July 14, 2021
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El Regreso del Soft
Power Imperial
 

Por Marcelo Brignoni

LA
TECL@ EÑE
– 13/07/2021

El analista
internacional Marcelo Brignoni analiza los hechos ocurridos
recientemente en Venezuela, Nicaragua, Haití y Cuba, y afirma que
Latinoamérica está obligada geopolíticamente, si quiere conservar
o expandir sus democracias, a plantearse relaciones exteriores
multipolares autónomas, lejos de la obediencia a EEUU y el
alineamiento con la OEA.

Por Marcelo Brignoni
(para La Tecl@ Eñe)

Transcurridos unos meses
de la asunción de Joe Biden en la Casa Blanca de Washington,
comienzan a verse con nitidez sus estrategias de política exterior.
Las ilusiones de aquellos que veían en Biden una recuperación
democrática y una vocación por los derechos humanos globales
aparecen por estos días más cerca de la autocompasión que de la
ratificación de aquellas expectativas.

Los hechos en Haití,
Nicaragua, Venezuela y Cuba, sumados a la votación a favor del
bloqueo a Cuba, sucedida en la Asamblea de la ONU en los últimos
días, tienen el sello de lo que vendrá.

Históricamente los
gobiernos demócratas estadounidenses usaron para su injerencia en
los países y para sus estrategias de desestabilización de gobiernos
populares, niveles de sofisticación menos visibles que los
republicanos, pero mucho más eficientes. En esta caja de
herramientas podemos encontrar la cooptación de los organismos
multilaterales, la proliferación de organizaciones no
gubernamentales (en realidad organizaciones para-gubernamentales de
EEUU), el desarrollo de la National Security Agency para el espionaje
masivo, la estrategia del
lawfare para perseguir y proscribir
dirigentes populares, y la creación de redes tecnológicas de
manipulación y distribución de noticias falsas conocidas
generalmente como GAFAT, por el acrónimo que nuclea el nombre de las
empresas que trabajan codo a codo con la Central Intelligence Agency
y la NSA: Google, Amazon, Facebook, Apple y Twitter.

Las elaboraciones y
conceptualizaciones referidas a estas estrategias tampoco son
necesariamente secretas. Con solo leer
“El Gran Tablero Mundial,
la supremacía estadounidense y sus imperativos geoestratégicos”
de Zbigniew Brzezinski, entenderemos su mirada del
“multilateralismo”. Analizando la obra de Joseph Nye
comprenderemos el origen conceptualmente injerencista del denominado
soft power, y recorriendo “Vigilancia Permanente”
de Edward Snowden, entenderemos el origen, el desarrollo y la
manipulación de las redes del GAFAT con su secuela de
fake news
y campañas organizadas y ocultas para desestabilizar gobiernos y
países.

Por todo esto, tal vez
sea más pertinente llamar al
Soft Power como SHADOW
POWER
, ese poder en las sombras administrado desde un país para
condicionar o conspirar contra las decisiones soberanas de otros y de
sus pueblos, desconociendo el derecho internacional y apalancado en
una supuesta delegación no dada que pretende fiscalizar valores y
conceptos en otros países, incluso de modo ajeno a los mandatos y
obligaciones surgidas de la propia Carta Fundacional de Naciones
Unidas.

Como dijera recientemente
la Cancillería de la República Popular China sobre la pretensión
injerencista de Estados Unidos y el G7 en el escenario internacional:
“Esas intenciones contravienen los propósitos y principios de
la Carta de la ONU y la tendencia de los tiempos de paz, desarrollo y
cooperación. Pone en evidencia las malas intenciones de Estados
Unidos y de unos cuantos países más para crear deliberadamente
antagonismos y ampliar las diferencias”
.

La imposibilidad de
volver al Mundo Unipolar que EE.UU. sueña como su destino histórico,
ha hecho que se relancen todas estas herramientas pergeñadas y
perfeccionadas durante el gobierno de Obama-Biden, y que ahora aquel
ex vicepresidente, hoy presidente, pone de nuevo en el escritorio de
trabajo del Departamento de Estado.

Aquel momento de ruptura,
a finales de los 80, estuvo marcado por la caída del Muro de Berlín
y los incidentes de Tiananmén en 1989 y por el derrumbe de la URSS
en 1991; EEUU sintió que la historia había terminado y que su
triunfo era total y permanente.

Hoy la situación es bien
otra, Biden lo sufrió en carne propia en su paso por el G7 de
Cornualles y en la Cumbre de Ginebra con Vladimir Putin.

Aquellos paradigmas como
“Fin de la Historia”, “Paz Democrática”, “Civilización
Global”, profundamente autoritarios, dieron origen al
soft
power que se convertiría en el caballo de batalla académico
y político de las “almas democráticas occidentales”. La Unión
Europea, reunificación alemana incluida, nos empezaría a hablar de
“gobernanza” como mirada similar pero europea.

Lo que se llamaba tiempo
atrás colonialismo e injerencia pasaba ahora a tener nombres más
amigables, según la decisión publicitaria de los colonialistas.

En este 2021, los sucesos
de Cuba no pueden ser analizados sin el prisma de estas operaciones y
estas estrategias relatadas. Tampoco lo que pasa en Venezuela,
Nicaragua y Haití.

