December 15, 2021
De parte de Asociacion Germinal
1,016 puntos de vista

Por Enzo Traverso

Un fantasma recorre el mundo, y esta vez no es el comunismo sino una nueva derecha que gana espacios en Europa, Estados Unidos y Am茅rica Latina. El historiador Enzo Traverso pone la lupa sobre las nuevas caras de una derecha que logra conquistar a los electores con su irreverencia y su furioso discurso contra las 茅lites pol铆ticas.

El texto que sigue es el prefacio a la nueva edici贸n de Las nuevas caras de la derecha (Siglo XXI, 2021), de Enzo Traverso.

A lo largo de la 煤ltima d茅cada, el mundo fue testigo de un aluvi贸n de movimientos de extrema derecha. Con ellos, parec铆an resurgir los fantasmas de la d茅cada de 1930 y extenderse por varios continentes la sombra de una oleada neofascista o posfascista. El punto culminante se situ贸 entre 2016 y 2018, con los triunfos electorales de Donald Trump en los Estados Unidos y Jair Bolsonaro en Brasil y, entretanto, el choque entre Marine Le Pen y Emmanuel Macron en Francia. Muchos partidos de extrema derecha llegaron al gobierno en pa铆ses de la Uni贸n Europea, y se terminaron algunas 芦excepciones禄, con la aparici贸n de Alternativa para Alemania [Alternative f眉r Deutschland] y el Vox en la escena pol铆tica alemana y espa帽ola, respectivamente, m谩s la expansi贸n de la Liga del Norte [Lega Nord] italiana bajo la conducci贸n de Matteo Salvini. Se instalaron gobiernos autoritarios, nacionalistas y xen贸fobos por doquier, desde la Rusia de Vlad铆mir Putin hasta la India de Narendra Modi y la Turqu铆a de Recep Tayyip Erdog虇an. El mundo tomaba un rumbo sombr铆o: 驴neofascismo, posfascismo, populismo de extrema derecha? El debate sobre c贸mo llamarlo sigui贸 abierto, pero cada cual entend铆a que en ese momento el fascismo era m谩s que un 谩rea de los estudios hist贸ricos; volv铆a a ser una cuesti贸n de la agenda contempor谩nea.

La mayor铆a de los observadores 鈥攜 me incluyo鈥 cre铆an que una nueva crisis econ贸mica acelerar铆a dr谩sticamente esa tendencia general y que deb铆amos prepararnos para un nuevo y horrible escenario. Se produjo la crisis: desde comienzos de 2020, la pandemia de COVID-19 ha sumido al planeta en una recesi贸n global. Pero al mismo tiempo 鈥攑or suerte鈥, nuestro calamitoso diagn贸stico no se ha cumplido. Por supuesto, seguimos en medio de una crisis mundial, los movimientos de extrema derecha no han desaparecido y todav铆a hay varios desenlaces posibles. Sin embargo, actualmente queda en claro que ha habido un significativo retroceso en la din谩mica aparentemente inexorable de fascistizaci贸n. El indicador m谩s evidente de este cambio fue la derrota de Trump en noviembre de 2020.

Si observamos desde una perspectiva general este panorama heterog茅neo y contradictorio, sin limitarnos a un 煤nico pa铆s, la pandemia se muestra como la matriz de dos tendencias globales: un giro biopol铆tico y un giro potencialmente autoritario. Si bien hablar de una matriz tal vez sea inapropiado 鈥攑or supuesto, esas tendencias exist铆an de antemano鈥, no hay duda de que la pandemia las increment贸 y las aceler贸 con vigor. Sin excepci贸n, el giro biopol铆tico es bastante notorio: los gobiernos desarrollaron extraordinariamente su control sobre las poblaciones, ocup谩ndose de nuestra vida 鈥攄e nuestros cuerpos f铆sicos, literalmente鈥 como objetos biol贸gicos que administrar y proteger. El futuro de la econom铆a global depende de la eficacia de estas pol铆ticas de salud; en primer lugar, una campa帽a de vacunaci贸n r谩pida, amplia y efectiva. Apoyamos o criticamos a nuestros gobiernos seg煤n su capacidad de implementar dichas pol铆ticas sanitarias. Pero el problema tiene una segunda dimensi贸n, que ya no nos afecta como objetos biopol铆ticos, sino como sujetos jur铆dicos y pol铆ticos, como ciudadanos.

