September 13, 2021
De parte de La Haine
165 puntos de vista


En este art铆culo hablamos de c贸mo enfrentar las agresiones LGBTIf贸bicas, la extrema derecha y los l铆mites del punitivismo y el liberalismo para combatirla; y tambi茅n de las trampas de pelear por el reconocimiento en la sociedad capitalista para pensar un combate de la disidencia sexual en alianza con el resto de los sectores oprimidos y la clase obrera.

鈥淥 salimos a la calle o no volvemos a casa鈥. Este es uno de los principales lemas de las concentraciones contra las agresiones LGBTIf贸bicas que est谩n teniendo lugar estos d铆as en el Estado espa帽ol. En lo que llevamos de a帽o se han registrado a nivel legal m谩s de 700 agresiones LGBTIf贸bicas, las cuales una fuente tan sospechosa de izquierdismo como el diario El Pa铆s cifra en un posible 10% de las que suceden.

Por una parte, estas cifras s贸lo descendieron durante el confinamiento, ya que las m煤ltiples agresiones policiales que se dieron en barrios populares en la impunidad durante el Estado de alarma no cuentan como delitos de odio. Por otra, seg煤n ese art铆culo 鈥渓a encuesta revela que una mayor铆a de los que no acudieron a denunciar lo fue porque pens贸 que la Polic铆a no le tomar铆a en serio, no lo entender铆a o porque sent铆a desconfianza hacia los agentes.鈥

Pero 驴por qu茅 en uno de los estados con mejores 铆ndices de 鈥渢olerancia鈥 hacia las personas LGBTI y una de las mejores situaciones legales del mundo se da esta situaci贸n? Bastar铆a hacerse algunas preguntas. 驴No tendr谩 algo que ver que se trata de la misma la polic铆a que el gobierno enviaba a cargar contra activistas LGBTI en julio cuando protestaban contra el asesinato de Samuel al grito de maric贸n? 驴O a alguien le parece extra帽o que no haya confianza en los Mossos d鈥橢squadra que asumieron en juicio su responsabilidad en la muerte del activista LGBTI Juan Andr茅s Ben铆tez en Barcelona en 2013 y siguen patrullando en impunidad? 驴Es que no sobran los motivos para desconfiar de la justicia patriarcal que revictimiza a quienes denuncian una agresi贸n sexual?

Para mostrar a algunos estados capitalistas como garantes de los derechos LGBTI a trav茅s de las leyes habr铆a que obviar algunos aspectos: la limitaci贸n de estas leyes por edad, origen o binarismo, la capacidad de hacerlas retroceder si es necesario negociar con la extrema derecha, la distancia entre los derechos en el papel y derechos en la vida real o el aut茅ntico rol de las fuerzas represivas del estado.

En este art铆culo en primer lugar trataremos de abordar la lucha contra la LGBTIfobia explorando los l铆mites de las estrategias liberales y punitivistas. En segundo lugar, trataremos de profundizar en c贸mo pensar un combate de la disidencia sexual contra el sistema capitalista que la disciplina y reprime para subsistir y la importancia de la alianza con el resto de los sectores oprimidos y la clase trabajadora al frente.

La organizaci贸n pol铆tica de los intereses capitalistas no es LGBTIfriendly

Una encuesta publicada a finales de agosto de 2021 por el sitio web brit谩nico YouGov mostraba estad铆stica sobre poblaci贸n LGBTI a nivel europeo. Seg煤n esta encuesta, en el Estado espa帽ol un 91% de personas cishetero apoyar铆an la salida del armario de une familiar LGB y un 87% como trans o no binarie. Mientras tanto, mis amigues comparten listas de sprays de defensa personal que son legales o se organizan para ir y volver en grupo de movilizaciones contra asesinatos LGBTIf贸bicos, por si les atacan ultraderechistas o les golpea la polic铆a.

En cambio, si en esa encuesta hubieran preguntado a personas LGBTI tendr铆amos resultados probablemente similares a los que arroja otra encuesta a nivel europeo, seg煤n la cual un 69% en alg煤n momento evita pasar por ciertas situaciones para evitar ataques, un 91% entre los 15 y los 17 a帽os no muestra de forma totalmente abierta su identidad, o un 38% (un 48% en las personas trans) ha sufrido ataques en los 煤ltimos 12 meses. Lo que los estados capitalistas venden como para铆sos progresistas LGBTIfriendly, con leyes de igualdad, festivales y turismo, result贸 ser un escaparate: brilla bajo los focos, pero tiene precio y derecho de admisi贸n.

