March 24, 2021
De parte de Nodo50
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El servicio militar obligatorio fue una escuela de machismo y homofobia. Algunos gais se acogieron a la exenci贸n por homosexualidad, otros se hicieron objetores de conciencia legales y otros insumisos. Los colectivos cuir defendieron la desobediencia.

Ilustraci贸n de Se帽ora Milton.

鈥淓n la Radical Gai hab铆a maricas que tambi茅n eran objetores y quer铆an ser insumisos. Ah铆 creamos la 鈥榠nsumisi贸n gai鈥, que planteaba: 芦Al ej茅rcito no vamos no porque no creamos en las guerras, sino porque qu茅 vamos a hacer all铆 con tantos hombres si no nos los podemos follar禄 (risas). Editamos un dossier muy bonito titulado 鈥楲evanten nalgas鈥. La objeci贸n supon铆a radicalizarse porque la c谩rcel estaba de por medio鈥.

Esta cita del activista cuir Sejo Carrascosa en una entrevista para Pikara Magazine es la chispa que enciende este reportaje. La siguiente pista nos lleva a Iru帽ea, la ciudad que acogi贸 en 1995 un encuentro sobre insumisi贸n marica organizado por EHGAM, el movimiento de liberaci贸n gay de Euskal Herria.

鈥淪i tengo que ir, me suicido鈥

Joan, alias Juanita M谩rkez, ten铆a 17 a帽os cuando recibi贸 la temida carta del Ayuntamiento de Cornell脿: ten铆a que presentarse el 24 de octubre de 1988 ante el negociado de quintas para formalizar su inscripci贸n en el servicio militar. Como superviviente de acoso hom贸fobo en el instituto, imaginaba la crueldad que le esperaba en el cuartel. Lo ten铆a muy claro: 鈥淪i tengo que hacer la mili, me suicido鈥. Acudi贸 al movimiento antimilitarista Mili KK pero no encontr贸 el apoyo que esperaba. Decidi贸 alegar homosexualidad primaria, una exenci贸n que contemplaba el Ej茅rcito porque la consideraba una discapacidad incompatible con la disciplina militar. La Organizaci贸n Mundial de la Salud sac贸 la homosexualidad de la clasificaci贸n de enfermedades mentales en 1993, el a帽o en el que Juanita respir贸 tranquila.

Primero fue al m茅dico de cabecera a pedir el certificado que exig铆a el negociado de quintas. Este le mand贸 al ur贸logo, quien le mir贸 como las vacas al tren y le deriv贸 al psiquiatra, quien le dijo que no sab铆a c贸mo acreditar algo as铆. Al final, la psicopedagoga del instituto le puso en contacto con una amiga psiquiatra de la sanidad privada que le hizo el certificado en dos minutos. Reconoce la incomodad de aceptar ese diagn贸stico pero lo compara a que, a煤n hoy, las personas transexuales tengan que ser diagnosticadas de disforia de g茅nero para modificar su nombre en el registro civil.

La respuesta fue un jarro de agua fr铆a: 鈥淓xaminado el expediente del mozo, esta junta de clasificaci贸n y revisi贸n decide declararle 煤til para el servicio militar鈥. Juanita M谩rkez recurri贸 y, mientras tanto, se declar贸 objetor de conciencia. Su v铆a crucis incluy贸 viajar cada dos a帽os a un hospital militar de Madrid. 鈥淓l psiquiatra ten铆a que certificar que yo segu铆a igual de maric贸n. Me ped铆a que me dibujase. Me esforc茅 por dibujarme muy triste, marginal, callejera鈥. Para entonces, ya se hab铆a hecho okupa, punki y orgullosa marika; iba a las revisiones luciendo su cresta roja y su pluma. Estaba terminando la carrera de Psicolog铆a y esa formaci贸n le dio aplomo para enfrentarse al poder psiqui谩trico.

