December 31, 2021
De parte de Nodo50
154 puntos de vista


1.

La tradici贸n izquierdista siempre se ha caracterizado por un cuestionamiento interno de sus estrategias y objetivos intermedios (los ideales 煤ltimos son sagrados e irrenunciables). Sus controversias han sido motivo de enfrentamientos y escisiones a lo largo de la historia (reforma o revoluci贸n, internacionalismo o socialismo en un solo pa铆s, frente popular o ruptura entre socialistas y comunistas, la URSS o China o China o Albania, renta b谩sica o empleo garantizado, socioliberalismo o estatismo, izquierdismo o populismo, pol铆tica institucional o protesta callejera, etc., etc., etc.). 

Las peleas internas se recrudecen cuando las cosas no van bien, como sucede ahora. No me refiero solo a los resultados electorales (que, en cualquier caso, no son buenos: en Europa la socialdemocracia obtiene la mitad del voto del que lograba hace unas d茅cadas y la izquierda alternativa no consigue llenar el hueco), sino, sobre todo, a la desorientaci贸n estrat茅gica. Proliferan explicaciones y propuestas de todo tipo sobre los problemas que aquejan a los partidos izquierdistas.

Dentro de esas explicaciones, hay un conjunto de ellas que tienen un aire de familia, a pesar de que sean bastante distintas entre s铆. Procedo mediante enumeraci贸n. Para algunos, la izquierda no ha sabido combatir el neoliberalismo y se ha dejado absorber por las 茅lites globalizadoras y financieras. Para otros, la izquierda se ha equivocado en su pol铆tica de alianzas con minor铆as nacionales, 茅tnicas o culturales, lo que le ha llevado a abandonar su universalismo. Est谩n tambi茅n quienes piensan que el problema radica en el abandono de la clase trabajadora: la izquierda se ha vuelto elitista, ya no entiende ni razona como lo hacen los obreros. Y se encuentran por 煤ltimo los que creen que el problema de fondo procede del posmodernismo y los estudios culturales estadounidenses: el relativismo (cuya semilla se sembr贸 en Mayo del 68) ha hundido a la izquierda. 

Para ganar, la izquierda ha de ser internacionalista, racionalista y obrerista y, por supuesto, materialista. Debe olvidar las disputas ideol贸gicas y hablar de salarios, explotaci贸n y reparto de la riqueza

En todos estos diagn贸sticos hay, de forma m谩s o menos expl铆cita, una apelaci贸n a una pureza que en alg煤n momento se perdi贸. Cabe, de hecho, encontrar un denominador com煤n en todos esos diagn贸sticos: se trata de la tesis de que, para ganar, la izquierda ha de ser internacionalista, racionalista y obrerista (los ingredientes se pueden mezclar en dosis muy variables) y, por supuesto, materialista, es decir, debe olvidar las disputas ideol贸gicas e identitarias, que casi se han convertido en teol贸gicas, y hablar de salarios, explotaci贸n y reparto de la riqueza. Si la izquierda recupera esas ra铆ces profundas, que llegan hasta la Ilustraci贸n, podr谩 reconectarse con la sociedad, es decir, con la clase trabajadora, que hoy vacila y se deja tentar por los neofascismos, las fuerzas xen贸fobas y los partidos conservadores.

La tesis viene a decir que es preciso retroceder en el tiempo, hacer tabla rasa de los cambios que se produjeron a finales de la d茅cada de los sesenta y resucitar la defensa de los intereses de los trabajadores, hablando un lenguaje que conecte con las preocupaciones de la gente. En la pr谩ctica, esta tesis puede derivar incluso hacia posiciones que sus cr铆ticos llaman 鈥渞ojipardas鈥: en la asunci贸n de la cultura obrera, pueden llegar a entenderse o disculparse los brotes xen贸fobos (el llamado 鈥渃hovinismo del bienestar鈥) o la intolerancia con el diferente. Por supuesto, quienes se dan por aludidos con la etiqueta de 鈥渞ojipardos鈥 acusan a sus rivales de elitistas, neoliberales y posmodernos, de vivir en una burbuja y de pontificar desde una superioridad moral.

2.

No voy a entrar a dar razones a favor o en contra de estas posiciones. M谩s bien, me gustar铆a mostrar, sin recurrir a presupuestos ideol贸gicos de ning煤n tipo, que estas pol茅micas no atienden suficientemente a la realidad social, movi茅ndose en un plano demasiado ideol贸gico. Para desatascar el juego de oposiciones al que me he referido, conviene repasar lo que sabemos sobre los cambios sociales que se han producido en estas 煤ltimas d茅cadas. Desde una mirada m谩s sociol贸gica es posible descubrir las limitaciones de estas guerras culturales en el interior de la izquierda.