En las sociedades capitalistas y sus democracias liberales actuales conviven extra帽os compa帽eros de viaje: la liberalizaci贸n comercial de nuestras identidades junto con la precarizaci贸n de la mayor铆a trabajadora y de los servicios p煤blicos. La celebraci贸n de festivales del Orgullo LGBTI muy lucrativos con la falta de educaci贸n sexual en las aulas o la separaci贸n Iglesia-Estado. Un gobierno que se dice progresista y guarda en el caj贸n la Ley Trans junto con una extrema derecha salida de un tribunal de la Inquisici贸n. La creaci贸n de nichos de mercado rosa junto con la casi total exclusi贸n de las personas LGBTI no nativas de los avances legales.

Es la misma dualidad que vemos si encendemos la televisi贸n al saltar de series con una cuota de representaci贸n LGBTI a programas de debate pol铆tico en los que en 10 minutos da tiempo a culpabilizar de las agresiones a menores extranjeros, a la izquierda por 鈥渋nstrumentalizar la causa鈥 o a 鈥渉omosexuales egodist贸nicos鈥 que no se asumen, pr谩cticamente sin r茅plicas y con entrevistas amables en prime time a la extrema derecha.

En ese caldo de cultivo crecen las agresiones LGBTIf贸bicas y su visibilidad, en la calle, la casa, las aulas o el trabajo. Y en los 煤ltimos meses vemos ciertas ideas nuevas que se van instalando y debatiendo entre los movimientos LGBTI menos insertados en el aparato estatal. Que se puede asociar al auge de la extrema derecha al aumento de las agresiones. Que 茅sta va a tratar de relacionarlas con las personas migrantes en un giro racista. Que hay un blanqueamiento de los 鈥渄iscursos de odio鈥 en los medios y el terreno parlamentario. Que no nos van a proteger las fuerzas represivas ni la justicia patriarcal y reaccionaria.

Todas estas posturas son cambiantes y fruto de una experiencia en un movimiento que est谩 viendo resurgir la movilizaci贸n de sus alas m谩s izquierdas y en la juventud. Y al mismo tiempo est谩n atravesadas por la cuesti贸n de un punitivismo en debate.

Aunque es correcto relacionar el aumento de las agresiones con la extensi贸n medi谩tica del 鈥渄iscurso de odio鈥 de la ultraderecha, esto plantea varios problemas. Primero, apuntar s贸lo hacia VOX implicar铆a obviar que las agresiones LGBTIf贸bicas no comenzaron en 2018. Segundo, abre la puerta a un discurso en el que la clave pasa por votar a un gobierno capitalista m谩s progre o incluso a una derecha 鈥渃ivilizada鈥 y desmovilizarse. Tercero, la idea de un 鈥渄iscurso de odio鈥 o un 鈥渄elito de odio鈥 no es la gran herramienta contra la LGBTIfobia que tratan de vendernos.

Es el estado capitalista qui茅n decide qu茅 es un delito de odio o un discurso de odio. Seg煤n los jueces, puede no serlo agredir a un joven al grito de maric贸n en Valladolid en 2020, pero s铆 tratar de impedir que circule el transfobus de Hazte O铆r en Sevilla en 2017 para nueve j贸venes a quienes la Fiscal铆a pide un total de 13 a帽os c谩rcel por el agravante de delito de odio. Pedir que no se proh铆ban las terapias 鈥減ara curar la homosexualidad鈥 no es discurso de odio, pero las cr铆ticas a la Iglesia Cat贸lica que las imparte pueden serlo. Lo que el neoliberalismo progresista anuncia como un arma al servicio de 鈥渕inor铆as鈥 en realidad es una forma de vender una mayor confianza en la justicia para ricos y patriarcal y en la disciplina del Estado para los movimientos sociales, algo que puede volverse en su contra.

