January 27, 2021
De parte de La Haine
93 puntos de vista


Antonio Gramsci naci贸 un d铆a como en Ales, Cerde帽a, el 22 de enero de 1891.

A mediados de los a帽os 1980, el intelectual conservador ingl茅s Roger Scruton fund贸 la revista The Salisbury Review, en la cual public贸 una serie de art铆culos sobre los intelectuales 芦de izquierda禄 del siglo XX. Abord贸 los pensamientos de Gy枚rgy Luk谩cs, Louis Althusser, Herbert Marcuse y Antonio Gramsci en una compilaci贸n titulada ‘Locos, impostores y agitadores: pensadores de la nueva izquierda’ (1984). Scruton sosten铆a que se estaba desarrollando una guerra ideol贸gica. Seg煤n 茅l, el concepto marxista de hegemon铆a pod铆a definirse como una herramienta de la 芦ideolog铆a de la dominaci贸n de clase禄 de los marxistas, responsables de inculcar 鈥搊 de 芦legitimar禄鈥 una idea de autoridad. Por este motivo, 芦ning煤n pensador pol铆tico en la coyuntura europea y estadounidense moderna puede ignorar las transformaciones que impusieron a nuestra vida intelectual los escritores y activistas de izquierda禄, los propagadores de la 芦hegemon铆a禄.

Al discutir la izquierda que emergi贸 en Europa a partir de la segunda mitad de los a帽os 1960, Scruton cre铆a estar frente a un consenso in茅dito que amenazaba las 芦costumbres, las instituciones, la pol铆tica de los Estados occidentales禄 y renovaba la 芦teor铆a y la pr谩ctica del comunismo禄. De esta forma, alertaba sobre el problema del 芦retorno del jacobinismo禄, sintetizado ahora 芦emocionalmente禄 bajo una nueva forma, ya no como disputa partidaria por la conducci贸n de las masas, sino como un conjuro que 芦secretamente conquistar谩 su objetivo com煤n禄 sin un liderazgo definido de manera estable.

La principal referencia pol铆tica de Scruton fueron los levantamientos estudiantiles de 1968 en Europa y en EEUU. Seg煤n su opini贸n, estas manifestaciones, la nueva edici贸n de 1975 de los Cuadernos de la c谩rcel y la importante difusi贸n de los escritos del autor en cursos universitarios y organizaciones de izquierda llevaron a un renacimiento de la influencia de Gramsci. El italiano renaci贸 como te贸rico pol铆tico, cr铆tico cultural, fil贸sofo y canon revolucionario entre los c铆rculos intelectuales y pol铆ticos que estaban 谩vidos de una 芦orientaci贸n moral e intelectual禄.

De este modo, Gramsci era presentado como el autor de una nefasta teor铆a de la imposici贸n de la legitimidad del intelectual de izquierda sobre el hombre com煤n, una estrategia en la cual el liderazgo partidario cl谩sico perd铆a espacio frente a las transformaciones 芦graduales禄 realizadas por personas especializadas en la conducci贸n de las masas.

Seg煤n la visi贸n de Scruton, las ideas gramscianas habilitaban a que los activistas post-1968 se percibieran a s铆 mismos como 芦intelectuales禄 y 芦legisladores禄. Lo que Gramsci denominaba 芦revoluci贸n pasiva禄 鈥揺l proceso de transformaciones graduales que desbloquear铆an imperceptiblemente el camino para el que surja un nuevo orden social鈥 no era m谩s que una versi贸n izquierdista de la buena y vieja circulaci贸n de las 茅lites. Entonces, la originalidad del pensamiento gramsciano radicaba en percibir la existencia de una 芦nueva hegemon铆a禄 al plantear el dominio de clase como fruto del encuentro de 芦dos fuerzas禄: los intelectuales de izquierda y las 芦masas禄. Gramsci habr铆a elaborado de esta forma la verdadera teor铆a del fascismo, o sea, la estrategia pol铆tica de conformaci贸n de una 芦unidad ideal禄 capaz de manipular la cultura y, por medio de ella, impulsar transformaciones pol铆ticas y econ贸micas de largo plazo.

