December 26, 2020
De parte de La Haine
804 puntos de vista

Los intelectuales tienden un velo sobre el car谩cter dictatorial de la democracia burguesa al presentarla como el absoluto opuesto del fascismo y no como otra fase natural del mismo en el que la dictadura burguesa se revela de modo m谩s abierto鈥
Bertolt Brecht

Una y otra vez o铆mos que el liberalismo es el 煤ltimo basti贸n contra el fascismo, pues representa una defensa del Estado de derecho y de la democracia frente al intento aberrante y mal茅volo de los demagogos que pretenden destruir un sistema totalmente perfecto en beneficio propio. Esta aparente oposici贸n ha arraigado profundamente en las llamadas democracias liberales occidentales gracias al mito de su origen compartido. Por ejemplo, todo escolar de EEUU ha aprendido que el liberalismo derrot贸 al fascismo en la Segunda Guerra Mundial y que hizo retroceder a la bestia nazi para establecer un nuevo orden internacional construido sobre s贸lidos principios democr谩ticos que 鈥揳 pesar de sus potenciales fallos y errores鈥 son antit茅ticos al fascismo.

Este marco de relaciones entre liberalismo y fascismo no solo les presenta como completamente opuestos sino que adem谩s define la propia esencia de la lucha contra el fascismo como la batalla por el liberalismo. De este modo forja un antagonismo ideol贸gico falso. Porque fascismo y liberalismo comparten su innegable devoci贸n al orden mundial capitalista. Aunque sea preferible el guante de terciopelo del gobierno hegem贸nico y consensual y el fascismo sea m谩s proclive a aplicar sin reparos el pu帽o de hierro de la violencia represiva, ambos pretenden mantener y desarrollar las relaciones sociales capitalistas, y han cooperado a lo largo de la historia moderna para lograrlo.

Lo que este aparente conflicto enmascara 鈥搚 ese es su aut茅ntico poder ideol贸gico鈥 es que la l铆nea divisoria fundamental no es la que separa dos modos diferentes de gobernanza capitalista, sino capitalismo y anticapitalismo. La prolongada campa帽a de guerra psicol贸gica librada bajo la enga帽osa bandera del 鈥渢otalitarismo鈥 ha contribuido en gran medida a disimular esta l铆nea de demarcaci贸n al presentar falsamente al comunismo como una forma de fascismo. Tal y como Domenico Losurdo y otros pensadores han explicado con gran precisi贸n hist贸rica y todo lujo de detalles, esto es pura paparrucha ideol贸gica.

Dado que el actual debate p煤blico sobre el fascismo tiende a enmarcarse en relaci贸n con la supuesta resistencia liberal al mismo, no hay tarea m谩s urgente que la de reexaminar escrupulosamente el historial del liberalismo y el fascismo existentes en la actualidad. Como podr谩 comprobarse incluso en este breve resumen, lejos de ser enemigos, ambos han sido 鈥揳 veces sutilmente, a veces de forma clara鈥 compa帽eros de los cr铆menes capitalistas. En aras de la claridad y de la concisi贸n, en primer lugar me centrar茅 en el relato coyuntural de los casos no controvertidos de Italia y Alemania. No obstante, es preciso se帽alar desde el principio que el Estado policial racial y el vandalismo colonial de los nazis 鈥搎ue superaron con creces las capacidades de Italia鈥 siguieron el modelo de EEUU.

La colaboraci贸n liberal en el ascenso del fascismo europeo

Es fundamental se帽alar que el fascismo surgi贸 dentro de las democracias parlamentarias y que no conquist贸 el poder desde el exterior. Los fascistas llegaron al gobierno en Italia en el momento de grave crisis pol铆tica y econ贸mica que sigui贸 a la Primera Guerra Mundial y luego a la Gran Depresi贸n. Esta fue tambi茅n la 茅poca en la que el mundo fue testigo de la primera revoluci贸n anticapitalista que logr贸 triunfar en la URSS. Mussolini, que se hab铆a afilado los dientes cuando trabajaba para el [servicio de seguridad brit谩nico] MI5 con el objetivo de desactivar el movimiento pacifista italiano durante la Gran Guerra, fue posteriormente respaldado por los grandes capitalistas industriales y los banqueros complacidos por su orientaci贸n pol铆tica antiobrera y procapitalista.

