March 9, 2021
De parte de La Haine
365 puntos de vista


El golpe de Estado de 2019 en Bolivia tuvo causas hist贸ricas profundas. El problema central, sin embargo, estuvo en confundir el punto de partida con el de llegada

El texto que sigue es un fragmento adaptado de Estados alterados. Reconfiguraciones estatales, luchas pol铆ticas y crisis org谩nica en tiempos de pandemia (Muchos mundos ediciones 鈥 CLACSO, 2021).

“Cuando el poder se vac铆a de clases, es l贸gico que lo llene la derecha que, en cambio, solo necesita sus intereses, sus dirigentes y la inactividad de las masas”
Ren茅 Zavaleta Mercado (1970)

En el periodo de luchas que va desde fines del siglo pasado hasta la promulgaci贸n de la nueva constituci贸n el 7 de febrero del 2009, con su punto m谩s alto en la guerra del agua en abril del 2000, en Bolivia solo conquistamos el terreno para buscar una emancipaci贸n revolucionaria. Sin embargo, muchos creyeron que ya hab铆amos logrado la emancipaci贸n misma y se entregaron conservadoramente a las distintas variantes de esta peligrosa certeza, en especial los pragm谩ticos estatalistas. 

Como casi siempre ocurre, apenas se abri贸 el terreno para luchar por la emancipaci贸n se precipit贸 la tendencia al cierre, debido a la incomprensi贸n absoluta de lo que nos estaba pasando. As铆, desde 2010 empez贸 la decadencia gradual del proceso, la cual se hizo estrepitosa en 2016. Si diez a帽os se requirieron para abrir este escenario, otros diez fueron necesarios para que cayera lentamente.

No supimos realmente avanzar: 驴En que se diferenciaba un Estado plurinacional a la rep煤blica? 驴C贸mo construir un “Estado Plurinacional”? 驴C贸mo construirlo sin enajenar las fuerzas vitales de la sociedad y los movimientos sociales? 驴C贸mo evitar los graves peligros conservadores de la construcci贸n de Estado que siempre entra帽a una faceta conservadora? 

El fin del proceso constituyente y la promulgaci贸n de una constituci贸n profundamente garantista 鈥抲na de las m谩s avanzadas de Latinoam茅rica y el mundo鈥, fue el punto de inflexi贸n ya que la construcci贸n institucional de cualquier Estado siempre es conservadora. Despu茅s de este largo proceso de casi cuatro a帽os (2006 al 2009), el Movimiento al Socialismo (MAS) se concentr贸 cada vez m谩s en dar forma al Estado, lo que hizo reflotar las tendencias m谩s conservadoras, machistas, coloniales y capitalistas. 

Ah铆 surgi贸 claramente el ala derecha del MAS, por lo general abogados y funcionarios burocratizados, varios de ellos ministros que empezaron a dominar el escenario, alentados por lo general por los m谩ximos dirigentes de la peor forma posible, pues prim贸 una gesti贸n instrumental del poder. Los s铆ntomas de esta primac铆a llegaron en el 2010 despu茅s del gasolinazo, un error pol铆tico que intent贸 quitar la subvenci贸n a los hidrocarburos afectando a los sectores populares, y en el 2011 con el manejo conservador del conflicto del Territorio Ind铆gena y Parque Nacional Isiboro Secure (TIPNIS). Se configur贸 as铆 el momento m谩s claro de viraje gradual a una posici贸n conservadora desde sectores pragm谩ticos, estatalistas y economicistas que tienen una larga e importante historia en Bolivia y nos pesa en la actualidad como un lastre. 

Esta nueva etapa conservadora estuvo marcada de forma cada vez m谩s clara por permitir o no hacer lo suficiente frente a la corrupci贸n y apoyarse gradualmente en la agroindustria del oriente y la banca bajo el criterio de que el crecimiento del PIB y la econom铆a eran lo m谩s importante. Entre 2011 y 2015 ya hab铆a cuajado este nuevo esquema de poder del MAS con ciertos aspectos que permit铆an mantener una fachada popular. Paralelamente se fue tutelando y luego desarticulando a las organizaciones fundamentales del proceso como el Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (CONAMAQ), la Confederaci贸n de Pueblos Ind铆genas del Oriente Boliviano (CIDOB), la Central Obrera Boliviana (COB), Confederaci贸n Sindical 脷nica de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), Confederaci贸n Nacional de Mujeres Campesinas Ind铆genas Originarias de Bolivia 鈥 Bartolina Sisa y otras. 

Se las ve铆a como retaguardia del proceso a tono con este estatalismo y economicismo pragm谩tico y conservador. Pero adem谩s, hicieron un uso instrumental y grosero de ellas y poco a poco da帽aron su autonom铆a, vitalidad e iniciativa y, por lo tanto, su capacidad de movilizaci贸n. Este fue el mayor error del MAS.

En 2016 se da un impasse hist贸rico: la derrota en el Refer茅ndum constitucional del 21 de febrero (21F), el cual buscaba habilitar la reelecci贸n. Un grav铆simo error pol铆tico del MAS, como el propio vicepresidente reconoci贸 un a帽o despu茅s en una entrevista, resultado de la impaciencia de Morales y sus colaboradores m谩s cercanos por asegurar el poder hasta el 2025 y del que despu茅s no se pudo salir. 