Llama la atenci贸n que en los conflictos ideol贸gicos a los que me he referido se preste tan poca atenci贸n a los cambios culturales y axiol贸gicos que se han producido en los pa铆ses avanzados desde finales de los a帽os sesenta del siglo pasado. El pionero en el estudio del cambio cultural, Ronald Inglehart, recientemente fallecido, mostr贸 ya en su primer libro, The Silent Revolution (1977), que hab铆a una creciente divisi贸n generacional entre quienes sufrieron las duras condiciones de la postguerra y la nueva generaci贸n que ya tuvo ocasi贸n de disfrutar del bienestar que trajeron los 鈥渢reinta gloriosos鈥. Mientras la generaci贸n mayor estaba preocupada por asuntos materiales (un salario digno, una vivienda, bienes de consumo b谩sicos), la generaci贸n siguiente, teniendo ya satisfechas esas necesidades b谩sicas, comenz贸 a preocuparse por otros asuntos (el rechazo a la guerra, la cr铆tica a la sociedad de consumo, la b煤squeda de la realizaci贸n personal, la liberaci贸n de la mujer, la libertad sexual, el medioambiente) que Inglehart llam贸, gen茅ricamente, 鈥渧alores post-materialistas鈥 y, luego, 鈥渧alores auto-expresivos鈥. Las personas post-materialistas dan gran importancia a las libertades individuales, a la elecci贸n de estilos de vida, a las identidades en definitiva. En cierto modo, las grandes movilizaciones de los j贸venes a finales de los sesenta y principios de los setenta fueron una afirmaci贸n de valores postmaterialistas que no tuvieron una traducci贸n pol铆tica (no encontraron la playa debajo de los adoquines) pero ensancharon considerablemente los m谩rgenes de libertad personal con respecto a las sociedades industriales.

Ese cambio generacional ha continuado desde entonces y ha producido una tensi贸n cada vez mayor entre grupos con valores materialistas y post-materialistas. Las consecuencias est谩n a la vista. En la izquierda han cobrado gran importancia temas como los derechos civiles, la ecolog铆a o el feminismo que no ten铆an tanto protagonismo antiguamente. No todo el mundo, sin embargo, comparte esas prioridades, con lo que surgen tensiones a veces irresolubles. Una forma de entender esta transformaci贸n de la pol铆tica consiste en considerar que, adem谩s de la l铆nea de ruptura cl谩sica en materia econ贸mica entre posiciones m谩s intervencionistas y redistributivas y posiciones m谩s liberales y menos estatistas, se ha impuesto una segunda l铆nea que tiene que ver con la oposici贸n entre cosmopolitismo y nacionalismo, entre VAL (verde-alternativo-liberal) y TAN (tradicional-autoritario-nacional), o entre ganadores y perdedores de la globalizaci贸n.

La defensa de la identidad nacional frente al cosmopolitismo globalista explicar铆a la transici贸n de una parte de la clase trabajadora a la extrema derecha

Un ejemplo servir谩 para ilustrar la tesis general. En el refer茅ndum del brexit, el Partido Laborista estaba roto en dos. Por un lado, clase trabajadora tradicional, de edad m谩s avanzada, que a帽ora los tiempos de la sociedad industrial, imbuida de un fuerte nacionalismo ingl茅s, recelosa de la globalizaci贸n y el supranacionalismo, y muy preocupada por la inmigraci贸n, que percibe como una amenaza no s贸lo econ贸mica, sino tambi茅n cultural, capaz de disolver los valores tradicionales de la sociedad; y, por otro, profesionales, estudiantes, j贸venes formados e integrados en la econom铆a global, ecologistas, pro-diversidad, preocupados por las minor铆as 茅tnicas y, por supuesto, europe铆stas. La dificultad principal del Partido Laborista consiste en forjar una coalici贸n que englobe a votantes progresistas tanto materialistas (y anti-europe铆stas) como post-materialistas (y europe铆stas). Lo han intentado con diversos l铆deres despu茅s del final de la 茅poca Blair (Ed Miliband, Jeremy Corbyn, Keir Starmer ahora), con perfiles bastante diferentes, pero ninguno ha funcionado como se esperaba.

