le correspond铆a. 鈥淧oner lo humano en el centro鈥 era el proyecto occidental. Llev贸 a donde ya sabemos. Ha llegado el momento de abandonar el barco, de traicionar a la especie. No existe ninguna gran familia humana que existir铆a de manera separada de cada uno de los mundos, de cada uno de los universos familiares, de cada una de las formas de vida que siembran la tierra. No existe ninguna humanidad, s贸lo existen terrestres y sus enemigos 鈥 los occidentales, de cualquier color de piel que sean. Nosotros revolucionarios, con nuestro humanismo at谩vico, har铆amos bien en fijarnos en los levantamientos ininterrumpidos de los pueblos ind铆genas de Am茅rica Central y de Am茅rica del Sur, estos 煤ltimos veinte a帽os. Su consigna podr铆a ser: 鈥淧oner la tierra en el centro鈥. Se trata de una declaraci贸n de guerra al Hombre. Declararle la guerra, 茅sa podr铆a ser una buena manera de hacerle volver sobre tierra, si no se hiciera el sordo, como siempre.




Fuente: Lobosuelto.com