July 28, 2021
De parte de SAS Madrid
183 puntos de vista


Mickaelle Rigodon, Aljoscha Krause y Sonia Jalda han trabajado en residencias de mayores de las tres mayores empresas multinacionales en Europa. Rigodon en el centro de Orpea en la regi贸n de Auvernia (Francia), Krause en el geri谩trico de Korian en Luneburgo (Alemania) y Jalda en una residencia de Domus Vi en Vigo. Uno a uno, sus historias coinciden.

“Tengo la sensaci贸n de no tratar a las personas con dignidad, de hacer un trabajo a destajo”, dice Aljoscha Krause, gerocultor en la residencia Haus an der Ilmenau de Luneburgo, una localidad alemana en el estado de Baja Sajonia. Y eso ocurre a menudo. Desde hace cinco a帽os, el centro donde trabaja Krause pertenece a Korian. La compa帽铆a ahorra todo lo que puede en mano de obra, asegura: “Siempre hay un enorme agujero en la plantilla, de forma que tenemos que doblar turnos. Es muy estresante psicol贸gica y f铆sicamente”. Eso hace que algunas personas enfermen, “lo que se convierte en un c铆rculo vicioso, porque entonces faltan a煤n m谩s compa帽eros鈥. Las consecuencias las pagan los residentes, que est谩n peor atendidos. Y todo ello por razones muy mundanas: “Korian intenta reducir los costes de personal para aumentar la rentabilidad”.

La auxiliar de enfermer铆a Michaelle Rigodon vivi贸 la misma experiencia en la residencia Anatole France de Auvernia (Francia). All铆 la gesti贸n corre a cargo de Orpea, l铆der del sector residencial europeo con m谩s de mil centros. “Los residentes son tratados como piezas en una f谩brica. Muchos colegas renuncian porque no lo soportan”, lamenta Rigodon. Tambi茅n ella tuvo que renunciar por enfermedad y ahora asesora a los compa帽eros como sindicalista.

Igual de duras son las circunstancias en la residencia de Vigo donde Sonia Jalda cuid贸 de los mayores durante 18 a帽os. El centro lleva tiempo en manos de Domusvi, la principal empresa del sector en Espa帽a y tercera m谩s grande de Europa. “Nada m谩s llegar, lo primero que intentaron fue bajar los salarios“, recuerda Jalda. En los turnos de noche, “ahora se ahorran 40 c茅ntimos por hora trabajada”, dice. Eso supone 60.000 euros al a帽o en su centro y casi dos millones en las 30 residencias que DomusVi gestiona en Galicia. Domusvi, denuncia Jalda, ahorra en la atenci贸n adecuada de las personas a su cargo. “Se trata de un negocio“, concluye la gerocultora.

LOS GRANDES PROBLEMAS

Este trabajo period铆stico, realizada por el equipo de Investigate Europe (IE), trata de dibujar una imagen de una situaci贸n com煤n y poco conocida de la atenci贸n a los mayores por parte de un peque帽o conjunto de empresas multinacionales. Lo que encontramos, de Portugal a Suecia, de Italia a Noruega, fue una realidad similar:

 -Las residencias est谩n infrafinanciadas y tienen menos empleados de los que deber铆an. Empresas como Orpea y Domus Vi est谩n presionando a sus trabajadores, que exigen m谩s contrataciones y mejores salarios.

 -Una cantidad creciente del gasto p煤blico en cuidados va a parar a las arcas de las empresas transnacionales, que se apropian as铆 de una parte importante de la infraestructura social.

 –Inversores an贸nimos se est谩n haciendo con una parte relevante del negocio de la asistencia y evaden impuestos sobre sus beneficios obtenidos con dinero p煤blico trasladando sus ganancias a territorios off-shore.

 -La intensa privatizaci贸n va acompa帽ada de recortes de personal y deficiencias en la calidad de la asistencia en muchos pa铆ses de la UE, pero los gobiernos dejan que el proceso siga su curso y no establecen normas m铆nimas de calidad en la atenci贸n a los ancianos.

