July 29, 2021
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El texto que sigue es un fragmento de Tecnofeudalismo. Cr铆tica de la econom铆a digital, el 煤ltimo libro de C茅dric Durand, editado por La Cebra en 2021.

Gravar la producci贸n m谩s que organizarla, decidir la muerte m谩s que administrar la vida. (Gilles Deleuze)

Das Digital: ese es el t铆tulo prometedor de la obra de Viktor Mayer-Sch枚nberger y Thomas Ramge, traducido para la edici贸n inglesa por Reinventing Capitalism in the Age of Big Data. Su tesis es que la conjunci贸n de los Big Data, de los algoritmos y de la inteligencia artificial altera radicalmente el funcionamiento de los mercados. Por un lado, los datos permiten acompa帽ar las transacciones con una informaci贸n mucho m谩s rica que en los mercados tradicionales. Por el otro, los algoritmos acompa帽an a los agentes en sus tomas de decisi贸n de tal modo que pueden escapar a sus sesgos cognitivos y adoptar un comportamiento m谩s coherente.

Gracias a los datos masivos sobre los productos y las preferencias, y tambi茅n a los algoritmos capaces de examinar las transacciones potenciales en m煤ltiples configuraciones, el proceso de apareamiento se vuelve mucho m谩s sutil. Es lo que ilustran los sistemas de recomendaci贸n de compras personalizadas, la puesta en relaci贸n de viajeros en funci贸n de las ganas de conversar en BlaBlaCar, la automatizaci贸n de las primeras fases de reclutamiento en las grandes firmas o incluso el control autom谩tico de bienes intermediarios en las cadenas de valor.

Datos y algoritmos reemplazan en gran medida los indicadores de precios en las transacciones: 芦Los mercados ricos en datos finalmente producen aquello que los mercados, en teor铆a, siempre tendr铆an que haber hecho: permitir una transacci贸n 贸ptima. Sin embargo, en virtud de l铆mites informativos, eso no es as铆禄 [1]. La moneda conserva su rol de medio de pago y de reserva de valor, pero una multitud de indicadores vienen a completar las se帽ales de precios para enriquecer la informaci贸n econ贸mica.

El abordaje de Mayer-Sch枚nberger y Ramge abre perspectivas interesantes para la cr铆tica del sistema mercantil, y directamente invita a reabrir el debate sobre el c谩lculo econ贸mico y el porvenir de la planificaci贸n [2]. Pero no da cuenta de las cuestiones suscitadas precedentemente: la edificaci贸n de ciudadelas monopol铆sticas inexpugnables, una vigilancia generalizada asociada a la potencia 煤til de los algoritmos, o incluso la debilidad de la inversi贸n y del crecimiento鈥 Ahora bien, no son precisamente esos problemas los que hay que tratar de poner en claro.

Una primera actitud consiste en reducir esos fen贸menos a las leyes ordinarias del capitalismo. Centralizaci贸n, concentraci贸n y desvalorizaci贸n de los capitales forman parte del juego de la acumulaci贸n. Por consiguiente, no hay ninguna necesidad de introducir nuevos marcos de an谩lisis para dar cuenta de las mutaciones de las estructuras industriales bajo el efecto de la innovaci贸n y de la competencia.

Las tradiciones marxista y schumpeteriana disponen ciertamente de un aparato te贸rico robusto para analizar estos procesos. El concepto de 芦competencia real禄 desarrollado por Anwar Shaikh, por ejemplo, apunta a explicar c贸mo el objetivo de ganancia conduce a un enfrentamiento entre capitales cuyas sacudidas hacen aparecer esquemas recurrentes [3]. En una perspectiva distinta, la tradici贸n de las ondas largas es movilizada para pensar el auge de lo digital como un nuevo paradigma tecnoecon贸mico [4]. Sigue as铆 los pasos de otras configuraciones del capitalismo que se dispusieron alrededor del petr贸leo y del autom贸vil, del acero y de la electricidad o, antes, de los ferrocarriles y de la industria algodonera. Las dificultades actuales son entonces explicadas por el hecho de que las instituciones necesarias para la instalaci贸n de una fase de prosperidad todav铆a faltan.

Evgeny Morozov nos pone en guardia: al sobrestimar la radicalidad del giro digital se corre el riesgo de desarmar las formas tradicionales de la cr铆tica del capitalismo [5]. La cuesti贸n del trabajo y de la explotaci贸n, aquellas de las contradicciones y de las crisis ser铆an escamoteadas en beneficio de las cuestiones de protecci贸n de la vida privada y de la pol铆tica de la competencia. La preocupaci贸n de Morozov es leg铆tima, pero tambi茅n debemos escapar al costado opuesto, el que conduce, como escribe Nathalie Quintane, a relativizar los 芦cambios en curso identificando y se帽alando en ellos 煤nicamente lo que era reconocido, de manera de asociarlos a una rutina: a cortarles las garras禄 [6].

Escojo aqu铆 volver a partir de un par de conceptos muy cl谩sicos: lo que Marx llama las relaciones de producci贸n, 芦esas relaciones determinadas, necesarias e independientes de sus voluntades禄 que los hombres anudan 芦en la producci贸n de su vida social禄 [7], y las fuerzas productivas a las que est谩n asociados, vale decir, los recursos, t茅cnicas y saberes movilizados en esta producci贸n de la existencia social.

Pero esto para tratar de dar respuesta a una cuesti贸n nueva. Aquella, en el fondo, que formula la fil贸sofa McKenzie Wark cuando se pregunta 芦si lo que apareci贸 adem谩s y por encima del modo de producci贸n capitalista no ser铆a algo cualitativamente distinto, que est谩 en v铆as de generar nuevas formas de dominaci贸n de clase, nuevas formas de extracci贸n de la plusval铆a, incluso nuevos tipos de formaci贸n de clases禄 [8]. La proposici贸n de Wark es muy general. A las relaciones de producci贸n existentes 鈥攍igadas a las relaciones capital-trabajo y a la propiedad de la tierra鈥 ella sobrea帽ade una nueva oposici贸n entre los hackers y la 芦clase vectorialista禄. La clase de los hackers produce la informaci贸n pero no puede valorizarla, mientras que la clase vectorialista posee los vectores de la informaci贸n y concentra por ello las capacidades de valorizaci贸n.

