December 21, 2021
De parte de Portal Libertario OACA
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Introducci贸n

Mi padre, Agust铆n Guillam贸n Nebot, escribi贸 sus memorias a finales de los setenta. Se trata de tres carpetas plastificadas, con las hojas extra铆bles escritas a mano y numeradas. En la bolsa de la primera carpeta se guarda la foto de su abuela materna, Ana Mar铆a, a quien tanto am贸; mi bisabuela.

Durante muchos a帽os no pude leer nunca la totalidad de su trabajo, porque me hac铆a da帽o su recuerdo, demasiado reciente. Finalmente, en julio de 2018, le铆 todo su trabajo, y me decid铆 a guarnecerlo con una gram谩tica y un estilo apropiados. El motivo de tal decisi贸n ten铆a un empuje y una causa externa, no por inesperada y ajena menos importante y urgente. Mi sobrina Clara, hija de mi hermana Elo, quiso hacer un trabajo de investigaci贸n de bachillerato fundamentado en las memorias de su abuelo, fallecido en 1996, cinco a帽os antes de su nacimiento en 2001.

Era bonito e irresistible: las memorias del abuelo recuperadas por una nieta a la que no hab铆a llegado a conocer. Realizado el trabajo de investigaci贸n, comprend铆 que las memorias de mi padre eran lo bastante valiosas, incluso fuera del 谩mbito familiar, como para ser publicadas y le铆das. Solo hab铆a que vestirlas con gram谩tica, ya que las memorias de mi padre andaban desnudas; algo de estilo literario, que no dulcificara la dureza de la experiencia vivida, y una redacci贸n que respetase la fuerza expresiva de una narrativa escrita en primera persona, caracter铆stica fundamental de la picaresca.

Pero todas estas cuestiones est茅ticas y literarias carec铆an de importancia, porque el objetivo no era, ni pod铆a ser otro, que presentar al lector de hoy el testimonio vital de mi padre, pe贸n del textil y camarero, nacido en 1926, que perdi贸 una guerra a los doce a帽os de edad y que falleci贸 en 1996, a los setenta a帽os, enfermo de un c谩ncer con el que la dictadura del hambre le conden贸 en su juventud, cuando le contrataron en la limpieza de unas calderas de amianto.

No soy ni pretendo ser un juez imparcial, porque no hay nada que juzgar y porque 茅sa es una especie que no ha existido nunca; pero me atrevo a vaticinar que las memorias de mi padre entroncan con la mejor tradici贸n literaria hispana. Sin olvidar que el p铆caro era un personaje fruto de la miseria e injusticias de su 茅poca que, por eso mismo, reflejaba fielmente las peculiaridades e injusticias de la sociedad que lo hab铆a creado, embrutecido y desnutrido. S铆, un p铆caro proletario crecido bajo el franquismo, una de las dictaduras m谩s terribles e injustas del mundo occidental durante el siglo 20.

Estas memorias aportan adem谩s ciertas noticias que contienen important铆simas novedades o perspectivas, que merecen ser estudiadas en profundidad por la historiograf铆a, como son los comit茅s de defensa de barriada de los a帽os treinta, los Regimientos de Marcha de los Voluntarios Extranjeros, la huelga general de 1951 en los barrios obreros barceloneses, los or铆genes y naturaleza de los comisionados obreros ya en los a帽os cincuenta, el asalto obrero al sindicato vertical en los sesenta y tantos otros temas, en ocasiones solo esbozados, pero en otras muy marcados y extremadamente originales.

Y es que, pese a quien pese, la gente an贸nima en algunas ocasiones, muy pocas, toma la palabra, y con ese acto condena al infierno del recuerdo, de la realidad hist贸rica y de la verdad a los poderosos y privilegiados que viv铆an y viven sobre la explotaci贸n, los sufrimientos y la miseria de la inmensa mayor铆a. Si la peque帽a historia no encaja en la historiograf铆a acad茅mica, el desaf铆o y la credibilidad son un problema que afecta solo a la Gran Historia al servicio del Gran Hermano, amo que paga el sueldo a esos sesudos universitarios, que reescriben sin descanso el palimpsesto de la Historia Sagrada de la burgues铆a.

De las memorias de mi padre destaca, sin duda, la enorme integridad y combatividad de un obrero, pobre de solemnidad, que llevaba un mundo nuevo y mejor en su coraz贸n, al tiempo que practicaba una 茅tica ajena a la burguesa, solidaria con su clase y con los suyos y enemiga de sus enemigos, porque el derecho a la vida y la libertad nunca se mendiga, se conquista d铆a a d铆a. La dignidad es siempre el primer paso hacia la libertad y la conquista del futuro.

Mi abuelo guerre贸 en las batallas de Belchite y del Segre; en 1940 estuvo en Alsacia y en el canal de las 脕rdenas y, en 1944, en el maquis que liber贸 los departamentos del sur de Francia. Mi padre libr贸 batallas de aquellas que no aparecen en los libros de historia. Mi abuelo gan贸 dos medallas, como combatiente y como resistente. Mi padre, ninguna. La Gran Historia y la peque帽a historia.

Mi abuelo jam谩s habl贸 de su largu铆sima trayectoria militar. Sospecho que se sinti贸 traicionado y superado por ese trueque de revolucionario anarquista en soldado antifascista y liberador de la naci贸n francesa. Ni lo entendi贸, ni lo acept贸. Quiz谩s por ello nunca quiso hablar franc茅s en sus treinta a帽os de exilio; pero acept贸, como no pod铆a ser de otro modo, dada su precariedad econ贸mica, la pensi贸n que comportaban aquellas medallas.

Ambos se enfrentaron al fascismo y la tiran铆a. Su combate late ahora en estas p谩ginas, sin halagos ni embelecos, sin alardes ni fanfarrias, espero que liberador y pedag贸gico. En todo caso son nuestras ra铆ces, al menos las m铆as. Es la batalla y la esperanza de dos generaciones de anarquistas, que el lector de hoy debe enfocar desde su presente y someter a la cr铆tica implacable e inmisericorde del tiempo, que todo lo modifica y destruye; tambi茅n son eco de luchas y hambre.

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Agust铆n Guillam贸n Iborra




Fuente: Portaloaca.com