December 4, 2020
De parte de La Haine
228 puntos de vista

Dicen que las matronas son las que de verdad desempe帽an la profesi贸n m谩s antigua del mundo. El oficio va ligado a nuestra especie. Desde que los seres humanos caminan a dos patas, las mujeres necesitaron ayuda para parir, y tambi茅n desde que se tiene constancia fueron mujeres las encargadas de ello. Mujeres que se formaron para realizar este oficio de forma profesional, que no depend铆an de sus maridos para ganarse la vida, ni de otros hombres para hacer su trabajo. La importancia que adquirieron durante los primeros a帽os del siglo XX se vio truncada por el franquismo. Asesinadas, encarceladas y apartadas de su profesi贸n, las matronas fueron uno de los colectivos que m谩s sufri贸 las depuraciones.

El 14 de abril de 1931, en el diario ABC de Madrid, destacan al menos cinco anuncios en la secci贸n de 鈥淰arios鈥. Todos ofrecen el servicio de consultas de embarazo y partos. Y en todos aparecen los nombres de mujeres, las profesionales que garantizan una 鈥渃onsulta reservada鈥. Dos atienden en el centro de la ciudad.

A Mar铆a Dolores Ruiz-Berd煤n, matrona y profesora de Historia de la ciencia, le gusta imaginar la vida posible de Rosa Mora o de Mar铆a Mateos. Ser铆an matronas colegiadas, habr铆an terminado sus estudios universitarios recientemente y acababan de abrir sus consultas en el Madrid m谩s popular. Desde all铆 escuchar铆an los gritos y vivas a la Rep煤blica que llenaban ese mismo d铆a la cercana Puerta del Sol. Quiz谩 estuvieron entre el gent铆o celebrando la esperanza. Y tal vez comprobaron durante los siguientes a帽os c贸mo las mujeres adquir铆an derechos por los que luchaban desde hac铆a mucho tiempo: el sufragio femenino, el divorcio, las oportunidades laborales, el acceso a la universidad鈥 respecto a su trabajo, una profesionalizaci贸n que parec铆a imparable, la posibilidad de avanzar en m茅todos de anticoncepci贸n o una propuesta de ley del aborto. No sabemos si Rosa o Mar铆a sobrevivieron a la guerra. Ni si fueron depuradas, como muchas de sus compa帽eras, por los golpistas. A partir de 1936, apenas hay anuncios de matronas en los diarios de Madrid ni en los de ninguna ciudad espa帽ola. El silencio y el miedo lleg贸 tambi茅n a estas mujeres que, desde el origen del hombre, ayudaron a dar paso a la vida y que, sin saberlo, eligieron una profesi贸n de riesgo.

Una profesi贸n femenina y con muchas feministas

Pocos grupos profesionales femeninos han sido tan importantes como el de las matronas y el 煤nico dentro de los sanitarios en el que las mujeres, durante largo tiempo, han tenido absoluta hegemon铆a. En Espa帽a, ni siquiera el dominio de los varones en las profesiones sanitarias logr贸 terminar con su prestigio. Fueron las primeras en tener un t铆tulo universitario (una carrera de dos a帽os solo para mujeres) y muy pronto decidieron colegiarse. En junio de 1895, se constituyo虂 el primer colegio, el de Profesoras Titulares en Partos de Madrid, cuyo objetivo era aunar esfuerzos y conseguir mejoras laborales. De esta forma se convirti贸 en el colectivo exclusivamente femenino con mayor nivel de estudios a finales de los a帽os 30 del siglo XX. Se trataba de mujeres muy formadas, con frecuencia defensoras de la igualdad femenina dentro de una profesi贸n amenaza por el patriarcado.

Muchas de ellas eran activistas, intelectuales que firmaron algunos de los art铆culos m谩s comprometidos con el feminismo de la prensa de la 茅poca, como este fragmento publicado en El Socialista el 20 de junio de 1931 por la matrona 脕urea Rubio Villanueva: 鈥溌uie虂n duda que la capacidad femenina puede igualarse a la del hombre! Lo que ocurre es que siempre se atendio虂 a la instruccio虂n masculina, descuidando lamentablemente la cultura de la mujer; y asi虂 esta falta de preparacio虂n nos dio ma虂s mujeres sin voluntad y criterio propios, sin discernimiento para todo lo que no fueran las 鈥榣abores propias de su sexo鈥. El triunfo de la mujer es problema de cultura, pero no so虂lo en las clases medias y acomodadas, sino en la clase obrera, en las escuelas, desde pequen虄itas. El di虂a que no haya una mujer analfabeta sera虂 el de su liberacio虂n, porque ello la pondra虂 en condiciones de conocer sus deberes y derechos鈥.

