December 20, 2020
De parte de La Haine
151 puntos de vista

Un escenario de un gobierno progresista no es, por definici贸n, indeseable y da帽ino para la izquierda radical

Algunas im谩genes del pasado pueden alumbrar nuestra comprensi贸n de la historicidad de un presente que vivimos como cotidianidad. Considero que, para entender lo que ocurre con la izquierda mexicana en tiempos obradoristas, resulta esclarecedor contrastar el momento actual con dos coyunturas en donde el nacionalismo progresista eclips贸 a las izquierdas socialistas y anticapitalistas (me refiero a aquellas que merecen este t铆tulo no solo por su colocaci贸n geom茅trica relativa, sino por su substancial radicalidad anti-sist茅mica).

En primer lugar, a mediados de los a帽os 30, cuando las izquierdas quedaron a la sombra de un gobierno que impuls贸 profundas reformas sociales mientras institucionalizaba y disciplinaba a los movimientos obrero y campesino. En segundo lugar, en la coyuntura de 1988-89 cuando, al calor de las protestas por el fraude electoral en contra de la candidatura de Cuauht茅moc C谩rdenas, las principales organizaciones socialistas mexicanas se disolvieron en el seno del Partido de Revoluci贸n Democr谩tica (PRD).

No se trata de proponer una comparaci贸n sistem谩tica, que implicar铆a listar un sinn煤mero de diferencias puntuales. Tampoco de evaluar puntualmente la oportunidad y la legitimidad de las decisiones pol铆ticas de los grupos dirigentes. De lo que se trata es de examinar, por analog铆a, un trazo grueso (y, por ende, fundamental) que ponga en evidencia un acontecimiento recurrente.

Dicho de otra manera: considero oportuno relevar las consecuencias hist贸ricas de la puesta en pr谩ctica de f贸rmulas pol铆ticas al estilo de lo que, en los a帽os 30, al interior del movimiento comunista internacional, se denomin贸 芦frente popular禄. F贸rmula que podemos asimilar, salvadas las evidentes diferencias, a la hip贸tesis de lo que se conoce en nuestros d铆as como 芦populismo de izquierda禄. Una tentaci贸n persistente de corrimiento hacia el centro, hacia una convergencia nacional popular, que podemos constatar a nivel general, al margen de las variaciones formales ocurridas con el transcurrir de las d茅cadas en su justificaci贸n pol铆tico-ideol贸gica y en la composici贸n de clase que le subyace.

En los a帽os 30, como a finales de los 80 y en nuestros d铆as, el argumento del frente o la unidad nacional y popular, generalmente acompa帽ada de una condescendencia hacia fen贸menos caudillistas y bonapartistas -en todo caso, un ismo personalizante, fuera cardenismo u obradorismo-, ha servido de justificaci贸n para sostener la necesidad de la alianza progresista (en apoyo a un gobierno o en la oposici贸n, seg煤n el caso) con su correlato de subordinaci贸n de fracciones importantes de las izquierdas antisist茅micas, otrora de franca definici贸n socialista y revolucionaria, al progresismo nacionalista o nacionalismo revolucionario, como se defini贸 en el M茅xico de los a帽os 20 y 30.

Esta modalidad subalterna de alianza ha provocado tres eclipses en la izquierda socialista. Y es que tal elecci贸n, llevada adelante por sus franjas mayoritarias en contextos hist贸ricos y pol铆ticos distintos -m谩s o menos favorables– se tradujo en una invisibilizaci贸n y un desperfilamiento, cuyo impacto se resinti贸 tanto en estas coyunturas hist贸ricamente relevantes como en el mediano plazo de los procesos hist贸ricos inmediatamente sucesivos.

Por otra parte, cabe se帽alar que -por lo menos en el pasado, pero tambi茅n tendencialmente en el presente– los reducidos sectores izquierdistas que se mantuvieron al margen de la alianza no pudieron adquirir un real protagonismo pol铆tico nacional ni lograron ofrecer una alternativa viable a la avasalladora hegemon铆a del progresismo nacional-popular. En algunos casos, ensimism谩ndose sectariamente; en otros, sosteniendo o impulsando experiencias puntuales y no pocas veces ejemplares de lucha y de resistencia, pero espor谩dicas o aisladas.

