July 2, 2021
De parte de Asociacion Germinal
294 puntos de vista


Tras la crisis financiera de 2008, y con más fuerza tras la crisis de refugiados por la Guerra Civil de Siria en 2015, entre otros factores, los partidos políticos de ultraderecha han multiplicado sus resultados.

En pa√≠ses donde no ten√≠an representaci√≥n, como Espa√Īa o Portugal, han irrumpido con fuerza, mientras que en otros donde la ten√≠an han aumentado su representaci√≥n o incluso han accedido a puestos de gobierno, como en Italia o Pa√≠ses Bajos.

Sin embargo, la extrema derecha no viene sola. Su progresiva implantaci√≥n en las instituciones p√ļblicas viene tambi√©n de la mano de discursos, estrategias, m√©todos, acciones e ideas que suponen un peligro y un atentado claro a los derechos y las libertades b√°sicas, e incluso al propio sistema democr√°tico. Y, para esto, ni siquiera es necesario que lleguen al poder: basta con que se les normalice como una opci√≥n o una fuerza pol√≠tica m√°s para que su influencia tenga el peso suficiente en la sociedad, con todo lo que ello conlleva.

Por ello, es necesario analizar con cuidado qué consecuencias tiene la presencia casi omniipresente de la extrema derecha en la vida diaria, como afecta al día o día o, incluso aunque ni se perciba a primera vista, cómo ha supuesto un punto de inflexión para la sociedad en su conjunto.

Uso de un nuevo vocabulario

Los debates políticos tienden a llevar consigo un relato y un discurso, premisas de fondo que se repiten una y otra vez para que la gente pueda asimilarlos, aceptarlos o entenderlos.

A menudo, este relato lleva consigo esl√≥ganes e incluso una manera muy determinada de hablar y entender la realidad. Por ejemplo, tras la crisis del a√Īo 2008, la sociedad asimil√≥ muchos conceptos econ√≥micos porque eran empleados con asiduidad por los l√≠deres pol√≠ticos, como ‚Äúausteridad‚ÄĚ, ‚Äúprima de riesgo‚ÄĚ, ‚Äúapretarse el cintur√≥n‚ÄĚ o ‚Äúhemos vivido por encima de nuestras posibilidades‚ÄĚ.

De hecho, el inter√©s por la pol√≠tica creci√≥ exponencialmente como consecuencia de una profunda desafecci√≥n por el sistema pol√≠tico y econ√≥mico a ra√≠z de la crisis. La demanda de informaci√≥n al respecto creci√≥ tanto que se vio en una explosi√≥n de nuevos medios digitales y programas de televisi√≥n. En Espa√Īa eso se tradujo en el nacimiento de Al Rojo Vivo o Salvados, de La Sexta.

De la misma forma, la extrema derecha moderna ha introducido poco a poco, especialmente a través de las redes sociales, un vocabulario que seguramente casi todo el mundo ha usado alguna vez y que lleva implícito la aceptación de un marco teórico de fondo.

Un ejemplo es cuando se habla de ‚Äúla dictadura de lo pol√≠ticamente correcto‚ÄĚ, una premisa utilizada para atacar a quienes se√Īalan actitudes y comportamientos discriminatorios (racistas, machistas‚Ķ) para tachar de ‚Äúcensura‚ÄĚ a quienes consideran que son moralmente reprobables.

Otra terminolog√≠a que se emplea es la de ‚Äúideolog√≠a de g√©nero‚ÄĚ, que consiste en tachar de creencia ideol√≥gica para cargar de subjetividad todos los estudios e investigaciones que afirman que existe una discriminaci√≥n por motivos de g√©nero que benefician al hombre y sit√ļa a las mujeres como objeto de dicha discriminaci√≥n. Este concepto no tiene ning√ļn tipo de validez cient√≠fica, y hasta hace unos a√Īos solo se empleaba en ambientes ultraconservadores, mientras que ahora se ha generalizado su uso para atacar a las leyes igualitarias.

Lo mismo puede decirse de otros vocablos, como ‚Äúlobby gay‚ÄĚ, ‚Äúpin parental‚ÄĚ, ‚Äúgobierno socialcomunista‚ÄĚ o ‚Äúchiringuito‚ÄĚ, que se utilizan para alterar la realidad de forma perversa y que han facilitado su implantaci√≥n social, incluyendo las falacias que se esconden detr√°s. La periodista Patricia Rodr√≠guez Blanco, de El Pa√≠s, analiz√≥ este complejo glosario, en este caso empleado por Vox.

No obstante, hay palabras que se han extendido tambi√©n a varios pa√≠ses y que provienen de la nueva derecha radical de Estados Unidos. Una de las m√°s conocidas es sin lugar a dudas la palabra ‚Äúfeminazi‚ÄĚ, inventada por el locutor y escritor ultraconservador, ya fallecido, Rush Limbaugh en 1992 para atacar al feminismo y que ha terminado calando hasta el punto en el que se utiliza de forma habitual.

