January 10, 2021
De parte de Amor Y Rabia
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por CrimethInc

26 de mayo de 2020

En 1884 el c贸lera remeci贸 a Italia, cobrando miles de vidas. Con una sentencia de tres a帽os de c谩rcel pendiente, Errico Malatesta se uni贸 a un grupo de anarquistas en una peligrosa misi贸n a N谩poles, el coraz贸n de la epidemia, para ayudar a tratar a quienes estaban sufriendo a causa de la enfermedad. Al hacerlo, 茅l y sus compa帽eros demostraron una alternativa a las pol铆ticas coercitivas del Estado en tiempos de crisis, que sigue siendo relevante en los tiempos del COVID-19.

El siguiente texto explora la historia del brote de c贸lera en Italia y la intervenci贸n de Malatesta, incluyendo todo el material disponible sobre la participaci贸n de los anarquistas italianos. Parte del material es presentado por primera vez (…). Porciones del contexto hist贸rico fueron extra铆das a partir de la excelente obra 芦N谩poles en los tiempos del c贸lera, 1884-1911禄 del experto Frank M. Snowden. Adicionalmente agradecemos a Davide Turcato, editor de las obras completas de Malatesta; al Centre International de Recherches sur l鈥橝narchisme en Lausana; y a los anarquistas y bibliotecarios de todo el mundo quienes ayudan a preservar la historia del anarquismo, permiti茅ndonos aprender del pasado.

芦En 1884 el c贸lera afect贸 a muchas regiones de Italia, siendo particularmente prol铆fero en N谩poles. De acuerdo a las estad铆sticas oficiales, el c贸lera habr铆a afectado a m谩s de 14.000 personas en esa provincia, matando a 8.000 de ellas. Frente a esto, el Estado tom贸 dr谩sticas medidas: la ciudad de N谩poles fue puesta bajo ley marcial y se impusieron restricciones de tr谩nsito, recurriendo a m茅todos similares a aquellos empleados durante el terremoto de Mesina de 1908, o al m谩s reciente temblor de L鈥橝quila. Voluntarios de la Cruz Blanca y de la Cruz Roja, socialdem贸cratas, republicanos y socialistas adoptaron cada uno un enfoque distinto para tratar la epidemia. Por otra parte figuras como Felice Cavallotti, Giovanni Bovio, Andrea Costa y Malatesta se hicieron presentes en las calles de N谩poles, no sin estar expuestos a toda clase de riesgos, as铆, los socialistas Massimiliano Boschi, Francesco Valdr猫 y Rocco Lombardo contrajeron c贸lera y fallecieron mientras prestaban ayuda voluntaria禄

-(Eleg铆a de Alessia Bruni Cavallazzi en memoria de Florentine Lombard, un anarquista ingl茅s que sirvi贸 en la Cruz Roja durante la epidemia).

芦Malatesta y otros compa帽eros de varias partes de Italia viajaron a N谩poles para servir como m茅dicos voluntarios al cuidado de los afectados por la epidemia del c贸lera. Dos de ellos, los anarquistas Rocco Lombardo y Antonio Valdr猫, contrajeron la enfermedad y fallecieron en servicio. Por su parte el conocido anarquista Galileo Palla destac贸 por su incondicional entrega y esp铆ritu de sacrificio. A Malatesta, quien hab铆a estudiado medicina en la universidad de N谩poles, le fue encomendado todo un distrito para organizar el cuidado de los afectados, en donde tuvieron una favorable tasa de recuperaci贸n pues supieron apelar a la solidaridad de las personas recolectando abundantes cantidades de comida y medicamentos. Al final Malatesta ser铆a premiado con una condecoraci贸n oficial, la Orden del Buen M茅rito, la que, sin embargo, rechazar铆a. Cuando la epidemia acab贸 los anarquistas se fueron de N谩poles y publicaron un manifiesto explicando que 鈥渓a real causa del c贸lera es la pobreza, y la verdadera medicina para prevenir que no vuelva a aparecer no es otra cosa que la revoluci贸n social鈥澛

La vida de Malatesta, Luigi Fabbri (1).

El c贸lera es una enfermedad bacterial que puede producir v贸mitos y diarrea hasta provocar la muerte, com煤nmente contra铆da por beber agua infectada. Pero, 驴era acaso la pobreza la verdadera causa del c贸lera, o se trata esta frase de una mera ret贸rica idealista? Contin煤a leyendo y dec铆delo t煤 mismo.

LOS OR脥GENES DE ITALIA Y DEL ANARQUISMO ITALIANO

Italia todav铆a era un pa铆s infante cuando fue azotada por la epidemia del c贸lera en 1884. Para entender por qu茅 N谩poles fue la ciudad m谩s afectada y por qu茅 los anarquistas de toda Italia viajaron a esta ciudad tenemos que volver atr谩s dos d茅cadas.

Antes de 1861 Italia no exist铆a como pa铆s. La pen铆nsula it谩lica estaba dividida en varios reinos y ducados, cada uno bajo la direcci贸n de distintos gobernantes. Los precursores originales de la unificaci贸n italiana fueron nacionalistas como Giuseppe Mazzini, quienes se hicieron del apoyo de los republicanos revolucionarios de toda Europa para derrocar a las monarqu铆as y fundar una nueva naci贸n sobre la base de un lenguaje, territorio e inter茅s com煤n. La aspiraci贸n era que pobres y ricos por igual trabajaran juntos bajo una sola identidad. Pero la gente de la pen铆nsula it谩lica no compart铆a un lenguaje o una cultura en com煤n. Muchos de los dialectos hablados en las diferentes partes de la pen铆nsula eran incomprensibles entre s铆, y exist铆an brechas econ贸micas profundas entre cada regi贸n.

Mazzini buscaba establecer un lenguaje y una cultura com煤n para sentar las bases de un Estado moderno a la par con los dem谩s. Pero sin saberlo, aquellos que adhirieron al programa de unificaci贸n de Mazzini acabaron por unificar a Italia bajo una monarqu铆a. Algunos revolucionarios como Giuseppe Garibaldi dieron sus vidas en combate, aspirando a una rep煤blica libre, pero cada vez que derrocaban a un rey, otro simplemente asum铆a control del territorio liberado, hasta que el rey Victor Emmanuel de Sardinia asumi贸 el liderazgo de toda Italia. Una vez que se hizo con el trono, el rey Victor Emmanuel no parec铆a comparter las mismas ansias de unificaci贸n que los republicanos, en cambio, se dedic贸 a saquear el sur de la pen铆nsula para enriquecer sus propias arcas. Mazzini no fue capaz de reconocer el conflicto de clase sobre el que reposa la sociedad capitalista, creyendo ingenuamente que todos los italianos compart铆an un inter茅s en comun.

Encontr谩ndose en el exilio en Londres, Mazzini particip贸 en la fundaci贸n de la Primera Internacional de Trabajadores en 1864, una asociaci贸n mundial de sindicatos federados. Sin embargo, Karl Marx expulsar铆a a Mazzini poco tiempo despu茅s, lo que contribuir铆a a hacerle perder control de la Internacional, pues la mayor铆a de los trabajadores tend铆an hacia las ideas anarquistas de emancipaci贸n nacional de figuras como Mija铆l Bakunin. El propio Bakunin particip贸 tambi茅n de esfuerzos de emancipaci贸n nacional, pero como Mazzini, acabar铆a desilusion谩ndose de las limitaciones y contradicciones del nacionalismo.

Malatesta, nacido en un poblado cercano a N谩poles en 1853, se involucr贸 desde temprana edad en una de las sociedades secretas de Mazzini. Siendo a煤n estudiante de medicina en la universidad de N谩poles fue expulsado y encarcelado por participar en una de las protestas mazzinistas. Pero ya bajo el reinado de Victor Emmanuel, Malatesta comprendi贸 que ser gobernado por un rey italiano no era mejor a ser gobernado por un monarca. Para cuando la Comuna de Par铆s fue levantada en la primavera de 1871, Malatesta y sus compa帽eros ya se hab铆an encaminado en b煤squeda de un nuevo enfoque para el cambio social.

En Italia era Bakunin y no Marx quien se dedicaba a divulgar un sistema alternativo al nacionalismo propuesto por Mazzini. Malatesta y sus compa帽eros se afiliaron a la Internacional siguiendo a Bakunin y a otros antiautoritarios europeos. Muchos afirman que la radicalizaci贸n de la secci贸n italiana de la Internacional marc贸 el nacimiento del anarquismo como una alternativa revolucionaria consolidada. Pero tambi茅n tuvo un impacto significativo en la organizaci贸n de la clase obrera en italiana, en donde el anarquismo se mantuvo como la tendencia m谩s marcada dentro del movimiento obrero por mucho tiempo, formando el ideario antiautoritario de las organizaciones que nac铆an en N谩poles y el resto de la pen铆nsula.

