July 31, 2021
De parte de La Haine
307 puntos de vista


El ex guerrillero public贸 el que se convirti贸 en libro de cabecera de la derecha venezolana: ‘Solo los est煤pidos no cambian de opini贸n’

Teodoro Petkoff era un hombre de gran inteligencia. 脡l se sab铆a (y, sobre todo, se cre铆a) muy inteligente. Lo conoc铆 en los a帽os ochenta y siempre me dio la impresi贸n de que, por sus dotes intelectuales, se consideraba a s铆 mismo sobrado de lote en este humilde pa铆s. Tal vez por eso andaba siempre como de mal humor.

Bueno, repito, era solo una impresi贸n personal, aunque s茅 que en ella coinciden otros que lo conocieron antes y m谩s a fondo.

En fin, parto de esta remembranza porque hoy quiero hablar de los cambios dr谩sticos de opini贸n y Petkoff fue un gran cambiador de opini贸n.

Pas贸 de ser un guerrillero come ni帽os en los sesenta a izquierdista moderado entre los setenta y principios de los noventa. Luego, en la segunda mitad de ese decenio, se convirti贸 en estrella del neoliberalismo fondomonetarista privatizador y ya en este siglo fue editor de un diario cuyo 煤nico objetivo era (y es) acabar con la Revoluci贸n Bolivariana. Como parte de las infames coaliciones de la derecha desplazada del poder en 1998, 鈥渆l Catire鈥 lleg贸 a extremos tan extravagantes en materia de valoraci贸n de la capacidad intelectual. Baste recordar cuando afirm贸 que Manuel Rosales era 鈥渦n candidatazo鈥. Bueno, la inteligencia da para todo.

Para justificar los virajes que Petkoff dio hasta se public贸 un libro titulado: Solo los est煤pidos no cambian de opini贸n. De esa manera justific贸 sus mutaciones ideol贸gicas y pol铆ticas y, a la vez, reforz贸 su idea de ser muy docto e instruido, es decir, no-est煤pido.

El libro, en rigor, debi贸 llamarse C贸mo negarse usted mismo sin lucir tan feo. Pero, bueno, quien escribe un libro (o quien se lo hace escribir), tiene derecho a titularlo como le venga en gana.

Tratar茅 de no seguir divagando (perdonen ustedes): no es que me haya levantado, de pronto, con ganas de escribir sobre este personaje ya hist贸rico de la pol铆tica venezolana y sus alrededores (en especial, el periodismo). Lo que pasa es que en estos d铆as hay mucha gente por ah铆 aplicando este truco petkoffiano para un cambio de opini贸n que no suene a traici贸n ni tampoco a reconocer que se estuvo gravemente equivocado. La idea es, por el contrario, dejar la impresi贸n de que quien ejecuta el giro es una persona sumamente brillante. 驴No es genial?

Como ejemplo tenemos todo el segmento de dirigentes pol铆ticos de la oposici贸n pir贸mana y de su periferia, que han aparecido en escena llamando a votar en las elecciones de alcaldes, concejales, gobernadores y consejos legislativos, luego de varios a帽os de un contumaz abstencionismo llor贸n.

Lo significativo en este caso no es que hayan cambiado de opini贸n (lo cual puede ser digno de aplauso), sino que no se sienten obligados ni a reconocer los errores cometidos en su anterior postura ni tampoco a explicar el cambio en t茅rminos pr谩cticos. Se limitan a asumir la doctrina teodorista de que, 鈥渦ltimadamente, chico, solo los est煤pidos no cambian de opini贸n y yo no soy nada est煤pido鈥.

El problema es que ese principio tal vez funcione para la gente corriente. Pero los l铆deres pol铆ticos, incluso los tapa amarilla, tienen responsabilidades m谩s all谩 de su propia historia personal. La tienen desde el momento en que llevan a otra gente hacia las posiciones que ellos asumen. Y cuando modifican su ubicaci贸n suele ocurrir que dejan a sus pobres seguidores como quien est谩 pintando en las alturas y le quitan la escalera: guindando de la brocha.

