June 29, 2022
De parte de Materiales
215 puntos de vista

L贸gica de la guerra

El campismo. Durante la Primera Guerra Mundial, si la terrible postura de Kropotkin a favor de la victoria de una parte de los Estados beligerantes y en nombre de la esperanza de la propia emancipaci贸n se hizo famosa, es sin duda porque encarnaba la quiebra siempre posible del internacionalismo y del antimilitarismo, a pesar de las respuestas recibidas de otros anarquistas. Ni siquiera era una posici贸n campista original, ya que los principales partidos socialistas y sindicatos obreros de la 茅poca ya hab铆an cedido a las sirenas de la Uni贸n Nacional aline谩ndose detr谩s de su propio Estado belicista. Aunque ser铆a absurdo olvidar que algunos anarquistas a veces vacilaron contra el muro, incluso en otro tipo de situaciones como las guerras civiles (recordemos el dilema 芦guerra o revoluci贸n禄 decidido a favor de la primera por la direcci贸n de la CNT espa帽ola), ser铆a ir demasiado r谩pido recordar s贸lo eso.

En el transcurso de las guerras que han salpicado el 煤ltimo siglo, y en las que los camaradas se han visto envueltos, es tambi茅n contra ellos que se han puesto en pr谩ctica un buen n煤mero de intervenciones subversivas, seg煤n el lugar donde se encontraran, como la de constituir grupos de combate aut贸nomos (generalmente descentralizados y coordinados), crear redes de apoyo a los desertores de ambos bandos, sabotear el aparato militar-industrial detr谩s de los frentes, socavar la movilizaci贸n de las mentes y la unidad nacional, exacerbar el descontento y el derrotismo intentando transformar estas guerras por la patria en insurrecciones por la libertad. Se nos puede decir que las condiciones han cambiado desde aquellos experimentos, pero desde luego no hasta el punto de que no podamos recurrir a este arsenal si queremos intervenir en las hostilidades, es decir, partiendo de nuestras propias ideas y proyecciones, en lugar de partir para apoyar el mal menor del bando y los intereses de un Estado contra otro. Porque si estamos en contra de la paz de los mercados, de la paz de la autoridad, de la paz del embrutecimiento y de la servidumbre, evidentemente tambi茅n estamos en contra de la guerra. Porque la paz y la guerra son en realidad dos t茅rminos que cubren la misma continuidad de la explotaci贸n capitalista y la dominaci贸n estatal.

La energ铆a. Entre las diferentes series de sanciones grandilocuentes tomadas por los Estados occidentales para golpear a su hom贸logo ruso tanto en la cabeza como en la base, todo el mundo habr谩 podido notar los peque帽os juegos de duplicidad bien entendidos. Entre las principales excepciones a estas sanciones (ahora en su cuarta ronda) est谩n las exportaciones rusas de materias primas energ茅ticas (petr贸leo y gas) y minerales. Y es una suerte, ya que Rusia produce el 40% del paladio y el 25% del titanio del mundo, adem谩s de ser el segundo productor mundial de aluminio y gas, as铆 como el tercero de n铆quel y petr贸leo. Todos estos materiales se han disparado en su precio desde el inicio de la invasi贸n del territorio ucraniano, proporcionando a Rusia m谩s dinero鈥 que es proporcionado en gran parte por los poderosos de los mismos pa铆ses que constantemente claman en t茅rminos humanistas sobre la situaci贸n actual. Por ejemplo, desde el comienzo de esta guerra, la Uni贸n Europea ha estado pagando a Rusia m谩s de 400 millones de d贸lares al d铆a por su gas y casi 280 millones por su petr贸leo, cobrados directamente a trav茅s de los dos bancos que se salvaron de las sanciones financieras (隆y con raz贸n!), a saber, Sberbank y Gazprombank. Y omitimos las cantidades gigantescas para todo lo dem谩s, que es indispensable para la industria automovil铆stica occidental (paladio), su aeron谩utica y defensa (titanio) o las bater铆as el茅ctricas (n铆quel).

