March 20, 2021
De parte de SAS Madrid
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Trabajadores a los que nunca les falt贸 empleo subsisten desde hace un a帽o con ayudas, comedores sociales y solidaridad vecinal, mientras peque帽os comerciantes del turismo agotan sus ahorros viviendo al l铆mite.

Pocas semanas despu茅s de que se decretase el estado de alarma, las colas de los comedores sociales se llenaron de gente que nunca en su vida hab铆a estado all铆 antes, personas que siempre hab铆an podido trampear con peque帽os trabajos m谩s o menos precarios. Una de las m谩s concurridas de Barcelona era entonces la del comedor social del Arc de Sant Agust铆, en el barrio del Raval. Un a帽o despu茅s, sigue igual de larga, de unos 100 metros. Entre los que esperan su turno, Ana, una mujer de 50 a帽os originaria de Rep煤blica Dominicana, explica que apenas gana 300 euros al mes con las dos o tres horas de limpieza semanales que hace en un teatro. Todo lo que ingresa va para pagar el alquiler de un piso compartido. “No aguanto m谩s”, reconoce. 

Ana trabajaba como camarera en un hotel, pero renunci贸 poco antes de que la crisis sanitaria porque el trabajo, explica, la estaba consumiendo. “No sab铆a que habr铆a una pandemia”, dice. Igual que ella, seg煤n un reciente informe de Oxfam, unas 790.000 personas han ca铆do en la pobreza severa en Espa帽a debido a las consecuencias sociales y econ贸micas del coronavirus. En total, ya son 5,1 millones de personas las que est谩n en esta situaci贸n, ingresando menos de 16 euros al d铆a de media. Y en cuanto a la pobreza relativa, aquellos que ingresan menos de 24 euros al d铆a, la situaci贸n afecta a 10,9 millones de personas en un a帽o en el que el desempleo se ha elevado hasta los cuatro millones en Espa帽a. Ni los 400.000 empleados en ERTE ni los 460.000 a los que llega el Ingreso M铆nimo Vital aten煤an las cifras de la pobreza, que empieza a amenazar tambi茅n a peque帽os comerciantes que agotan sus ahorros. 

El centro de Barcelona, hasta marzo pasado un bullicio constante de visitantes, es una estampa del duro golpe que ha sufrido la econom铆a de monocultivo del turismo en todo el pa铆s: comercios cerrados y en traspaso en todas las esquinas, por un lado, y servicios sociales y comedores saturados por ex trabajadores mayoritariamente de la hosteler铆a, del otro. A este 煤ltimo grupo pertenece Carlos, un joven venezolano de 24 a帽os que se qued贸 en ERTE. Explica que 茅l dej贸 el trabajo antes de ingresar la ayuda porque necesitaba el dinero con urgencia. As铆 que se hizo rider. Sigue trabajando, pero lo que gana no le da para pagar el alquiler de 400 euros y la carrera de inform谩tica que estudia en la universidad. “Me quiero ir de Espa帽a, porque aqu铆 s贸lo he tenido contratos precarios y temporales”, sentencia, con la vista puesta en Par铆s, donde vive su novia. 

Aunque en la cola del Arc de Sant Agust铆 predominan perfiles cronificados de pobreza, es relativamente f谩cil distinguir a los que llevan solo meses, o d铆as, recurriendo a la caridad. Otro joven venezolano que tambi茅n se llama Carlos, pero de 37 a帽os, podr铆a caer en breve en la primera categor铆a. Lleva meses viviendo en la calle despu茅s de “problemas familiares” y con la pandemia empez贸 a tomar antidepresivos bajo el seguimiento de una fundaci贸n. “Antes trabajaba eventualmente, cuidando perros, pintando en casa… Al principio es frustrante estar en la calle, pero te vas acostumbrando”, sentencia. 

Trabajadores de la restauraci贸n y migrantes sin papeles fueron los primeros y m谩s afectados por la pandemia, pero no los 煤nicos. A C谩ritas han acudido por primera vez cerca de medio mill贸n de personas. Miriam Feu, responsable de an谩lisis social e incidencia de la entidad, explica que “las personas que ya estaban en situaci贸n de riesgo de exclusi贸n social son las que m谩s han sufrido”, y a帽ade que entre este grupo hay “muchas mujeres de mediana edad, por ejemplo, que han trabajado toda la vida en precario, pero que viv铆an al d铆a y sin ahorros y tienen una red social limitada para pedir ayuda”. 