En otras civilizaciones o culturas, un cambiazo de estos ameritar铆a un harakiri o, cuando menos, una petici贸n p煤blica de disculpas, de rodillas y en rueda de prensa. En un escenario m谩s apropiado a nuestra idiosincrasia, tales dobles mortales atr谩s con triple tirabuz贸n exigir铆an explicaciones muy razonadas. Pero nuestros opositores (son nuestros, nadie nos los puede arrebatar) no se sienten obligados a pedir perd贸n ni a explicar sus tumbos y vuelcos. Ellos son as铆.

Que el jefe pol铆tico de uno lo induzca a asumir un determinado enfoque te贸rico y, pasado un tiempo, 茅l mismo lo reniegue ya es bastante inc贸modo. Pero es peor si ese jefe pol铆tico ha llevado a sus huestes por ciertas rutas escabrosas, peligrosas, violentas, criminales, fatales鈥 y un buen d铆a aparece en televisi贸n pretendiendo ser un 茅mulo de Gandhi o de la madre Teresa de Calcuta.

Esa fue una de las razones por las cuales los inteligent铆simos cambios de opini贸n de Petkoff y otros exjefes guerrilleros de los sesenta y setenta cayeron tan rematadamente mal en la izquierda dura. La aventura de la lucha armada cost贸 muchas vidas en m谩s de un sentido (muertos en combate, muertos en centros de tortura y en c谩rceles; y gente que volvi贸 con vida, pero nunca pudo recuperarse de lo sufrido). Por eso fue especialmente inicuo ver a los 鈥渃omandantes鈥 aliarse con la misma derecha que mat贸 a los combatientes en todas esas formas.

En el caso de la derecha pir贸mana, guardando las distancias que haya que guardar, pasa algo similar. Estos dirigentes llevaron a sus bases a ejecutar toda clase de locuras y depravaciones: desde envasar sus propios excrementos para arrojarlos en las manifestaciones, hasta quemar vivo a otro ser humano en nombre del derecho a pensar distinto. Todo ello bajo la premisa de que la ruta del voto era fraudulenta. Ahora salen los mismos tipos, poniendo cara de grandes estrategas pol铆ticos, a decir que vamos todos a votar para vencer a la dictadura.

Claro que si lo tratan as铆 y no reclama coherencia, usted tiene una parte importante de la culpa. Recon贸zcalo.

Adem谩s, en el caso de nuestra derecha la cosa tiene ciertos rasgos que llegan a ser c贸micos. Por ejemplo, los exiliados-perseguidos pol铆ticos que hab铆an huido del pa铆s o se hab铆an refugiado en embajadas porque corr铆an grav铆simos peligros y tal鈥 Pues, est谩n regresando sin problemas (y tambi茅n sin pena ni gloria) y empezando a desarrollar sus nuevos planes pol铆ticos, sin explicar nada, sin admitir siquiera que 鈥渢al vez exager茅 un poco鈥, como si todo lo anterior no hubiese ocurrido.

A veces, estas operaciones de lavado de pasado son convenientemente validadas por el lado revolucionario. Se impone el pragmatismo, el realismo pol铆tico: si alguien quiere regresar al espacio del di谩logo y el voto, hay que facilitarle el trago amargo. No es pertinente recriminarle nada ni mucho menos presentarlo ante el p煤blico como quien vuelve con el rabo entre las piernas (bueno, el presidente Maduro es bueno en eso; Diosdado, en cambio, no se aguanta).

En todo caso, la de no meter el dedo en la llaga suena como una conducta sagaz, incluso maquiav茅lica, y abona a favor siempre y cuando uno no se trague la tesis de que el adversario cambio realmente de actitud. Eso est谩 bien la primera vez, pero no la en茅sima.

Esto 煤ltimo vale para la luna de miel del Gobierno con un empresariado que supuestamente est谩 estrenando posicionamiento pol铆tico, liderazgo y hasta imagen corporativa, pero que tampoco ha considerado necesario manifestar arrepentimiento ni ofrecer explicaciones respecto a su larga ristra de errores e infracciones.