Un escenario de un gobierno progresista no es, por definici贸n, indeseable y da帽ino para la izquierda radical, ya que existen din谩micas y situaciones de conflicto con las clases dominantes que tienen relevancia y mantiene alta la tensi贸n clasista y es posible que, como ha ocurrido el pasado reciente latinoamericano, el mismo nacionalismo progresista recurra, no por vocaci贸n sino por necesidad, a la movilizaci贸n de las clases subalternas, lo cual abre la puerta a un retorno, aunque sea relativo, en la escena de las ideas y las pr谩cticas de las izquierdas radicales actualmente relegadas en la penumbra. La advertencia sobre el eclipse va m谩s bien en el sentido de la normalizaci贸n e institucionalizaci贸n de un formato de hegemon铆a progresista en la que no caben el conflicto y la movilizaci贸n social, como tampoco la independencia, visibilidad y relevancia de las izquierdas radicales, anti-sist茅micas o socialistas.

El cardenismo de los a帽os 30, el neo-cardenismo de finales de los 80 y el obradorismo del siglo XXI constituyen pasajes cruciales de la historia pol铆tica de la izquierda mexicana -junto al 68 y el 94, que sintetizaron momentos de recobrada luminosidad– en los que el formato de la subordinaci贸n y la p茅rdida de identidad y autonom铆a de la izquierda anticapitalista frente al progresismo nacionalista podr铆a aparecer como una constante, como una fatalidad inscrita en el acontecimiento fundacional de la estatalidad mexicana (la revoluci贸n de 1910 y sus secuelas).

Al mismo tiempo, si bien esto es parcialmente cierto, algo lo excede: con todo y su comprobada eficacia, tal mecanismo no impide el eventual y recurrente desborde por la izquierda en ocasi贸n de coyunturas cr铆ticas y de episodios o ciclos de movilizaci贸n masiva que propician la supervivencia, conformaci贸n o reconstituci贸n de fracciones que, por ser antisist茅micas, son tambi茅n extrasist茅micas; es decir, externas a la l贸gica del sistema pol铆tico y de la institucionalizaci贸n de su vertiente izquierdo.

Bajo esta clave de lectura, podemos reconocer una serie de movimientos de descomposici贸n y recomposici贸n de la forma de la izquierda radical en M茅xico. Estos giran en torno a la tensi贸n entre su subordinaci贸n y su independencia, siempre relativas pero tendenciales y, por lo tanto, pol铆ticamente determinantes.

La met谩fora del eclipse -con su obvia carga pol茅mica– pretende ilustrar gr谩ficamente tres pasajes hist贸ricos particularmente cr铆ticos en los que predomin贸 el formato de la subordinaci贸n, en aras de alertar respecto de un pliegue problem谩tico del proceso actualmente en curso.

I.

Ha sido profusamente estudiado e interpretado el cardenismo de los a帽os 30 como momento de condensaci贸n hegem贸nica fundamental en el proceso de institucionalizaci贸n de la revoluci贸n mexicana a trav茅s de una mezcla de avances en materia de soberan铆a y de justicia social, concesiones a las clases subalternas, su reconocimiento y organizaci贸n en el 谩lveo de un Estado conciliador y benefactor y, por ello, garante de los l铆mites pero tambi茅n de la viabilidad de la acumulaci贸n capitalista y la jerarqu铆a clasista que le corresponde.

En este contexto, m谩s all谩 de la espor谩dica ret贸rica socialista del propio cardenismo, la trayectoria del centro aglutinador de la izquierda revolucionaria de la 茅poca, el Partido Comunista Mexicano (PCM), se caracteriz贸 por un salto vertiginoso de una posici贸n sectaria a una de amplia apertura correspondiente al viraje de la l铆nea pol铆tica de 芦clase contra clase禄 a la de los 芦frentes populares禄 entre el VI y el VII Congreso de la Internacional Comunista, en 1928 y 1935 respectivamente.

