February 17, 2021
De parte de Grup Antimilitarista Tortuga
129 puntos de vista


En edificios y procedimientos institucionales se ejerce una violencia expl铆cita y se imponen condiciones que violentan. Identificar lo espec铆fico de esta violencia es el primer paso para denunciarla, arropar a las v铆ctimas y prevenirla.

EEUU, siempre de moda y a la vanguardia del maridaje entre las nuevas tendencias y las grandes inversiones (una representaci贸n que se ha puesto de relieve todav铆a m谩s con el boom en el siglo XXI de las series de TV), tampoco deja nunca de reclamar nuestra atenci贸n sobre la inmensidad de sus cloacas judiciales, policiales y carcelarias (a lo que tambi茅n han contribuido algunas series de TV, todo hay que decirlo).

De hecho, y a pesar de su opacidad, es tan extensa la dimensi贸n de la violencia institucional penitenciaria, que, a poco que busquemos bibliograf铆a de denuncia o de investigaci贸n, podremos saber bastante sobre el mal estado de los derechos humanos dentro de las prisiones norteamericanas (de paso, tal vez queramos analizar lo que hay de verdad, sin grandes exageraciones ni graves distorsiones en series como Orange Is the New Black sobre las penitenciar铆as femeninas).

Una realidad tan cruda no afecta mucho al malestar ciudadano. Sin embargo, tras la muerte por asfixia de George Floyd en Minneapolis, comprobamos que la indignaci贸n social sobreviene cuando fortuitamente las noticias ponen en evidencia el salvajismo (y en este caso el racismo) de la represi贸n policial. Este tipo de violencia institucional es tan grave y alarmante en EEUU que, a prop贸sito de la agitaci贸n del movimiento Black Lives Matter, asimismo han tomado fuerza las propuestas abolicionistas del sistema policial, bajo el eslogan 鈥渄efund the police鈥. Peculiaridades de Trump aparte, el sistema de control y sus muchos beneficiarios se cierran en banda.

Son recurrentes las reacciones oficiales que pretenden ocultar la imagen m谩s macabra y cruel de la violencia institucional (y no s贸lo la de tipo pol铆tico, o la que est谩 ostensiblemente racializada, sexuada, etc茅tera). Hablo de una violencia h铆brida, criminal y de Estado, dentro de cuyo cesto categorial caben, en primer lugar,la tortura y los malos tratos que se infringen en los centros de detenci贸n y encierro (en Espa帽a hay denuncias por torturas y malos tratos en furgones y comisar铆as de la Polic铆a Nacional y de las polic铆as auton贸micas, y en los cuarteles de la Guardia Civil, pero tambi茅n en las prisiones, los centros de menores y los CIEs).

A la tentaci贸n de la tortura cabe a帽adir otros actos de extrema violencia institucional, como la brutalidad de algunas cargas de destacamentos de antidisturbios (que pretenden justificarse a base de 鈥渞epresi贸n sucia鈥, con 鈥渁gentes provocadores鈥, infiltrados y 鈥渓istas negras鈥 de por medio), y el uso de la sanci贸n administrativa como represalia pol铆tica (la burorrepresi贸n). Represi贸n caliente, violencia institucional activa que no pocas veces queda impune (m谩s a煤n despu茅s del blindaje que la Ley Mordaza ha aportado a la funci贸n policial). Ante tan amplio abanico de malas pr谩cticas y pr谩cticas abusivas de la violencia estatal, la respuesta gubernativa suele ser la negaci贸n y el escamoteo de la verdad. Pero ni siquiera esto es lo peor.

驴Cu谩les son los rasgos de la violencia institucional? Donde m谩s se ha debatido con provecho ha sido en Argentina. En 2013 se adoptaron iniciativas legislativas contra la violencia estructural defini茅ndola como 鈥減r谩cticas estructurales de violaci贸n de derechos por parte de funcionarios pertenecientes a fuerzas de seguridad, fuerzas armadas, servicios penitenciarios y efectores de salud en contextos de restricci贸n de autonom铆a y/o libertad (detenci贸n, encierro, custodia, guarda, internaci贸n, etc.)鈥.

Para el legislador argentino queda claro que, aunque las denuncias de violencia institucional normalmente apuntan hacia las instituciones de control y castigo, tambi茅n pueden darse en otros 谩mbitos, como los sanitarios. As铆 se explica que en enero de 2021 se hayan denunciado actos de violencia institucional en Formosa (Argentina), tras haberse creado 鈥渃entros de aislamiento鈥 para personas que estuvieron en contacto con otras que hab铆an dado positivo en las pruebas de detecci贸n del coronavirus, priv谩ndolas de derechos fundamentales.