Este colectivo femenino y casi siempre feminista fue uno de los objetivos a depurar por el r茅gimen franquista. Muchas de ellas fueron asesinadas durante la guerra. Otras encarceladas o apartadas de su profesi贸n durante los a帽os posteriores.

Visibilizar a estas mujeres an贸nimas ha sido uno de los objetivos del trabajo realizado por Alberto Gomis y Dolores Ruiz-Berdu虂n, ambos profesores de Historia de la ciencia en la Universidad de Alcal谩, titulado Compromiso social y g茅nero: La historia de las matronas en Espa帽a en la Segunda Rep煤blica, la Guerra Civil y la autarqu铆a (1931-1955). Para los autores, 鈥渓a violencia poli虂tica ejercida sobre las mujeres ha sido durante mucho tiempo la gran asignatura pendiente en los estudios sobre las v铆ctimas de la guerra civil y de la represio虂n en la posguerra鈥.

El inter茅s por estudiar a este colectivo profesional vino motivado por sus singularidades: se trata del colectivo femenino con mayor nivel de estudios a finales de los a帽os 30, un grupo muy comprometido con causas pol铆ticas y con una formaci贸n y nivel de independencia inusual entre las mujeres de la 茅poca.

鈥淣o ha sido una tarea sencilla llevar a cabo esta investigaci贸n 鈥揹icen los investigadores鈥 exist铆an impedimentos diversos como la ausencia de fuentes, la imposibilidad de acceder a los archivos militares, la menor participacio虂n nume虂rica de las mujeres en la Guerra Civil鈥, pero tambie虂n una especie de inercia, heredada de tantos an虄os de franquismo, de relegar a las mujeres sistema虂ticamente a un plano secundario鈥.

Los estudios m谩s recientes permiten afirmar que las mujeres fueron objeto de una represi贸n espec铆fica que, aunque cuantitativamente fue inferior a la de los hombres, no lo fue cualitativamente, ya que fueron castigadas por su doble condici贸n de rojas y mujeres. Hasta hace pocos a帽os, se las consideraba v铆ctimas pasivas. Se cre铆a que la mayor铆a fueron represaliadas por los lazos de parentesco que manten铆an con los hombres republicanos, no por sus propias ideas. Los franquistas, empe帽ados en defender un modelo de mujer sumisa y hogare帽a, no pod铆an tener en cuenta la actividad profesional femenina y, ni mucho menos, considerar que pudieran tener ideas pol铆ticas. Por eso las acusaciones m谩s frecuentes contra las mujeres son las de inducir a los hombres a cometer delitos, o de 鈥渞esponsabilidad subsidiaria鈥, es decir, eran detenidas, juzgadas y condenadas en sustituci贸n de los hombres, por ser esposas, madres o hijas de dirigentes republicanos.

Sin embargo, hoy sabemos que muchas mujeres fueron represaliadas por la profesi贸n que ejerc铆an. El caso m谩s conocido es el de las maestras, mujeres que se formaron para ense帽ar durante los a帽os de la Rep煤blica siguiendo el impulso renovador de la Instituci贸n Libre de Ense帽anza. Eran consideradas muy peligrosas porque podr铆an influir en los ni帽os y adoctrinar en ideales contrarios al nacional catolicismo. Tambi茅n fueron depuradas las funcionarias de prisiones, las funcionarias de correos y las periodistas que ejercieron su profesi贸n durante la Rep煤blica. El papel de mujer inductora del mal, de esas 鈥渞ojas鈥 y por tanto depravadas, se opon铆a al arquetipo de madre y 鈥溍gel del hogar鈥 que defend铆an los golpistas de forma insistente: 鈥淓l ni帽o mirar谩 al mundo, la ni帽a mirar谩 al hogar鈥, resum铆a uno de los aparatos propagand铆sticos de la rama femenina de Falange Espa帽ola, la revista Consigna dirigida por Pilar Primo de Rivera.

V铆ctimas 鈥渁ctivas鈥

Las matronas tuvieron una condici贸n especial. Para Lola Ruiz Berd煤n, 鈥渘o fueron v铆ctimas pasivas de la Guerra Civil, no se las juzg贸 por ser 鈥榤ujer de鈥; al r茅gimen franquista no le gustaba ese grupo de mujeres trabajadoras que defend铆an sus derechos frente a los de los m茅dicos, todos varones鈥.