Esta segunda dimensi贸n es un giro potencialmente autoritario que radica en la transformaci贸n de nuestros gobiernos en 芦estados de excepci贸n禄, en poderes pol铆ticos que limitan de manera radical nuestras libertades p煤blicas e individuales. Desde luego, aceptamos los confinamientos y las restricciones impuestos en nombre de la seguridad colectiva, pero poco a poco advertimos que estas pol铆ticas est谩n alterando nuestros estilos de vida, nuestras maneras de trabajar, nuestras formas de socializar e interactuar, y que en nuestras sociedades aumentan radicalmente las diferencias de clase. No es cierto que todos seamos iguales de cara al virus, dado que quedamos expuestos a 茅l selectivamente en funci贸n de nuestro estatus social y econ贸mico, y tambi茅n en funci贸n del pa铆s al cual pertenecemos. No hay duda de que la pandemia tiene un impacto mayor en el Sur Global. Esto implica desigualdades cada vez mayores en todos los niveles, y, a su vez, m谩s desigualdades implican poderes m谩s autoritarios. En China, la pandemia se neutraliz贸 con medidas desp贸ticas dignas de un gobierno orwelliano. En varios pa铆ses de Europa, los confinamientos y las restricciones se implementaron mediante la aplicaci贸n de leyes antiterroristas y coincidieron con un significativo aumento de la violencia policial.

En un contexto como este, los movimientos de extrema derecha acaso parezcan buenos candidatos para liderar el giro autoritario hacia el estado de excepci贸n. Pero hay un hecho crucial: no cuentan con credenciales serias para controlar el giro biopol铆tico. Como 芦buenos pastores禄, Donald Trump, Jair Bolsonaro, Narendra Modi, Marine Le Pen y Matteo Salvini no tienen credibilidad alguna.

En t茅rminos del fil贸sofo franc茅s Michel Foucault, podr铆amos decir que nadie los ve como la personificaci贸n de un 芦poder pastoral禄 efectivo. Esta es una diferencia significativa entre los actuales movimientos de extrema derecha y el fascismo cl谩sico, y va mucho m谩s all谩 de varios otros deslindes relacionados con nuestros diferentes contextos hist贸ricos. En la d茅cada de 1930, Benito Mussolini, Adolf Hitler y Francisco Franco promet铆an un futuro y se mostraban como una respuesta eficaz a la depresi贸n econ贸mica, en contra de las exhaustas democracias liberales que, a los ojos de mucha gente, encarnaban los vestigios de un orden pol铆tico en ruinas. Por supuesto, esta era una peligrosa ilusi贸n 鈥攅l esfuerzo por poner fin a la desocupaci贸n mediante el rearme y la guerra condujo a la cat谩strofe鈥, pero hasta la Segunda Guerra Mundial su propaganda funcion贸 bastante bien.

No sucede lo mismo con sus herederos. Las respuestas de Trump, Bolsonaro, Modi, Le Pen y Salvini a la pandemia consistieron simplemente en la negaci贸n, la incomprensi贸n, la incompetencia y la ineficiencia. El primer a帽o de pandemia nos hizo tomar una noci贸n cada vez m谩s aguda de que estamos frente a una emergencia global que requiere respuestas globales. Las recetas tradicionales de la extrema derecha 鈥攅l nacionalismo, el retorno a valores conservadores y a la soberan铆a nacional, m谩s la b煤squeda de chivos expiatorios鈥 no funcionaron en modo alguno. En Italia, Salvini, el carism谩tico l铆der de la Liga nacionalista y xen贸foba, se hab铆a acostumbrado a organizar manifestaciones masivas en las cuales denunciaba las terribles enfermedades que afectaban a su pa铆s: los inmigrantes, los refugiados y, por supuesto, el islam. La pr茅dica del odio hab铆a demostrado ser un ejercicio muy popular, y Salvini estaba a la cabeza en las encuestas. Sin embargo, al cabo de algunos meses de pandemia, cuando el pa铆s era el epicentro del brote europeo y los hospitales no daban abasto, la gente empez贸 a llenar de elogios a los m茅dicos y enfermeros albaneses, tunecinos y chinos que acud铆an en ayuda de sus colegas italianos.

Esta es la se帽al de un retroceso, no de una derrota o una decadencia irreversible. Estamos en medio de un proceso de transici贸n cuyos resultados a煤n son desconocidos y est谩n abiertos: o bien un New Deal del siglo XXI, capaz de enfrentar el cambio clim谩tico y revertir las transformaciones producidas por cuarenta a帽os de neoliberalismo, o un giro a la extrema derecha que arrojar谩 a nuestro planeta a la cat谩strofe anunciada. En el contexto actual, los dos resultados son perfectamente posibles.