Am茅n de las indicaciones en esta direcci贸n que llegaban de Mosc煤, es evidente que la soluci贸n frentista correspond铆a a la situaci贸n mundial en tiempos de emergencia fascista. Sin embargo, tambi茅n se adaptaba bien a la especificidad de M茅xico, donde exist铆a un gobierno cuya legitimidad posrevolucionaria y dinamismo nacionalista y progresista le val铆an un s贸lido apoyo de masas. El corrimiento del PCM hacia las posiciones cardenistas le permiti贸 asentarse a nivel organizacional, salir del aislamiento y alcanzar una dimensi贸n, una influencia y una proyecci贸n que no hab铆a logrado anteriormente.

Al mismo tiempo, como contraparte, este crecimiento relativo implic贸 un desperfilamiento pol铆tico e ideol贸gico, ya que no se preocup贸 por mantener una iniciativa propia que marcara un margen de maniobra aut贸nomo y diera pie a una acumulaci贸n de fuerzas orientada a la gestaci贸n de una alternativa socialista (que rebasara el orden posrevolucionario que se estaba consolidando y que tend铆a, paulatinamente, a volverse m谩s conservador).

La deriva desde la l铆nea pol铆tica del frente popular hacia la que se llam贸 芦Unidad a toda costa禄, ya pasada la amenaza fascista y en los albores de la guerra fr铆a, marcar谩 una involuci贸n hacia un desdibujamiento tan profundo que, a los ojos de muchos, no pareciera descabellada la f贸rmula provocadora de Pepe Revueltas sobre la 芦inexistencia hist贸rica禄 de la 芦cabeza del proletariado禄, es decir, de un Partido Comunista en M茅xico. Una imagen extrema que, m谩s all谩 de su trasfondo filos贸fico dial茅ctico, apuntaba a la constataci贸n de la desaparici贸n del PCM a la sombra del Partido de Estado y de la ideolog铆a de la revoluci贸n mexicana que lo justificaba.

En el PCM, la l贸gica frentista de la alianza con el nacionalismo progresista se mantuvo en el henriquismo en los a帽os 50 pero tambi茅n, con un nuevo grupo dirigente, a principio de los a帽os 60, en el ef铆mero pasaje del Movimiento de Liberaci贸n Nacional (MLN) inspirado en la primera etapa de la revoluci贸n cubana. Solo la irrupci贸n del movimiento estudiantil del 68 interrumpi贸 el primer largo eclipse cuando, en medio del torrente de luchas sociales que le siguieron, se generaliz贸 la convicci贸n de que era necesaria y urgente la presencia de una izquierda socialista independiente que retomara el horizonte de una nueva revoluci贸n, ahora de franco corte anticapitalista y socialista. En este clima de 茅poca, marcado por la proliferaci贸n t铆picamente setentista de las izquierdas revolucionarias, el mismo PCM vivi贸 un momento de gracia logrando impulsar, a pesar de su limitado arraigo de masas, diversas luchas sociales y democr谩ticas.

Entre los a帽os 70 y 80 las izquierdas socialistas mantuvieron una influencia consistente y un perfil definido a trav茅s de un archipi茅lago de organizaciones pol铆ticas y sociales y de dos partidos con raigambre nacional, como eran el heredero del PCM, Partido Socialista Unificado de M茅xico (PSUM), y el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), de orientaci贸n trotskista, surgido en 1979. Sin embargo, no lograron desbordar al r茅gimen priista en el terreno de la organizaci贸n y la movilizaci贸n de las masas populares, y se estancaron r谩pidamente en los laberintos electorales abiertos por la reforma pol铆tica de 1978, h谩bilmente orquestada y manejada desde arriba como v谩lvula de escape de la presi贸n democratizadora.

Ya en tiempos neoliberales, un sobresalto de movilizaci贸n popular fue catalizado por la candidatura presidencial del hijo del general C谩rdenas, Cuauht茅moc, surgida del desprendimiento de la Corriente Democr谩tica del Partido Revolucionario Institucional (PRI). El apoyo a su campa帽a y la resistencia en contra del fraude ocurrido en las elecciones del 2 julio de 1988 llevaron a distintas corrientes del socialismo mexicano a confluir, repentinamente, en una nueva alianza con aquellos ex priistas que se proclamaban defensores de los valores de la revoluci贸n mexicana traicionada por la tecnocracia neoliberal que gobernaba el PRI y el pa铆s.

