April 18, 2021
De parte de ANRed
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En el d茅cimo aniversario de la irrupci贸n de la guerra de Siria, los periodistas que nos la han contado ponen voz y perspectiva a la que ha sido la gran cobertura internacional de los 煤ltimos a帽os. Por El Salto


Un grupo de hombres se re煤ne alrededor de la mesa de un restaurante en Barcelona. Beben vino, comen y hablan con nostalgia de su pa铆s. La escena tiene algo de at谩vico, parece salida de una de aquellas pel铆culas en blanco y negro en las que los protagonistas llenan de humo tabernas s贸rdidas, entregados al recuerdo de lo que fue y ya no es. Todos ellos son sirios. De Homs, de Alepo o de Damasco, incluso de la zona costera de Latakia, pero hace muchos a帽os que no pisan ninguno de estos lugares. Se marcharon de all铆 durante los a帽os ochenta y noventa, cuando el gobierno de Hafez Al-Assad parec铆a inquebrantable.

Son ingenieros, empresarios, m茅dicos. Profesiones bien remuneradas que les han permitido alejarse de la vida que llevan sus antiguos compa帽eros de colegio, devorados por las din谩micas criminales de una guerra que hace una d茅cada que dura. Hablan en un tono que oscila entre la indignaci贸n y la nostalgia, a veces beligerantes, otras resignados, pol茅micos siempre. Expresan una visi贸n, la suya, que ni es verdad ni es mentira. Siria es un terreno de grises que se entrelazan entre s铆. Tras preguntarles c贸mo se ha contado el conflicto en la prensa, su respuesta es contundente: 鈥渓a gente no ha entendido nada鈥.

El planteamiento de Pablo Sapaj, Doctor en Ciencias de la Informaci贸n por la Universidad Complutense de Madrid, sigue una l铆nea similar. 鈥淟os medios no han estado a la altura鈥, explica mientras enumera los motivos por los que cree que ha sido as铆: ausencia de contexto, abuso de t贸picos, tendencia a la simplificaci贸n y falta de recursos econ贸micos necesarios para realizar una cobertura de calidad. Pero, por encima de todo esto, hay una causa menos evidente: 鈥淪iria no ha sabido explicarse a ella misma. En cierta manera recuerda a los Balcanes, una regi贸n que siempre se ha dicho que produce m谩s historia de la que sus habitantes son capaces de asimilar鈥.

Charles De Gaulle lo dejaba entrever cuando, direcci贸n al L铆bano, dec铆a ir 鈥渁l Oriente complejo con ideas simples鈥. Si siempre ha sido dif铆cil entender Siria, la situaci贸n se ha agravado desde la irrupci贸n de la guerra en 2011. Hablar de la historia reciente del pa铆s de los omeyas es hablar de conspiraciones, relatos fragmentados, frases a medio terminar y polarizaci贸n, un concepto que adquiere a煤n m谩s fuerza en un contexto b茅lico.

M谩s que un tr谩mite administrativo

Paso fronterizo de Masnaa, entre el L铆bano y Siria, invierno de 1970. Un joven Tom谩s Alcoverro, a煤n lejos de convertirse en el veterano corresponsal de La Vanguardia para Oriente Medio, pasa horas delante de una estufa medio rota. El fr铆o es terrible, tanto, que un funcionario del gobierno se apiada de 茅l invit谩ndolo a un te. Hafez Al-Assad, padre del actual presidente, acaba de hacerse con el poder despu茅s de perpetrar un golpe de estado contra la 茅lite gobernante y m谩s izquierdista de su propiopartido, el Baaz. Alcoverro quiere entrar a Siria para presenciar c贸mo se est谩n produciendo los cambios. Tras una noche en blanco, no lo consigue. 鈥淪iempre ha sido muy dif铆cil hacerte con un visado para entrar en Siria鈥, explica hoy desde Beirut.