Otro t√©rmino, ya no tan utilizado pero s√≠ extendido en el mundo anglosaj√≥n es el de ‚ÄúSocial Justice Warrior‚ÄĚ o ‚ÄúSWJ‚ÄĚ, un apelativo negativo dirigido a las personas que, en un foro de Internet, aunque tambi√©n en la realidad, se√Īala actitudes negativas y/o discriminatorias. En el mundo hispanohablante se utiliza la palabra ‚Äúofendidito‚ÄĚ o ‚Äúgeneraci√≥n de cristal‚ÄĚ. Tambi√©n, en referencia a los hombres que se√Īalan actitudes machistas, est√° el adjetivo ‚Äúmangina‚ÄĚ, un concepto formado por la palabra ‚Äúman‚ÄĚ (hombre, en ingl√©s) y ‚Äúvagina‚ÄĚ.

Tambi√©n se han rescatado terminolog√≠as antiguas, como la de ‚Äúmarxismo cultural‚ÄĚ, una etiqueta rescatada de las antiguas teor√≠as conspirativas alrededor del comunismo y que hace referencia a la supuesta √©lite progresista que intenta implantar ideas izquierdistas para que la sociedad acepte una hipot√©tica dictadura escondida tras la implantaci√≥n de leyes igualitarias y subidas impositivas, mientras que otras est√°n teniendo aceptaci√≥n entre la gente m√°s joven, como ‚Äúbasado‚ÄĚ, que viene directamente del ingl√©s ‚Äúbased‚ÄĚ, un concepto surgido durante la pol√©mica del Gamergate y que hace referencia a algo positivo.

Existen otros muchos términos, unos más implantados que otros, incluso hay recopilaciones, una de ellas elaborada por Milos Yiannopoulos, el que fuera uno de los influencers icono de la alt-right y ya caído en desgracia por multitud de polémicas.

Al final, incluso aunque no se comprendan las ideas que hay de fondo, muchos de estos conceptos rescatados, creados y/o implantados por la extrema derecha llevan consigo ideas que favorecen la aceptación total o parcial de su agenda política.

Normalización ataques y faltas de respeto

En general, los pol√≠ticos nunca han gozado de demasiada popularidad. Sin embargo, desde los a√Īos 90 hasta la actualidad, la desconfianza y la desafecci√≥n hacia la pol√≠tica, los partidos e incluso las instituciones p√ļblicas en general han ido creciendo, m√°s todav√≠a tras la crisis econ√≥mica.

Estos datos han sido estudiados tanto por el Centro de Investigaciones Sociol√≥gicas (CIS) en el caso de Espa√Īa, como en otros pa√≠ses, que muestran tendencias similares, con sus diferencias y excepciones. No en vano, no se puede entender el crecimiento de partidos pol√≠ticos nuevos y el aumento de la pluralidad pol√≠tica sin este descontento.

Durante las protestas surgidas casi a nivel global entre 2011 y 2014, se abrió la puerta a la modificación del trato que las personas tenían de los políticos, siendo cada vez más vistos como ladrones, aprovechados y/o privilegiados, lo que a su vez abrió la puerta a las faltas de respeto y a los ataques verbales e incluso físicos.

Este hast√≠o y esta desafecci√≥n fueron recogidas por partidos de todo el espectro pol√≠tico para conseguir apoyo popular y proponer modelos de gobierno alternativos, como es el caso de Podemos en Espa√Īa o de SYRIZA en Grecia.

Sin embargo, la extrema derecha tambi√©n se aprovech√≥ de este descontento ahondando, especialmente, en el se√Īalamiento al rival pol√≠tico, en las acusaciones directas y en la falta constante de respeto, una situaci√≥n que la sociedad ha aceptado sin pr√°cticamente oposici√≥n.

En Espa√Īa, por ejemplo, basta con comparar un tertulia pol√≠tica de hoy en d√≠a, por ejemplo de La Sexta Noche, con un debate de los a√Īos 90.

No falta tertulia o debate pol√≠tico que, ya sea por inter√©s pol√≠tico, social o econ√≥mico, no incluya a periodistas de dudoso prestigio y afines a la extrema derecha, dirigentes de peri√≥dicos, como el caso de Eduardo Inda y de OkDiario, se√Īalados por sus mentiras, bulos y ‚Äúfake news‚ÄĚ, e incluso por llegar a acusar con falsedad a sueldo de intereses ajenos, como cuando public√≥ pruebas falsas contra Podemos.

La sobrerrepresentaci√≥n de periodistas y pol√≠ticos de ideas ultraderechistas en televisi√≥n ha sido denunciada tanto en Espa√Īa como en Francia, y por cadenas de editoriales supuestamente distintas.

Y no son solo los periodistas. Esta falta de talante se ha trasladado a los l√≠deres pol√≠ticos, siendo de forma mayoritaria los de extrema derecha los que utilizan constantemente las faltas de respeto, las bromas vejatorias, el cinismo y el se√Īalamiento constante, acompa√Īado de una buena dosis de bulos y noticias falsas.