Tradicionalmente, el cuidado de los mayores era una tarea caritativa de las iglesias y los municipios. Una situaci贸n que cambi贸 en la d茅cada de los noventa del siglo pasado, cuando la necesidad de plazas creci贸 fuertemente en una sociedad envejecida y la mayor铆a de los gobiernos siguieron la creencia de que las empresas privadas pod铆an realizar las tareas p煤blicas de forma m谩s eficiente que el Estado o las organizaciones sin 谩nimo de lucro.

Esto comenz贸 en el Reino Unido y Francia, y m谩s tarde fue seguido por la mayor铆a de los pa铆ses de Europa Occidental. En Alemania, el gobierno del canciller Kohl dio el pistoletazo de salida en 1995 con la introducci贸n del seguro de dependencia. En esa misma 茅poca se introdujeron en Espa帽a los conciertos y las primeras adjudicaciones para gestionar de forma privada residencias de titularidad p煤blica.

Con unos tipos de inter茅s persistentemente bajos y unas tasas de crecimiento escasas, el sector de los cuidados ofrece a los inversores privados una combinaci贸n 煤nica: el mercado crece sin descanso y el cliente m谩s importante es el Estado, que siempre paga, incluso en tiempos de crisis.

LA PANDEMIA

La pandemia revel贸 una parte del problema, que suele estar oculta. En Europa, el 41% de las muertes relacionadas con la enfermedad se produjeron en residencias de ancianos. En Espa帽a, B茅lgica, Francia, los Pa铆ses Bajos, Eslovenia, Suecia y el Reino Unido, el 5% de los residentes fallecieron, seg煤n el 煤ltimo informe del International Long-Term Care Policy Network. Es decir, uno de cada veinte mayores que viv铆an en geri谩tricos.

En Espa帽a, Italia, B茅lgica y el Reino Unido, Amnist铆a Internacional ha publicado informes sobre el “abandono” sufrido por los residentes. En estos informes, la lista de acusaciones es larga y grave: violaci贸n de los derechos humanos y del derecho a la salud, abandono de los ancianos hasta la muerte, problemas estructurales, falta de financiaci贸n y de personal.

En 2019, antes de que llegara la pandemia, un estudio de la OCDE ya hab铆a planteado su preocupaci贸n por estos mismos problemas estructurales en la atenci贸n a los mayores y conclu铆a que hab铆a “niveles inadecuados de personal, mala calidad del trabajo y falta de cualificaci贸n, lo que pone en duda la calidad de la atenci贸n y la seguridad”.

Aparentemente inmune a estas cr铆ticas, el complejo negocio internacional de las residencias gestionadas por multinacionales que se apoyan en una compleja ingenier铆a financiera crece a pasos agigantados. Estas grandes compa帽铆as est谩n comprando peque帽os grupos nacionales e imponiendo una forma de gesti贸n que, seg煤n las decenas de testimonios recabados 鈥揹e residentes, familiares, trabajadores y acad茅micos鈥, pone a煤n en mayor riesgo la calidad de la atenci贸n prestada a los mayores.

LOS FONDOS

De acuerdo con los datos analizados por Investigate Europe, al menos 30 empresas de residencias estaban controladas por fondos de capital privado (private equity en ingl茅s). Ten铆an a principios de a帽o 2.834 centros en los que hab铆a 200.000 plazas, de las que 31.240 estaban en Espa帽a (18.428 explotadas por Domusvi, 7.180 por Vitalia Home y 5.632 por Colis茅e).

Si nos fijamos 煤nicamente en los doce fondos que controlan empresas con un m铆nimo de 5.000 plazas gestionadas, el resultado es que operan en nueve pa铆ses de la UE 鈥揺ntre ellos Alemania, Francia, Italia y Espa帽a, las cuatro principales econom铆as鈥 y en el Reino Unido. Disponen en total de 2.350 centros y 162.796 plazas (ver los datos desglosados en la tabla adjunta).

En el conjunto del sector europeo, seg煤n la base de datos Pflegemarkt.com y la investigaci贸n del IE, los 28 principales operadores privados de residencias gestionaban 5.388 geri谩tricos con plazas para 455.559 residentes. Son 75.000 camas m谩s que hace cuatro a帽os.