Cuarenta a帽os despu茅s, en 2011, la situaci贸n de los periodistas no hab铆a cambiado apenas. Las denominadas Primaveras 脕rabes sacud铆an todo Oriente Medio. En T煤nez y Egipto, Ben Al铆 y Hosni Mubarak se hab铆an visto obligados a dimitir. La Libia de Gadafi se tambaleaba. En Siria, en una ciudad situada a cien kil贸metros del sur de Damasco, un grupo de adolescentes fueron represaliados por un graffiti donde pod铆a leerse 鈥渢u turno, doctor鈥, en alusi贸n a Bashar Al-Assad, oftalm贸logo de carrera. Las protestas se extendieron por todo el pa铆s, contradiciendo as铆 el criterio de los muchos analistas que cre铆an imposible ver a S铆ria afectada por la ola de indignaci贸n que recorr铆a el mundo 谩rabe. La eclosi贸n econ贸mica de aquellos a帽os y la llegada del turismo internacional lo hac铆a poco previsible, pero la gran sequ铆a que tuvo lugar entre 2006 y 2010, la reducci贸n de los subsidios destinados a la poblaci贸n rural y el elevad铆simo grado de corrupci贸n hicieron aflorar demandas transversales. Ante esta situaci贸n, periodistas de todo el mundo decidieron buscar formas de acceder a Siria con o sin visado.

El fotoperiodista Ricard Garc铆a Vilanova, junto con sus compa帽eros M贸nica G. Prieto y Javier Espinosa, entr贸 ese mismo a帽o por Jabal Zawiya, en la regi贸n septentrional de Idlib, bajo el amparo de los grupos opositores al gobierno. Las protestas hab铆an escalado r谩pidamente y, en pocas semanas, ya se pod铆a hablar de un conflicto abierto que divid铆a el pa铆s. Lo que entonces era una guerra civil acabar铆a transform谩ndose en una batalla global en la que intervendr铆an actores como Rusia, Estados Unidos, Turqu铆a, Israel, Ir谩n o la milicia chi铆ta Hezbollah, todos ellos defendiendo sus propios intereses sobre el territorio. Como si fueran milicianos, los periodistas tuvieron que elegir un bando para hacer su trabajo, una elecci贸n que les condenaba a ser personas non gratas al otro lado de la trinchera.

Como si fueran milicianos, los periodistas tuvieron que elegir un bando para hacer su trabajo, una elecci贸n que les condenaba a ser personas non gratas al otro lado de la trinchera

鈥淓stoy vetado en la parte del gobierno por haber empezado a trabajar dentro del territorio opositor. All铆 me encontr茅 manifestaciones pac铆ficas y reprimidas directamente con fuego real鈥, dice Vilanova. El ganador del World Press Photo 2020 es el primer fotoperiodista espa帽ol que empez贸 a cubrir las protestas y la posterior guerra. 鈥淔ui tirando de contactos que apoyaban a la oposici贸n. A partir de aqu铆 hablas con uno y con otro, que te pasa a gente nueva, hasta que llegas a alguien que te dice que te puede entrar desde Turqu铆a. Durante los primeros meses o lo hac铆as de esta manera o no lo hac铆as鈥, concluye. La alternativa es entrar al pa铆s con visado, un proceso largo y farragoso cuyo 茅xito depende de los contactos que uno tenga. El control es estricto y est谩 sometido a condiciones diversas, una de ellas, quiz谩s la m谩s importante, es no haber entrado nunca clandestinamente en Siria.

Tom谩s Alcoverro obtuvo su visado oficial en 2013. Con el permiso de cinco o seis d铆as ven铆a incluida la supervisi贸n de un agente del gobierno. 鈥淓s evidente que lo primero que se deb铆a hacer despu茅s de pasar la frontera era presentarte r谩pidamente, ese mismo d铆a, en el Ministerio de Informaci贸n para acreditar que hab铆as llegado. De paso, era la oportunidad para agradecer los papeles. Y una vez all铆 se negociaba y se acordaba qu茅 se pod铆a hacer. 隆Un viaje a Alepo! Lo apuntaban. 隆Ir a ver a los militares de la Bekaa! Lo apuntaban鈥, recuerda el periodista. Cuenta como le recomendaban 鈥渄e una manera muy expl铆cita鈥 que 鈥減or favor鈥 no saliese del itinerario marcado. 鈥淐onfiamos en usted, siga las pautas que usted y nosotros hemos acordado鈥. Alcoverro sonr铆e y utiliza mucho la palabra 鈥渆videntemente鈥 para transmitir que, a pesar de todo, es necesario asumir tales limitaciones. Para sortearlas, 鈥渁qu铆 ya entra un poco la astucia y la capacidad de cada uno鈥.

