March 9, 2021
De parte de La Haine
276 puntos de vista


Entrevista con Atilio Boron :: “Militante no hay modelo, ¡se hace el modelo al andar!”

«No hay un modelo… Cada país va a encontrar una salida del neoliberalismo adecuada a sus circunstancias, a las características fundamentales de su economía, al grado de organización de las fuerzas de campo popular, a las posibilidades que abre una determinada correlación de fuerzas entre la derecha y la izquierda, a la intensidad de la presión del imperialismo y las grandes empresas, a su propia historia», afirma el sociólogo Atilio A. Boron.

El destacado sociólogo y académico chileno Alberto Mayol, al referirse conceptualmente al “momento cero” como fenómeno disruptivo en términos políticos asevera: “El concepto de “momento cero” es un derivado de un término que el lingüista Roland Barthes denomina “grado cero”. Esto es un momento en el cual los elementos que configuran el escenario están comenzando su proceso de construcción” (1).

Tomando este parámetro de análisis, al confrontarlo con la realidad política latinoamericana actual, cabe apreciar que, tras el término de un ciclo de gobiernos progresistas en nuestro continente, el cual fue reemplazado por gobiernos de derecha, tanto por métodos democráticos como no democráticos (Bolivia y Brasil son dos buenos ejemplos recientes de este último caso), pareciera que, los efectos nocivos derivados por esta “ola neoconservadora”, y el fracaso de sus políticas neoliberales en nuestro países, estuvieran dando una segunda oportunidad a coaliciones progresistas y de izquierda. Los que se encuentran ante el enorme desafío, no sólo hacer frente a una de las peores pandemias que el mundo tenga memoria en la historia reciente, sino a procesos de revuelta o estallidos sociales que, desde el año 2019, han colocado a la impugnación del modelo de desarrollo neoliberal y las profundas desigualdades que éste ha propiciado, sumados a escándalos de corrupción y una fuerte represión por parte de agentes del estado, han provocado en casos como el de Chile, Ecuador y Perú, un triste resultado en materia de graves y masivas violaciones a los DDHH de población indefensa.

Es, por tanto, en este contexto convulsionado que la reconstrucción del tejido progresista y de izquierda ha permitido la elección de López Obrador en México, Alberto Fernández en Argentina, Luis Arce en Bolivia, a los que pudiera sumarse Andrés Arauz triunfador en la primera vuelta en Ecuador, al que se adiciona un inédito proceso constituyente en el caso de Chile gracias a los movimientos sociales, los que podrían vislumbrar la construcción de un nuevo escenario, el cual el tiempo dirá si es o no un cambio de ciclo con capacidad transformadora o incluso refundacional, un “momento cero” en definitiva, o bien un fenómeno pasajero. Precisamente para conversar de estos derroteros, es que uno de los más importantes intelectuales latinoamericanos de la actualidad, el sociólogo, politólogo académico y escritor argentino, Atilio Borón, accede a esta entrevista a fin de conocer su parecer y agudo análisis al respecto.

1.- ¿Cuál es su opinión sobre la crisis del sistema neoliberal que ha explosionado en Latinoamérica agudizado por la pandemia?

El sistema neoliberal venía en crisis desde hace tiempo, no es que haya empezado ahora. Yo te diría, para fijar una fecha, que el sistema entra en una crisis de larga duración el año 2008. Su manifestación es la crisis de las “hipotecas subprime” que explota en EEUU. Pero subrayo esto de la manifestación porque el fenómeno latente es mucho más profundo que lo aparente y desata lo que los economistas norteamericanos han dado en llamar “la larga recesión”. Esto quiere decir que, a partir de aquel momento, las economías del mundo comenzaron a crecer muy lentamente y en algunos casos inclusive a decrecer. Estoy hablando del mundo del capitalismo desarrollado (con la obvia excepción de China) que al cabo de esos 12 largos años hasta inicios del 2020, cuando en marzo estalla la pandemia, no había todavía encontrado una salida estable de crecimiento y recuperación económica.

Esta crisis tiene evidentemente múltiples facetas, pero una de las más significativas es el fracaso del neoliberalismo en su aplicación tanto en EEUU, en Europa como en Chile, Perú, Colombia, México o Argentina. ¿Por qué? Porque es un modelo que concentra de modo incontrolable la riqueza y las rentas y que, por lo tanto, crea una tendencia irrefrenable al estancamiento a causa de la caída del nivel de consumo de grandes masas de la población. Esto se puede de atenuar, más no eliminar, como se ha hecho en Chile y en los países más desarrollados por la vía de la enorme expansión del crédito; pero claro, el reverso del crédito ha sido un fenomenal endeudamiento de hogares, empresas y gobiernos. Nótese que Chile es el país que tiene uno de los índices endeudamiento de los hogares más elevados a nivel mundial. Por lo tanto cuando aparece el Covid-19 la crisis estaba lejos de haber sido resuelta. ¿Qué hizo la Pandemia? Bueno, la pandemia hizo dos cosas: profundizó la crisis y aceleró su desarrollo, o sea que la agravó.