Las declaraciones de Vox en Twitter, por ejemplo, ha llevado a que su cuenta oficial fuera suspendida temporalmente, tal y como le ocurrió al polémico tuitero afín a la ultraderecha Alvise Pérez, conocido por sus bulos y por su acoso a figuras políticas y personalidades de la izquierda, de las cuales sube fotografías en momentos íntimos o incluso llegó a difundir un documento falsificado de una supuesta prueba PCR positiva del candidato del PSOE a las pasadas elecciones autonómicas catalanas, Salvador Illa, por lo cual será juzgado por iniciativa de Fiscalía.

Esto tiene como consecuencia que las faltas de respeto se han normalizado cuando se trata de dirigentes pol√≠ticos, especialmente los que no casan con la agenda ultraderechista. Por ejemplo, Vox en Espa√Īa ha animado a utilizar hashtags como #COLETASRATA o ha tildado al gobierno conformado por PSOE y Unidas Podemos de ‚Äúetarra‚ÄĚ, entre otras lindezas totalmente impensables hace solo diez a√Īos.

Adem√°s de los dirigentes pol√≠ticos, como en el caso de Alvise P√©rez, un buen n√ļmero de influencers y youtubers contribuyen a este intercambio de exabruptos y descalificaciones que enturbian el debate pol√≠tico y favorecen que se enturbie cualquier intercambio de ideas. Algunos ejemplos son el youtuber Roma Gallardo, David Santos, InfoVlogger o Libertad y lo que Surja, que han saltado a la pol√©mica por sus continuas descalificaciones, tanto a trav√©s de YouTube como por Twitter.

En general, la cantidad de descalificaciones personales por parte de políticos de la extrema derecha está presente en los medios de comunicación y en las redes sociales a prácticamente toda hora y, a menudo, la respuesta termina comprando este marco de debate, e incluso entrando en el juego.

Y estos ejemplos son solo de Espa√Īa. En Estados Unidos, esta estrategia ha sido empleada por Donald Trump, quien ha ocupado portadas por sus pol√©micas declaraciones, como descalificar a uno de sus rivales dentro del Partido Republicano, John MacCane, por haber sido capturado y torturado durante cinco a√Īos en la Guerra de Vietnam, llamar ‚Äúbasura‚ÄĚ a los inmigrantes de Hait√≠ y acusarles de tener SIDA o culpar al expresidente Barack Obama y a la excandidata del Partido Dem√≥crata a la Casa Blanca Hillary Clinton de haber fundado el DAESH.

Las consecuencias del tono beligerante de Trump se vieron en hechos inéditos, como el asalto al Capitolio el pasado 6 de enero por sus seguidores, o incluso que su cuenta fuera la primera de un líder de una potencia mundial en ser suspendida en Twitter.

Jair Bolsonaro, el actual presidente de Brasil, tambi√©n ha destacado por continuas declaraciones pol√©micas, como llamar ‚Äúmaricones‚ÄĚ a quienes temen la pandemia de COVID19, insultar a periodistas cuando le preguntaron acerca de por qu√© no llevaba puesta la mascarilla o por sus denuncias por la corrupci√≥n de su gobierno, o como burlarse de su rival pol√≠tico, Lula Da Silva, por el hecho de que le falte un dedo.

Anta√Īo era pr√°cticamente impensable que pol√≠ticos, periodistas, tertulianos o incluso gente famosa dirigiera este tipo de insultos o descalificaciones, o protagonizara estas pol√©micas sin incurrir en, como m√≠nimo, unas disculpas p√ļblicas, cuando no en el despido o en la dimisi√≥n.

En cambio, salvo hechos concretos y aislados, las tertulias habituales y el nivel de debate de la prensa rosa y el amarillismo period√≠stico se ha trasladado progresivamente al debate pol√≠tico, priorizando la defensa de ‚Äúlos m√≠os‚ÄĚ y el ataque a ‚Äúlos tuyos‚ÄĚ, buscando el tan ansiado ‚Äúzasca‚ÄĚ (esto es, dejar mal al rival mediante una r√©plica que lo deje en evidencia) y normalizando que el panorama pol√≠tico sea un cruce continuado de reproches que a menudo no conducen m√°s que redundar en el hast√≠o, el desencanto y la rabia de la gente.

Mencionar que las redes sociales, mediante los algoritmos que priorizan ciertas interacciones, han favorecido y favorecen el contenido más polémico, generando verdaderas cámaras de eco donde el discurso de odio sale tremendamente beneficiado. En el caso de YouTube, esta fue la conclusión de un estudio de investigadores de la Escuela Politécnica de Lausana (Suiza), de la Universidad de Minas Gerais (Brasil) y de la Universidad de Harvard (EEUU).

A similares conclusiones llegó el especialista en redes sociales Filip Struharik, que contó en The New York Times que ciertos cambios en el algoritmo de Facebook favorecía la difusión del discurso de odio y de bulos basados en prejuicios.

Un caldo de cultivo alimentado por la extrema derecha, tanto en su discurso, como en sus declaraciones, como en la viralizaci√≥n de bulos y ‚Äúfake news‚ÄĚ y donde se encuentra c√≥moda a la hora de introducir sus ideas pol√≠ticas.

