September 18, 2021
De parte de Memoria Libertaria
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P煤blico/Henrice Mari帽o

S铆mbolo del empoderamiento y la solidaridad, protagonizaron motines y revueltas para defender sus derechos laborales.

  

https://www.publico.es/sociedad/cigarreras-fabrica-tabacos-madrid-ejemplo-sororidad-lucha-obrera.html

Trabajadoras de la F谩brica de Tabacos, en 1936. 鈥 archivoshistoria.comTrabajadoras de la F谩brica de Tabacos, en 1936. 鈥 archivoshistoria.com

Compet铆an las verduleras en bravura con las cigarreras, mujeres de armas tomar del Madrid del XIX, germen del movimiento obrero y sost茅n de tantas casas del barrio de Embajadores (Madrid). En una ciudad por industrializar, el estipendio seguro las convirti贸 en figuras centrales de ese territorio fronterizo con el arrabal, que tom贸 forma en funci贸n de sus necesidades y fue testigo de sus revueltas y motines.

“隆Arriba, ni帽as!”, gritaron en 1885 cuando vieron amenazado su trabajo por la introducci贸n de maquinaria en la Real F谩brica de Tabacos, una protesta de car谩cter ludita que se ven铆a repitiendo desde tiempo atr谩s, pero que en esta ocasi贸n fue duramente reprimida por las autoridades, temerosas de que la rebeli贸n trascendiese las calles de Lavapi茅s y se expandiese por los barrios bajos.

Porque no solo se alzaron ellas, sino tambi茅n sus parejas, familiares y vecinos, lo que pon铆a de manifiesto su destacado papel y su poder de convocatoria. Porque tanto ellos, con trabajos precarios e inestables, como los comerciantes y los caseros depend铆an econ贸micamente de ellas. As铆, defendiendo sus derechos laborales, tambi茅n tejieron una tupida comunidad y sembraron la semilla de la lucha obrera.

“Las cigarreras, capitaneadas por las chulas, que son la galerna de la f谩brica, han estado a punto de producir en Madrid graves conflictos. Su car谩cter altivo, su indomable coraz贸n no tolera f谩cilmente injusticias, y cuando se han cre铆do atropelladas por el jefe de la f谩brica, por el director general de Rentas o por el ministro de Hacienda, han acudido en queja hasta a los mismos reyes”, escrib铆a un a帽o despu茅s Enrique Rodr铆guez-Sol铆s.

Defendiendo sus derechos laborales tambi茅n tejieron una tupida comunidad y sembraron la semilla de la lucha obrera

El periodista y escritor expon铆a su fortaleza en el libro Majas, manolas y chulas: historia, tipos y costumbres de anta帽o y oga帽o: “Y un conflicto en la f谩brica de cigarros es un asunto m谩s grave de lo que parece. Son m谩s de cuatro mil mujeres, que dan un contingente, al menos, de ocho mil hombres, padres, hijos, hermanos, maridos y amantes, de la llamada gente del bronce”.

Y resaltaba, de paso, su car谩cter levantisco, que no se achantaba ante los varones, a quienes otorgaba una posici贸n secundaria: “Hombres a los que si les faltara el valor las mujeres los escupir铆an a la cara; y que para reclamar justicia o pedir satisfacci贸n de un agravio, la cigarrera disputa al hombre el primer lugar, y no hay ninguno, por valiente que sea, que marche delante de una chula cuando esta se anuda bien las puntas del pa帽uelo a la cintura”.

Una resistencia de la que se har铆a eco la prensa. “Las cigarreras de Madrid constituyen un poder ante el cual ceden el estado de sitio la misma guardia civil, la Iglesia y el Gobierno”, pod铆a leerse en 1898 en La Ilustraci贸n Espa帽ola y Americana. “Frente a los nuevos impulsos, nada vale la autoridad de las amas de rancho, de las maestras de taller, de las porteras; con frecuencia, ellas mismas se solidarizan con las obreras a sus 贸rdenes”, escribe Jos茅 P茅rez Vidal en Espa帽a en la historia del tabaco (CSIC).