Adem谩s, las matronas fueron muy activas intelectualmente: 鈥淧articipaban en Ateneos Libertarios, algunas eran anarquistas, daban m铆tines鈥︹. Y, para colmo, se ocupaban de lo m谩s 铆ntimo de las mujeres, del derecho a elegir tener o no un hijo, de los problemas de salud relacionados con la reproducci贸n, con la salud sexual鈥 Su influencia sobre las mujeres 鈥減od铆a constituir un riesgo para la moralidad de la poblaci贸n鈥, una amenaza para esa nueva Espa帽a patriarcal y sumisa.

Sesi贸n inaugural del I Congreso Nacional de Matronas en mayo de 1929. 鈥 Fuente: La Uni贸n Ilustrada.

Muchas matronas se afiliaron a un partido o un sindicato. 鈥淓s cierto 鈥揳firma Alberto Gomis鈥 que al tomar posesio虂n de una plaza o para entrar a trabajar en algunos destinos se exigi虂a un carnet sindical, pero algunas pareci虂an estar realmente involucradas en los movimientos poli虂ticos izquierdistas, m谩s incluso que las propias maestras鈥. Algunas, como Soledad Ruiz Hernando se formaron durante la guerra en las escuelas de cuadros del Partido Comunistas, otras se involucraron en las revueltas anarquistas que se generalizaron durante la II Repu虂blica, como lo demuestra la detenci贸n el 30 de mayo de 1933 de la matrona Antonia Ora虂n Cuello por la Brigada de Investigacio虂n Social acusada de tenencia de explosivos.

Sospechosas de conocer la intimidad

La de las matronas era entonces una profesi贸n exclusivamente femenina, con colegios profesionales reconocidos, lo que les permiti贸 participar en espacios sociales y de decisi贸n tradicionalmente reservados a los hombres. Aunque su principal labor consist铆a en asistir los partos y ayudar durante el puerperio, era conocido por todos que tambi茅n ten铆an los conocimientos suficientes para practicar abortos o ense帽ar m茅todos anticonceptivos. De hecho, el gobierno franquista conoc铆a su implicaci贸n en las medidas de control de la natalidad, por lo que recelaron de este colectivo desde el primer momento.

La propuesta de Federica Montseny sobre la legalizaci贸n del aborto no lleg贸 a extenderse en toda Espa帽a (solo se llevo a cabo en Barcelona) y terminada la guerra, se public贸 la Ley, de 24 de enero de 1941, para la proteccio虂n de la natalidad contra el aborto y la propaganda anticoncepcionista (Boleti虂n Oficial del Estado, 2 de febrero de 1941, pa虂gs. 768-770). All铆 se disponi虂a que 鈥渆l me虂dico, matrona, practicante, o cualquier otra persona en posesio虂n de un ti虂tulo sanitario, que causare el aborto o cooperare a e虂l, seri虂a castigado con multa de 2.500 a 50.000 pesetas e inhabilitaci贸n para el ejercicio de la profesio虂n de diez a veinte an虄os鈥. La prohibici贸n evidencia que las pr谩cticas abortivas y de control de la natalidad no eran infrecuentes y para llevarlas a cabo sin peligro se requer铆a del trabajo de las matronas.

A esta capacidad para cometer grav铆simos pecados, se un铆a la posibilidad de conocer secretos inconfesables de las familias. De todas las familias, tambi茅n de las afines al r茅gimen. Su trabajo se realizaba casi siempre en el domicilio de las parturientas, y all铆 eran testigos de su vida privada. Aunque en el c贸digo deontol贸gico de las matronas figuraba la discreci贸n absoluta, las sospechas sobre sus posibles filtraciones fueran constantes y, en muchos casos, motivo de acusaci贸n y condena.

Documento de identidad de refugiada en Francia de Cinta Font Margalef. 鈥 Fuente: archivo de Artur Blad茅 i Font.

Este fue el caso de Isabel Herna虂ndez Aguilar, acusada de provocar la detenci贸n de algunas personas de ideologi虂a derechista a las que habi虂a visto 鈥渆scuchar las Radios Nacionales鈥 en sus casas mientras ejerci虂a su profesio虂n. Durante el juicio no se aclar贸 si habi虂a hab铆a tenido intencio虂n de denunciar o si tan solo se trato虂 de una indiscreci贸n al comentarlo en su casa, pero fue condenada a seis an虄os y un di虂a de prisio虂n mayor.