All铆 donde me aparto de la tesis de Wark es que no considero que la informaci贸n est茅 en v铆as de convertirse en el principal modo de producci贸n de valor. Como lo recuerda el economista heterodoxo Duncan Foley, esta perspectiva es un espejismo:

Los efectos de rendimiento creciente pueden crear la ilusi贸n de que la producci贸n de mercanc铆as fundada en la informaci贸n y el conocimiento puede crear valor sin ning煤n insumo fuera de la creatividad y el ingenio humanos. Pero los creadores de conocimientos e informaciones son seres humanos que tienen necesidad de comer, de tener un lugar para dormir, de vestirse, etc茅tera [9].

La econom铆a pol铆tica de lo digital, en mi opini贸n, depende principalmente de la problem谩tica de la renta. La idea de renta digital est谩 en la actualidad muy difundida. Se la encuentra hasta en los escritos del economista neoliberal Jean Tirole, que evoca un 芦man谩 digital禄 por analog铆a con el man谩 petrol铆fero, pero sin explicar su origen [10].

Si la explotaci贸n del trabajo sigue desempe帽ando un papel central en la formaci贸n de una masa global de plusval铆a, la especificidad actual reside en mecanismos de captura que permiten a los capitales alimentar sus ganancias por deducci贸n sobre esa masa global, al tiempo que limitan su implicaci贸n directa en la explotaci贸n y se desconectan de los procesos productivos. Es la significaci贸n que se da aqu铆 a la idea de renta [11].

La din谩mica del capitalismo est谩 animada en su coraz贸n por un imperativo de inversi贸n ligado a la competencia y a la dependencia generalizada en el mercado. Sin embargo, el auge de los intangibles atropella esa l贸gica cl谩sica. Como los activos digitales y sus usuarios son indisociables, la movilidad de los individuos y de las organizaciones est谩 trabada. Ese apego rompe la din谩mica competitiva y ofrece a quienes controlan los intangibles una capacidad sin igual de apropiarse el valor sin comprometerse verdaderamente en la producci贸n. Lo que entonces prevalece es una relaci贸n de captura. En esta configuraci贸n, la inversi贸n no est谩 ya orientada hacia el desarrollo de las fuerzas de producci贸n sino de las fuerzas de depredaci贸n. Veamos esto m谩s de cerca.

Estructura de costos digitales 

Las estrategias de conquista del ciberespacio pasan por el control de los flujos de datos: el acceso a nuestros tel茅fonos y a nuestras computadoras, los captores en las m谩quinas-herramientas y los veh铆culos, los sensores en nuestras casas鈥 Al igual que los pozos de petr贸leo, los puntos de captura de los datos engendrados por la actividad de los individuos y de las organizaciones no existen en n煤mero infinito. Ocurre otro tanto cuando se trata de captar nuestra atenci贸n [12]. En consecuencia, hay una forma de escasez absoluta de datos originales.

Por supuesto, la escasez tambi茅n es se帽alada por los derechos de propiedad intelectual, que restringen el uso de los datos y de los programas inform谩ticos. Pero estos a menudo consolidan posiciones preexistentes. La l贸gica de monopolizaci贸n intelectual que se describi贸 en la tercera parte opera m谩s all谩 de los meros instrumentos jur铆dicos: los sitios de extracci贸n de los datos son posiciones estrat茅gicas, y los flujos que surgen de all铆 convergen hacia lugares donde su centralizaci贸n permite la producci贸n de efectos 煤tiles. Es el modelo Google.

Al mismo tiempo, el universo digital est谩 caracterizado por el costo casi nulo de la reproduccio虂n de la informaci贸n. Si los datos originales son raros, no obstante pueden ser reproducidos a un costo muy bajo. Este es principalmente de orden energ茅tico. A nivel agregado no es desde帽able, pero sigue siendo limitado: en 2014, los centros de procesamiento de datos consum铆an 70 mil millones de kilovatios-hora (kWh) en los Estados Unidos, o sea, alrededor de 1,8 % del consumo total de electricidad en ese pa铆s [13]. A nivel desagregado ese costo es imperceptible, de tal modo que con la difusi贸n de las tecnolog铆as digitales la informaci贸n se ha vuelto abundante.

La l贸gica de los rendimientos crecientes de la industria es radicalizada en el caso de lo digital, donde hay una diferencia mayor entre los recursos digitales y los naturales. Mientras que el monopolio ligado a la escasez absoluta de la tierra es contrabalanceado por rendimientos decrecientes, el monopolio sobre los datos digitales originales es reforzado por econom铆as de escala [14] y complementariedades de red. Una vez asumidos los gastos fijos de recolecci贸n y del tratamiento de los datos, los efectos 煤tiles de los servicios digitales pueden ser desplegados casi sin gastos.

Para comprender la l贸gica turbulenta de la competencia real, Anwar Shaikh propuso el concepto de 芦capital regulador禄 [15]. Esta noci贸n designa el capital que opera en las mejores condiciones de producci贸n reproducibles para una industria dada en un momento dado. Se trata del capital que aprovecha el nivel m谩s ventajoso de costos unitarios y que todav铆a puede crecer en esas mismas condiciones favorables.

En el caso de la industria minera o de la agricultura, donde los rendimientos son decrecientes, el capital regulador hace frente a costos unitarios superiores a los costos medios: las oportunidades de inversi贸n restantes son menos interesantes que las ya en explotaci贸n. Por ejemplo, el costo de extracci贸n del petr贸leo de los yacimientos de Arabia Saudita es de alrededor de 4 U$S el barril, mientras que la explotaci贸n m谩s reciente del petr贸leo de las arenas bituminosas de la Alberta se eleva a 40 U$S. A la inversa, en el caso de la industria manufacturera como el autom贸vil, las nuevas f谩bricas incorporan tecnolog铆as m谩s productivas que les permiten operar a un costo unitario m谩s bajo que las instalaciones ya en funcionamiento.

