January 22, 2021
De parte de A Las Barricadas
227 puntos de vista


Jos茅 Luis Carretero Miramar

Tras la ca铆da del muro de Berl铆n, en 1989, la izquierda occidental decidi贸 jugar a un juego radicalmente distinto al que hab铆a jugado en las d茅cadas anteriores. Abandonando toda veleidad revolucionaria y todo sesgo obrerista, la izquierda europea y norteamericana apost贸 fuertemente por los caminos que hab铆an abierto algunos activistas tras la conmoci贸n social de mayo del 68. Verdes alemanes, squatters y krackers, aut贸nomos negrinianos, eurocomunistas en desbandada鈥os movimientos 鈥渁lternativos鈥 europeos apostaron por una radical mutaci贸n de las alianzas y el discurso que hab铆an acompa帽ado al proyecto obrerista, revolucionario y de masas que hab铆a propuesto la izquierda previa.

A finales de los a帽os noventa la mutaci贸n ya era absoluta. En los ambientes de la ultrarradicalidad 鈥渁ut贸noma鈥 madrile帽a afloraban por todas partes los discursos que narraban la supuesta 鈥渄esaparici贸n como sujeto鈥 de la clase obrera, la 鈥渋nutilidad del sindicato y de la opci贸n por la pol铆tica de masas鈥 en t茅rminos organizativos, las 鈥渇irmes dudas鈥 sobre la m铆stica de la revoluci贸n como horizonte y objetivo.

En las dos d茅cadas siguientes la mutaci贸n ha generado un movimiento cualitativamente distinto, cuya radical diferencia con el proyecto previo de la izquierda se ha afirmado cada vez m谩s. La izquierda, conscientemente, se ha constituido en el Partido (inorg谩nico y desorganizado, las m谩s de las veces) de la juventud de la clase media ilustrada. No ha sido una deriva inconsciente o un puro producto de la constituci贸n social de la Espa帽a del R茅gimen del 78. Los que tenemos ya una cierta edad, hemos visto en persona ese despliegue constante de los discursos que hablaban de la 鈥渟ociedad de consumo鈥 y de que, en ella, 鈥渓a lucha de clases鈥 ya no exist铆a. Raz贸n por la que hab铆a que apostar por otros proyectos: los movimientos de las 鈥渕inor铆as鈥, la transformaci贸n cultural y sexual o la Deep ecology, por ejemplo.

Puntualicemos, para que se nos entienda: la deriva no iba, simplemente, encaminada a la sustituir la lucha obrera por el feminismo, como nos cuentan algunos cr铆ticos desviados colindantes con la extrema derecha. La deriva consist铆a en una identificaci贸n creciente de la izquierda social con las necesidades y deseos de una clase media asediada por el avance del neoliberalismo. Por lo tanto, tambi茅n en una creciente autolimitaci贸n del feminismo o las luchas LGTBI a un discurso y unas pr谩cticas profundamente 鈥渃lasemedieras鈥 (emprendimiento, representaci贸n, separaci贸n radical de las luchas obreras, activismo profesionalizado, c谩tedras universitarias que construyen un discurso experto desde arriba en lugar de la diseminaci贸n del debate entre los afectados y afectadas鈥).

En el proceso de despliegue de esa mutaci贸n, la izquierda se ha dado de bruces con la radical materialidad del proceso de avance de las pol铆ticas neoliberales y con la crisis civilizacional del capitalismo. Las bellas propuestas de clase media de la izquierda (carriles bici, municipios en transici贸n, subvenciones para los estudios de g茅nero鈥) han chocado con brutalidad con el proceso de proletarizaci贸n que las privatizaciones, la desregulaci贸n laboral y la extensi贸n desenfrenada de la financiarizaci贸n provocan en la misma 鈥渃lase media鈥 a la que se dirige. La izquierda se ha centrado en conseguir el apoyo de la clase media justo cuando 茅sta se descompone aceleradamente por la reiteraci贸n de crisis y medidas de austeridad.

As铆 que la izquierda ha decidido convertirse en la teor铆a del mundo de esa clase media en proceso de descomposici贸n. Eso explica muchas cosas. La principal de ellas es la creciente deriva de la izquierda hacia el conservadurismo en casi todos los elementos de su discurso y de su pr谩ctica. La clase media menguante y acosada por un brutal proceso de proletarizaci贸n no tiene m谩s proyecto social que conservar lo que hay, mientras se pueda. Conservar el Estado de Bienestar, conservar el medio natural, conservar la democracia parlamentaria, conservar el mundo liberal, con ribetes socialdem贸cratas.