A inicios de los a帽os 1980, el franc茅s Alain de Benoist, otro intelectual conservador, empez贸 a dedicarse tambi茅n al pensamiento de Gramsci. Su an谩lisis era diferente al de Scruton. Asumi贸 una actitud positiva frente a la experiencia de los movimientos y las protestas emergentes en los a帽os 1960, a los cuales percibir谩 como una 芦novedad禄 de la pol铆tica occidental. De esta forma, se esforz贸 para pensar las posibilidades de creaci贸n de una 芦nueva derecha禄, que fuese la ant铆tesis directa de la renovaci贸n que atravesaba a las izquierdas en Europa. Con este fin se apropi贸 de las ideas gramscianas.

En enero de 1969, de Benoist fund贸 el Grupo de Investigaci贸n y Estudios para la civilizaci贸n europea (GRECE, por sus siglas en franc茅s), que ten铆a como objetivo la formaci贸n pol铆tico-cultural y contaba con el compromiso de intelectuales nacionalistas. En 1981, el GRECE realiz贸 su 16掳 Congreso bajo el lema 芦Por un gramscismo de derecha禄. Esta propuesta reun铆a al activismo de la 芦nueva derecha禄 alrededor del proyecto de creaci贸n de organizaciones pol铆ticas conservadores con un abordaje cultural, algo inexistente en las experiencias de la 茅poca, aun considerando a los representantes del neoliberalismo naciente.

Para de Benoist, la principal contribuci贸n de Gramsci habr铆a sido la de ayudar al ideario conservador para que vuelva a poner las ideas conservadoras 芦en su lugar禄. Les id茅es 脿 l鈥檈ndroit fue justamente el t铆tulo del libro publicado en 1979, en el cual de Benoist plante贸 la necesidad de una derecha que tuviese algo que decir sobre los intelectuales como Gramsci. Una derecha capaz de superar el tipo de 芦leninismo禄 espont谩neo con el cual actuaban en la disputa inmediata por el poder pol铆tico y avanzar en el sentido de un activismo 芦gramsciano禄, es decir, un activismo interesado en los efectos del 芦poder cultural禄 y 芦metapol铆tico禄 de la correlaci贸n de fuerzas a nivel pol铆tico. Ese inter茅s 芦cultural禄 era, seg煤n de Benoist, lo que diferenciaba a las nuevas izquierdas de los a帽os 1960 y 1970 de las derechas que, hasta entonces, no hab铆an tenido 茅xito en renovarse; era necesario enfrentar a los adversarios sobre su propio terreno.

A su vez, la Nueva Derecha francesa, nacida m谩s de pol茅micas period铆sticas que de compromisos intelectuales e iniciativas serias, deb铆a encontrar una estrategia para criticar el igualitarismo socialista. La oportunidad estaba en los flancos de la Nueva Izquierda, especialmente en su tendencia a menospreciar y negar la pol铆tica de masas. Este flanco 鈥揺l elitismo no deliberado de las organizaciones de la Nueva Izquierda鈥 permit铆a retomar el viejo argumento del conservadurismo reactivo, que apela a las 芦mayor铆as silenciosas禄, para convertirlo en una 芦aceptaci贸n tr谩gica del mundo禄.

En otras palabras, les daba la oportunidad a las nuevas derechas de elaborar una actitud pol铆tica elitista, pero no negativa y, justamente por eso, de presentarse como una alternativa a las izquierdas. Las nuevas derechas, segu铆a el argumento de de Benoist, deb铆an aprovechar el valor pol铆tico de su propuesta 芦masiva禄 para hacer que el conservadurismo volviera a desempe帽ar el papel de explicaci贸n del mundo y de las cosas. La actitud social cr铆tica que, en las nuevas izquierdas, encontraba su l铆mite en la negaci贸n del 芦fascismo禄 y del 芦totalitarismo禄, deb铆a ser tomado por las nuevas derechas como un punto de partida, como una 芦aceptaci贸n tr谩gica禄.

