December 21, 2021
De parte de Asociacion Germinal
238 puntos de vista

La poblaci贸n sobrevive empobrecida y sin esperanza, agobiada por la crisis econ贸mica m谩s grave tras la guerra civil

Vista de las viviendas de un barrio humilde de Beirut al caer la noche.
Vista de las viviendas de un barrio humilde de Beirut al caer la noche.BRAIS LORENZO

鈥淎mamos tanto la vida porque hemos perdido toda la esperanza鈥. Con esta contundencia se expresa la artista libanesa Melissa Ghaz. Resume la filosof铆a de vida de los beirut铆es. Da un sorbo al caf茅 y se queda en silencio. Solo la m煤sica en las calles disimula el cansancio de un pueblo que ha dejado de hacer planes para ma帽ana. Nadie habla del futuro en L铆bano.

El pa铆s afronta uno de los peores momentos de su historia. Ya arrastraba una profunda crisis cuando se produjeron dos acontecimientos brutales e imprevisibles. La explosi贸n en el puerto de Beirut, que dej贸 en agosto de 2020 m谩s de 200 muertos y enormes da帽os de los que todav铆a no se ha recuperado la ciudad. La pandemia ha colapsado, adem谩s, el sistema sanitario y arruinado la econom铆a. 鈥淟as crisis son muchas. La depresi贸n se produce porque nadie sabe c贸mo adaptarse a los nuevos escenarios鈥, explica Marie Hardan, psic贸loga y consejera socioeducativa. 鈥淵 todo esto se suma a los problemas pol铆ticos que ya ten铆amos鈥, precisa.

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L铆bano ha sufrido una ca铆da dr谩stica del PIB de cerca del 40% desde 2018, seg煤n el Banco Mundial. La inflaci贸n ha acumulado un alza del 200% a lo largo de los dos 煤ltimos a帽os. La devaluaci贸n de la lira 鈥攃on respecto al d贸lar鈥 alcanza el 90% . La escalada del precio del combustible no tiene freno.

El Estado ya no tiene capacidad de respuesta. No se garantiza el suministro el茅ctrico en los hospitales, ni el acceso al agua, o a las medicinas. Ni el derecho a la educaci贸n de los menores y adolescentes. La incertidumbre vuelve a poner a prueba a una sociedad que vive en la improvisaci贸n del d铆a a d铆a.

Por las noches, las calles de Beirut son testigo mudo de las desigualdades sociales. De un simple vistazo es f谩cil distinguir entre ricos y pobres, basta fijarse en las fachadas de los edificios para descubrir la capacidad de acceder a la energ铆a el茅ctrica. Los m谩s afortunados tienen generadores propios. En los barrios humildes, recurren a velas y candiles. Una diferencia que no para de crecer y que ha carcomido la clase media. 鈥淟os cortes de luz todas las noches hacen que mi hija de seis meses duerma sin calefacci贸n y en mi piso hace mucho fr铆o鈥, cuenta Ahmed Nasridin, de 29 a帽os, y que trabaja como taxista. 鈥淟os faros de los coches sustituyen a las farolas para iluminar las calles鈥, describe las noches libanesas.

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Beirut est谩 irreconocible鈥, coinciden los j贸venes consultados. No es la ciudad de su infancia. Todos vienen arrastrando problemas de infraestructura el茅ctrica desde la guerra civil (1975-1990). Ahora incluso el autoabastecimiento empieza a ser complicado por la subida del precio del gas贸leo para los generadores. Una alternativa con la que no suelen contar las casas en los barrios m谩s humildes. 鈥淣o todos tenemos generadores, es cuesti贸n de suerte que el due帽o de la vivienda cuente con ello y que el inquilino pueda pagar el combustible鈥, explica Nasridin.

Una vendedora de globos junto a su hija en el paseo mar铆timo de Beirut.
Una vendedora de globos junto a su hija en el paseo mar铆timo de Beirut.BRAIS LORENZO

鈥淪olo en noviembre hemos estado sin luz 524 horas de las 720 que tiene el mes鈥, indica Hassan Alauz, responsable del departamento t茅cnico del Hospital Universitario Rafik Hariri, en Beirut. El hospital p煤blico m谩s grande de L铆bano y el principal para el tratamiento de la covid-19. 鈥淒ejamos zonas sin iluminar, ascensores sin utilizar, apagamos el aire acondicionado. Priorizamos los quir贸fanos y las unidades de almacenamiento para ahorrar combustible鈥, revela.

El hospital depend铆a de la compa帽铆a el茅ctrica estatal, pero a ra铆z de la crisis actual comenz贸 a tener que conectar los generadores al menos 12 horas al d铆a. En estos momentos, hay jornadas en las que son la 煤nica fuente de energ铆a. 鈥淚nvertimos gran parte de nuestros fondos en gas贸leo. Esto supone un grave problema para financiar los tratamientos y comprar medicamentos. Las zonas mejor iluminadas del centro son las que cuentan con el apoyo de organizaciones internacionales鈥, informa Wahida Ghalayini, directora del hospital. Adem谩s, muchos aparatos m茅dicos se estropean a causa de los cortes y apagones. Y cuesta mucho dinero arreglarlos.