El tiempo incrementaba la angustia pero tambi茅n jugaba a su favor: el Movimiento de Objeci贸n de Conciencia (MOC) registr贸 cien mil objetores y 2.000 insumisos, que desafiaban al sistema con acciones de calle y huelgas de hambre en las prisiones. En 1993, a帽o en el que los parlamentos vasco y catal谩n aprobaron sendas mociones a favor de despenalizar la insumisi贸n, Juanita se plant贸 frente a la psiquiatra que ten铆a que valorar su exclusi贸n de la mili y de la prestaci贸n social obligatoria (PSS) y le dijo sin rodeos: 鈥淓stoy loca de remate y soy maric贸n perdido. O me das la incapacidad permanente o me hago insumiso鈥. Y funcion贸.

Elegir la bofetada

El Gobierno de Felipe Gonz谩lez aprob贸 en 1984 la Ley de Objeci贸n de Conciencia. Impon铆a como 煤nica alternativa un servicio civil de duraci贸n mayor a la mili, que consist铆a en trabajar gratis para entidades sociales o gubernamentales. Por si eso fuera poco castigo, estableci贸 penas de dos a帽os, cuatro meses y un d铆a a quienes se negasen a hacer la PSS. Para cuando le concedieron la exclusi贸n temporal del servicio militar por homosexualidad primaria, ya le hab铆an llamado a hacer la PSS. Se negaba a hacer la mili por miedo 鈥斺渘o quer铆a tener a los militares encima ri茅ndose de m铆 por maric贸n, eso ya lo viv铆 en el instituto鈥濃 y se negaba a hacer la PSS por dignidad pol铆tica: 鈥淧refer铆a ir a la c谩rcel. Hab铆a iniciado la guerra y esa era la 煤ltima batalla鈥.

El movimiento de insumisi贸n 鈥攏utrido por hombres y mujeres antimilitaristas, anarquistas, comunistas, independentistas y feministas鈥 se activ贸 como tal en 1988, a帽o en el que se aprob贸 el reglamento del PSS y se celebraron las Segundas Jornadas Antimilitaristas Estatales en Zaragoza.

Carlos Herrero Canencia estuvo ah铆. Era un estudiante de Filolog铆a en la Universidad Complutense, integrante de su Asamblea Antimilitarista. En marzo de 1990, con 21 a帽os, se present贸 como insumiso, esgrimi贸 que era gay y que se negaba a participar en una instituci贸n hom贸foba. 鈥淛am谩s me plante茅 alegar homosexualidad para librarme; tampoco intent茅 librarme por pies planos. No quer铆a librarme, quer铆a oponerme鈥, cuenta. En su entorno, la mayor铆a de gais optaron por hacer la PSS. 鈥淟a ilegalidad daba miedo鈥, reconoce.

Ilustraci贸n Se帽ora Milton.

La jueza rebaj贸 su condena a un a帽o porque no ten铆a antecedentes penales, pero se neg贸 a firmar la condicional y entr贸 en la c谩rcel en 1996. Cumpli贸 un mes y medio en r茅gimen cerrado y despu茅s pas贸 al tercer grado. Le entrevistaron en el diario El Mundo con el titular 鈥楲a mili no es de color de rosa鈥. 鈥淟a mili es una cadena de humillaciones, y el 煤ltimo eslab贸n, que es el soldado, humilla al que considera todav铆a m谩s d茅bil que 茅l, al marica que tiene al lado鈥, respondi贸 al periodista.

En ese movimiento antimilitarista de los a帽os 80 hab铆a muchos gais, pero la mayor铆a estaban en el armario. 鈥淓ntonces, con 20 a帽os, era muy complicado decir que eras insumiso y adem谩s gay, muchos eligieron por d贸nde quer铆an que les llegasen las bofetadas鈥, valora. La corriente en la que 茅l militaba estaba ligada al Movimiento Comunista, en el que participaban feministas lesbianas como Empar Pineda y Cristina Garaizabal. Por ello, el feminismo y la cr铆tica a la homofobia estaban presentes en el discurso de su colectivo.