Su papel en las c谩rceles

Las matronas aumentaron su prestigio y su formaci贸n durante la Rep煤blica. Encontramos muchos anuncios ofreciendo su trabajo en la prensa local y se ocuparon de promover el Seguro de Maternidad que permit铆a a las mujeres trabajadoras disfrutar del derecho de asistencia en los partos. Fueron, adem谩s, uno de los colectivos que accedi贸 al funcionariado de prisiones gracias a las reformas llevadas a cabo por Victoria Kent durante su breve mandato (desde el 18 de abril de 1931, hasta el 4 de junio de 1932). Estas reformas pretendieron humanizar y modernizar el sistema penitenciario espan虄ol. Se asumieron medidas tan necesarias como aumentar la raci贸n de comida o prohibir las cadenas y grilletes. Pero su reforma m谩s significativa tuvo que ver con la voluntad de conseguir una rehabilitaci贸n social de las presas. Para ello, decidi贸 ampliar el n煤mero de funcionarias en las c谩rceles femeninas. Para acceder al nuevo cuerpo 鈥渢endri虂an preferencia aquellas que presentasen algu虂n ti虂tulo facultativo o acreditasen el conocimiento de algu虂n oficio de especial aplicacio虂n a las actividades de la mujer鈥. Muchas de las elegidas fueron matronas. Y muchas fueron depuradas a帽os m谩s tarde por los franquistas, aunque su labor en los centros penitenciarios fuera de un valor extraordinario.

As铆 le ocurri贸 a Catalina Mayoral. Consigui贸 un puesto en la nueva c谩rcel de mujeres de ventas, en Madrid, un edificio con dormitorios soleados e instalaciones modernas. El d铆a del traslado de las reclusas al nuevo penal qued贸 recogido en varios peri贸dicos de Madrid: 鈥淎quella larga fila de mujeres, con sus hatillos miserables en las manos, con sus hijos pequen虄os en brazos, daban la sensacio虂n desgarradora de una huida en masa, bajo el azote de una calamidad鈥, describe el periodista Juan Ferragut en Mundo Gra虂fico el 11 de octubre de 1933. Nada m谩s realizarse el traslado, una de las reclusas se puso de parto, y la matrona encargada de asistirla fue Catalina Mayoral. Los periodistas aguardaron para poder fotografiar al beb茅 y a la matrona que asisti贸 el parto.

Sabemos que Catalina Mayoral estaba afiliada por entonces al Partido Comunista y que Dolores Ib谩rruri, la Pasionaria, tuvo una estrecha relaci贸n con ella. Seg煤n los testigos en el juicio, era 鈥渟u mano derecha鈥. Su juicio est谩 lleno de irregularidades, y se llegaron a dictar tres sentencias diferentes. Se la acusaba de pertenecer al Partido Comunista; de haber ocupado puestos de responsabilidad durante la guerra, como el de inspectora de los Dispensarios de salud infantil de Madrid y Castilla La Mancha, donde, dec铆an, habi虂a espiado a los profesionales sanitarios de derechas; se le reprochaba haber sido amiga de Jes煤s Hern谩ndez, ministro de Sanidad y Educaci贸n durante los mandatos de Negr铆n y Largo Caballero. 鈥淗asta 19 personas testificaron en su contra, en un despliegue inusitado de testigos que demostrasen su culpabilidad鈥, confirma Dolores Ruiz Berd煤n. Sin embargo, el marido de una prisionera de derechas llamada Matilde Pompey declaro虂 a su favor asegurando que Catalina Mayoral habi虂a donado 500 gramos de su propia sangre a su mujer, tras la hemorragia que sufrio虂 esta durante el parto en prisio虂n. Este hecho le evit贸 la pena de muerte, pero no 12 a帽os de prisi贸n.

Catalina fue juzgada junto a otras tres matronas. Purificacio虂n de la Aldea fue una de ellas, acusada de haber sido funcionaria en la c谩rcel de ventas 鈥渄urante la dominaci贸n roja鈥. Dijeron de ella que hab铆a sido muy dura con las presas que estaban a su cargo. Tambi茅n se la acus贸 de estar afiliada al Partido Comunista, de pertenecer a 鈥渓os amigos de la Unio虂n Sovie虂tica鈥 y de usar pistola, una de los cargos ma虂s graves. Su condena fue de 20 a帽os. Volvi贸 a ser detenida en 1958 por su trabajo en la resistencia clandestina contra la dictadura.

