April 10, 2022
De parte de Nodo50
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Las socias aseguran que esta opci贸n de consumo de energ铆a permite optar por un modelo de gesti贸n transparente, sostenible y coherente con los principios ecofeministas.

Ilustraci贸n Se帽ora Milton.

驴Tienes a mano un recibo de la luz? F铆jate en 茅l. En el anverso, puedes ver detallados algunos conceptos: el importe del consumo realizado, la cuota por otros servicios, el total que hay que pagar. En el reverso, aparecen otros datos, como la potencia contratada en kilovatios, o los impuestos que se aplican. Tambi茅n pueden observarse las estad铆sticas de consumo en relaci贸n con los meses anteriores, o los n煤meros de contacto con la empresa comercializadora.

Pero la informaci贸n que no se puede leer en la factura contiene otros datos fundamentales.

Datos como el de que en el Estado espa帽ol, la generaci贸n, distribuci贸n y comercializaci贸n de energ铆a est谩 concentrada en un pu帽ado de grandes empresas que forman parte del Ibex35, como Repsol, Iberdrola o Endesa. Varias de estas empresas se cuentan entre las m谩s contaminantes del Estado y mantienen v铆nculos estrechos con el poder pol铆tico a trav茅s de las 鈥榩uertas giratorias鈥, un sistema que promueve que exaltos cargos del Gobierno se inserten en sus consejos directivos. Adem谩s, algunas de ellas se han convertido en multinacionales vinculadas a proyectos que han atentado contra los derechos de comunidades rurales e ind铆genas en diversos pa铆ses, seg煤n denuncian organizaciones como Ecologistas en Acci贸n o el Observatorio de Multinacionales en Am茅rica Latina.

Frente a esta letra peque帽a, invisible en los recibos, pero con consecuencias graves para personas y medio ambiente, en los 煤ltimos a帽os se han constituido cooperativas energ茅ticas como una f贸rmula m谩s transparente y sostenible de comercializar y generar energ铆a. Estas cooperativas comparten una visi贸n com煤n: solo comercializan energ铆a procedente de fuentes renovables (hidr谩ulica, e贸lica o fotovoltaica, entre otras) y entienden el acceso a la energ铆a como un derecho, y no solo como un bien mercantil. Adem谩s, forman y empoderan a las usuarias en otras formas de participaci贸n y decisi贸n sobre la energ铆a que consumen.

Energ铆a 100% renovable

Seg煤n un informe publicado por Red El茅ctrica de Espa帽a en junio de 2020, en el Estado espa帽ol el 61 por ciento de la energ铆a que se genera proviene de fuentes no renovables, como el carb贸n, el petr贸leo o la energ铆a nuclear, que producen contaminaci贸n y provocan graves riesgos medioambientales, como el almacenamiento de residuos.

La intenci贸n del Gobierno, expresada en su Plan Nacional Integrado de Energ铆a y Clima (PNIEC), es poner en marcha un plan de transici贸n energ茅tica, que haga pasar a un modelo cien por cien basado en fuentes de energ铆a renovables para el a帽o 2050.

Las cooperativas ya se han adelantado a esta meta y comercializan a sus socias energ铆a que procede 煤nicamente de fuentes renovables. Lo hacen a trav茅s de un certificado que la Comisi贸n Nacional de los Mercados y la Competencia otorga a los productores, y garantiza que el origen de esta energ铆a es renovable, explica Yaiza Blanch G贸rriz, t茅cnica de participaci贸n de la cooperativa Som Energia, que cuenta con m谩s de 66.000 socias y cerca de 120.000 contratos de luz.

Blanch asegura que la cooperativa prioriza adquirir la energ铆a de peque帽os productores distribuidos en el territorio, y despu茅s obtiene la restante a trav茅s de representantes en el mercado el茅ctrico. Adem谩s, generan un 4,25 por ciento de la energ铆a que comercializan, en su mayor铆a gracias a plantas fotovoltaicas en Catalunya, Valencia, Sevilla y C贸rdoba, adem谩s de una planta de biog谩s en Lleida y una central hidr谩ulica en Valladolid.

鈥淟as cooperativas energ茅ticas son indispensables, porque son necesarios otros referentes que lideren de forma real una transici贸n energ茅tica transformadora. Las empresas del oligopolio, a trav茅s del greenwashing, se apropian de este cambio pero sin renunciar, por ejemplo, al modelo energ茅tico f贸sil-nuclear. Y lo hacen siguiendo una l贸gica de mercado lucrativa. Har谩n lo que deban hacer para no perder cuota de mercado, no porque su misi贸n sea velar o comprometerse de manera radical con un mundo m谩s sostenible鈥, expresa Blanch.

