November 4, 2020
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LA
ESPINA
ROJA


–
03/11/2020





80
AÑOS
DE
LA
MUERTE
DE
LEWIS
HINE



Lewis
Hine:
retrato
de
la
clase
trabajadora




El
estadounidense
Lewis
Wickes
Hine
(1874-1940)
fue
docente
y
sociólogo
antes
de
debutar
profesionalmente
en
la
fotografía
con
el
enorme
trabajo
realizado
durante
diez
años
para
el
Comité
Nacional
Contra
la
Explotación
Infantil
de
su
país:
un
registro
sociofotográfico
del
trabajo
de
niños
y
niñas
en
plantaciones,
minas
de
carbón
y
fábricas.






“Las
ciudades
no
se
construyen
a
sí
mismas,
las
máquinas
no
pueden
hacer
máquinas,
a
menos
que
tras
ellas
esté
el
cerebro
y
el
sudor
de
los
hombres.
Llamamos
a
nuestra
época
la
era
de
las
máquinas.
Pero
cuantas
más
máquinas
utilizamos,
más
necesitamos
hombres
de
verdad
para
hacerlas
y
dirigirlas.
He
trabajado
en
muchas
fábricas
y
conocido
a
miles
de
obreros.
Aquí
les
presento
algunos;
muchos
son
unos
héroes,
y
todos
son
personas
que
es
un
privilegio
conocer”.





“Les
llevaré
al
corazón
de
la
industria
moderna,
allí
donde
se
construyen
las
máquinas
y
los
rascacielos,
donde
el
espíritu
de
los
hombres
se
incorpora
a
los
motores,
aviones
y
dínamos
de
los
que
depende
la
vida
y
la
felicidad
de
millones
de
nosotros.
De
esta
manera,
cuanto
más
sepan
ustedes
de
las
máquinas
modernas,
tanto
más
podrán
también
respetar
a
los
hombres
que
las
construyen
y
las
manejan”.






Sus
primeras
fotos
fueron
tomadas
a
los
inmigrantes
alojados
en
la
isla
de
Ellis,
cerca
de
Manhattan,
como
parte
del
programa
educativo
de
la
Ethical
Culture
School
de
New
York
en
la
que
enseñaba.


En
los
primeros
años
del
siglo
XX
se
desarrolló
en
los
Estados
Unidos
una
corriente
progresista
y
humanista
que
intentaba
paliar
lo
que
percibían
como
excesos
de
la
gran
industrialización,
es
decir
la
superexplotación
de
decenas
de
miles
de
trabajadores
que
se
incorporaban
a
las
fábricas.
Numerosas
organizaciones
oficiales
y
no
gubernamentales,
realizaban
actividades
de
contención,
investigación
y
difusión
de
la
problemática
social
producida
por
el
capitalismo
en
ascenso.






Había
un
mercado
incipiente
para
la
fotografía
social
y
Hine,
que
ya
había
dado
muestras
de
su
capacidad
como
fotógrafo,
decide
dejar
la
vida
académica
para
dedicarse
a
documentar
la
problemática
de
la
clase
trabajadora.




Su
primer
gran
encargo
proviene
del
Comité
Nacional
contra
la
Explotación
Infantil
(NCLC)
para
el
cual
realizó
entre
1908
y
1918
una
enorme
tarea
de
seguimiento
y
registro
fotográfico
del
trabajo
infantil
en
granjas
y
plantaciones,
fábricas
textiles,
minas
y
manufactureras
de
tabaco,
de
lo
que
resultará
el
corazón
de
su
obra
fotográfica.
Luego
de
ese
gran
trabajo
viaja
dos
años
a
Europa
contratado
por
la
Cruz
Roja
para
documentar
la
devastación
luego
de
la
primera
guerra.





“Hay
dos
cosas
que
quería
hacer:
quería
mostrar
las
cosas
que
debían
ser
corregidas,
y
quería
mostrar
las
cosas
que
había
que
apreciar”.




Documentando
las
penurias
del
trabajador
moderno,
Hine
seguramente
confiaba
en
poder
contribuir
al
mejoramiento
en
sus
condiciones
de
trabajo,
a
“corregir”
los
excesos
del
capitalismo.
Y
sin
dudas,
según
leemos
en
el
párrafo
citado
al
comienzo,
su
interés
era
mostrar
al
mundo
a
esos
trabajadores
hasta
ese
momento
anónimos,
a
esas
mujeres
y
hombres
que
hacían
que
el
mundo
funcione.






“Los
mayores
peligros
a
que
está
sometida
la
sociedad
son
la
oscuridad
y
la
ignorancia.
Se
requiere
¡luz
a
raudales!
Por
consiguiente
el
lema
del
trabajador
social
es
“Hágase
la
luz”.
Y
en
la
actividad
por
iluminar
la
realidad
nosotros
tenemos
una
poderosa
herramienta
que
escribe
con
luz:
la
fotografía”.




En
la
muestra
exhibida
en
la
sala
21
del
CC
Borges,
compuesta
por
más
de
80
fotografías
podemos
recorrer
todas
sus
etapas:
fotos
de
inmigrantes,
de
niñas
y
niños
trabajadores,
Europa
en
la
primera
posguerra,
trabajadores
ferroviarios,
la
construcción
del
Empire
State.
En
ellas
no
sólo
impacta
el
valor
documental
de
las
imágenes,
también
los
epígrafes
que
las
acompañan:




“Manuel,
joven
recolector
de
camarones,
5
años
de
edad
y
una
montaña
de
conchas
de
ostras
detrás
de
él.
No
entiende
una
palabra
de
inglés.
Biloxi,
Mississippi,
1911”.