驴Qu茅 necesidad hab铆a de convocar a un refer茅ndum por una nueva reelecci贸n despu茅s de seis meses de haber ganado la elecci贸n nacional? Ah铆 se notaba ya un extrav铆o grave, el cual pudo resolverse al hacer la autocr铆tica y reconducir el proceso. Pero no quisieron. En su balance alud铆an a que pr谩cticamente todo se hab铆a hecho bien y lo 煤nico que hac铆a falta era redoblar la propaganda en las redes sociales. Un extrav铆o clasemediero cl谩sico amparado en que el mundo empieza y acaba en la Internet; exotismos posmodernos propios de los liberales y populistas que pululaban en el MAS. La soluci贸n fue peor que la enfermedad. 

La opci贸n era ganarle en la cancha a los conservadores como hab铆a hecho en Venezuela Hugo Ch谩vez, quien despu茅s de haber asegurado 14 elecciones seguidas perdi贸 el refer茅ndum para la reelecci贸n en el 2007 y en vez de inventar artilugios legales profundiz贸 la estrategia de movilizaci贸n de masas y de radicalizaci贸n del proceso desde el 2002, a帽o del golpe de Estado fallido. 

Esta era la 煤nica v铆a revolucionaria para revertir el impase del 21F, porque combinaba construcci贸n de poder popular y movilizaci贸n de masas en la coyuntura con la necesidad de reelecci贸n. Ren茅 Zavaleta critic贸 a los presidentes Juan Jos茅 Torres y Alfredo Ovando en los setenta por no movilizar a las masas, el 煤nico m茅todo fundamental de un gobierno progresista para resistir el embate del imperialismo (Zavaleta, 2011: 656). Desmovilizar a las masas es un suicidio pol铆tico en Bolivia, y lamentablemente eso hizo el MAS. 

Adem谩s, se descuid贸 el sistema de salud y apenas en 2018 se implement贸 el Seguro 脷nico Gratuito y Universal, pese a que estaba en la constituci贸n desde el 2009. La educaci贸n tambi茅n fue secundaria y casi toda la pol铆tica del gobierno entre el 2016 y 2019 estuvo dirigida a la adulaci贸n de las clases medias urbanas, complemento a la desmovilizaci贸n de las masas. Otro grave error en un pa铆s tan politizado y de amplias capas populares que empezaron a tener una actitud de votar por el MAS bajo sospecha, pues no ir铆an m谩s a poner el pecho como hab铆an hecho entre 2006 y 2010 y no se las puede culpar por eso como hacen algunos intelectuales. Esto es lo que el gobierno fue provocando con su acomodo a las clases medias, sin verlo siquiera. La gente inteligentemente usaba el escenario liberal del MAS porque no les quedaba otra, pero desconfiaba de ellos. De ah铆 la consigna “Nosotros no somos del MAS, el MAS es de nosotros”. 

Para ser justos, tambi茅n hay que decir que esto no se ve铆a de manera clara por los enormes 茅xitos en el campo econ贸mico. En ese periodo, el PIB creci贸 aproximadamente en 35 mil millones de d贸lares y a una tasa promedio superior al 4,5%, uno de los m谩s din谩micos en la regi贸n (cuando otros crec铆an a 1%, o estaban en recesi贸n). Un verdadero r茅cord. As铆 mismo, la pobreza extrema y la moderada se redujeron sustancialmente, como no hab铆a ocurrido nunca en la historia de Bolivia, de manera que m谩s de 2 millones de personas pasaron de la pobreza a la clase media en un pa铆s de 10 millones de personas; todo un cambio estructural. 

Pero ah铆 se ve uno de los mayores errores que se cometieron, pues no se hizo una adecuada conducci贸n pol铆tica de estos 茅xitos econ贸micos que tra铆an cambios estructurales en las relaciones de clase y casta. En gran medida, el mensaje que acab贸 dando el propio gobierno era hiperconservador: tarifas baratas y consumismo, con lo que acab贸 siendo un gobierno de clase media para las clases medias, con cierta fachada popular e ind铆gena.

En la campa帽a electoral de 2019 un alt铆simo funcionario dijo que solo una crisis econ贸mica o problemas con la econom铆a podr铆an desatar una gran crisis pol铆tica; ah铆 ya se ve铆a el reduccionismo economicista ciego frente a lo que estaba pasando y a sus impredecibles consecuencias. Dos semanas despu茅s vino la gran crisis pol铆tica que cre铆an imposible, rematada con la ca铆da de Morales. Veamos ahora el gran dilema estructural de “la toma del poder”, que da lugar casi irremediablemente a casi todas las versiones de las posiciones conservadoras.

Paradoja de la ocupaci贸n del Estado y relaci贸n Estado-masas en el poder

La parad贸jica consecuencia de la “toma del poder” por las mayor铆as subalternas y explotadas que analizaremos a continuaci贸n es el punto de partida fundamental. Gramsci, en una concepci贸n aparentemente m谩s estatalista que Zavaleta, nos plantea: “Las clases subalternas, por definici贸n, no se han unificado y no pueden unificarse mientras no puedan convertirse en 鈥楨stado鈥: su historia, por tanto, est谩 entrelazada con la de la sociedad civil” (Gramsci, 1970, p. 491). 