驴Qu茅 ocurre en lo digital? Ni una ni otra de estas din谩micas dan cuenta de manera satisfactoria de la l贸gica de una inversi贸n suplementaria. En efecto, si se acepta el postulado de la escasez de los flujos de datos originales, un nuevo jugador no puede operar sino a un costo m谩s elevado, ya que los nuevos pozos de datos disponibles operan a costos m谩s elevados con relaci贸n a los efectos 煤tiles producidos. No obstante, esa posibilidad de entrada a un costo m谩s alto es contrariada por el hecho de que las firmas establecidas se benefician plenamente de las complementariedades de red. Para ellas, los costos de extracci贸n m谩s elevados de una inversi贸n adicional son contrabalanceados por el hecho de que la adici贸n de nuevas fuentes de datos aumenta m谩s los efectos 煤tiles que si esa nueva fuente fuera utilizada aisladamente.

Tomemos el caso de Siri. Este asistente virtual que funciona por reconocimiento vocal en lenguaje natural fue desarrollado en el curso de los a帽os 2000 en el seno de un instituto de investigaci贸n ligado a la universidad Stanford gracias a financiamientos de la DARPA, la agencia de financiamiento de la investigaci贸n del Ministerio de Defensa estadounidense [16]. Intitulado CALO, por Cognitive Assistant that Learns and Organizes, este proyecto era entonces el m谩s grande programa de inteligencia artificial jam谩s financiado. Brevemente explotado por una empresa emergente surgida de ese instituto de investigaci贸n en febrero de 2010 y adquirido algunos meses m谩s tarde por Apple, Siri es r谩pidamente incorporado al ecosistema Apple, que resulta valorizado en su totalidad. As铆, la centralizaci贸n del capital en obra en la absorci贸n de las empresas emergentes por las grandes firmas de lo digital no resulta solamente de una l贸gica estrat茅gica que apunta a impedir la emergencia de competidores potenciales; tambi茅n refleja una l贸gica econ贸mica seg煤n la cual un procedimiento explotado por una empresa emergente es mejor valorizado en el seno de una entidad m谩s grande, gracias a las complementariedades de las diversas fuentes de datos y a la combinaci贸n de varios tratamientos algor铆tmicos. La organizaci贸n es aqu铆 superior al mercado.

***

Vemos bien que lo digital se distingue de los otros medios de producci贸n que son la tierra y el capital industrial. Su singularidad es asociar la escasez de los sitios estrat茅gicos de captura de datos con rendimientos crecientes infinitos (cuadro 5). Y, como lo vamos a comprobar, esta nueva configuraci贸n perturba el proceso de competencia real que constituye el motor del capitalismo.

Una relaci贸n de dependencia 

A esta estructura de costos particular se agrega una relaci贸n de dependencia propia del mundo de los Big Data y de los algoritmos.

Existen cuantiosas fuentes de datos originales, por ejemplo aquellos sobre la biodiversidad recolectados por los bi贸logos, o los datos producidos por las estaciones meteorol贸gicas, o bien incluso los datos de la estad铆stica p煤blica en materia de demograf铆a o de fiscalidad. Pero lo que caracteriza el Big Other de Zuboff es el poderoso ascenso de datos que constituyen el rev茅s de los servicios digitales. Los individuos y las organizaciones consienten en deshacerse de sus datos a cambio de los efectos 煤tiles que les suministran los algoritmos. Como lo vimos precedentemente, es as铆 como se forman poderosos rizos de retroacci贸n donde fen贸menos de intrusi贸n creciente y de desempe帽o algor铆tmico acrecentado se alimentan uno a otro. Esto es lo que se llama, en la jerga del Silicon Valley, la 芦hiperescala禄, en referencia al problema de la expansi贸n de las capacidades (scalability) en inform谩tica [17].

El elemento fundamental es aqu铆 la existencia de una red de usuarios interdependientes. Lo que constituye la potencia de Google no es tanto la utilizaci贸n no rival de los algoritmos como las sinergias entre servicios y las complementariedades entre usuarios. Eric Schmidt y Jared Cohen, dirigentes de Google, hablan de 芦aceleraci贸n de escala禄 (acceleration to scale) para describir ese rizo expansivo que caracteriza las plataformas tecnol贸gicas modernas:

Su potencia resulta de su capacidad para crecer, y m谩s precisamente de la rapidez con la cual se extienden. Salvo un virus biol贸gico, pr谩cticamente no hay nada que pueda difundirse de manera tan r谩pida, eficaz o agresiva como esas plataformas tecnol贸gicas [18].

La consecuencia de semejante din谩mica, responsable de todos los grandes 茅xitos de lo digital de comienzos del siglo XXI, es que al mismo tiempo que los servicios mejoran, cada uno resulta m谩s fuertemente atornillado al universo controlado por la empresa. Y viceversa, porque la implicaci贸n creciente de cada uno, a cambio, aumenta el rendimiento de los servicios digitales.

Para tratar de dar cuenta de esta din谩mica, los economistas ponen el acento en el papel de las subvenciones cruzadas, que consiste en hacer pagar un precio muy elevado a cierto tipo de actores con el objeto de atraer a otros participantes con precios bajos o nulos [19]. El caso de la gratuidad de contenidos en l铆nea, como las recetas de marmiton.org o los servicios ofrecidos por Google, Booking o el Fooding, lo ilustra: los consumidores aprovechan el servicio, pero este es pagado por los anunciantes. Por capilaridad, los individuos convergen hacia las plataformas m谩s importantes, que entonces se convierten en las m谩s productivas, al concentrar la oferta, la demanda y los datos que permiten optimizar su vinculaci贸n.

Los titanes capitalistas de hoy, pues, valorizan los nudos que distribuyen la informaci贸n y aumentan su calidad. En otras palabras, los servicios que nos venden estas empresas consisten en lo esencial en convertir nuestra potencia colectiva en informaci贸n adaptada y pertinente para cada uno de nosotros y, de tal modo, en atar nuestra existencia a sus servicios.