“Newsies
(canillitas)
comenzando
su
jornada
a
la
1
de
la
mañana
del
domingo,
durante
una
tormenta
de
nieve.
Puente
de
Brooklyn.1908”.




“Viuda
con
sus
hijos.
Todos
trabajan
en
un
molino.
Tyfton,
Georgia.1908”.






Hay
algo
importante
en
las
fotografías
que
Hine
realiza
sobre
la
explotación
infantil
en
Estados
Unidos,
algunas
de
las
cuales
podemos
apreciar
en
esta
muestra:
los
niños
están
fotografiados
a
su
altura,
y
en
general
miran
a
cámara,
con
expresión
seria
y
concentrada.
No
son
victimizados,
el
autor
los
muestra
agotados
pero
les
permite
enfrentar
la
lente
en
sus
propios
términos,
los
trata
con
dignidad
y
respeto.
Son
las
circunstancias
del
contexto,
sus
ropas
y
caras
sucias,
sumados
al
contundente
epígrafe,
lo
que
convierten
a
cada
foto
en
una
elocuente
denuncia.




Entre
los
rostros
de
niñas,
niños
y
jóvenes,
que
muestran
sus
vidas
duras
con
responsabilidades
de
adulto,
y
la
resignación
ante
una
realidad
inevitable,
se
cuelan
a
veces
las
bromas
o
los
juegos.






Sólo
uno
de
los
retratados
muestra
un
rostro
plenamente
sonriente,
“Harold
Walker.
5
años.
Condado
Comanche.
Gerónimo.
Oklahoma.
1916.”
Vemos
sus
ropas
gastadas
y
sucias,
las
manos
en
los
bolsillos
y
una
sonrisa
con
dos
dientes
menos:
se
mezclan
en
la
foto
la
niñez
y
la
adultez.
El
fondo,
muy
desenfocado,
lo
aisla
totalmente
de
su
contexto,
resaltando
la
franca
calidez
de
su
sonrisa.
El
autor
intenta,
quizás,
protegerlo
así
de
la
dura
realidad
que
le
tocó
vivir.




El
cineasta,
crítico
y
docente
argentino
Raúl
Beceyro
hace
un
interesante
análisis
de
una
de
las
fotos
más
difundidas
de
Lewis
Hine,
“Pequeña
tejedora
en
una
hilandería
de
algodón
en
Carolina.
1909”:

“De
un
lado
está
la
máquina,
el
trabajo;
del
otro
un
ser
humano
que
se
ve
obligado
a
trabajar…Él
dice
que
la
máquina
quiere
aplastar
al
ser
humano
y
que
el
ser
humano
se
le
resiste.
La
fotografía
es
la
historia
de
esa
resistencia.
El
punto
de
cámara,
ese
paso
al
costado
que
ha
dado
el
fotógrafo,
establece
toda
la
importancia
de
la
máquina;
pero
al
bajar
cincuenta
centímetros
la
altura
de
la
cámara
y
al
descender
al
nivel
de
los
ojos
de
la
niña,
y
además
al
poner
en
foco
al
personaje,
en
ese
momento
el
fotógrafo
se
pone
decididamente
de
su
parte…Hine
no
subestima
el
poder
de
la
máquina
(del
trabajo,
del
capitalismo,
del
dinero,
del
Estado)
lo
sabe
enorme,
y
a
su
lado
puede
parecer
irrisoria
la
resistencia
de
la
niña.
Es
posible,
incluso,
que
esa
niña
que
trabajaba
en
1909
en
una
hilandería
de
Carolina
haya
sido,
ella,
vencida,
pero
sus
pares,
ellos,
triunfarán.
Puede
pensarse
que
esa
niña
oprimida,
sometida,
humillada,
momentáneamente
vencida,
es
la
representante
de
la
clase
obrera,
y
es
sobre
esa
clase
que
la
foto,
finalmente
habla”.
 [1]






En
sus
fotos
de
niñas
y
niños
recolectando
fruta,
de
jóvenes
y
adolescentes
vendedores
de
diarios,
de
niños
mineros,
de
trabajadores
ferroviarios,
Lewis
Hine
se
pone
claramente
de
su
lado.
En
su
serie
sobre
la
construcción
del
Empire
State,
muestra
a
los
operarios
arriesgando
su
vida
en
la
construcción
del
rascacielos,
a
más
de
cien
metros
de
altura.
Allí
también
se
pone
del
lado
del
trabajador.
Lo
hace
además,
literalmente
a
su
lado,
compartiendo
el
riesgo,
empuñando
su
cámara
en
las
alturas.




La
obra
de
Lewis
Hine,
representa
seguramente
el
comienzo
de
la
fotografía
documental
de
índole
social,
campo
en
el
que
pocos
años
después
se
destacarán
Dorothea
Lange
y
Walker
Evans.
Es
seguro
que
además
de
sus
conocimientos
sociológicos
y
su
sensibilidad
social
y
política,
su
innegable
talento
como
retratista
lo
ha
convertido
en
uno
de
los
autores
más
importantes
del
siglo
XX.







[1]

Raúl
Beceyro.
Ensayos
sobre
fotografía.
Ed.
Paidós,
Buenos
Aires.
2005



Fuente:



La
Izquierda
Diario





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Fuente: Arrezafe.blogspot.com