M谩s estatalista porque plantea que las clases subalternas solo pueden unificarse al convertirse en Estado, lo que parece un exceso. Sin embargo, tal idea es el resultado de su forma de ver a las clases subalternas y el peso de la historia de los subalternos como permanentemente disgregada y epis贸dica: “La historia de los grupos sociales subalternos es necesariamente disgregada y epis贸dica. No hay duda de que en la actividad hist贸rica de estos grupos hay una tendencia a la unificaci贸n, aunque sea a nivel provisional pero esta tendencia se rompe constantemente por la iniciativa de los grupos dirigentes” (Gramsci, 1970, p. 493).

Zavaleta plantea una idea similar, pero levemente marizada: “En determinadas instancias la 煤nica forma de unidad de lo popular es lo estatal” (Zavaleta. 1990, p. 179); as铆, no siempre es el Estado la 煤nica forma de unidad de lo popular, como plantea Gramsci. En otro texto muy revelador aclara que “la historia de las masas es siempre una historia que se hace contra el Estado mismo” (Zavaleta, 1983, p. 110), ya que el Estado est谩 imposibilitado en 煤ltima instancia para expresar a las masas y sus luchas revolucionarias, posici贸n acorde con un marxismo emancipatorio que casi todos los altos funcionarios del MAS no quisieron ni discutir: “todo Estado en 煤ltimo t茅rmino niega a las masas, aunque la exprese o la quiera expresar, porque quiere insistir en su ser que es el de ser Estado” (Zavaleta, 1983, p. 111). 

Aqu铆 vemos una concepci贸n vital de la relaci贸n masas-Estado: la historia de las masas es siempre una historia contra el Estado y el Estado niega a las masas por mucho que intente representarlas, incluso los Estados “socialistas” o “plurinacionales”. Una paradoja que requiere un enfoque historicista, como veremos.

A todo lo anterior habr铆a que sumar la idea de Gramsci de que la unidad hist贸rica de las clases dirigentes se produce en el Estado, que la historia de estas clases es, en gran medida, la historia de los Estados y los grupos de Estados. Tal es la base en su concepci贸n de “Estado ampliado”, el cual no constituye una mera unidad formal ni juridicista, m谩s bien se trata de la articulaci贸n entre sociedad pol铆tica o Estado y sociedad civil a trav茅s de diversas l铆neas de mediaci贸n. Este es un asunto fundamental, porque la esencia de esta concepci贸n plantea las relaciones org谩nicas y de interpenetraci贸n mutua entre los diferentes elementos, al no ser cosas diferentes ni estar tajantemente divididos. Esto permite a las clases dominantes no solo su organizaci贸n, sino construir hegemon铆a de manera efectiva.

En las luchas de los explotados es necesario introducirse en el manejo del Estado o la “toma del poder” como inicio de una “revoluci贸n” y para crear unidad. Si bien es una necesidad tambi茅n es una trampa muy peligrosa, casi como meterse en la boca del lobo. Esa es la manera en la que se unifican las clases dominantes para dominar y explotar, y con las clases subalternas no cambia mucho la situaci贸n si no se hace un trabajo revolucionario sistem谩tico con la propia “ocupaci贸n del Estado” o “toma del poder”. Tal asunto est谩 completamente descuidado en las luchas latinoamericanas porque hay una estadolatr铆a ciega en este fen贸meno fundamental. 

驴C贸mo hacer para no renunciar a las luchas dentro del Estado, pero que a la vez podamos salir de la visi贸n conservadora seg煤n la cual el Estado es lo m谩s importante? Lo m谩s importante son las masas y la lucha por la democracia como autodeterminaci贸n. El 10 de noviembre de 2019 aprendimos eso dram谩ticamente, cuando el gobierno de Morales cay贸 como castillo de naipes. Podemos empezar por meditar las siguientes palabras de Zavaleta al reflexionar la cuesti贸n del funcionario de Estado que se reclama “revolucionario” desde el punto de vista de la democracia como autodeterminaci贸n de las masas: 

El mediador es una mezcla entre el funcionario y el jefe social. Si la sociedad civil nacionaliza a los mediadores es que ha llegado la hora de la crisis nacional general porque ellos ahora no creen m谩s en el Estado y han comenzado a creer en s铆 mismos en el mito revolucionario. Es correcto decir por tanto que todo dirigente es un mediador hasta que no se convierte en un amotinado. (Zavaleta, 1983, p. 110)

驴C贸mo se construye unidad de lucha y se sostiene la perspectiva emancipatoria dentro y fuera del Estado sin ser tragado por su poderosa fuerza metaf铆sica que destruye la vitalidad de lo social y enajena a los sujetos subalternos? Esta es una de las tareas m谩s importantes. Sobre la base de estos an谩lisis vitales, veamos ahora la cuesti贸n del Estado y alcance de la “revoluci贸n”. 