Malatesta se comprometi贸 a una vida de esfuerzos revolucionarios, ayudando a levantar asociaciones de apoyo mutuo para trabajdores en toda Italia y participando de insurrecciones generales en 1874 y 1877. Sin embargo, todo esto le vali贸 la atenci贸n de las autoridades, resultando en largo per铆odo de persecusi贸n y encierros. Pero en 1883, despu茅s de a帽os en el exilio, Malatesta regres贸 a Italia para publicar un peri贸dico y continuar organiz谩ndose.

Errico Malatesta.

N脕POLES EN V脥SPERAS DE LA EPIDEMIA

En 1884 algo m谩s de medio mill贸n de personas viv铆an en N谩poles, convirti茅ndola en la metr贸poli m谩s poblada de Italia. Gran parte de la poblaci贸n consist铆a de campesinos que migraron a la ciudad en otra 茅poca para trabajar de artesanos o vendedores, varios de ellos enfrentaban el desempleo a menudo. Los salarios en Italia figuraban entre los m谩s bajos de Europa, y en N谩poles eran m谩s bajos que en cualquier otra ciudad italiana. La renta representaba por lo menos la mitad del gasto familiar, pero ciertos mercaderes capitalistas, bajo el alero de organizaciones clandestinas, se colud铆an para elevar los precios de los bienes, colaborando codo a codo con las autoridades municipales.

Tras la unificaci贸n de Italia, N谩poles perdi贸 su trono y el poder qued贸 concentrado en manos de la clase alta; el sistema econ贸mico que alguna vez permiti贸 que algo de las riquezas fluyera hacia el resto de la poblaci贸n se hab铆a esfumado. Los recursos destinados a la salud p煤blica eran parcos, y los hospitales poco higi茅nicos, hacinados y pobremente equipados. La salud p煤blica se gan贸 una merecida mala reputaci贸n. El ala conservadora de la pol铆tica manejaba el gobierno, con el partido de izquierda representando la oposici贸n leal al pueblo que se contentaba con impulsar reformas insuficientes. Mientras tanto, la Iglesia Cat贸lica se consolidaba como una tercera fuerza pol铆tica en este escenario.

Los anarquistas vieron que no hab铆a posibilidad de alcanzar reformas significativas en un sistema como este, y en cambio se concentraron en formar redes mediante las cuales trabajadores, campesinos y familias pobres pudieran hacer circular los recursos que necesitaban para sobrevivir. La acci贸n fue formando una visi贸n del mundo en la que el poder, los recursos y la libertad eran cuestiones compartidas entre todos.

Algunos elementos de este escenario son semejantes a la situaci贸n que vemos hoy: la econom铆a posindustrial ha dejado a una considerable porci贸n de la poblaci贸n sin empleo estable ni ahorros. Recortes son impuestos en los servicios p煤blicos para enriquecer a unos pocos, mientras el sistema pol铆tico se dedica principalmente a perseguir a quienes buscan los cambios en este sistema.

El c贸lera en Egipto: quema de sulfuro y brea a modo de desinfectante en las calles del Cairo en la noche.

JULIO DE 1884: EL C脫LERA LLEGA A FRANCIA

El c贸lera y las guerras imperiales siempre guardaron una estrecha relaci贸n. En 1883 los soldados indios al servicio del ej茅rcito brit谩nico llevaron el c贸lera al norte de 脕frica durante la ocupaci贸n de Egipto, dejando tras de s铆 60.000 muertos. En 1884 las tropas francesas iniciaron una campa帽a para hacerse con el control territorial de la Indochina, durante la cual la epidemia prolifer贸 en toda la regi贸n. El c贸lera infest贸 las cargas de suministros desde el Mediterr谩neo hasta el frente de combate, y siguiendo esta ruta, en unas semanas la enfermedad lleg贸 al puerto franc茅s de Tol贸n y m谩s tarde a Marsella, en junio.

Pero tanto el p煤blico como la prensa ten铆an claro que la fuente de la epidemia era la intervenci贸n militar en Asia. Manifestaciones y rayados en las paredes criticaban el plan de expansi贸n colonial del gobierno franc茅s. Tanto en Italia como en Francia los anarquistas denunciaban que el control colonial de otros pueblos s贸lo beneficiaba a la clase dominante, poniendo en riesgo la vida de miles.

El c贸lera llega a Tol贸n.

En 1884 hab铆an m谩s de 200.000 inmigrantes italianos en Francia. La mayor铆a ten铆an peque帽os cultivos o eran arrendatarios que se dedicaban a la agricultura en Italia, hasta que la expansi贸n del mercado mundial los dej贸 en las ruinas y los llev贸 a cruzar la frontera a Francia en busca de empleo; como sucedi贸 en Norteam茅rica cuando un Tratado de Libre Comercio arruin贸 a incontables agricultores mexicanos y los forz贸 a emigrar a los Estados Unidos 110 hasta a帽os despu茅s. La mayor concentraci贸n de inmigrantes italianos viv铆an en Tol贸n y Marsella, con poblaciones de 10.000 y 60.000 respectivamente. Estas, adem谩s, fueron las ciudades m谩s devastadas por el c贸lera, afectando principalmente a las comunidades de inmigrantes pobres.

芦Gran cantidad de las v铆ctimas en Tol贸n y Marsella eran italianos禄, reportaba el New York Times. La tasa de muerte entre inmigrantes italianos pudo haber alcanzado a 1 de cada 10. En 芦N谩poles en los tiempos del c贸lera禄, Frank M. Snowden describe de la siguiente manera el ambiente apocal铆ptico que se viv铆a:

芦las calles fueron rociadas con fenol en un intento de ahogar los g茅rmenes del c贸lera, adicionalmente, las autoridades encend铆an fogones de brea y sulfuro en cada esquina para purificar el aire. Las reuniones p煤blicas fueron prohibidas, se comenz贸 a fumigar el equipaje de los pasajeros del tranv铆a y las alcantarillas fueron drenadas. El paisaje urbano se vio transformado por los fogones, el humo f茅tido y las calles desiertas. En medio de un clima tan inquietante toda la actividad comercial se vio paralizada, f谩bricas y tiendas tuvieron que cerrar indefinidamente. Producto de lo anterior, las provisiones pronto comenzaron a escasear, y aquellos que se aventuraban a salir a las calles se alertaban ante el primer s铆ntoma, convencidos de que lo que se respiraba no era aire sino veneno禄.

El c贸lera en Tol贸n.

En julio de 1884, mientras expertos de la academia de medicina francesa eran tra铆dos con auspicio del gobierno para calmar las neuras del p煤blico negando que hubiese una pandemia de c贸lera, muchos italianos fueron internados en el hospital de Pharo en Marsella. Los m茅dicos franceses constantemente fumaban cigarrillos para crear lo que ellos conceb铆an como una barrera de humo protectora entre ellos y los pacientes. De hecho, los doctores experimentaban con una gran variedad de tratamientos basados en la especulaci贸n, como terapias electroconvulsivas. Durante las primeras semanas de la epidemia, la tasa de fatalidad en el hospital de Pharo alcanz贸 un escalofriante 95%.

Para empeorar las cosas, la epidemia tambi茅n agrav贸 la discriminaci贸n contra los inmigrantes italianos. Para el gobierno franc茅s esta era una gran oportunidad para deshacerse de lo que ellos estimaban como un sector conflictivo de la sociedad. El riesgo de contraer c贸lera, los constantes ataques xenof贸bicos y las pol铆ticas descriminatorias del gobierno llevaron a miles de italianos a cruzar la frontera de vuelta a Italia, cargando consigo la mortal enfermedad.


Por todas estas razones los anarquistas italianos se vieron directamente involucrados en la epidemia mientras se expand铆a por la costa francesa en julio de 1884.

En ese momento Malatesta se encontraba en Florencia editando el peri贸dico anarquista 芦La Questione Sociale禄. Habiendo sido expulsado de Italia por la policia tras la fallida insurrecci贸n de 1877, Malatesta hab铆a vivido en Francia, Inglaterra y Egipto. En este 煤ltimo pa铆s, de acuerdo a Luigi Fabbri, intent贸 sumarse a la insurrecci贸n anticolonial dirigida por Ahmed Orabi, la misma insurrecci贸n que las tropas brit谩nicas hab铆an ido a reprimir desde la India y que hab铆a desencadenado la epidemia por Europa.

Tras su regreso a Italia en 1883, Malatesta fue encarcelado por seis meses acusado de asociaci贸n subversiva, un cargo inventado por el Estado italiano, para perseguir a las organizaciones anarquistas, que ya se llevaba utilizando por siglo y medio. En enero de 1884, sin siquiera comparecer ante un juez, Malatesta fue sentenciado a tres a帽os de prisi贸n, pero fue liberado poco despu茅s tras apelar a su condena. Estas eran las condiciones en las que 茅l y sus compa帽eros se intentaban organizar y publicar prensa.