Orpea es el mayor operador de Europa, con m谩s de 110.000 plazas. Entre 2015 y 2020, ha aumentado su capacidad en un 65%. La empresa cotiza en bolsa y su mayor accionista es el Fondo P煤blico de Pensiones de Canad谩 (CPPIB, con un 14,5%). El precio de la acci贸n se ha duplicado con creces desde 2015, mientras que el valor de mercado se ha triplicado. Pero las cifras muestran algo m谩s: la deuda financiera neta de la empresa es de casi el 200% del capital. El pago a los accionistas (mediante el reparto de dividendos) y a los acreedores (mediante el pago de los intereses de los pr茅stamos) le cost贸 a Orpea 244 millones de euros en 2019.

Los Estados de la UE, Gran Breta帽a, Noruega y Suiza contribuyen con m谩s de 220.000 millones de euros al a帽o a los costes de la asistencia, seg煤n datos de la OCDE. Los beneficiarios aportan otros 60.000 millones de euros de su propio bolsillo. Y es una cantidad que aumenta cada a帽o. “El r谩pido envejecimiento de la poblaci贸n en toda Europa ser谩 el mayor motor de crecimiento del mercado de las residencias de mayores a largo plazo”, afirma la consultora Knight Frank, que elogia el continuo auge.

Seg煤n estimaciones de la Comisi贸n Europea, el coste de los cuidados de larga duraci贸n en Europa se duplicar谩 con creces, pasando del actual 1,7% del PIB al 3,9% en 2070. Se trata de un negocio a prueba de crisis, explica Matthias Gru脽, experto en el sector asistencial del sindicato alem谩n Verdi. “Si las compa帽铆as aseguradoras quebrasen, paga el contribuyente si es necesario. Pero nunca habr谩 un impago“.

No es de extra帽ar que las empresas crezcan sin parar en el mercado europeo. En Espa帽a, casi el 89% de las residencias est谩n gestionadas por empresas privadas. En Gran Breta帽a la cifra es del 76% y en Alemania, del 43%.

FALTA END脡MICA DE PERSONAL

La exigencia de cuantiosos beneficios de las multinacionales agrava la miseria. No es posible cuantificar con precisi贸n qu茅 parte de los ingresos se convierten en beneficios, porque existe una importante falta de transparencia. Pero un estudio del think tank independiente CHPI en Gran Breta帽a nos da una pista: los operadores de residencias privadas obtienen unos beneficios de m谩s de mil millones de euros al a帽o, lo que equivale a cerca del diez por ciento del volumen de negocio. Dinero que falta para aumentar el personal y, por tanto, mejorar los cuidados.

Los cuidadores de las grandes cadenas lo sienten cada d铆a. Seg煤n la experiencia del experto en el sector Heinz Rothgang, las residencias bien gestionadas gastan alrededor del 70% de sus ingresos en personal. En cambio, las empresas l铆deres del mercado, como Orpea y Korian, s贸lo destinan entre el 50% y el 55% a esa partida, de acuerdo con sus 煤ltimas cuentas anuales.

Esto s贸lo es posible “si se paga por debajo de convenio y se mantiene la ratio de trabajadores cualificados al nivel m谩s bajo legalmente prescrito“, sospecha Harry Fuchs, profesor de Ciencias de la Administraci贸n y experto en la financiaci贸n del sector de los cuidados.

R茅mi Boyer, responsable de recursos humanos del grupo Korian en Par铆s, lo niega. “Eso es cosa del pasado”, asegura. “Los gastos de personal est谩n aumentando hasta el 58% ahora y siguen creciendo”, declar贸 Boyer a Investigate Europe. Una afirmaci贸n que choca con las experiencias de Aljoscha Krause, gerocultor en el centro de Korian en Luneburgo, y de compa帽eros suyos en centros de la misma compa帽铆a en Francia y los Pa铆ses Bajos, seg煤n confirma un miembro del comit茅 de empresa europeo.

“En una red grande, pueden producirse deficiencias de calidad鈥, admite Boyer, que en todo caso destaca que todas las reclamaciones se tramitan de forma “r谩pida y eficaz”. Korian cuenta actualmente con 0,68 empleados a tiempo completo por residente, sostiene, lo que ser铆a una ratio bastante alta.