Los argumentos que justificaron la disoluci贸n de las organizaciones socialistas en el PRD, aun repitiendo algunos de sus esquemas generales, iban m谩s lejos de aquellos que, en los a帽os 30, sustentaban el frente popular. Con la fundaci贸n del PRD, la alianza se volvi贸 fusi贸n org谩nica: dej贸 de ser un frente al interior del cual se manten铆a la independencia de las organizaciones m谩s radicales para convertirse un 煤nico partido, en el cual no exist铆a una corriente socialista mientras que era manifiesta la preeminencia de los ex priistas (a cuya cabeza, junto a Cuauht茅moc C谩rdenas, figuraba Porfirio Mu帽oz Ledo, ahora destacado dirigente de la 4T, y empezaba a destacar el propio L贸pez Obrador), tanto en la gesti贸n del aparato como en relaci贸n con el perfil ideol贸gico nacionalista y progresista, en donde no cab铆a ni la palabra socialismo y, menos a煤n, una perspectiva revolucionaria que no fuera aquella sancionada en la Constituci贸n de 1917.

No obstante, quedaba detr谩s del Sol Azteca y de los colores amarillo y negro, un fondo rojo compuesto por la presencia, la experiencia y el activismo de numerosos dirigentes y militantes que se hab铆an formado en las organizaciones de izquierda ya disueltas.

Aquellas organizaciones, escasas, que se mantuvieron ancladas a la tradici贸n socialista, se despoblaron o se ensimismaron, releg谩ndose en los m谩rgenes del escenario pol铆tico. Al asumir el PRD el monopolio de la representaci贸n de la izquierda mexicana, aun sosteniendo una firme oposici贸n democr谩tica y antineoliberal al salinismo, qued贸 desierto el campo de los discursos y las pr谩cticas m谩s radicales de resonancia socialista y anticapitalista. Algo que parec铆a estar en consonancia con los tiempos.

Sin embargo, en 1994, ocasi贸n de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio con EEUU y Canad谩, el levantamiento zapatista apareci贸 como rayo en el presuntamente sereno cielo salinista. Su luz interrumpi贸 el segundo eclipse rompiendo el sue帽o neoliberal del fin de la historia, pero tambi茅n, valga el juego de palabras, despertando al izquierdismo m谩s radical.

II.

Hacia finales de milenio, el PRD se fue institucionalizando y 芦desizquierdizando禄 conforme conquistaba espacios de gobierno local (en particular, el gobierno capitalino, asumido por el mismo C谩rdenas como plataforma para su siguiente campa帽a presidencial). El perredismo dej贸 de ser una identidad militante y se volvi贸 gradualmente una rosca de pr谩cticas y din谩micas oportunistas, burocr谩ticas y clientelares que se proyectaban en una serie ininterrumpida de pugnas entre corrientes que no se distingu铆an por su perfil ideol贸gico o su l铆nea pol铆tica sino por una lucha por recursos y 谩mbitos de poder.

En medio de su crisis terminal emergi贸 el liderazgo carism谩tico de AMLO, cuyo perfil ideol贸gico nacionalista y antineoliberal alcanzaba credibilidad y proyecci贸n a trav茅s de un discurso moralizante, en contra de la corrupci贸n y en favor de una redistribuci贸n de riqueza hacia los m谩s pobres 芦por el bien de todos禄. AMLO transit贸 de la direcci贸n del partido a la alcald铆a de la Ciudad de M茅xico y luego a la candidatura presidencial, siguiendo a pie y juntillas el guion institucional.

Sin embargo, el torpe intento del gobierno del Partido Acci贸n Nacional (PAN) de intentar descarrillar judicialmente su candidatura con el desafuero en 2005 y el fraude electoral del a帽o siguiente lo llevaron a romper con el formato preestablecido y recurrir a la movilizaci贸n popular y la convocatoria alrededor de su persona, en torno a la cual volvi贸 a tejer y dar cuerpo a la alianza progresista que se hab铆a vuelto telara帽a en el PRD. El obradorismo, a partir del movimiento de masas de 2006, se dio su propio marco organizacional con la fundaci贸n de Morena en 2011 como asociaci贸n civil y empez贸 a crecer, carcomiendo el PRD, reduci茅ndolo paulatinamente a un residuo pol铆tico, cuya posibilidad de reciclaje electoral todav铆a est谩 por demostrarse.

