June 5, 2021
De parte de Amor Y Rabia
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Si antes eran exageradas, las restricciones covid constituyen ahora un sinsentido y deben levantarse de inmediato

por Juan Manuel Blanco

18 de mayo de 2021

La humanidad ha sufrido muchas pandemias; pero ninguna como la presente. Y no por la gravedad, sino por la singular manera de afrontarla. Desde la desaparici贸n del tel贸n de acero, Europa no hab铆a contemplado semejantes trabas a la circulaci贸n, incluso dentro de un mismo pa铆s. Ni el mundo tal supresi贸n de derechos y libertades. En algunos lugares, como Australia, llegaron a amenazar con penas de c谩rcel a los ciudadanos que regresaran a su propio pa铆s.

El presente desatino comenz贸 de forma improvisada con la aplicaci贸n de unas ideas novedosas, ins贸litas, impulsadas por grupos de expertos que se帽alaron la eliminaci贸n del virus como objetivo primordial. Al precio que fuera. Si anta帽o preocupaban los enfermos, el foco se desplaz贸 r谩pidamente al n煤mero de 鈥減ositivos鈥, fueran asintom谩ticos o no, algo desconcertante pues el riesgo de muerte por covid de una persona de edad avanzada es mil veces superior al de una persona joven y sana. Pero la m铆stica del PCR condujo a sumar ambos casos por igual, sin un tratamiento diferencial.

Pocas cosas poseen tanto hechizo como las malas ideas. Librarnos definitivamente del virus parece un plan atractivo, tentador. Pero en la pr谩ctica desemboca en una perpetua b煤squeda de un ilusorio El Dorado, en una coartada para mantener indefinidamente las restricciones. Porque el virus ha venido para quedarse. Mucho m谩s eficiente es adaptarse a 茅l, vacunar con especial empe帽o a los vulnerables, crear suficiente inmunidad para que la enfermedad constituya un riesgo limitado, como muchas otras. Sin embargo, la perspectiva de eliminar los virus de la faz de la Tierra causaba ya furor en ciertos colectivos.

EL FRUSTRANTE CAMINO A LA ERRADICACI脫N

Los intentos de erradicar g茅rmenes causantes de enfermedades comenzaron en los a帽os 50 del siglo XX, resultando todos infructuosos. Pero en 1980 tuvo lugar un 茅xito inesperado, el 煤nico hasta hoy: la erradicaci贸n del virus de la viruela. El director de la campa帽a, Donald Henderson, explic贸 que el virus reun铆a todas las condiciones favorables: no pose铆a reservorios animales, la enfermedad cursa siempre con s铆ntomas perfectamente identificables, sin necesidad de pruebas, y exist铆a una vacuna transportable sin refrigeraci贸n al lugar m谩s rec贸ndito, que garantizaba una inmunidad al 100% de por vida (obs茅rvese que el SAR-COV-2 no posee ninguna de estas cualidades).

Henderson declar贸 que no ve铆a en el horizonte ning煤n otro germen susceptible de erradicaci贸n, que consideraba m谩s razonable minimizar los da帽os de las enfermedades pues cualquier estrategia demasiado agresiva podr铆a 鈥渃omprometer los derechos humanos鈥. Hab铆a dado en el clavo: no es razonable intentar eliminar un virus si los da帽os causados a la sociedad van a ser superiores a los beneficios; mucho menos si la probabilidad de 茅xito es casi nula. Tambi茅n advirti贸 que aceptar acr铆ticamente modelos matem谩ticos que no consideran los efectos adversos de las intervenciones p煤blicas, 鈥減odr铆a transformar una epidemia perfectamente manejable en un desastre nacional鈥. Henderson falleci贸 en 2016 sin poder comprobar que sus temores estaban muy bien fundados.

Mientras tanto, el 茅xito de la viruela hab铆a desencadenado una fiebre del oro, un hervidero de expertos buscando su propia mina, proponiendo a la OMS un sinf铆n de g茅rmenes como objetivo. Eliminar microorganismos se convirti贸 en una obsesi贸n, sin considerar los costes econ贸micos, sociales o pol铆ticos que podr铆a generar cada intento. Quiz谩 el atractivo de pasar a la historia como salvador de la humanidad se hab铆a tornado irresistible.

UN CULTO ULTRAPURITANO

La gran mentira de esta pandemia ha sido pregonar que los confinamientos, las exageradas restricciones y el objetivo de suprimir el virus estaban avalados por la ciencia, algo absurdo porque la ciencia no puede se帽alar las mejores pol铆ticas, ni establecer los fines, mucho menos sustituir a los ciudadanos en su toma de decisiones a trav茅s del sistema democr谩tico. Aunque algunos expertos esgrimieron la autoridad de la ciencia, la propuesta no era m谩s que su opini贸n personal.

