June 14, 2021
De parte de La Haine
240 puntos de vista


 Texto redactado tras dos teledebates en el argentino programa Charlas Insurgentes[1], sobre Ciclo de Formaci贸n del 脕mbito Antirrepresivo Convocatoria Segunda Independencia Para la Liberaci贸n Nacional y Social.

 LOS DERECHOS HUMANOS COMO ARMA IMPERIALISTA LOS DERECHOS HUMANOS EN EL IMPERIALISMO ACTUAL EL COMUNISMO Y LA SUPERACION HIST脫RICA DEL DERECHO

 1.- LOS DERECHOS HUMANOS COMO ARMA IMPERIALISTA

 Era precisamente esa ambivalencia la que permit铆a a los responsables en el poder asomarse al balc贸n de la fachada de una manera y comportarse de otra en el s贸tano del edificio; llevar a cabo la m谩s feroz represi贸n y negarla, a la vez, en p煤blico, torturar y reafirmarse al mismo tiempo en la defensa de los Derechos Humanos[2].

 El debate sobre el papel que el imperialismo otorga a los Derechos Humanos en la crisis que sufre actualmente, tiene m谩s actualidad que nunca porque, como veremos, los DDHH abstractos, los burgueses, son un instrumento del capital para legitimar sus atrocidades[3]. Los DDHH abstractos tienen la ventaja de su ambivalencia, como nos ha dicho Eva Forest en la cita de arriba: ocultan la violencia bajo una pesada losa de plomo llamada Derecho, que invisibiliza, justifica y legitima el que el capital explote y violente para defender su sacrosanto derecho de propiedad.

 Veremos c贸mo, bajo las presiones tect贸nicas de la actual crisis, el Derecho y los DDHH llevan esa ambivalencia al l铆mite porque, de un lado, pugnan entre s铆 diversos bloques de la burgues铆a mundial; por otro lado, los reformismos varios se agarran con desesperaci贸n al mito de los DDHH y de la 芦democracia禄 para justificarse; y por 煤ltimo, las clases y pueblos explotados intentan avanzar por el sendero de otros DDHH y otro Derecho antag贸nico al capitalista, sendero abierto por las luchas de liberaci贸n antiimperialista de los pueblos desde la d茅cada de 1950, como iremos recordando.

 La lucha de clases nos aporta imprescindibles luces orientadoras tambi茅n es esta cuesti贸n. Por esto es conveniente alargarnos un poco en mostrar c贸mo desde la mitad del siglo XIX han chocado con concepciones irreconciliables de los DDHH y del Derecho en general. Disponer de una panor谩mica hist贸rica nos permite no caer en la trampa burguesa de creer que sus DDHH son los 煤nicos, son eternos y son justos. Aunque por razones de espacio nos centraremos en la historia reciente, no tendremos m谩s remedio que remitirnos varias veces a los fundamentos marxistas.

 La Declaraci贸n Universal de los Derechos Humanos en 1948 gener贸 un debate que ahora debemos recordar por su val铆a contempor谩nea: la URSS y otros Estados del Este se negaron con toda raz贸n a firmar el documento porque, aun reconociendo sus aportaciones secundarias, declaraba la propiedad capitalista como un derecho humano. Pero tambi茅n declaraba en el Pre谩mbulo el 芦sacrosanto derecho a la rebeli贸n contra la injusticia禄 cuando estaban aplastados todos los medios pac铆ficos de instaurar la justicia. Como se ve, la propiedad burguesa es un derecho primario, incuestionable, pero la rebeli贸n es un derecho secundario, cuestionable en la medida en la que no se sabe muy bien quienes deciden si esa rebeli贸n es justa o injusta. Retrocedemos as铆 al tomismo, que admit铆a el derecho al tiranicidio pero le pon铆a tantas trabas que al final s贸lo el Papa decid铆a qu茅 ejecuci贸n de un rey era justa: y siempre barr铆a para las arcas vaticanas. Las 芦revoluciones naranjas禄 son ahora lo que en el medievo eran las cruzadas: las primeras bendecidas por el capital y las segundas por el Papa: ambas para recuperar la 芦justicia禄 occidental oprimida por la 芦injusticia禄 proletaria y el llamado Tercer Mundo.

 Veamos: Ho Chi Min recort贸 dr谩sticamente los derechos de las f谩bricas de licor para multiplicar la producci贸n de arroz para el pueblo hambriento: menos alcohol y m谩s comida. Oblig贸 a la burgues铆a a ceder habitaciones de sus mansiones para alfabetizar en ellas al pueblo sometido a la ignorancia: el derecho/necesidad del pueblo a la cultura y a la comida es cualitativamente superior al derecho burgu茅s de emborracharse con licor de arroz en sus mansiones privadas. Ho insist铆a en proteger la cultura etno-nacional campesina, fuertemente anclada en los restos de propiedad comunal, que hab铆a sufrido feroces ataques de ocupantes franceses y espa帽oles, japoneses, de nuevo franceses y luego yanquis. El derecho/necesidad de la cultura comunal anula el derecho burgu茅s a imponer la cultura imperialista.

