April 12, 2021
De parte de Avispa Midia
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En 2004 se suscitó la llegada de la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización en Haití (MINUSTAH), conformado en gran parte por tropas uruguayas. La presencia de dichos personajes argumentaba que sus objetivos era ayudar a regular los procesos electorales, desarticular a los grupos armados, fomentar el desarrollo económico y estabilizar la situación sociopolítica del país. No obstante, como indica el activista haitiano Camille Chalmers -entrevistado por la Agencia Subversiones- refiere que “la presencia de los cascos azules en realidad se trata de una táctica de control militar”.

La repulsión del pueblo haitiano hacia la Organización de la Naciones Unidas (ONU) tiene fundamento dado que los agentes de las Naciones Unidas fungen como represores de las protestas, disfrazándolo como preservación de la paz. Desde enero de este año se intensificaron las protestas en el país contra la permanencia del presidente Jovenel Moïse en el poder, por considerar un regreso a la dictadura. Moïse debió entregar su cargo político el pasado 7 de febrero y por el contrario comunicó que pretende permanecer en su puesto hasta el 2022.

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Otro fenómeno alarmante por parte de la MINUSTAH son las denuncias de violencia sexual ejercida contra las haitianas. En un completo desbalance de poder los agentes ofrecen dinero, comida e incluso promesas de apoyo para continuar con sus estudios académicos a las menores de edad a cambio de sostener relaciones sexuales. Igualmente se descubrieron redes de prostitución y violaciones masivas. En varios casos las mujeres, niñas y adolescentes agredidas quedan embarazadas o contraen alguna enfermedad de transmisión sexual, sin que el agresor se responsabilice o sea sujeto a una penalización. Sin duda esto únicamente alimenta un círculo de pobreza y abandono.

Mónica Riet, activista uruguaya que en el pasado fue militante de MLN-Tupamaros (Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros) y ahora es cofundadora del Comité por el Retiro de las Tropas Uruguayas de Haití, dijo en entrevista para Avispa Midia que este comité nació en 2007, como una respuesta a las misiones de paz. “Haití que siempre se caracterizó por el espíritu rebelde fue pionero en la abolición de la esclavitud, permanentemente insurrecto ante la dictadura tiene profundas raíces históricas que se extienden y conectan con los movimientos revolucionarios de otros países latinoamericanos”.

La activista sostiene que “Haití era territorio libre, el punto de encuentro de los revolucionarios y, en su momento, la nación antillana les dio embarcaciones, armas y 500 combatientes que fueron a pelear a tierras venezolanas y colombianas en aras de la independencia de las Américas”. De manera, que “esta solidaridad quedó impresa en la memoria de sus países allegados, por lo cual los uruguayos exigen que las tropas provenientes de su propio país se retiren y dejen de mancillar a sus hermanos”, dijo.

Riet ha viajado a la isla en varias ocasiones, porque en sus palabras “es fundamental viajar y conocer Haití, se te rompe la cabeza, se te abre un mundo nuevo porque es otra cultura, es otra civilización con enormes valores”.

Riet acudió en agosto del 2019 al Foro Patriótico, organizado por la Plataforma 4 G Kontre (integrada por los movimientos campesinos haitianos Tèt Kole Ti Peyizan Ayisyen, KROSE y MPP, MPNKP, organizaciones obreras y organizaciones estudiantiles), donde presenció la determinación de los haitianos a recuperar su autonomía. “Aunque el Comité por el Retiro de las Tropas Uruguayas no cuenta en este momento con los recursos suficientes para enviar brigadas de apoyo a Haití, ha encontrado otras maneras de ayudar: el hecho de esparcir la palabra y revelar la situación actual que vive el pueblo haitiano enriquece a la causa”.

Riet rememora las palabras de su compañero activista Chalmers “nos sentimos realmente, no solo contentos sino emocionados porque no podíamos imaginar este apoyo a la mitad de enero que nos estaban masacrando, que estábamos solos, pero ahora nos vemos rodeados de solidaridad de los pueblos del mundo”.

Falsos protectores

Pese a que a lo largo de los años la crisis – social, política y económica- en Haití parece no tener fin, el pueblo caribeño se mantiene en pie de lucha contra la corrupción de sus mandatarios, el intervencionismo insolitico por parte de EE.UU, el aumento de la violencia en las calles y la violación de los derechos humanos ejercida por la propia ONU.                  

Ya sea con el fin de explotar sus minas, saquear sus recursos o por conveniencia geopolítica y militar, son numerosas las entidades que mantienen a Haití bajo un yugo neocolonial. La Organización de Estados Americanos (OEA), países europeos (entre los cuales destaca Francia), Canadá, Estados Unidos y la ONU ejercen una gran coerción en el gobierno haitiano. El argumento principal para su inserción forzada es que por tratarse del país “más pobre de América”, con una historial de gobiernos frágiles, requiere de la ayuda y supervisión de organismos supranacionales y gobiernos poderosos.

Este intervencionismo es abierto, ejemplos de ello es que en las elecciones presidenciales celebradas en 2015 tanto la ONU y los Ministros de Relaciones Exteriores que conforman el denominado Core Group, financiado por EE. UU, “acompañaron” los procesos electorales. Justamente aquellas elecciones fueron señaladas por sus irregularidades y la cuestionable victoria del actual presidente Jovenel Moïse.

Así también, el gobierno de los Estados Unidos y Luis Almagro (secretario de la OEA) han anunciado su sostén a la permanencia ilegítima y anticonstitucional del presidente Moïse. En adición, expresan su apoyo a la creación de la nueva Constitución Haitiana, que esencialmente concederá mayor poder al presidente pese a que Moïse no cuenta con el respaldo y aprobación del pueblo.

Con información de Radio Mundo Real, La Diaria política, Nodal Noticias de América Latina, América Latina en Movimiento, Nueva Sociedad y Spanish News World.




Fuente: Avispa.org