Como dice un amigo, 鈥溌s铆 la vida es un jam贸n!鈥: Fedec谩maras se pasa dos d茅cadas conspirando, aupando salidas golpistas, haciendo la guerra econ贸mica, financiando lidercitos de pacotilla, impulsando olas migratorias para luego denunciar la crisis humanitaria y ahora, sin un acto de contrici贸n digno de semejante historial, los capitanes de empresa aparecen convertidos en la mata de la conciliaci贸n y el esp铆ritu democr谩tico. Y cuando alguien (del extremo derecho) les reclama a los dirigentes patronales, estos pelan por el argumento teodorista y dicen: 鈥淓s que solo los est煤pidos no cambian de opini贸n鈥.

Reflexiones domingueras

Los disparos al pie del periodismo de investigaci贸n. Cuando pasen algunos a帽os y podamos ver lo actual en perspectiva, se observar谩 con claridad el nivel de degradaci贸n al que ha llegado cierto periodismo debido a la ofuscaci贸n pol铆tica de algunos de sus ejecutantes y al lamentable hecho de que tenemos unos medios supuestamente libres e independientes, que dependen casi al 100% del financiamiento de gobiernos imperiales y sus sucursales y franquicias.

Menci贸n especial merece aqu铆 la distorsi贸n a la que se ha llevado al periodismo de investigaci贸n, convertido en arma por excelencia de los sectores m谩s poderosos del capitalismo mundial, justamente bajo el disfraz de ser un mecanismo antipoder, el c茅lebre perro guardi谩n de la sociedad libre.

Las agencias gubernamentales de EEUU y Europa han colonizado las estructuras del periodismo de investigaci贸n de todo el mundo, tanto las que nacieron en los medios convencionales como las que han crecido en la modalidad del emprendedurismo digital.

Es una estrategia que rinde frutos por partida doble. Por una parte, evitan que el periodismo de investigaci贸n ponga sus focos sobre esos gobiernos y las corporaciones que los sostienen (y si alguno lo hace, la paga caro, como bien lo sabe Juli谩n Assange); por la otra, lo convierten en pieza de artiller铆a para las guerras multidimensionales y asim茅tricas contra pa铆ses con gobiernos y pueblos rebeldes.

Pero el asunto se vuelve tan poco sutil que a veces el mismo aparato medi谩tico global es el que pone en evidencia las tremendas deficiencias t茅cnicas y 茅ticas de los periodistas de investigaci贸n. Por ejemplo, el diario El Pa铆s (que suele actuar como caja de resonancia de las 鈥渋nvestigaciones independientes鈥) dej贸 con el culo al aire (una expresi贸n muy espa帽ola, a m铆 no me culpen) al superperiodista de investigaci贸n colombiano Gerardo Reyes.

A Reyes le preguntaron si hab铆a pruebas concluyentes de que Alex Saab sea testaferro del presidente Maduro, y 茅l, que escribi贸 no una noticia ni un reportaje, sino 隆un libro entero! sobre el personaje en cuesti贸n, hizo algunas piruetas ret贸ricas para terminar diciendo esto: 鈥淟a raz贸n por la cual digo que no hay una prueba definitiva de que 茅l sea un testaferro es porque la fiscal de Venezuela que lo bautiz贸 as铆 [Luisa Ortega D铆az, hoy exiliada y a sueldo del imperio] no me dio ninguna evidencia contundente que pudiera probar ese mote o ese delito que le estaba atribuyendo ella. No s茅 si EEUU tiene esa prueba, pero dentro de lo que yo busqu茅, Saab parece m谩s interesado en multiplicar su fortuna que en hacer de testaferro鈥.

Luego, el periodista (profesor de muchos de los que se dedican al periodismo de investigaci贸n en Am茅rica Latina) ha tratado de remendar el capote. Pero es evidente que se dio un tiro en el pie con su pistola medi谩tica. El caballero dice que para hacer el libro realiz贸 nada menos que 120 entrevistas, pero la mejor de sus fuentes es Ortega D铆az y ni ella le dio nada que pueda llamarse una prueba. 隆Qu茅 pena!

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Fuente: Lahaine.org