 Naturalmente, Ho estaba apoyado por su pueblo en armas que no toleraba que la minor铆a colaboracionista con los ocupantes acaparara el bienestar a costa del sufrimiento popular. En realidad, Ho hab铆a aplicado en su contexto el derecho socialista desarrollado en la Comuna de Par铆s de 1871, en la propuesta de Lenin a la Rep煤blica de los Consejos de Baviera, en las medidas de Mao en la Larga Marcha鈥 Medidas que, en esencia, aparecen en el Manifiesto Comunista de 1848 y en el Mensaje de 1850:

 Si los peque帽os burgueses proponen el rescate de los ferrocarriles y de las f谩bricas, los obreros han de exigir que, como propiedad de los reaccionarios, estos ferrocarriles y estas f谩bricas sean simplemente confiscados por el Estado sin ninguna indemnizaci贸n. Si los dem贸cratas proponen impuestos proporcionales, los obreros deben exigir impuestos progresivos. Si los propios dem贸cratas proponen impuestos progresivos moderados, los obreros deben insistir en un impuesto cuya tarifa crezca en tales proporciones que provoque la ruina del gran capital [鈥 Pero la m谩xima aportaci贸n a la victoria final la har谩n los obreros alemanes cobrando conciencia de sus intereses de clase, ocupando cuanto antes una posici贸n independiente de partido e impidiendo que las frases hip贸critas de los dem贸cratas peque帽oburgueses les aparten un solo momento de la tarea de organizar con toda independencia el partido del proletariado. Su grito de guerra ha de ser: la revoluci贸n permanente[4]

 Estos ejemplos nos llevan a imaginar c贸mo podr铆a estar ahora la lucha mundial contra la Covid-19 y por la salud humana en general si no existiera el derecho a la propiedad farmac茅utica, y si el derecho a la rebeli贸n estuviera plenamente admitido: millones de vidas se habr铆an salvado y muchas m谩s se librar铆an de duras secuelas, por no hablar de los costos psicol贸gicos y econ贸micos, etc., pero no se hubiera enriquecido m谩s a煤n la gran burgues铆a. Lenin dec铆a 芦 隆Hay que so帽ar!禄: el sue帽o dela salud como derecho/necesidad est谩 materializado en Cuba, pueblo que se rebel贸 en armas.

 El rechazo sovi茅tico del derecho a la propiedad burguesa era un arma liberadora; adem谩s, en 1949 hab铆a triunfado la revoluci贸n china haciendo temblar los cimientos del racismo imperialista levantando expectativas de libertad por toda Asia. El imperialismo contraatac贸 con m谩s invasiones –Corea, Vietnam鈥–, y con la 芦guerra cultural禄, te贸rica, filos贸fica y 茅tica para legitimar su derecho a la propiedad y anular del todo el muy limitado derecho a la rebeli贸n. En junio de 1950 el Pent谩gono organiz贸 el Congreso para la Libertad de la Cultura; en abril de 1951 centraliz贸 esta guerra en una Fundaci贸n de mando; en 1953, Eisenhower ampli贸 sus recursos y precis贸 su estrategia, de modo que se editaron decenas de miles de folletos, libros, documentales, exposiciones de 芦arte y cultura禄, etc., por todo el mundo 芦libre禄. En verano de 1956 exigi贸 a Hollywood que multiplicara sus pel铆culas anticomunistas. Mientras, la intelectualidad cr铆tica y la revolucionaria era sometida a presiones y amenazas.

 Sin embargo, los 芦pueblos militantes禄 realizaban la cr铆tica pr谩ctica de los DDHH. Por poner una fecha significativa, en 1955 se reunieron en Bandung veintinueve pa铆ses no alineados, para concordar medidas que les protegieran del imperialismo. Bandung inquiet贸 sobremanera en los EEUU y Europa Occidental, y anim贸 a la URSS y a China Popular. Tomaba amplitud as铆 un proceso complejo tendente a crear instituciones, a ampliar y concretar derechos que, con cambios, altibajos y retrocesos, sigue hoy en d铆a: basta recordar los documentos de La Habana, Argel y otros, o el impacto vivificador de la Tricontinental, o las asambleas mundiales sobre la lucha de la mujer trabajadora, o los derechos de la infancia, o los Foros Mundiales鈥 Esta experiencia hist贸rica nos ayuda a entender aspectos concretos del imperialismo y de las luchas de los pueblos.

 Volviendo a finales de la d茅cada de 1950, Cuba logr贸 su independencia real en 1959. Al poco se intensific贸 la contrarrevoluci贸n para reinstaurar el derecho de propiedad burguesa. En 1961 el imperialismo reforz贸 la guerra cultural contra el derecho socialista con medidas directamente econ贸micas y pol铆ticas: La Alianza para el Progreso, una especie de Plan Marshall pero para Nuestram茅rica, ocultaba leoninos pr茅stamos econ贸micos que fortalec铆an al Norte y empobrec铆an al Sur aunque aparentaban todo lo contrario.

 Las ambivalencias y trampas de los DDHH volv铆an a aparecer aqu铆. Tanto en Europa Occidental como en Nuestram茅rica, ambos planes se sosten铆an en un empeoramiento relativo de las condiciones de vida y trabajo de las clases explotadas. En Nuestram茅rica tambi茅n se trataba de legitimar futuras guerras, como se demostr贸 en 1961 cuando el imperialismo invadi贸 Cuba. Poco antes de subirse al tanque desde el que ca帽one贸 a un barco yanqui, Fidel Castro escribi贸 una de las mejores explicaciones te贸ricas y 茅ticas de la inconciliabilidad entre el derecho burgu茅s y el derecho socialista:

