August 1, 2021
De parte de Acracia
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Durante la Guerra Civil Espa帽ola, en la zona republicana, especialmente en Catalu帽a, Levante y Arag贸n, tuvo lugar una importante pr谩ctica autogestionaria; puede considerarse uno de los experimentos sociales m谩s importantes del siglo XX.

Las colectividades no tuvieron su origen en el Estado, ni en los partidos pol铆ticos, ni en vanguardia alguna, sino  que fueron producto de la voluntad popular. Tal y como dijo Abad de Santill谩n, los 贸rganos de la CNT o de la FAI no marcaron ninguna directriz, la reactivaci贸n de la industria, de los servicios, de las tierras, fueron obra de una completa espontaneidad en la que se establecieron nuevas bases. En cada lugar de trabajo, se formaron comit茅s administrativos y directivos formados por los trabajadores m谩s capaces y dignos de confianza. A las pocas semanas del inicio del conflicto, exist铆a ya una econom铆a colectivista vigorosa con una regulaci贸n del trabajo y de la producci贸n verdaderamente obrera y campesina. Los medios de producci贸n estaban en manos de los trabajadores.

Puede decirse que, aunque la espontaneidad fuera un factor importante, el 茅xito de las colectividades descansaba en largas tradicionales comunitarias del pueblo espa帽ol. Aunque secundadas en ocasiones por la UGT y otros grupos y personalidades republicanos, fueron la CNT y el movimiento libertario los que aseguraron la creaci贸n de las nuevas formas de organizaci贸n econ贸mica y social. Gaston Leval, autor de una las obras m谩s importantes sobre el tema, Colectividades libertarias en Espa帽a, afirm贸 que los logros del movimiento anarquista no hubieran tenido lugar si no hubieran estado en sinton铆a con la psicolog铆a profunda de, al menos gran parte, de los obreros y campesinos. Otro autor, Daniel Guerin en El anarquismo, dijo que la colectivizaci贸n no tuvo imposici贸n alguna ni derramamiento de sangre; los campesinos y peque帽os propietarios que no quisieron unirse a la obra fueron respetados, aunque luego mucho de ellos se integraron a la colectivizaci贸n al comprobar las ventajas de la misma. Incluso, se respetaron los derechos de las personas que no se integraron y pudieron utilizar algunos de los servicios de las colectividades.

Recordando las propuestas del anarquismo cl谩sico, hay que decir que la estructura de las colectividades no fue homog茅nea; algunas estaban cerca del comunismo (se suele poner el ejemplo de la de Naval, en Huesca), pero la mayor铆a respondieron m谩s al colectivismo. Si en algunas, se aboli贸 la moneda oficial y se crearon bonos equivalentes para el intercambio (m谩s en pueblos de Arag贸n), en otras se sigui贸 empleando aquella (Levante, Catalu帽a y 脟astilla). En cualquier caso, al margen de las diferencias, lo que prevalec铆a en las colectividades eran los valores libertarios: solidaridad, apoyo mutuo e igualdad. Se practicaba la fraternidad en beneficio de la colectividad y cada persona deb铆a contribuir al trabajo en la medida de sus fuerzas.

Las colectividades m谩s ricas ayudaban a las m谩s pobres a trav茅s de una Caja de Compensaci贸n, regional o comarcal, que se encargaba de contabilizar los ingresos de cada obra colectivizada. Estas Cajas, eran administradas por personas nombradas por la asamblea general de delegados de las colectividades. Diversas obras, como las nombradas, recogen los importantes n煤meros de estas Cajas, cuyos fondos se obten铆an con el producto de la venta de los excedentes de las colectividades m谩s pr贸speras. Todos los recursos, utensilios, maquinarias y t茅cnicos, estaban al servicio de las diversas colectividades de cada regi贸n; no exist铆a aislamiento alguno, sino una importante red solidaria que tambi茅n un铆a eficazmente la ciudad y el campo. La obra colectiva y autogestionada, como es l贸gico, no fue completa; gran parte de la econom铆a qued贸 al margen de la obra colectivizadora, aunque hay que decir que en esos casos exist铆a al menos cierto control obrero (en bancos y empresas extranjeras, por ejemplo).