En esta operaci贸n, una de las claves del 茅xito es la masa de datos disponibles, lo que introduce inmediatamente una postura de escala. Ahora bien, en ese concurso de escalas, los actores implantados en China, por razones a la vez demogr谩ficas y pol铆ticas, tienen una ventaja territorial muy clara. En primer lugar, en esa econom铆a de m谩s de mil millones de consumidores, de lejos la m谩s vasta en el mundo, los datos son potencialmente m谩s numerosos. Luego, son m谩s accesibles. En virtud de un desarrollo capitalista tard铆o, el ethos burgu茅s de protecci贸n de la vida privada no est谩 aqu铆 arraigado socialmente, y el sistema jur铆dico que lo implementa sigue siendo de los m谩s rudimentarios [20]; de tal modo que las firmas y el gobierno pueden f谩cilmente apropiarse, cruzar y explotar los datos individuales, de lo cual da testimonio el auge del sistema de cr茅dito social evocado m谩s arriba. Por 煤ltimo, las restricciones impuestas por las autoridades chinas en varios servicios estadounidenses de primer plano 鈥攃omenzando por Google, Facebook y Twitter鈥 tuvieron por efecto favorecer el desarrollo de firmas aut贸ctonas. En consecuencia, las empresas chinas se posicionan en la vanguardia en la mayor铆a de los sectores de lo digital. En el campo del reconocimiento facial, por ejemplo, Megvii, una empresa emergente sostenida por fondos p煤blicos chinos y rusos, supera t茅cnicamente los productos competidores de Google, Facebook y Microsoft, sobre todo gracias a su acceso a una base de datos gubernamental sin equivalentes, de unos 750 millones de fotos de identidad [21].

Lo que es impactante en esta l贸gica de la hyperscale es la rapidez con la cual nos alejamos del principio de horizontalidad del intercambio mercantil que supuestamente opera entre agentes libres de cerrar una transacci贸n. La invasi贸n de las aplicaciones manifiesta muy repentinamente la fuerza del lazo que se anuda entre las existencias humanas y los ciberterritorios. La vida social se arraiga en la gleba digital. El z贸calo de las relaciones de producci贸n digital en adelante est谩 formado por la dependencia de los individuos y de las organizaciones frente a estructuras que ejercen un control monopol铆stico sobre los datos y los algoritmos.

Para los consumidores, por cierto, esta coerci贸n no es absoluta. Uno siempre puede decidir vivir apartado de los Big Data. Pero esto implica efectos m谩s o menos pronunciados de marginaci贸n social. Salvando las distancias, este tipo de problema 鈥攗na cuesti贸n de 芦costos de exit禄鈥 no es de otra naturaleza que el de los campesinos medievales: para liberarse de su servidumbre deb铆an enfrentar los peligros de la fuga fuera del feudo e intentar una existencia aislada en un alodio, un terreno que solo a ellos pertenezca en las fronteras del mundo conocido.

Para los productores, en cambio, la coerci贸n es absoluta: toda empresa o todo trabajador de plataforma se inscribe en un entorno digital que necesariamente recibe una parte de los datos surgidos de su actividad y que, a cambio, la sostiene. Por supuesto, queda la posibilidad de cambiar de aires. Pero los efectos de red y de aprendizaje son tales que, incluso cuando existe una alternativa 鈥攍o que no siempre ocurre鈥 y es posible recuperar sus datos 鈥攍o que es todav铆a menos frecuente鈥, los costos elevados de transici贸n constituyen una situaci贸n de encierro, disminuyendo radicalmente toda posibilidad de salida.

Los grandes servicios digitales son feudos de los que uno no se escapa. Esa situaci贸n de dependencia de los sujetos subalternos frente a la gleba digital es esencial porque determina la capacidad de los dominantes para captar el excedente econ贸mico. El modelo te贸rico que corresponde a esta configuraci贸n donde dependencia y control del excedente van a la par, como lo introduje, es el de la depredaci贸n. Precisamente hacia este hay que volverse para comprender la din谩mica econ贸mica y el r茅gimen de conflictividad social que caracterizan las relaciones de producci贸n digital.

La posibilidad de una regulaci贸n depredadora

Marx recuerda que 芦la batalla de la competencia se lleva a cabo por la rebaja del precio de las mercanc铆as禄 [22]. Ser competitivos es la condici贸n necesaria para que las firmas hagan ganancias. Las que no se someten a este imperativo ven invalidada su actividad: las p茅rdidas se acumulan y las firmas terminan por desaparecer. En el nivel agregado, es en este proceso donde se inscriben la explotaci贸n del trabajo y la realizaci贸n del valor sobre el mercado. Pero hay una especie de iron铆a en este juego porque, como lo explica el magnate del Silicon Valley Peter Thiel, el objetivo del emprendedor individual en la batalla competitiva consiste precisamente en escapar a la competencia:

No basta con crear valor, uno tambi茅n tiene que capturar una parte del valor que crea. [鈥 El mito norteamericano de la competencia y el cr茅dito concedido a esta idea nos permitieron escapar al dominio del socialismo [鈥. Pero en el fondo el capitalismo y la competencia son antag贸nicos. El capitalismo est谩 fundado en la acumulaci贸n del capital, pero en una situaci贸n de competencia perfecta todas las ganancias son eliminadas. La lecci贸n para los emprendedores es clara鈥 La competencia es para los losers. [23]

Duncan Foley subraya los efectos parad贸jicos y contrastados de esa voluntad de escapar a la competencia para apropiarse mejor del valor:

La masa global de la plusval铆a emerge de las relaciones sociales capitalistas como un subproducto involuntario de la competencia por la apropiaci贸n de la plusval铆a. Su amplitud es un fen贸meno emergente y contingente que escapa a la influencia de todo capitalista individual, y que solo responde a m谩s amplios factores pol铆ticos, culturales y sociales. El desaf铆o competitivo inmediato para todos los capitales es la apropiaci贸n de la mayor parte posible de esa masa de plusval铆a. Algunos modos de apropiaci贸n contribuyen indirectamente a aumentar la masa global de plusval铆a, pero muchos otros, inclusive una gran variedad de modos de generaci贸n de rentas, no contribuyen al aumento de esa masa total [24].

