October 30, 2020
De parte de La Haine
246 puntos de vista


“La propaganda de la derecha sostiene que el socialismo es enemigo de la libertad individual. Pero en realidad es al rev茅s: trabajamos para crear condiciones materiales bajo las cuales las personas puedan ser verdaderamente libres, sin los l铆mites r铆gidos que el capitalismo impone a nuestras vidas.”

Este texto es un fragmento del nuevo libro de David Harvey, The Anti-Capitalist Chronicles, editado por Pluto Press.

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Durante unas charlas que di en Per煤 surgi贸 el tema de la libertad. Un grupo de estudiantes estaba muy interesado en esta pregunta: “驴El socialismo implica renunciar a la libertad individual?”.

La derecha se las ha arreglado para apropiarse del concepto de libertad como si le perteneciera y para usarlo como un arma en la lucha de clases contra el socialismo. Argumenta que la sumisi贸n del individuo al control estatal impuesta por el socialismo o por el comunismo es algo inevitable.

Mi respuesta es que no deber铆amos abandonar la idea de que la libertad individual es una parte constitutiva de un proyecto socialista emancipatorio. La conquista de las libertades individuales es, tal como argument茅 en aquella ocasi贸n, una de las metas centrales de estos proyectos emancipatorios. Pero esta conquista requiere la construcci贸n colectiva de una sociedad en la cual todas las personas tienen la oportunidad y la posibilidad de realizar su potencial.

Marx y la libertad

Marx dijo algunas cosas muy interesantes sobre este tema. Una de ellas es que “el reino de la libertado comienza solo all铆 donde termina el trabajo impuesto por la necesidad”. La libertad no significa nada para alguien que no puede alimentarse, que no puede acceder un servicio de salud adecuado, a una vivienda, al transporte, a la educaci贸n, etc. El rol del socialismo es proveer estas necesidades b谩sicas para que la gente sea libre de hacer todo lo que desee.

El punto de llegada de una transici贸n socialista es un mundo en el cual las capacidades y la potencia individual son liberadas completamente de los l铆mites que les impone la necesidad y otras limitaciones sociales y pol铆ticas. En lugar de conceder que la derecha tiene el monopolio sobre la noci贸n de libertad individual, debemos reclamar la idea de libertad para nuestro proyecto socialista.

Pero Marx tambi茅n se帽al贸 que la libertad es un arma de doble filo, dado que quienes deben trabajar en una sociedad capitalista son libres en un doble sentido. Pueden vender libremente su fuerza de trabajo en el mercado a cualquiera. Pueden ofrecerla bajo los t茅rminos de un contrato negociado libremente.

Pero al mismo tiempo son “no libres” porque se han “librado” de cualquier control o acceso a los medios de producci贸n. Por lo tanto, deben entregar su fuerza de trabajo al capital para vivir.

Estos son los dos costados de su libertad. Para Marx esta es la contradicci贸n central de la libertad bajo el capitalismo. En el cap铆tulo sobre la jornada laboral de El capital, lo pone en estos t茅rminos: el capitalista es libre de decirle al trabajador o a la trabajadora: “Quiero emplearte pag谩ndote el salario m谩s bajo posible por la mayor cantidad de horas posibles para que hagas exactamente el trabajo que yo preciso. Eso es lo que te exijo cuando te contrato”. Y el capitalista es libre de hacer esto en una sociedad de mercado porque, como sabemos, la sociedad de mercado se trata de ofrecer y de competir por esto y por aquello.

Pero por otro lado, quien trabaja tambi茅n es libre de decir: “No tienes derecho a hacerme trabajar 14 horas por d铆a. No tienes derecho a hacer lo que quieras con mi fuerza de trabajo, especialmente si esto acorta mi vida y pone en peligro mi salud y mi bienestar. Solo estoy dispuesto a trabajar durante una jornada justa a cambio de un salario justo”.

Dada la naturaleza de una sociedad de mercado, tanto el capitalista como el trabajador tienen raz贸n en lo que reclaman. Marx dice que ambos tienen raz贸n por la ley del intercambio que domina en el mercado. Dice tambi茅n que entre derechos iguales solo decide la fuerza. La lucha de clases entre el capital y el trabajo define la cuesti贸n. El resultado depende de la relaci贸n de fuerzas entre el capital y el trabajo que, en algunos casos, puede volverse coercitiva y violenta.

Un arma de doble filo

Esta idea de la libertad como un arma de doble filo es muy importante y debe ser considerada con m谩s detalle. Una de las mejores elaboraciones de este tema se encuentra en un ensayo de Karl Polanyi. En su libro La gran transformaci贸n, Polanyi dice que hay buenas formas y malas formas de libertad.

