July 19, 2021
De parte de Nodo50
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El Pazo de Meir谩s 鈥搈ejor las Torres de Meir谩s, como las bautiz贸 su promotora, la escritora Emilia Pardo Baz谩n鈥 ya nos pertenece a todos. Pero va a resultar muy dif铆cil que nadie llegue a identificar a la peque帽a aldea de Sada (A Coru帽a) donde se ubican con otra cosa que no sean las sombras m谩s aterradoras del franquismo, y con la debilidad de una democracia que ha tardado 45 a帽os en desmontar uno de los 煤ltimos s铆mbolos del poder que a煤n detentan en Galicia y en Espa帽a los herederos f铆sicos e ideol贸gicos del tirano.

Quiz谩 alg煤n d铆a el paso del tiempo y una acertada estrategia sobre los usos futuros de las Torres acaben devolviendo a Meir谩s la imagen verdadera de lo que un d铆a fue: un activo centro de la lucha antifascista durante la Rep煤blica, y del empoderamiento de un pu帽ado de mujeres que lo perdieron todo por defender valores tan esenciales como la justicia, la solidaridad y la fraternidad.

Durante los tres a帽os que precedieron al golpe de Estado de Franco en julio de 1936, Meir谩s vivi贸 una permanente rebeli贸n campesina en la que aquellas mujeres tuvieron un papel preeminente, y que se origin贸 por el desahucio de dos familias campesinas que cultivaban tierras adscritas, precisamente, a las Torres. Aquellas mujeres no dirig铆an el movimiento, no se sentaban en las directivas de lo sindicatos y sus nombres no aparec铆an nunca la prensa. Pero fueron las que se enfrentaron a los caciques, a los terratenientes y a los jueces, las que burlaron a los agentes de la Guardia Civil y a la tropa con alzacuellos de la Iglesia Cat贸lica que ejerc铆a de c贸mplice necesaria de la violencia, la injusticia, el expolio y la represi贸n.

Lo cuenta el historiador Manuel P茅rez Lorenzo en su estudio Meir谩s Rebelde: un conflicto agrario en la Galicia de la Segunda Rep煤blica. P茅rez Lorenzo tambi茅n es, junto a Carlos Bab铆o, la alma mater de las investigaciones que han sustentado el acervo jur铆dico y probatorio que ha permitido recuperar las Torres para el patrimonio p煤blico.

Desde principios de siglo, Sada se hab铆a revelado como uno de los centros pol铆ticos y sindicales m谩s activos de la provincia de A Coru帽a, nutrido intelectualmente de los cientos de vecinos que emigraron a Nueva York y que contactaron all铆 con los movimientos anarcosindicalistas. “En Sada hab铆a 8.000 habitantes, y poco antes del 36 alrededor de mil estaban afiliados a la Confederaci贸n Nacional del Trababajo (CNT)“, cuenta P茅rez Lorenzo. El machismo en aquellos tiempos lo empapaba todo, tambi茅n a las organizaciones pol铆ticas y sindicales de izquierda. Pero probablemente era en el anarquismo y en la CNT donde el feminismo y la igualdad se desarrollaban de manera m谩s incipiente.

En ese contexto de activismo pol铆tico, de conciencia de clase y de empoderamiento femenino, se produce en Meir谩s un suceso que har谩 estallar la rebeli贸n. Uno de los herederos de la arist贸crata ilustrada que construy贸 las Torres, Jaime Quiroga Pardo Baz谩n, decide vender 22 ferrados 鈥揳lrededor de una hect谩rea鈥 de tierras que cuidaban y cultivaban en arriendo desde hac铆a setenta a帽os dos familias campesinas de la aldea, y para las que esas fincas constitu铆an su 煤nico modo de vida. El comprador, Jos茅 Gayoso Barral, un emigrante retornado enriquecido en Argentina, decide doblarles la renta que pagaban, y, ante su negativa, inicia el procedimiento para desahuciarlas. El oligarca, acompa帽ado de un juez y de la Guardia Civil, entra en las fincas, y entre todos destrozan los aperos de labranza y expulsan a los campesinos de sus casas.

Pocos d铆as despu茅s, el 23 de abril de 1933, los vecinos de Meir谩s, organizados en torno al sindicato local, se levantan para defender a las familias desahuciadas y ocupan de nuevo las tierras, enfrent谩ndose a la Guardia Civil. Hay 49 detenidos, y de ellos veintis茅is son mujeres. Incluso se llega a procesar a una ni帽a de once a帽os. El suceso llega a la prensa local y nacional conservadora, incluido el ABC, que se posiciona con Gayoso. Tambi茅n llega a los boletines de partido y a los peri贸dicos de izquierda.

Pocas semanas despu茅s, varios contingentes de campesinos de la comarca se desplazan a Meir谩s para ayudar en la vigilancia y protecci贸n de las fincas, lo que provoca constantes enfrentamientos con la Guardia Civil. Durante uno de ellos, son las mujeres las que evitan la detenci贸n de los colonos. Y de nuevo son ellas las que ocupan las tierras para sembrarlas, de noche, burlando los turnos de los agentes destacados permanentemente en la zona. Cuando meses despu茅s el oligarca Gayoso decide cosechar para s铆 el ma铆z que las campesinas hab铆an sembrado, lo queman, incluyendo una partida que hab铆a acaparado el cura de la parroquia, Benigno Mayo, quien tambi茅n hab铆a adquirido tierras de las Torres de Meir谩s para explotar a las familias que las cultivaban.