En otras palabras, en la competencia real entre los capitales dispersos por la apropiaci贸n del valor, algunos crean sobrevalor mientras que otros se contentan con alimentar sus ganancias de transferencia a expensas de otros agentes [25]. Anal铆ticamente, las ganancias de las firmas individuales, pues, encuentran su origen, por un lado, en el proceso local de explotaci贸n del trabajo y, por el otro, en mecanismos de lisa y llana apropiaci贸n. Las ganancias apropiadas son una deducci贸n sobre el monto total de sobrevalor obtenido colectivamente por los capitalistas a trav茅s de la explotaci贸n del trabajo, luego de un conflicto de distribuci贸n interno de los poseedores de capitales. Tambi茅n pueden resultar de una transferencia desde los ingresos de los hogares asalariados, como los intereses sobre un pr茅stamo al consumo.

La problem谩tica de la renta est谩 directamente ligada a esa l贸gica de apropiaci贸n de valor desconectada de un compromiso productivo. Es el caso de la propiedad de la tierra y de los recursos naturales, y es tambi茅n el caso del sector financiero. Por otra parte, a este respecto Marx habla de 芦feudalismo industrial禄, una f贸rmula que 茅l toma de Charles Fourier. 脡l ve en la emergencia del Cr茅dito Inmobiliario franc茅s, una sociedad financiera por acciones constituida bajo el Segundo Imperio, una tentativa de monopolizar el control del financiamiento de la industria. Esto, comenta, 芦no en la 贸ptica de inversiones productivas, sino simplemente con el objeto de realizar beneficios por el sesgo de acciones. La nueva idea que lanzaron es someter el feudalismo industrial a la especulaci贸n burs谩til禄 [26].

La referencia al feudalismo remite al car谩cter rentista, es decir, no productivo, del dispositivo de captaci贸n de valor. Y se encuentra esta idea de prevalencia de la renta sobre la l贸gica productiva en el caso de las firmas intensivas en intangibles, sobre todo las plataformas [27]. El poderoso ascenso de las actividades digitales plantea la cuesti贸n de la perennidad del proceso competitivo de generaci贸n de ganancias. Mientras los capitales est茅n efectivamente en competencia, los consumidores puedan apelar a diferentes productores, los activos puedan ser cedidos, el sistema conserva su din谩mica turbulenta: estrategias de apropiaci贸n y espacios de producci贸n de sobrevalor tienden a equilibrarse; y, si las actividades de apropiaci贸n acaparan demasiados capitales, en el sector productivo, que entonces atraen nuevas inversiones, aparecen oportunidades de ganancias. 驴Podr铆a ser de otro modo? 驴Ser铆a posible que la generaci贸n de ganancias fuese orientada mayoritariamente hacia la apropiaci贸n y no ya a la producci贸n de valor? Y si tal fuera el caso, 驴cu谩les ser铆an sus consecuencias a nivel macroecon贸mico? El problema as铆 planteado es finalmente el de la emergencia de un fen贸meno de regulaci贸n depredadora en la era de los algoritmos.

Publicado en 1899, Teor铆a de la clase ociosa, de Thorstein Veblen es el primero y uno de los pocos libros de econom铆a consagrados al problema de la depredaci贸n. Su hip贸tesis fundamental 鈥攍a resiliencia de la depredaci贸n en el capitalismo鈥 se apoya en la distinci贸n entre dispositivo productivo y estrategias de ganancia por acaparamiento, un fen贸meno que no deja de recalcar en toda su obra [28]. En esta perspectiva, la maximizaci贸n de los ingresos del capital no depende de la maximizaci贸n de la producci贸n sino m谩s bien de la maximizaci贸n del control sobre la colectividad en general [29], un control que pasa por el dominio de elementos estrat茅gicos, activos intangibles, conocimientos reservados o bienes de producci贸n exclusivos, tanto como elementos reunidos bajo el t茅rmino general de goodwill:

El goodwill, tomado en su acepci贸n m谩s amplia, comprende cosas como las relaciones de negocios establecidas, la reputaci贸n de honestidad, las franquicias y los privilegios, las marcas, las patentes, los derechos de autor, la utilizaci贸n exclusiva de procedimientos especiales protegidos por la ley o el secreto, el control exclusivo de fuentes de aprovisionamiento en materiales. Todos estos elementos confieren una ventaja diferencial a sus propietarios, pero no constituyen una ventaja global para la colectividad. Constituyen una riqueza para los individuos involucrados 鈥攗na riqueza diferencial鈥 pero no forman parte de la riqueza de las naciones. [30]

En la visi贸n tecnocr谩tica que es la suya, Veblen considera que la econom铆a, con tal de que sus riendas sean dejadas en manos de los ingenieros, puede asegurar la prosperidad de toda la poblaci贸n; por otra parte, 茅l concibe un plan de funcionamiento para una econom铆a administrada por 芦un soviet de t茅cnicos禄 al servicio del bienestar material de la mayor铆a [31]. Pero los ingenieros, lamenta, est谩n subordinados a los intereses particulares de los propietarios de los medios de producci贸n. All铆 donde la mayor铆a de sus contempor谩neos se deslumbran por los progresos de la industria, Veblen, por el contrario, observa los obst谩culos que se le imponen. A sus ojos, lo esencial de la actividad desplegada por los medios de negocios no consiste en organizar la producci贸n sino por el contrario en sabotear el proceso productivo, esforz谩ndose cada uno en extorsionar mejor a los otros:

El objetivo inmediato del hombre de negocios es perturbar o bloquear el proceso industrial en uno o varios puntos. Su estrategia est谩 generalmente dirigida contra otros intereses comerciales y sus objetivos son la mayor铆a de las veces alcanzados gracias a una forma de coerci贸n pecuniaria [32].

Una de las intuiciones m谩s fuertes de Veblen es haber captado el car谩cter moderno de la formaci贸n de una clase depredadora:

La depredaci贸n no puede convertirse en el recurso habitual y convencional de un grupo o de una clase cualquiera mientras los m茅todos industriales no fueron desarrollados a un grado de eficacia tal que dejan un margen por el cual vale la pena pelear.[33]

As铆, eficacia econ贸mica e innovaci贸n no se oponen al ascenso de las normas depredadoras; por el contrario, cuanto m谩s desarrollada es una sociedad en el plano econ贸mico, tanto m谩s asidero ofrece a la depredaci贸n. Precisamente en esta premisa descansa la hip贸tesis tecnofeudal.