Organizaci贸n y autoayuda

Desde su apertura en 1809, las mujeres de la F谩brica de Tabacos se organizaron para cubrir las necesidades que no cubr铆an sus empleadores. Desde limpiar los talleres, una tarea que pagaban a escote y encomendaban a las barrenderas, hasta preparar la comida, que tambi茅n encargaban a las guisanderas y a las puchereras. Y, como ten铆an que proveerse de las herramientas para trabajar, recurr铆an a las fiadoras para poder comprarlas.

Una econom铆a circular en torno a las cigarreras, quienes cobraban a destajo, lo que motivaba que se rebelasen cada vez que una circunstancia ajena afectaba a su productividad. Por ejemplo, la mala calidad de la hoja de tabaco, lo que unido a la disminuci贸n de los salarios y al registro de las mujeres a la salida de las instalaciones desemboc贸 en una revuelta que se prolong贸 cinco d铆as durante el primer tercio de siglo, como relata 脕lvaro Par铆s Mart铆n en el art铆culo De la f谩brica al barrio: el mot铆n de las cigarreras madrile帽as en 1830.

Publicado en la revista Espacio, Tiempo y Forma (UNED), el historiador destaca la solidaridad y el empoderamiento: “Las cigarreras no s贸lo fueron excepcionales por conformar la mayor concentraci贸n de mano de obra en Madrid, sino por disponer de un capital social y simb贸lico que les conced铆a un papel protagonista en el vecindario, al tiempo que desplegaban una sociabilidad percibida por ciertos sectores como una subversi贸n de los roles de g茅nero“.

Adem谩s de trabajar, tambi茅n deb铆an ocuparse de la casa y de los ni帽os, por lo que cuando no contaban con ayuda se iban con sus beb茅s a la f谩brica, en cuyo patio les daban de mamar durante la pausa. La soci贸loga Paloma Candela Soto 鈥攁utora de la obra m谩s completa sobre el gremio, Cigarreras madrile帽as: Trabajo y vida, 1888-1927 (Tecnos)鈥 document贸 c贸mo se fueron abriendo, con el paso de los a帽os, una casa de cunas y escuelas infantiles, sufragadas por las trabajadoras, que contar铆an con un asilo.

Frente al modelo de mujer sumisa y complaciente, las cigarreras ejerc铆an un rol dominante sobre los hombres

Candela Soto destaca los mecanismos de autoayuda de estas “trabajadoras militantes”, quienes en 1918 se organizaron en torno a un sindicato nacional. Su presidenta, Eulalia Prieto, escrib铆a a帽os despu茅s: “En cuantas luchas ha sostenido la Federaci贸n [Tabaquera Espa帽ola], se puso de manifiesto c贸mo el factor femenino es algo decisivo y terminante. Mucho hace el n煤mero, en efecto; pero no menos hace la valent铆a, el arrojo de las cigarreras. Este gesto que nos caracteriza tiene un valor inconmensurable”.

Prieto se帽alaba en Uni贸n Tabacalera las causas de su coraje: “Las mujeres estamos en lo general m谩s faltas de libertad que los hombres y al hacer nuestra iniciaci贸n en la lucha sindical saturada de redentores ideales encontraremos lo que nos falta en el orden econ贸mico y moral. La lucha nos ofrece pan y libertad, m谩s amplios horizontes de vida”. De ah铆 que protagonizasen durante el siglo anterior sonadas protestas, lideradas por los escalafones m谩s bajos de la F谩brica, como las pitilleras.

A ese esp铆ritu combativo y solidario habr铆a que sumar su actitud ante los hombres, como subraya Par铆s Mart铆n: “Su gracia, donaire y moral dudosa, as铆 como la cola de cortejos que la esperaban a la salida de la f谩brica, nos remiten a la imagen de una sexualidad activa ante el var贸n. Frente al modelo de mujer sumisa y complaciente, las cigarreras ejerc铆an un rol dominante sobre los hombres, eligiendo pareja y, en muchos casos, manteniendo al var贸n con su trabajo”.

De hecho, seg煤n Candela Soto, el 36,7% de las cigarreras del barrio eran cabeza de familia en 1900, un porcentaje que se increment贸 en la posguerra. Su legado ha sido reivindicado en los 煤ltimos a帽os por los responsables del proyecto cigarrerasdoc, que busca recuperar su memoria, o por el colectivo La Liminal, que durante sus paseos ha rastreado el legado y las huellas que dejaron estas mujeres en el anta帽o barrio de la Inclusa.

  




Fuente: Memorialibertaria.org