Am茅rica Latina tambi茅n vivi贸 una reacci贸n conservadora al pensamiento de Gramsci a partir de los a帽os 1980. En 1984, el primer n煤mero de la revista cat贸lica argentina Gladius discuti贸 la 芦penetraci贸n marxista en Am茅rica Latina禄 y, m谩s espec铆ficamente, el papel de la educaci贸n en el pensamiento revolucionario gramsciano. En su presentaci贸n, esta revista de orientaci贸n tomista anunci贸 que se estaba desarrollando una 芦guerra contracultural禄 en la Argentina, representada por la falta de 芦respeto a la vida, al amor, a la patria, a la familia, al matrimonio [鈥, a la distinci贸n entre los sexos e incluso a la condici贸n humana de ser libre e inteligente禄. El papel que ten铆a Gramsci en esta ofensiva era recuperar el valor de las ideas y del pensamiento, al afirmar que la transformaci贸n social era una transformaci贸n del esp铆ritu humano.

Gramsci hab铆a comprendido que una revoluci贸n comunista como la de 1917 en Rusia jam谩s ocurrir铆a en Italia y hab铆a elaborado 芦grandes tesis禄 sobre c贸mo esa transformaci贸n podr铆a desarrollarse por otro camino. En este sentido, la filosof铆a de la praxis ser铆a una tentativa de pensar la 芦resoluci贸n pac铆fica de las contradicciones existentes en la historia y en la sociedad禄, o sea, la anticipaci贸n por medio de consensos a nivel superestructural acerca de las transformaciones necesarias para derrotar a la burgues铆a.

De aqu铆 el inter茅s especial que Gramsci tiene por los intelectuales, su esfuerzo por convencerlos de que no es posible 芦saber sin comprender, sin sentir y sin ser apasionado禄, es decir, que no es posible pensar sin acercarse al pueblo, sin 芦entenderlo hist贸ricamente y relacionar dial茅cticamente sus necesidades con una concepci贸n superior del mundo禄. La conexi贸n sentimental era el comienzo de la relaci贸n entre intelectuales y pueblo, el ant铆doto contra la burocratizaci贸n y contra el formalismo.

Con este objetivo, Gramsci formul贸 una nueva concepci贸n de las 茅lites intelectuales, que era fruto de la fusi贸n entre la especialidad del oficio y la actividad pol铆tica. Compitiendo entre s铆, estas actuar铆an como vanguardia de la revoluci贸n comunista, es decir, como promotoras de una revoluci贸n cultural. La formaci贸n de estas 茅lites no ser铆a improvisada ni discontinua, sino el resultado de un plan de 芦reforma intelectual y moral禄 铆ntimamente asociado con un plan de 芦reformas econ贸micas禄. Gramsci, en este sentido, habr铆a 芦continuado la v铆a abierta por Lenin禄.

En Am茅rica Latina, para los cat贸licos de Gladius, la mayor expresi贸n de la pol铆tica gramsciana era la capacidad de penetraci贸n ideol贸gica, una forma de lucha mucho m谩s peligrosa que las tentativas revolucionarias de confrontaci贸n armada de los a帽os 1960 y 1970. En el terreno ideol贸gico, segu铆a su argumento, todav铆a exist铆an los riesgos de la 芦mimetizaci贸n禄 y de la 芦infiltraci贸n禄 del pensamiento revolucionario, gracias al poder de atracci贸n que ejerc铆a sobre ciertas 芦mentalidades entusiastas禄 a trav茅s de las 芦ambig眉edades禄 y las 芦elipsis禄 del discurso.