 隆Adelante cubanos! A contestar con hierro y fuego a los b谩rbaros que nos desprecian y que pretenden hacernos regresar a la esclavitud. Ellos vienen a quitarnos la tierra que la revoluci贸n entreg贸 a los campesinos y cooperativistas; nosotros combatimos para defender la tierra de los campesinos y cooperativistas. Ellos vienen a quitarnos de nuevo las f谩bricas del pueblo, los centrales del pueblo, las minas del pueblo; nosotros combatimos por defender nuestras f谩bricas, nuestras centrales, nuestras minas. Ellos vienen a quitarles a nuestros hijos, a nuestras muchachas campesinas las escuelas que la revoluci贸n les ha abierto en todas partes; nosotros defendemos las escuelas de la ni帽ez y del campesinado. Ellos vienen a quitarles al hombre y a la mujer negros la dignidad que la revoluci贸n les ha devuelto; nosotros luchamos por mantener para todo el pueblo esa dignidad suprema de la persona humana. Ellos vienen a quitarles a los obreros sus nuevos empleos; nosotros combatimos por una Cuba liberada con empleo para cada hombre y mujer trabajadores. Ellos vienen a destruir la patria y nosotros defendemos la patria[5]

 Los DDHH burgueses, tramposos por su abstracci贸n, son inconciliables con la patria socialista porque 茅sta, pese a sus problemas, asegura los derechos concretos en su interior, y la pedagog铆a de su humanismo en el exterior mediante la solidaridad internacionalista para con otros pueblos. El imperialismo fue consciente del peligro que supon铆a Cuba, como lo fue en su tiempo del peligro de la Hait铆 revolucionaria, del Congreso de Panam谩 y del Bolivarianismo, etc., y luego lo ser铆a del peligro de muchas luchas en Nuestram茅rica que se acercaron a la toma del poder por el pueblo, siendo masacradas antes de lograrlo como el caso del Chile de Allende en 1973, a帽o en el que se celebr贸 la primera reuni贸n de la Trilateral, club imperialista que ayudaba a mejorar las estrategias contrainsurgentes de las grandes potencias.

 El Gobierno Popular chileno era el escaparate de los peligros cada d铆a m谩s agudos para el capitalismo sobre todo desde que en 1971, con el fin de la paridad entre el oro y el d贸lar, los EEUU reconoc铆an que eran estructuralmente m谩s d茅biles de lo que aparentaba su fuerza militar. Casualmente (驴?) fue en ese mismo a帽o cuando en Canad谩 se lanz贸 la idea de la guerra o injerencia humanitaria destinada a restablecer la 芦democracia禄 en el pa铆s invadido, pero pas贸 bastante desapercibida en un primer momento aunque luego ser铆a recuperada y aplicada, una vez estaban dadas las condiciones. Desde 1973-75 el neoliberalismo golpeaba a las clases obreras de Chile y Alemania Federal, que se generalizar铆a por medio mundo. Simult谩neamente potenciaba al m谩ximo la guerra cultural iniciada hac铆a dos d茅cadas.

 Adem谩s del impulso descarado que el neoliberalismo dio a todas las modas post que cuestionaban o negaban abiertamente la validez de la teor铆a revolucionaria, del m茅todo cient铆fico-cr铆tico incluso, para conocer la realidad e intervenir en sus contradicciones para orientarlas hacia la emancipaci贸n humana, adem谩s de esto, el neoliberalismo tambi茅n lanz贸 un ataque furibundo contra el derecho/necesidad a la rebeli贸n tal cual lo practicaban en aqu茅l contexto las clases y pueblos explotados. Como veremos, desde el siglo XVII la ideolog铆a liberal justificaba la feroz violencia burguesa contra el feudalismo y el absolutismo en base a los 芦derechos humanos禄 burgueses de Libertad, Igualdad, Propiedad y Seguridad. Pero el imperialismo del 煤ltimo tercio del siglo XX ya no era el capitalismo comercial del siglo XVII y la crisis mundial de 1968-73 exig铆a m谩s y m谩s represi贸n y guerras.

 Una de las formas m谩s efectivas de criminalizar el derecho/necesidad de la rebeli贸n era acusarla de 芦terrorismo禄. En 1977, analizando la involuci贸n autoritaria y el retroceso del pensamiento cr铆tico que se estaba viendo desde finales de los 鈥60, G. Walzer escribi贸:

 La palabra 鈥渢errorismo鈥 se utiliza en la mayor铆a de los casos para describir la violencia revolucionaria. Esta es una peque帽a victoria para los campeones del orden, en cuyas filas, de ning煤n modo resultan desconocidos los usos del terror [鈥 Sin duda, hay momentos hist贸ricos en los que la lucha armada es necesaria para lograr la libertad de los seres humanos[6]

 Pese a la intensificada guerra cultural imperialista contra el derecho/necesidad de la rebeli贸n, para entonces la debilidad yanqui era innegable: la humillante derrota en Vietnam. Al tener que retirarse de aquella zona de Asia, el Pent谩gono encaden贸 a煤n m谩s a Nuestram茅rica con el Plan C贸ndor, oficializado con tal nombre en 1975 pero activo con anterioridad, que extermin贸 a m谩s de 80.000 personas, encarcel贸 a m谩s de 300.000 y conden贸 al exilio y ostracismo a ciento de miles. Justo un a帽o despu茅s del inicio de esta masacre, y de nuevo casualmente (驴?) se desempolv贸 en 1976 la idea de la invasi贸n 芦democr谩tica禄. Una vez m谩s, Fidel Castro denunci贸 en 1977 lo que suced铆a:

 Al imperialismo le ha dado ahora por la man铆a de hablar de los derechos humanos, para los imperialistas los derechos humanos equivalen al derecho a la discriminaci贸n racial, el derecho a la opresi贸n de la mujer, el derecho a saquear los recursos naturales de los pueblos; para los imperialistas los derechos humanos son el vicio, la miseria, la pobreza, la ignorancia. Solo los pa铆ses revolucionarios luchamos verdaderamente por derechos humanos, por la dignidad del hombre, por la libertad de los pueblos[7].