En el siglo XX, el fascismo era un proyecto de 芦regeneraci贸n禄 de la naci贸n, vista como una comunidad 茅tnica y racial homog茅nea. Si este es el n煤cleo del fascismo, no ser铆a err贸neo definir los movimientos de extrema derecha de nuestros d铆as, a pesar de tantas diferencias obvias, como los herederos del fascismo cl谩sico. El l茅xico fascista ha cambiado, desde luego, y su 芦comunidad imaginada禄 exhibe nuevos caracter铆sticas o, mejor dicho, nuevos mitos. Designa una pureza supuestamente originaria que es debido defender o restaurar contra sus enemigos: la inmigraci贸n (芦el gran reemplazo禄), las invasiones raciales antiblancos, la corrupci贸n de los valores tradicionales por parte del feminismo y los grupos de activismo LGBTQI, el islamismo y sus agentes (el terrorismo y el 芦islamoizquierdismo禄), etc. Los precursores del surgimiento de esta oleada neofascista anidan en la crisis de hegemon铆a de las 茅lites globales, cuyas herramientas de gobierno, heredadas de los viejos Estados-naci贸n, parecen obsoletas y cada vez m谩s ineficaces. Como explicaba el marxista italiano Antonio Gramsci en su revisi贸n cr铆tica de Nicol谩s Maquiavelo, la dominaci贸n es una combinaci贸n de aparatos represivos y una hegemon铆a cultural que permite a un r茅gimen pol铆tico mostrarse leg铆timo y ben茅fico, en vez de tir谩nico y opresivo. Tras varias d茅cadas de pol铆ticas neoliberales, las clases dominantes han incrementado enormemente su riqueza y su poder, pero tambi茅n han sufrido una significativa p茅rdida de legitimidad y de hegemon铆a cultural. Estas son las premisas para el ascenso del neo posfascismo: por un lado, la creciente 芦ca铆da en el salvajismo禄 de las clases dominantes y, por otro, las extendidas tendencias autoritarias que su dominaci贸n engendra.

La definici贸n del fascismo como un proyecto de 芦regeneraci贸n禄 de la naci贸n capta un elemento fundamental de continuidad hist贸rica, pero probablemente sea insuficiente. Contemplado desde una perspectiva hist贸rica, el fascismo fue m谩s que una forma de nacionalismo radical y una idea racista de naci贸n. Tambi茅n fue una pr谩ctica de violencia pol铆tica, un anticomunismo militante y una completa destrucci贸n de la democracia. La violencia, especialmente dirigida contra la izquierda y el comunismo, fue la forma privilegiada de su acci贸n pol铆tica, y en todos los lugares donde lleg贸 al poder 鈥攜a fuese por v铆as legales, como en Italia y Alemania, o por medio de un golpe militar, como en Espa帽a鈥, el fascismo destruy贸 la democracia. Desde este punto de vista, los nuevos movimientos de la derecha radical tienen una relaci贸n diferente tanto con la violencia como con la democracia. Si bien pretenden defender al 芦pueblo禄 contra las 茅lites y restablecer el orden, no quieren crear un nuevo orden pol铆tico. En Europa, est谩n m谩s interesados en hacer valer tendencias autoritarias y nacionalistas dentro de la Uni贸n Europea que en destruir sus instituciones. Esa es la postura de Viktor Orb谩n en Hungr铆a y de Mateusz Morawiecki en Polonia, as铆 como de Marine Le Pen en Francia y Matteo Salvini en Italia, dos l铆deres que en 煤ltima instancia aceptaron el euro. La Liga italiana recientemente particip贸 en un gobierno de coalici贸n encabezado por Mario Draghi, exdirector del Banco Central Europeo y figura prominente del neoliberalismo y las 茅lites financieras. En la India, Brasil y los Estados Unidos, l铆deres de extrema derecha llegaron al poder y desplegaron tendencias autoritarias y xen贸fobas sin cuestionar el marco institucional de sus Estados. Bolsonaro y Trump no solo fueron incapaces de disolver el Poder Parlamentario; terminaron (o est谩n en tren de terminar) su mandato enfrentando varios procedimientos de destituci贸n.

El caso de Trump, el m谩s discutido en los 煤ltimos meses, es particularmente instructivo. Su trayectoria fascista se revel贸 con claridad cuando al final de su presidencia se neg贸 a admitir la derrota y busc贸 invalidar el resultado electoral. Sin embargo, la 芦insurrecci贸n禄 folcl贸rica de partidarios suyos que invadieron el Capitolio no fue un golpe fascista fallido; en cambio, entra帽贸 un intento desesperado de invalidar una elecci贸n por parte de un l铆der que, sin lugar a dudas, hab铆a roto las reglas m谩s elementales de la democracia 鈥攍o cual posibilita describirlo como fascista鈥, pero se mostraba incapaz de se帽alar una alternativa pol铆tica. Es indudable que Francisco Franco y Augusto Pinochet habr铆an considerado ese 芦alzamiento禄 del 6 de enero como una iniciativa de aficionados pat茅ticos. Lo acontecido en el Capitolio revel贸 de manera indiscutible la existencia de un movimiento fascista de masas en los Estados Unidos, y en un sentido m谩s amplio, un movimiento fascista organizado por medio de una red de milicias armadas. Aun as铆, este movimiento sigue muy lejos de conquistar el poder, y su consecuencia inmediata fue hundir al Partido Republicano en una profunda crisis. Trump hab铆a ganado las elecciones de 2016 como candidato de ese partido: una coalici贸n de 茅lites econ贸micas, clases medias altas interesadas en los recortes impositivos, defensores de los valores conservadores, fundamentalistas cristianos y clases populares blancas empobrecidas que se sent铆an atra铆das por un voto de protesta. Por cierto, esta coalici贸n puede recrearse.