Soy consciente de que, en esencia, estamos hablando de lo que tambi茅n podr铆amos denominar 鈥渧iolencia estatal鈥, pero pronto comprobar谩n que tanto 茅nfasis en lo 鈥渋nstitucional鈥 no es balad铆, que si se pone es para llamar la atenci贸n al menos sobre algunas modalidades de la violencia del Estado que podr铆amos pasar por alto si obvi谩ramos que se ejecuta dentro de edificios institucionales y en el curso de determinados procedimientos institucionales. No hay demasiado misterio en ello. Se trata de defender que, si, por un lado, hay una violencia institucional que se expresa de manera palmaria, expl铆cita, por otro, hay una violencia institucional que se desarrolla de manera impl铆cita.

Formas de la violencia institucional

Para explicarlo mejor he elaborado una conceptualizaci贸n de la violencia institucional que creo 煤til para la investigaci贸n hist贸rica y las ciencias sociales, en dictaduras y en democracias (siempre que, por supuesto, se expliquen las circunstancias y los contextos hist贸ricos), lo que, para resumir, me ha llevado a identificarla en ese doble plano de actuaci贸n que he se帽alado antes:

1潞) Se identifica claramente una violencia institucional expl铆cita, 鈥渁ctiva鈥, cuando las autoridades y los funcionarios perpetran de manera ilegal y extrajudicial actos violentos (puntuales, recurrentes o sistem谩ticos) contra personas sujetas a su control y vigilancia o custodia e internamiento (es ah铆 donde destaca sobremanera la pr谩ctica de la tortura y los tratos inhumanos, crueles y degradantes).

2潞) Se debe identificar tambi茅n la vertiente 鈥減asiva鈥 de la violencia institucional, que discurre impl铆cita con los procedimientos legales (aunque tambi茅n puede operar dentro del infraderecho de las imposiciones reglamentaristas que anteponen la seguridad y la vigilancia frente a los derechos humanos de las personas encarceladas), cuando en los espacios en los que se desarrolla la detenci贸n o el internamiento se aplican unas condiciones de vida y unos reg铆menes de tratamiento que maltratan de facto y a prop贸sito (celdas de aislamiento, reg铆menes extraordinarios y especiales, como los FIES, y situaciones que inciden de facto en la privaci贸n de derechos).

En definitiva, la violencia institucional se manifiesta en actos de violencia y en condiciones regimentales que violentan. Normalmente la atenci贸n p煤blica suele fijarse en los primeros. Sobre ellos no es necesario insistir mucho: los rechazamos sin titubeos. Nos alarman. As铆 lo siente quien ve La Cifra Negra (de Alex Pay谩, 2017). Y as铆 lo podr谩 percibir quien lea el libro que he coordinado recientemente: La tortura en la Espa帽a contempor谩nea (La Catarata, 2020).

La tortura gubernativa es, por lo dem谩s, una expresi贸n clar铆sima de la violencia pol铆tica (aunque hay quien obvia la violencia del Estado y reduce la noci贸n de violencia pol铆tica a los conflictos sociales violentos y a los grupos armados y terroristas). As铆 se ha mostrado desde la abolici贸n de la tortura judicial a principios del siglo XIX, y en ese sentido se emparenta con otras violencias estatales atroces de triste recuerdo, como algunas acciones letales de la Guardia Civil y las distintas polic铆as (o los ej茅rcitos que cumplieron o se autoasignaron funciones policiales), y con el extremismo de las desapariciones y las ejecuciones extrajudiciales (a veces con la tenebrosa ayuda de ciertas fuerzas paramilitares o paraestatales).

La tortura es monstruosa y racional a la vez. Raz贸n de Estado y crueldad punitiva. Adem谩s, las manifestaciones m谩s brutales de violencia institucional de tipo pol铆tico 鈥攍as que siempre nos parecer谩n desproporcionadas, pues nunca deja de haber alternativas relativamente humanizadas鈥, cuando se ejercen en contextos de conflictividad social y violencia pol铆tica, pueden pasar de latentes a premeditadas, de puntuales a permanentes, de ordinarias a extraordinarias, de fr铆as a calientes, de normalizadas a abultadas y, por supuesto, de intensas y agresivas a extremas y sangrientas.

Con raz贸n, la violencia institucional m谩s agresiva subleva nuestras emociones y conciencias. En cambio, la otra, la 鈥減asiva鈥 (y no por ello menos da帽ina), las adormece. 驴Es una trampa? Quiz谩s. Pero lo que nos est谩 indicando es que, como toda venganza, la carcelaria tambi茅n se sirve fr铆a.