Erik Hamann, director de Orpea en Alemania, tambi茅n considera poco importante el reducido porcentaje de los costes de personal en los gastos totales. “Simplemente facturamos m谩s que otros”, indica. Su empresa ofrece habitaciones de confort y otros servicios adicionales, “por los que nuestros residentes pagan m谩s”.

“Tenemos un estado de emergencia permanente”, se queja en cambio una enfermera de una residencia de Orpea en Minden, una localidad alemana en el estado de Renania del Norte-Westfalia. “La gente est谩 tan sobrecargada de trabajo que a veces se olvidan de dar a los mayores sus medicamentos por la noche鈥, a帽ade. Los trabajadores sufren la escasez end茅mica de personal. 鈥淣uestra tasa de enfermedad es alta. Se desgastan y en alg煤n momento no pueden m谩s. Deber铆a estar prohibido que este tipo de empresas puedan gestionar servicios sociales”, destaca.

Preguntado por esta acusaci贸n, Hamann asegura que la investigar谩 en cuanto le den el nombre del centro, al igual que hace con “todas las quejas鈥 que llegan a su mesa. Cada mes suelen ser unas cinco, de una plantilla con 10.300 empleados. Las pautas establecidas se cumplen, afirma, aunque siempre puede haber 鈥alg煤n caso individual donde el centro no puede arregl谩rselas sin personal temporal, que a veces no es fiable鈥.

Los problemas no s贸lo existen en Alemania. Tras las quejas de los empleados, las autoridades tambi茅n descubrieron una falta grave en una residencia de Orpea en Kirchberg (Austria). Seg煤n el informe, el centro no cumpl铆a la proporci贸n m铆nima de personal requerida. Solo en agosto de 2020, faltaron 620 horas de trabajo de enfermeras y gerocultoras para cumplir con el m铆nimo legal establecido. El perito habla de un “grave riesgo para la vida de los residentes”.

En el caso de un anciano de 93 a帽os cuya necesidad de cuidados se hab铆a calculado mal durante a帽os, los expertos hablan incluso de “desastre deshumanizado”. La empresa operadora, Senecura, admiti贸 que se hab铆a producido una falta de personal “temporal”, pero que desde marzo se volvieron a cumplir los requisitos legales.

Las gerocultoras de la filial suiza de Orpea, Senevita, tienen experiencias similares. “Las condiciones de trabajo son bastante malas en comparaci贸n con otras residencias y se trabaja con escaso personal”, afirma Samuel Burri, col铆der del sector de cuidados en el sindicato Unia.

Una gerocultora que ha trabajado en una residencia de Senevita en Z煤rich habla de un enorme estr茅s: “Bajo la presi贸n del tiempo, especialmente los residentes con demencia son los m谩s perjudicados, porque adem谩s ellos olvidan todo lo que ocurre鈥, indica. Los responsables, denuncia, s贸lo piensan en los n煤meros, “se trata de ganar dinero“. Senevita, por su parte, asegura que la empresa es “consciente de que el cuidado de los pacientes con demencia es una tarea especialmente exigente. Por ello, los empleados reciben formaci贸n continua”. Adem谩s, destaca que las encuestas internas “suelen ofrecer un panorama positivo en cuanto a la satisfacci贸n de los empleados”. Senevita no proporciona informaci贸n sobre estas encuestas.

ACOSO A LOS SINDICALISTAS EN ORPEA

Los representantes de los trabajadores tampoco lo tienen f谩cil. En Francia, el sindicato CGT descubri贸 en 2014 hasta d贸nde puede llegar la empresa. Entonces se supo que Orpea hab铆a contratado a tres personas para investigar a los sindicalistas. Gracias al espionaje, la direcci贸n estaba informada de las protestas previstas con mucha antelaci贸n, como muestran los informes semanales de los agentes. La causa de la CGT contra Orpea no se sald贸 con ninguna condena porque los hechos se remontan a 2010, pero la CGT no present贸 la denuncia hasta 2015 y, aunque se puso en marcha una investigaci贸n del fiscal, los jueces consideraron que los presuntos delitos hab铆an prescrito.