Sin embargo, como l铆der fascista de un movimiento de supremacistas blancos y nacionalistas reaccionarios, Trump no cuenta con muchas posibilidades de ser reelecto. Por a帽adidura, habr铆a que entender en su contexto el movimiento fascista que lo respalda. En contraste con la milicia fascista italiana (los camisas negras) entre 1920 y 1925 o los SA [Sturmabteilung] nazis entre 1930 y 1933, que expresaban la ca铆da del monopolio estatal de la violencia en la Italia y la Alemania de posguerra, respectivamente, las milicias de Trump son un legado envenenado de la historia estadounidense, la historia de un pa铆s donde la posesi贸n individual de armas se considera una caracter铆stica de la libertad pol铆tica. Por estremecedor que resulte, esto no es el presagio de un Estado a punto de derrumbarse. En los a帽os treinta del siglo XX, las 茅lites industriales, financieras y militares europeas apoyaron al fascismo como soluci贸n a las crisis pol铆ticas end茅micas y a la par谩lisis institucional; tambi茅n, y sobre todo, como una defensa contra el bolchevismo. Hoy en d铆a, respaldan al neoliberalismo. En los Estados Unidos, el establishment puede apoyar al Partido Republicano como alternativa t铆pica al Partido Dem贸crata; pero el Pent谩gono nunca adherir铆a a un golpe de supremacistas blancos para impedir la elecci贸n de Joe Biden como cabeza del Poder Ejecutivo. En el llamado Viejo Mundo, el establishment est谩 representado por la Uni贸n Europea y se opone con firmeza a los movimientos populistas, nacionalistas y posfascistas que reclaman un retorno a las 芦soberan铆as nacionales禄.

El fascismo cl谩sico naci贸 en un continente devastado por la guerra total y se desarroll贸 en una atm贸sfera de guerras civiles, dentro de Estados profundamente inestables y con mecanismos institucionales paralizados por agudos conflictos pol铆ticos. Su radicalismo surgi贸 de una confrontaci贸n con el bolchevismo, que le dio el car谩cter 芦revolucionario禄. El fascismo consist铆a en una ideolog铆a y un imaginario ut贸picos, que crearon el mito del 芦hombre nuevo禄 y la grandeza nacional. Los nuevos movimientos de extrema derecha carecen de todos esos pilares: son producto de una crisis de hegemon铆a que no puede compararse con el derrumbe europeo de la d茅cada de 1930; su radicalismo no incluye ni un asomo de 芦revolucionario禄, y su conservadurismo 鈥攗na defensa de los valores y las culturas tradicionales, las 芦identidades nacionales禄 amenazadas y una respetabilidad burguesa opuesta a las 芦desviaciones禄 sexuales鈥 est谩 desprovista de la idea de futuridad que model贸 de manera tan profunda las ideolog铆as y utop铆as fascistas. Por eso, me parece m谩s apropiado describirlos como posfascistas, no como neofascistas.

驴Esto significa que no existe un peligro fascista? De ning煤n modo. A decir verdad, si observamos el presente a trav茅s de un prisma hist贸rico, no podemos descartar esa posibilidad. El impresionante ascenso de los movimientos, partidos y gobiernos de extrema derecha muestra con claridad que el fascismo puede convertirse en una alternativa. Pero aunque no cabe duda de que persiste la posibilidad de una nueva era posfascista, es importante se帽alar que la crisis econ贸mica desatada por la pandemia no la fortaleci贸. As铆, la pretensi贸n ultraderechista de encarnar una alternativa 芦antisistema禄 probablemente parezca menos convincente hoy en d铆a que cinco a帽os atr谩s. En 煤ltima instancia, sin embargo, el futuro de los movimientos de extrema derecha no depender谩 exclusivamente de su evoluci贸n interna, su orientaci贸n ideol贸gica y sus decisiones estrat茅gicas, ni tampoco del apoyo que puedan obtener de las 茅lites globales. A fin de cuentas, depender谩 de qu茅 capacidad tenga la izquierda para delinear una alternativa.

jacobinlat.com/2021/12/14/las-nuevas-caras-de-la-derecha/

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Fuente: Asociaciongerminal.org