La depredaci贸n es un mecanismo econ贸mico de asignaci贸n por apropiaci贸n. En el marco de una regulaci贸n depredadora, el resultado agregado es en el mejor de los casos un juego de suma cero 鈥攕i la apropiaci贸n corresponde a una simple transferencia de valor鈥, en el peor un juego de suma negativa, si el proceso mismo de depredaci贸n acarrea costos y destrucciones. El contraste hist贸rico aparece claramente cuando Perry Anderson compara la din谩mica econ贸mica del conflicto en el seno de la nobleza con la de la competencia intercapitalista:

La competencia intercapitalista tiene una forma econ贸mica, y su estructura es espec铆ficamente aditiva: las partes rivales pueden a la vez extenderse y prosperar, aunque desigualmente [鈥, porque la producci贸n de productos manufacturados es intr铆nsecamente ilimitada. La rivalidad interfeudal, en cambio, tiene una forma militar, y su estructura es el conflicto de suma cero del campo de batalla, donde cantidades fijas de terreno son ganadas o perdidas. Porque la tierra es un monopolio natural: no puede ser extendida indefinidamente, sino solamente vuelta a dividir.[34]

A diferencia del parasitismo, la depredaci贸n es considerada una relaci贸n de dominaci贸n entre el depredador y sus v铆ctimas [35]. As铆, seg煤n esta distinci贸n, un carterista no es un depredador, un padrino de la mafia s铆. En el caso de un conflicto militar cl谩sico, la dominaci贸n se comprueba ex post por la victoria de una parte sobre otra y la apropiaci贸n de los recursos que la dominaci贸n permite. Pero en el caso en que la asimetr铆a est谩 ya presente ex ante, estamos en el modelo cineg茅tico de tipo depredador-presa.

Este modelo cineg茅tico tiene dos variantes. En la primera, la presa es exterminada o expulsada, y el depredador act煤a entonces esencialmente como un agresor. Es lo que ocurre en las operaciones de limpieza 茅tnica, donde la tierra y los bienes de la poblaci贸n en la mira son apropiados por los agresores. En la segunda, el depredador puede adoptar una apariencia de protector: en el marco de la esclavitud antigua, por ejemplo, el depredador enmienda su comportamiento de manera de disminuir los costos de vigilancia haciendo de modo que las ganancias relativas que la presa puede esperar de la fuga sean reducidas [36]. Hay as铆 una forma de continuidad entre la l贸gica de la subyugaci贸n y aquella de la propiedad [37].

Como lo explica Mehrdad Vahabi, lo que es decisivo en la relaci贸n de depredaci贸n de tipo cineg茅tico es la asimetr铆a previa entre depredador y presa:

Cuando una relaci贸n de dominaci贸n es establecida ex ante entre la presa y el depredador, solo el depredador puede comportarse a la vez como agresor y como protector, mientras que la presa solo puede protegerse escap谩ndose sin poder replicar a la agresi贸n. [38]

Costos de apropiaci贸n, dominaci贸n y costos de salida son categor铆as adecuadas para pensar la din谩mica econ贸mica de lo digital. Los costos de apropiaci贸n designan en este contexto las inversiones iniciales necesarias para impulsar una din谩mica de crecimiento hyperscale. Para una empresa emergente son costos fijos, por ejemplo, la concepci贸n de un algoritmo y el desarrollo de una interfaz. En el caso de una adquisici贸n, es el precio que paga una firma para adquirir una nueva posici贸n digital estrat茅gica. En estas dos situaciones, son costos irrecuperables, ya que en lo esencial la inversi贸n est谩 perdida si el proyecto financiado fracasa.

La dominaci贸n, luego, es consubstancial al dispositivo propio de la gubernamentalidad algor铆tmica y a su dimensi贸n pol铆tica de vigilancia, de anticipaci贸n y de control de las conductas. Ya se trate de los consumidores, de los trabajadores o de los capitales subalternos en las cadenas globales de valor, las maneras en que los sistemas de informaci贸n se conectan en las pr谩cticas establecen posiciones dominantes 鈥攗na presencia espectral鈥, que otorgan a quienes las controlan una ventaja estructural, sobre todo por la centralizaci贸n de los datos.

Por 煤ltimo, la dependencia en la gleba digital condiciona en adelante la existencia social de los individuos como aquella de las organizaciones. El anverso de este apego es el car谩cter prohibitivo de los costos de fuga y, por consiguiente, la generalizaci贸n de situaciones de captura que entorpecen la din谩mica competitiva.

Identificar la prevalencia de la depredaci贸n sobre la producci贸n en la econom铆a pol铆tica de lo digital plantea m谩s cuestiones de las que resuelve. Desde el punto de vista de la din谩mica macroecon贸mica, esto sugiere que las inversiones en la protecci贸n y la expansi贸n del control sobre la renta digital prevalecen sobre la inversi贸n productiva. Bien vemos el car谩cter propiamente reaccionario del modo de producci贸n emergente.

Notas

[1] Viktor Mayer-Sch枚nberger y Thomas Ramge, Reinventing Capitalism in the Age of Big Data, Nueva York, Basic Books, 2018, p. 7. [Hay versi贸n en castellano: La reinvenci贸n de la econom铆a. El capitalismo en la era del Big Data, trad. de Julio Fajardo, Madrid, Turner Publicaciones, 2019.]

[2] C茅dric Durand y Razmig Keucheyan, 鈥淧lanifier 脿 l鈥櫭e des algorithmes鈥, Actuel Marx, vol. 1, n掳 65, 2019, pp. 81-102; Evgeny Morozov, 鈥淒igital socialism? The calculation debate in the age of Big Data鈥, New Left Review, nos 116-117, 2019, pp. 33-67.

[3] Anwar Shaikh, Capitalism. Competition, Conflict, Crises, Oxford, Oxford University Press, 2016.