Por otro lado, la extrema derecha avanza cuando se balancean hacia la derecha las pol铆ticas de la izquierda para evitar que les dispute el terreno, marcando as铆 la agenda y generando una subjetividad que escora hacia la derecha y que, oh sorpresa, beneficia a la derecha. Y la extrema derecha no retrocede cuando movimientos como la disidencia sexual piden medidas represivas contra ella. Al contrario, extiende sus l贸gicas. En esa misma l铆nea est谩 la idea de ilegalizar VOX o Hazte O铆r porque promueven un 鈥渄iscurso de odio鈥. Las agresiones LGBTIf贸bicas, racistas o a militantes de izquierda son una prueba de que los fascistas no se frenan votando al mal menor ni pidiendo que se ilegalicen. Cuando ante cada ataque y provocaci贸n ultraderechista la izquierda reformista llama a votar 鈥渂ien鈥 en las pr贸ximas elecciones y mientras tanto desmovilizarse est谩n llamando a esconderse y dejar v铆a libre. No todo el mundo puede esconderse mientras aumentan las agresiones.

No hay nada m谩s peligroso que creer que puede utilizarse el poder punitivo del estado burgu茅s para enfrentar a la extrema derecha. Toda medida que fortalezca al estado y su poder represivo contra las libertades democr谩ticas, aunque pueda causarles molestias temporales a los fachas, ser谩 m谩s temprano que tarde utilizada contra la clase trabajadora, los movimientos sociales y sus organizaciones.

Por ejemplo, la respuesta anunciada a bombo y platillo del gobierno tras esta oleada de agresiones ha sido anunciar 鈥渓a cooperaci贸n de manera directa con las unidades policiales en la investigaci贸n de los episodios de delitos de odio de mayor gravedad, complejidad o trascendencia medi谩tica鈥. Quien se encarga de ello es el ministro de Interior Fernando Grande-Marlaska, con un amplio historial de encubrimiento de torturas como juez y 煤ltimo responsable del operativo que mand贸 reprimir a la polic铆a en la manifestaci贸n que protestaba contra el asesinato homof贸bico de Samuel, de las deportaciones en caliente o la administraci贸n de los CIEs. 驴脡stas son nuestras herramientas?

La v铆a para combatir a esta extrema derecha no pasa pues por el refuerzo de la capacidad punitiva del Estado que la integra como una de sus alas. Pasa por desarrollar un movimiento independiente que combata todas sus expresiones. Como dice el comunicado estatal de las movilizaciones contra las agresiones LGBTIf贸bicas de estos d铆as:

鈥淟evantemos la solidaridad y la autodefensa antifascista contra los ataques LGBTIf贸bicos y la represi贸n del estado, codo con codo con el antirracismo, el movimiento de mujeres, la clase obrera y la juventud. Organic茅monos en los centros de estudio, de trabajo y en los barrios. Salgamos miles a la calle no s贸lo para exigir justicia y defendernos, sino tambi茅n para pelear contra este sistema patriarcal, racial y capitalista.鈥

Y pasar de la autodefensa al ataque, en un estado capitalista y racista, pasa por varios puntos que en ocasiones pasan desapercibidos.

Diversidad: la trampa es el capitalismo

En las movilizaciones contra las agresiones LGBTIf贸bicas estamos viendo c贸mo se instala el cuestionamiento a instituciones capitalistas como la polic铆a o la judicatura con las que se est谩 haciendo una experiencia represiva (que nunca hab铆a cesado). La extensi贸n de estos planteamientos y la movilizaci贸n m谩s all谩 del 28 de junio son un elemento que rompe con la deriva institucional de un movimiento que se iba reconfigurando de la disidencia sexual a la inclusi贸n LGBTI.

La inclusi贸n de (algunas) personas que antes hab铆an sido excluidas de los propios reg铆menes democr谩ticos capitalistas se tradujo en una mayor institucionalizaci贸n, cooptaci贸n, fragmentaci贸n y despolitizaci贸n. Se tradujo en definitiva en una m谩xima aspiraci贸n de reconocimiento en la sociedad capitalista: pasar de ser 鈥渃iudadanos de segunda鈥 a ocupar puestos en todos los escalafones de este sistema basado en la explotaci贸n y la opresi贸n. Ministros represores gays, lesbianas en la ultraderecha, asociaciones LGBTI en la polic铆a y una serie de trampas que ayudan a que la clase dominante y sus fuerzas de choque sean m谩s diversas.

Estos dos elementos, la ofensiva neoliberal y la inclusi贸n en las instituciones de los sectores m谩s moderados de los movimientos por la diversidad sexual, son fundamentales para comprender la deriva conservadora que sigui贸 una parte importante del movimiento. Un paso de la ofensiva a la resistencia y la posterior institucionalizaci贸n, que se materializa a partir de los a帽os 80. Del combate por la transformaci贸n radical de toda la sociedad, el movimiento se desplaza mayoritariamente a la lucha por la creaci贸n de espacios institucionales contra la discriminaci贸n, cambiando las calles por las oficinas gubernamentales y la cr铆tica a la sociedad patriarcal por las 鈥渁gendas inclusivas鈥.