La lucha ideol贸gica revolucionaria en el continente desbordaba principalmente en dos direcciones. En primer lugar, el papel del tercermundismo y del 芦indigenismo禄 como concepciones hist贸rico-culturales 芦de agitaci贸n antiblanca禄, es decir, 芦que reniega de manera expl铆cita del descubrimiento y del sentido cristiano-cat贸lico, mariano-misionero y grecorromano de la Conquista, la Civilizaci贸n y la Evangelizaci贸n de estas tierras [latinoamericanas]禄. En segundo lugar, la lucha ideol贸gica se desplegar铆a contra la pol铆tica de derechos humanos, que era presentada como la 芦constante preservaci贸n, justificaci贸n y apoyo al avance del comunismo禄.

En otras palabras, la 芦ideologizaci贸n禄 aqu铆 se refer铆a al hecho de que la defensa de los derechos humanos, promovida por 芦grupos de solidaridad禄, entidades, asociaciones y organismos internacionales, llevar铆a a la cr铆tica e incluso a la condena de las actitudes represivas de las dictaduras militares en el continente. Esta poderosa 芦ideolog铆a de los derechos humanos禄, por lo tanto, serv铆a en la pr谩ctica para 芦justificar o tolerar a los agentes de la subversi贸n禄. O una pol铆tica 芦ideol贸gica禄 que, en el caso de Argentina, asum铆a una connotaci贸n m铆tica en un movimiento tan fuerte y amplio como el de las Madres de Plaza de Mayo.

En EEUU, los conservadores no mostraron la misma sofisticaci贸n de los ingleses y de los franceses, ni siquiera la de los cat贸licos argentinos, y desplegaron una visi贸n del mundo extra帽a y conspirativa, en la cual era dif铆cil saber qui茅nes eran los agentes de la conspiraci贸n y cu谩les eran sus prop贸sitos. En 1988, en el segundo informe del Comit茅 de Santa Fe 鈥搖n ‘think tank’ conservador enfocado en Am茅rica Latina, fundado durante el gobierno de Ronald Reagan鈥, se mencion贸 expl铆citamente la influencia de las ideas de Gramsci en el continente. Titulado Una estrategia para Am茅rica Latina en los a帽os 1990, el informe de L. Francis Bouchey, Roger Fontaine, David C. Jordan y Gordon Sumner argumentaba que una de las principales consecuencias de esta influencia era el fortalecimiento de una ideolog铆a 芦estatista禄 y favorable a la teolog铆a de la liberaci贸n que pod铆a observarse en casi todos los pa铆ses latinoamericanos.

El informe del Comit茅 de Santa Fe circul贸 ampliamente en los medios militares de Am茅rica Latina. En un contexto en el cual se debilitaba el argumento conservador sobre una supuesta ofensiva sovi茅tica y terrorista en la regi贸n, la subversi贸n comunista adquir铆a otros contornos: por un lado, se presentaba vinculada al tr谩fico de drogas; por otro, como una expansi贸n de la influencia de los intelectuales de izquierda inspirados por las ideas de Gramsci, especialmente mediante una reinterpretaci贸n de los valores 茅ticos y religiosos. El acompa帽amiento sistem谩tico de las transiciones democr谩ticas en el continente 鈥搃nfluenciando la 芦cultura pol铆tica禄 de los nuevos reg铆menes鈥 ser铆a la 煤nica manera de enfrentar tales amenazas y garantizar el sostenimiento de una estructura de Estado permanente (en los medios militar y judicial).

Para la opini贸n p煤blica estadounidense, la denuncia de esta conspiraci贸n gramsciana a la luz del d铆a asumi贸 tonos estridentes a inicios de los a帽os 1990, de la mano del locutor de radio Rush H. Lihnbaugh, autor del bestseller The Way Things Ought to Be (1992). Seg煤n Limbaugh, Gramsci preconizaba la necesidad de una 芦larga marcha dentro de las instituciones禄 antes de que el 芦socialismo y el relativismo resulten victoriosos禄. El objetivo del pensador era 芦transformar el modo en el que toda la sociedad piensa sus problemas [鈥. Para comenzar, hay que subvertir y minar la creencia en Dios禄.