Estado, “revoluci贸n” y n煤cleo de poder del MAS

A partir de 2000 y hasta 2010 vivimos el inicio de una transformaci贸n revolucionaria; de 2010 a 2019, su gradual decadencia. Se equivocan quienes niegan ciertas transformaciones que claramente eran el inicio de un proceso revolucionario, en especial cierta presencia de los sectores populares en el Estado que lo fractura parcialmente, la impronta plebeya y popular en la constituyente y en el imaginario social. Pero tambi茅n se equivocan quienes magnifican tales transformaciones de manera triunfalista y ven una revoluci贸n con may煤scula. En tal sentido, en un texto de 2018 reflexionamos sobre los alcances de lo que denominamos una “parcial revoluci贸n pol铆tica”, en di谩logo con autores como Daniel Rafuls y Jos茅 Valdez. Estas v铆as conducen a un an谩lisis conservador, bien al negar lo avanzado 鈥損or muy modesto que sea鈥, bien por exitista y da帽ino, pues no se puede vivir creyendo que se hizo una revoluci贸n inexistente. 

En su an谩lisis de la revoluci贸n de 1848, Marx y Engels descubrieron que todos los procesos anteriores se hab铆an reducido a la sustituci贸n de unas minor铆as por otras en el manejo del Estado para amoldarlo a sus intereses. De ah铆 que solo se analizaran revoluciones que en su mayor铆a parec铆an circunscribirse a lo pol铆tico a la manera de los golpes de Estado, aunque emprendieran cambios m谩s profundos en las estructuras econ贸micas y las relaciones de producci贸n, acerc谩ndose a verdaderas revoluciones sociales. As铆 identificaron que siempre son los grupos minoritarios preparados para la dominaci贸n y el gobierno (terratenientes arist贸cratas, aristocracias aburguesadas, burgues铆as liberales) los que acaban encumbrados en el poder, aunque las mayor铆as (campesinos, siervos, pongos, obreros) cooperan con ellos.

Tal hecho cambi贸 radicalmente entre 1848 y la comuna de Par铆s de 1870. 驴Qu茅 hacer cuando el arribo al poder es de mayor铆as fragmentadas con historias epis贸dicas y difusas y sin ninguna pr谩ctica para el gobierno y el ejercicio del poder? Tiende a ser igual, pues la supremac铆a en los cargos del poder es de quienes vienen de las clases privilegiadas, solo que esta vez hablan en nombre de las mayor铆as explotadas. As铆, surge el siguiente dilema: 驴c贸mo hacemos para que las revoluciones de minor铆as se conviertan en revoluci贸n de las mayor铆as? En esto radica la mitad del problema para entender por qu茅 los sectores minoritarios de los grupos de funcionarios y profesionales tienden a ser tan importantes “expresando” y “representando” a las mayor铆as en los procesos latinoamericanos. Tal situaci贸n tiene una larga historia en Bolivia, iniciada en 1952.

Una revoluci贸n pol铆tica tambi茅n tiene niveles, uno de ellos es la diferencia entre llegar al gobierno y la toma del poder real; en ese sentido, Zavaleta, retomando los debates de Lenin sobre el poder dual, plante贸 la diferencia entre el poder del Estado y el aparato del Estado. En Bolivia se lleg贸 a medio camino del manejo del poder real, aunque se ten铆a todo el “aparato” del Estado. Una segunda fase de una revoluci贸n pol铆tica es la transformaci贸n profunda del Estado como se explic贸 l铆neas arriba, lo que en Bolivia fracas贸 completamente; para lograrla, por lo general hace falta el inicio de la revoluci贸n social o de una serie de revoluciones, como en Francia. 

Y solo se puede construir esta bisagra entre revoluci贸n pol铆tica en cualquiera de sus niveles de desarrollo y el inicio de una revoluci贸n social con la construcci贸n de poder popular, movilizaci贸n de masas y formas de autogobierno social. Ese fue el m谩s grave error pol铆tico estrat茅gico de Morales: no avanzar en ese sentido. Hubiese o no posibilidades de ir m谩s all谩 del capitalismo, se debi贸 encarar esta tarea 鈥抍onstrucci贸n de poder popular y mantener latente y viable la posibilidad de movilizaci贸n de masas鈥 por lo menos para sostener al gobierno del MAS. 

Claramente esto no se dio en Bolivia y las c煤pulas del MAS no quisieron discutir tales asuntos. Por eso hablamos de una parcial revoluci贸n pol铆tica que empieza a declinar desde 2010, y que entre 2016 y 2019 ya era una revoluci贸n detenida o en retroceso, aunque se manejara bien la pol铆tica econ贸mica. No se puede decir, ni antes ni hoy, que “el viejo Estado hab铆a desaparecido”, y este es un criterio objetivo de una revoluci贸n pol铆tica. Lamentablemente, el Estado se mantuvo casi intacto, mostr谩ndonos que est谩bamos ante un gobierno extraviado en la real politik. El punto m谩s cr铆tico lleg贸 de manera catastr贸fica en 2019, cuando a Evo Morales le lleg贸 la orfandad total de masas el 7 noviembre, dos semanas despu茅s de la elecci贸n presidencial. Esto es lo que no se quiso ver entre 2010 y 2019. 