Cuando se dice que la guerra empieza aqu铆, a menudo suena como un refrito de un viejo eslogan ideol贸gico del siglo pasado, pero si alguien preguntara hoy qui茅n financia realmente el ataque ruso, podr铆a recurrir exactamente a los mismos que financian al otro bando, es decir, la defensa ucraniana: Esto incluye el sistema tecno-industrial de los estados occidentales, que no va a dejar de funcionar a toda velocidad por tan poco, dado que la guerra, la masacre y la devastaci贸n del planeta son ya parte intr铆nseca de su funcionamiento.

Ir贸nicamente, hay varios intereses que los dos estados enfrentados se cuidan de no desgarrar en esta guerra asesina, para no perjudicar a sus financiadores occidentales comunes: los dos enormes oleoductos de la Hermandad y de la Soyuz de Rusia, que atraviesan todo el territorio de Ucrania, antes de ser redirigidos a Alemania e Italia. De la misma manera que ninguno de los dos beligerantes desea tocar otros objetivos tan sensibles para su econom铆a nacional como vitales para la industria aeron谩utica de defensa europea (especialmente Airbus y Safran), como la f谩brica de titanio del grupo VSMPO-Avisma situada en la ciudad de Nikopol, todav铆a controlada por Ucrania, y que sin embargo es propiedad directa del principal exportador del complejo militar-industrial ruso, Rosoboronexport. Lo que podr铆a parecer una paradoja es en realidad una amarga ilustraci贸n de una de las caracter铆sticas de las guerras interestatales: aunque se desencadenen descaradamente por el odio nacionalista, religioso o 茅tnico, rara vez son los poderosos los que pagan el precio -siendo obviamente capaces de ponerse de acuerdo entre ellos si es necesario- sino las poblaciones las que sufren todas las consecuencias mortales. Un poco como el hecho de que Francia siguiera suministrando a Rusia entre 2014 y 2020 c谩maras t茅rmicas para equipar sus veh铆culos blindados actualmente utilizados en la guerra de Ucrania, o sistemas de navegaci贸n y detectores de infrarrojos para sus aviones de combate y helic贸pteros, mientras que ahora suministra a Ucrania misiles antia茅reos y antitanques. Tanto en lo que se refiere a la energ铆a como al equipamiento militar, los financiadores y especuladores de la guerra tambi茅n est谩n aqu铆, y es tambi茅n aqu铆 donde se puede luchar contra ellos.

Una de las ventajas de la creaci贸n de peque帽os grupos aut贸nomos que decidan sus objetivos y su calendario -para los que ver铆an la guerra de otra manera aqu铆, o que no tendr铆an la oportunidad de huir o decidir铆an voluntariamente quedarse en otro lugar- podr铆a ser el sabotaje de los intereses capitalistas y estrat茅gicos comunes a los l铆deres de ambos estados y sus aliados, que no ser铆an de ninguna utilidad para ninguno de ellos, independientemente de qui茅n gane. Una posibilidad m谩s, pero que no puede caer del cielo ante las dificultades a las que hay que hacer frente, y que quiz谩 requiera que se desarrolle y prepare de antemano, sobre todo con la ayuda de instrumentos organizativos que faciliten la puesta en com煤n de esfuerzos, conocimientos y medios adecuados. Esta vieja cuesti贸n de los intereses en juego ya agitaba a las redes de resistencia francesas bajo la ocupaci贸n alemana, cuyo mando, as铆 como los servicios angloamericanos, insist铆an, por supuesto, en el hecho de que su sabotaje industrial de lugares y estructuras tan sensibles segu铆a siendo, sobre todo, reversible, limit谩ndose a ralentizar la producci贸n del enemigo o a destruir objetivos no cr铆ticos para la futura reanudaci贸n del pa铆s.