El siguiente art铆culo (muy probablemente escrito por Malatesta en julio de 1884) de 芦La Questione Sociale禄 da a entender c贸mo los anarquistas interpretaban el brote de c贸lera. En primera instancia, explicaban que el c贸lera se originaba en aguas contaminadas de la desembocadura de los r铆os. Esta teor铆a era ampliamente reconocida por algunos de los m谩s educados m茅dicos de la 茅poca, aunque estudios m谩s recientes ofrecen otras explicaciones. Por otra parte, el mismo continua argumentando que el capitalismo no era capaz de proveer para todos los contagiados. Esta teor铆a sigue tan vigente hoy como entonces. En el anexo, adem谩s, se incluy贸 el testimonio de un carpintero franc茅s, el cual resulta particularmente espeluznante en nuestros d铆as cuando el capitalismo nos urge a volver a trabajar incluso si eso significa poner en riesgo nuestras vidas y la de nuestros seres queridos; con una parte de la clase trabajadora dispuesta a obedecer para sobrevivir.

IL COLERA

芦El c贸lera est谩 en Francia, y bien podr铆a llegar a invadir gran parte de Europa.

La gente acomodada suele acusarnos de exagerados cuando afirmamos que gran parte de estos males que afectan a la humanidad estriban en el orden social existente. Son r谩pidos en apuntar con gran condescendencia a las estad铆sticas o a la mala suerte, intentando desligarse de toda responsabilidad.

Vemos a los mismos que parecen considerar el dolor y la miseria de otros como algo necesario e inevitable, recurrir a las leyes de la naturaleza cuando se trata del c贸lera, explicando que su aparici贸n entre humanos inevitable, incluso necesaria. Pero nosotros sostenemos que la continua existencia del c贸lera y su repentina aparici贸n en Europa, se deben a un ambiente que condujo a su proliferaci贸n, ambiente propiciado por el sistema social prevalente.

El c贸lera, por lo menos en su variedad asi谩tica (la m谩s mortal de todas), se origina en el delta del r铆o Ganges. En otros tiempos la plaga se produjo en el delta del Nilo, como la fiebre amarilla proviene a煤n del delta del Mississippi, afectando regiones de Am茅rica, el oeste Africano y constantemente afectando a Europa.

As铆 como la fiebre amarilla que afecta a la regi贸n americana proviene del delta del Mississippi, el c贸lera, por lo menos en su variedad asi谩tica (la m谩s mortal de todas), se origin贸 en el delta del Ganges, aunque proviene originalmente del delta del Nilo. Estas enfermedades nacen en los pantanos que se forman en los ramales de los grandes r铆os, a partir de cad谩veres en descomposici贸n y otros elementos org谩nicos que las inmensas corrientes depositan en ellos. Parte del delta del Nilo fue desinfectado en otros tiempos, y as铆, la plaga desapareci贸 casi por completo en Egipto. 驴Por qu茅 entonces el delta del r铆o Ganges no ha sido desinfectado?

Tal faena ciertamente significar铆a enormes gastos y mucho trabajo. Pero, 驴qu茅 es todo esto en comparaci贸n a lo que los gobiernos gastan en cosas absolutamente prescindibles? O peor, cosas ponzo帽osas. 驴Qu茅 ser铆a el costo de una gran campa帽a en toda Europa por la prevenci贸n del c贸lera en comparaci贸n al gasto que todas las guerras emprendidas entre los mismos europeos han significado?

El delta del Ganges no ha sido desinfectado porque hasta ahora no ha significado una oportunidad para engrandecer la riqueza de alg煤n burgues, a partir del sudor y las muertes de la gente empobrecida de la India que emprender铆a tal operaci贸n. Pero en cambio, la ausencia de solidaridad de los tiempos en que vivimos, la rivalidad, el ego铆smo y el patriotismo no permiten que las personas se unan libremente para mejorar la tierra en la que vivimos, promoviendo, en cambio, viejos odios y pendencias de toda cala帽a.

Es probable que los r铆os no vayan a ser desinfectados ni todas las grandes plagas curadas hasta que las condiciones econ贸micas y pol铆ticas de la humanidad hayan sido completamente transformadas, en otras palabras, hasta que el mundo pertenezca a todos quienes lo habitan, y todos tengan la posibilidad y los medios de mejorarlo para el resto; hasta que nadie pueda reclamar derechos particulares sobre una porci贸n de tierra, erigiendo estructuras que obstaculizan a las personas el remediar los defectos de la tierra que afectan a los dem谩s; hasta que las fuerzas que hoy son empleadas en la guerra puedan ser destinadas a la asociaci贸n libre, devolvi茅ndole a la humanidad su enorme potencial de cara al medio en el que se desenvuelve.

驴Pero no es rid铆culo hablar de desinfectar el Ganges, cuando los pantanos de Italia no han sido desinfectados en primer lugar? Incrementando de sobremanera el alcance letal del c贸lera.

Y este c贸lera, que podr铆amos aniquilar pero no lo hacemos por nuestra organizaci贸n social, que afecta a la India y que la India nos env铆a cada cierto tiempo, como un recordatorio de nuestra falta de solidaridad, 驴acaso este c贸lera lleg贸 a Europa por s铆 solo, siendo acarreado por el viento?

No, ni de cerca. Al contrario, pareciera que el gobierno de la rep煤blica francesa nos los di贸. La civilizada Francia emprende una campa帽a de conquista sobre la primitiva Asia, y saliendo victoriosos, sus embarcaciones traen de vuelta la terrible peste. Nosotros, las personas civilizadas, dejamos caer toda clase de horrores y desolaci贸n sobre los primitivos con nuestras bayonetas y ca帽ones, y los primitivos nos devuelven entonces desolaci贸n y horrores en la forma del c贸lera. 隆Ah, qu茅 iron铆a! Excepto que la masacre que nosotros llevamos a cabo es voluntaria y persigue el 煤nico fin de saquear, mientras que la venganza de los primitivos es involuntaria y hasta inconsciente. 驴Qui茅n es el verdadero primitivo?

驴Y acaso no hay hogares con mala higiene en toda Europa? Hogares en donde la comida es escasa y en mal estado, en donde las jornadas de trabajo son exhaustivas鈥 驴No es entonces la pobreza (hija de la propiedad individual) la que hace posible la proliferaci贸n de la enfermedad asi谩tica? Cuando el peligro sanitario es latente, las comisiones de higiene se ponen a la tarea de promulgar medidas que nos har铆an re铆r de lo rid铆culas que son, si no fuera porque nuestra impotencia nos hace llorar de la rabia, sugerencias que no son para nosotros sino una gran iron铆a. Repletan los peri贸dicos con las opiniones de toda clase de expertos de universidades y academias extranjeras recomendando 芦coman sano y eviten fatigarse trabajando de m谩s禄. Y sin embargo, cuando un campesino que gana 27 centavos al d铆a y sobrevive en base a polenta podrida y agua estancada exige mejores condiciones de vida, el mismo gobierno que destina fondos p煤blicos para financiar a estos charlatanes encarcela al campesino.

Mientras tanto, el c贸lera sigue esparci茅ndose lentamente, y quiz谩 pronto estalle un brote que nos tome por sorpresa. Tal brote inflingir铆a m谩s muerte y m谩s dolor que diez revoluciones seguidas; pero s贸lo bastar铆a con una revoluci贸n para eliminar el c贸lera y otros cien males para siempre. Sin embargo, los m谩s comedidos entre nuestros defensores continuar谩n hablando de los supuestos excesos que acarrea una revoluci贸n禄.


芦Presentamos a continuaci贸n la carta traducida escrita por un carpintero parisino enviada hace unos d铆as al peri贸dico socialista Le Cri du Peuple (鈥淓l llanto de la gente鈥). Es una traducci贸n fiel que contiene s贸lo un par de correcciones menores de forma. Se trata de un texto m谩s bien oscuro y algo salvaje, que describe v铆vidamente las condiciones impuestas por la burgues铆a en los trabajadores parisinos y realmente expresa los 谩nimos de los m谩s energ茅ticos entre ellos, de los m谩s peligrosos miembros del proletariado.

Burgu茅s: si el ego铆smo no te ha nublado del todo el juicio a煤n, medita en el contenido de esta carta. Piensa qu茅 pasar铆a contigo si el d铆a de la revoluci贸n te toparas a estos trabajadores quienes, por obra de tu taca帽er铆a, se han aferrado a una 煤nica ilusi贸n: la de construir muchos ata煤des para鈥 Bueno, no importa, de seguro seguir谩s pensando lo que piensas y lo que tenga que ocurrir ocurrir谩.

鈥淎lgunos, al enterarse de que el c贸lera ya est谩 entre nosotros, se llenan de pavor. Pero a diferencia de ellos, yo le celebro: 隆que viva el c贸lera! 隆Ven cuanto antes por m铆!