Por este problema hist贸rico y te贸rico analizado l铆neas arriba, era de primera importancia neutralizar las tendencias peque帽as burguesas del proceso, pero se hizo todo lo contrario. No solo no se comprendi贸 ni se hizo nada al respecto, sino que se incentiv贸 al m谩ximo la situaci贸n con la participaci贸n de los populistas y liberales que tanto les gustaban a Morales, Garc铆a Linera y el c铆rculo de poder cuando coparon la escena en 2016 sin ninguna lectura clasista, te贸rica o hist贸rica del proceso. 

Veamos m谩s de cerca este problema. Seg煤n Marx, “en Alemania no es posible precisamente la revoluci贸n radical, sino por el contrario, la revoluci贸n parcial, la revoluci贸n meramente pol铆tica, una revoluci贸n que deje en pie los pilares del edificio” (Marx como aparece en Dussel, 2011). De tal manera, una revoluci贸n parcial, o sea, revoluci贸n pol铆tica, implicaba nada menos que dejar en pie “los pilares del edificio” pero desmantelar todo lo dem谩s. Esta es una concepci贸n de revoluci贸n pol铆tica profunda, pero ni siquiera eso se pudo hacer en Bolivia. Tal vez, no se pod铆a de cualquier forma; pero el referente es fundamental para que, por lo menos, no creamos que hicimos una revoluci贸n pol铆tica completa y profunda cuando en realidad no la hicimos.

La “revoluci贸n” depende de la trama en la que est谩 inserta. Veamos la aplicaci贸n que hace Marx de la conquista de la rep煤blica por presi贸n de los obreros en Francia en 1848: “El 25 de febrero de 1848 hab铆a concedido a Francia la rep煤blica, el 25 de junio le impuso la revoluci贸n y desde junio, la revoluci贸n significaba: subversi贸n de la sociedad burguesa, mientras que antes de febrero hab铆a significado: subversi贸n de la forma de gobierno” (Marx, 1979, p谩g.56). En ese momento de revoluci贸n estrictamente solo se “conquistaba el terreno para luchar por su emancipaci贸n revolucionaria, pero no, ni mucho menos, esta emancipaci贸n misma” (Marx, 1979, p. 38). 

En Bolivia, con ciertos logros de esta parcial revoluci贸n pol铆tica vivida entre 2000 y 2010, al salir del proceso constituyente se hab铆a ido un poco m谩s all谩 de la mera subversi贸n de la forma de gobierno. Ese era el inicio de una revoluci贸n pol铆tica hacia cambios estructurales. Sin embargo, con eso solo conquistamos el terreno para la lucha por una revoluci贸n pol铆tica: se trataba del inicio de una revoluci贸n pol铆tica, y no de su materializaci贸n.

La bisagra emancipativa no era ponernos a discutir si ir o no m谩s all谩 del capitalismo en el corto plazo; m谩s bien, consist铆a en construir poder popular, formas de autogobierno social, movilizar a las masas o, al menos, entender la importancia de que preserven su fuerza aut贸noma, su unidad, su vitalidad, su organizaci贸n y su capacidad de movilizaci贸n, al menos por instinto de supervivencia. Seguir con la iniciativa pol铆tica desde las bases movilizadas de la sociedad y con las transformaciones estructurales hasta que a) nos acerquemos a que el viejo Estado estuviera m谩s o menos “desaparecido” en la medida de las fuerzas sociales existentes para lograrlo, b) siguieran los cambios estructurales profundos y c) se aproxime el momento en que el proceso significara subversi贸n de la sociedad burguesa, colonial y patriarcal y no solo subversi贸n de la forma de gobierno. Pero no se hizo nada de eso. 

Como vemos, no existi贸 ninguna revoluci贸n pol铆tica, aunque s铆 el inicio de una que, al detenerse, hizo imposible avanzar hacia una revoluci贸n social. Insistimos que el inicio de esta revoluci贸n pol铆tica empez贸 r谩pidamente a retroceder desde 2010, y que para 2016 ya no exist铆a en absoluto; solo quedaba una lucha instrumental por el poder. Los grandes dirigentes del Estado preservaron en el imaginario la correlaci贸n de fuerzas de 2010, la apertura del proceso de revoluci贸n pol铆tica parcial y vivieron de ficciones entre 2016 y 2019, pues ya no exist铆a ninguna revoluci贸n a esas alturas, hecho dram谩ticamente demostrado con la soledad de Morales y la orfandad perpleja del n煤cleo de poder.

 Lo anterior seguramente ser谩 visto parcialmente por Atilio Bor贸n como resultado de la “ingratitud masoquista” de las masas, seg煤n su pr贸logo al m谩s reciente libro de Moldis (2020). Sin embargo, hay que reconocer que existen elementos reveladores que aportan estos y otros enfoques que deben ser profundizados, pues nos ayudan a armar un balance urgente y pendiente desde varios 谩ngulos. La base es el reconocimiento hecho por Bor贸n de que “Evo ten铆a la calle y la perdi贸”, pero a su vez que “el proceso de cambio sin masas que salieran a defenderlo” fue consecuencia de la cadena de graves errores que cometi贸 Morales y su n煤cleo de poder, antes que una expresi贸n de la “ingratitud masoquista” de las masas a las que culpamos por lo que pas贸 con el gobierno del MAS en sus 煤ltimos d铆as. El desenlace del 10 de noviembre de 2019, cuando Evo Morales debi贸 renunciar a la presidencia, desnud贸 objetivamente la subestimaci贸n de la movilizaci贸n de las 茅lites y el mal manejo de todos los grandes temas del poder durante a帽os. Por eso el desastre fue monumental. 