Temas. En esta guerra sucia, a falta de entablar por el momento intensos combates en zonas urbanas, el ej茅rcito ruso lleva varias semanas cercando y bombardeando intensamente varias ciudades, seg煤n una t谩ctica ya probada en Alepo. En Marioupol, por ejemplo, donde 300.000 personas sobreviven asediadas en condiciones terribles, muchos han tenido que entender a su costa que en realidad son rehenes del fuego de ambos estados. En medio de los edificios destruidos, muchos peque帽os grupos de civiles hambrientos tienen que enfrentarse a su propio ej茅rcito cuando salen de los refugios para buscar comida en las tiendas abandonadas.

Para mantener su monopolio sobre las ruinas y seguir destinando recursos a los hombres de armas, el Estado ucraniano ha confiado a los voluntarios de las brigadas de Defensa Territorial (Teroborona) no s贸lo la tarea de proteger sus infraestructuras cr铆ticas en segunda l铆nea, sino tambi茅n la de preservar el orden p煤blico, que se refiere, por ejemplo, a los intentos de saqueo de los desesperados. Para un Estado que ha decretado la ley marcial tolerando esencialmente en las ciudades bombardeadas formas de autoorganizaci贸n enmarcadas que le permiten suplir sus propias carencias, el deber patri贸tico ser铆a, por supuesto, esperar sus migajas con el est贸mago vac铆o mientras se bebe agua de los radiadores, pues es bien sabido que el saqueo de la sacrosanta propiedad desierta s贸lo puede ser responsabilidad de los soldados enemigos o de los traidores, como marcan sus 贸rdenes del d铆a. Y m谩s all谩 de la tr谩gica situaci贸n de Marioupol, la misma l贸gica se est谩 aplicando en la capital, Kiev, que est谩 rodeada por las tropas rusas, esta vez con toques de queda, el 煤ltimo de ellos ya no nocturno, sino durante 36 horas seguidas para dar prioridad al ej茅rcito y a la polic铆a, considerando 芦a todas las personas que se encuentren en la calle durante este periodo como miembros de grupos de sabotaje enemigos禄, con las consecuencias que ello conlleva.

Tambi茅n en este caso, la afirmaci贸n de que en tiempos de guerra el Estado impone su pu帽o de hierro a煤n m谩s que en tiempos de paz, no s贸lo sobre las mentes sino tambi茅n sobre los cuerpos de todos sus s煤bditos, no es s贸lo un t贸pico manido: Carne de ca帽贸n o de bombardeo, en busca de alimentos o de c贸mplices para autoorganizarse fuera de los grilletes estatistas, o incluso simplemente para respirar un aire distinto al de la promiscuidad de los refugios o para comprender la situaci贸n por s铆 mismo, toda individualidad est谩 llamada a desvanecerse de buena gana o a la fuerza en el tablero de ajedrez de los dos ej茅rcitos en presencia. Esta situaci贸n se extiende evidentemente a las fronteras occidentales de Ucrania, que ya han cruzado m谩s de tres millones de refugiados鈥 despu茅s de haber sido debidamente examinados para eliminar a todos los hombres de entre 18 y 60 a帽os aptos para el servicio. Si una ola de ayuda mutua con las familias se ha extendido a ambos lados de la frontera, uno de los aspectos m谩s notables es la tenue solidaridad que empieza a desarrollarse, a pesar de la hostilidad de algunos de los habitantes, con aquellos que se niegan a luchar y que no tienen todos la posibilidad de pagar 1.500 euros a los corruptos guardias fronterizos ucranianos. En particular, mediante la creaci贸n de certificados m茅dicos falsos o la donaci贸n de pasaportes biom茅tricos, el 煤nico documento oficial aceptado en Hungr铆a o Ruman铆a durante las dos primeras semanas del conflicto para dejar entrar a los refugiados en su territorio.