La asonada de violencia
en Caracas aparece como contemporánea del inicio del dialogo
promovido por el legítimo gobierno de Venezuela, que incluso
reafirmó su voluntad de participar en una mesa internacional de
diálogo si
“Estados Unidos (EEUU) y la Unión Europea (UE),
levantan todas las sanciones sobre Venezuela y si todos los sectores
políticos, al sentarse, reconocen la validez y el funcionamiento de
los Poderes Públicos y la constitucionalidad del país y sus
autoridades legítimas”
. Increíble que una obviedad semejante
deba ser pedida por un Gobierno Legítimo ante el autodenominado
“mundo democrático”, que reconoció a un tipo que se
autoproclamó en una plaza como Presidente de Venezuela.

La situación en Cuba es
contemporánea a la decisión de la Asamblea General de reiterar con
187 votos su posición contra el embargo inhumano a ese país. El
“nuevo” EEUU del demócrata Biden, sigue reiterando el respaldo
al bloqueo y el apoyo a los planes de desestabilización de Cuba. La
sorpresa de quienes esperaban una revisión de sus apoyos
desestabilizadores contra el pueblo cubano solo puede prevenir de
aquellos que desconocen los pliegues reales de la política
estadounidense.

Los comienzos de la
campaña anti Cuba se hicieron, como en el pasado, con datos
manipulados instando a que distintos artistas y personalidades
participaran en Twitter con el #SOSCuba. Pretendido llamado por las
muertes por COVID y la falta de recursos médicos. El cinismo es tal
que nadie de los organizadores de esta campaña dice que la falta de
insumos es producto del bloqueo que lleva adelante el demócrata
Biden, de quien los liberales progresistas nos habían dicho que
inauguraría un nuevo tiempo lejos del “fascismo de Trump”.
Difícil encontrar un razonamiento más ingenuo.

Es necesario recordar,
una vez más, que las estrategias para destruir UNASUR y los
gobiernos populares de la región, y perseguir, proscribir y
encarcelar a los dirigentes populares, surgieron de las entrañas del
gobierno Obama-Biden, y que todas esas estrategias están de vuelta
entre nosotros de la mano de uno de sus creadores.

Incluso las
Organizaciones Paraestatales Estadounidenses (mal llamadas
Organizaciones no Gubernamentales) tienen un rol protagónico en la
campaña de desestabilización de distintos países de la región,
con operaciones incluso aquí, desde Argentina. Como informo el
analista Julián Macias Tovar, una de las dos cuentas que reciben más
RTs sobre Cuba es participante habitual en decenas de hilos sobre
desinformación y
fake news como se recopila aquí:
https://t.co/abA9Uyu8EU.
Agustín Antonetti (
@agusantonetti)
de la Fundación Libertad (
@FundLibertadRos),
es uno de los protagonistas principales de estas acciones. En el
trabajo de Tovar se muestra el mecanismo de viralización con cuentas
recién creadas, enlazando artistas y cuentas con millones de
seguidores con un tuit solo con #SOSCuba, sin ningún texto
acompañando. Pero la mayoría de los medios internacionales hablaron
de que los famosos pedían “un cambio en Cuba”.

La reedición de esta
operatoria probada con éxito para destruir Libia en tiempos de
Obama-Biden-Hillary Clinton, está de nuevo entre nosotros y debemos
redoblar la atención al respecto.

Lo sucedido en Haití,
con una operación mercenaria extranjera para asesinar al Presidente
Jovenel Moise, también se inscribe en este
revival de
injerencia desesperada en la región. El inmediato reconocimiento de
la autoridad estadounidense a la sucesión presidencial
autoproclamada de Claude Joseph, que había sido relevado de su cargo
de primer ministro por el propio Moise dos días antes de que el
presidente fuera asesinado, es una casualidad difícil de explicar
como tal, y nos obliga a reflexionar sobre si el magnicidio no
aparece también en la región como opción de injerencia extranjera
en casos extremos.

La situación en
Nicaragua tal vez sea la más compleja de las cuatro. Las críticas
públicas de distintos sectores del Frente Sandinista de Liberación
Nacional al liderazgo de Daniel Ortega, nos obligan a mirar lo que
sucede con atención, pero no debieran hacer que evitemos observar lo
obvio. Que la propensión de EEUU de instalar un nuevo gobierno
nicaragüense está mucho más vinculada a su vocación de controlar
el país para futuras obras logísticas bioceánicas que a su
preocupación por la democracia en Nicaragua. Consigna que se
desvanece con solo observar su participación en la operación
Contras, que incluso motivó un juicio internacional de Nicaragua a
EEUU en la Corte Internacional de Justicia, cuyo fallo en contra EEUU
nunca admitió ni cumplió. El nombre completo del caso fue
Actividades militares y paramilitares contra el Gobierno de
Nicaragua (Nicaragua contra Estados Unidos)
. La Corte
dictaminó en favor de Nicaragua, pero EEUU se negó a respetar y
acatar el fallo de la Corte.

El fracaso de la búsqueda
de recomposición de liderazgo de EEUU a su paso por el G7 y la
Cumbre de Ginebra, lo ha hecho desempolvar todas sus herramientas
para recomponer su hegemonía en crisis en su autoproclamado patio
trasero.

Las derrotas de los
candidatos predilectos de EEUU en las elecciones de Bolivia, Chile y
Perú encendieron las alarmas en Washington sobre su último espacio
geopolítico de pretendida influencia estratégica, Latinoamérica.

Los hechos señalados
indican que Latinoamérica está obligada geopolíticamente, si
quiere conservar o expandir sus democracias, a plantearse relaciones
exteriores multipolares autónomas, lejos de la obediencia a EEUU y
el alineamiento con la OEA.

De lo contrario, aquel
canto histórico de los luchadores populares perderá sentido y
pasará a ser
Patria No Colonia Sí.

Buenos Aires, 13 de julio
de 2021.




Fuente: Arrezafe.blogspot.com