Piensa que en EEUU llegaron a tener una cifra cercana a 40 millones de desocupados en ciertos momentos del 2020 y luego de eso, si bien se produjo un descenso, igual el número de desocupados que tiene EEUU y los que hay en Europa están muy por encima de los peores años desde la posguerra. Pero sobre todo la pandemia aceleró los ritmos de la crisis; la declinación del modelo llegó a punto tal que en la reciente reunión cumbre (virtual) de los capitalistas de todo el mundo en Davos se llegó a la conclusión de que era necesario “recargar al capitalismo”, o como otros dijeron, actuar al igual que cuando se congela un ordenador y es preciso darle “un gran reinicio” para que se vuelva a poner en marcha. Pues bien, la elite empresaria mundial tiene hoy esa aspiración: el relanzamiento de un capitalismo recargado cuya fisonomía poco tiene que ver con el modelo neoliberal.

Proponen un modelo fuertemente estatista, estadocéntrico y en donde el papel de los mercados pasa a ocupar un segundo plano por la constatación, admitida por ellos mismos, de su fracaso para garantizar una respuesta efectiva a la crisis sanitaria del Covid-19, por los alcances de la degradación medio ambiental, y por el deterioro de la legitimidad del capitalismo entre las jóvenes generaciones debido a lo anterior y a la concentración de la riqueza en el uno por ciento más rico de los países. Por lo tanto, no serán los mercados quienes puedan solucionar la crisis y estabilizar al capitalismo en el corto y mediano plazo. La confianza está puesta ahora en un rol ampliado del estado, que no quiere decir más democrático, por supuesto.

2.- ¿Qué elementos ve en común en los recientes procesos de revuelta popular acaecidos en países como Chile, Perú o Ecuador?

Muchos. Estás hablando de países como Chile y Perú que han sido sometidos a un predominio neoliberal tremendo y durante largas décadas. En Chile desde el advenimiento de la dictadura en el 73, Perú comenzó después, en 1990 con la presidencia de Alberto Fujimori. En síntesis: el Perú sobrelleva 30 años de neoliberalismo puro y duro y Chile casi medio siglo. El caso de Ecuador es diferente, porque a la dictadura neoliberal de los banqueros y los grandes capitales le puso coto el interludio del correísmo. Pero la traición de Lenin Moreno que subió al gobierno con un programa y ejecutó exactamente el que estaba en las antípodas culminó con una violenta restauración del orden neoliberal.

Se advierten por lo tanto elementos comunes tales como la gran insatisfacción de los sectores populares que comprueban que las esperanzas propaladas por los publicistas e ideólogos neoliberales eran engaños e ilusiones; que les robaron el futuro; que se encuentran profundamente endeudadas, con empleos cada vez más precarizados y cuyos sueldos están por debajo de la línea de la pobreza, sin acceso a servicios sociales básicos como salud, educación y seguridad social y con un progresivo debilitamiento de las organizaciones sindicales que antaño defendían a los trabajadores. Esto en Perú es dramático, no tanto así el caso de Chile porque, si bien debilitado, sobrevive todavía una cierta fuerza sindical. Pero en Perú y Ecuador esta tradición es muy débil, siempre fue débil y ahora está prácticamente desaparecida. Claro que esa vacancia está siendo llenada por nuevas formas de asociacionismo popular, que tendrán un creciente protagonismo en los años que se vienen.

Otras similitudes son la concentración de la riqueza, decadencia en los servicios básicos en materia de salud, de educación, sistema de pensiones; o sea, viejos derechos convertidos en mercancías y sobre todo el anquilosamiento de una dirigencia política completamente apartada del sentir común de la gente. Notamos que en el caso de Chile al referirse a esos sectores dirigentes se utiliza la expresión “casta política” porque así se caracteriza a un conjunto de actores que desde el inicio de la era pinochetista han manejado los hilos del estado y sobre todo los sistemas representativos. Hay casos escandalosos como por ejemplo el de Andrés Zaldívar, que llevó la voz cantante en la campaña de terrorismo mediático entre 1969 y 1970 (lo digo porque yo vivía en Chile en esos años y lo recuerdo muy bien) que pronosticaba un escenario catastrófico y horrible en caso de que Salvador Allende llegara a La Moneda.

Este siniestro personaje no dejó de medrar en las alturas del aparato del estado o del parlamento desde esas épocas. Tengo entendido que sigue ocupando un cargo administrativo de mucha importancia en el congreso chileno, creo que en el Senado. Ejemplos como el de él hay muchos, lo que habla de una asfixiante falta de renovación de la dirigencia política que así se exhibe ante la sociedad con cuadros profundamente desprestigiados y fundadamente sospechados de corrupción, si bien es preciso aclarar que, afortunadamente, hay algunas excepciones, pero son minoritarias y se dan en el campo de la izquierda.

En el caso de Perú la corrupción instaurada en los años del fujimorismo se extendió hasta el día de hoy, recordemos que hubo dos presidentes en Perú que hace pocos meses fueron eyectados de sus cargos producto de intensas movilizaciones populares. Y fueron éstas las que finalmente contribuyeron a instalar un tercero, Francisco Sagasti, cuyo mérito principal se define por la negativa: no es un político corrupto.




Fuente: Lahaine.org