January 21, 2022
De parte de El Miliciano
162 puntos de vista

La prostituci贸n es una de las peores lacras sociales conocidas, pero en una sociedad donde todo se vende, hasta la conciencias, 驴qu茅 de particular tiene que tambi茅n se venda el sexo y las caricias femeninas? Mientras el presente estado de cosas subsista, es perfectamente l贸gico que la prostituci贸n, como una sombra fat铆dica m谩s, entre tantas, nos acompa帽e por todos los caminos. Para combatirla con posibilidades de 茅xito es necesario cambiar, primero, el sistema que nos rige.
Vamos que, de vez en cuando, algunos esp铆ritus vanamente subversivos, impacientes y poco profundos, llegan hasta indignarse y, sin recapacitar sobre la inutilidad de sus esfuerzos, arremeten en contra de la prostituci贸n carnal: exigen una ley que la aplaste -como si las leyes sirviesen para aplastar algo, que no sea la libertad-, proponen el cierre inmediato de los establecimientos corruptivos y el encarcelamiento de las prostitutas. Pero nada, cuanto m茅todos se han puesto en pr谩ctica han ca铆do al suelo flagelados por la recia mano de la realidad. Ella se ha defendido tenaz y ha resurgido con mayores br铆os a la vida p煤blica: vencedora e invencible mientras el Capitalismo y el Estado permanezcan.
驴Y c贸mo puede pretenderse eliminar el comercio de la carne y del deseo en una sociedad basada en la compra-venta de todo lo existente?
La mayor铆a de las prostitutas, en mayor o menor grado, han sido impulsadas a ejercer su triste negocio por la necesidad de vivir. Muy pocas -quiz谩s ninguna- por el placer sensorial que produce el coito voluntariamente practicado. No es precisamente placer lo que busca ni lo que encuentra la mujer en el burdel, sino dinero con el que hacer frente a las necesidades impuestas por la nefasta organizaci贸n social que sufrimos. No son ellas verdugas, sino v铆ctimas. Y de las m谩s dignas de l谩stima.
Hijas, por lo general, de la miseria, son inermes rebeldes que un d铆a se atrevieron a enfrentarse contra el feroz andamiaje societario, quien les impuls贸 a elegir entre dos cosas a cu谩l m谩s terrible y perniciosa: el hambre y m煤ltiples fatigas o deshonra y vicio sin esperanza de regeneraci贸n. Esclavitud, en suma, en ambos casos. Es una situaci贸n bien dolorosa, pero no por ello menos real, que no ha cesado de causar v铆ctimas hasta ahora y que las sigue causando.
Por lo dem谩s, el negocio de la prostituta es para ella tan leg铆timo como cualquiera de los que a su vista se presentan. Ella es tan contribuyente del Estado como cualquier hijo de vecino, y una considerable fuente de ingresos para los puritanos: compra a ellos sus telas, sus pinturas de labios, sus polvos faciales y sus perfumes, sus alimentos y sus muebles, en fin, todo lo que necesita para vivir dentro del marco de sus actividades. Con la particularidad de que el mercader no tiene el menor escr煤pulo en considerarla una 鈥渂uena clienta鈥, siempre y cuando le pague al 鈥渃ontado rabioso鈥. En ese caso le sonr铆e y la requiebra con la mayor amabilidad, como si se tratase de la propia mujer de un colega cualquiera, de esas que pasan por ser -seg煤n el concepto de la Honorable C谩mara de Comercio- poco menos que la virtud personificada. Por cierto, que el 鈥渉onrado鈥 comerciante no se desvive tan a gusto en cortes铆as cuando se trata de 鈥渟ervir鈥 al honrado obrero de escasos recursos, por ejemplo, y cuyo gasto es peque帽o, con la agravante de ser todav铆a menores sus posibilidades de cumplir sus compromisos econ贸micos. Pero eso no significa nada. El honorable comerciante no hace m谩s que cumplir debidamente con su 鈥渆levada misi贸n de justicia social鈥, ya que todo el mundo piensa que el oro, por cualquier conducto que se reciba, siempre es de primer铆sima calidad. No importa que sea el producto palpable de la peor de las ignominias, nunca ser谩 m谩s indecente que su propia vigencia. Y, en todo caso, si restasen reparos de conciencia, para eso est谩n los sacerdotes que, en nombre de Galileo, por unas cuantas monedas vender谩n sus absoluciones.
En una sociedad donde toda clase de comercio legal es considerada como fuente de riqueza para la comunidad, el negocio de la prostituta no puede ser tachado de informal, ni de lo que se refiere a es punto, es tan moralizador como el que m谩s. Y prueba de ello es que infinidad de leyes constitucionales tienen por objeto amparar la prostituci贸n 鈥渞eglamentada鈥, con el mismo respeto y eficacia que amparan al resto de la ciudadan铆a. Cierto. Se dir谩 que todo esto es lamentable, que no deber铆a ser as铆; pero si queremos continuar siendo protegidos por el brazo paternal del Estado previsor, no nos queda m谩s remedio que aceptarlo como es y no como desear铆amos que fueses.
Pretender arrancar de ra铆z las bases de este inusitado comercio a que nos referimos, es ponerse frente a frente a la sociedad actual. Y nosotros no lo negamos; es necesario hacerlo, es necesario rebelarse contra todas las prostituciones habidas y por haber, se impone constituir una sociedad fraterna, donde nadie se vea obligado a vender su dignidad. En la actualidad no vale la pena preocuparse por la persecuci贸n de la trata de blancas. Eso esta bien para los periodistas folletinescos, no para quienes observan la vida y sufren la opresi贸n que nos domina.
Todo este arduo problema es empeorado por el fanatismo de la Iglesia, chillan descocados en defensa de la virginidad y se esconden tras el pante贸n de sus doradas monedas. El Vaticano advierte que la prostituci贸n es un problema demasiado palpable, pero sabe que eliminarla es eliminarse a s铆 mismo: romper las reglas de sus leyes divinas, destruir sus sagradas poltronas, sentir contra su rostro el azote oxigenado de la libertad.
Mientras haya ambici贸n de dominio en el mundo, existir谩 la miseria y, junto a esta, la prostituci贸n. Para combatir estas lacras es preciso esforzarse y superar la etapa estatal que nos acosa por todas partes. Entre tanto, la barca de la prostituci贸n 鈥 en todas sus formas- navega a toda vela: los cabarets se multiplican, lo mismo que las genuflexiones diplom谩ticas. Grandes y chicos no encuentran nada mejor para su esparcimiento mental y corporal que esos establecimientos de lujuria: los palacios, las iglesias y los burdeles. El esp铆ritu de los comerciantes anda arrastr谩ndose por los suelos, sin pensar en reivindicaci贸n alguna moment谩nea: pisoteado en el cieno por las bestias de la coacci贸n, hecho cisco por los poderosos de la tierra. S贸lo la rebeld铆a le ofrece una salida. Avivemos la esencia de esta rebeli贸n.
Ayer estuvimos en el cementerio. El im谩n misterioso de una concepci贸n y de un efecto nos llevaron a 茅l. Ya nos es familiar aquel recinto, en el que entramos graves y mudos ante la divisoria fatal que 茅l representa.
Lacras sociales. Cosme Paules
Revista “Orto”, n潞 203



Fuente: Elmilicianocnt-aitchiclana.blogspot.com