September 12, 2021
De parte de Reflexiones Desde Anarres
190 puntos de vista


Insistimos,
desde el anarquismo, en la solidaridad como nexo social, lo que implica
el ejercicio de ser libre en cada individuo y la posibilidad de que esa
convivencia se produzca en paz.

Kant afirmó, ante la cuestión de si
nuestros actos espontáneos y libres acaban con la destrucción de la
sociedad,  que el nexo social forma parte de nuestra naturaleza. De esta
manera, según el filósofo alemán, el hombre avanza moralmente mediante
el uso de su razón, por lo que existiría una especie de determinismo positivo hacia
el perfeccionamiento. Hay que insistir en la fe de Kant en el progreso;
no se habría producido un paso brusco del estado de la naturaleza al
estado civil, son necesarios unos cuantos pasos previos antes de la
aparición de la moralidad.

Sin embargo, ante aquella
pregunta, el anarquismo insistirá en proponer la solidaridad como forma
de cohesión social. El código genético del anarquismo, gracias a
Kropotkin, sabe que la sociabilidad (concretada en el apoyo mutuo) es
una ley de la naturaleza, tan poderosa al menos como el llamado combate
por la supervivencia. La propuesta de la solidaridad, como factor
predominante en la vida social, no supone, como solemos escuchar a menudo,
un “optimismo antropológico” ni niega las complejidades de la realidad
del ser humano. Se trata de una alternativa a esta especie de
socialdarwinismo a que nos obliga el capitalismo. Creo poder afirmar
que ningún pensador anarquista ha tenido una confianza extrema en una
supuesta naturaleza benévola del ser humano. No se trata de convertir en
buenos a todos los seres humanos, sino de que la sociedad no los
envilezca
, los haga todavía peores.

No hay ningún afán
homogeneizador en afirmar que alguien que se considere anarquista solo
puede confiar en la solidaridad y el apoyo mutuo como factor
predominante de la convivencia social. Debemos insistir en ello y
reproducir, en la medida que nos sea posible, lo que consideraríamos esa
sociedad anarquista en cualquier ámbito de nuestra existencia. No es
ensalzar al ser humano, se trata de potenciar lo que consideramos que sí
forma parte de su naturaleza: la sociabilidad. Recordaremos una
vez más que, para el anarquismo, el concepto de libertad solo cobra sentido dentro de la sociedad. Aristóteles
hablaba del hombre como “animal político”, algo repetido por Bakunin en
diversas ocasiones, y creo que muy asumido por la moderna disciplina de
la sicología social. Sin embargo, si podemos entender de esta manera que
la posibilidad de organización social existe en cada uno de nosotros,
no así el Estado o cualquier forma de organización externa al ser
humano. Lo necesario es la sociedad, no el Estado.

Para
Bakunin, resultaba absurda la idea contractualista, del hombre como
previo a la sociedad. La metáfora de una serie de hombres en estado
natural como creadores de las sociedad mediante un pacto, se convierte
en irrisoria en la práctica. El hombre nace ya en el seno de una
sociedad, y de alguna manera determinado por ella. De la manera que
fuere, lo que hace al individuo desarrollarse (pensar, hablar, amar,
desear…) es la sociedad
. El hombre aislado es para el anarquista ruso
una ficción, una abstracción similar a la idea de Dios. Recordaremos la
idea del auténtico individualismo, el que supone autonomía e
independencia en cada persona y reconocimiento de las mismas cualidades
en los otros.

Por el contrario, el individualismo aislado (aunque se dé
también en formas sociales, en la que se prima el lucro material y el
utilitarismo) se muestra como impotente e incapaz de relacionarse
auténticamente con los otros. En este punto, llegamos a la frontera
entre liberalismo y anarquismo, ya que el primero vincula la libertad
con la propiedad y se verá determinado a relacionarse con los demás de
forma estrictamente mercantil. Tal y como lo expresaba Bakunin, las
relaciones motivadas por necesidades económicas, y no sancionadas o
apoyadas por una necesidad moral, solo puede recibir el nombre de
explotación
. Una sociedad, la burguesa (hay que seguir empleando este
nombre, aunque a algunos les suene algo anacrónico, seguimos en ese
estado en el que se prima la competencia y siguen existiendo
explotadores y explotados), estructurada a partir de un individualismo
utilitarista y del ánimo de lucro, en el que hay una evidente carencia
de solidaridad (más allá de poses mediáticas sin excesivo contenido),
solo puede recibir el nombre de darwinismo social.

Podemos
reivindicar la herencia kantiana, a través de Bakunin: el ser humano no
es un objeto que lo utilizamos como medio, es un fin en sí mismo. Se
trata de una reivindicación de la dignidad humana, pero no en abstracto,
sino reconociendo esa posibilidad en cada individuo. La libertad y
autonomía de cada ser humano solo cobra sentido en una comunidad de
hombres libres.
Frente a la visión que reduce la sociedad a una mera
satisfacción de las necesidades primarias de subsistencia, se
reinvidican los rasgos morales que alcanzan su plenitud en la vida
social. Libertad y autonomía, por otra parte, son dos conceptos
íntimimamente vinculados: hombres que no deséen dominar ni ser
dominados, que piensen por sí mismos sin repetir lo que dicen otros, que
sean capaces de alcanzar la mayoría de edad.  No hay ninguna división
entre teoría y praxis: se presupone que el ser humano libre, capaz de
afirmar “yo pienso”, es capaz por encima de todo del “yo actúo” de forma
libre y espontánea.




Fuente: Reflexionesdesdeanarres.blogspot.com