Su t谩ctica fue trabajar dentro del sistema parlamentario, movilizando apoyos econ贸micos poderosos para financiar su amplia campa帽a de propaganda, mientras sus camisas negras pisoteaban los piquetes obreros y a las organizaciones de trabajadores. En octubre de 1922, los magnates de la Confederaci贸n de la Industria y los principales directivos de banca le proporcionaron los millones que necesitaba para organizar la espectacular demostraci贸n de fuerza que fue la Marcha sobre Roma. No obstante, no lleg贸 a tomar el poder sino que, como explica Daniel Gu茅rin en su magistral estudio Fascismo y gran capital, acudi贸 a la llamada del rey el 29 de octubre quien, siguiendo la normativa parlamentaria, le encarg贸 la formaci贸n de un gobierno.

El Estado capitalista se rindi贸 sin pelear, pero Mussolini estaba decidido a conseguir una mayor铆a absoluta en el parlamento con el apoyo de los liberales. Estos respaldaron su nueva ley electoral en julio de 1923 y aceptaron presentarse en una lista conjunta con los fascistas a las elecciones del 6 de abril de 1924. As铆 fue como los fascistas, que hasta entonces ocupaban 35 esca帽os en el parlamento, consiguieron 286 con el apoyo de los liberales.

Los nazis alcanzaron el poder de un modo bastante parecido, trabajando dentro del sistema parlamentario y buscando el favor de los grandes magnates de la industria y de los banqueros. Estos 煤ltimos proporcionaron el apoyo que les permiti贸 crecer como partido y, en 煤ltimo t茅rmino, asegurar su victoria electoral en septiembre de 1930. Posteriormente Hitler rememorar铆a (en un discurso pronunciado el 19 de octubre de 1935) lo que supuso contar con los recursos materiales necesarios para financiar a 1.000 oradores nazis con sus propios veh铆culos, para que pudieran celebrar unos 100.000 m铆tines en el trascurso de un a帽o.

En la elecci贸n de diciembre de 1932, los dirigentes de la socialdemocracia, mucho m谩s a la izquierda que los liberales de la 茅poca pero con quienes compart铆an una agenda reformista, se negaron en el 煤ltimo momento a formar una coalici贸n contra el nazismo con los comunistas. 鈥淓n Alemania ocurri贸 lo mismo que en muchos otros pa铆ses, en el pasado y en el presente鈥, escribi贸 Michael Parenti, 鈥渓os socialdem贸cratas prefirieron aliarse con la derecha reaccionaria antes que hacer causa com煤n con los rojos鈥. Previamente a la elecci贸n, el candidato del partido comunista Ernst Thaelmann hab铆a declarado que votar al mariscal de campo von Hindenburg equival铆a votar por Hitler y por la guerra. Apenas unas semanas despu茅s de su victoria electoral, Hindenburg propuso a Hitler para canciller.

En ambos casos, el fascismo accedi贸 al poder a trav茅s de la democracia parlamentaria burguesa, en la que el gran capital financia a los candidatos suscriben sus objetivos al tiempo que crean un espect谩culo populista 鈥搖na falsa revoluci贸n鈥 que dirija o sugiera las preferencias de las masas. Su conquista del poder tuvo lugar dentro de este marco constitucional y legal, que aseguraba su aparente legitimidad tanto en el frente interno como en la comunidad internacional de las democracias burguesas. Leon Trotsky lo entendi贸 a la perfecci贸n y diagnostic贸 lo que iba a acontecer con una notable intuici贸n:

鈥淟os resultados est谩n a la vista: la democracia burguesa se transforma legal y pac铆ficamente, en una dictadura fascista. El secreto es bien sencillo: la democracia burguesa y la dictadura fascista son instrumentos de una 煤nica clase, la de los explotadores. Es absolutamente imposible prevenir la sustituci贸n de un instrumento por el otro apelando a la Constituci贸n, al Tribunal Supremo de Leipzig, a nuevas elecciones, etc. Lo que hace falta es movilizar las fuerzas revolucionarias del proletariado. El fetichismo constitucional brinda la mejor ayuda al fascismo鈥.