El personal m茅dico est谩 agotado y no tiene motivaci贸n para continuar. 鈥淓l sueldo ya no compensa. Lo que ganamos nos lo gastamos en el trayecto de ida y vuelta鈥, se queja Amal Nasif, una enfermera de 35 a帽os. El salario medio ya no aguanta hasta final de mes, incluso funcionarios y militares han visto mermada su capacidad econ贸mica para subsistir. La inflaci贸n y la carest铆a, as铆 como la falta de soluciones, han elevado el descontento social as铆 como el rechazo de la clase pol铆tica.

El sistema pol铆tico liban茅s dispone de una distribuci贸n de esca帽os y cargos por grupos religiosos y 茅tnicos. En la actualidad, el modelo ha colapsado. 鈥淓l problema es este sistema sectario que no es pr谩ctico y no ayuda a resolver los problemas鈥, asegura la psic贸loga Hardan. Desde la explosi贸n de Beirut, se ha tardado 13 meses en pactar al nuevo primer ministro, Nayib Mikati, precisamente el hombre m谩s rico de L铆bano. Asumi贸 el cargo el pasado 10 de septiembre.

La Educaci贸n como term贸metro de la crisis social

Las escuelas son otro term贸metro de la crisis social. La bancarrota del pa铆s est谩 relacionada con el gran incremento del absentismo escolar. Para Unicef, el problema est谩 ligado con el aumento del trabajo infantil y los matrimonios precoces. 鈥淟a infancia con discapacidad, las ni帽as y las adolescentes, los refugiados y los m谩s pobres corren mayor riesgo de no volver nunca a aprender鈥, advierte Yukie Mokuo, representante de Unicef en L铆bano.

Los centros educativos disponen de electricidad en funci贸n de si son p煤blicos o privados, y del barrio en el que se ubican. La escuela Hallak, en un distrito humilde, es fiel reflejo de la decadencia del pa铆s. No tiene recursos para poner en marcha calefacci贸n, por lo que su alumnado permanece con la ropa de abrigo en clase. Las maestras notan el agotamiento f铆sico y el hambre que los escolares traen desde casa. 鈥淎ntes no repart铆amos comida, ahora hacemos bocadillos. Puede que sea el 煤nico alimento que vayan a comer ese d铆a鈥, lamenta una maestra.

Varios ni帽os asist铆an a una clase en el colegio Hallak, en un barrio humilde de Beirut.
Varios ni帽os asist铆an a una clase en el colegio Hallak, en un barrio humilde de Beirut.BRAIS LORENZO

Amani, de 14 a帽os, es la primera de clase y quiere ser dentista. Est谩 sentada en la primera fila y persigue los movimientos de su profesora. Por las tardes ayuda a su madre cosiendo trajes y arreglando ropa para poder mantenerse en la escuela ella y sus seis hermanos. 鈥淭iene mucho talento y este a帽o su madre nos dijo que no pod铆a pagarle la matr铆cula y decidimos no cobrarle鈥, revela Maha Badeg, la coordinadora del centro.

Fatma Abdelrazag, la madre de Amani, prepara el t茅 mientras expone todas las trabas que se han encontrado en L铆bano por ser sirios. Le cost贸 mucho conseguir la residencia legal. La pobreza golpea sobre todo a la poblaci贸n refugiada. Naciones Unidas tiene contabilizados unos 865.000 sirios en L铆bano, cifra que el Gobierno eleva a 1,5 millones. Miles de familias malviven en asentamientos o en los barrios m谩s humildes. Entre los sirios, la situaci贸n es dram谩tica: el 90% apenas logran sobrevivir, por debajo del umbral de la pobreza.

Amani (segunda por la izquierda, con un cuaderno en la mano) volv铆a a casa tras ir a clase en el colegio Hallak, en Beirut.
Amani (segunda por la izquierda, con un cuaderno en la mano) volv铆a a casa tras ir a clase en el colegio Hallak, en Beirut.BRAIS LORENZO

Abdelrazag lleva 10 a帽os en el pa铆s y sus hijos estuvieron tres a帽os sin poder ir a la escuela. Una evaluaci贸n de Naciones Unidas de 2021 determin贸 que el sistema educativo liban茅s acoge a 660.000 ni帽os refugiados sirios en edad escolar, pero 200.000 nunca han ido al colegio, y casi el 60% no hab铆an estado escolarizados en los 煤ltimos a帽os. La infancia no sabe qu茅 futuro le espera en L铆bano. 鈥溌縌u茅 explicaciones le daremos a nuestros hijos e hijas?鈥, se pregunta la psic贸loga Hardan. 鈥淓stamos inmersos en una lucha de la supervivencia鈥, se responde a s铆 misma. 鈥淎s铆 que mejor no hablemos del futuro鈥.

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Fuente: Asociaciongerminal.org