No es casual que se vean estas actidudes y comportamientos tanto en medios de toda índole, como en redes sociales como en personalidades de ámbitos distintos, ya que existen amplias redes detrás de la extrema derecha, alimentadas por organizaciones internacionales como Atlas Network, que se encargan de coordinar y financiar determinadas estrategias políticas.

As√≠, por ejemplo, pr√°cticamente toda la extrema derecha ha recurrido a las acusaciones de fraude electoral poniendo en duda el voto por correo, una estrategia iniciada por Donald Trump y copiada por Jair Bolsonaro, Keiko Fujimori (Per√ļ) o Vox (Espa√Īa). Y a menudo, centenares de miles de bots en Twitter tuitean a inusitada velocidad para difundir determinados mensajes.

Por √ļltimo, las consecuencias de que se normalice el ataque y el insulto finalmente se refleja en ataques personales que afectan a la vida diaria de determinados pol√≠ticos, como se ha visto en el acoso recibido durante meses al ex secretario general de Podemos y ex vicepresidente segundo del gobierno, Pablo Iglesias, o a determinados activistas, donde las amenazas e insultos diarios se han convertido en algo habitual, como as√≠ atestiguan tuiteros como Gema MJ o PabloMM, o como denunci√≥ el periodista Israel Merino.

La normalización del discurso de odio y el aumento de los crímenes de odio

Con la normalización de los intercambios de insultos, ataques y exabruptos entre personalidades y grupos políticos bajo los dardos envenenados de la extrema derecha, también llega la aceptación del discurso de odio.

¬ŅQu√© es un discurso de odio? Se trata de relatos, enunciados, afirmaciones‚Ķ que ponen en el punto de mira a grupos sociales o colectivos vulnerables que padecen alg√ļn tipo de discriminaci√≥n estructural, ya sea por que padecen una situaci√≥n en particular, ya sea por prejuicios asentados a lo largo de generaciones y que todav√≠a perduran.

El discurso de odio se llama as√≠ por varias razones. La primera de ella y la m√°s evidente es porque siempre se√Īala aspectos negativos, normalmente exagerados o inventados, de estos grupos. Otra raz√≥n ser√≠a que, dado que normalmente se asientan en mentiras o medias verdades, su triunfo se basa precisamente en aspectos puramente emocionales basados en prejuicios y falsas creencias. Y una tercera raz√≥n es que el discurso de odio normalmente desencadena un ahondamiento en las desigualdades y en la vulnerabilidad de las personas que lo padecen.

Estos colectivos pueden ser minorías étnicas o religiosas, migrantes u homosexuales, por citar algunos ejemplos.

El discurso de odio puede adquirir muchas formas distintas, pero usualmente empieza negando la discriminación o la situación de vulnerabilidad de un grupo determinado, e incluso indicando que poseen privilegios.

Esto pasa por ejemplo con el discurso de odio hacia las personas migrantes, donde se niega que tengan problemas al tiempo que se les acusa falsamente de tener mayores recursos, acceso a ayudas y a empleo que las personas nativas. Tambi√©n sucede cuando se habla de ‚Äúlobby gay‚ÄĚ, otorgando a las personas LGTB un hipot√©tico y falso poder a la hora de intervenir en la agenda pol√≠tica y econ√≥mica.

Normalmente, para contraargumentar los datos que demuestran las desigualdades de los grupos vulnerables, se suele sostener la premisa de que son datos o informaci√≥n falsa sostenida por una ideolog√≠a pol√≠tica. Es decir, no ser√≠an datos objetivos, sino creencias que han influenciado dicha recogida de datos. As√≠, se habla de ‚Äúideolog√≠a de g√©nero‚ÄĚ, ‚Äúideolog√≠a LGTB‚ÄĚ, ‚Äúconsenso progre‚ÄĚ, etc.. Es decir, se emplea el vocabulario descrito anteriormente.

El siguiente paso, aunque no tiene por qu√© darse de forma secuencial, consiste en culpar total o parcialmente a un determinado colectivo de alg√ļn problema social, real o inventado. Responsabilizar de la tasa de desempleo o de las violaciones a las personas migrantes, o de una hipot√©tica decadencia moral a las personas homosexuales, ser√≠an otros ejemplos.

Tambi√©n es com√ļn tergiversar los problemas para que parezcan mucho m√°s grandes e importantes de lo que son realmente, o las invenciones adquieren tallas descomunales. As√≠, se tacha a la inmigraci√≥n de invasi√≥n, o a las personas LGTB de promover una red de pedofilia, o a las personas negras de ser violentas, racistas, ladronas‚Ķ

Seguidamente, una vez el discurso de odio se ha implantado, se utilizan como un relato que justifica la adopción de leyes, medidas y acciones que ahondan en la discriminación de estos grupos, que puede ir desde impedir el acceso a determinados derechos, a la persecución, la represión, la marginación e incluso el exterminio.