Entre las malas formas que enumera se cuentan las libertades para explotar al pr贸jimo sin l铆mites; la libertad de obtener ganancias exorbitantes inconmensurables con el servicio que se brinda a la comunidad a cambio; la libertad de evitar que las invenciones tecnol贸gicas sean utilizadas para el beneficio de toda la poblaci贸n; la libertad de sacar r茅dito de las tragedias humanas o naturales, algunas de las cuales son secretamente dise帽adas para el beneficio de agentes privados.

Sin embargo, contin煤a Polanyi, la econom铆a de mercado bajo la cual prosperan estas libertades, tambi茅n gener贸 libertades por las que tenemos una alta estima: la libertad de conciencia, la libertad de expresi贸n, la libertad de reuni贸n, la libertad de asociaci贸n y la libertad de elegir el propio trabajo.

A pesar de que podemos apreciar estas libertades en s铆 mismas, no dejan de ser, en gran medida, un producto derivado de la misma econom铆a que es responsable de las libertades malas. La respuesta de Polanyi a esta dualidad le resulta muy extra帽a a algunas personas, dada la hegemon铆a actual del pensamiento neoliberal y la forma en la cual el poder pol铆tico existente nos presenta la libertad.

Polanyi escribe: “La quiebra de la econom铆a de mercado” 鈥 es decir, la posibilidad de ir m谩s all谩 de la econom铆a de mercado鈥 “puede suponer el comienzo de una era de libertades sin precedentes”. Es una afirmaci贸n bastante impactante. La libertad real comienza una vez que se abandona la econom铆a de mercado. Polanyi contin煤a:

La libertad jur铆dica y la libertad efectiva pueden ser mayores y m谩s amplias de lo que nunca han sido. Reglamentar y dirigir puede convertirse en una forma de lograr la libertad, no s贸lo para algunos sino para todos. No la libertad como algo asociado al privilegio y viciada de ra铆z, sino la libertad en tanto que derecho prescriptivo que se extiende m谩s all谩 de los estrechos l铆mites de la esfera pol铆tica, a la organizaci贸n 铆ntima de la sociedad misma. De este modo, a las antiguas libertades y los antiguos derechos c铆vicos se a帽adir谩n nuevas libertades para todos y engendradas por el ocio y la seguridad. La sociedad industrial puede permitirse ser a la vez libre y justa.

Libertad sin justicia

Ahora bien, creo que esta idea de una sociedad basada en la justicia y en la libertad fue la agenda pol铆tica del movimiento estudiantil durante los a帽os sesenta, la agenda de la as铆 denominada “generaci贸n del 68”. Hab铆a una demanda muy extendida tanto de libertad como de justicia: libertad de la coerci贸n del Estado, libertad de la coerci贸n impuesta por el capital corporativo, libertad de las coerciones del mercado, todo esto conjugado con la demanda de justicia social.

La respuesta pol铆tica capitalista a esto durante los setenta fue interesante. Implic贸 abordar estas demandas para decir: “Les daremos las libertades (con algunas salvedades) pero se olvidan de la justicia”.

Lo que termin贸 por significar esta libertad fue muy limitado. En gran medida se trat贸 de la libertad de elecci贸n en el mercado. El libre mercado y la liberaci贸n de cualquier regulaci贸n estatal fueron las respuestas a la cuesti贸n de la libertad. Y hubo que olvidarse de la justicia. Esta ser铆a impartida por la competencia de mercado, que supuestamente era tan efectiva que asegurar铆a que cada quien recib铆r铆a lo que merec铆a. Sin embargo, el efecto fue que se le dio rienda suelta a muchas de las libertades malas (por ejemplo, la liberta de explotar a otras personas) en nombre de las libertades virtuosas.

Este giro fue algo que Polanyi evidentemente reconoci贸. Observ贸 que el pasaje hacia el futuro que 茅l imaginaba estaba bloqueado por un obst谩culo moral, y este obst谩culo moral era algo que 茅l denomin贸 “utopismo liberal”. Creo que todav铆a nos enfrentamos a los problemas que plantea este utopismo liberal. Es una ideolog铆a que se ha generalizado en los medios de comunicaci贸n y en los discursos pol铆ticos.

El utopismo liberal del Partido Dem贸crata, por tomar un caso, es uno de los obst谩culos en el camino hacia la conquista de la libertad real. “La planificaci贸n y el control”, escribi贸 Polanyi, “est谩n siendo atacadas como si implicaran la negaci贸n de la libertad. En cambio, se define como lo esencial de la libertad a la libertad de empresa y a la propiedad privada”. Esto es lo que plantearon los principales ide贸logos del neoliberalismo.