Ordenar, seleccionar, priorizar, registrar, clasificar para separar a los buenos pobres de los malos en las fronteras (incluso seg煤n su nacionalidad, como han visto los nacionales de los pa铆ses africanos en su piel) no es, por supuesto, una especificidad del Estado ucraniano en guerra, sino la continuaci贸n de un vasto infierno de colaboraciones interestatales, regateos econ贸micos e imperativos geoestrat茅gicos. As铆 es como algunos son condenados a ahogarse en el Mediterr谩neo, otros a languidecer en los campos del ACNUR para ser asentados en los territorios vecinos, y los 煤ltimos a servir gloriosamente a su patria o como esclavos asalariados en los pa铆ses ricos siempre en busca de mano de obra explotable a bajo precio. Porque, al final, la ferocidad del poder -que nunca se revela tanto como a trav茅s de las guerras, la miseria y las masacres que engendra- se debe quiz谩s en primer lugar a esto: su pretensi贸n intr铆nseca de reinar en nombre de sus propios intereses sobre el territorio que controla, intentando as铆 transformar a cada ser que gobierna en s煤bditos reemplazables, al precio de su aniquilaci贸n como individuos.

De emergencia. Desde hace muchos a帽os, se esgrimen y se instrumentalizan a cada paso oleadas de amenazas para destilar el miedo, dentro de una gesti贸n cada vez m谩s militarizada de la 芦paz禄 social: terrorismo, desastre ecol贸gico, Covid-19鈥 o ahora una posible conflagraci贸n nuclear en la prolongaci贸n del conflicto que arde en las fronteras de Europa. Y, por supuesto, la banda sonora de m谩s sacrificios que hay que hacer en las filas detr谩s del Estado es cada d铆a m谩s estridente. Pero tal vez sea cierto que hay que sacrificar algo sin tener que viajar miles de kil贸metros. Porque, 驴no es todo este vasto sistema de muerte a gran escala alimentado por la energ铆a, la industria, el transporte, las comunicaciones y la tecnolog铆a que desfilan diariamente ante nuestros ojos? Devolver la guerra al mundo que la produce interrumpiendo su suministro, ser铆a entonces otra forma de romper las filas del enemigo, dispersando el conflicto contra 茅l en todas partes.

Avis de temp锚tes. Bulletin anarchiste pour la guerre sociale, n掳51,

Francia 鈥 marzo 2022


https://avisdetempetes.noblogs.org/files/2022/03/Avisdetempetes51.pdf


Sabotear la guerra, desencadenar la Internacional

Para cuando los lectores tengan estas l铆neas en sus manos, la crisis de Ucrania puede haber alcanzado proporciones parox铆sticas y haber desatado su dram谩tica precipitaci贸n. O quiz谩s no. Es posible que algunos pasajes hayan sido superados o refutados por los hechos, o que a煤n est茅n pendientes de verificaci贸n. No nos preocupa la posible desactualizaci贸n de lo que escribimos, ya que estas palabras no pueden dejar de ser anticuadas. Ante la guerra, el anarquismo siempre ha mantenido la misma posici贸n que Bakunin desde el conflicto franco-prusiano y la Comuna. Por lo tanto, debemos empezar por lo obvio.

Nuestro internacionalismo se traduce en un sentimiento absolutamente simple: los explotados y las explotadoras, en Rusia como en Estados Unidos, en Ucrania como en Italia, son nuestras hermanas y hermanos, su sangre es nuestra sangre; los industriales y los jefes de las finanzas, los generales y los se帽ores oficiales, los gobiernos todos, son nuestros eternos enemigos. Movidos por eternos sentimientos de odio y amor, nuestras pasiones s贸lo pueden rehuir la actualidad, su oportunismo, la valoraci贸n paracular de las condiciones y la propaganda del momento.

Y, sin embargo, para evitar que estos elevados sentimientos se conviertan en intenciones abstractas e inofensivas, buenas para limpiar la conciencia y, en definitiva, para encontrar el propio acomodo, la propia posici贸n oportunista, por un camino un poco m谩s tortuoso, pero por eso mismo a煤n m谩s hip贸crita, hay que a帽adir otra a estas intenciones: la 煤nica pr谩ctica compatible con el discurso internacionalista es la que pone como enemigo principal al propio gobierno, al propio Estado, al propio bloque imperialista.