Las distintas formas de entrada en Siria han hecho que las experiencias de Vilanova y Alcoverro sean diametralmente opuestas. Durante la batalla de Alepo, uno fotograf铆a bombardeos rusos sobre barrios sublevados y el otro escribe, adem谩s, c贸mo los cristianos de la zona gubernamental celebran la Navidad, con abetos incluidos. Hay violencia y muerte, pero eso no impide que, a veces, la vida cotidiana se abra paso. Como todos, este conflicto no es un cont铆nuum en el espacio y el tiempo y contarlo es buscar un equilibrio constante entre lo peque帽o y lo grande, entre lo concreto y lo general, entre 谩rboles de Navidad y bombas.鈥淓sta guerra ha sido como una habitaci贸n a oscuras鈥, describe Alcoverro. 鈥淟a divergencia entre interpretaciones ha dejado un rastro de frustraci贸n que yo he tenido y a煤n tengo. Es una guerra muy mal explicada, una guerra a oscuras. Los que 铆bamos por la v铆a del visado ve铆amos cosas que los otros no ve铆an, y a la inversa鈥.

Tener o no tener visado va m谩s all谩 del simple tr谩mite administrativo. Determina la zona desde la que se trabaja, la gente con quien se habla, la realidad que se vive. Para David Meseguer, periodista freelance y habitual colaborador de medios como el peri贸dico catal谩n ARAFrance24 o el vasco GARA, la guerra de Siria supuso la oportunidad de explicar una historia diferente a la de sus compa帽eros. 鈥淐omo sucede en repetidas ocasiones durante el conflicto, todos los medios apostaron por la misma cobertura, un foco medi谩tico, y enviaron gente hacia all铆鈥, recuerda. La situaci贸n era complicada y los periodistas iban en peque帽os grupos. 鈥淓ra dif铆cil poder hacer historias distintas m谩s all谩 de lo que ve铆a todo el mundo, as铆 que en cuanto tuve la oportunidad me fui a Afr铆n, al norte de la provincia de Alepo鈥.

All铆 estuvo con las Unidades de Protecci贸n Popular (YPG), grupo armado formado por milicianos de etnia kurda que se aseguraron el control de algunas zonas del norte del pa铆s. Mientras las tropas fieles a Al-Assad y los grupos opositores, cada vez m谩s fanatizados, se disputaban la mayor parte del territorio, Meseguer fue testigo de 鈥渓a revuelta silenciosa鈥 de los kurdos en Rojava. Este freelance ha vivido la guerra desde un 谩ngulo muy concreto, como todos los que la han cubierto, y admite que elequilibrio informativo es complicado. 鈥淟a tentaci贸n de cualquier periodista es empatizar con el bando desde el cual se trabaja, es un tipo de S铆ndrome de Estocolmo鈥, explica, pese a creer que el estudio del contexto y el hecho de contrastar debidamente las fuentes son mecanismos 煤tiles para evitar este posible sesgo.

El poder de las palabras

Los medios de comunicaci贸n occidentales han llenado sus p谩ginas con palabras como 鈥渞ebelde鈥, 鈥渞茅gimen sanguinario鈥 y 鈥渞evoluci贸n鈥. Las palabras importan. Y los nombres, y los adjetivos, y el titular. La f贸rmula utilizada para contar lo que sea 鈥攄esde la cosa m谩s cotidiana a la explosi贸n de un complejo conflicto internacional鈥 condiciona su interpretaci贸n, m谩s a煤n en el caso de una guerra que ha polarizado la opini贸n p煤blica mundial.

鈥淟a terminolog铆a es clave鈥, o as铆 lo cree Natalia Sancha. La actual corresponsal de El Pa铆s hace m谩s de trece a帽os que vive en L铆bano, desde donde ha informado sobre Siria. Lo hizo con visado hasta que en 2018 dejaron de concederle permisos. Sancha habla con la determinaci贸n que solo tienen aquellos que son conscientes de lo que intentan transmitir. 鈥淭engo mis opiniones, por supuesto, pero no tengo que paternalizar, maternalizar ni ser condescendiente con el lector. Prefiero exponerle los hechos y cuando digo que hay 13.000 personas que han sido torturadas en prisi贸n hasta la muerte no necesito calificar a nadie de dictador, asesino o verdugo. Sobre todo porque no est谩 estipulado qu茅 lenguaje tenemos que utilizar鈥, afirma. 鈥淓videntemente que el de Al-Assad es un r茅gimen, pero 驴no lo son el turco o el saud铆? Homogenicemos la teor铆a y utilic茅mosla para todos鈥.