No obstante, al margen del obradorismo, entre 2012 y 2014 dos oleadas de protesta -el movimiento #YoSoy132 y el que reclamaba justicia por los 43 estudiantes de Ayotzinapa desaparecidos– mostraron niveles de intensidad y radicalidad, en particular entre los estudiantes, que rebasaron el per铆metro del proyecto nacionalista progresista y su apuesta electoral pero que, sin embargo, no dejaron una huella organizativa y de refundaci贸n de la izquierda sino que impactaron a nivel experiencial generacional y contribuyeron al derrumbe simb贸lico y pol铆tico del r茅gimen de la transici贸n democr谩tica.

Sobre sus ruinas, en el reflujo del ciclo de movilizaci贸n y de cara a una situaci贸n nacional particularmente dram谩tica por el estancamiento econ贸mico, el ahondamiento de las desigualdades sociales, el desborde de la violencia criminal y la corrupci贸n end茅mica, a la hora de la sucesi贸n presidencial de 2018 AMLO y Morena lograron colocarse como la 煤nica alternativa a la continuidad neoliberal y conservadora de PRI y PAN e, inclusive, supieron despertar en importantes sectores de las clases subalternas aquella 芦esperanza禄 que era reiteradamente invocada en la ret贸rica obradorista.

La llamada Cuarta Transformaci贸n (4T) es un proyecto deliberadamente ambiguo y contradictorio que, para conciliar y contentar tirios y troyanos, combina elementos de continuidad conservadora (al no tener veleidades anticapitalistas y no querer afectar los intereses y las posiciones consolidadas de la 芦iniciativa privada禄 y las clases dominantes o 芦la oligarqu铆a禄) y, al mismo tiempo, ejerce cierto margen de autonom铆a relativa respecto de ellas, buscando reactivar la intervenci贸n p煤blica en clave redistributiva, el efectivo ejercicio de algunos derechos sociales b谩sicos y la recuperaci贸n de un margen de maniobra soberano en el terreno de los recursos naturales -energ茅ticos, en particular– y en el de la realizaci贸n de grandes obras de infraestructura.

Este equilibrio precario entre progresismo y conservadurismo, a煤n arropado en un tono antineoliberal, est谩 lejos de la 茅pica transformadora y los ideales de la izquierda del siglo XX. De hecho, ni Morena ni AMLO se definen de izquierda ni remiten a un marco ideol贸gico anal铆tico que haga referencia al capitalismo o las clases sociales, sino que proponen al pueblo como protagonista de un cambio que vuelva dignificar y legitimar el Estado -depur谩ndolo de la corrupci贸n– para que garantice el 芦bienestar de todos禄 芦limando las aristas del neoliberalismo禄, los cual implica disminuir la brecha entre ricos y pobres. De izquierda, en clave geom茅trica, hablan periodistas y polit贸logos; mientras que los opositores de derecha prefieren usar palabras m谩s altisonantes y potencialmente descalificadoras ante la opini贸n p煤blica, tales como 芦comunismo禄 y 芦socialismo禄, para invocar el fantasma venezolano.

En un clima pol铆tico crispado por la pandemia, pero en donde el centro de gravitaci贸n y de iniciativa pol铆tica es, sin lugar a dudas, AMLO y su personal estilo de gobernar y de encarnar la Presidencia de la Rep煤blica, se asienta el tercer eclipse hist贸rico de la izquierda mexicana. Un eclipse que, en este caso, se manifiesta en dos movimientos: el que oscurece a la izquierda interna a MORENA y el que se extiende hacia las izquierdas que le son ajenas.