Los primeros 鈥減aseos鈥

Las depuraciones contra colectivos peligrosos para la Espa帽a nacional cat贸lica comenzaron en la Guerra Civil. Durante esta etapa denominada de 鈥渢error caliente鈥 se ejecutaron a varias matronas. En muchas de las listas de los 鈥減aseos鈥 resulta significativo que las 煤nicas mujeres que figuran sean matronas. Es el caso de Constantina Alcoceba Chicharro, comadrona municipal en Soria, la u虂nica mujer de un total de 53 asesinados en la ciudad durante los primeros meses de la guerra. Era una buena oradora, 鈥渓a militante ma虂s destacada de la CNT soriana鈥 y habi虂a participado en diversos actos de propaganda anarcosindicalista durante la primavera y verano de 1936. Al poco de comenzar la guerra, fue detenida en Soria y encarcelada. Aunque en su certificado de defuncio虂n consta que fallecio虂 en el Hospital Provincial el 18 de noviembre de 1936, los testimonios orales aseguran que fue asesinada en la ca虂rcel.

Otras dos matronas, al menos, fueron fusiladas por el eje虂rcito sublevado en la provincia de Co虂rdoba: Mari虂a de la Luz Va虂zquez Molina y Concepcio虂n Ca虂ceres Jurado. Concepcio虂n Ca虂ceres Jurado, matrona de Puente Genil, apodada 鈥渓a pasionaria de Puente Genil鈥 fue acusada de ser socialista, y la condenaron a muerte. Dec铆an, adem谩s, que hab铆a bordado la bandera con la que desfil贸 el Gremio de Alban虄iles el di虂a del Trabajo. Dec铆an, y as铆 consta en la denuncia, que ella misma desfil贸 por todo el pueblo vestida u虂nicamente con una bandera tricolor para celebrar el advenimiento de la II Repu虂blica.

Despu茅s de la guerra

Los tribunales militares franquistas establecieron en la jurisprudencia entre 1936 y 1943 que, todos aquellos que se hubieran opuesto al 鈥淎lzamiento鈥 con las armas, eran culpables del delito de Rebelio虂n Militar y los que, habie虂ndose opuesto, no las hubieran empleado, de los delitos de Adhesio虂n a la Rebelio虂n, Auxilio a la Rebelio虂n, Induccio虂n a la Rebelio虂n, o Apologi虂a de la Rebelio虂n. Seg煤n esta redacci贸n, la mayor铆a de los espa帽oles de la llamada zona roja eran susceptibles de ser acusados de alguno de estos delitos.

Se produjo entonces lo que Serrano Su虂n虄er definio虂 como 鈥渓a justicia al reve虂s鈥: la lealtad a la Repu虂blica, el Gobierno leg铆timo, se convirtio虂 en rebelio虂n militar. Los militares sublevados teni虂an la conviccio虂n de que, desde el momento de su alzamiento, adquirieron de derecho el poder legi虂timo, por tanto, todos los que se opusieran a ese movimiento eran rebeldes. La depuraci贸n franquista estaba en marcha. A partir de esta investigaci贸n, se han descubierto decenas de casos de matronas condenadas o encarceladas y, en el mejor de los casos, inhabilitadas para volver a ejercer su profesi贸n. Pero siguen apareciendo nuevos nombres. La lista es, sin duda, mucho m谩s larga.

Este colectivo profesional presenta una complicaci贸n adicional a la hora de la b煤squeda de fuentes. 鈥淓l personal sanitario no fue depurado por un solo organismo, sino que cada centro sanitario llevo虂 a cabo sus propios procesos de depuraci贸n, lo cual hace muy dif铆cil completar un estudio global de lo que paso虂 con este tipo de profesionales鈥, afirman los autores de la investigaci贸n.

La depuracio虂n poli虂tica de los centros sanitarios se realizo虂 con relativa rapidez para que siguiesen funcionando con normalidad en el menor plazo de tiempo posible. 鈥淵 aqui虂, en la depuracio虂n de las matronas, es donde vuelve a aparecer un sesgo de ge虂nero, que muestra claramente el espi虂ritu de tutela que pensaba utilizar el franquismo con las mujeres espan虄olas. Mientras que cada colegio profesional dispon铆a de tribunal depurador afi虂n al franquismo, la depuracio虂n de los colegios de matronas se encomend贸虂 a los colegios de m茅dicos (todos varones) de cada provincia鈥, confirman los autores.