Por eso en la izquierda se han diseminado tan ubicuamente los mantras que llaman a los movimientos a ser 鈥渆l freno de emergencia鈥 o que prometen una melanc贸lica a帽oranza de el 鈥渆sp铆ritu del 45鈥. Casi imperceptiblemente, la izquierda ha virado de un ecologismo social y revolucionario a una Deep ecology fuertemente tradicionalista, de los discursos de la 鈥渁utoorganizaci贸n obrera鈥 a los de la 鈥渁utonom铆a de la pol铆tica, porque no todos queremos tener tiempo para participar en la comunidad鈥, del internacionalismo altermundialista a la 鈥渞ecuperaci贸n de lo nacional鈥.

Y por eso la extrema derecha, pacientemente, subterr谩neamente, ha decidido jugar a otra cosa. En lugar de querer articular, bajo su mando, a la clase media ilustrada, en peligro de proletarizaci贸n, la ultraderecha se ha dedicado a agitar y a acercarse a la ya proletarizada. A los obreros del core business empresarial que han visto como su forma de vida se descompon铆a, a los peque帽os comerciantes que no pueden hacer frente a la competencia de las grandes superficies y de las plataformas colaborativas, a los estudiantes que no encuentran trabajo y que tampoco encuentran respuesta en el discurso de una izquierda 鈥渁lternativa鈥 que lo 煤nico que sabe decirles es que el trabajo, en s铆, no es bueno ni deseable.

Pensemos detenidamente en la paradoja de la que se alimenta el auge de la extrema derecha actual. La izquierda quiere conservar, 鈥渟er el freno de emergencia鈥, volver atr谩s. La ultraderecha identitaria quiere 鈥渢ransformar鈥, 鈥渞evolucionar鈥, 鈥渃ambiar radicalmente lo que hay鈥.

Obviamente, el discurso ultraderechista es un discurso falsario, como siempre. Los grandes donantes que respaldan a Trump o Salvini son un sector de la plutocracia global tan ultracapitalista como los dem谩s. Lo que la ultraderecha hace es utilizar la energ铆a de quienes necesitan urgentemente que esto caiga, para encaminarla en un proceso de fragmentaci贸n creciente y auto-odio del proletariado global que a煤n lo debilite m谩s. En el programa electoral de Vox no hay ninguna alusi贸n a dar poder a la clase trabajadora, pero s铆 a limitar el derecho de huelga, lo que no es 贸bice para que el 鈥渟oberanismo identitario鈥 pretenda darle una dimensi贸n 鈥渙brerista鈥 al discurso anti-inmigraci贸n.

Adem谩s, la 鈥渋zquierda alternativa鈥 y la ultraderecha han jugado sus cartas, t谩cticamente, de manera muy distinta. Mientras la ultraderecha invert铆a las pasadas d茅cadas en procesos de 鈥渕etapol铆tica鈥 y diseminaci贸n, la izquierda jugaba a tomar 鈥減osiciones鈥 y a centralizar y disciplinar las filas.

Eso tambi茅n explica muchas cosas. La ultraderecha ha multiplicado sus voces en el conjunto social hasta el paroxismo. Se ha vuelto radicalmente plural y ubicua (ah铆 est谩 QAnon, pero tambi茅n Hazte O铆r; los soberanistas Identitarios, pero tambi茅n los libertarios ultraliberales). Es un mundo incoherente, pleno de discursos sobre conspiraciones contradictorias las unas con las otras, pero que se ha diseminado en todos los 谩mbitos sociales, quiz谩s, precisamente por esa enorme tolerancia al disenso discursivo que permite que C茅sar Vidal comparta espacio con Diego Fusaro. Obviamente hab铆a buenos financiadores, gente que ha puesto mucho dinero, pero tambi茅n es cierto que no han apostado por tener una voz grande, 煤nica y autorizada, sino por multiplicarse en todos los poros sociales. Lo importante es generar la idea de que ellos son la 煤nica fuerza que apuesta por el fin de lo que hay, en una tensi贸n brutal entre el tradicionalismo, el nacionalismo y el amago de una ruptura cat谩rtica con el mundo neoliberal.