Este fue el modus operandi de los totalitarismos fascistas de los a√Īos 20 y 30, y muy concretamente del nazismo con respecto a la poblaci√≥n jud√≠a, aunque tambi√©n con otros muchos grupos sociales: homosexuales, negros, gitanos, polacos‚Ķ

El auge de la extrema derecha en los √ļltimos a√Īos ha tenido como consecuencia que estos discursos se han normalizado. Todas las semanas desde hace ya varias a√Īos se escuchan estos relatos a trav√©s de todos los medios, habituando a la poblaci√≥n a una exposici√≥n continua que no hace m√°s que reforzar prejuicios, mentiras, bulos y sentimientos negativos hacia ciertas personas.

En la mesa de los hogares vuelve a hablarse de la inmigraci√≥n y de los inmigrantes como un problema a resolver y como si provocaran conflictos reales de envergadura; se vuelve a sostener que las personas LGTB tienen todos los derechos y privilegios del mundo y que no hace falta estar manifest√°ndose; se tacha a los movimientos que persiguen la igualdad de radicales, peligrosos y/o de defender causas que no importan o que no son reales, quiz√° buscando alg√ļn beneficio econ√≥mico y/o pol√≠tico.

Y una de las pruebas de esto es el aumento de los cr√≠menes de odio. En Espa√Īa, por ejemplo, en 2019 los delitos de odio aumentaron un 6,8%. De entre ellos, los delitos racistas aumentaron un 21%, siendo el que m√°s crecimiento experiment√≥, seguido de el de orientaci√≥n e identidad sexual, con un 8,6%.

Lo mismo ha sucedido en otros países. Por ejemplo, desde que Donald Trump llegó a la Casa Blanca en 2016, los delitos de odio aumentaron día a día, especialmente hacia la población negra e hispana. Además, a partir de 2020, también aumentó hacia la población de origen asiático. En este país, más de la mitad de los delitos de odio se debe a cuestiones raciales.

En Reino Unido, tras el √©xito de la campa√Īa del Brexit durante el refer√©ndum para abandonar la Uni√≥n Europea en 2016, en la cual la extrema derecha utiliz√≥ como parte de su argumentario poder poner m√°s obst√°culos a la inmigraci√≥n, tambi√©n se ha denunciado el aumento de los delitos de odio, concretamente a minor√≠as √©tnicas y hacia migrantes.

En Alemania, la violencia amparada por la ultraderecha es creciente, hasta el punto en que las autoridades alemanas han se√Īalado a la extrema derecha como uno de los principales desencadenantes de violencia en el pa√≠s. As√≠, las agresiones, asesinatos y delitos en general contra personas migrantes, LGTB e incluso rivales pol√≠ticos, ha experimentado un importante crecimiento.

En Polonia, donde gobierna la extrema derecha con el partido Ley y Justicia (PiS), ser√≠a otro ejemplo, hasta el punto que tanto desde la UE como desde organizaciones internacionales se ha instado al pa√≠s a que act√ļe contra los delitos de odio, especialmente contra las personas LGTB. En el mismo caso se encuentra Hungr√≠a, gobernada por el Fidesz de Viktor Orb√°n, cuyas medidas contra la poblaci√≥n LGTB han levantado ampollas en el seno europeo.

Si bien estos son ejemplos concretos, investigaciones demuestran en retroceso en cuanto a la igualdad de derechos de colectivos que sufren discriminaci√≥n estructural. Un ejemplo es el de las personas LGTB. La gu√≠a Spartacus World, que todos los a√Īos mide a trav√©s de varios √≠tems esta cuesti√≥n, ha reflejado un descenso progresivo en la igualdad de este colectivo en pa√≠ses como Francia o Alemania, en parte debido al aumento de agresiones hom√≥fobas.

El investigador Alessio Romarri también concluyó en un trabajo publicado en 2021 sobre los delitos de odio en Italia que aquellos municipios donde se alzó la extrema derecha accediendo al poder, este tipo de crímenes aumentaron de manera significativa.

As√≠ pues, aunque algunos expertos recomiendan coger estas estad√≠sticas con cuidado porque la definici√≥n y la recogida de datos de estos delitos cambia seg√ļn el pa√≠s, y porque un aumento de las denuncias no se correlaciona necesariamente con un aumento de los delitos, decididamente es una variable a tener en cuenta, especialmente si el aumento es significativo.

Cambio en el foco de los debates políticos

Las estrategias comunicativas introducidas por la nueva derecha radical, adem√°s de transmitir un nuevo vocabulario que ha ido introduciendo poco a poco y de hacer difusi√≥n de bulos y ‚Äúfake news‚ÄĚ para propulsar los discursos de odio, al final tienen como objetivo frenar el avance de derechos, libertades y formas de pensar que puedan poner en peligro sus privilegios.

Es decir, de lo que se trata de es de imponer una regresi√≥n en los avances sociales. Cuando Santiago Abascal, l√≠der de Vox en Espa√Īa, dice en repetidas ocasiones que ‚Äúel Gobierno de Espa√Īa es el peor en 80 a√Īos‚ÄĚ y afines al partido ultraderechista como el youtuber InfoVlogger repiten este mantra, se puede deducir que env√≠an un conocido mensaje que desde sectores conservadores se ha venido diciendo hasta tal punto que incluso se lleg√≥ a convertir en meme: ‚Äúcon Franco se viv√≠a mejor‚ÄĚ.