 La legitimaci贸n 芦democr谩tica禄 que pod铆a ofrecer la 芦teor铆a禄 de la guerra preventiva al imperialismo fue doblemente confirmada en 1978: la derrota de los EEUU a manos de Ir谩n y el inicio de la ayuda masiva a los talibanes en Afganist谩n para derribar al gobierno democr谩ticamente elegido que, en virtud de sus poderes internacionalmente reconocidos, hab铆a pedido ayuda a la URSS para impedir la vuelta de la Edad Media con su ferocidad patriarcal: el imperialismo necesitaba controlar Afganist谩n por su valor geoestrat茅gico, por sus recursos y por su producci贸n de opio, materia prima vital para una de las ramas de la econom铆a capitalista en auge. Los derechos concretos de mujeres, infancia y del pueblo en general, mejorados por el gobierno leg铆timo apoyado por la URSS, fueron destrozados por los DDHH del narcocapitalismo.

 En Occidente, Margaret Thatcher lleg贸 al gobierno brit谩nico en 1979, y una de sus primeras medidas fue anular el derecho concreto de la infancia obrera a su vaso de leche matutina en la educaci贸n estatal, derecho instaurado por los laboristas en la IIGM para cuidar la salud infantil. En 1981 Donald Reagan lleg贸 a la presidencia de los EEUU. Una de sus primeras medidas fue militarizar el transporte a茅reo para derrotar la poderosa huelga de sus trabajadores, y otra fue ayudar a la contrarrevoluci贸n nicarag眉ense con un diluvio de d贸lares para reinstaurar el derecho de propiedad, recortado por la revoluci贸n sandinista en 1978 que, pese a las cadenas del pasado, avanzaba r谩pidamente en la mejora de las condiciones de vida de su pueblo.

 La ambivalencia de los DDHH fue denunciada por Eva Forest en 1983, como hemos visto arriba. Su cr铆tica fue confirmada por el brutal endurecimiento del derecho imperialista recogido tanto en la doctrina de guerra de cuarta generaci贸n de 1989, como en el Consenso de Washington de 1989-90, reforzado meses despu茅s por la implosi贸n de la URSS y el desencadenamiento de una serie de guerras 芦en defensa de la democracia禄 del capital mediante la combinaci贸n de todos los medios disponibles: Plan Colombia en 1999. El siglo XXI supone un salto en las guerras humanitarias que, tras el 11-S/2001, son tambi茅n guerras contra el 芦terrorismo禄, y desde 2002 con el fracasado golpe de Estado contra Venezuela es tambi茅n contra la Patria Grande Bolivariana.

 Fue en 2002 cuando A. Sastre dijo que: 芦Se llama terrorismo a la guerra de los d茅biles, y guerra 鈥搚 hasta 芦guerra limpia禄鈥 al terrorismo de los fuertes禄[8] La tercera Gran Depresi贸n iniciada en 2007 ha elevado las ambivalencias de los DDHH a grados insospechados con el estallido de la Covid-19 en 2020. El G 7, n煤cleo del imperialismo, ha rechazado rotundamente todo intento de socializar las patentes de las vacunas contra la Covid-19: el derecho de propiedad burguesa es intocable.

 2.- LOS DERECHOS HUMANOS EN EL IMPERIALISMO ACTUAL

 Entre derechos iguales y contrarios, decide la fuerza.

Marx: El Capital, FCE, M茅xico 1973, libro I, p. 180.

 Las ganancias s贸lo en 2020 de las diez personas m谩s enriquecidas del mundo, bastan para vacunar gratis contra la Covid-19 a toda la humanidad. 驴C贸mo se ha llegado a tanta inhumanidad? Voltaire (1694/1778) dec铆a que el grito de la naturaleza era 芦Libertad y Propiedad禄. Si a estos dos les sumamos los de Igualdad y Seguridad, tenemos el cuadro completo de la ideolog铆a burguesa en su primera fase, la revolucionaria anti feudal. Los cuatro principios se necesitan mutuamente, aunque el de propiedad penetra en los otros tres, y lo cimenta. En la Declaraci贸n de Derechos de 1688 que la burgues铆a brit谩nica impuso al rey, los dos primeros puntos tienen que ver directamente con la propiedad y los impuestos; el tercero con los gastos econ贸micos del ej茅rcito; el cuarto con la libertad de la burgues铆a; el quinto con la supremac铆a del Parlamento, y el sexto con la alta frecuencia de las reuniones del Parlamento, para controlar a la Monarqu铆a.

 Con la Declaraci贸n de Derechos de 1688 el capital dominaba al rey, la nobleza y las iglesias; pero sobre todo y fundamentalmente establec铆a su dictadura sobre el pueblo explotado: s贸lo quienes tuvieran suficientes bienes en propiedad ten铆an derecho a la libertad y a la igualdad, derechos protegidos por la seguridad que el Estado les daba frente a las amenazas siempre latentes del malestar de las y los empobrecidos. Desde entonces hasta ahora, hasta la Covid-19, esta dictadura se ha ampliado y, seg煤n qu茅 periodos y pa铆ses, se ha ocultado debajo de los DDHH que son el barniz de la dictadura.

 Conforme avanzaba la lucha obrera y popular para conquistar sus derechos concretos, el capital sacaba su poder del parlamento y lo multiplicaba en las inaccesibles burocracias del Estado, en aparatos paraestatales y extra estatales, muchos de ellos internacionales. Este expolio de la 芦democracia parlamentaria禄 se ha intensificado desde finales del siglo XX y es una de las respuestas a la pregunta sobre c贸mo se ha llegado a tanta inhumanidad.