El locutor de radio cre铆a que, a pesar de que el 芦oscuro comunista italiano禄 era desconocido, los thinks tanks de la izquierda le constru铆an altares. A partir de los a帽os 2000, esas teor铆as conspirativas fueron reunidas bajo la bandera del 芦marxismo cultural禄, el cual, en palabras de un especialista en asuntos militares 鈥揺l conservador William S. Lind鈥 hab铆a logrado traducir el marxismo 芦de la econom铆a a la cultura禄. En esa operaci贸n, la 芦teor铆a de la hegemon铆a cultural禄 de Gramsci defend铆a que la creaci贸n de un 芦nuevo hombre comunista禄 deb铆a desarrollarse antes de que 芦cualquier revoluci贸n pol铆tica fuese posible禄. Para esto, era necesario enfocar 芦los esfuerzos de los intelectuales en los campos de la educaci贸n y la cultura禄.

La idea de una 芦larga marcha禄, en la cual se escuchaba el eco de la haza帽a hist贸rica de Mao Ts茅-Tung en China, parece ser recurrente. Seg煤n Raymond V. Raehn, colaborador de Lind en la cr铆tica de lo pol铆ticamente correcto, 芦Gramsci vislumbr贸 una larga marcha a trav茅s de las instituciones de la sociedad, incluidos el gobierno, el poder judicial y militar, las escuelas y los medios禄. La conclusi贸n de Raehn era que el 芦multiculturalismo puede ser visto como un medio para ponerle fin al control de la hegemon铆a cultural tradicional de la sociedad estadounidense禄.

Para los conservadores estadounidenses, la 煤nica barrera entre la hegemon铆a gramsciana y las conciencias de las personas era el 芦alma cristiana禄. Destruirla era el principal objetivo de aquella.

Este acercamiento entre un discurso pol铆tico conservador y un discurso religioso de tonos fundamentalistas sign贸 los ataques a Gramsci que se desarrollaron en el contexto estadounidense. Las amenazas a la cultura occidental denunciadas por los conservadores eran interpretadas, al mismo tiempo, como amenazas al cristianismo.

El Gramsci de Olavo

La demonizaci贸n de Gramsci desembarc贸 en Brasil algunos a帽os m谩s tarde. El art铆fice de este movimiento fue el escritor Olavo de Carvalho, que traspuso a Brasil, a veces de modo literal, los argumentos de Lind y Limbaugh. Desde el primer libro de su trilog铆a, A nova era e a revolu莽茫o cultural (1994), Carvalho trataba a Gramsci como una mente diab贸lica que interpretaba y daba sentido al mal. El texto de este volumen tiene las marcas de la prisa. El autor hab铆a admitido conocer muy poco sobre el tema. La erudici贸n superficial ced铆a lugar al argumento f谩cil y a los ejemplos de pol铆tica contempor谩nea, con una prosa grosera y muchas veces sexista. Los errores biogr谩ficos y los anacronismos se amontonan, y hasta llegan a ser divertidos, como es el caso de la referencia a una supuesta 芦hija禄 de Gramsci, quien, en realidad, fue padre de dos ni帽os.

Carvalho afirm贸 que hab铆a comenzado a hablar p煤blicamente sobre el 芦gramscismo petista禄 en 1987. El a帽o coincide con el 5掳 Encuentro Nacional del Partido de los Trabajadores (PT), el primero en el cual se desarroll贸 alg煤n debate sobre la estrategia del partido. Los documentos del partido hablaban de hegemon铆a, de sociedad civil, de bloques pol铆ticos. Los significantes eran gramscianos, aunque no lo eran los significados. Pero poco importa. Carvalho estaba de acuerdo con la izquierda, que a su vez estaba convencida de que la realizaci贸n de la hegemon铆a implicaba una 芦gran marcha hacia el centro de los aparatos del Estado禄.