Una vez asegurado el poder, el fascismo mostr贸 su rostro autoritario y se transform贸 en lo que Trotsky describ铆a como una dictadura burocr谩tico-militar de estilo bonapartista. Con resoluci贸n 鈥揳 un ritmo diferente en Italia que en Alemania鈥 se lanz贸 a completar la tarea para la que hab铆a sido contratado: aplast贸 a los sindicatos, erradic贸 a los partidos de la oposici贸n, cerr贸 las publicaciones independientes, suspendi贸 las elecciones, utiliz贸 a las clases m谩s bajas y racializadas como chivo expiatorio, privatiz贸 los bienes p煤blicos, inici贸 proyectos de expansi贸n colonial y dedic贸 enormes cantidades de dinero a una econom铆a de guerra que beneficiaba a los industriales que le hab铆an apoyado.

Para establecer la dictadura directa del gran capital, lleg贸 a prescindir de algunos de los elementos m谩s plebeyos y populistas de sus propias filas al tiempo que aplastaba a muchos desconcertados liberales con la maquinaria represiva de la lucha de clases.

La burocracia burguesa permiti贸 el ascenso del fascismo no solo en Italia y Alemania; lo mismo ocurri贸 a escala internacional. Los estados capitalistas rehusaron formar una coalici贸n antifascista con la Uni贸n Sovi茅tica, un pa铆s que 14 de ellos hab铆an invadido y ocupado desde 1918 a 1920 en un fallido intento de destruir la primera rep煤blica de los trabajadores del mundo. Durante la Guerra Civil espa帽ola (que para historiadores como Eric Hobsbawm fue una versi贸n en miniatura de la gran guerra de mediados de siglo entre fascismo y comunismo), las democracias liberales burguesas no respaldaron oficialmente al gobierno izquierdista democr谩ticamente elegido. Prefirieron cruzarse de brazos mientras las potencias del Eje suministraban un apoyo masivo al general Franco, cabecilla de un golpe de Estado.

Resulta tremendamente revelador que Franco, un autodeclarado fascista que suele ignorarse cuando se debate el fascismo europeo, entendi贸 con meridiana claridad las razones por las cuales las caracter铆sticas accesorias del fascismo pod铆an diferenciarse considerablemente en funci贸n de la coyuntura precisa: 鈥淓l fascismo, ya que esa es la palabra que se utiliza, el fascismo presenta cada vez que se manifiesta caracter铆sticas que var铆an en la medida en que var铆an los pa铆ses y los temperamentos nacionales鈥.

Fue la URSS la 煤nica naci贸n que acudi贸 en ayuda de los republicanos que combat铆an el fascismo en Espa帽a, enviando tanto soldados como materiales. Franco devolver铆a posteriormente el favor, por decirlo de alguna manera, cuando envi贸 una divisi贸n de “voluntarios” a combatir el comunismo ateo al lado de los nazis. Por supuesto, Franco tambi茅n se convertir铆a en la posguerra en uno de los grandes aliados de EEUU en su lucha contra la Amenaza Roja.

En 1934 Reino Unido, Francia e Italia firmaron el Acuerdo de M煤nich, por el que aceptaban que Hitler invadiera Polonia y colonizara los Sudetes de Checoslovaquia. 鈥淟a reticencia de los gobiernos occidentales a iniciar negociaciones efectivas con el Estado Rojo鈥, escribi贸 Eric Hobsbawm, 鈥渋ncluso en 1938-1939, cuando ya nadie negaba la urgencia por fraguar una alianza contra Hitler, es demasiado evidente. De hecho, fue el miedo a quedarse solo para enfrentarse a Hitler lo que al final motiv贸 a Stalin 鈥搎ue desde 1934 hab铆a sido el campe贸n inquebrantable de una alianza de Occidente contra el F眉hrer鈥 a firmar el Pacto Stalin-Ribbentrop de agosto de 1939, con el que esperaba mantener a la URSS fuera de la guerra鈥. Este pacto de no agresi贸n fue presentado de forma hip贸crita en la prensa occidental como la innegable indicaci贸n de que nazis y comunistas estaban aliados de alguna manera.