El polvor铆n sirio ha llevado a Sancha a eliminar la palabra 鈥渞ebelde鈥 de su diccionario, debido a su connotaci贸n positiva. Prefiere el t茅rmino 鈥渋nsurgente鈥. 鈥淐omo rebelde, ser铆a correcto decir que los militantes de Al-Qaeda lo son porque se est谩n rebelando contra el sistema establecido. Pero no quiero utilizar 鈥渞ebeldes鈥 para definir a grupos que casan a ni帽as de catorce a帽os, que son pol铆gamos y que ejecutan en la v铆a p煤blica a los disidentes鈥, explica.

Seg煤n los datos oficiales, antes de la guerra en Siria viv铆an en armon铆a m谩s de una decena de confesiones diferentes: sun铆es, alauitas, drusos, chiitas, cristianos, ortodoxos, maronitas, nestorianos鈥 Pero las tensiones sectarias generadas por la guerra hicieron saltar por los aires la convivencia interreligiosa. Las formaciones integristas sun铆es fueron ganando peso entre la oposici贸n, y seg煤n Vilanova, llegaron a ser 鈥渓os 煤nicos grupos que ten铆an una buena log铆stica y ofrec铆an una respuesta鈥.

鈥淪obre el terreno, ya desde un inicio vimos crecer las barbas a una velocidad inaudita. La evoluci贸n era f铆sica, ideol贸gica y hasta mental. Chicos que me dieron dos besos cuando los entrevist茅 por primera vez, luego no quisieron ni darme la mano鈥

鈥淪obre el terreno ya desde un inicio vimos crecer las barbas a una velocidad inaudita鈥, recuerda Sancha. 鈥淟a evoluci贸n era f铆sica, ideol贸gica y hasta mental. Chicos que me dieron dos besos cuando los entrevist茅 por primera vez, luego no quisieron ni darme la mano鈥. Pero no fue hasta 2014 que, con la eclosi贸n del autoproclamado Estado Isl谩mico, el extremismo islamista se convirti贸 en protagonista del espacio medi谩tico dedicado a Siria.

La propaganda de este grupo, con sus mensajes claros y directos, acompa帽ados de im谩genes de gran calidad, plante贸 a los periodistas el enorme reto profesional de contar el fen贸meno mientras se convert铆an ellos mismos en objetivos perseguidos. 鈥淓l EI [a diferencia de otras formaciones radicales islamistas] captur贸 y mat贸 a todos los periodistas que pudo a fin de controlar el discurso propagand铆stico鈥, explica Vilanova, que estuvo secuestrado por el tambi茅n conocido como Daesh durante ocho meses entre 2013 y 2014. Cuatro a帽os despu茅s volvi贸 a Siria con la BBC para fotografiar a presuntos yihadistas presos. 鈥淗ubiese sido extraordinario haber podido cubrir lo que eran desde dentro de su Califato, cualquier imagen habr铆a sido un punto diferencial para poder contrarrestar sus discurso鈥. El fot贸grafo destaca que, antes del secuestro, pudo trabajar en la zona controlada por Jabat Al-Nusra, filial de Al-Qaeda en Siria.

鈥淎s铆 como en otros temas dedico m谩s tiempo a preparar la prevenci贸n de riesgos, cuando me pongo delante de esta gente lo que me lleva m谩s trabajo es prepararme psicol贸gicamente鈥, relata Sancha. 鈥淓l caso del yihadista belga a quien entrevist茅 o la historia de las tres espa帽olas integrantes de EI me causaban much铆sima inquetud. Soy humana y he perdido compa帽eros y amigos en manos de este grupo鈥. La periodista busca 鈥渃omprender, porque comprender al otro no quiere decir justificarlo sino tratar de entender sus din谩micas: de qu茅 ambiente cultural proviene, qu茅 educaci贸n tiene, qu茅 ha permitido que la cabeza le haga ese clic鈥.