Evitemos, pues, cualquier tentaci贸n frentista, rechazando tanto las posiciones de quienes en nombre del pluralismo y los derechos humanos tienen la tentaci贸n de cerrar filas bajo la bandera liberal occidental, como las de quienes en nombre del antiamericanismo y el sovietismo nost谩lgico tienen la tentaci贸n del partidismo prorruso.

El precio de la guerra, como siempre, lo est谩 pagando el proletariado, y desde hace meses ya lo estamos pagando, por adelantado, con el aumento de las facturas de los servicios p煤blicos, del combustible y, en cascada, con la din谩mica inflacionaria que est谩 afectando a todas las mercanc铆as. Un proceso que se entrelaza con la din谩mica especulativa puesta en marcha por el reinicio econ贸mico tras la crisis provocada por la pandemia. Es el precio de la especulaci贸n, es el precio de las represalias de Putin, es el precio del aventurerismo de Biden, es el precio del servilismo de Draghi. Estos se帽ores son nuestros Starvers, ninguno de ellos es nuestro amigo.

Suponiendo que la crisis actual no desemboque en un holocausto nuclear (hip贸tesis muy improbable, pero en cualquier caso no imposible), en la 芦mejor禄 de las hip贸tesis, en nuestras 芦privilegiadas禄 latitudes, el precio que pagaremos con la guerra de Ucrania ser谩 el de un empobrecimiento inimaginable hasta hace unos a帽os en la bambolla europea a la que est谩bamos acostumbrados: las actuales subidas de los combustibles y la energ铆a, y con ellas de todos los bienes, pueden suponer una insinuaci贸n ni siquiera comparable con la que tendremos que afrontar. La continuidad energ茅tica en s铆 misma, con las condiciones de confort dadas por sentado por la poblaci贸n de esta regi贸n del planeta durante medio siglo, puede no estar garantizada, m谩s a煤n en una condici贸n en la que la energ铆a que hay debe utilizarse para los fines superiores de la industria b茅lica.

Quiz谩s la mayor lecci贸n, generalmente pasada por alto, del asunto de la pandemia fue la desaparici贸n de la llamada 芦sociedad de consumo禄. En aquellos d铆as de la primavera de 2020 con los supermercados parcialmente cerrados, con productos enteros prohibidos a la venta, se produjo un fen贸meno in茅dito para quienes, como el escritor, han vivido siempre en una sociedad donde el consumismo era casi una religi贸n. El gobierno quer铆a enviar un mensaje que claramente no ten铆a nada que ver con la salud p煤blica: un mensaje de austeridad moral. Es un tiempo dif铆cil, los ciudadanos deben entenderlo incluso a trav茅s de un sacrificio cuaresmal. Por otra parte, ya entonces nos dec铆an 芦estamos en guerra禄, anticipando los nuevos sacrificios que se avecinaban.

Un a帽o despu茅s, el presidente de Confindustria propuso un an谩lisis muy interesante. En su intervenci贸n en la asamblea nacional de la patronal del 23 de septiembre, m谩s l煤cido que muchos empresarios que invocan el dist贸pico 芦retorno al mundo de antes禄, Carlo Bonomi dej贸 claro que 芦pasar谩 mucho tiempo, por desgracia, antes de que la demanda interna de consumo pueda volver a ser un potente motor de crecimiento禄. Las grandes empresas saben que, en este periodo hist贸rico, el crecimiento no debe basarse en el consumo interno. M谩s recientemente, el 12 de febrero, el director del Banco de Italia, Ignazio Visco, declar贸 que hay que evitar a toda costa una espiral de precios y salarios: 芦no se vence a la inflaci贸n aumentando los salarios禄, si los precios suben hay que empobrecer a los explotados, si no, 驴d贸nde est谩 el truco? Los se帽ores saben que, con guerra o sin ella, la proletarizaci贸n es el mascar贸n de proa de los fen贸menos sociales de los pr贸ximos a帽os.