Esta cuesti√≥n en principio anecd√≥tica es reflejo de c√≥mo la extrema derecha da una especial relevancia en marcar constantemente la agenda pol√≠tica y el punto del debate, creando pol√©mica tras pol√©mica, y pasando de un tema a otro dificultando la respuesta del rival pol√≠tico, que termina basando su estrategia en responder a las provocaciones de la ultraderecha. Esta estrategia se basa en los principios de propaganda del nazismo que llev√≥ a cabo Joseph Goebbels en los a√Īos 30 y que historiadores han descrito minuciosamente.

Debido a este y otros factores, desde la izquierda política, e incluso a veces también la derecha y posiciones más moderadas, han pasado progresivamente de centrar su estrategia política en perseguir y conquistar derechos sociales a luchar por no perderlos.

El debate pol√≠tico ya no se centra en c√≥mo avanzar, sino c√≥mo no retroceder. Es evidente que esta cuesti√≥n no es categ√≥rica, sino un balance conjunto de las din√°micas generales del debate pol√≠tico. Y es que la extrema derecha lleva desde hace a√Īos buscando reabrir viejos debates y cuestiones que ya se cre√≠an superados.

Un ejemplo de esto es la cuestión de la violencia de género. En 2004, el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero (PSOE) consiguió un amplio consenso para la aprobación de la Ley Integral de Violencia de Género (LIVG) y, aunque siempre ha tenido detractores, de manera general los partidos institucionales nunca han cuestionado de manera oficial, como mínimo, la afirmación de que la violencia machista es una realidad social a combatir.

Sin embargo, la extrema derecha ha situado ese debate en un punto anterior a esa fecha: en lugar de debatir cómo enfrentar el problema de la violencia machista, la ultraderecha niega la mayor, y además lo hace de manera muy visible.

Por ejemplo, no participa en las concentraciones de protesta o en los minutos de silencio por las mujeres asesinadas a manos de su pareja o expareja sentimental, o vota en contra de toda moción o propuesta local o estatal que busque poner fin a estos asesinatos.

De pronto, los medios de comunicaci√≥n e incluso las fuerzas pol√≠ticas rivales normalizan esta situaci√≥n, que en otros a√Īos hubiera sido intolerable, y se vuelve a debatir sobre una cuesti√≥n m√°s que probada, superada y entendida. As√≠, en pleno 2021, aparece en el programa de La Sexta El Intermedio una exposici√≥n explicando que la violencia de g√©nero s√≠ que existe.

Tras m√°s de cinco a√Īos de auge del movimiento feminista a nivel global, influyendo en la agenda pol√≠tica y sacando a relucir debates sobre conceptos m√°s vanguardistas como la existencia y el papel del sistema patriarcal, la ‚Äúcultura de la violaci√≥n‚ÄĚ o los roles de g√©nero, se vuelven a ver protestas contra la violencia machista o las agresiones sexuales como una de las demandas principales.

El peligro de esto, en un principio, no es tanto que se pueda poner en peligro real la lucha contra la violencia de g√©nero a niveles de los a√Īos 80 √≥ 90, pero mientras el debate est√° en ese foco, no se avanza en otro sentido. O es m√°s dif√≠cil hacerlo.

Esto est√° sucediendo tambi√©n con las personas migrantes, las minor√≠as √©tnicas o las personas LGTB, e incluso con personas con ideolog√≠as pol√≠ticas de izquierdas, especialmente si son comunistas, socialistas, anarquistas o, en el caso de Espa√Īa, independentistas, volviendo a debates que recuerdan a la √©poca del tardofranquismo.

Sin ir m√°s lejos, el PP de Pablo Casado ha sido arrastrado por esta agenda y ha llegado a decir p√ļblicamente que el comunismo y el nazismo son lo mismo, lo cual resulta parad√≥jico despu√©s de que Manuel Fraga Iribarne, ministro del dictador Francisco Franco y fundador de Alianza Popular, el germen del PP, pudiera llegar a acuerdos sin problemas con el Partido Comunista de Espa√Īa (PCE) para conseguir la transici√≥n del r√©gimen franquista a la monarqu√≠a parlamentaria actual.

Durante el Movimiento 15-M en Espa√Īa, entre los a√Īos 2011 y 2014, se dieron de manera abierta protestas contra el sistema capitalista y sus contradicciones. Uno de los lemas de las protestas era ‚ÄúNo somos mercanc√≠a en manos de pol√≠ticos y banqueros‚ÄĚ, y se lanzaron cr√≠ticas muy duras contra la calidad democr√°tica del pa√≠s y la necesidad de mejoras importantes en todos los √°mbitos. Estas protestas alimentaron las agendas pol√≠ticas de pr√°cticamente todo el espectro pol√≠tico, aunque especialmente partidos progresistas como Podemos e Izquierda Unida.