La energ铆a como derecho

Frente a este modelo, Som Energia se define como una cooperativa sin 谩nimo de lucro. Sin embargo, Blanch reconoce que 鈥渆xiste una tensi贸n entre el hecho de que las cooperativas comercializan un producto que, si se considera como un derecho fundamental, deber铆a garantizarse de manera p煤blica sin entrar en una l贸gica de mercado, sea la que sea鈥. Garantizar la energ铆a como un derecho evitar铆a que las compa帽铆as cometan 鈥渂arbaridades鈥 como, por ejemplo, 鈥渆l corte de suministros a personas vulnerables鈥 que no pueden pagar las facturas, expresa Rosario Alcantarilla, socia de la cooperativa Megara Energ铆a, que cuenta con unas 400 integrantes en Soria y Huelva.

Las situaciones de pobreza energ茅tica afectan a entre 3,5 y 8,1 millones de personas en el Estado espa帽ol, pero inciden especialmente en las mujeres, debido a la brecha salarial y a que enfrentan con mayor frecuencia situaciones de precariedad laboral, tal y como reconoce el Gobierno en su Estrategia Nacional contra la Pobreza Energ茅tica 2019-2024.

鈥淣os lo hemos currado鈥

Una de las respuestas estatales frente a la pobreza energ茅tica es ofrecer descuentos en el importe de las facturas a trav茅s del bono social. Sin embargo, Alcantarilla matiza que solo las grandes el茅ctricas pueden ofrecer el bono social, pero no las cooperativas. 鈥淓sto garantiza un n煤mero de abonados a las grandes el茅ctricas, que se aseguran de que el consumo de las poblaciones vulnerables va a ir hacia ellas鈥, explica la cooperativista. Pese a las limitaciones, las cooperativas se esfuerzan por responder a estos casos, ya sea trabajando de manera conjunta con los ayuntamientos para atender situaciones de pobreza energ茅tica, derivando a familias en riesgo de exclusi贸n a los servicios sociales o flexibilizando el pago de las facturas, entre otras acciones.

Contra los abusos

Los abusos de las grandes compa帽铆as el茅ctricas no se limitan al corte de suministros. Tambi茅n incluyen, entre otras, las modificaciones en las condiciones de los contratos no pactadas con sus clientas, o la manipulaci贸n por parte de teleoperadoras para intentar vender las tarifas m谩s caras, como advirti贸 en 2018 la Comisi贸n Nacional de los Mercados y la Competencia. A estas malas pr谩cticas se a帽aden los proyectos que emprenden en diferentes pa铆ses, especialmente en Am茅rica Latina, y cuyas consecuencias provocan graves impactos medioambientales e incluso vulneraci贸n de los derechos humanos. 鈥淟as grandes el茅ctricas distinguen entre las consumidoras espa帽olas, a quienes ofrecen determinados valores, y otras poblaciones no protegidas por la legislaci贸n europea o los medios internacionales, que sufren consecuencias muy duras, como la criminalizaci贸n de defensores y defensoras del medio ambiente en Centroam茅rica, el desplazamiento forzado de comunidades o riesgos para la poblaci贸n como el envenenamiento de cursos de agua鈥, describe Olatz Azurza Zubizarreta, socia voluntaria y cofundadora de la cooperativa energ茅tica vasca GoiEner, con m谩s de 12.000 socias y 15.394 usuarias de energ铆a.

Rosario Alcantarilla asegura adem谩s que la presencia de las grandes el茅ctricas espa帽olas en muchos pa铆ses latinoamericanos est谩 鈥渄estrozando ecosistemas鈥 y causando graves da帽os a las formas de vida y territorios de las comunidades ind铆genas locales.

En contraste, estas cooperativas proponen un modelo de generaci贸n y comercializaci贸n de energ铆a transparente y 茅tico, que est茅 apegado al desarrollo del territorio local, y especialmente centrado en las 谩reas rurales, amenazadas por la despoblaci贸n. 鈥淟a mayor parte de la producci贸n de energ铆a se da en zonas rurales, que es donde se ubican las instalaciones de renovables. Sin embargo, los grandes focos de consumo son urbanos. Por eso queremos visibilizar y equilibrar esta realidad鈥, expresa Alcantarilla.