Volviendo a la guerra, pues, lo que parece m谩s probable, descartando la hip贸tesis m谩s dram谩tica de una verdadera escalada nuclear entre las potencias (que en todo caso, hay que reiterarlo, no es descartable), es que el precio que pagar谩n los explotados de esta parte del planeta ser谩 una nueva vuelta de tuerca en direcci贸n de la austeridad y autoritaria. Todo esto sucede mientras, como una v铆bora, acecha la hip贸tesis venenosa de la energ铆a nuclear, panacea de todos los males de nuestra industria. Una sirena, la nuclearista, en absoluto subestimada: Sobre todo si las cosas se ponen realmente mal con el cierre definitivo de los grifos de metano por parte de Rusia (o si los Estados Unidos obligan a Europa a renunciar a 茅l), ante las necesidades militares e industriales y los mismos inconvenientes sobre la poblaci贸n ahora obsesionada con la compulsi贸n de repetir el sue帽o reaccionario de 芦volver a ser como antes禄 (imag铆nense lo poderosa que ser谩 esta presi贸n si la gente se encuentra sin electricidad y sin gas), aqu铆 es donde la hip贸tesis nuclear se volver谩 incluso irresistible.

Un elemento, por el contrario, de contra-tendencia a lo sucedido en los 煤ltimos a帽os radica en el retorno de la 芦pol铆tica禄 sobre el dominio indiscutible de la tecnolog铆a que los sucesos de Ucrania nos indican. La guerra en Ucrania por una vez no parece una guerra econ贸mica, sino una guerra de dominaci贸n pol铆tica y militar. El tema del metano en s铆 no es el fen贸meno, sino un fen贸meno consecuente, una represalia en las elecciones del risiko pol铆tico-militar. Provocada por la constante y agresiva expansi贸n de la OTAN hacia el este, la reacci贸n de Rusia no tiene tanto como objetivo la conquista de yacimientos y recursos, sino que est谩 motivada por la pretensi贸n totalmente militar de no tener que soportar la presencia de bases militares estadounidenses en su frontera, as铆 como por un orgullo totalmente ideol贸gico y la nostalgia de los buenos tiempos imperiales. En todo caso, los recursos energ茅ticos son un garrote con el que amenazarse mutuamente.

Por eso, dejando a los anarquistas rusos, ucranianos y bielorrusos la cr贸nica y el an谩lisis de lo que ocurre en su lado del frente, de sus batallas contra el autoritarismo de sus respectivos gobiernos, contra el que luchan a costa de detenciones, torturas y muerte, con ese esp铆ritu internacionalista por el que el principal enemigo para m铆 es siempre mi gobierno y sus aliados, queremos detenernos brevemente en lo que ocurre en 芦nuestro禄 lado del frente de guerra.

La victoria de Biden represent贸 una clara aceleraci贸n de los peligros militaristas. La apuesta geopol铆tica de Trump se basaba en la posibilidad, si no de una alianza, al menos de mantener buenas relaciones con Putin en una perspectiva anti-china. En este sentido, el temible Trump acab贸 convirti茅ndose en el primer presidente estadounidense en muchas d茅cadas que no abre nuevos frentes de guerra. Incre铆ble, en este sentido, es el desatino pol铆tico asumido casi un谩nimemente por la extrema izquierda norteamericana. Cuando una hist贸rica comunista, feminista y militante negra como Angela Davis lanza su apoyo a Biden y Harris, esto no s贸lo indica la traici贸n individual de un bur贸crata del movimiento, sino un bandazo colectivo de toda un 谩rea pol铆tica (demostrado, por ejemplo, por el hecho de que Davis no es expulsada de los contextos militantes). No s贸lo es una traici贸n al rechazo anarquista de la elecci贸n (uno espera esto y m谩s de los pol铆ticos comunistas), sino que el an谩lisis espec铆fico es simplemente err贸neo, ya que Biden y Harris para la paz mundial eran claramente el 芦mal mayor禄.