Hoy en d√≠a, las reivindicaciones de los colectivos y fuerzas pol√≠ticas que adaptaron la agenda pol√≠tica del 15-M se centran en derogar propuestas aprobadas por los gobiernos del PP como la reforma laboral o la Ley de Seguridad Ciudadana, m√°s conocida como ‚ÄúLey Mordaza‚ÄĚ, y en se√Īalar el avance de la extrema derecha como un peligro.

Las cr√≠ticas que ten√≠an un calado m√°s radical han ido menguando, pues cualquier cr√≠tica a la l√≥gica de mercados, al sistema neoliberal o a proyectos enfocados en mejorar los servicios p√ļblicos, como la naciolizaci√≥n de un sector econ√≥mico, es tachado por la agenda reaccionaria de ser af√≠n al comunismo, al totalitarismo e incluso al terrorismo.

Ofrecer datos concretos y precisos de este proceso es dif√≠cil porque se debe a una evoluci√≥n de las din√°micas sociales, pero tiene sus ra√≠ces en conceptos que s√≠ son concretos, como el de ‚Äúbatalla‚ÄĚ o ‚Äúguerra cultural‚ÄĚ.

Este t√©rmino hace referencia a la necesidad por parte de una movimiento, idea u organizaci√≥n pol√≠tica de asentar su agenda en las creencias, valores y pensamientos hegem√≥nicos de la sociedad objetivo desplazando los existentes. Estas ideas tienen su origen en el escritor y soci√≥logo italiano Antonio Gramsci y fue utilizada por la izquierda, pero fue copiada por Alain de Benoist en los a√Īos 60.

El escritor francés Alain de Benoist se dio cuenta de que aunque los partidos de izquierda perdían elecciones, sus ideas encontraban una aceptación e implantación progresiva que hasta las derechas terminaban asumiendo. Así, a través de su think tank GRECE, buscó la forma de hacer que la agenda ultraderechista fuera aceptable socialmente, combatiendo las ideas de la izquierda.

Sin darse cuenta, sent√≥ los procedentes de la nueva derecha radical, que actualmente dedica incontables esfuerzos, a trav√©s de numerosas redes de influencia y de recursos, como el uso masivo de propaganda, bots y cuentas falsas en redes sociales, organizaciones y laboratorios de ideas‚Ķ en que sus ideas tengan implantaci√≥n. Red que tiene buena parte de su n√ļcleo internacional en Atlas Network, una organizaci√≥n que re√ļne a muy buena parte de todos los think tanks conservadores del mundo.

El cambio del foco del debate político general es, simplemente, una consecuencia visible de esta batalla cultural.

Aumento de la crispación social y política

El debate político y las dinámicas sociales, desde que los seres humanos viven en sociedad, se han caracterizado por periodos políticos estables y otros más inestables. En general, los periodos inestables coinciden con momentos de crispación social y política.

El autor Bernand Man√≠n, en su libro Los principios del Gobierno representativo, se analiza c√≥mo la democracia griega de la antig√ľedad pasa de de la designar por sorteo a gobernantes, a derivar en el gobierno representativo de las elecciones y el sufragio, donde la columna vertebral del sistema se basa en ‚Äúconsentir el poder‚ÄĚ (elegido en las urnas) en lugar de ocupar cargos.

Seg√ļn Man√≠n, este consentimiento del poder que emanan de la sociedad a trav√©s de sus representantes es el principio b√°sico que hace posible la estabilidad de las democracias liberales modernas. Todo aquello que atente contra este consentimiento y lo deslegitime, implica un peligro para su supervivencia.

La extrema derecha tiene como uno de sus principales pilares comunicativos un discurso antipolítico y anti-establishment, donde se ataca con fuerza a las instituciones y a las fuerzas tradicionales. Se ponen en duda los procesos electorales, se busca la confrontación continua y se dinamitan constantemente los acuerdos y los debates políticos.

Esto no solo se observa en la normalización de los ataques e insultos que se han vivido en países donde la extrema derecha ha alcanzado un grado importante de representación, sino también en el tono de los debates. Los debates en los parlamentos se han convertido en todo un espectáculo.

En Espa√Īa, por ejemplo, se vio como √Ālvarez de Toledo llam√≥ ‚Äúhijo de terrorista‚ÄĚ a Pablo Iglesias, o como la primera sesi√≥n plenaria dentro del luto oficial que se decret√≥ por las v√≠ctimas de la pandemia deriv√≥ en una tensi√≥n poco antes vista.

Por supuesto, Vox ha tildado al Gobierno del PSOE y de Unidas Podemos encabezado por Pedro Sánchez de ilegítimo e incluso ha hecho varios llamamientos a golpes de estado e intervencionismo militar.

La campa√Īa electoral de las elecciones regionales de Francia de este a√Īo tambi√©n han vivido momentos de tensi√≥n hace tiempo no vistos, como ataques incluso a los candidatos. As√≠, por ejemplo, el presidente Emmanuel Macron recibi√≥ una bofetada en un mitin, o Jean-Luc M√©lenchon, l√≠der de Francia Insumisa, a quien le lanzaron harina a la cara.