La vida es dura para un buen trabajador, como yo, que ama lo que hace. El aroma de la madera me ensancha el pecho: 隆cu谩n hermosos son los cortes, las perforaciones que encajan perfectamente! 隆Cu谩n bello es el sonido que hace el hacha al estremecerse con el golpe de un martillo! Nunca me encuentro tan feliz como cuando grandes gotas de sudor caen en la mesa desde mi frente exhausta por un trabajo bien acabado.

Pero ahora todo ha cambiado, ya no tengo trabajo y me encuentro desempleado desde hace dos meses. Todos los patrones tienen, dicen ellos, demasiados empleados y no hay suficientes comisiones para todos. 隆Dos meses sin trabajar! Dentro de poco mis manos se suavizar谩n tanto como las del burgu茅s. Pero por ahora, todas mis posesiones reposan en las vitrinas de una casa de empe帽os, y las boletas pronto comenzar谩n a expirar, pues nadie las compra. En las despensas no hay nada aparte de m谩s hambre. Todo lo que me queda en mi habitaci贸n es un clavo y una cuerda, pero esos no pienso empe帽arlos, podr铆an serme 煤tiles en alg煤n momento.

He ido de casa en casa ofreciendo mis habilidades a cambio de unos pocos centavos. Pero nada. He viajado por toda la regi贸n, caminado por millas a un costado del camino, viendo a los tristes 谩lamos morir de sed. Y cada vez que escuchaba el golpe de un martillo en la distancia, el rugir de una sierra, mi coraz贸n se aceleraba. 隆Esperanza! 隆Al fin, un poco de esperanza! Pero no, nada. Cada d铆a regresaba antes del anochecer, cuando me sent铆a desfallecer a causa de la fatiga y la sed, y comprobaba amargamente c贸mo los agujeros en las plantas de mis zapatos se hab铆an hecho un poco m谩s grandes que el d铆a anterior.

C贸mo esperan que yo, y todos los que est谩n mi situaci贸n, no gritemos a toda voz: 隆que viva el c贸lera! Nos inclinamos y sacudimos nuestros sombreros ante 茅l, como cuando vemos a un querido amigo doblar la esquina. 隆Que venga ese amigo y que lo haga cuanto antes! En sus manos huesudas, en su ropa sudada, acarrea la enfermedad del trabajo; del trabajo para nosotros. Si llega desde Asia har谩n falta ata煤des. 隆Yo puedo fabricarlos! 隆Yo puedo!

Ata煤des grandes y peque帽os. Algunos bellos y otros ordinarios. Para el rico y para el pobre. Algunos de roble, otros de pino. Aqu铆 est谩n, todos suyos. Habr谩n suficientes para todos, s贸lo enc谩rguenlos. 驴Qui茅n sigue? Vamos, vamos, pasen y lleven. 驴Es acaso culpa m铆a que para vivir necesito que otros mueran? Cientos, miles incluso. Entonces nosotros, los carpinteros, al fin tendremos trabajo, y podremos cobrar por nuestros ata煤des el precio que creamos justo. Al fin podremos vivir bien. 隆Viva el c贸lera!

T煤 no nos temes, plaga. Si quieres aniquilar nuestros cuerpos moribundos, pues adelante. Qui茅n quiere vivir as铆 de todas maneras. Pero mientras aguardamos tu amarga llegada, ciertamente soltar谩s algunos centavos en nuestras manos, y entonces nos reiremos en tu cara. S茅 cu谩n cruel como quieras, nunca ser谩s tan terrible como la cesant铆a, tan ego铆sta como el burgu茅s, o tan cruel como el explotador.

As铆 que ven. Mis brazos son lo suficientemente fuertes como para fabricar ata煤des para toda Par铆s si as铆 se te antoja. 驴Miedo? 驴Yo? De ninguna manera. 隆Que viva el c贸lera!鈥澛



La polic铆a de Florencia en repetidas ocasiones persigui贸 a los editores de 芦La Questione Sociale禄, justicif谩ndose con infracciones menores para confiscar todas las copias del peri贸dico que pudieran encontrar en circulaci贸n. Malatesta y sus compa帽eros fueron forzados a cesar la publicaci贸n en agosto de 1884, cuando el c贸lera comenzaba a expandirse en el Mediterr谩neo.

AGOSTO DE 1884: EL C脫LERA LLEGA A ITALIA

En Italia representantes de la Iglesia Cat贸lica se aprovecharon de la situaci贸n para anunciar la epidemia como un castigo divino frente a una sociedad pecaminosa, espec铆ficamente como un castigo por el auge del socialismo y del ate铆smo. La Iglesia urg铆a a las personas a buscar perd贸n en lugar de adherir a medidas de seguridad.

El Estado italiano recurri贸 a los protocolos de una cuarentena del siglo anterior por un brote de peste bub贸nica. El protocolo constaba de distribuir las fuerzas militares alrededor de la frontera con Francia para formar un cord贸n. Sin embargo, las decisiones parec铆an arbitrarias y cambiantes: al principio deten铆an a los viajeros por tres d铆as, luego por cinco y luego por siete. Al ser liberados, sus equipajes eran fumigados con sulfuro y cloro, o desinfectados con fenol y cloruro de mercurio. Estos compuestos no tienen ning煤n efecto m茅dico adem谩s de irritar los pulmones. El principal prop贸sito, podemos especular hoy, era crear un escenario dram谩tico en donde el Estado pudiera simular que estaba tomando medidas contra la epidemia.

Un equivalente moderno de esta pr谩ctica es cuando vemos a los gobiernos destinando recursos para fumigar ciudades como respuesta al COVID-19, cuando la vasta mayor铆a de casos se dan por el contacto directo entre personas.

P谩nico por el c贸lera en Francia: pasajeros de Tol贸n y Marsella siendo fumigados en la estaci贸n de trenes de Par铆s del ferrocarril Lyon-Mediterr谩neo.

Habiendo sido forzados a emigrar por segunda vez, los refugiados que regresaban a Italia no quer铆an ser encerrados en centros de cuarentena ni quer铆an ver sus equipajes destruidos, as铆 que muchos de ellos buscaban c贸mo eludir el cord贸n militar, cruzando la frontera a trav茅s de colinas. Pero como comenzaban a aparecer casos de c贸lera en una regi贸n tras otra, m谩s y m谩s cordones militares eran despachados al resto del pa铆s. Los cordones internos, sin embargo, interrump铆an la actividad comercial, no s贸lo provocando hambruna, sino que cultivando un sentir colectivo de xenofobia e inseguridad. Las personas m谩s supersticiosas llegaron a considerar a los viajeros como agentes enviados que buscaban esparcir la enfermedad adrede, tal y como hoy los reaccionarios atribuyen el COVID-19 a una suerte de complot chino.

Sea como haya sido, el intento por detener el c贸lera a trav茅s de cordones militares fue un rotundo fracaso. El gobierno parec铆a siempre estar dos pasos atr谩s, y su enfoque represivo s贸lo induc铆a a las personas a ocultar los contagios para evitar ser detenidos. Sobre esto, Snowden argumenta que

芦en esta 茅poca, la 茅poca del nacimiento de la ciencia m茅dica, las m茅didas de salud p煤blica depend铆an en gran medida de la informaci贸n r谩pida y precisa. Pero el sentido de amenaza que produc铆an las fuerzas militares s贸lo contribu铆a a minimizar la comunicaci贸n entre las personas y las autoridades. Peor a煤n, desplazar a numerosas tropas de localidad en localidad sin las adecuadas consideraciones de salud era en s铆 misma la mejor manera de esparcir la epidemia. Una gran parte de la historia del c贸lera fue contada por j贸venes uniformados siendo trasladados de ciudad en ciudad禄.

Este fen贸meno nos es familiar hoy en d铆a cuando vemos c贸mo la polic铆a de la ciduad de Nueva York y Detroit han contribuido en esparcir el COVID-19, llev谩ndolo de un vecindario a otro, y convirtiendo a las c谩rceles en mataderos.

Cuarentena del c贸lera en Bardonecchia, en la frontera francoitaliana.

La primera ciudad italiana en experimentar un brote masivo de c贸lera fue La Spezia, una ciudad portuaria como la francesa Tol贸n. Las primeras muertes fueron ocultadas al personal m茅dico, pero cuando el c贸lera contamin贸 las grutas de agua y las tasas de fatalidad estallaron los militares sellaron la ciudad por completo, produciendo hambruna y p谩nico. A mediados de septiembre hubieron dos d铆as particularmente cr铆ticos, cuando los habitantes de La Spezia intentaron romper el cord贸n militar por la fuerza.

Para lidiar con el vasto n煤mero de refugiados en cuarentena las autoridades italianas establecieron lazarettos (campos de encierro), incluyendo uno ubicado en una isla en las inmediaciones de N谩poles. En estos centros los guardias forzaban a los refugiados a intercambiar sus 煤ltimas posesiones por comida, y fue precisamente as铆 como la enfermedad lleg贸 a N谩poles: a trav茅s de este contrabando de bienes infectados. Las condiciones de estos recintos recuerdan a los campos de concentraci贸n como el que existi贸 en la isla de Lesvos, en donde el gobierno europeo sigue internando refugiados hasta el d铆a de hoy. En algunos casos sigue siendo una pol铆tica oficial de gobierno el confiscar los bienes de los refugiados. Los refugiados de estos campos modernos de encierro suelen armar disturbios exigiendo un trato m谩s humano.