Feu alerta, adem谩s, de que hay administraciones de servicios sociales que no atienden a muchos de sus usuarios por su situaci贸n irregular, y advierte de “la dificultad” de muchos de ellos a la hora de acceder al Ingreso M铆nimo Vital, para el cual hay que tener permiso de residencia en Espa帽a. El pasado mes de diciembre esta prestaci贸n hab铆a llegado solamente a 450.000 personas. 

El salvavidas de las redes vecinales

Una de las que todav铆a espera respuesta sobre esta solicitud, que hizo en mayo, es Mar铆a, una joven venezolana de 28 a帽os que cumple con los tres perfiles m谩s vulnerables ante la crisis: mujer, joven y migrante. “A煤n no tengo respuesta”, dice con una sonrisa mientras ordena las cajas de verdura, frutas, pescado, carne o bricks de leche de la Red de Alimentos del Raval, donde participa como voluntaria en un gran edificio ocupado, antiguamente la escuela de La Massana. “Estar aqu铆 me ayuda a sentirme acompa帽ada y a hacer red con los vecinos”, dice con una sonrisa bajo la gran palmera del patio del edificio, coloreado tambi茅n por mangos y lechugas. 

Este grupo de vecinos del Raval, nacido de una de las m煤ltiples redes de apoyo mutuo que surgieron inmediatamente despu茅s del estado de alarma en Barcelona para ayudar a los m谩s necesitados, reparte alimentos cada martes. S贸lo en Barcelona, existen 19 de estos colectivos que reparten comida y productos de higiene ahora mismo a 3.150 personas, aunque desde que se inici贸 la pandemia han llegado a 9.300, seg煤n c谩lculos que estas mismas redes han publicado en Instagram.

En el Raval, actualmente la red hace entregas a 30 familias los martes y a unas 50 o 60 los s谩bados. Es comida “reciclada”, cuenta Mar铆a, es decir, recogida a 煤ltima hora en los comercios, antes de que la tiren. M谩s de una veintena de personas colaboran en la colecta, pero la l铆nea que separa a voluntarios de beneficiarios es en ocasiones fina. La propia Mar铆a es un ejemplo de ello, despu茅s de perder casi todos los ingresos y verse obligada a abandonar su habitaci贸n alquilada para ocupar un piso. Profesora de viol铆n en una escuela de m煤sica, ha pasado a trabajar muy pocas horas a la semana, y a no recibir los ingresos por conciertos con orquesta que antes le ayudaban a pasar el mes. “En enero hice uno, s铆, el 煤nico en m谩s de un a帽o. Y en la escuela, los instrumentos de viento tienen muchas restricciones”, explica.

En Can Puiggener, barrio humilde de Sabadell, quien dice estar “desesperada” es Vanesa Luna, de 40 a帽os, que nunca hab铆a parado de trabajar en su vida. Durante un tiempo regent贸 un sex-shop que cerr贸 hace ocho a帽os. “No quer铆a perderme la infancia de mi hija, el rato en el parque…”, explica. Se meti贸 entonces a trabajar en f谩bricas, aunque todav铆a arrastra un pr茅stamo de su antiguo negocio. Ahora llevaba cuatro a帽os y medio, “con un par贸n de seis meses”, en una empresa de piezas de automoci贸n, pero con contratos temporales por ETT, de forma que no ha sido incluida en el ERTE. Simplemente la han dejado de llamar para trabajar, excepto entre octubre y diciembre. “Justo antes del COVID-19 me iban a contratar por una prejubilaci贸n, pero no entr茅 por los pelos, porque la pandemia fren贸 la prejubilaci贸n y a m铆 no me pudieron contratar”, relata. 

Ahora, al menos, cobrar谩 el paro (le llega en marzo con tres meses de retraso), al que se apunt贸 en diciembre. “Esta ma帽ana he echado cinco curr铆culums mientras me tomaba el caf茅, env铆o unos 50 a la semana y me quiero formar, a ver si me saco el carn茅 de carretillera para las f谩bricas, pero es que no me llaman de ning煤n trabajo”, lamenta. “Nunca, jam谩s, me hab铆a visto en una de estas”, dice. 

El peor momento, sin embargo, le lleg贸 cuando en el mes de junio, pocos d铆as despu茅s de haberse casado, a su marido lo aplast贸 una m谩quina en un accidente laboral que podr铆a haber sido tr谩gico. “Ah铆 me derrumb茅. Sola, llevaba tres meses sin cobrar, con mis hijos en casa y mi marido en el hospital, donde daba miedo que se pudiera contagiar con el pulm贸n afectado como lo ten铆a”, recuerda. Por suerte, su marido se est谩 recuperando y ella acab贸 cobrando los meses de paro, pero sus perspectivas econ贸micas y laborales son dif铆ciles. 