Juanjo Compair茅, integrante de la asociaci贸n Homes Igualitaris, recogi贸 en un art铆culo acad茅mico en 2011 testimonios de insumisos y objetores de conciencia. Algunos de ellos se帽alan que la convivencia con homosexuales dentro de estos movimientos les sirvi贸 para revisar su homofobia. 鈥淎prend铆 mucho del movimiento gay. Eran unos t铆os muy divertidos. Me provocaban mucho, me obligaban a reaccionar鈥, dice un entrevistado. Otro se帽ala que en la c谩rcel hab铆a muchos presos homosexuales y que eran 鈥減ersonas reconocidas, no se escond铆an y cumpl铆an una funci贸n: eran los que hac铆an las labores femeninas鈥.

Carlos Herrero no se arriesg贸 a comprobarlo. 鈥淓n la c谩rcel estuve en el armario. Tampoco me hac铆a el machito, 驴eh? Cuando me entrevistaron en la radio, cruc茅 los dedos para que ning煤n preso me escuchase鈥. Cuenta que los insumisos gozaban de un gran respeto: 鈥淎 los presos les flipaba que hubi茅ramos elegido c谩rcel. Adem谩s, no 茅ramos lumpen, ten铆amos estudios. Un preso me dijo: 鈥樎煤 no tienes cara de c谩rcel!鈥欌.

Parad贸jicamente, el espacio en el que Herrero se sinti贸 peor fue el Colectivo Gay de Madrid (COGAM), que le dio la espalda: 鈥淒ecidieron acoger a objetores, eso supon铆a asfixiarnos鈥.

El asco es mutuo

El d铆a de su juicio, Xabi S谩nchez Goronaeta se puso unos pendientes vistosos y la camiseta que hab铆a dise帽ado su colectivo, EHGAM Nafarroa, con el lema 鈥淏orrokarako gai鈥 (juego de palabras entre 鈥済ay para luchar鈥 y 鈥渃apaz de luchar鈥) y una figura que amenaza con un tirachinas dentro de un tri谩ngulo rosa. Fue insumiso total, estrategia que consist铆a en ignorar las citaciones judiciales. Estuvo en orden de b煤squeda y captura hasta que lo detuvieron. En la sala dijo: 鈥淟as maricas no aceptamos que el Ej茅rcito diga de nosotras que somos enfermas, y es por eso que nos negamos a aceptar la salida que se nos ofrece. Nosotras somos quienes repudiamos esa instituci贸n鈥. 鈥淎s铆 como en otros lugares fue la crisis del sida lo que politiz贸 a los gais, en Euskal Herria fue la insumisi贸n la que nos llev贸 a interiorizar el discurso queer y a crear un sujeto marica empoderado鈥.

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Tambi茅n en 1996, pas贸 unas tres semanas en la c谩rcel y nueve meses m谩s en tercer grado, pero se sinti贸 arropado por el resto de insumisos. Hac铆a un a帽o que EHGAM hab铆a acogido en el gaztetxe de Iru帽ea el encuentro estatal sobre insumisi贸n gay de la Coordinadora de Frentes de Liberaci贸n de Homosexuales del Estado Espa帽ol (CFLHEE), con la participaci贸n de la Radical Gai, el Front d鈥橝lliberament Gai de Catalunya (FAGC) y Gays Llures Valencia.