Para finales de agosto de 1884, los habitantes de N谩poles estaban muriendo a un ritmo tan acelerado que ya no era posible ocultar la existencia de una epidemia. La cuarentena militar no fue capaz de contener el brote. El c贸lera hab铆a llegado a la ciudad m谩s grande de Italia.

SEPTIEMBRE DE 1884: LA EPIDEMIA EN N脕POLES

El ej茅rcito hab铆a fallado. Ahora era responsabilidad de las autoridades sanitarias el contener la epidemia.

Cuando las autoridades se enteraban de que una persona presentaba s铆ntomas de c贸lera, enviaban una escolta acompa帽ada por un m茅dico para detener al enfermo y llevarlo a un hospital. A esta escolta la acompa帽aba un escuadr贸n de desinfecci贸n, encargado de fumigar o destruir las posesiones de la persona enferma. Pero como las autoridades no anticiparon la cantidad de contagiados, en un principio los hospitales no ten铆an camas suficientes para acomodar a todas las personas que estaban ingresando.

La ciudad se llen贸 de anuncios, en un dialecto del norte de Italia en lugar del local napolitano, explicando que las personas pod铆an protegerse limpiando y ventilando sus hogares, siguiendo una dieta balanceada, bebiendo agua purificada y evitando el estr茅s por trabajar de m谩s. En otras palabras, precauciones que s贸lo una persona acomodada estar铆a en condiciones de seguir.

Pero las autoridades tambi茅n tomaron medidas 煤tiles, como establecer albergues con comida y agua limpia para los m谩s pobres. Sin embargo, estas ayudas tan parcas iban acompa帽adas de otras tantas medidas que no ten铆an ninguna utilidad real, como limpiar las paredes o encender fogones de sulfuro en cada esquina para purificar el aire, haci茅ndolo virtualmente irrespirable.

El c贸lera hab铆a ingresado a la ciudad a trav茅s del agua potable, y la tasa de muerte r谩pidamente ascendi贸 a una entre cada cien personas contagiadas. El ritmo al que se comenzaron a apilar los cad谩veres hac铆a imposible la tarea de enterrarlos a todos de manera higi茅nica. Algunos acabaron siendo echados en fosas comunes, mientras otros eran dejados en la interperie para descomponerse all铆 donde estaban.

La burgues铆a y la aristocracia r谩pidamente abandonaron la ciudad. La milicia, sin embargo, no se impuso para hacerles respetar la cuarentena, como s铆 lo hab铆an hecho con el resto de la poblaci贸n. El gobierno hab铆a prohibibido las reuniones p煤blicas, pero masas desesperadas de gente se apersonaban a diario en las iglesias rogando piedad. Muchos vagaban por la ciudad en un acto de arrepentimiento, pidiendo donaciones a los peatones y atacando a aquellos que no estuvieran dispuestos a ayudar. El ambiente se sent铆a cada vez m谩s hostil.

En 1884 la ciencia todav铆a no conoc铆a tratamientos efectivos para el c贸lera. Los m茅dicos en N谩poles experimentaban con una amplia mir铆ada de tratamientos, desde limpiar los intestinos con 谩cido y suministrar electrochoques, hasta inyectar pesticidas y soluci贸n salina. Muchos de estos tratamientos s贸lo aceleraban la llegada de la muerte en los pacientes. Algunos sobrevivieron para dar testimonio de los horrores que vivieron de la mano de los galenos.

Como resultado de lo anterior, y teniendo en cuenta que la milicia colaboraba estrechamente con los m茅dicos deteniendo por la fuerza a las personas, la opini贸n p煤blica se volvi贸 contra las autoridades sanitarias. Mucha gente, adem谩s, consideraba sospechoso que los doctores rara vez se enfermaran. El h谩bito de asaltar a los m茅dicos se hizo cada vez m谩s frecuente cuando estos se apersonaban en barrios pobres para apresar a alguien, provocando, en ocasiones, enfrentamientos con los militares que acababan en disturbios.

En vista de que los m谩s acomodados hab铆an abandonado la ciudad, los esfuerzos municipales para sanitizar la ciudad fueron interpretados por las personas pobres como un intento de deshacerse de ellos. Snowden observa:

芦en septiembre de 1884 se desat贸 un sentimiento de paranoia colectiva en N谩poles. Temiendo que los oficiales municipales estuvieran involucrados en una suerte de conspiraci贸n para envenenar a la gente pobre, las personas reaccionaban al c贸lera como si de una literal lucha de clases se tratase. Los oficiales de la salud fueron transversalmente tenidos como los artificies de la mortal conspiraci贸n. Su misi贸n era matar a los pobres, y el arma empleada era el veneno, el que esparc铆an por el aire con grandes fogones, o con el que manchaban las paredes aparentando sanitizarlas.

Una respuesta as铆, por supuesto, ser铆a completamente irracional excepto en un escenario de prolongado conflicto y nula comunicaci贸n entre las personas y la autoridad, en donde parec铆a una conclusi贸n l贸gica禄.

Cuanto m谩s desigual sea una sociedad, m谩s las autoridades tienden a cultivar desconfianza entre las personas. Los habitantes de N谩poles se sent铆an traicionados tanto por el trono que reinaba desde el norte de Italia, como por las autoridades napolitanas. Durante septiembre comenzaron a darse cada vez m谩s los enfrentamientos directos entre los oficiales y las personas, escalando en algunos casos hasta el enfrentamiento armado. Durante este per铆odo tambi茅n hubieron disturbios en dos prisiones de la ciudad. Mientras N谩poles descend铆a lentamente en un clima de caos y malestar, las pol铆ticas sanitarias demostraban, cada vez m谩s, ser insuficientes. Al igual que el ej茅rcito, las autoridades sanitarias hab铆an fallado en contener la situaci贸n.

Una procesi贸n religiosa circulando por las calles de N谩poles durante la epidemia del c贸lera.

LA RESPUESTA DE LAS ORGANIZACIONES SOCIALES

Afortunadamente, las instituciones del Estado no fueron las 煤nicas en responder a la epidemia.

La primera respuesta desde una organizaci贸n social vino de la mano de trabajadores comunes y corrientes de N谩poles, quienes ya se hab铆an organizado en d茅cadas anteriores en torno a la causa emancipatoria. El 29 de agosto la 芦Societ脿 Operaia禄 (sociedad de trabajadores), una organizaci贸n radical de apoyo mutuo fundada en 1861, anunci贸 una nueva iniciativa para asistir a todos los que hubiesen sido afectados por el c贸lera. Esta compa帽铆a sanitaria constaba de varios m茅dicos de confianza acompa帽ados de obreros quienes serv铆an de enfermeros. La Societ脿 Operaia sacaba provecho a los escasos recursos con los que contaban, entre ellos ofrec铆an medicamentos, s谩banas limpias, comida y ayuda econ贸mica por igual tanto a los enfermos como a quienes hubiesen perdido a alguien cercano. Sin embargo, los pacientes de c贸lera eran tratados en sus propias casas, pues la compa帽铆a de obreros no quer铆a involucrarse con las autoridades. Por el clima de desconfianza que se viv铆a en los barrios populares hacia las autoridades m茅dicas, en un principio la Societ脿 se limitaban a asistir a casas donde fueran estrictamente invitados, pero sus conexiones con trabajadores y el boca a boca ayudaron a difundir sus intenciones, incrementando su alcance a m谩s barrios de N谩poles.

Una semana m谩s tarde, el 4 septiembre, un funcionario de un medio de prensa local llamado Rocco de Zerbi logr贸 pactar una reuni贸n con miembros de la Societ脿 Operaia. A esta reuni贸n adem谩s se convid贸 a m茅dicos de la facultad de medicina de la Universidad de N谩poles, representantes de la prensa y figuras locales varias. La idea era colaborar para formar una organizaci贸n de ayuda sanitaria que pudiera abarcar toda la ciudad. Como sucede a menudo, los esfuerzos iniciales de las organizaciones radicales hab铆an atra铆do a activistas de clase media, con m谩s recursos en su haber, quienes cre铆an poder hacer un mejor trabajo que el que hab铆an iniciado estas organizaciones de trabajadores. La organizaci贸n que result贸 de esta reuni贸n, oficialmente el 芦Comit茅 para la Asistencia de las V铆ctimas del C贸lera禄, pasar铆a a ser mejor conocida como la 芦Cruz Blanca禄.