 La Covid-19 certifica el fracaso de los parlamentos que el capital s贸lo utiliza cuando le conviene, mientras que refuerza la impunidad de las burocracias imprescindibles para imponer decisiones econ贸micas y sociopol铆ticas que determinan d铆a a d铆a la vida del pueblo trabajador: el capital decide permanentemente, el pueblo vota cada cuatro a帽os sin ninguna garant铆a de que su voto sea respetado. Los Estados tambi茅n sufren cambios y adaptaciones, pierden o abandonan unos poderes y refuerzan otros seg煤n las exigencias de la acumulaci贸n capitalista, pero no han sido tan recortados en sus poderes como los parlamentos.

 Hablar sobre DDHH sin denunciar esta realidad es defender al capital muy en especial cuando descendemos al fondo del problema: la incompatibilidad de sus DDHH con el derecho/necesidad a la vida. Sin entrar a las limitaciones y peligros insertos en los t茅rminos de 芦biopol铆tica禄 y 芦necropol铆tica禄, es obvio que el capital planifica de alg煤n modo la creaci贸n y formaci贸n de fuerza de trabajo explotable, lo que la ideolog铆a burguesa define como 芦vida禄.

 Por lo general, antes de nacer la vida ya est谩 siendo condicionada como fuerza de trabajo y entre los DDHH que le corresponden, uno fundamental es el de nacer con una deuda que debe amortizar durante toda su vida aunque no sea consciente de que lo est谩 haciendo en desmedro de su calidad de vida: la burgues铆a ha hipotecado su futuro con la deuda que ella ha adquirido, con los presupuestos generales y planes socioecon贸micos, con las restricciones de servicios p煤blicos y derechos concretos, etc. La deuda que nos cae encima con el nacimiento, se mantiene con nuestra muerte, que pasa a la siguiente generaci贸n. La vida pasa pero la deuda y los DDHH, permanecen encadenando el futuro.

 Las sucesivas fases vitales posteriores est谩n determinadas en mayor o en menor grado seg煤n contextos y circunstancias, por la unidad y lucha de contrarios que bulle en los hornos de la explotaci贸n capitalista. Las ambivalencias de los DDHH sirven en cada una de esas fases para ocultar las formas de dominaci贸n opresi贸n y explotaci贸n parcial o totalmente vigentes en ellas, manteniendo la ficci贸n d茅bil o fuerte de 芦normalidad禄, y encauzando el malestar por la senda de la ley y del 芦derecho禄, fuera de los cuales no hay sino justa represi贸n.

 Las disciplinas familiares, educativas, sexuales, afectivas, sociales, pol铆ticas, laborales鈥, a lo largo de la vida, incluida la vejez explotada de varios modos, son oportunamente endulzadas bien por la enga帽ifla de la aplicaci贸n de los DDHH bien por la promesa imposible de que, a pesar de sufrimientos, al final triunfan los DDHH. La sumisi贸n fetichista al 芦derecho禄 como ente intocable, una especie de dios desacralizado, es aqu铆 central, y el 脕ngel de la Guarda no es otro que un buen salario fijo que pase a ser una buena jubilaci贸n hasta la muerte. As铆 es la vida de los bueyes y otros ciudadanos de bien.

 En el nivel ideol贸gico y del fetichismo, los derechos de Libertad, Igualdad, Propiedad y Seguridad garantizan a la burgues铆a el control monop贸lico de los resortes de la vida proletaria, vida agotada en la explotaci贸n del trabajo asalariado y/o en guerras imperialistas. La 芦libertad de negocio禄 materializa esos derechos en los gigantescos beneficios capitalistas por un lado y por el contrario, en el sufrimiento humano. As铆, cuatro empresarios pueden pagar la vacunaci贸n de la humanidad entera s贸lo con las ganancias obtenidas en un 煤nico a帽o, en 2020, pero no lo hacen porque est谩 asumido que tienen derecho a no hacerlo, porque nadie se atreve a prohibirles sus derechos porque ser铆a 芦antidemocr谩tico禄, mientras que s铆 se acepta sacrificar el derecho/necesidad a la vida humana de cientos de millones de personas porque es acorde con el derecho oficial.

 La fuerza econ贸mica y militar permiti贸 a la burgues铆a liquidar con extrema violencia las econom铆as pre capitalistas creando la esclavitud asalariada: para vivir hab铆a que malvender la fuerza de trabajo a cambio de un parco salario en especie, bonos o dinero. O aceptar la esclavitud asalariada o malvivir hasta la pronta muerte. Esta y no otra es la libertad concreta que el capital impone al proletariado, haci茅ndole creer que es la misma libertad abstracta de la burgues铆a porque el proletariado, seg煤n esto, parece ser un vendedor libre y consciente de la 煤nica mercanc铆a que 茅l posee 鈥搒u fuerza de trabajo– en el 芦libre mercado禄: se vende a s铆 mismo a un empresario. Como vendedor de s铆 mismo en base al derecho mercantil, la proletaria intenta obtener el m谩ximo beneficio posible a costa del empresario. Por el contrario, el burgu茅s que le ha comprado intenta aumentar su beneficio a costa de la obrera, a la que puede acosar sexualmente dada su dependencia e indefensi贸n.

 Seg煤n la ideolog铆a burguesa, son los mismos derechos de compra-venta. Pero la realidad no es as铆: el obrero se vende a s铆 mismo, su fuerza de trabajo, su vida, porque no tiene nada m谩s; por su parte, el burgu茅s compra a un ser humano al que explota para obtener un beneficio. De la misma forma que el burgu茅s ejerce su libertad de comprar y explotar personas, o de condenarlas a la pobreza al cerrar sus empresas, tambi茅n ejerce su libertad cuando vende a precios prohibitivos vacunas hechas por sus obreras. Y ejerce la igualdad cuando exige que Estado proteja sus inmensas propiedades como protege, seg煤n dicen, a una pobre ancianita para que no le roben su m铆sera pensi贸n. Y ejerce su derecho a la propiedad desarrollando el monopolio de las vacunas. La Libertad, Igualdad, Propiedad y Seguridad vampirizan a la humanidad para alimentar al capital convirtiendo el trabajo vivo en trabajo muerto, en plusval铆a.