[4] Christopher Freeman y Francisco Lou莽茫, As Time Goes Byop. cit.; Carlota Perez, 鈥淭echnological revolutions and techno-economic paradigms鈥, loc. cit.

[5] Evgeny Morozov, 鈥淒igital socialism? The calculation debate in the age of Big Data鈥, loc. cit.

[6] Nathalie Quintane, Un 艙il en moins, Par铆s, P.O.L., 2018, p. 373.

[7] Karl Marx, Contribution 脿 la critique de l鈥櫭ヽonomie politique. Introduction aux Grundrisse dite 鈥渄e 1857鈥, trad. de Guillaume Fondu y Jean Qu茅tier, Par铆s, 脡ditions sociales, 2014, p. 63. [Hay versi贸n en castellano: Contribucio虂n a la cri虂tica de la economi虂a poli虂tica. Introduccio虂n (1857) y pro虂logo, trad. de Mario Espinosa Pino, Madrid, Minerva, 2013.]

[8] McKenzie Wark, 鈥淓t si ce n鈥櫭﹖ait m锚me plus du capitalisme, mais quelque chose d鈥檈ncore bien pire ?鈥, trad. de Yves Citton, Multitudes, vol. 1, n掳 70, 2018, pp. 76-81.

[9] Duncan K. Foley, 鈥淩ethinking financial capitalism and the 鈥榠nformation鈥 economy鈥, Review of Radical Political Economics, vol. 45, n掳 3, 2013, p. 165.

[10] Jean Tirole, 脡conomie du bien commun, Par铆s, PUF, 2016, p. 526. [Hay versi贸n en castellano: La econom铆a del bien com煤n, trad. de Mar铆a Cord贸n Vergara, Barcelona, Debolsillo, 2018.]

[11] La noci贸n de renta en econom铆a es un concepto cl谩sico vinculado con diferentes tradiciones. En una perspectiva marxista, una teor铆a de la renta de la tierra fue desarrollada por David Harvey, The Limits to Capitalop. cit., cap铆tulo XI. M谩s recientemente, un estudio sistem谩tico de la noci贸n de renta en Marx fue propuesto por Deepankar Basu, 鈥淢arx鈥檚 analysis of ground-rent: theory, examples and applications鈥, UMASS Amherst Economics Working Papers, n掳 241, 2018. En una perspectiva muy diferente, la escuela del Public Choice moviliz贸 mucho esta noci贸n: Matthew D. Mitchell, 鈥淩ent seeking at 52: an introduction to a special issue of public choice鈥, Public Choice, vol. 181, n掳 1, 2019, pp. 1-4.

[12] Yves Citton, Pour une 茅cologie de l鈥檃ttention, Par铆s, Seuil, 2014.

[13] Arman Shehabi et al., United States Data Center Energy Usage Report, Berkeley National Laboratory, 2016.

[14] El principio de los rendimientos decrecientes evoca una situaci贸n donde el rendimiento marginal de un factor de producci贸n disminuye. A la inversa, las econom铆as de escala indican una situaci贸n donde el aumento del volumen de actividad conduce a una mayor eficacia, generalmente en virtud de la amortizaci贸n de los costos fijos.

[15] Anwar Shaikh, Capitalismop. cit., pp. 265-267.

[16] Bianca Bosker, 鈥淪iri rising: the inside story of Siri鈥檚 origins 鈥 and why she could overshadow the iPhone鈥, HuffPost, 22 de enero de 2013; Wade Roush, 鈥淴conomy: the story of Siri, from birth at SRI to acquisition by Apple. Virtual personal assistants go mobile鈥, xconomy.com, 14 de junio de 2010.

[17] Andr茅 B. Bondi, 鈥淐haracteristics of scalability and their impact on performance鈥, en Proceedings of the Second International Workshop on Software and Performance. Ottawa, Ontario, Canada, Nueva York, ACM Press, 2000, p. 195. 2. Eric Schmidt y Jared Cohen, The New Digital Ageop. cit., p. 10.

[18] Eric Schmidt et Jared Cohen, The New Digital Ageop. cit., p. 10.

[19] Los economistas llaman 鈥渕ercados bilaterales鈥 a un tipo de mercados que exigen el mantenimiento de dos o m谩s clientelas: las tarjetas de cr茅dito, por ejemplo, exigen que los consumidores las utilicen y, a la vez, que los comerciantes las acepten. Las empresas que operan en esos mercados, pues, deben desplegar estrategias de precios que repartan los costos entre los diferentes tipos de usuarios de manera de extender el n煤mero de participantes y maximizar sus beneficios. Los trabajos pioneros sobre este tema son: Jean-Charles Rochet y Jean Tirole, 鈥淧latform competition in two-sided markets鈥, Journal of the European Economic Association, vol. 1, n掳 4, 2003, pp. 990-1029; Jean-Charles Rochet y Jean Tirole, 鈥淭wo-sided markets: a progress report鈥, The RAND Journal of Economics, vol. 37, n掳 3, 2006, pp. 645-667; Mark Armstrong, 鈥淐ompetition in two-sided markets鈥, The RAND Journal of Economics, vol. 37, n掳 3, 2006, pp. 668-691.

[20] Lu虉 Yao-Huai comprueba que, en comparaci贸n con los pa铆ses occidentales, el derecho a la vida privada (privacy) en China es extremadamente limitado. 脡l explica esto por el hecho de que, incluso si la cuesti贸n de la protecci贸n de la vida privada adquiri贸 importancia, est谩 en segundo plano respecto de 鈥渓os beneficios sociales y el inter茅s nacional鈥 (p. 11). Adem谩s, las b煤squedas filos贸ficas sobre este tema, a su juicio, siguen estando limitadas a cuestiones espec铆ficas y no plantean el problema 茅tico en su generalidad, lo que limita los abordajes jur铆dicos (p. 13). La poca energ铆a de la protecci贸n de la vida privada en China, en comparaci贸n con los est谩ndares occidentales, resultar铆a in fine de la proximidad hist贸rica de formas de colectivismo. Cf. Lu虉 Yao-Huai, 鈥淧rivacy and data privacy issues in contemporary China鈥, Ethics and Information Technology, vol. 7, n掳 1, 2005, pp. 7-15.