La socia de Megara Energ铆a explica que, para las grandes el茅ctricas, las clientas que residen en peque帽os municipios no resultan tan rentables, por lo que las compa帽铆as comienzan a descuidar el mantenimiento de las l铆neas de distribuci贸n, se producen cortes intermitentes en el suministro, subidas y bajadas de tensi贸n鈥 鈥淓n lugar de garantizar el acceso a la energ铆a en los pueblos, est谩n ofreciendo un servicio de segunda鈥, afirma.

De consumir a participar

Contratar la electricidad con una cooperativa no solo permite a las usuarias saber de d贸nde viene la energ铆a que consumen o d贸nde est谩 operando la empresa y bajo qu茅 condiciones. Tambi茅n hace posible participar en decisiones que afectan a las tarifas o a la inversi贸n de los beneficios que se generan. 鈥淯na cooperativa como Som Energia tiene en cuenta la dimensi贸n ciudadana, de las personas socias consumidoras, que participamos y reclamamos una rendici贸n de cuentas. Las socias pueden contratar la luz, pero tambi茅n participar de las compras colectivas de placas fotovoltaicas, hacer aportaciones al capital social voluntario o tener derecho a voz y voto en la toma de decisiones鈥, expresa Yaiza Blanch.

Para Olatz Azurza, la principal diferencia es que las cooperativas hacen que las socias sean 鈥減art铆cipes y protagonistas鈥 del sector el茅ctrico. 鈥淧artimos de un rol exclusivamente de consumidor, para ir a un rol de participaci贸n. Este rol nos da protagonismo, la posibilidad de vernos como sujetas activas dentro del sector, algo que hasta ahora no suced铆a. Supone un empoderamiento, un salto cualitativo: de estar aisladas o en manos de un sector r铆gido y poco permeable, a poder tomar decisiones que no solo afectan a mi factura, sino a la evoluci贸n de todo el sector鈥, apunta una de las fundadoras de GoiEner.

Rosario Alcantarilla se帽ala adem谩s un sentido de comunidad dentro de las cooperativas. 鈥淪abes que cuentas con personas que comparten una visi贸n del mundo contigo, que no te tratan como a una clienta, que les preocupa la persona detr谩s del contrato, adem谩s de hacer un uso eficiente y saber de d贸nde proviene la energ铆a que consumen鈥, cita.

Hacia un modelo ecofeminista

La meta de las cooperativas energ茅ticas no se limita a ampliar el n煤mero de contratos o producir m谩s energ铆a para abastecer a un porcentaje m谩s elevado de socias. Buscan proponer un modelo alternativo que entronca con las reivindicaciones de los movimientos ecofeministas.

鈥淓l ecofeminismo ampl铆a la idea de que la explotaci贸n y la opresi贸n que capitalismo y patriarcado ejercen sobre las mujeres, tambi茅n se ejercen sobre el planeta tierra, con din谩micas de expolio, despilfarro de recursos, dependencias energ茅ticas y conflictos geopol铆ticos. La transici贸n energ茅tica es uno de los puntales del movimiento ecologista que pone atenci贸n o freno a estas l贸gicas de colapso y crisis mundial por el cambio clim谩tico鈥, dice Yaiza Blanch, quien apuesta por una transici贸n energ茅tica que integre demandas desde los feminismos. 鈥淟a transici贸n energ茅tica transformadora pretende un cambio de paradigma: supone una reestructuraci贸n de poder y privilegios, una profunda reflexi贸n sobre la relaci贸n entre energ铆a y derechos humanos, un protagonismo clave de la ciudadan铆a organizada, estructuras y procesos para la profundizaci贸n de la democracia, y una mirada centrada en el mantenimiento de la vida y del planeta鈥, a帽ade.

Olatz Azurza coincide con Blanch. 鈥淓l objetivo es lograr una transici贸n energ茅tica, y el modo de hacerlo es desde una perspectiva ecofeminista, que tenga en el centro la vida y todas las interdependencias. Si queremos que la transici贸n d茅 como resultado una econom铆a m谩s transversal y feminista, nuestro papel es protagonizarla鈥, expresa.

Para Rosario Alcantarilla, por su parte, las cooperativas suponen un paso m谩s en el camino hacia la soberan铆a energ茅tica, es decir, en el derecho de personas, pueblos y comunidades a decidir sobre c贸mo generan, distribuyen y consumen energ铆a. La integrante de Megara cree que este reclamo se entrelaza con otras luchas internacionales por la soberan铆a alimentaria o el derecho a la salud, y cree que la participaci贸n de m谩s mujeres en estas cooperativas 鈥渁porta visiones multidisciplinares, y no solo t茅cnicas鈥.

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Fuente: Pikaramagazine.com