 Chocan entonces dos derechos iguales y contrarios, y como dice Marx y demuestra la historia, es la fuerza de cada clase social enfrentada la que decide el resultado del choque. Engels dec铆a que en pol铆tica chocan dos fuerzas antag贸nicas, la burguesa organizada en su Estado y la proletaria desorganizada. Y Rosa Luxemburg advert铆a a los reformistas que las peque帽as concesiones del capital que obtienen no son debidas a sus imploraciones en el parlamento sino a que, en la calle, la clase trabajadora est谩 dispuesta a demostrar su fuerza, a actuar violentamente, para conseguir y mantener esas conquistas: sin esas amenazas de violencia obrera o sin esa fuerza proletaria desatada, no habr铆a derechos concretos, sino s贸lo demagogia o peor, dictadura del capital.

 La lucha obrera es por tanto una necesidad que surge de la imposible convivencia pac铆fica entre el derecho burgu茅s y el derecho proletario. Pero la necesidad de la lucha de clases en su sentido pol铆tico, que no s贸lo sindical-economicista, requiere del deseo consciente de y para luchar, deseo te贸rica y 茅ticamente asentado que rompa las cadenas de miedos, ego铆smos e irracionalidades que impiden practicar el muy amputado derecho de rebeli贸n, reconocido en 1948. El derecho abstracto visto con la docilidad pusil谩nime del sumiso, sirve como propaganda del capital. S贸lo cuando ese derecho abstracto es sentido como una necesidad imperiosa y deseado vitalmente, s贸lo entonces empieza a transformarse en un derecho concreto, revolucionario, antag贸nico al burgu茅s.

 3.- EL COMUNISMO Y LA SUPERACION HIST脫RICA DEL DERECHO

 El derecho a la revoluci贸n es el derecho supremo de cualquier pueblo y la salvaguarda 煤ltima de su democracia. […] El derecho a la revoluci贸n lleg贸 a ser un elemento permanente de la herencia de la humanidad progresista durante el ascenso de la revoluci贸n burguesa

Novack: Democracia y revoluci贸n

Fontamara, Barcelona 1977, p. 277.

  La conquista o la p茅rdida de derechos b谩sicos, concretos, dependen de la lucha de clases. La demagogia sobre los DDHH abstractos depende del inter茅s de la burgues铆a por mantener su propaganda. Las trabajadoras rusas instauraron gigantescas conquistas cualitativas en 1917, ridiculizando lo muy poco logrado por el feminismo burgu茅s hasta hoy mismo, m谩s de un siglo despu茅s. Claro, las mujeres rusas estaban armadas. La implosi贸n de la URSS debilit贸 esos y otros muchos derechos socialistas que la casta burocr谩tica ya hab铆a comenzado a limar a帽os antes: fue el debilitamiento de la lucha de clases en la URSS lo que propici贸 la reinstauraci贸n del capitalismo, el retroceso de las libertades de las trabajadoras y la vuelta de los derechos de las nuevas burguesas.

 Margaret Thatcher, adem谩s de suprimir el derecho/necesidad de la infancia al vaso de leche, adem谩s de destrozar otros derechos obreros vitales, tambi茅n pens贸 en negar el derecho a voto a quienes no tuvieran vivienda registrada, retrocediendo as铆 a las reformas de la d茅cada de 1830 que s贸lo permit铆an votar a los obreros que pudieran pagar una vivienda en alquiler. En los EEUU hay restricciones legales del derecho a voto que golpean al proletariado, y la derecha trumpista propone ampliarlas. En el Estado espa帽ol, el gobierno 芦socialista禄 defiende el derecho burgu茅s de desahucio de las familias empobrecidas, por citar un 煤nico ejemplo. El Estado franc茅s ha prohibido a los pueblos no franceses el derecho/necesidad de aprender sus propias lenguas. El 芦derecho al trabajo digno禄 es pisoteado: en Europa el 43% de los j贸venes de hasta 24 a帽os trabajan en la precariedad.

 Sin definir qu茅 es la 芦pobreza禄, 茅sta aumentan: la libertad de negocio, esencia de la Libertad, es intocable aun cuando el 煤ltimo informe de la FAO asegura que desde 2011 los precios de la alimentaci贸n se han incrementado en un 40%. Mientras, la esclavizaci贸n de la infancia aumenta por el mundo, y en los imperialistas Pa铆ses Bajos, la pobreza infantil ha crecido del 6% en 2001 al 14% en 2019. En Nuestram茅rica, de 654 millones de personas 187 son pobres y 70 son pobres absolutas. El imperialismo usa las vacunas como arma: la tasa de vacunaci贸n en la UE y en los EEUU es del 20%, pero en 脕frica se desploma al 0,6%. Para que las rebeliones no acaben con sus DDHH, los mercaderes del hambre exigen el rearme que proteja su seguridad y propiedad con 芦guerras limpias禄, pero ocultan que 34 millones de personas saldr铆an del hambre si el gasto mundial en armas de un solo d铆a, 24 horas, fuera a ayuda humanitaria. Sin embargo, China ha acabado con la pobreza real, lo mismo que Cuba, y otros estados como Vietnam, Venezuela, Nicaragua鈥 la van reduciendo a pesar de los obst谩culos.