Sin embargo, la izquierda ha dedicado las 煤ltimas d茅cadas a perseguir una ilusoria hegemon铆a electoral que una clase media menguante no puede garantizar. En su busca, la radical diversidad del mundo 鈥渁lternativo鈥 de inicios de siglo ha sido totalmente arrasada, para tratar de tener bazas de negociaci贸n pol铆tica con el socioliberalismo. Se han intentado levantar unas pocas 鈥渧oces autorizadas鈥 sobredimensionadas (personajes p煤blicos, medios, organizaciones鈥) y se ha vetado (abierta o t谩citamente) todo lo dem谩s. Se ha tratado de disciplinar a los disidentes hasta empujarles al desencanto o la marginalidad. Desmantelando su pluralidad interna y homogeneizando los discursos 鈥渁ceptables鈥, la izquierda ha secado las fuentes de su creatividad te贸rica y pr谩ctica. En el desierto social que ha resultado de ese proceso, las grandes 鈥渧oces autorizadas鈥, como por otra parte era de esperar, se han consumido en un aislamiento autista. Los famosos y profesionales del activismo izquierdista ya no tienen a quien apelar, porque ya no hay nadie ah铆 afuera. Cuando s贸lo es convocada a escuchar y aplaudir acr铆ticamente, en calidad de fans y no como militantes, la mayor铆a de la gente se va a su casa, que hay muchos problemas urgentes en la vida.

Por supuesto, en estos momentos, la ultraderecha va ganando terreno. S贸lo ralentiza su marcha la absoluta incoherencia y excentricidad de sus representantes m谩s destacados. Un Trump o un Abascal dan algo de miedo. De momento. Dejemos que contin煤e despleg谩ndose el proceso de declive acelerado del mundo occidental y mucha m谩s gente estar谩 dispuesta a apostar por 鈥渃ualquier otra cosa鈥.

El problema de la izquierda es que pretende ocupar un espacio que le obliga a hablar en un idioma que ataca a los fundamentos de su raz贸n de existencia. El mismo vocablo 鈥渋zquierda鈥 tiene un origen hist贸rico determinado. Se aplic贸 originariamente a los diputados que se colocaron a la izquierda de la C谩mara en la Convenci贸n revolucionaria francesa, demostrando as铆 su voluntad de ejecutar al Rey leg铆timo. Algo que no se hab铆a hecho en los siglos anteriores y que representaba una ruptura absoluta con todas las convenciones pol铆ticas del mundo en que viv铆an. Obviamente, eso nada ten铆a que ver con un 鈥渇reno de emergencia鈥. Era una apuesta absoluta por la apertura de una nueva era, por la aceleraci贸n de la existencia, por la transgresi贸n de todas las tradiciones.

La izquierda se llamaba a s铆 misma 鈥渞evolucionaria鈥, porque no apostaba por una evoluci贸n pausada de lo existente, ni por una involuci贸n a las tradiciones pret茅ritas. Los obreros y obreras (esas gentes a las que apelaba la izquierda) no ten铆an 鈥渘ada que perder salvo sus cadenas鈥 con una brutal aceleraci贸n de la Historia. 鈥淟as ruinas no nos dan miedo鈥, dec铆a Durruti, refiri茅ndose a la destrucci贸n que el desplome del capitalismo pod铆a provocar.

Una izquierda que asume los mantras de la 鈥渃lase media ilustrada鈥 es una izquierda sobrepasada por la historia, por el desplome de un mundo en declive. Es una izquierda sin creatividad, pero con popes y famosos. Sin organizaciones de base, participativas, donde las clases populares puedan practicar la pedagog铆a de masas, pero con sesgos mercantiles y 鈥減ersonal branding鈥 pol铆tico.

El 鈥渇reno de emergencia鈥 se ha roto. Avanzamos a toda velocidad. No hay vuelta atr谩s posible. Las ruinas se multiplican a nuestro alrededor. Como bien sab铆a Durruti, los trabajadores y las trabajadoras no deben de tenerles miedo, pues ellas y ellos son quienes han construido todo lo que ha levantado un d铆a la Humanidad.

Esa es la 煤nica izquierda posible, la que puede derrotar a la bestia: la izquierda plural, asamblearia, proliferante, generosa, adicta a la lucha de clases. La que construye el ma帽ana y no a帽ora las cadenas idealizadas del ayer.




Fuente: Alasbarricadas.org