Quienes controlaban el aparato de Estado, trataron de equilibrar una pol铆tica que segu铆a teniendo aspectos populares con el beneficio de los sectores de poder de las 茅lites. Nunca pensaron que tales adulaciones y privilegios resultar铆an totalmente ineficaces. En Bolivia, para un proyecto emancipatorio, no se puede suponer lo que no existe. De alguna forma, los gobiernos de Morales tuvieron elementos semibonapartistas (como los de Ovando o Torres de los sesenta y setenta, aunque sin basar su poder en el ej茅rcito), sobre los que Zavaleta sugerentemente plante贸 que “practican una equidistancia pol铆tica (la autonom铆a del aparato estatal no existe en un Estado subdesarrollado) con relaci贸n a las clases” (1987, p. 193). 

Esta equidistancia pol铆tica fue practicada entre 2016 y 2019 creyendo, ins贸litamente, que los salvar铆a. Por eso volcaron sus esfuerzos a adular a las clases medias y a construir un “estatuto de equilibrio y de paz social entre las clases con concesiones paralelas a los sectores subalternos, pero tambi茅n a las clases dominantes” (Zavaleta, 1987, p. 193), a hacer alianzas con la agroindustria y otros sectores de poder econ贸mico. 

Pero en momentos de polarizaci贸n y lucha de clases, este semibonapartismo siempre lleva a todo lo contrario. El tipo de Estado que es el boliviano 鈥搚, en especial, sus 贸rganos de represi贸n鈥 no resisten esa ambig眉edad del poder. Qued贸 claro que tal autonom铆a del aparato estatal y de los 贸rganos de represi贸n no existe en absoluto. Si no est谩n las masas, el Ej茅rcito y/o la Polic铆a ocupando el poder o desplaz谩ndolo, no hay lugar para otra cosa en Bolivia. Si se exacerba la lucha de clases, el Estado 鈥搃ncluso el plurinacional鈥 muestran esa particular caracter铆stica de un Estado aparente. 

Cuando las masas fueron desmovilizadas por el propio MAS, una corresponsabilidad de los funcionarios del Estado y las ambiciones de los dirigentes de los movimientos sociales, el poder fue ocupado gradualmente por el golpe, que en 煤ltima instancia fue definido por el Ej茅rcito, 煤nico n煤cleo real, verificable y duro del Estado en Bolivia. Y esto el MAS no lo vio venir.

Momentos constitutivos, ejes estatales y extrav铆o liberal del MAS

Los Estados y las masas nunca son las mismas en los diferentes pa铆ses; debemos entender sus especificidades. Partamos de sus momentos constitutivos m谩s generales: “Un pueblo (鈥) se remite siempre al momento de su constituci贸n, es decir, de su momento originario (鈥) en ese sentido, todo acto fundacional tiene un requisito de masa. No obstante ello, 驴por qu茅 hay pueblos que fundan su mito en el orden y pueblos que lo fundan en la masa y su autodeterminaci贸n?” (Zavaleta, 1983, p. 114).

Es completamente diferente un pueblo que basa su identidad y origen pol铆tico en pactos, en el orden o en la d谩diva de las clases dominantes y los pueblos que lo basan en la masa y su autodeterminaci贸n. El “pueblo” en Bolivia, las masas subalternas, se han constituido desde y por medio del “maximalismo de masas” desde antes que exista Bolivia, con Katari. Esto explica, en parte, la ca铆da de Morales: las 茅lites se movilizan y las masas populares est谩n paralizadas y desmoralizadas. Por eso la democracia representativa en Bolivia es, por lo general, ineficaz, porque “la democracia representativa, para ser efectiva requiere de un grado de homogeneidad que Bolivia no tiene” (Zavaleta, 1986, p. 20).

驴C贸mo puedes volverte cada vez m谩s liberal en un pa铆s en el que la democracia representativa es ineficaz y no funciona? Esto hizo el MAS. No ten铆a como eje de su forma de gobierno y sostenimiento en el poder la movilizaci贸n de masas, de manera que se volvi贸 una estructura liberal electoralista. Esto ya es conservador, m谩s a煤n si la pol铆tica liberal se practica de la peor forma al insistir en hacer en el refer茅ndum del 21F, perderlo y luego ignorarlo y repostular a Morales con un atajo tomado en las superestructuras pol铆ticas. Esto explica que en 2019 la gente votara por Morales desconfiando de 茅l, y que no saliera a defenderlo en noviembre. Son dos l贸gicas completamente diferentes. Cuando el MAS se volvi贸 casi completamente liberal, aunque con un manejo instrumental del poder, los sectores populares empezaron a desconfiar y sospechar profundamente: “ser铆a ilusorio sin remedio sostener que existe una tradici贸n democr谩tica (en el sentido representativo) entre las masas bolivianas. Todo lo contario, esto aqu铆 no produce sino sospechas” (Zavaleta, 1983, p. 36).

