November 2, 2020
De parte de La Haine
299 puntos de vista


En las concentraciones y marchas m谩s plurales como las de Barcelona, Gazteiz o Gamonal, no albergo dudas en cuanto a que la cantidad de gente involucrada en los minutos previos a los enfrentamientos con los cuerpos de seguridad agrupaban a personas no afines a la ultraderecha. De no ser as铆, estar铆amos realmente jodidos y jodidas.

Las protestas y los disturbios acontecidos este fin de semana en diversas ciudades del Estado espa帽ol han desatado la ira, en las redes sociales, de quienes los ven tan solo como una estrategia de desestabilizaci贸n de la extrema derecha; y la reflexi贸n de otros, entre los que me incluyo, que tratamos de comprender el conjunto sin lanzarnos a la acusaci贸n f谩cil.

He de ser sincero: repasando los v铆deos y las fotograf铆as de, por ejemplo, Barcelona, Gamonal, Gasteiz, Indautxu, Logro帽o鈥 las pr谩cticas violentas, donde las ha habido, tienen un componente de estrategia hooligan evidente. Otras manifestaciones como la de la tarde en San Blas y su prolongaci贸n en la noche por el centro de Madrid eran de corte netamente fascista y esos son quienes participaron. Obviar茅 unas terceras por su escasa trascendencia como las de M谩laga, Santander o Valencia en la que los cuatro gatos que participaron eran grup煤sculos de ultraderecha.

Sin embargo, en las concentraciones y marchas m谩s plurales como las de Barcelona, Gazteiz o Gamonal, no albergo dudas en cuanto a que la cantidad de gente involucrada en los minutos previos a la algarada y a los enfrentamientos con los cuerpos de seguridad agrupaban a personas no afines a la ultraderecha. De no ser as铆, estar铆amos realmente jodidos y jodidas. Imaginen que en una ciudad del tama帽o de Burgos hubiera 300 fascistas violentos. La cosa ser铆a preocupante. Sinceramente lo digo.

Visitando grupos de ultraderecha en las redes sociales se puede comprobar que han alentado este tipo de protestas, distribuyendo algunos de los carteles, y que se alegran del resultado violento de las mismas. Las disfrutan. No es de extra帽ar, es la primera vez en a帽os que son capaces de llevar esta algarada callejera a un plano pol铆tico ajeno a un evento deportivo y, adem谩s, a帽adir a su protesta a otras personas ajenas a los ambientes m谩s radicalizados de esa extrema derecha.

A excepci贸n de Valencia, donde la ultraderecha tiene un basti贸n que poco a poco se desmorona, Madrid que por su tama帽o sigue teniendo un movimiento de ultraderecha amplio y las recientes razias fascistas en Barcelona en las postrimer铆as del proc茅s, el resto de las ciudades del Estado hac铆a m谩s de dos d茅cadas que no ve铆amos movilizaciones de la ultraderecha, exceptuando los humor铆sticos intentos cayetanos del final de esta primavera.

Viendo las fotograf铆as, por poner un ejemplo de Emilio Morenatti en Barcelona, o de Tom谩s Alonso en Gamonal, lo f谩cil es atribuir los disturbios a la ultraderecha y la ultraizquierda, como han hecho respectivamente La Vanguardia o El Diario de Burgos.

Pero hacerlo supone la demonizaci贸n del resto de las personas que participaron en las protestas que, o bien equivocadas, o bien simplemente hartas, han estado codo con codo con esos fascistas, -como en el caso de Barcelona-, o que simplemente han sido ellas, hartas, las que han protagonizado las protestas -v茅anse los casos de Gasteiz o Gamonal-. Sin ese grupo de manifestantes, en su mayor parte j贸venes, que no son fascistas, la protesta no hubiera existido o se hubiera quedado en el paseo nazi que fue la movilizaci贸n de la tarde y noche del s谩bado en Madrid.

Las personas que hemos evitado la definici贸n simplona de las protestas en apelativos ingeniosos para nuestro momento de gloria en Twitter como 鈥渘egacionalsocialistas鈥, o tach谩ndolas de protestas de ultraderecha sin m谩s, para pasar a otro asunto, andamos preocupadas. Yo ciertamente lo estoy. Me siento angustiado por las personas rechazadas.