Uno de los errores que se le achaca a Biden incluso por parte de la corriente principal de la izquierda (en este sentido hemos le铆do recientemente art铆culos en el manifiesto y en Fanpage) es el de 芦entregar禄 Rusia a China. Al apretar agresivamente al r茅gimen de Putin, los norteamericanos lo empujan a una alianza con el de Xi. La alianza de la segunda potencia militar del mundo con el pa铆s que representa la primera potencia tecnol贸gica y -durante unos a帽os m谩s- la segunda potencia econ贸mica, puede convertirse en el efecto detonante de una cat谩strofe militar mundial. Ante la posibilidad de que las armas rusas empiecen a montar la tecnolog铆a china, la idea de que un ataque nuclear preventivo podr铆a ser un escenario mejor que la posibilidad de largos a帽os de integraci贸n militar de sus adversarios m谩s formidables podr铆a saltar seriamente a la mente de algunos ejecutores del Pent谩gono.

Llegando a Italia, que siempre ha estado a la vanguardia de la experimentaci贸n de nuevos reg铆menes pol铆ticos, parece que el gobierno de Unidad Nacional perdurar谩 y se confirmar谩 a medio plazo como el mascar贸n de proa de la intriga pol铆tica en el bello pa铆s, quiz谩 para ser emulado en otras naciones europeas en caso de agravamiento de la crisis. La Unidad Nacional es un concepto que debe ser bien entendido. Esta forma de gobierno puede parecerse, pero difiere esencialmente del cl谩sico gobierno t茅cnico apoyado en la unanimidad de las fuerzas pol铆ticas. La Unidad Nacional es un gobierno eminentemente pol铆tico, un gobierno de frentes pol铆ticos y sociales: en este sentido el sindicato tambi茅n se adhiere a la Unidad Nacional ya que trabaja por la m谩s completa colaboraci贸n y pacificaci贸n interna; en este mismo sentido los t茅cnicos tambi茅n se adhieren a ella, ya que la Tecnolog铆a es hoy un poder sociopol铆tico. En una palabra, el gobierno de Unidad Nacional es un gobierno de guerra.

Como internacionalistas condenados o privilegiados -depende del punto de vista- a vivir en estas latitudes, la tarea que se nos impone es la de sabotear, descarrilar, deshacer por todos los medios la Unidad Nacional y el mort铆fero clima de paz social que genera. Esta es la cita de los pr贸ximos meses a la que no podemos faltar. La Unidad Nacional, en otras palabras, prepara la paz interna entre clases y la guerra externa entre naciones. Nuestro internacionalismo siempre ha gritado lo contrario: ni guerra entre naciones ni paz entre clases. Con Galleani repetimos que estamos contra la guerra y contra la paz, pero a favor de la revoluci贸n social.

Sin embargo, el internacionalismo sigue siendo s贸lo un sentimiento. Sin embargo, corregido por el principio de que mi gobierno es mi principal enemigo, como todo sentimiento el internacionalismo tambi茅n contiene algo inefable. El paso valiente que debemos dar es pasar del internacionalismo a la Internacional. Es decir, razonar y concretar una conspiraci贸n hist贸rica informal, pero real, de los revolucionarios de todo el mundo. Una 芦organizaci贸n禄, por mucho que este t茅rmino nos asuste y atraiga los ojos de la represi贸n. Pero, 驴cu谩les son las alternativas? Hambre, guerra y muerte. La organizaci贸n de la vida humana asociada, basada en la jerarqu铆a y el beneficio, ha demostrado ahora que no puede gobernar la complejidad que ha generado y nos arrastra a todos hacia la cat谩strofe, sanitaria, ecol贸gica y militar. S贸lo una revoluci贸n mundial puede salvarnos. Pongamos manos a la obra.

Bezmotivny 鈥 Quincenal An谩rquico Internacionalista 鈥 Italia

Fuente: https://infernourbano.noblogs.org/post/2022/02/24/sabotiamo-la-guerra-innescando-linternazionale/




Fuente: Materialesxlaemancipacion.espivblogs.net