La guerra de despu茅s de la crisis

Cubriendo la guerra siria, el periodismo no solo ha tenido que enfrentar nuevos retos propios de la idiosincrasia del conflicto, tambi茅n se ha visto obligado a lidiar con los desaf铆os internos propios de una profesi贸n que, ahora m谩s que nunca, se plantea la viabilidad de su supervivencia. La de Siria es la primera gran guerra surgida tras la crisis del 2008, pero seg煤n Pablo Sapag la cosa viene de lejos: 鈥淎 partir de los a帽os ochenta, se va imponiendo un modelo de producci贸n y gesti贸n de los medios que se conoce como corporative journalism, es el modelo Murdoch, que s贸lo aspira a ganar dinero. Hacer periodismo de calidad es caro y la 煤nica forma de forrarse es recortar el gasto en personal鈥.

Marga Zambrana fuma compulsivamente tras la c谩mara de su ordenador. Instalada en Estambul, tiene el posado entre 谩cido y rocoso que uno espera encontrar en la mirada de los corresponsales de guerra veteranos. Le falta el whisky. Lleg贸 tarde al mundo del periodismo pero lo hizo cuando el cuarto poder a煤n gozaba de la m铆stica propia de las pel铆culas americanas. Los tiempos han cambiado. 鈥淟a mayor铆a de la gente que se dedica a esto est谩 malviviendo, o los padres los mantienen o tienen otros trabajos鈥, cuenta. En 2013, cuando lleg贸 a la ciudad turca desde donde ha cubierto la guerra siria, Associated Press 鈥攗na de las agencias de noticias m谩s grandes del mundo鈥 ten铆a contratados a una veintena de freelance, hoy son 鈥渢res o cuatro鈥.

鈥淣o necesariamente triunfan los m谩s buenos, sino los que m谩s pueden aguantar鈥, afirma Zambrana que, habiendo publicado en medios como El Pa铆sThe Guardian o USA Today, forma parte de este grupo. Pese a ello, no tiene ning煤n tipo de problema en hablar del elefante en la habitaci贸n que todos parecen querer ignorar: la precariedad. 鈥淓l periodismo no se puede considerar una profesi贸n si no ganas dinero para vivir, si no tienes una garant铆a de protecci贸n鈥, explica en referencia a un oficio en elcual, salvando todos los matices y singularidades, los art铆culos se pagan a 50鈧, los v铆deos a 200鈧 y las exclusivas que ocupan portadas 鈥攁quellas que se consiguen una vez en la vida鈥 a 1.000鈧. De estos ingresos es necesario descontar lo que se pierde en viajes, traductores y dietas, gastos que a menudo debe cubrir el mismo trabajador.

Vilanova reconoce que si no fuera por su relaci贸n 鈥渕谩s personal que profesional鈥 con la gente que vive en el territorio, jam谩s habr铆a podido cubrir conflictos como los de Siria, Libia o Iraq. 鈥淵o nunca he hablado de fuentes, yo tengo amigos que me han ayudado y a quien, obviamente, yo tambi茅n he ayudado cuando he podido鈥, afirma. 鈥淭rabajar en estos pa铆ses es extremadamente caro, son m谩s de 250 d贸lares al d铆a y, como freelance, esto es inviable鈥. A su turno, Meseguer destaca que la alt铆simafragmentaci贸n imperante en el conflicto sirio dificulta a煤n m谩s la labor de los periodistas. 鈥淎 no ser que trabajes para un medio muy potente y cuentes con apoyo de tu gobierno, solo cubrir谩s una parte de la guerra. Haces una apuesta que puede salir bien o mal鈥, reflexiona.

鈥淧rohibir铆a a cualquiera decir que este es el mejor oficio del mundo. El trabajo hay que pagarlo, de los likes y los retweets no se come. Si aceptas trabajar sin cobrar, los empresarios se pagar谩n las cenas con tu ego鈥

Pero para Zambrana, la responsabilidad no solo recae en los propietarios de las empresas de comunicaci贸n y su falta de disposici贸n a la hora de invertir dinero en 鈥渆l buen trabajo鈥, sino tambi茅n los periodistas que se muestran dispuestos a trabajar por menos dinero del habitual a cambio de fama. 鈥淧rohibir铆a a cualquiera decir que este es el mejor oficio del mundo鈥, dice encendiendo el en茅simo cigarrillo, 鈥渆l trabajo hay que pagarlo, de los likes y los retweets no se come. Si aceptas trabajar sin cobrar, los empresarios se pagar谩n las cenas con tu ego鈥.