EHGAM explica en un dossier en el que incluyeron tambi茅n el 鈥楲evanten nalgas鈥, escrito por Jos茅 Decadi, que el poco contenido sobre machismo y homofobia dentro del movimiento antimilitarista les llev贸 a 鈥渢res marikas en avanzada situaci贸n de desobediencia鈥 a juntarse en una okupa para desarrollar un discurso propio. Se帽alaban que la mili era 鈥渦na incubadora del heteropatriarcado鈥 y 鈥渦n basti贸n de hombr铆a鈥 construido sobre las vejaciones hacia las maricas y las mujeres. 鈥溌縌ue pint谩bamos en una organizaci贸n que nos odiaba, aborrec铆a y persegu铆a? (鈥) 驴Qu茅 pint谩bamos en un lugar que, a decir verdad, tambi茅n nos daba asco a nosotrxs?鈥. Se帽alaban que la legislaci贸n militar criminalizaba las relaciones sexuales calific谩ndolas de 鈥渁tentando contra la dignidad militar鈥 y que el miedo llevaba a los soldados gais a la desesperaci贸n e incluso al suicidio. Argumentaban que los militares eran asesinos de maricas y que no se les hab铆a perdido nada en la mili, ya que era un rito de paso del var贸n heterosexual.

La insumisi贸n marica interpel贸 al movimiento antimilitarista, al que reprochaba 鈥渦n rechazo un tanto disimulado pero evidente鈥, a abordar las subjetividades queer y a romper con el orden heterosexual. No se defin铆an como insumisos gais sino como maricas y, por tanto, insumisos.

Tambi茅n denunciaron que la Coordinadora Gay-Lesbiana del Estado espa帽ol estaba pidiendo objetores para realizar el PSS y rebat铆an su discurso reformista de que las personas homosexuales ten铆an que ser aceptadas tambi茅n en el Ej茅rcito. Desde la Radical Gai contestaron que no se trataba de que el Ej茅rcito tolerase la homosexualidad sino de luchar contra 鈥渦n aparato represivo, reproductor del machismo y el heterosexismo鈥.

鈥淔uimos visibles pero no todas fuimos al talego; algunas eran mayores, otras evitaron entrar en la c谩rcel. Fue relativamente corto, porque en 2001 se termin贸 la mili鈥, cuenta Xabi S谩nchez. Aunque un c铆nico Jos茅 Mar铆a Aznar se apunt贸 el tanto, el m茅rito fue de los y las insumisas, incluidas esas maricas doblemente desobedientes.

Historias de disidentes de g茅nero
鈥 鈥淵o no quer铆a ir a la mili por nada del mundo鈥, cuenta Jose, un vitoriano que fue transformista de joven. Conoc铆a a un chico que se hab铆a intentado suicidar en el cuartel, tir谩ndose por la ventana: 鈥淓so me caus贸 un trauma鈥. Se plant贸 frente al negociado de quintas con peluca, vestido y zapatos de tac贸n. Varios amigos tambi茅n intentaron esa estrategia, pero solo se libr贸 茅l, porque una amiga le ayud贸 a conseguir que un psiquiatra le emitiera un certificado de travestismo.
SC Natzab, activista transfeminista, antimilitarista, ecologista y antirracista, participa desde la isla de Lesbos en el documental 2 urte, 4 hilabete eta egun 1 bat, sobre los presos por insumisi贸n en Nafarroa. 鈥淟a c谩rcel es, junto con el Ej茅rcito, la estructura heteropatriarcal m谩s represiva y que menos respeta al ser humano鈥, afirma ante la c谩mara. De joven escuchaba que los soldados buscaban en quien desfogarse sexualmente. 鈥淣unca les llamaban violaciones, pero me daba mucho miedo. Me met铆 en el movimiento de insumisi贸n para salvarme鈥. Fue a la c谩rcel y, un d铆a, su compa帽ero de celda le puso una navaja al cuello. Ese episodio traum谩tico cambi贸 su vida: 鈥淐omo mujer transexual, no estaba llevando la vida que me correspond铆a. Si la vida era tan f谩cil perderla, iba a vivirla seg煤n mis dictados鈥. En cuanto sali贸 de prisi贸n, inici贸 su transici贸n de g茅nero.
El Salto&Pikara Magazine
Este contenido ha sido publicado antes en la edici贸n en papel de www.elsaltodiario.com en el marco de un acuerdo de colaboraci贸n que tenemos con ellas

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Fuente: Pikaramagazine.com