A d铆a de hoy, los sindicalistas de Orpea siguen jugando en un terreno complicado. “Si eres representante de los trabajadores en Orpea, convierten tu entorno social en un desierto”, denuncia el activista de la CGT Philippe Gallais, que trabaj贸 en un centro de Orpea durante 20 a帽os, hasta que lo dej贸 en 2020. “Primero me quitaron mis funciones como cuidador y me inhabilitaron profesionalmente, luego dijeron a los compa帽eros que se alejaran de m铆, y lleg贸 un momento en que me aislaron por completo”. Una exgerente de otro geri谩trico de Orpea, en declaraciones a Investigate Europe, confirm贸 que se le orden贸 espec铆ficamente que utilizara esas t谩cticas de acoso laboral contra el personal no deseado. La empresa niega esta acusaci贸n y asegura que todos los directivos est谩n obligados a tratar a todo el personal por igual.

En Polonia, Orpea intent贸 deshacerse de la presidenta del comit茅 de una residencia en la peque帽a ciudad de Konstancin, cerca de Varsovia, en 2019. Acusaron a la gerocultora de intimidar a sus compa帽eras de trabajo. Al parecer, Orpea no pudo aportar pruebas suficientes. En la primavera de este a帽o, un tribunal de Varsovia anul贸 el despido. La empresa tuvo que readmitir a la trabajadora. Pero el efecto disuasorio se mantiene.

Orpea act煤a de forma similar en Alemania. En la actualidad, tiene en marcha procedimientos contra los presidentes de dos comit茅s de empresa regionales en Bremen y Baja Sajonia para ejecutar su “despido procedente”. Se les acusa de haber cometido falsificaci贸n de documentos y fraude en el tiempo de trabajo. Sin embargo, las acusaciones son “completamente insustanciales” y “un intento de criminalizar a los comit茅s de empresa“, sostiene su abogado, Michael Nacken. 

En la ciudad de Leer, en Baja Sajonia, la empresa trat贸 de impedir la creaci贸n de un comit茅. Cuando un sindicalista intent贸 asesorar a los empleados del centro, la direcci贸n le prohibi贸 la entrada. Hamann explic贸 la prohibici贸n diciendo que el sindicalista “hab铆a acudido sin registrarse previamente y hab铆a colocado carteles”, lo que era “inadmisible”. Cuando finalmente se celebr贸 la elecci贸n sindical, la direcci贸n envi贸 a dos abogados a observar, informa uno de los presentes. No sabe nada al respecto, responde Hamann sobre este asunto.

Orpea mostr贸 aparentemente el mismo patr贸n cuando la Federaci贸n Europea de Sindicatos de Servicios P煤blicos (EPSU, por sus siglas en ingl茅s) intent贸 establecer un comit茅 de empresa europeo. La direcci贸n “obstaculiz贸 y retras贸 sistem谩ticamente su creaci贸n, a pesar de que es un derecho legal de los trabajadores elegir dicha representaci贸n a nivel europeo”, informa el sindicalista Guillaume Durivaux, que supervis贸 la fundaci贸n de la EPSU.

La legislaci贸n de la UE al respecto prev茅 que trabajadores y empresarios lleguen a un acuerdo en un plazo de tres a帽os. “Pero Orpea s贸lo aceptaba una reuni贸n al a帽o entre los delegados sindicales y los directivos, y por un tiempo m谩ximo de dos horas”, dice Durivaux. En realidad, a帽ade, nunca se llegaron a entablar negociaciones. “En cambio, tuvimos que discutir sobre el hecho de que ni siquiera quer铆an pagar a los int茅rpretes, a pesar de que algunos compa帽eros no entend铆an otros idiomas”.

Una vez transcurrido el plazo de tres a帽os, los delegados fundaron finalmente el comit茅 europeo el pasado mes de abril sin llegar a un acuerdo. La versi贸n de la empresa es que all铆 se ha hablado finalmente de todo lo necesario.

Ahora, sin embargo, Orpea intenta que la presidente del comit茅 sea destituida en su empresa alemana, presentando una denuncia ante el juzgado de lo Social de la ciudad de Offenburg. Supuestamente, hubo un error de procedimiento en su nombramiento. En realidad, s贸lo se trata de “obstruir el trabajo del comit茅 de empresa europeo”, dice Simon Wionski, el abogado de la mujer afectada. La empresa no hizo comentarios sobre el caso cuando se le pregunt贸.