 Al menos desde verano de 2015 el FMI, sost茅n del imperialismo, advert铆a que las 芦desigualdades禄 lastraban la econom铆a mundial y ampliaban el empobrecimiento con los previsibles efectos para la 芦paz mundial禄. La inquietud de un sector peque帽o del gran capital fue en aumento conforme se habr铆a el abismo entre la concentraci贸n de propiedad en una minor铆a cada vez m谩s minoritaria y el empobrecimiento insoportable de la mayor铆a inmensa de la humanidad. Sin mayores precisiones, siempre han existido en la burgues铆a dos tendencias: la m谩s salvaje, maltusiana, que rechaza cualquier reforma que alivie la explotaci贸n, y la salvaje a medias que por necesidad tolera algunas concesiones para debilitar la lucha de clases, mientras prepara el contraataque. Ambas tienen sus respectivas versiones de los DDHH que las dos consideran imprescindibles para su existencia como clase social por encimas de sus diferencias formales.

 Con la pandemia y bajo las perspectivas demoledoras de la crisis a medio y largo plazo, la facci贸n menos salvaje del capital se esfuerza por imponer un d茅bil neokeynesianismo que disimule su autoritarismo militarizado con limosnas sociales y con la propaganda sobre una fiscalidad menos injusta. En 2007 se habl贸 de refundar el capitalismo, ahora de un nuevo capitalismo: hay que impedir que las clases explotadas se alejen del sistema y se acerquen a la izquierda revolucionaria. Pero uno de los lastres de la izquierda occidental, es el abandono de la lucha por prefigurar espacios en los que se materialicen valores esenciales del derecho socialista. Es verdad que proliferan colectivos de ayuda mutua, cooperativas de distribuci贸n, grupos autogestionados, propuestas sobre el 芦buen vivir禄, redes alrededor de bienes comunes y un largo etc茅tera. Pero no es menos cierto que el grueso de estos grupos no combate estrat茅gicamente el derecho de propiedad, mucho menos quiete destruir el Estado y en absoluto desean prefigurar islotes de derecho socialista.

 La mayor铆a de la izquierda de los pa铆ses imperialistas no se ha recuperado primero de la guerra cultural desatada en la d茅cada de 1950 acompa帽ada de represiones varias; despu茅s de la apisonadora de las modas post, y del eurocomunismo; luego del duro ataque neoliberal, de la implosi贸n de la URSS y del triunfalismo imperialista hasta la crisis de 2007, lo que le llev贸 casi a la extinci贸n. Levas de juventud trabajadora entre las que hay muchas mujeres, se empiezan a organizar por s铆 mismas, ayudando a despertar del letargo a sectores de militancia proletaria adulta. Malviven en la sobreexplotaci贸n y en la precariedad aunque tenga un salario relativamente seguro, y su futuro es deprimente e incierto. Por lo que, bajo la dictadura del capital, la conquista de derechos concretos es imprescindible para aprender, debilitar a la burgues铆a y aglutinar fuerzas: son trampolines para avances m谩s radicales dirigidos a la destrucci贸n del Estado, del poder judicial y de la propiedad privada. Teniendo esto en cuenta, entendemos como imprescindible combatir al derecho burgu茅s con el derecho socialista en tres niveles.

 Uno, ense帽ar, popularizar, dar a conocer que este choque se libra desde la imposici贸n de la propiedad privada, expresado por ejemplo en el lema Omnia sunt communia, y que con el socialismo ut贸pico comienza la cr铆tica del derecho burgu茅s. Desde la d茅cada de 1840, cuando el marxismo defendi贸 el derecho consuetudinario como superior al burgu茅s, comenz贸 a gestarse el derecho socialista. La ignorancia y/o la mentira de la historia, la sociolog铆a, la econom铆a, la 茅tica, la antropolog铆a鈥 burguesas se demuestran en c贸mo permanece muda o miente cuando se enfrenta a los impresionantes logros del derecho socialista, del cual hemos visto s贸lo una infinitesimal parte:

 El primer decreto de la Comuna fue para suprimir el ej茅rcito permanente y sustituirlo por el pueblo armado [鈥 Los funcionarios judiciales perdieron aquella fingida independencia que solo hab铆a servido para disfrazar su abyecta sumisi贸n a los sucesivos gobiernos, ante los cuales iban prestando y violando, sucesivamente, el juramento de fidelidad. Igual que los dem谩s funcionarios p煤blicos, lo magistrados y los jueces hab铆an de ser funcionarios electivos, responsables y revocables[9].

 Dos, destruido el n煤cleo del capital, el proletario democratiza las nuevas tecnolog铆as, socializa la econom铆a para reducir dr谩sticamente el tiempo de trabajo, ahorrar energ铆a y reducir la contaminaci贸n; crea el 芦gobierno barato禄 e instituciones transparentes; acaba con el mercado y el dinero sustituidos por bonos de cantidad de trabajo a canjear en los dep贸sitos sociales. Como se cambian cantidades de trabajo ocurre que, por escasez, se sigue utilizando a煤n el derecho burgu茅s pero ya en la fase socialista, previa al comunismo pleno. En el socialismo rige el lema 芦De cada cual, seg煤n sus capacidades; a cada cual seg煤n su trabajo禄 por lo que personas con m谩s capacidades tendr谩n m谩s ingresos que otras con menos: todos somos desiguales pero, por escasez de fuerzas productivas, a todos se aplica el mismo derecho igual, el bono de cantidad de trabajo.