El capitalismo internacional y el fascismo

Los empresarios industriales y los banqueros, as铆 como los terratenientes, no fueron los 煤nicos que apoyaron en Italia y Alemania el ascenso del fascismo al poder y se beneficiaron de 茅l. Lo mismo puede decirse de muchas de las grandes corporaciones y bancos con sede en las democracias occidentales burguesas. Henry Ford quiz谩 sea el ejemplo m谩s notorio desde que en 1938 fue galardonado con la Gran Cruz del Supremo Orden del 脕guila Alemana, el m谩ximo honor que pod铆a otorgarse a cualquier persona no alemana (Mussolini la hab铆a recibido ese mismo a帽o).

Ford no solo hab铆a canalizado muchos fondos hacia el partido nazi, tambi茅n le hab铆a proporcionado buena parte de su ideolog铆a antisem铆tica y antibolchevique. Ford estaba convencido de que 鈥渆l comunismo era una creaci贸n totalmente jud铆a鈥, por citar a James y Suzenne Pool, una idea que compart铆a Hitler, y algunos autores han sugerido que este 煤ltimo se sent铆a ideol贸gicamente tan cercano a Ford que algunos pasajes del Mein Kampf fueron copiados directamente de la publicaci贸n antisemita de Ford, The International Jew.

Ford no fue la 煤nica compa帽铆a estadounidense que invirti贸 en Alemania. Muchos otros bancos, empresas e inversores se aprovecharon espl茅ndidamente del proceso de 鈥渁rianizaci贸n鈥 (la expulsi贸n de los jud铆os de los negocios y la transferencia forzosa de sus propiedades a manos 鈥渁rias鈥) y del programa de rearme alem谩n. Seg煤n el estudio magistral de Christopher Simpson, 鈥渕edia docena de compa帽铆as estadounidenses clave (International Harvester, Ford, General Motors, Standard Oil of New Jersey y Du Pont) estaban muy involucradas en la producci贸n de armas alemanas鈥. De hecho, la inversi贸n estadounidense en Alemania aument贸 bruscamente cuando Hitler subi贸 al poder.

Simpson escribe que 鈥渓os informes del Departamento de Comercio muestran que la inversi贸n estadounidense en Alemania aument贸 un 48,5 por ciento entre 1929 y 1940, al tiempo que decrec铆a en la misma medida en el resto de Europa continental鈥. Las filiales alemanas de compa帽铆as como Ford y General Motors, as铆 como varias compa帽铆as petroleras, hicieron un gran uso del trabajo esclavo en los campos de concentraci贸n. El de Buchenwald, por ejemplo, contribu铆a con mano de obra forzada a la producci贸n de la enorme planta de General Motors en Russelsheim, as铆 como de la f谩brica de camiones Ford situada en Colonia, y los directivos alemanes de Ford aprovecharon al m谩ximo los prisioneros de guerra rusos para su producci贸n b茅lica (lo que supone un crimen de guerra seg煤n las Convenciones de Ginebra).

John Foster Dulles y Allen Dulles, que posteriormente se convertir铆an en secretario de Estado y director de la CIA respectivamente, dirig铆an Sullivan & Cromwell, seg煤n algunos el mayor bufete de abogados de Wall Street en la 茅poca. Estas personas desempe帽aron un importante papel en la supervisi贸n, asesoramiento y gesti贸n de las inversiones globales en Alemania, a la saz贸n uno de los principales mercados internacionales 鈥揺specialmente para los inversores de EE.UU.鈥 durante la segunda mitad de la d茅cada de 1920.

Sullivan & Cromwell trabajaban con casi todos los principales bancos de EEUU y supervisaban inversiones en Alemania superiores a los 1.000 millones de d贸lares. Trabajaban tambi茅n con docenas de compa帽铆as y gobiernos de todo el mundo pero, seg煤n Simpson, John Foster Dulles 鈥渃laramente favorec铆a los proyectos para Alemania, para la junta militar en Polonia y para el Estado fascista de Mussolini鈥. En la posguerra, Allen Dulles trabaj贸 incansablemente para proteger a sus socios de negocios y tuvo un notable 茅xito salvaguardando sus activos y ayud谩ndoles a evitar la persecuci贸n.

As铆 como la mayor parte de los relatos liberales sobre el fascismo se centran en su teatro pol铆tico y en las excentricidades que no forman parte de su esencia, eludiendo as铆 un an谩lisis sist茅mico y radical, es importante reconocer que si el liberalismo permiti贸 el ascenso del fascismo, el capitalismo dirigi贸 su crecimiento.