M谩s all谩 del mercado

Yo creo que este es uno de los temas principales de nuestra 茅poca. 驴Vamos a ir m谩s all谩 de las libertades limitadas del mercado y de la regulaci贸n de nuestras vidas por las leyes de la oferta y la demanda? 驴O vamos a aceptar, como dijo Margaret Thatcher, que no hay alternativa? Somos libres de todo control estatal pero tenemos una relaci贸n de esclavitud con el mercado. No hay ninguna alternativa a esto y m谩s all谩 de esto no hay ninguna libertad. Esto es lo que profesa la derecha, y esto es lo que mucha gente ha llegado a creer.

Es la paradoja de nuestra situaci贸n presente: que en nombre de la libertad hemos adoptado la ideolog铆a del utopismo liberal, que en realidad es una barrera para alcanzar la libertad real. No creo que estemos en un mundo de libertad cuando alguien que quiere recibir una buena educaci贸n debe pagar una inmensa cantidad de dinero y cargar con una deuda enorme por el resto de su vida.

En Gran Breta帽a, una proporci贸n considerable de la provisi贸n de vivienda durante los a帽os sesenta estaba a cargo del sector p煤blico; se trataba de una vivienda social. Cuando era joven, esta vivienda social brindaba satisfacci贸n a una necesidad b谩sica por un costo razonable. Luego lleg贸 Margareth Thatcher y lo privatiz贸 todo, argumentando b谩sicamente que “ser铆amos m谩s libres cuando posey茅ramos nuestra propiedad y nos convirti茅ramos en parte de una democracia de propietarios”.

Una situaci贸n en la cual el 60% de la provisi贸n de vivienda estaba a cargo del sector p煤blico se transform贸 de repente en una situaci贸n en el cual solo el 20% 鈥攐 tal vez menos鈥 lo estaba. La vivienda se convierte en una mercanc铆a, y la mercanc铆a forma parte de las actividades especulativas. Hasta tal punto de convertirse en un veh铆culo para la especulaci贸n. Cuando el precio de las propiedades sube, el costo de la vivienda sube sin que se incrementen proporcionalmente los medios de acceso.

Estamos construyendo ciudades y viviendas de un modo que le brinda una libertad enorme a las clases altas mientras hace que el resto de la poblaci贸n sea cada vez menos libre. Creo que Marx se refer铆a a esto cuando hizo su c茅lebre comentario: el reino de la necesidad debe ser superado para alcanzar el reino de la libertad.

El reino de la libertad

Esta es la forma en la cual las libertades de mercado limitan las posibilidades y, desde este punto de vista, creo que una perspectiva socialista implica una respuesta del tipo de la de Polanyi; es decir, es necesario socializar el acceso a la libertad socializando, por ejemplo, el acceso a la vivienda. Hacemos que deje de ser algo que est谩 simplemente en el mercado para que se convierta en algo que existe en el dominio p煤blico. La vivienda p煤blica es nuestro lema. Esta es una de las ideas b谩sicas del socialismo en el sistema contempor谩neo: poner las cosas bajo dominio p煤blico.

Muchas veces se dice que para alcanzar el socialismo debemos renunciar a nuestra individualidad y hacer un sacrificio. Ahora bien, esto puede ser verdad hasta cierto punto; pero tal como dijo Polanyi, queda una enorme libertad por conquistar si vamos m谩s all谩 de las crueles realidades que nos imponen las libertades individualizadas del mercado.

Creo que lo que Marx quer铆a decir es que hay que maximizar el reino de la libertad, pero que esto solo puede suceder si se dan respuestas a los problemas que surgen del reino de la necesidad. La tarea de una sociedad socialista no es en absoluto regular todo lo que sucede en la sociedad. La tarea de una sociedad socialista es garantizar que todas las necesidades b谩sicas sean atendidas 鈥攄e manera gratuita鈥 para que las personas puedan hacer todo lo que quieran cuando lo deseen.

Si le preguntan a alguien ahora mismo “驴cu谩nto tiempo libre tienes a tu disposici贸n?”, la respuesta t铆pica es “no tengo tiempo para casi nada. Todo mi tiempo est谩 ocupado en hacerme cargo de esto y de aquello”. La libertad real implica un mundo en el cual tenemos tiempo libre para hacer todo lo que queremos, y para un proyecto emancipatorio socialista esta es una de las misiones principales. Por lo tanto, esto es algo por lo que debemos trabajar.

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Fuente: Lahaine.org