El hecho de que los trabajadores se organicen sigue siendo la excepci贸n en el sector de la asistencia. S贸lo el diez por ciento de las residencias en Alemania tienen un comit茅 de empresa, y muy pocos empleados est谩n afiliados a sindicatos. “Hablamos hasta por los codos para explicarles que tienen que organizarse”, confiesa Matthias Gru脽, que se ocupa de las residencias de mayores en el sindicato Verdi. Pero las empleadas, en su mayor铆a mujeres, carecen de “la tradici贸n y el conocimiento de sus derechos”. Por ello, la escasez de personal encuentra poca resistencia entre las plantillas.

LA INGENIER脥A FINANCIERA

Una debilidad de la que tambi茅n se aprovechan los inversores financieros an贸nimos que est谩n entrando en el negocio de los cuidados. Los fondos de capital privado 鈥損rivate equity, en ingl茅s鈥 compran empresas con el objetivo de aumentar su valor recortando los gastos y ejecutando planes de expansi贸n para poder venderlas al cabo de unos a帽os con un elevado beneficio.

El capital necesario lo captan entre inversores privados e institucionales, como las compa帽铆as de seguros, junto con la promesa de una alta rentabilidad de dos d铆gitos.

El caso m谩s destacado es el de la empresa francesa DomusVi, que ya es la tercera del sector en Europa, con 354 residencias en cinco Estados de la Uni贸n Europea. Ya en 2014, cuando no llegaba ni a la mitad de su tama帽o, el fondo franc茅s PAI Partners se hizo con la cadena por 639 millones de euros. S贸lo tres a帽os despu茅s, la traspas贸 al fondo brit谩nico Intermediate Capital Group (ICG), pero ahora por un valor casi cuatro veces superior, de 2.400 millones de euros.

Detr谩s del milagroso aumento del dinero hay un sistema que los gestores llaman noblemente “ingenier铆a financiera”. De hecho, es un juego arriesgado con un alto endeudamiento. Para que esto funcione, la empresa adquirida debe tener ingresos fiables con los que hacer frente a los pr茅stamos. Y eso es exactamente lo que proporcionan los pagos gubernamentales por la atenci贸n en las residencias. Mientras que los ingresos proceden de las arcas del Estado, los inversores en private equity suelen canalizar sus beneficios hacia los para铆sos fiscales a trav茅s de enrevesadas tramas societarias.

DomusVi es un ejemplo paradigm谩tico. Como desvel贸 infoLibre el pasado verano, entre cualquiera de las 138 residencias que gestiona la multinacional en Espa帽a y la sociedad matriz del fondo ICG en el para铆so fiscal de la isla de Jersey, hay hasta diez niveles con sociedades intermedias repartidas por Espa帽a, Francia, Luxemburgo y Jersey.

Toda esta estructura tiene un doble objetivo: reducir al m铆nimo la factura fiscal de las empresas y trasladar a los accionistas los beneficios libres de impuestos. Y para conseguirlo son fundamentales las operaciones de endeudamiento entre sociedades del grupo. La compa帽铆a matriz del Domusvi en Francia 鈥揹enominada Kervita鈥 est谩 pagando a dos sociedades en Luxemburgo de su principal accionista unos intereses desorbitados por los 640,5 millones que le han prestado. Desorbitados significa entre el 9,2 y el 11%, en dos operaciones de deuda firmadas en julio de 2017, cuando el tipo de inter茅s de mercado no superaba el 4%. Entre julio de 2017 y marzo de 2019, Kervita abon贸 en intereses a las dos sociedades de Luxemburgo 105,5 millones de euros. Como adem谩s Kervita es la compa帽铆a de Domusvi que consolida las cuentas de todas sus residencias en Europa, ese pago por los intereses consigue que tenga p茅rdidas, lo que le evita pagar por el Impuesto de Sociedades.

LA FALTA DE CONTROL

Un problema a帽adido es la falta de control sobre los servicios que realmente prestan estas multinacionales. Un panorama que se repite por toda Europa: hay muy pocos inspectores y est谩n sobrecargados. En Espa帽a, por ejemplo, hab铆a a finales de 2019 poco m谩s de 200 inspectores para controlar m谩s de 5.200 centros.