Vanesa forma parte de las familias con las que contacta el proyecto A-Porta, una iniciativa social de la Confederaci贸n de la Asociaci贸n de Vecinos de Catalunya (CONFAVC) que sirve para que los vecinos m谩s aislados o desinformados sepan que tienen alguien que les escucha y a qu茅 tipo de ayudas o recursos pueden acceder. En el barrio de Vanesa, el proyecto ha detectado que el 27% de las personas entrevistadas han perdido el empleo durante la pandemia, mientras que un 13% de los hogares tienen dificultades para pagar la vivienda y un 11% para pagar los suministros de luz y gas.

Los comerciantes, en riesgo

La European Anti Poverty Network (EAPN) viene analizando las nuevas situaciones de pobreza generadas por la pandemia y advierte que a nivel mundial esta crisis empujar谩 a entre 88 y 115 millones de personas a la pobreza extrema. Las personas pobres que est谩n por encima de este umbral pasaron de 125 a 257 millones entre abril y octubre del a帽o pasado, seg煤n datos del Banco Mundial. “La clase media se reduce, el aumento de la brecha entre ricos y pobres aumenta y la crisis de la COVID-19 agudiza los desequilibrios en los estados miembros y entre ellos”, alerta Graciela Malgesini, responsable de incidencia pol铆tica de EAPN en Espa帽a. “El paro prolongado provoca una p茅rdida de protecci贸n social que es el camino a la pobreza sobrevenida”, advierte Malgesini, avisando de lo que podr铆a ser un aumento mayor de la pobreza a medio plazo si la situaci贸n econ贸mica y laboral no se revierte. 

Pero adem谩s de las personas que est谩n en paro o cobrando otro tipo de prestaciones, o incluso sin ning煤n tipo de prestaci贸n cuando se trata de personas en situaci贸n irregular, existe un riesgo de pobreza incluso entre los peque帽os comerciantes, “que podr铆an entrar en riesgo de pobreza cuando agoten sus ahorros”, alerta Albert Sales, asesor de derechos sociales y sinhogarismo del Ayuntamiento de Barcelona. Al lado del Raval, en el barrio G贸tico, centenares de locales han colgado el cartel de “Se traspasa”, mientras que los que aguantan lo hacen con tiendas vac铆as en situaciones de alarma. 

En la calle Boqueria, anta帽o una de las preferidas por los turistas para ir de la Rambla a la pla莽a Sant Jaume, la mayor铆a de los comercios est谩n cerrados. No as铆 el de An谩s, que regenta una tienda de cuero que “aunque no depend铆a del turismo, est谩 al 3% de facturaci贸n”, explica 茅l mismo. Factura 2.000 euros al mes y solo con el alquiler del local se le van 2.500, a los que debe sumar los impuestos. La mayor铆a de propietarios de esta calle lamentan que los due帽os no hayan accedido a una rebaja sustancial de los alquileres. Recibe una ayuda de 700 euros al mes con la que no consigue cubrir las p茅rdidas del local, por lo que lleva tirando de ahorros desde que empez贸 la pandemia. “Pero el de enfrente est谩 peor que yo”, alerta. 

El de enfrente es Kamal, que abre la persiana para tener la tienda de souvenirs vac铆a casi todo el d铆a. 路Ayer vend铆 siete euros en todo el d铆a”, dice, ense帽ando el ticket. “El mundo del souvenir est谩 muerto”, lamenta. El local es de su padre y cobra la ayuda de aut贸nomos, pero no la n贸mina que ten铆a. Vive de ahorros y este a帽o no ha puesto la calefacci贸n en su piso. Trabaja siete horas a la semana y se plantea buscarse un trabajo asalariado, despu茅s de haber perdido los 100.000 euros que invirti贸 en un segundo comercio ubicado a pocos metros del de su padre. Paga 500 euros al mes de pr茅stamo para cubrir aquella inversi贸n, “pero hablar de eso me pone nervioso”, dice desesperado. Miquel, a pocos metros de all铆, ha sumado su colecci贸n personal de discos de vinilo a sus escaparates de llaveros y banderolas. “En mi vida hab铆a estado tan mal”, dice, a sus 73 a帽os. Decidi贸 no jubilarse porque le quedaba una exigua pensi贸n. Y ahora ha facturado 300 euros en lo que va de mes e incluso ha pedido una ayuda para una vivienda social que no cree que le den. “驴De ahorros? Duro que me d茅 para vivir siete u ocho meses m谩s”, calcula.

Enlace relacionado ElDiario.es 18/03/2021.




Fuente: Sasmadrid.org