 Es decir, en el socialismo rige un derecho igual para personas desiguales, lo que es causa de tensiones que s贸lo se resuelven mediante la democracia socialista y la econom铆a planificada para acabar con la escasez y generar una vida social en la que el libre desarrollo de cada persona sea la base del libre desarrollo colectivo. Por suerte, cada persona es 煤nica y tiene l铆mites y potencias propias, y esta cualidad innegable debe ser impulsada socialmente. Es vital, por tanto, la concienciaci贸n popular contra la c铆nica y doble moral burguesa y su mezcla explosiva de individualismo ego铆sta y uniformismo borrego, contra la alienaci贸n, el racismo y el machismo, a favor del internacionalismo y la solidaridad.

 Insistimos en que es vital superar el fetichismo mercantil socializando el sentido de la vida reintegrada en la naturaleza, consciente de que la racionalidad y el ahorro de materias y de energ铆a es una necesidad objetiva incuestionable. El fetichismo de la mercanc铆a hace que creamos que la naturaleza, adem谩s de ser reducida a valor de cambio, es una cosa que est谩 fuera de nuestra especie, exterior a las contradicciones de nuestra sociedad. El criterio marxista de que la naturaleza no pertenece a la humanidad actual, y menos al imperialismo, sino a las generaciones futuras a las que tenemos que pas谩rsela en las mejores condiciones posibles, generaciones que a su vez han de entreg谩rsela a la siguiente, etc., este criterio b谩sico es inconciliable con la irracionalidad del derecho de propiedad.

 Mientras que los derechos de todas las clases explotadoras se han cre铆do eternos, el derecho socialista es consciente que su objetivo y su deseo es desaparecer, y se esfuerza en pasar a la historia cuanto antes para establecer una sociedad sin explotaci贸n y sin Estado, es decir, sin derecho. Los 芦derechos humanos禄 se habr谩n extinguido junto con la propiedad burguesa porque no habr谩 ya humanas y humanos a quienes mantener en la ciega pasividad obediente, en la incertidumbre, a la espera de milagros parlamentarios, mientras malviven en la precarizaci贸n angustiosa porque no es propietaria de su destino. Al estar las fuerzas productivas en manos de la criminal minor铆a explotadora, de la noche a la ma帽ana cualquier crisis o decisi贸n caprichosa y voluble de la burgues铆a condena a millones de personas que se creen 芦portadoras de derecho禄 a la pobreza absoluta o relativa, o a la muerte por enfermedad o a manos del terror imperialista.

 Y tres, nuestra inculta educaci贸n funcional al capitalismo apenas puede imaginar c贸mo ser谩 la fase socialista previa a la comunista, en la que rige un derecho igual para personas objetiva y subjetivamente desiguales; no puede apenas imagin谩rselo porque nos han mal-educado, nos han hecho 芦buenos ciudadanos禄 precisamente para que seamos felices esclavos en el mundo de la explotaci贸n. Si esto ya es as铆, todav铆a menos podemos entender la fase del pleno comunismo. Una de las diferencias que separan a la utop铆a del marxismo, es que este se niega a crear ilusiones imposibles e impensables porque no existen las suficientes lecciones hist贸ricas, y toda ilusi贸n sin base termina tarde o temprano en desilusi贸n e indiferencia, que es la antesala de otra victoria del capital sobre la humanidad explotada.

 Lo que la historia s铆 nos ense帽a es que el comunismo ya no es un sue帽o ut贸pico, un derecho abstracto, sino una necesidad cada d铆a m谩s imperiosa. Por eso, mejor leamos algo de lo poco escrito por Marx al respecto:

 En la fase superior de la sociedad comunista, cuando haya desaparecido la subordinaci贸n esclavizadora de los individuos a la divisi贸n del trabajo y, con ella, el contraste entre el trabajo intelectual y el trabajo manual; cuando el trabajo no sea solamente un medio de vida, sino la primera necesidad vital; cuando, con el desarrollo de los individuos en todos sus aspectos, crezcan tambi茅n las fuerzas productivas y corran a chorro lleno los manantiales de la riqueza colectiva, solo entonces podr谩 rebasarse totalmente el estrecho horizonte del derecho burgu茅s y la sociedad podr谩 escribir en sus banderas: 隆De cada cual, seg煤n sus capacidades; a cada cual seg煤n sus necesidades![10]

 I脩AKI GIL DE SAN VICENTE

EUSKAL HERRIA 14 de junio de 2021

[1] Charlas Insurgentes: https://www.facebook.com/pages/category/Newspaper/Charlas-Insurgentes-102689331520995/

[2] Eva Forest: Diez, 10, a帽os de tortura y democracia. Gestoras Pro Amnist铆a. Estella, 1987, p. 79.

 [3] V茅ase: Derechos Humanos como arma de exterminio masivo. Concepci贸n Cruz Rojo e I帽aki Gil de San Vicente. Boltxe Liburuak, Bilbo 2015

[4] Marx y Engels: Mensaje del Comit茅 Central a la Liga de los Comunistas. Obras Escogidas. Progreso, Mosc煤, 1978, Tomo I, p. 189.

[5] F. Castro: La Revoluci贸n Cubana 1953/1962, ERA, M茅xico 1975, p. 331.

[6] M. Walzer: Guerras justas e injustas, Paid贸s, Barcelona 2001, pp. 269-280.

[7] F. Castro: Discurso en el estadio Bernadio Somalia, 13 de marzo de 1977, Edic. OR, La Habana 1977,

24-25.

[8] Alfonso Sastre: Los intelectuales y la utop铆a, Debate, Madrid 2002, p. 39.

[9] K. Marx: La guerra civil en Francia, Obras Escogidas, Progreso, Mosc煤 1978, tomo II, pp. 233-234.

[10] K. Marx: Critica del Programa de Gotha, Obras Escogidas, Progreso, Mosc煤 1976, tomo III, p. 15.




Fuente: Lahaine.org