En la antesala, existe un trasfondo profundo y por lo general permanente de la ecuaci贸n social en Bolivia, en la que hay un “predominio taxativo y asediante” de la sociedad sobre el Estado; incluso movilizaciones de las 茅lites pueden ser centrales en este eje, donde el “maximalismo de masas” de los sectores populares puede ser emulado y ser muy efectivas por la inexistencia de poderes reales en el Estado. Esto tampoco lo vio el MAS. 

Pero vamos m谩s profundo en un an谩lisis de la relaci贸n entre la dial茅ctica de clases que se da en Bolivia como resultado del momento constitutivo que implic贸 la Revoluci贸n Nacional de 1952 y, por lo tanto, el tipo de eje o ecuaci贸n que se configur贸 y sus consecuencias hasta hoy. La revoluci贸n del 52 marc贸 la din谩mica de clases que perdura hasta ahora, porque

El resultado de esta liberaci贸n vertical, casi paternalista, de arriba hacia abajo, del proletariado hacia los campesinos, result贸 paradojal. Finalmente, al liberar a los campesinos, los obreros estaban creando las condiciones para que la peque帽a burgues铆a les arrebate la hegemon铆a dentro del poder por que el campesinado cre贸 una fijaci贸n鈥 no con relaci贸n a la clase obrera, que la hab铆a liberado desde el Estado, sino con relaci贸n al aparato del Estado como tal. Los dirigentes campesinos se acostumbraron a tratar de continuo con el aparato del Estado, a no existir independientemente de 茅l鈥l campesino hab铆a hecho un h谩bito de su dependencia del Estado. (Zavaleta. 2011, p. 675) 

Esta inserci贸n del campesinado ind铆gena en el poder durante la revoluci贸n del 52, cre贸 una relaci贸n de dependencia al aparato estatal y denot贸 la dificultad para existir aut贸nomamente, reforzando una costumbre conservadora. En Bolivia, esta caracter铆stica de la “acumulaci贸n en el seno de la clase” hizo al campesinado ind铆gena una cien veces m谩s conservador que en otros pa铆ses. A la vez ciment贸 la posterior neutralizaci贸n, tutelaje, utilizaci贸n, desorganizaci贸n y desmonte de las organizaciones sociales y movimientos de forma instrumental que realiz贸 el MAS cuando lleg贸 al gobierno.

Por eso no era una actitud rom谩ntica ni un detalle secundario preservar la autonom铆a, fuerza y vitalidad de las organizaciones y movimientos sociales frente al propio Estado: era, por el contrario, un problema pol铆tico de primer orden para sostener el poder. Pero la ceguera liberal, pragm谩tica, estatalista y economicista imposibilitaba al MAS para ver este asunto. Cre铆an, por el contrario, que digitando, tutelando e incluso 鈥揺n la 煤ltima 茅poca鈥 prebendando a los movimientos sociales, todo se resolver铆a. 

Suprimieron la verdadera fortaleza del proceso que, en Bolivia, siempre es la masa y su capacidad de movilizaci贸n, y que tiene su fundamento en la relaci贸n masas-mediciones-Estado, es decir, en su ecuaci贸n o tipo de eje estatal, que es de permanente supremac铆a de la sociedad civil frente a un Estado aparente.

El otro componente que se revivi贸 para complementar el adormecimiento de la fuerza de las masas fue la adulaci贸n de las clases medias y el gradual giro hacia la preservaci贸n del poder basado en los pactos con la agroindustria conservadora y fracciones burguesas como la banca. Una de las consecuencias de la revoluci贸n de 1952, al definirse el poder dual a favor de su lado peque帽o burgu茅s, fue la creaci贸n de las condiciones de todo un h谩bito reaccionario.

Al irse vaciando de “lo obrero”, fue cundiendo la concepci贸n conservadora de la clase media como dirigente, una mentalidad que el MAS revivi贸 y potenci贸, contagiando a la militancia de este enfoque que ten铆a en la defensa del Estado y la supremac铆a de las din谩micas y objetivos clasemedieros una de sus aristas m谩s peligrosas cuando, al mismo tiempo, se estaba desmovilizando a las masas explotadas y movimientos subalternos:

Esta concepci贸n (de la clase media como dirigente) ser谩 el punto de partida de toda una mentalidad posterior. Cuando el poder dual se resuelva a favor de su lado peque帽o burgu茅s, los dirigentes de esta clase se sorprender谩n de la actitud de insubordinaci贸n del proletariado. Es un modo de pensar con que se contagi贸 toda la militancia y la defensa del Estado nos parec铆a en aquel momento m谩s importante que la defensa de los sindicatos. (Zavaleta, 2011, p. 671-672)

Los funcionarios y bur贸cratas del MAS les fueron arrebatando la hegemon铆a dentro del poder entre 2010 y 2016, porque el campesinado y los ind铆genas permitieron y viabilizaron el tutelaje y la subordinaci贸n de s铆 mismos frente al Estado sin poder existir independientemente. Todos los sectores subalternos hab铆an hecho un h谩bito conservador de su dependencia al Estado. 