La situaci贸n es incluso peor en el norte de Italia. “Soy responsable de 400 residencias. Eso significa que tendr铆a que inspeccionar dos instalaciones cada d铆a“, confiesa el inspector jefe de la autoridad sanitaria de Tur铆n a Investigate Europe. “驴C贸mo voy a conseguirlo?”.

Francia incluso ha reducido el n煤mero de inspectores, mientras que el n煤mero de centros aumenta, informa un antiguo inspector de residencias. Para toda Francia, dice, hay ahora s贸lo 200 inspectores, demasiado pocos para los miles de centros del pa铆s. “La l贸gica de la pol铆tica se reduce a la autorregulaci贸n de los operadores dom茅sticos”.

La maximizaci贸n de los beneficios para los inversores financieros y, al mismo tiempo, la escasez de cuidadores y la supervisi贸n inadecuada: esto refleja c贸mo los gobiernos europeos est谩n descuidando la atenci贸n a las personas mayores que necesitan cuidados.

Un portavoz del ministro de Sanidad alem谩n, Jens Spahn (CDU), explica la contradicci贸n diciendo que los operadores privados “contribuyen de forma decisiva a poder hacer frente a los miles de millones de euros en inversiones en residencias que se necesitan a medida que la poblaci贸n envejece”. Erik Hamann, director de Orpea Alemania, est谩 de acuerdo. Los inversores privados “lo hacen m谩s r谩pido y eficazmente que las organizaciones sin 谩nimo de lucro o el Estado”, afirma.

Pero esta afirmaci贸n est谩 “pol铆ticamente establecida”, replica el economista Benjamin Braun, del Instituto Max Planck para el Estudio de las Sociedades. “Se podr铆a utilizar el mismo razonamiento para que las guarder铆as, las escuelas y las universidades fueran dirigidas por inversores financieros”, afirma. Pero ning煤n gobierno se atrever铆a a hacerlo en Alemania. “La p茅rfida iron铆a es que precisamente la financiaci贸n gubernamental hace que sea tan interesante invertir en este sector”, dice Braun.

El ministro Spahn es muy consciente del problema. “Rendimientos de dos d铆gitos para los inversores financieros y las empresas: esa no es la idea del seguro social de atenci贸n a la dependencia”, admiti贸 en una entrevista con el semanario alem谩n Die Zeit en 2018. Por eso, a帽adi贸, el gobierno tiene que “mirar muy de cerca lo que est谩 sucediendo en este mercado”. Pero Spahn no ha hecho nada hasta la fecha. “La informaci贸n sobre la evoluci贸n de los beneficios de las empresas de fondos de capital privado en Alemania a trav茅s de la adquisici贸n y posterior venta de centros asistenciales no est谩 a disposici贸n del Gobierno federal“, respondi贸 recientemente su ministerio a una pregunta de Pia Zimmermann, diputada del partido Die Linke (La Izquierda). “Lo malo de este negocio no son los inversores, sino los responsables pol铆ticos que les abren la puerta y luego pierden el control”, coment贸 Zimmermann sobre la escueta respuesta.

UN MODELO ALTERNATIVO EN AUSTRIA Y NORUEGA

Pero hay lugares en Europa que est谩n demostrando que otro modelo es posible. Por ejemplo, el gobierno provincial de Burgenland (Austria) ya estipul贸 en 2019 que todas las residencias de mayores solo podr谩n ser gestionadas por empresas sin 谩nimo de lucro a partir de 2024. Los cuidados forman “parte de los servicios p煤blicos, al igual que el cuidado de los ni帽os y la educaci贸n”, afirma el consejero regional Leonhard Schneemann: “El principio de maximizaci贸n del beneficio no tiene cabida en este 谩mbito tan sensible鈥.

Muchos municipios de Noruega hacen lo mismo. Cuando expiraron las adjudicaciones concedidas a empresas privadas de residencias, Oslo, Bergen y Stavanger, por ejemplo, no otorgaron pr贸rrogas y se hicieron cargo ellos mismos de la gesti贸n de los centros. Las empresas privadas son buenas para la sociedad, “pero son peligrosas cuando gestionan servicios asistenciales”, sostiene Robert Steen, teniente de alcalde de Oslo. “Al fin y al cabo, su principal objetivo es obtener beneficios para sus propietarios, no gestionar servicios sanitarios y asistenciales ni contribuir a una sociedad sostenible”.