Result贸 f谩cil convencer a ciertos colectivos beneficiados por las restricciones. Y tambi茅n vender la idea a una sociedad bastante infantilizada, con pocos principios s贸lidos, que detesta cualquier riesgo, busca la seguridad antes que la libertad y acepta dif铆cilmente la enfermedad y la muerte.

Un recurso clave fue la difusi贸n del miedo, pero tambi茅n la construcci贸n de un relato coherente con el imaginario del mundo actual, que conectase con las carencias de la gente y encajase en los mitos predominantes. Detr谩s de la fachada cient铆fica, los ap贸stoles del 鈥渃ovid cero鈥 predicaron sutilmente una especie de doctrina ultrapuritana, que enlaza muy bien con ciertas corrientes actuales. Y tambi茅n un relato de Apocalipsis, cuya principal clave no es tanto el cataclismo, la penitencia, como 鈥渆l d铆a despu茅s鈥, el luminoso amanecer de la 鈥渘ueva normalidad鈥 donde 鈥渟aldremos m谩s fuertes鈥, aun con menos pertenencias, en un mundo m谩s sostenible, m谩s ordenado.

Muchas de las medidas adoptadas, y gran parte de las reacciones de la masa, parecen incoherentes, contradictorias, porque la percepci贸n del riesgo ha adquirido un fuerte componente moral. Escandaliza ver j贸venes celebrando el fin del toque de queda, aun cuando se trata de una actividad de bajo riesgo, pues se realiza al aire libre por un colectivo poco vulnerable. Pero pocos se rasgar铆an las vestiduras porque alguien ayudase a su anciana vecina a subir la pesada compra, aunque este acto implicaba un riesgo infinitamente superior. Parec铆a importar menos el peligro objetivo que la bondad o maldad percibida de cada acci贸n. El virus se contagia exactamente igual a cualquier hora, pero las actividades nocturnas escandalizaban mucho m谩s, quiz谩 por considerarse m谩s l煤dicas y pecaminosas.

Este nuevo ultrapuritanismo celebr贸 la desaparici贸n de los viajes, y su impura huella de carbono, la limitaci贸n del turismo, quiz谩 una frivolidad, y la exaltaci贸n de ciertos s铆mbolos, como la mascarilla al aire libre, que m谩s parecen ritos de una nueva creencia que medidas de precauci贸n. Convivimos con infinidad de virus y bacterias, potencialmente peligrosos, pero el SARS-COV-2 no parece un virus m谩s, sino una encarnaci贸n de la impureza; la limpieza obsesiva, su ritual de abluciones.

RECUPERAR LA DEMOCRACIA

Hay que deso铆r y rechazar con energ铆a los cantos de sirena de quienes, por motivos diversos, van pregonando el Armaged贸n para mantener indefinidamente las medidas restrictivas. Una vez vacunados pr谩cticamente todos los vulnerables, tal como ocurre en Europa, EEUU y otros pa铆ses, la letalidad decae dr谩sticamente hasta equipararse a la de otros g茅rmenes que conviven cotidianamente con nosotros. Si antes eran exageradas, las restricciones covid constituyen ahora un sinsentido y deben levantarse de inmediato, dejando las necesarias precauciones a la acci贸n voluntaria y responsable de los ciudadanos.

Si algo ha demostrado este cataclismo es que la libertad y los derechos fundamentales no est谩n garantizados en Occidente. Porque la democracia, el Estado de derecho, no se fundamentan tanto en leyes escritas como en convenciones, en normas y principios no escritos compartidos de manera generalizada. En su ausencia, las constituciones se convierten en papel mojado. Tambi茅n requieren una poblaci贸n consciente de sus derechos, con coraje y valent铆a para comprender que el ejercicio de la libertad implica asumir inevitables riesgos.

Las convenciones que sosten铆an nuestros derechos y libertades han saltado por los aires a la primera arremetida del p谩nico y no resultar谩 f谩cil recomponerlas. Porque, aprovechando el temor de la poblaci贸n, las autoridades han rebasado ampliamente los l铆mites que el sistema democr谩tico establece para evitar que el poder se ejerza de manera tir谩nica o desp贸tica. Se ha creado un grav铆simo precedente, una peligrosa deriva que solo una actitud consciente, valiente y decidida de los ciudadanos podr铆a enderezar.




Fuente: Noticiasayr.blogspot.com