[21] La prensa occidental dio una amplia cobertura al despliegue de las tecnolog铆as de reconocimiento facial en China. Los elementos aqu铆 referidos est谩n tomados de los siguientes art铆culos: Sijia Jiang, 鈥淏acking Big Brother. Chinese facial recognition firms appeal to funds鈥, reuters.com, 13 de noviembre de 2017; Yuan Yang, 鈥淐hina pours millions into facial recognition startup Face ++鈥, Financial Times, 1潞 de noviembre de 2017; Simon Lepl芒tre, 鈥淓n Chine, la reconnaissance faciale envahit le quotidien鈥, Le Monde, 9 de diciembre de 2017; 鈥淓ver better and cheaper, face-recognition technology is spreading鈥, The Economist, 9 de septiembre de 2017; Simon Denyer, 鈥淚n China, facial recognition is sharp-end of a drive for total surveillance鈥, The Washington Post, 7 de enero de 2018.

[22] Karl Marx, Le Capital. Livre III. Le proc猫s d鈥檈nsemble de la production capitalisteop. cit., p. 702.

[23] Citado por J. Adam Tooze, Crashed. How a Decade of Financial Crises Changed the World, New York, The Viking Press, 2018, p. 462. [Hay versi贸n en castellano: Crash. C贸mo una d茅cada de crisis financieras ha cambiado el mundo, trad. de Yolanda Fontal, Efr茅n del Valle y Gonzalo Garc铆a, Barcelona, Cr铆tica, 2018.]

[24] Duncan K. Foley, 鈥淩ethinking financial capitalism and the 鈥榠nformation鈥 economy鈥, loc. cit., p. 261.

[25] El concepto de profits upon alienation desarrollado por Steuart y retomado por Marx corresponde a esas ganancias de transferencia. Cf. Costas Lapavitsas, Profiting without Producing. How Finance Exploits Us All, Nueva York, Verso, 2014, pp. 141-147; Anwar Shaikh, Capitalismop. cit., pp. 208-212. [Hay versi贸n en castellano de Costas Lapavitsas: Beneficios sin producci贸n. C贸mo nos explotan las finanzas, trad. de Carla Estevan Esteban y Laura de la Villa Alem谩n, Madrid, Traficantes de Suen虄os, 2016.]

[26] Karl Marx, 鈥淭he French Credit immobilier鈥, Nueva York Daily Tribune, 21 de junio de 1856, consultable en marxengels.public-archive.net; Charles Fourier, Th茅orie des quatre mouvements et des destin茅es g茅n茅rales, partie 1 [1808], Universit茅 du Qu茅bec 脿 Chicoutimi, 鈥淟es Classiques des sciences sociales鈥, en ligne, p. 176. [Hay versi贸n en castellano de Charles Fourier: Teori虂a de los cuatro movimientos y de los destinos generales, trad. de Francisco Monge, Barcelona, Barral, 1974.]

[27] Es lo que observan por ejemplo Mathieu Montalban y sus coautores cuando escriben: 鈥淓l objetivo de toda forma de capital es producir un valor (de cambio) para la ganancia, y no suministrar un valor de uso, que no es m谩s que un medio para el capital. Las plataformas captan una parte de la renta de su posici贸n de intermediarios o de 鈥榦rganizadores de mercado鈥. Muy pocas de ellas crean realmente valor para el capital, de manera que su actividad se parece a una redistribuci贸n de la plusval铆a m谩s que a una creaci贸n de valor鈥. Matthieu Montalban, Vincent Frigant y Bernard Jullien, 鈥淧latform economy as a new form of capitalism: a regulationist research programme鈥, Cambridge Journal of Economics, vol. 43, n掳 4, 2019, p. 16.

[28] Thorstein Veblen, The Theory of the Leisure Class, Oxford, Oxford University Press, 1899; Marc-Andr茅 Gagnon, 鈥淧enser le capitalisme cognitif selon Thorstein Veblen : connaissance, pouvoir et capital鈥, Interventions 茅conomiques, n掳 36, 2007, p. 569. [Hay versi贸n en castellano de Thorstein Veblen: Teor铆a de la clase ociosa, trad. de Vicente Herrero, Me虂xico, Fondo de Cultura Econo虂mica, 1966.]

[29] Ibid.

[30] Thorstein Veblen, The Theory of Business Enterprise, Eastbourne, Gardners Books, 1904, p. 167. [Hay versi贸n en castellano: Teor铆a de la empresa de negocios, trad. de Carlos Alberto Tr铆podi, Buenos Aires, Eudeba, 1865.]

[31] Thorstein Veblen, The Theory of Business Enterprise, Eastbourne, Gardners Books, 1904, p. 167. [Hay versi贸n en castellano: Teor铆a de la empresa de negocios, trad. de Carlos Alberto Tr铆podi, Buenos Aires, Eudeba, 1865.]

[32] Thorstein Veblen, The Theory of Business Enterpriseop. cit., p. 35.

[33] Thorstein Veblen, The Theory of the Leisure Class, op. cit., p. 19.

[34] Perry Anderson, Lineages of the Absolutist Stateop. cit., p. 31.

[35] Mehrdad Vahabi, The Political Economy of Predationop. cit., Cap铆tulo I.

[36] Moses I. Finley, 脡conomie et soci茅t茅 en Gr猫ce ancienne, Par铆s, La D茅couverte, 2007.

[37] As铆 como existe una forma de continuidad entre caza y pastoralismo. Cf. Gr茅goire Chamayou, Les Chasses 脿 l鈥檋omme. Histoire et philosophie du pouvoir cyn茅g茅tique, Par铆s, La Fabrique, 2010, cap铆tulo III. [Hay versi贸n en castellano: Las caceri虂as del hombre. Historia y filosofi虂a del poder cinege虂tico, trad. de Gloria Casanueva y Herna虂n Soto, Santiago de Chile, LOM Ediciones, 2014.]

[38] Mehrdad Vahabi, The Political Economy of Predationop. cit., p. 100.

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Fuente: Kaosenlared.net