La empresa sueca de cuidados Attendo abandon贸 acto seguido el mercado noruego y su competidora Norlandia advirti贸 a sus accionistas del “riesgo pol铆tico” que corr铆an.

A diferencia de la mayor铆a de los pa铆ses europeos, en Portugal el Estado no financia directamente las residencias privadas. La ley portuguesa de 2012 mantuvo la financiaci贸n estatal exclusiva para el “tercer sector” sin 谩nimo de lucro. Esto ayuda a explicar la todav铆a reducida presencia de las grandes cadenas internacionales en el pa铆s. Actualmente hay 2.543 residencias, de las que 1.677 son del tercer sector (66% del total), la mayor铆a gestionadas y propiedad de la Santa Casa da Miseric贸rdia, con un acuerdo de cooperaci贸n con el Estado. Existen 733 centros privados (29%), mientras que 133 son sin 谩nimo de lucro y no tienen acuerdos de cooperaci贸n (5%). Las 12 residencias gestionadas por Orpea y Domus Vi en Portugal est谩n destinadas a clientes con altos ingresos, que no reciben ninguna tipo de ayuda p煤blica.

Hasta 2012, Portugal ten铆a una ley muy estricta que prohib铆a las residencias con m谩s de 60 camas. Durante los a帽os de la troika, en 2012, el gobierno cambi贸 esta ley y abri贸 una nueva oportunidad de mercado, duplicando la capacidad permitida.

驴Se fijar谩n otros pa铆ses europeos en los ejemplos de la austriaca Burgenland o la noruega Oslo? El futuro no est谩 escrito, pero la tendencia actual es clara: el negocio de las multinacionales crece imparable, en buena medida gracias a los fondos p煤blicos que captan, mientras que se multiplican por toda Europa las quejas de las trabajadoras y se resiente la calidad de los servicios que reciben los residentes.

Este texto es la primera entrega de una serie de reportajes sobre el sector de las residencias elaborado por el colectivo Investigate Europe. infoLibre, que ha colaborado con el proyecto, publicar谩 en total cuatro reportajes.

Investigate Europe est谩 formado por un equipo de periodistas de once pa铆ses que trabajan juntos para investigar temas de relevancia europea y publicar los resultados en medios de comunicaci贸n de toda Europa.

Los medios asociados para el proyecto sobre las residencias son: Der Tagesspiegel (Alemania), Mediapart (Francia), Telex (Hungr铆a), Aftenbladet y Bergens Tidende (Noruega), Dagens Nyheter (Suecia), EfSyn (Grecia), P煤blico (Portugal), Il Fatto Quotidiano (Italia), Open Democracy (Gran Breta帽a), Gazeta Wyborcza (Polonia), Falter (Austria), Trends (B茅lgica), Republik (Suiza) y Follow the Money (Pa铆ses Bajos).

Adem谩s, colaboraron en la investigaci贸n: Wojciech Cie艣la, Ingeborg Eliassen, Juliet Ferguson, Attila K谩lm谩n, Nikolas Leontopoulos, Anne Jo Lexander, Maria Maggiore, Stavros Malichudis, Sigrid Melchior, Le茂la Mi帽ano, Paulo Pena, Elisa Simantke, Nico Schmidt y Harald Schumann, as铆 como Eelke van Ark (Follow the Money), Manuel Rico (infoLibre), Gerlinde Poelsler (Falter), Jef Poortmans (Trends) y Philipp Albrecht (Republik).

Investigate Europe cuenta con el apoyo de sus lectores, de donantes privados y de la Fundaci贸n Sch枚pflin, la Fundaci贸n Rudolf Augstein, la Fundaci贸n Fritt-Ord, la Open Society Initiative for Europe, la Fundaci贸n Gulbenkian, la Fundaci贸n Adessium, la Fundaci贸n Reva y David Logan y la Fundaci贸n Cariplo.

Puedes consultar la investigaci贸n completa sobre las residencias de mayores en Europa en la web de Investigate Europe.

Enlace relacionado InfoLibre.es (27/07/2021).




Fuente: Sasmadrid.org