El poder pol铆tico que suministra dolor y violencia por encima de sus capacidades legales, siempre se oculta. A lo sumo, intenta invisibilizar su responsabilidad descomponiendo relatos y pruebas, para atomizar los resultados y llevarlos a la m铆nima expresi贸n (la de un hecho sin precedentes, un agente descontrolado, un caso aislado鈥). Pero el mensaje impl铆cito que manda a los gobernados es que la verdadera estrategia de ocultaci贸n pasa por el enfriamiento y acaba triunfando. Es la desensibilizaci贸n. Que se apague la alarma. Quiz谩s niegue hasta la violencia m谩s ostensible y nos escandalicemos por ello. Pero luego, nuestra indignaci贸n se ir谩 enfriando en el curso de los procedimientos judiciales.

Visibilizar la violencia institucional m谩s oculta

El riesgo para el Estado es que la percepci贸n social de la violencia institucional se agrande, que la abarque por entero y empatice con sus v铆ctimas. 驴Le importa que gritemos las palabras m谩s resonantes 鈥攖ortura, brutalidad, salvajismo鈥, mientras se nos queda vac铆o el l茅xico destinado a las denuncias cotidianas, o muy confuso, o confundido, precisamente con esos conceptos de la violencia institucional m谩s caliente? Ya sabemos que suele despreciarlos, por exagerados, por forzados e incendiarios. Esas no son las palabras precisas que resaltan la crueldad de los procedimientos impl铆citos en la legalidad.

Apenas hay voces que piden una sensibilizaci贸n que casi nunca llega. S贸lo una minor铆a informada parece percibir la verdadera naturaleza de la otra violencia institucional, la fr铆a, oscurecida, persistente e ininterrumpida violencia de los reg铆menes carcelarios (pasiva, s铆, en sus formas penales y tiempos institucionales, pero muy activa y dolorosa para quienes sufren la penalidad de esas experiencias de encarcelamiento). 驴C贸mo explicarla?

驴C贸mo encaramos esa violencia institucional aparentemente normalizada, procedimental y funcional que, sin embargo, y a veces por mucho tiempo, somete a las personas encarceladas a vivencias traumatizantes? Nos lo recuerdan de cuando en cuando, si estamos atentos (y, todo hay que decirlo, con el coraz贸n abierto y la mente muy limpia de prejuicios criminalizadores), las convocatorias de solidaridad con las huelgas de hambre y otras acciones colectivas que se realizan dentro de las prisiones, por colectivos de presos organizados y apoyados por familiares y un pu帽ado de colectivos solidarios.

No mucha gente sabe de la 鈥渉uelga de hambre rotatoria鈥 en las c谩rceles para reivindicar los derechos de los presos y sus familias, lo que se traduce en reclamaciones tan de sentido com煤n como la excarcelaci贸n de personas con enfermedades mentales, el fin de la dispersi贸n o el fin de los cacheos y los rayos X (que incluyen a las familias de los presos, etc茅tera).

En estos tiempos, sin ir m谩s lejos, organizaciones como Salhaketa no paran de denunciar que la gesti贸n de la pandemia en las prisiones ha vulnerado, todav铆a m谩s si cabe, el derecho a la salud de las personas encarceladas, y, de paso, ha implementado la limitaci贸n de otros derechos (como la supresi贸n de las comunicaciones vis a vis).

Exponiendo toda esta complejidad, insistiendo en esa dualidad de la violencia institucional, tambi茅n pretendo explicar que, a mi juicio, frente a esta problem谩tica en una democracia como la espa帽ola, se est谩n adoptando tres actitudes distintas:

1陋) la negaci贸n: quienes la niegan argumentan que la violencia institucional no cabe dentro del ordenamiento jur铆dico de un Estado democr谩tico de derecho y que, cuando ocurre de manera puntual, el propio sistema la corrige y sanciona

2陋) la presuposici贸n: quienes la dan por hecho afirman que o bien todo Estado es una relaci贸n de dominaci贸n que conlleva violencia institucional, por razones de clase (como se defiende desde el pensamiento de la izquierda radical y el anarquismo), o bien por el hecho de que un Estado concreto (en este caso, el espa帽ol), reprime con violencia institucional de tipo pol铆tico el derecho a la autodeterminaci贸n de una parte de su territorio (tal y como se proclama desde el soberanismo y el independentismo).

3陋) la prevenci贸n: d谩ndola o no por hecho, incluso desde planteamientos alternativos abolicionistas, quienes quieren prevenirla aceptan que desde el punto de vista de los derechos humanos existe el riesgo de que en el ordenamiento jur铆dico de un Estado haya un d茅ficit garantista y que el poder pol铆tico establecido use la violencia institucional en sus sistemas de control y castigo, por lo que proponen la adopci贸n de iniciativas legislativas que pudieran prevenirla, junto a recursos que posibiliten el control jurisdiccional de las pr谩cticas de detenci贸n e interrogatorio.

No queda otra. Denunciar al victimario y arropar a las v铆ctimas. Y proponer. Tal vez prevenir.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/metro…




Fuente: Grupotortuga.com