Refuerza su argumento evocando diversas an茅cdotas que permiten ilustrar el tipo de ambiente fr铆volo que se respira en los barrios de Estambul, desde donde muchos corresponsales narran los horrores del conflicto con 鈥渦n daiquiri en la mano鈥. Habla de expertos en Estado Isl谩mico que nunca han entrado en Siria, de reporteros mediocres que se inventan heroicidades para ganar fama o de centenares de periodistas que filman las maniobras del ej茅rcito turco como si estuvieran en el frente. 鈥淓ste tipo decosas han pasado desde los tiempos de Capa, pero antes los que iban a la guerra eran un grupito muy peque帽o. Ahora somos muchos y es m谩s dif铆cil de esconder鈥. Es por eso que considera la fiscalizaci贸n de la labor period铆stica como algo indispensable para la profesi贸n. 鈥淭enemos que defender nuestro oficio y decir que la mayor铆a de la gente hace bien su trabajo, pero hay unos pocos que, con sus actos, nos dan mala reputaci贸n a todos鈥.

El reportaje que nunca he escrito

Cuando la guerra deja atr谩s la fase donde cada batalla es breaking news, llega el desierto informativo y, para el espectador com煤n, el pa铆s desaparece del mapa. Pero los m谩s de 380.000 muertos, cinco millones de refugiados y seis millones de desplazados internos contin煤an ah铆. Meseguer pone el foco en la importancia del posconflicto. 鈥淓s muy interesante explicar c贸mo est谩 Mosul [la que fue capital iraqu铆 del autoproclamado Estado Isl谩mico, liberada el 2017] hoy en d铆a. 驴C贸mo est谩 la poblaci贸n civil? 驴Ha vuelto todo el mundo? 驴Qu茅 ha pasado con los cristianos? 驴Los servicios b谩sicos est谩n garantizados? Todo este periodismo que est谩 lejos del foco medi谩tico a menudo no interesa y es muy dif铆cil de colocar鈥.

Siria ha llenado innumerables p谩ginas de peri贸dico, adem谩s de horas y horas de radio y televisi贸n. Como la guerra, su cobertura no ha estado ni continua ni constante. 鈥淐on contadas excepciones, los medios van al hecho informativo, donde falta la oportunidad de ofrecer el contexto que permite entender la situaci贸n鈥, cuenta Meseguer. El periodista comenta el inter茅s que el pueblo kurdo y sus milicias femeninas despertaron de un d铆a para otro. 鈥淢uchas piezas se quedaban en la superficie, se publicaban muchas fotograf铆as, pero no se informaba sobre c贸mo estas combatientes hab铆an llegado hasta ah铆 ni qu茅 hab铆a detr谩s鈥, recuerda.

鈥淟as guerras son din谩micas, evolucionan y cambian, como las ideas, como la gente鈥, dice Sancha en repetidas ocasiones. Explicarlas es dif铆cil, a menudo uno se pierde. Es por eso que, m谩s all谩 de los grandes relatos geoestrat茅gicos y de la especulaci贸n, Alcoverro se帽ala que 鈥渓as peque帽as cosas dan una idea quiz谩s muy m铆nima pero menos totalitaria鈥 dentro de la gran confusi贸n que siempre implican los conflictos armados. Preguntada por el reportaje que nunca ha podido escribir, Sancha habla de 鈥渓as nadie de Siria鈥.

鈥淓s gente que siempre ha estado al margen de mis reportajes鈥. Poco a poco, con tranquilidad, hace brotar palabras que dibujan con claridad una escena que sucede en Alepo, justo despu茅s de la recuperaci贸n de la ciudad por parte del ej茅rcito sirio. Tras estar bajo el control de varios grupos armados, la zona est谩 vac铆a. 鈥淨ued贸 la t铆pica se帽ora de setenta a帽os que a duras penas pod铆a andar. Se hab铆a quedado en casa porque 隆era tan invisible! Tan pobre que no val铆a la pena matarla, tan vieja quetampoco val铆a la pena violarla鈥, dice. 鈥淪on hombres y mujeres, tambi茅n podr铆an ser los nadie. Me los he ido encontrando en diversos frentes. Muchos han muerto y a los que han sobrevivido siempre los cito en alg煤n p谩rrafo de mis reportajes. Los utilizo para aportar contexto, creo que son los que han vivido la guerra de verdad, los que pueden explicar qu茅 ha pasado durante estos diez a帽os. No nosotros, que vamos al frente, sino ellos, que han visto moverse los frentes por su casa鈥





Fuente: Anred.org