Por su car谩cter semioficial, toda la atenci贸n internacional se centr贸 en la Cruz Blanca, llev谩ndose incluso el cr茅dito hist贸rico. Pero las organizaciones de trabajadores continuaron coordinando esfuerzos y armando redes alrededor de toda N谩poles. Lo anterior no es de extra帽ar, sin embargo, considerando que el presupuesto de la Cruz Blanca era doscientas veces mayor a los fondos que la Societ脿 Operaia hab铆a juntado originalmente. Pero al mismo tiempo, la Cruz Blanca depend铆a de los contactos y las redes de los obreros para poder prestar ayuda en los barrios m谩s empobrecidos de la ciudad.

Para asegurarse de que nadie dudara de sus intenciones, la Cruz Blanca estaba compuesta enteramente de voluntarios no remunerados. En lugar de probar tratamientos experimentales en los pacientes, los voluntarios de la Cruz Blanca se adhirieron al cuidado intensivo, distribuyendo s谩banas limpias, colchones desinfectados y comida en buen estado. Nunca iban armados ni porfiaban en fumigar o destruir las posesiones de sus pacientes. La Cruz Blanca lleg贸 a adoptar un marcado enfoque antiautoritario en parte influenciado por los obreros que en parte la compon铆an; esto se traduc铆a en actitudes como la distancia que tomaban con el Estado, y el s贸lo ofrecer ayuda a quienes as铆 lo solicitaban.

Como de Zerbi observar铆a m谩s tarde:

芦nunca permit铆 que nuestros servicios m茅dicos se mezclaran con los de la ciudad. Tal mezcla hubiera destru铆do nuestros lazos por completo, porque el p煤blico nos habr铆a comenzado a percibir como oficiales, y en consecuencia, a temernos y atacarnos禄.

Pero mientras el modelo de ayuda impulsado por las organizaciones sociales comenzaba a mostrar resultados, otros personajes menos deseables se colaban en la arena para disputar el t铆tulo de salvadores de N谩poles. As铆, un 9 de septiembre el rey Humberto, hijo del monarca Victor Emanuel, viaj贸 hasta N谩poles. Humberto era un edil de car谩cter marcadamente conservador, detestado transversalmente por los trabajadores de toda Italia por sus pol铆ticas reaccionarias. El a帽o en que ascendi贸 al poder, en 1878, el anarquista Giovanni Passannante llev贸 a cabo un frustrado intento de magnicidio, y a帽os despu茅s de la epidemia, en 1900, el anarquista Gaetano Bresci lograr铆a asesinarlo en Mil谩n empleando un rev贸lver, en venganza de la condecoraci贸n que el rey extendi贸 a un general quien hab铆a masacrado a sangre fr铆a a trescientos manifestantes en 1898. Poco tiempo despu茅s, Bresci arriesgar铆a su vida para detener a un asesino a contrata que intentaba disparar a Malatesta. A fin de cuentas, es seguro afirmar que el rey Humberto no era amigo de los pobres.

El r茅gimen de Humberto estaba enemistado con la Iglesia Cat贸lica. Su visita a N谩poles era intento calculado de enmendar esta amistad, consolidando el conservadurismo en Italia. Otras instituciones gobernantes, como el Banco de N谩poles, buscaban formas de estabilizar la econom铆a a trav茅s de la filantrop铆a. Si el trono, la Iglesia y las instituciones financieras controladas por los capitalistas lograban presentarse como entidades preocupadas de las personas de N谩poles, entonces podr铆an legitimizar su dominio durante los tiempos de incertidumbre, haci茅ndole m谩s dif铆cil a los obreros la tarea de movilizar a las masas para resistir las formas de opresi贸n que buscaban ejercer para conservar sus privilegios.

Pero mientras tanto, miles mor铆an en N谩poles.

El c贸lera en N谩poles.

LOS ANARQUISTAS EN N脕POLES

Este era el escenario en el que se encontraba la ciudad de N谩poles cuando Malatesta y otros anarquistas arribaron. Estos llevaban ya un mes organizando esfuerzos solidarios para los afectados por el c贸lera en Florencia, y se sent铆an emocionados de poder partir a N谩poles para colaborar con las organizaciones sociales de la ciudad. Despu茅s de todo, el propio Malatesta hab铆a crecido en N谩poles y estudiado medicina all铆. Sin embargo, en septiembre Malatesta y sus compa帽eros en Florencia hab铆an fracasado en juntar el dinero suficiente para poder viajar.

En el art铆culo 芦Galileo Palla y los eventos de Roma禄, publicado el 23 de mayo de 1891 en el semanario forl矛 La Rivendicazione (芦la demanda禄) (2). Malatesta relata c贸mo conoci贸 a Galileo Palla, un joven anarquista quien les ayudar铆a a financiar su viaje.

芦Conoc铆 a Galileo Palla en Florencia en 1884. El c贸lera hab铆a golpeado a N谩poles, y hab铆an muchos socialistas entre nosotros quienes est谩bamos deseosos de poder ir en auxilio de quienes sufr铆an a causa de la enfermedad. Mientras intent谩bamos juntar el dinero necesario para costear el viaje, Palla, quien tambi茅n se dirig铆a a N谩poles, hab铆a hecho una parada en Florencia para ayudar a las personas que quer铆an tomar el tren en direcci贸n a N谩poles pero no pod铆an pagar el boleto. Ese d铆a se acerc贸 personalmente a mi casa gritando y haciendo gestos. 鈥溌贸mo es posible!鈥 gritaba, 鈥溌贸mo es posible que no vayas a ir a N谩poles, Errico!鈥.

-鈥溌縌ui茅n eres t煤?鈥 pregunt茅.

-鈥溌縌u茅 te importa eso a ti?鈥 fue su respuesta. 鈥淟os que est谩n sufriendo por el c贸lera no necesitan conocer el nombre del que los est谩 tratando鈥.

鈥淓s cierto鈥 dije, 鈥渕uchos de nosotros queremos ir, pero no hemos podido juntar el dinero suficiente para viajar鈥. Entonces Palla vaci贸 sus bolsillos en la mesa, y entre su dinero y lo que logramos juntar en Florencia, pudimos pagar el boleto de todos: Gigia Pezzi, Arturo Feroci, Vinci, Delvecchio, yo y otros m谩s.

El actuar de Palla en N谩poles era intachable. Valiente, incansable, d铆a y noche corr铆a de un lado a otro. Pronto nos quedamos sin dinero y comenzamos a pasar hambre, a veces envidi谩bamos la sopa que serv铆amos a los enfermos. Palla recib铆a, cada cierto tiempo, algo de dinero desde su hogar, en cantidades justas para sus necesidades. Pero como cualquiera de nosotros hubiera hecho en su lugar, 茅l lo repart铆a entre todos para que pudi茅ramos sobrellevar la epidemia hasta el final.

Rocco de Zerbi: no es necesario que preguntes a los anarquistas, pues t煤 mismo no puedes haber olvidado la devoci贸n de cierto joven anarquista, m谩s bien flaco y de expresi贸n severa, quien, mientras se repart铆an las tareas en las asambleas de la Cruz Blanca, se quedaba de pie en silencio tras la multitud, pero que a la primera solicitud de voluntarios saltaba al frente gritando 鈥溌o! 隆yo ir茅!鈥. 鈥淧ero t煤鈥, le respond铆an a veces, 鈥渘o est谩s de turno鈥. 鈥淣o importa鈥, respond铆a鈥, 鈥渋r茅 encantado鈥. Luego iba y sorprend铆a a todos con su extraordinaria resistencia, gan谩ndose el respeto y la admiraci贸n de todos con quienes colabor贸. Ese joven era Galileo Palla禄. (3)

Este fragmento muestra cu谩n cercanos eran Malatesta y Palla, y vislumbra ciertos trazos del car谩cter de esta amistad.

Para el 13 de septiembre, cerca de mil personas de todas partes de Italia ya se hab铆an enlistado como voluntarios para servir en N谩poles. Otros ven铆an desde Suiza, Francia, Inglaterra y Suecia. No s贸lo superaban con creces los esfuerzos del Estado, la operaci贸n tambi茅n prob贸 ser un 茅xito rotundo. Frente a la alta tasa de muerte que presentaban los hospitales de N谩poles, en donde la gran mayor铆a de los pacientes de c贸lera fallec铆an, la Cruz Blanca presentaba una formidable tasa de recuperaci贸n de dos tercios de los pacientes tratados.

La Cruz Blanca hab铆a dividido N谩poles en doce distritos. De acuerdo a Luigi Fabbri, Malatesta y sus compa帽eros (entre ellos Luigia Minguzzi, Francesco Pezzi, Arturo Feroci, Giuseppe Cioci y Pietro Vinci) estaban a cargo de uno de estos distritos. Fabbri afirma que este distrito vio la mayor tasa de recuperaci贸n en comparaci贸n al resto de N谩poles. Malatesta, habiendo crecido en esa ciudad y siendo cercano a los militantes de los movimientos obreros locales, logr贸 recaudar una gran cantidad de aportes en comida y medicamentos, los cuales fueron distribuidos entre los pacientes del distrito.