“La lucha entablada por los trabajadores de Meir谩s contra el ricacho Gayoso, gracias al apoyo decidido de la inmensa mayor铆a de los trabajadores de la comarca, se ha convertido en la lucha contra todos los explotadores de los labriegos; contra todos los que roban el producto de nuestro trabajo”, cuenta una nota del Comit茅 de Labriegos de la CNT local.

“Los jueces y sus leyes; los gobernadores y sus alcaldes; la Guardia civil y sus fusiles; los curas y sus sermones, todos est谩n interesados en someter a los pobres en beneficio de los ricos. Si nosotros dejamos de pagar rentas y ofrendas; si dejamos de pagar consumos, contribuciones y c茅dulas; si nos unimos todos los pobres contra todos los ricos y sus adulones, 驴c贸mo van a engordar esos ladrones, que no trabajan?”, continuaba el art铆culo. “隆Mujeres trabajadoras, en guardia; el cura pretende quemar la iglesia para despu茅s arranca ros pesetas con que hacerla de nuevo! Nada de quemar iglesias; quemad a los curas ladrones. Colonos del cura de Meir谩s: ese cerdo con sotana os da el cielo a cambio de lo que os roba; un铆os a nosotros, y no pagu茅is ni un c茅ntimo a ese ladr贸n”.

Entre 1933 y 1936, y especialmente bajo el Gobierno de la derecha, que promulg贸 una ley ad hoc sobre arrendamientos r煤sticos para reforzar el poder de los terratenientes, se suceden continuamente enfrentamientos y acciones violentas que s贸lo terminan con el golpe de Estado del 18 de julio del 36. La revuelta y la politizaci贸n de Sada crecen casi hasta el 煤ltimo minuto: en junio se constituye la agrupaci贸n local del Partido Comunista, y poco despu茅s las campesinas asaltan la casa rectoral, expulsan al cura del pueblo y reparten entre los vecinos la cosecha de ma铆z que acaparaba. La reacci贸n fascista tras el golpe tambi茅n se inicia desde el minuto uno, mediante lo que P茅rez Lorenzo califica como “un aparato represivo ins贸lito”, que toma venganza contra las familias de quienes participaron en la revuelta con desmedida crueldad.

Hubo decenas de asesinatos, de desapariciones, de suicidios provocados, de torturas y paseados, de humillaciones y vejaciones p煤blicas. “Las vidas de muchas de esas familias cambiaron para siempre. Y eso era lo que persegu铆a el nuevo r茅gimen: inhibir la disidencia y la iniciativa, anular toda forma de acci贸n colectiva al margen de las estructuras de la dictadura. Era la reacci贸n de los que vieron peligrar sus privilegios durante la Segunda Rep煤blica”, narra P茅rez Lorenzo. Su bisabuelo era Jos茅 Monzo, secretario local de la CNT y destacado militante de la Federaci贸n Anarquista Ib茅rica. Pas贸 sus 煤ltimos d铆as escondido y aislado en un islote rocoso y desarbolado en medio de la r铆a de Sada.

Entre las historias m谩s lacerantes figura tambi茅n la de una mujer, Josefa Portela, abuela de Carlos Bab铆o, activista destacada del movimiento campesino y en cuya casa se hab铆an celebrado algunas de las asambleas de la rebeli贸n. Tras el golpe, su marido ser铆a detenido y torturado, y morir铆a poco despu茅s de que lo devolvieran a casa malherido. El cura de Meir谩s no dej贸 que lo enterraran en sagrado, y poco despu茅s de que Franco se hiciera con las Torres, la Guardia Civil ech贸 a Josefa y a sus hijos de su casa y a帽adi贸 la vivienda y sus leiras, de un plumazo y con la colaboraci贸n del banquero Pedro Barri茅 de la Maza, a las posesiones del dictador en Meir谩s. “Mi abuela nunca volvi贸 a ser la misma. Muri贸 cuando yo ten铆a seis a帽os, y s贸lo la recuerdo callada y mustia. Acabaron con su vida. Acabaron con ella como persona”, cuenta el historiador.

Despu茅s de d茅cadas de investigar y probar el expolio de Meir谩s, con cargo a su bolsillo y sin que el Estado espa帽ol les haya ofrecido el m谩s m铆nimo gesto institucional de reconocimiento, ni P茅rez Lorenzo ni Bab铆o han postulado el reconocimiento individual de la memoria de sus familiares, y ni siquiera han reclamado la propiedad de la vivienda de Josefa para sus herederos. Cuando se le pregunta por qu茅, Bab铆o lo deja claro. “Primero, porque s贸lo servir铆a para que la familia Franco dijera que hacemos esto por dinero. Y segundo, porque para lo que tiene que servir esa casa es para recuperar la memoria de quienes combatieron al fascismo y pagaron con sus vidas por ello”.




Fuente: Publico.es