Los cambios culturales han tenido consecuencias a primera vista desconcertantes. Por ejemplo, el efecto de la educaci贸n sobre las posiciones ideol贸gicas se ha invertido con respecto a lo que suced铆a en las primeras d茅cadas de la postguerra. As铆, antiguamente, un nivel educativo alto era una se帽al bastante inequ铆voca de liberalismo o conservadurismo, mientras que las personas con menor educaci贸n optaban por la izquierda. Desde hace alg煤n tiempo ya no s贸lo no sucede eso, sino que se ha invertido la relaci贸n y, de hecho, los votantes m谩s educados (y en algunos casos de mayores ingresos) optan por partidos verdes o por partidos de nueva izquierda. En Espa帽a, sin ir m谩s lejos, el votante con mayor cualificaci贸n educativa se encuentra en Podemos.

En los pa铆ses europeos, el grupo m谩s s贸lido de izquierdas es el formado por los llamados 鈥減rofesionales socio-culturales鈥 (gente que trabaja en el sector de la cultura, el periodismo, la educaci贸n, la sanidad o los cuidados). En cambio, la clase trabajadora, que en la 茅poca dorada apoyaba casi monol铆ticamente a los partidos socialdem贸cratas o comunistas, ahora presenta fisuras importantes. Segmentos importantes de dicha clase han abandonado sus lealtades tradicionales y votan a los partidos xen贸fobos de la derecha radical. Se han proporcionado diversas explicaciones sobre este comportamiento, muchas de las cuales tienen que ver precisamente con esa segunda dimensi贸n o eje de conflicto al que antes hac铆a referencia entre cosmopolitismo y nacionalismo: la defensa de la identidad nacional frente al cosmopolitismo globalista explicar铆a la transici贸n de una parte de la clase trabajadora a la extrema derecha.

Las mayores tensiones se detectan en los pa铆ses con bipartidismo. Al haber un solo partido progresista, la heterogeneidad es enorme y la coalici贸n entre distintos grupos parece precaria. El Partido Dem贸crata en Estados Unidos es una extra帽a amalgama que re煤ne a profesionales bien formados de las dos costas, minor铆as 茅tnicas y una parte de la clase trabajadora tradicional. Cu谩nto tiempo pueda mantenerse esa coalici贸n es una inc贸gnita. En los pa铆ses con multipartidismo resulta posible una mayor especializaci贸n en los nichos electorales. En los 煤ltimos tiempos, los partidos verdes han crecido notablemente y re煤nen a la gente joven mejor formada y con valores m谩s rotundamente post-materialistas, frente a los partidos socialdem贸cratas tradicionales que conservan una mayor cultura materialista.

Con ciertas variaciones, algunas de estas tendencias son visibles en Espa帽a. Antes me he referido de pasada al caso de Podemos, con una base fuertemente 鈥減ost-materialista鈥. El PSOE sigue tirando de las clases trabajadoras menos cualificadas. En Vox no hay un apoyo amplio de la clase trabajadora; con todo, esta pesa algo m谩s en el voto global del partido que en el caso del PP, lo cual deber铆a ser motivo de preocupaci贸n. Este voto es resultado tanto del nacionalismo espa帽ol que enarbola Vox frente al independentismo catal谩n (que incluye desde los toros hasta el chulet贸n) como de actitudes anti-inmigraci贸n.

3.

La fragmentaci贸n de la izquierda es consecuencia de transformaciones sociales y culturales muy profundas. No se va a resolver mediante diagn贸sticos simplistas ni hay soluciones milagrosas esperando a la vuelta de la esquina. Desde luego, las apelaciones al pasado son una causa perdida. La gloriosa clase trabajadora no va a volver, aunque se rompan los v铆nculos con minor铆as 茅tnicas y culturales. Y el conflicto cultural entre generaciones y sectores productivos no se va a evaporar por decreto. El problema no est谩 en la diversidad, ni en los nacionalismos, ni en el posmodernismo. Hoy resulta extremadamente dif铆cil encontrar el pegamento que mantenga unidas a las viejas clases trabajadoras, a los j贸venes cualificados postmaterialistas, a los profesionales cosmopolitas y a las minor铆as desfavorecidas. La izquierda significa cosas muy diferentes en sus diferentes grupos de apoyo. De ah铆 la virulencia con la que se desarrollan las guerras culturales en el seno de la izquierda; pero tambi茅n su futilidad.




Fuente: Ctxt.es