El testimonio de Fabbri est谩 basado en el los recuentos que, casi con seguridad, debi贸 haber recogido del propio Malatesta. De acuerdo al registro judicial de la corte en 芦Verbale d鈥橴dienza禄 del 21 al 28 de abril de 1898, siendo enjuiciado en Ancona, Malatesta testific贸:

 

Una traducci贸n levemente distinta de estos dichos apareci贸 en el peri贸dico 芦L鈥橝gitazione禄, en donde Malatesta supuestamente habr铆a a帽adido:

芦estuve presente en N谩poles durante la epidemia y el comit茅 me agradeci贸 por mis servicios禄. (4)

Podemos vislumbrar fragmentos de la experiencia de los anarquistas en N谩poles en los testimonios que aparecieron en el peri贸dico suizo 芦Le R茅volt茅禄 entre septiembre y diciembre de 1884, los cuales pasamos a presentar a continuaci贸n:

芦El c贸lera hizo una aparici贸n fatal en Italia y, hasta ahora, ha cobrado miles de v铆ctimas. Principalmente entre familias proletarias quienes no pueden costearse el lujo de la higiene, por la simple raz贸n de que la higiene es un privilegio que s贸lo los burgueses poseen, como todos los dem谩s privilegios禄

Le R茅volt茅, 14 de septiembre de 1884.


芦En estas pocas l铆neas quisiera ofrecer un tributo a nuestro compa帽ero Rocco Lombardo, de G茅nova. Un joven encantador de apenas 27 a帽os, decidido y generoso, quien fuera uno de los m谩s devotos e inteligentes entre los anarquistas revolucionarios de G茅nova. En vida dedic贸 todas sus fuerzas y pensamientos a una 煤nica causa: si un movimiento revolucionario surgiere, donde quiera que fuese, 茅l velar铆a por que surgiese bien.

Un d铆a se present贸 una oportunidad: el c贸lera hab铆a llegado a N谩poles, as铆 que 茅l se uni贸 a sus compa帽eros y parti贸 desde Mil谩n, en donde resid铆a, hasta el coraz贸n de la epidemia. Tan pronto como lleg贸 a N谩poles se convirti贸 en una de las figuras m谩s notables por su entrega y devoci贸n en el cuidado de las v铆ctimas de esta terrible plaga. Mas siendo golpeado por la plaga misma, este modesto h茅roe dio su vida un 18 de septiembre.

Lombardo era un ac茅rrimo propagandista. Un a帽o antes, en Tur铆n, hab铆a fundado el peri贸dico 鈥淧roxinzus Taus鈥, el cual mantuvo en circulaci贸n con sus compa帽eros hasta el 煤ltimo momento, a煤n si eso significaba para 茅l todos los sacrificios que implica mantener una publicaci贸n de ese tipo. Este peri贸dico incluy贸 art铆culos altamente pol茅micos hasta su 煤ltima publicaci贸n, siendo perseguido durante varios meses a ra铆z de ello.

Rocco: has partido sin un amigo cerca que pueda brindarte un merecido tributo. Es por este medio que te hacemos un modesto tributo a tu tumba. Nos comprometemos a defender las ideas que fueron tan preciadas para ti, y a sacrificarnos sin dudar, como t煤 lo hiciste, por la revoluci贸n social禄

Le R茅volt茅, 28 de septiembre de 1884.

芦Recibimos, de parte de nuestros amigos de Mil谩n, aviso de una protesta llevada a cabo contra las injurias que el clero y la burgues铆a confabulados han conjurado en la prensa contra los anarquistas italianos, particularmente contra nuestro compa帽ero Rocco Lombardo, cuya muerte anunciamos en el n煤mero anterior. Compa帽eros: es in煤til perder tiempo refutando las calumnias de estas viles marionetas del poder. Limit茅monos a patearlos en donde sea que nos los topemos禄

Le R茅volt茅, 25 de octubre de 1884.

芦En N谩poles, como sabr谩n, el c贸lera ha infundido gran terror entre los trabajadores. Ninguna otra prueba hace falta de la profunda brecha de desigualdad que caracteriza a nuestra sociedad. Nuestros amigos, que partieron en medio de la epidemia para tratar a los enfermos, han publicado un manifiesto en recogen la verdadera causa del c贸lera: la pobreza; indicando adem谩s su 煤nico remedio: la revoluci贸n social.

Los peri贸dicos locales se escandalizaron, como era de esperar, y un peri贸dico clerical se empe帽贸 en invocar la rabia policial contra estos implacables anarquistas, quienes se negaron a ver de brazos cruzados a estas personas perecer禄

Le R茅volt茅, 7 de diciembre de 1884.

Lamentablemente nadie, hasta donde sepamos, ha podido dar con el manifiesto referenciado en esta 煤ltima cita [nota de la traducci贸n: es posible que el manifiesto aludido se trate del art铆culo 鈥業l Colera鈥, incluido m谩s arriba en este texto].

驴VICTORIA SOBRE LA PLAGA?

La Cruz Blanca se disolvi贸 oficialmente el 26 de septiembre, estimando que el umbral cr铆tico de contagios ya hab铆a pasado y las autoridades municipales pod铆an volver a hacerse cargo de la epidemia. Se presume que las organizaciones de trabajadores continuaron sus esfuerzos de apoyo mutuo, como lo ven铆an haciendo desde antes de la aparici贸n de la Cruz Blanca. Fue en gran medida gracias a sus continuos esfuerzos que las muertes disminuyeron significativamente en octubre, y la epidemia fue oficialmente declarada como finalizada a principios de noviembre. Las organizaciones sociales no hab铆an derrotado al c贸lera por s铆 solas, pero hab铆an logrado algo que el Estado no: ayudar a miles de personas pobres a sobrellevar el terrible calvario. Pero por sobre todo, hab铆an demostrado que las iniciativas m谩s efectivas son aquellas impulsadas por los mismos afectados, pues esto les permite definir por s铆 mismos sus prioridades y necesidades.

Se ofreci贸 una condecoraci贸n oficial a Malatesta por sus servicios, sin embargo, 茅l la rechaz贸. El mismo Estado que intentaba condecorarlo por lo que hizo en N谩poles estaba intentando encarcelarlo por algo que no hizo en Florencia. Adem谩s, Malatesta nunca dese贸 ser cabecilla, sino ser uno m谩s entre sus compa帽eros.

Si fuera cierto, como sostiene Fabbri, que el distrito de N谩poles, del que Malatesta y sus compa帽eros anarquistas estuvieron a cargo, tuvo la mayor tasa de recuperados, y no gracias a las habilidades m茅dicas de Malatesta sino a la red de ayuda y traspaso de recursos que los anarquistas lograron formar, entonces probar铆a la afirmaci贸n que reza que 芦la verdadera causa del c贸lera es la pobreza禄. Por su lado, en 芦N谩poles en los tiempos del c贸lera禄, el historiador Frank Snowden tambi茅n argumenta que la pobreza fue la principal causa de la epidemia de 1884, observando que 芦el c贸lera prolifera entre los pobres porque ellos, a causa de la desnutrici贸n y toda clase de des贸rdenes intestinales, tienen predisposici贸n a contraer la enfermedad禄.

La soluci贸n definitiva para el c贸lera, sabemos hoy, es el acceso universal al agua potable. Pero como otros brotes m谩s recientes de c贸lera en N谩poles han demostrado durante el siglo XX e incluso durante el siglo XXI, los monarcas, capitalistas y presidentes siempre buscar谩n mantener a una porci贸n de la poblaci贸n viviendo en condiciones miserables. S贸lo la solidaridad y la rebeli贸n los forzar谩n a compartir los recursos que constantemente intentan acaparar para s铆 mismos.

Para citar del mentado manifiesto: 芦la verdadera medicina para prevenir que el c贸lera vuelva a aparecer no es otra cosa que la revoluci贸n social禄.

REFLEXI脫N FINAL

Ese oto帽o, tras regresar a Florencia, Malatesta se las arregl贸 para evitar su arresto al escapar de Italia escondido en un cargamento de m谩quinas de coser. En los cincuenta a帽os que siguieron continu贸 sus incesables esfuerzos organizativos, escribiendo y dejando su huella en los movimientos anarquistas de tres continentes.

En sus siguientes escritos constantemente se referir铆a a su experiencia con el c贸lera, explicar a partir de esta c贸mo los males en lugares alejados del planeta no s贸lo est谩n relacionados sino que inequ铆vocamente entrelazados, un testimonio que la pandemia del COVID-19 nos ha demostrado una vez m谩s.

