September 5, 2022
De parte de Nodo50
152 puntos de vista

 


“Los
aparatos de la contrainsurgencia imperialista no se reducen a la
sigla más famosa en el cine de Hollywood que cuenta con tres letras:
CIA.

En
Estados Unidos, según la literatura especializada, existen no menos
de veinte aparatos de inteligencia y contrainteligencia. A ellos se
agregan un elenco interminable de fundaciones paraestatales y
finalmente incontables ONG, que carecen completamente de autonomía.
Ni la persona más crédula, desinformada e ingenua puede a esta
altura aceptar que las ONG que inundan con sus dinerillos, no solo a
Cuba sino el conjunto de nuestro continente, pertenecen a la burbuja
incontaminada de una etérea y virginal «sociedad civil»
globalizada —aquí podemos apreciar un buen ejemplo de cómo el
imperialismo intentó apropiarse de la noción gramsciana de
«sociedad civil» para terminar convirtiéndola en un comodín
completamente funcional a su dominación.

¡Es
un secreto a voces! Esas ONG y las fundaciones que siempre caminan a
su par, son «tapaderas de la CIA», sellos legales para transferir y
blanquear dinero sucio, utilizado en la contrainsurgencia.

Por
eso, el primer problema general que recorre todos los trabajos aquí
reunidos, gira en torno a los intentos imperiales que pretenden minar
la hegemonía socialista de la Revolución Cubana, tratando de crear
artificialmente una jabonosa y falsa «izquierda» —todas las
comillas incluidas—, no revolucionaria, ajena y reacia al legado
inasimilable de Fidel Castro y el Che Guevara. Un intento de
«aproximación indirecta» —como lo hubiera denominado el célebre
estratega y capitán B.H. Liddell Hart— destinado a ganar la guerra
sin combatir, minando la moral del enemigo. Es decir, esforzándose
por construir una opción pretendidamente «democrática» —poner
aquí, igualmente, veinte pares de comillas—, contra el proyecto
comunista, al que se sigue calificando, con escasa originalidad, de
«totalitario» (¿por qué no es original esa descalificación? Pues
porque la cruzada «antitotalitaria» proviene de la guerra fría y
más precisamente del auge del macartismo —¡nacido hace nada menos
que 70 años!—, al que capitularon ideológicamente desde la
erudita y refinada Hannah Arendt hasta el marxista converso Karl
Popper, por no hablar del empleado rentado de la CIA Isaiah Berlin,
escritor de libros a sueldo y biografías por encargo contra Karl
Marx).

Este
supuesto «descubrimiento ultra novedoso», que vendría a rellenar
los presuntos agujeros vacíos del socialismo y el comunismo, donde
las palabras «democracia» y «república» se enarbolan sin nombre
ni apellido, sin referencias de clase ni determinaciones históricas,
sociales ni geopolíticas, no es tan nuevo como se postula.

Quizás
por picardía o, mucho más probablemente por simple ignorancia, se
hace tabla rasa con la historia intelectual de los debates
socialistas y comunistas frente a la tradición liberal.

No
es malo intentar innovar, porque el marxismo no puede quedarse
petrificado en la historia, pero para eso hay que tomarse el trabajo
de conocer en profundidad la historia intelectual de los problemas
que pretenden abordarse (eso que en los estudios académicos suele
denominarse «el estado del arte»). Cuando ese trabajo falta, la
ignorancia, siempre perdonable y comprensible si es inocente y
desprevenida, se transforma en imperdonable altanería y petulancia.
Y si a eso le agregamos el financiamiento de instituciones que de
ningún modo están interesadas en el conocimiento sino, lisa y
llanamente, en derrocar a la Revolución Cubana, perdón, en lograr
«la transición», el problema se complica aún más.

Durante
aproximadamente 50 años el profesor italiano Norberto Bobbio
(1909-2004) intentó convencer a los marxistas, socialistas y
comunistas de todo el mundo, que debían zambullirse en la tradición
del liberalismo para volverse más «democráticos»; esto es, para
que acepten por fin las instituciones de la dominación burguesa como
universales. Puede reconstruirse esa tozuda y persistente tarea
desarrollada por Norberto Bobbio en su libro de 1999: Ni con Marx ni
contra Marx (México, Fondo de Cultura Económica). Allí recopila
sus prolongados y numerosos intentos de convencer a los marxistas de
que abandonaran por fin la radicalidad política de Lenin y se
aproximaran a Marx desde la suavidad y el terciopelo del
social-liberalismo”.

Fragmento extraído de
(pdf):

http://cipec.nuevaradio.org/b2-img/HegemoniayculturaNestorKohan.pdf

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Fuente: Arrezafe.blogspot.com