Por quienes han participado en las diferentes protestas pues ya no aguantan m谩s en lo econ贸mico. O simplemente porque no comprenden que no puedan juntarse en una casa ocho personas, pero s铆 deban usar el transporte p煤blico hacinado para ir a trabajar junto a varias decenas de compa帽eros y compa帽eras en una f谩brica, un taller o una oficina. O porque vieron la fiesta de Pedro Jota. O porque no entienden que tengan que cerrar sus peque帽os negocios mientras centros comerciales siguen abiertos.

Estoy intranquilo tambi茅n por la juventud que participa de estas protestas, en las que los gritos han sido 鈥渓ibertad鈥 o 鈥渆l pueblo unido jam谩s ser谩 vencido鈥, sin saber, u obvi谩ndolo, que quien est谩 lanzando piedras a su lado puede ser un fascista redomado.

Quiz谩 el problema radica en que todas esas personas, negacionistas, ultraderechistas y rechazadas, dejen de ser un pastiche para convertirse en un solo cuerpo. En ese preciso instante la izquierda habr谩 fracasado, quien sabe si por dejadez o por superioridad moral. Los diferentes cuerpos que han participado en las protestas de este fin de semana 鈥 entre ellos negacionistas, fascistas y rechazados- comparten en la actualidad, como lo hacemos toda la sociedad, un patr贸n com煤n: un individualismo atroz. Ese que ha inoculado en la sociedad el neoliberalismo hasta un punto en el que nuestro ombligo es el 煤nico interesante y nuestro culo el 煤nico que salvar. Que en ninguno de sus carteles se haga referencia a lo com煤n o a lo p煤blico es solo el reflejo de la sociedad que ha construido el neoliberalismo. Libertades individuales parece ser lo 煤nico que reclaman. Cada uno la suya.

El profesor de ciencia pol铆tica Igor Ahedo escrib铆a un texto el pasado viernes titulado 鈥淣egacionismo y Edad media del selfie鈥, que resum铆a a trav茅s de las redes sociales y que apuntaba fino hacia las particularidades de esta protesta concreta y, probablemente, de las que surjan en un futuro.

鈥淪e tiene que hacer comprender que el neoliberalismo ha conquistado el alma de las sociedades, como pretend铆an Hayeck y Thatcher. Del “qu茅 hay de lo nuestro” se ha pasado al que hay de lo m铆o. Esto afecta a cayetanos, fascistas o chavales de barrio. 鈥淣o es correcto reducir鈥, aseguraba el profesor para, despu茅s aclararnos que la diferencia entre los cayetanos y los chavales de barrio es que a los primeros 鈥渓es importa cero el presente porque tienen futuro鈥, mientras que los segundos reivindican ese presente, aunque sea de mierda y precario, para ponerse ciegos y olvidar, 鈥減orque no tienen futuro鈥. 鈥淯nos viven de la destrucci贸n de ilusiones y otros en ilusiones destruidas鈥, recalcaba.

Ante este panorama no sirve el reduccionismo ni la generalizaci贸n. Sirve la pedagog铆a, la salida del t煤nel de obediencia y la movilizaci贸n. La vuelta a esas calles que reclam谩bamos como nuestras. Pero no desde una posici贸n filonegacionista, si no desde la perspectiva de aquellas personas a las que nos est谩n abocando al ciclo casa-trabajo-casa, eso si tienes un empleo, exigi茅ndonos que no socialicemos y que no compartamos en nuestra parcela de vida m谩s all谩 del 谩mbito laboral. Ante eso cabe la movilizaci贸n. Como cabe ante el estado policial impuesto con el toque de queda. Romper con el silencio para la lucha por lo com煤n. Por lo de todas. Como hicieran en Barcelona o Vallecas. Reclamando lo nuestro: la sanidad p煤blica, el obligado aumento del transporte p煤blico, el derecho a la vivienda, las libertades de movimiento y el propio derecho a la protesta. Tambi茅n toca hacer pedagog铆a contra el negacionismo.

En conjunto, lo que toca es hacer. No vale la postura cabizbaja que hasta hoy ha mantenido la izquierda. Porque centrifuga a esos rechazados de los que habl谩bamos antes y que deber铆an ser nuestros m谩s cercanos aliados. Porque son los nuestros. Porque seguir dentro de la din谩mica de obediencia ciega o encerrados en nuestros individualismos deja el espacio p煤blico en manos de la ultraderecha y del vandalismo sin conciencia. Porque o se vuelve a las calles o quiz谩 no volver谩n a ser nuestras.

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Fuente: Lahaine.org