En las actas de acusacio虂n de los juicios contra matronas se puede observar el intere虂s de los tribunales en acumular muchas evidencias en contra de las encausadas. 鈥淎parece la declaracio虂n de numerosos testigos y entre los cargos casi siempre figuraba la afinidad izquierdista, normalmente demostrada por la afiliacio虂n sindical, lo cual era un tanto absurdo teniendo en cuenta que la afiliacio虂n se convirtio虂 en un requisito imprescindible para poder continuar trabajando durante la Guerra Civil鈥, aclara Gomis.

Eran muchos los canales que permit铆an instruir diligencias previas contra personas de conductas 鈥渞eprobables鈥. Se admit铆a la denuncia directa de alguien que casi siempre ten铆a alg煤n tipo de inter茅s personal. Muchas veces se trataba de rencillas profesionales, y se ha constatado que las matronas fueron en gran medida v铆ctimas de problemas de rivalidad. De hecho, hay muchas denuncias de practicantes, hombres que las ver铆an como posibles competidoras.

Matronas, masonas y ateas

Merece la pena destacar un grupo de matronas juzgadas por el Tribunal Especial para la Represio虂n de la Masoneri虂a y el Comunismo. Las logias maso虂nicas admitieron muy pocas mujeres, pero sabemos que varias de ellas fueron matronas. Entre ellas se encontraba Amparo Valor Herna虂ndez, que tras superar numerosos obsta虂culos consiguio虂 ser miembro de las logias 鈥淒emocracia鈥 y 鈥淩uiz Zorrilla鈥 de Barcelona, y en ellas desempe帽贸 el cargo de 鈥淥radora鈥. Fue precisamente su ti虂tulo de matrona el que le abrio虂 las puertas de las logias. En el informe previo que se pidio虂 para su admisio虂n en la logia 鈥淒emocracia鈥 en el apartado de 鈥淚lustracio虂n鈥 se puede leer: 鈥淪iendo su profesio虂n comadrona con ti虂tulo, tiene una cultura superior a la generalidad de las mujeres en Espan虄a, siendo apta para perfeccionar su ilustracio虂n鈥. Amparo, que habi虂a fundado el Patronato Social de Puericultura, Maternologi虂a y Proteccio虂n a la Mujer Embarazada en 1931, fue condenada por un delito consumado de masoneri虂a el 14 de octubre de 1941. La sentencia fue de 12 an虄os y un di虂a de reclusio虂n menor y de inhabilitacio虂n absoluta perpetua.

Ficha informativa de la logia Democracia sobre Amparo Soler. 鈥 Fotograf铆a cedida por Mar铆a Dolores Ruiz-Berd煤n y Alberto Gomis.

Junto a la pertenencia a la Masoneri虂a o al Partido Comunista, los delitos contra la religio虂n fueron considerados especialmente graves. Muchas de estas denuncias se basaban en rumores, en conversaciones escuchadas en el 谩mbito privado de las casas donde desempe帽aba su trabajo. As铆, en el juicio de Paula Encinas, se asume la declaraci贸n de un testigo que dice que demostraba su antirreligiosidad durante su actividad laboral 鈥渃riticando en las casas que asisti虂a por su profesio虂n de comadrona, cualquier signo o manifestacio虂n de espi虂ritu religioso en las parturientas鈥.

La investigaci贸n sobre estas mujeres a煤n no est谩 concluida. Los autores siguen buscando v铆ctimas y contin煤an intentando contactar con sus familiares. Pero muchos de ellos ni siquiera conocen la historia de sus parientes. Fueron pioneras, y el fascismo las conden贸 al anonimato. Aunque ochenta a帽os de silencio impuesto no han impedido que sus voces vuelvan a sonar, todav铆a quedan muchas historias por descubrir y contar.

Gracias a Mar铆a Dolores Ruiz-Berd煤n y a Alberto Gomis por el material aportado. Y por su tiempo.

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Fotograf铆a destacada: Un paritorio instalado en la maternidad improvisada en Villalgordo del J煤car para embarazadas evacuadas. 鈥 Fotograf铆a cedida por Mar铆a Dolores Ruiz-Berd煤n y Alberto Gomis.

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Fuente: Lahaine.org