Esta oleada de nuevas movilizaciones contra la violencia que sufrimos viene a desvelar los enormes l铆mites de esta estrategia, cuando la realidad est谩 a a帽os luz de las flamantes leyes que, si bien en muchos casos son necesarias, llegan tarde, recortadas y con exclusiones.

Una ley que sea el resultado de una pelea y suponga una ampliaci贸n de derechos para un sector oprimido es un avance y lo es para el conjunto de sectores oprimidos. Esa es una de las razones por las que no ha cesado durante a帽os una pelea por la aprobaci贸n de una Ley Trans o por las que el matrimonio igualitario tambi茅n fue una equiparaci贸n de derechos fiscales y laborales arrancados a trav茅s de la lucha. Pero no perdamos el horizonte de que el Estado capitalista no deber铆a ser quien reglamente qu茅 transici贸n es v谩lida, para patologizar las identidades que se salen de la cisnorma, o para decir qu茅 tipo de relaciones y de cu谩ntas personas merecen o no derechos y amparo legal.

La lucha por los avances legales es fundamental, pero puede ser una ilusi贸n si no est谩 unida a una pelea por implementar los derechos en la vida real y por derribar de conjunto el sistema capitalista que utiliza la opresi贸n a la disidencia sexual para seguir disciplinando al conjunto de su fuerza de trabajo.

Podemos encontrarnos con proyectos de leyes LGBTI en una minor铆a de estados capitalista, pero incluso en ese terreno est谩n en peligro de perderse entre acuerdos parlamentarios o concesiones a la extrema derecha. Por ejemplo, mientras la Ley Trans lleva varios a帽os 鈥渆n el caj贸n鈥, la educaci贸n sexual sigue brillando por su ausencia en las aulas y los acuerdos del Estado con la reaccionaria y LGBTIf贸bica Iglesia no se ven cuestionados, con inmensos fondos de dinero p煤blico.
Estas leyes se paran ante la discriminaci贸n laboral que quiera ejercer la patronal (causando un 80% de paro en las personas trans) o ante la situaci贸n de una sanidad p煤blica desfinanciada y privatizada durante d茅cadas de recortes, cuyas consecuencias se han agudizado en la pandemia. Concretamente el 煤ltimo borrador de la Ley Trans termin贸 excluyendo a menores, migrantes y no binaries.

Este tipo de avances no le pisan ning煤n terreno a los intereses de los capitalistas si no hay una pelea detr谩s que lo imponga. As铆 llegamos a la situaci贸n en la que la precariedad crece para la mayor铆a de la clase trabajadora y la liberaci贸n sexual no es para todos los bolsillos. Entre el deseo prohibido y el deseo comercializado, la idea de la emancipaci贸n a trav茅s del consumo que controla nuestros cuerpos se refuerza al servicio del orden social.

La 鈥渋nclusi贸n鈥 LGBTI termina en la frontera: racismo y pinkwashing

Hoy en d铆a que descubran que no eres cis y heterosexual sigue siendo ilegal en 72 pa铆ses, el matrimonio igualitario est谩 disponible solo para el 15% de la humanidad y miles siguen sufriendo muerte, persecuci贸n, precariedad y violencia por dentro y fuera de la ley. Y esto 煤ltimo tambi茅n implica cuestionar a este r茅gimen y su car谩cter imperialista desde la disidencia sexual.

En el caso de un estado imperialista como es el espa帽ol es necesario se帽alar que incluso sus propuestas legales m谩s progresistas niegan en la mayor parte de los casos el derecho de asilo de las personas LGBTI migrantes que vienen de pa铆ses donde tu vida corre peligro, pero no hay una ley que te encarcele o mate. Incluso obliga a demostrar una persecuci贸n que ha habido que ocultar para sobrevivir.

Este gobierno que se dice progresista mantiene pol铆ticas racistas e imperialistas, convierte Ceuta y Melilla en colonias militarizadas, no toca ni una coma de las racistas leyes de extranjer铆a, ni de los CIEs o las devoluciones en caliente. Y esta l铆nea tampoco la sobrepasan las leyes LGBTI. Adaptar la lucha a estos marcos no s贸lo ignora el racismo e imperialismo de este r茅gimen, sino que divide las propias filas de los sectores oprimidos, se帽alando de antemano a quienes ser铆an excluides de una 鈥渇iesta de la inclusi贸n鈥 que todav铆a no ha llegado.