Si hablamos de colectivizaci贸n agraria, la misma tuvo su centro en Arag贸n y Levante; en menor medida, en Catalu帽a. En Caspe, el 14 y 15 de febrero se constituy贸 la Federaci贸n de Colectividades de Arag贸n. Puede hablarse de un 40% de poblaci贸n rural que formaba parte de las colectividades. Las m谩s numerosas y s贸lidas, en cuanto a solidez de su sistema, fueron las de la regi贸n valenciana. En Castilla, se formaron unas 300 colectividades. Puede hablarse de un gran 茅xito en la autogesti贸n agraria si nos atenemos a los n煤meros: las cosechas experimentaron un aumento del 30 al 50%. El r茅gimen colectivista agrario era m谩s integral e intenso que en el caso de las colectivizaciones urbanas e industriales, seguramente por la intervenci贸n del sindicato en estos 煤ltimos casos; en el caso agrario, hubo una mayor independencia y hab铆a cabida para todos lo que quisieran integrarse.

En el caso de las colectivizaciones industriales y de servicios, su foco principal lo tuvieron en Catalu帽a, aunque hubo tambi茅n en otras zonas del pa铆s. La f谩bricas de m谩s de 100 obreros fueron socializadas y las de m谩s de 50 tambi茅n pod铆a hacerse, si as铆 lo ped铆an tres cuartas partes de la plantilla. En Catalu帽a, la obra colectivizadora abarc贸, adem谩s de la agricultura, los sectores m谩s importantes de la industria y los servicios; hay que destacar la notable industria dirigida a la guerra, cuya producci贸n era la menos diez veces mayor que en el resto de la Espa帽a republicana.

Desgraciadamente, las colectividades despertaron desde el principio el recelo de un gran sector del bando republicano, desde los partidos burgueses hasta el socialista. La mayor hostilidad la tuvieron los comunistas, que dirigieron sus esfuerzos a desprestigiarlas y a tratar de anularlas. Uribe, el ministro de agricultura, boicote贸 desde el Gobierno la actividad colectivizadora; as铆, el decreto que las legaliz贸, con el objeto de quitar a los sindicatos el control, tuvo su origen en esta persona. En marzo de 1937, grupos de carabineros y guardias de asalto, bien elegidos, iniciaron desde Murcia y Alicante una marcha hacia el norte para apoderarse de Cullera y Alfara y, desde esa posici贸n estrat茅gica, iniciar una represi贸n contras las colectividades. Seg煤n Gaston Leval, todo indica que la operaci贸n fue montada por el socialista Indalecio Prieto, ministro de la Guerra, que se pon铆a de acuerdo con los comunistas si se trataba de combatir a los anarquistas.

El 10 de agosto de 1937, fue abolido el Consejo de Arag贸n, que era uno de los baluartes independientes del movimiento anarquista. Poco despu茅s, el general L铆ster, al frente de la 11 divisi贸n, arrasar铆a el 30% de las colectividades de Arag贸n deteniendo a los miembros m谩s destacados de las colectividades. En el caso de la autogesti贸n industrial en Catalu帽a, el gobierno central neg贸 sistem谩ticamente toda clase de ayuda. El gobierno central, de Negr铆n y los comunistas, public贸 el 22 de agosto de 1937 un decreto que anulaba aquel otro de octubre de 1936 que favorec铆a las colectivizaciones. La guerra finalmente se perder铆a, pero antes, el movimiento autogestionario, alentado en gran medida por los anarquistas, perdi贸 muchas otras batallas por parte de los que se supon铆a eran sus aliados contra el fascismo.

Capi Vidal

Bibliograf铆a


Daniel Guerin, El anarquismo (Editorial Altamira, Buenos Aires 1975)

Gaston Leval, Colectividades libertarias en Espa帽a (Editorial Aguilera, Madrid 1977)

Heleno Sa帽a, Sindicalismo y autogesti贸n (G. del Toro Editor, Madrid 1977)




Fuente: Acracia.org