Esto termin贸 de cerrar un impasse hist贸rico entre 2016 y 2019. Zavaleta lo plante贸 en t茅rminos sint茅ticos respecto a los gobiernos de Torres y Ovando, al referirse a la 煤nica medida que garantiza que los gobiernos progresistas no se caigan: “en realidad, los 煤nicos reg铆menes que pueden sobrevivir con 茅xito al poder铆o de la presi贸n imperialista de un pa铆s como EEUU son los que logran movilizar a las masas” (Zavaleta, 2011a, p. 656).

Fueron erosionando y desmoralizando al bloque popular por ese manejo instrumental del poder, tutelando y subordinando a los movimientos sociales en vez de tener a las masas movilizadas como eje de su forma de manejo del poder. Las sospechas del bloque de poder popular frente al MAS se confirmaban d铆a a d铆a al no priorizar la salud, la educaci贸n, el empleo y tender a colocar en primer plano las pol铆ticas de adulaci贸n de las clases medias para que votaran por el MAS. En el n煤cleo de poder del MAS se expandi贸 una mentalidad de clase media como eje de sus acciones, y el campesinado y los ind铆genas ya estaban adormecidos por su h谩bito de la dependencia del Estado. Por todo esto, el 10 de noviembre Morales cay贸 como un castillo de naipes.

—-

Bibliograf铆a

Dussel, E. (2011). Carta a los indignados. M茅xico. La Jornada.

Gramsci, A. (1970). Antolog铆a. Siglo XXI. Espa帽a. 

Marx, K. (1979). Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850. Mosc煤. Progreso. 

Moldis, H. (2020) Golpe de Estado en Bolivia. La soledad de Evo Morales. La Paz. Ocean Sur.

Via帽a, J. (2000) 鈥淒espu茅s de 15 a帽os de neoliberalismo la guerra del agua funda una nueva 茅poca鈥. En: Revista UMBRALES. La Paz. CIDES UMSA

Via帽a, J. (2006). 鈥淎utodeterminaci贸n de las masas y democracia representativa. Crisis estatal y democracia en Bolivia 2000-2006鈥, en Sujetos y formas de la Transformaci贸n Pol铆tica en Bolivia, Ed. Autodeterminaci贸n y Tercera Piel. La Paz- Bolivia. 

Via帽a, J.; Tapia, L.; Rozo, B. y Hoffman, S. (2006a). La reconstrucci贸n de lo p煤blico. Movimiento Social ciudadan铆a y gesti贸n del agua en Cochabamba, La Paz.

Via帽a, J. y Orozco, S. (2007). 鈥淓l cierre de un ciclo y la compleja relaci贸n 鈥榤ovimientos sociales鈥 gobierno en Bolivia鈥. Revista OSAL de CLACSO. No 22. 

Via帽a, J. (2011). 鈥淟a compleja trama de permanente interlocuci贸n/ruptura entre movimientos sociales y el gobierno del MAS en Bolivia 2006-2009鈥. En: Claves para la transici贸n del poder. Cuadernos de futuro No 26. PNUD. La Paz.

Via帽a, J. (2012). 鈥淓stado Plurinacional y nueva fase del proceso boliviano鈥, En Thwaites Rey, M. (edit.) El Estado en Am茅rica Latina: Continuidades y rupturas. CLACSO. Ed. ARCIS, Santiago de Chile. 

Via帽a, J.; Foronda M. y Pruden, H. (2014). Configuraci贸n y Horizontes del Estado Plurinacional. Disputa de proyectos societales y formaci贸n del bloque hist贸rico. CIS- PNUD, La Paz 鈥 Bolivia.

Via帽a, J. (2016). 鈥淟a necesidad del aprendizaje mutuo de los ciclos estatales de las luchas en Latinoam茅rica entre 1998 y 2016鈥, En Ruptura revista de an谩lisis internacional, Latinoam茅rica. Academia diplom谩tica plurinacional de Bolivia.

Via帽a, J. (2017). 鈥淣ecesidad de un balance autocr铆tico, a once a帽os del ciclo estatal鈥. En: Revista Migra帽a No 22. La Paz. Vicepresidencia.

Via帽a, J. (2018). 鈥淓l ciclo estatal boliviano 2010-2018 y la necesidad de una estrategia clasista鈥, en Ouvi帽a, H. y Thwaites Rey, M. (edit.) Estados en disputa. Auge y fractura del ciclo de impugnaci贸n al neoliberalismo en Am茅rica Latina. CLACSO- IEALC, Buenos Aires.

Zavaleta, R. (1990). El Estado en Am茅rica Latina. La Paz. Los Amigos del Libro.

Zavaleta, R. (1983). Las masas en Noviembre. La Paz. Editorial Juventud.

Zavaleta, R. (1995). La ca铆da del MNR y la conjuraci贸n de Noviembre. La Paz. Los amigos del libro. 

Zavaleta, R. (1986). Lo nacional popular en Bolivia. M茅xico. Siglo XXI. 

Zavaleta, R. (1987). El poder dual. La Paz. Los Amigos del libro.

Zavaleta, R. (2011). 鈥淩eflexiones sobre Abril鈥. En Obras completas Tomo I. La Paz. Plural.

Zavaleta, R. (2011a). 鈥淥vando el Bonapartista鈥. En Obras completas Tomo I. La Paz. Plural.

jacobinlat.com




Fuente: Lahaine.org