Sin embargo, contamos con ejemplos hist贸ricos de alianzas con el antirracismo hace ya 50 a帽os. As铆, tal y como los Gay Liberation Front hab铆an participado en las marchas a las c谩rceles por la liberaci贸n de integrantes de las Panteras Negras, uno de sus fundadores, Huey Newton, expresar铆a en un discurso en 1970 que 鈥渁 los homosexuales nadie les est谩 regalando ninguna libertad. Tal vez estemos unidos, siendo los m谩s oprimidos en esta sociedad. […] M谩s all谩 de los prejuicios, un homosexual puede ser un revolucionario. Deber铆amos intentar una coalici贸n con la liberaci贸n gay y los grupos de liberaci贸n de la mujer.鈥

La disidencia sexual organizada tambi茅n es lucha de clases

Si para golpear con m谩s fuerza es necesario quebrar las divisiones que trata de imponernos este sistema capitalista, 驴por qu茅 no tratar de articular una mera suma de luchas y experiencias, sino poner adem谩s al frente a la clase trabajadora, la clase que pone en marcha y puede parar el sistema capitalista?

Por una parte, la disidencia sexual est谩 atravesada por la lucha de clases. Y eso quiere decir que cuando la clase obrera (a la que pertenecemos la mayor铆a de las personas LGBTI) obtiene una victoria lo hace contra un enemigo com煤n: el sistema capitalista. Por otra parte, quiere decir que debatiremos con todas las armas de la cr铆tica contra los sectores del movimiento que traten de instrumentalizar la lucha de la disidencia sexual hacia la confianza en gobierno e instituciones capitalistas.

Tal y como explicaba en este art铆culo el historiador John d鈥橢milio: 鈥淟a mayor铆a de la gente, incluyendo la mayor铆a de la gente LGTB, vive con cierta inseguridad, dado que su capacidad de sobrevivir econ贸micamente est谩 siempre amenazada. Nunca estamos muy lejos de perder todos nuestros ahorros, de no llegar a pagar nuestra hipoteca y nuestro alquiler o de tener que recurrir a los bancos de alimentos. El capitalismo ha generado las condiciones materiales que posibilitaron la emergencia de la identidad gay, pero no ha generado seguridad para la mayor铆a de estas personas.鈥

Tal y como comentaba en un art铆culo anterior en Contrapunto Josefina Mart铆nez: 鈥淟a lucha por una sexualidad libre no es algo secundario, ni ajeno a la lucha de la clase obrera, las mujeres y la juventud. En la lucha contra el capitalismo patriarcal y sus violencias, la lucha por el disfrute del tiempo libre y la sexualidad es parte del combate por una sociedad emancipada鈥. La l贸gica de mirarse mutuamente desde la pelea por la disidencia sexual y la lucha de clases pensando que 鈥渆s asunto suyo鈥 divide nuestras fuerzas y dificulta que se forjen alianzas generadoras de importantes experiencias. Sirv谩monos de la historia del marxismo revolucionario, en la que existe una tradici贸n que busca poner en pr谩ctica formas de unir a distintos sectores oprimidos con la clase trabajadora.

驴Te imaginas lo que pasar铆a si se aliaran las luchas del movimiento LGBTI, antirracista, el movimiento de mujeres o contra la explotaci贸n de la clase obrera? Esto es unir lo que los capitalistas tratan de separar a toda costa. Poniendo en el centro del tablero a la diversa clase trabajadora que movemos el mundo y luchando por un programa que enfrente al capital, se abre la posibilidad de que conquistemos un papel revolucionario.

Esta 茅poca nos ha tra铆do a la urgencia de pelear contra la LGBTIfobia, las aberraciones reaccionarias que la ejecutan y el sistema capitalista que las alimenta. O salimos a la calle o no volvemos a casa. Porque adem谩s peleamos por la casa, la calle y la libertad que nos trata de quitar este sistema podrido y los monstruos que genera. Por una sociedad sin ning煤n tipo de opresi贸n

https://www.izquierdadiario.es/LGBTIfobia-y-capitalismo-entre-las-trampas-del-reconocimiento-y-la-persistencia-de-las-opresiones




Fuente: Lahaine.org