驴Qui茅n derrot贸 al fascismo?

No es sorprendente que las democracias burguesas de Occidente retrasaran enormemente la apertura del frente occidental y permitieran que su antiguo enemigo, la URSS, se desangrara por la maquinaria de guerra procapitalista nazi (que contaba con amplia financiaci贸n de los rusos blancos). De hecho, el d铆a despu茅s de que la Alemania nazi invadiera la Uni贸n Sovi茅tica, Harry Truman declar贸 rotundamente: 鈥淪i vemos que Alemania est谩 ganando, deberemos ayudar a Rusia, y si Rusia va ganando, deberemos ayudar a los alemanes para as铆 permitir que maten a todos los comunistas que puedan, aunque no quiero ver a Hitler victorioso bajo ninguna circunstancia鈥. Una vez que EEUU entr贸 en guerra, importantes funcionarios como Allen Dulles trabajaron entre bastidores para intentar negociar un acuerdo de paz con Alemania que permitir铆a a los nazis centrar toda su atenci贸n en borrar a la URSS del mapa.

La idea generalizada (al menos en EEUU) de que al final el fascismo fue derrotado por el liberalismo en la Segunda Guerra Mundial, principalmente gracias a la intervenci贸n estadounidense en la contienda, es un bulo sin fundamento. Tal y como Peter Kuznick, Max Blumenthal y Ben Norton recordaron a sus oyentes en un debate reciente, el 80 por ciento de los nazis muertos en guerra cayeron en el Frente Oriental ante la URSS, donde Alemania hab铆a desplegado 200 divisiones (frente a solo 10 en el Frente Occidental).

27 millones de sovi茅ticos dieron su vida luchando contra el fascismo, frente a 400.000 soldados estadounidenses (lo que equivale aproximadamente al 1,5 por ciento del n煤mero de v铆ctimas sovi茅ticas). Fue principalmente el Ej茅rcito Rojo quien derrot贸 al fascismo en la Segunda Guerra Mundial, y es el comunismo 鈥搉o el liberalismo鈥 el que constituye el 煤ltimo baluarte contra el fascismo. La lecci贸n hist贸rica deber铆a ser obvia: no se puede ser aut茅nticamente antifascista sin ser anticapitalista.

La ideolog铆a del falso antagonismo

La construcci贸n ideol贸gica de falsos antagonismos, en el caso del liberalismo y el fascismo, sirve para diversos prop贸sitos:

– Establece el principal frente de lucha entre posiciones rivales dentro del campo capitalista.

– Canaliza la energ铆a de la gente hacia la lucha por lograr los mejores m茅todos para gestionar el control capitalista en lugar de para abolirlo.

– Elimina las verdaderas l铆neas de demarcaci贸n de la lucha de clases global.

– Intenta descartar de un plumazo la opci贸n comunista (elimin谩ndola por completo del campo de lucha o present谩ndola hip贸critamente como una forma de 鈥渢otalitarismo鈥).

Al igual que sucede en las competiciones deportivas, que son importantes rituales del mundo contempor谩neo, la l贸gica del falso antagonismo ampl铆a y exagera todas las diferencias idiosincr谩ticas y las rivalidades personales entre dos equipos opuestos, hasta el punto de que los enloquecidos seguidores llegan a olvidar que b谩sicamente participan en el mismo juego

En la cultura pol铆tica reaccionaria de EEUU, que ha intentado redefinir a la Izquierda como liberal, es de la mayor importancia reconocer que el antagonismo principal que ha estructurado y contin煤a organizando el mundo moderno es el existente entre el capitalismo 鈥搃mpuesto y mantenido a trav茅s de la ideolog铆a y las instituciones liberales, as铆 como por la represi贸n fascista, seg煤n el momento, el lugar y la poblaci贸n en cuesti贸n鈥 y el socialismo. Al reemplazar esta oposici贸n por la existente entre liberalismo y fascismo, la ideolog铆a de los falsos antagonismos pretende convertir la lucha del siglo en un espect谩culo capitalista en lugar de en una revoluci贸n comunista.

counterpunch.org. Traducido para Rebeli贸n por Paco Mu帽oz de Bustillo. Extractado por La Haine.




Fuente: Lahaine.org