En Estados Unidos, el debate entre Donald Trump y Joe Biden durante la campa√Īa electoral de 2020 ofreci√≥ un espect√°culo lamentable por parte de Trump, quien no paraba de interrumpir, e incluso lleg√≥ a decir a Proud Boys, un grupo ultraderechista af√≠n al expresidente, ‚Äúesperen‚ÄĚ, en referencia a que todav√≠a no era el momento de actuar.

Cuando esto se normaliza, termina afectando a la sociedad en su conjunto, que termina abriendo una brecha visible por razones políticas. Sin lugar a dudas, uno de los ejemplos de las consecuencias de este tono, como se ha dicho antes, fue el asalto al Capitolio el pasado enero, pero en realidad tiene consecuencias más sutiles y de las que conviene cobrar conciencia.

Esta permeabilidad y traslado del conflicto de las √©lites al conflicto a pie de calle es controvertido. En este sentido se pronuncia Luis Miller, soci√≥logo del Consejo Superior de Investigaciones Cient√≠ficas (CSIC) y vicedirector del Instituto de Pol√≠ticas y Bienes P√ļblicos (IPP).

‚ÄúCuando las √©lites se polarizan y entran en conflicto, el conflicto se traslada a la calle. Tenemos poca memoria porque todo avanza muy r√°pido y siempre pensamos en Trump, pero la polarizaci√≥n en Estados Unidos no se produce por Trump, que es una consecuencia. La polarizaci√≥n en Estados Unidos, los picos, se producen durante el mandato de Obama, donde hay toda la movilizaci√≥n del Tea Party, y eso acaba en Trump‚ÄĚ ‚Äď Luis Miller, P√ļblico

‚ÄúUna de las principales causas de la radicalizaci√≥n de los ciudadanos es la radicalizaci√≥n de las √©lites. Si las √©lites se permiten insultarse, amenazarse, etc, eso nos hace llegar a los ciudadanos que no existen l√≠mites, que no hay normas, y que insultar a alguien o golpear a alguien porque sea de una ideolog√≠a distinta est√° permitido‚Äú- Luis Miller, P√ļblico

As√≠, esta divisi√≥n social tambi√©n est√° dificultando la convivencia del d√≠a a d√≠a. En Espa√Īa se han producido algunos episodios de tensi√≥n en la calle que coinciden con la crispaci√≥n pol√≠tica.

Algunos expertos consultados apuntan a que la polarización actual tiene causas concretas y antecedentes.

En general, todos coinciden en la asunci√≥n por parte de la extrema derecha de una estrategia basada en la confrontaci√≥n y en la crispaci√≥n, g√©nesis de la nueva derecha radical y en el manual de acci√≥n de Steve Bannon, asesor de campa√Īa de Trump en 2016, que aprovechan viejas heridas, prejuicios y descontentos sociales para aumentar esta divisi√≥n social y as√≠ imponer su agenda.

En Espa√Īa, entre los a√Īos 1994 y 1996 con Felipe Gonz√°lez (PSOE) y entre 2004 y 2008 con Jos√© Luis Rodr√≠guez Zapatero, por parte del PP de Jos√© Mar√≠a Aznar y Mariano Rajoy respectivamente tambi√©n se dio esa estrategia de confrontaci√≥n basada en la no aceptaci√≥n de la victoria del partido rival y en la protesta constante contra sus medidas.

En aquellos momentos, las aguas volvieron a su cauce porque no en todos los contextos esa estrategia es siempre efectiva, especialmente para el voto m√°s conservador. Sin embargo, hoy en d√≠a, donde el PP y Vox se disputan el liderazgo de la oposici√≥n, el l√≠der conservador Pablo Casado se ve arrastrado por la estrategia trumpista de Abascal. Al menos es lo que opina la experta polit√≥loga Berta Barbet (Politikon), que en el diario P√ļblico expuso la dificultad de salir de la crispaci√≥n cuando la extrema derecha tiene fuerza.

Adem√°s, a esto se a√Īade la r√°pida interacci√≥n y las din√°micas de las redes sociales, que favorecen este tipo de discursos y comentarios.

En conjunto, la estrategia de la extrema derecha ha terminado arrastrando a partidos, medios, colectivos e incluso a las familias a un hastío, desencanto, crispación y susceptibilidad hacia los debates políticos que, se bien se ha vivido en momentos anteriores, el contexto actual por un lado y el propio discurso de la ultraderecha por otro han convertido la situación en un crónica y difícil de superar, que no es constructiva y que no favorece en absoluto a los intereses de la mayoría de la ciudadanía.

Jefe de Redacción de Al Descubierto. Psicólogo especializado en neuropsicología infantil, recursos humanos, educador social y activista, participando en movimientos sociales y abogando por un mundo igualitario, con justicia social y ambiental. Luchando por utopías.

Versi√≥n original:  aldescubierto.org

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Fuente: Asociaciongerminal.org