Adem谩s de v铆nculos org谩nicos con grupos pol铆ticos oportunistas y alianzas con sectores conservadores, el bloque de poder obradorista que triunf贸 en las elecciones de julio de 2018 -cuyos precarios equilibrios trata de mantener, haciendo gala de sabidur铆a paternalista, el propio AMLO– cuenta con una base plebeya y un entramado de recursos militantes arraigados localmente. La izquierda interna a Morena, que no est谩 organizada como corriente, se compone de forma difusa por activistas, dirigentes e intelectuales org谩nicos que comparten una postura y, en general, tiene antecedentes en luchas u organizaciones sociales que marcaron la historia reciente de la izquierda mexicana. Para ellos, en extrema s铆ntesis, la 4T se coloca en la senda de los movimientos y gobiernos progresistas latinoamericanos en funci贸n antiderechista y antimperialista y, en este sentido, exaltan el car谩cter transformador y el componente popular del obradorismo. En aras de poder impulsar su programa y, en particular, las reformas sociales que contiene, aceptan el principio de la unidad nacional y de la pragm谩tica conciliaci贸n con los intereses de los de arriba y los de afuera.

III.

A dos a帽os de ejercicio de gobierno, algunas medidas sufragan sus convicciones mientras que otras tienden a refutarlas. En el primer rubro figuran la lucha contra la corrupci贸n, la austeridad en el uso de recursos por parte de la administraci贸n estatal, la subida del salario m铆nimo, las pol铆ticas de apoyo puntual a sectores vulnerables, el gasto p煤blico reorientado hacia el sector salud en ocasi贸n de la pandemia, la inversi贸n en el sector energ茅tico, algunas reformas (como la que pretende regular la subcontrataci贸n), etc.

Por el otro, pesa la continuidad de fondo y la ausencia de reformas sustanciales en varios rubros fundamentales (por ejemplo, que introduzca mayores grados de progresividad fiscal o que contraste la concentraci贸n de los medios de comunicaci贸n), las tensiones en relaci贸n con las resistencias que generan grandes proyectos energ茅ticos o infraestructurales (como el Tren Maya), varios temas ambientales, la formaci贸n de la Guardia Nacional y el papel de las Fuerzas Armadas en la 4T, las pol茅micas directas con diversas ONGs y con algunos sectores del movimiento feminista y del movimiento ind铆gena, entre otras cuestiones espinosas.

Una espina inequ铆voca de las dificultades de la izquierda al interior de la 4T fue su estruendoso rev茅s en la renovaci贸n de la dirigencia del partido. Las divisiones entorpecieron el proceso que marcaba el Estatuto, obligando a un in茅dito ejercicio de sondeo de opini贸n ordenado por el Tribunal Electoral y llevado adelante por el Instituto Nacional Electoral. Los sectores de izquierda apoyaron la candidatura de un personaje camale贸nico, ajeno a toda tradici贸n de izquierda, como Porfirio Mu帽oz Ledo (que, para colmo, fue derrotado por Mario Delgado, candidato del sector m谩s oportunista, conservador y neoliberal).

Esto destap贸 una serie cr铆ticas que la disciplina partidaria de lealtad hacia AMLO manten铆a a raya. Armando Bartra, uno de los principales intelectuales de izquierda de la 4T, aun conservando cierto optimismo, se帽al贸 sin tapujos la ausencia de un partido que permita sostener la 4T al margen de la iniciativa presidencial y enlist贸 una serie de tendencias alarmantes: crecimiento oportunista de la militancia; partido usado como trampol铆n para cargos; fuga de cuadros hacia el gobierno; electoralismo; distanciamiento de los movimientos sociales; incapacidad de conducci贸n colectiva; falta de visi贸n estrat茅gica transexenal; par谩lisis de la capacidad de iniciativa pol铆tica.

En efecto, al margen de los contenidos de las pol铆ticas p煤blicas (cuyo saldo m谩s o menos progresista puede provocar distintas apreciaciones), el obradorismo y el gobierno que surgi贸 en 2018 no se caracterizan por una apuesta hacia la acci贸n colectiva, la movilizaci贸n y la autonom铆a de las organizaciones sociales, sino que conciben la contienda pol铆tica a partir de la iniciativa desde arriba, desde el n煤cleo dirigente y el jefe carism谩tico lo cual, en clave gubernamental, se traduce en control social en aras de un formato de gobernabilidad progresista.