Queremos concluir este estudio con las siguientes selecciones de su obra:

芦El habitante de N谩poles se halla tan interesado en el saneamiento de las lagunas de sus ciudad como en el mejoramiento de las condiciones higi茅nicas de los pueblos situados en las orillas del Ganges, de donde le viene el c贸lera morboso. La libertad, el bienestar, el porvenir de un monta帽茅s perdido entre los desfiladeros de los Apeninos, no dependen 煤nicamente del bienestar o de la miseria en que los vecinos de su aldea se hallen, ni de las condiciones generales del pueblo italiano, sino que dependen tambi茅n de los trabajadores de Am茅rica, de Australia, del descubrimiento de un sabio sueco, de las condiciones morales y materiales de los chinos, de la guerra o de la paz existentes en el continente africano, en suma, de todas las circunstancias grandes o peque帽as que, en un punto cualquiera del globo terr谩queo, ejerzan su influencia sobre un ser humano.禄

La Anarqu铆a, Errico Malatesta.

芦Y los que llegan al gobierno, hall谩ndose en 茅l fuera de su ambiente como se hallan, y hall谩ndose, ante todo, interesados en continuar en el poder como se hallan, pierden toda fuerza activa y se convierten en obst谩culo que detiene y entorpece la acci贸n de los dem谩s.

Abolid esta potencialidad negativa, que es el gobierno, y la sociedad ser谩 aquello que debe ser, seg煤n las fuerzas y las capacidades del momento.

Si en sociedad se encuentran m茅dicos e higienistas, ellos organizar谩n, a buen seguro, el servicio sanitario. Y si no existen, un gobierno tampoco puede improvisarlos; 煤nicamente podr铆a, merced a la muy justificada sospecha que el pueblo abriga con relaci贸n a todo lo que se le impone, rebajar el cr茅dito y la reputaci贸n de los m茅dicos existentes y hacerles descuartizar, como envenenadores, cuando tratan de evitar o de combatir las epidemias鈥澛

La Anarqu铆a, Errico Malatesta.

芦No preguntes, dijo un compa帽ero, qu茅 tendr铆amos que poner en lugar del c贸lera. Es un mal, y los males tienen que ser erradicados, no reemplazados. Esto es verdad, sin embargo, el problema es que el c贸lera persiste y regresar谩 a menos que aseguren condiciones de higiene que reemplacen a aquellas que permitieron que la enfermedad se esparciera en primer lugar禄

芦Demoliamo. E poi?禄, Pensiero e Volont脿, n煤mero 10, 16 de junio de 1926.

Errico Malatesta en 1899, cuando era editor del peri贸dico 芦La Questione Sociale禄, actualmente 芦Nueva Era禄鈥

AP脡NDICE: REFERENCIAS ADICIONALES

芦Los or铆genes del socialismo en N谩poles禄 por Nunzio Dell鈥橢rba y 芦Anarquismo italiano, 1864-1892禄 por Nunzio Pernicore ofrecen breves testimonios de las movilizaciones anarquistas en repuesta a la epidemia en N谩poles. El libro de Pernicone est谩 disponible en ingl茅s, publicado por AK Press. Este es un extracto del libro de Nunzio Dell鈥橢rba relativo a este art铆culo:

芦En los meses de agosto y septiembre [de 1884] hubo una intensa participaci贸n de anarquistas de toda Italia, en un esfuerzo de generosidad para asistir a los napolitanos afectados por el c贸lera.

El 13 de septiembre Luigia Minguzzi, Pezzi, Malatesta, Arturo Feroci, Galileo Palla, Giuseppe Cioci y Pietro Vinci se apersonaron en N谩poles. Durante el mismo per铆odo Cavallotti, Musini, Costa [ex pol铆tico anarquista], y otros, tambi茅n se hicieron presente. Los socialistas de R谩vena les enviaron sus mejores deseos, expresando que ojal谩 los proletarios del Mezzogiorno [el sur de Italia] se librasen pronto del mal del c贸lera, como alg煤n d铆a se librar铆an del mal de la burgues铆a, estos 煤ltimos quienes claman tantas vidas como cualquier otra epidemia5. En las manifestaciones de los socialistas de R谩vena en solidaridad con los proletarios de N谩poles, las fuertes y poderosas voces de los manifestantes de Parma, Bolo帽a, Lugo, Tur铆n, Alessandria, G茅nova y Mil谩n se unieron para protestar contra el hechicero Depretis [primer ministro Agostino].

Para finales de septiembre de 1884, tres de estos socialistas, el lit贸grafo anarquista Rocco Lombargo de Mil谩n, Massimiliano Boschi de la asociaci贸n 鈥淟os Derechos de la Humanidad鈥 de Parma, y el tambi茅n anarquista Antonio Valdr猫 de Castelbolognese, perecieron v铆ctimas de la epidemia.

El c贸lera profundiz贸 las de por si lamentables condiciones del proletariado, forzando a los patrones a despedir a sus trabajadores, o a sus arrendatarios a cerrar sus tiendas, como ocurri贸 con el caso del sindicato de zapateros, el cual ten铆a cerca de cuatroscientos miembros. Pero como Carlo Gardelli, un socialista de Roma帽a residiendo en N谩poles, atestigua: 鈥渆l c贸lera no s贸lo ha causado graves da帽os materiales, sino otro tipo de da帽os incluso peores, como en la moral de los trabajadores鈥澛 (5).

LECTURAS COMPLEMENTARIAS

芦El m茅todo de la libertad: lecturas de Errico Malatesta禄, editado por Davide Turcato (en ingl茅s).

芦El anarquismo italiano, 1864-1892禄, Nunzio Pernicone (en ingl茅s).

芦Epidemias y sociedad: desde la Peste Negra hasta el presente禄, Frank M. Snowden (en ingl茅s).

芦N谩poles en los tiempos del c贸lera, 1884-1911禄, Frank M. Snowden (en ingl茅s).


NOTAS

(1) El testimonio de Fabbri se condice ampliamente con la versi贸n de Max Nettlau, publicada un par de a帽os antes en 芦Errico Malatesta: la biograf铆a de un anarquista禄: 芦en el oto帽o de 1884, Malatesta y otros compa帽eros partieron a N谩poles, en donde el c贸lera se hab铆a expandido en proporciones alarmantes, y se desempe帽aron como voluntarios en los hospitales. Costa y otros socialistas obraron de igual modo. Dos anarquistas, Rocco Lombardo, antiguo editor de la publicaci贸n de Tur铆n 鈥淧roximus Tuns鈥, y Antonio Valdr猫 sucumbieron a la epidemia. Aquellos que regresaron redactaron un manifiesto en donde expresaron que la real causa del c贸lera era la miseria y que su verdadero remedio era la revoluci贸n social禄 (Le R茅volt茅, 28 de septiembre, 7 de diciembre de 1884 y 8 de noviembre de 1885).

(2) Este art铆culo fue posteriormente reproducido en la publicaci贸n de Montevideo 芦Studi Sociali禄 del 1 de octubre de 1933, en donde conseguimos por primera vez este testimonio, gracias a la generosa ayuda de Davide Turcato.

(3) Malatesta contin煤a: 芦despu茅s de la epidemia del c贸lera en N谩poles siempre mantuve contacto 铆ntimo con Palla, lo he visto en situaciones muy dif铆ciles y siempre me ha demostrado ser una persona resistente, siempre preparado para poner todas sus posesiones materiales al servicio de la causa, siempre envalentonado, siendo el primero en enfrentar el peligro, y siempre dando todo lo que hay en su alma. He indagado en las profundidades de su caracter indomable, y he visto el inmenso amor que guarda por la humanidad, su inquebrantable fe en la bondad y su firme decisi贸n de consagrar su vida al triunfo de esa idea. Vi con emoci贸n todas estas cualidades tan harmoniosamente dispuestas en 茅l, y el amor que sent铆a por su madre, cuyo recuerdo llenaba sus ojos azules de l谩grimas禄.

(4) 芦Il Processo禄 partes 1-10, 芦L鈥橝gitazione, Supplemento Quotidiano禄, n. e. 1-10 (21 al 30 de abril de 1898). En ambas transcripciones aparece en ingl茅s la colecci贸n de escritos de Malatesta de Davide Turcato: 芦Un largo y paciente trabajo: el anarquismo socialista de L鈥橝gitazione, 1897-1898禄.

(5) Ver la carta de Carlo Lardelli, N谩poles, 1 de diciembre de 1884, en 芦Il Commune禄, a帽o II, 7 al 8 de diciembre de 1884, n煤mero 59: 芦El sacerdocio sab铆a c贸mo aprovecharse de un evento triste y explotarlo a su conveniencia, conoc铆a, en su infortunio, las debilidades de las masas y lucraba a partir de ellas. Hoy es el indisputable maestro de este oficio. Las puertas de las casas est谩n cubiertas de escritos dando la bienvenida a Dios y a la Virgen Mar铆a para librarnos de la peste, las paredes una vez m谩s repletas de 铆dolos, como si de la dominaci贸n borbona se tratase. No hay fe en la ciencia y en el trabajo de la humanidad. La fe valora m谩s unas gotas de agua bendita que cualquier medicina禄.




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