Este rasgo en particular desconecta y tiende a contraponer a Morena al universo izquierdista m谩s vasto y diversificado que sigue subsistiendo en el pa铆s. Este vive su propio eclipse por dos fen贸menos gravitacionales. El movimiento del obradorismo que tiende a desplazarlo, desacreditarlo y negarlo al acaparar el campo del discurso antineoliberal y, por otra parte, la propia inercia de un campo que, aunque tuvo su brillo en el ciclo del 132 a Aytozi, termin贸 dividido entre organizaciones sociales fragmentadas y tendencialmente corporativas y grup煤sculos pol铆ticos imposibilitados o incapaces de ampliarse, conect谩ndose y articul谩ndose a instancias populares y luchas en curso.

En ambos casos, es evidente la dificultad actual de tener visibilidad y generar una movilizaci贸n desde abajo alrededor de una serie de demandas sociales no incluidas en la agenda de la 4T. En un contexto de polarizaci贸n binaria entre gobierno y oposici贸n de derecha, la izquierda potencialmente antisist茅mica queda, en efecto, eclipsada y relegada en sus reductos locales o sectoriales, perif茅ricos respecto de la contienda pol铆tica nacional.

Organizaciones sindicales y movimientos sociales que destacaron en las luchas de la 茅poca (trabajadores, maestros, estudiantes, campesinos, ind铆genas, feministas, defensa del territorio contra megaproyectos) se encuentran dislocadas en funci贸n de apuestas de mayor o menor cercan铆a a la 4T, cuidando su autonom铆a por razones ideol贸gicas o de mera defensa de recursos. En el microcosmos de las organizaciones socialistas que proclaman su independencia, unas apoyan al obradorismo con entusiasmo, algunas con reservas expl铆citas, mientras que otras marcan una distancia irreductible.

El EZLN (desde la Otra campa帽a de 2005-2006, pero en reiteradas ocasiones hasta la actualidad) ha asumido una postura de frontal oposici贸n al obradorismo, asumi茅ndolo como una mera variante del neoliberalismo: 芦podr谩 cambiar el capataz, el mayordomo y los caporales, pero el finquero es el mismo禄. Una postura que le cost贸 una p茅rdida importante de influencia, dejando de ser un punto de referencia y de articulaci贸n a nivel nacional, aunque, al mismo tiempo, le permiti贸 recortar un limitado pero s贸lido y significativo per铆metro de resistencia y de relativa visibilidad en medio del eclipse.

IV.

Para finalizar este ejercicio de analog铆a retrospectiva, cabe se帽alar que no se puede prever el fin del eclipse en curso. Este depende, en buena parte, de la 贸rbita hegem贸nica del obradorismo, es decir, de su capacidad de sostener y extender el consenso tanto a nivel de masa como de franjas militantes y, en paralelo, de cooptaci贸n de grupos dirigentes en clave transformista.

Al mismo tiempo, no se puede descartar la posibilidad de que fracase la apuesta conciliadora de la 4T y se abra una abierta confrontaci贸n con las clases dominantes que obligue al obradorismo a recurrir a la movilizaci贸n popular, abriendo una brecha en la cual puedan recuperar visibilidad y jugar un papel los ideales y los recursos militantes de las izquierdas radicales.

En todo caso, al margen de los inciertos desenlaces de la confrontaci贸n entre el gobierno y las oposiciones de derecha, en el terreno del conflicto social hay se帽ales de activaci贸n limitada y puntual que, a la luz de la experiencia hist贸rica y de los niveles de contradicci贸n del proceso en curso, dan garant铆a respecto a que, m谩s temprano que tarde, brotar谩n situaciones en las cuales habr谩 oportunidades de reactivaci贸n de izquierdas antisist茅micas que hayan sabido transitar por el eclipse: otros momentos de catalizaci贸n de las luchas y de catarsis subjetiva como lo fueron el 68, el 94 pero tambi茅n los sobresaltos de 2012 y 2014, #YoSoy132 y Ayotzinapa.

Mientras tanto, mirar el presente a trav茅s del prisma de las experiencias claroscuras anteriores permite sopesar lo que est谩 en juego m谩s all谩 del horizonte restringido y la ceguera hist贸rica de la peque帽a pol铆tica cotidiana.

* Soci贸logo italiano especialista en gramsci, profesor de la UNAM
observatoriocrisis.com




Fuente: Lahaine.org