Aqu铆 estaba la amenaza que pon铆a en riesgo al mundo tal como se lo hab铆a conocido hasta entonces. El mal podr铆a encarnar aqu铆 o all谩, pero siempre en una fuerza que est谩 m谩s all谩 de todos y que a todos dominar谩: 芦no es solo el PT el que sigue a Gramsci; todos los hombres de izquierda de este pa铆s lo siguen desde hace una d茅cada sin darse cuenta禄.

Carvalho insisti贸 en esta tesis. El problema no estaba en que el 芦n煤mero de adeptos conscientes y declarados del gramscismo禄 fuese grande. Por el contrario. Pero el 芦gramscismo no es un partido pol铆tico, no necesita militantes inscritos ni electores fieles禄. Es 芦un conjunto de actitudes mentales禄, que est谩n presentes en individuos que probablemente nunca oyeron hablar de aquel 芦jorobado maldito禄, y que colaboran con una estrategia pol铆tica 芦sin tener la menor consciencia de lo que hacen禄. Gramsci ser铆a, en 煤ltima instancia, la famosa estructura sin sujetos.

Esta amenazadora estrategia que atrae a los incautos y los pone a hacer aquello que no saben es la hegemon铆a. En la versi贸n particular de Carvalho, la hegemon铆a es la aparente negaci贸n de la pol铆tica: 芦nada de pol铆tica, nada de pr茅dica revolucionaria禄. La hegemon铆a actuar铆a en un nivel prepol铆tico, con el prop贸sito de 芦operar un giro de 180 grados en la cosmovisi贸n del sentido com煤n, transformar los sentimientos morales, las reacciones b谩sicas y el sentido de las proporciones禄. Eso es lo que ser铆a imperdonable en Gramsci y lo que lo convertir铆a en el enemigo n煤mero uno de la derecha conservadora: haber establecido que las concepciones del mundo son un campo en disputa, poniendo en riesgo los valores de la civilizaci贸n cristiana occidental.

A comienzos de los a帽os 2000, en el contexto en el que estaba emergiendo el PT como una alternativa electoral de izquierda a los sucesivos gobiernos de agresiva orientaci贸n neoliberal que lo precedieron, la amenaza 芦gramsciana禄 reapareci贸 en el ambiente cultural de los intelectuales conservadores brasile帽os y lleg贸 a los medios militares. A revolu莽茫o gramscista no ocidente (2002) fue el t铆tulo que le dio el general S茅rgio Coutinho a un libro que volv铆a a presentar los peligros que planteaba la circulaci贸n de las ideas de Gramsci en Brasil. Para el autor, el pensamiento gramsciano brasile帽o, nacido de las fracasadas tentativas terroristas de impedir el avance de la 芦revoluci贸n de 1964禄, buscaba ahora una 芦v铆a pac铆fica禄 hacia el poder, inspir谩ndose en la experiencia eurocomunista.

En esta interpretaci贸n, la estrategia 芦gramsciana禄 hab铆a sido organizada por el Partido Comunista Brasile帽o (PCB) desde los a帽os 1970 como un plan para una transici贸n temporalmente no violenta hacia la democracia, un 芦interludio democr谩tico-burgu茅s禄. Luego, las minor铆as comunistas activas en este proceso habr铆an actuado en la disputa ideol贸gica del proceso constituyente de los a帽os 1980, amedrentando a las 芦mayor铆as democr谩ticas禄 y preparando el terreno para la toma del poder.

En la interpretaci贸n del general, el florecimiento de la influencia de las ideas gramscianas en diversos partidos brasile帽os de izquierda y de centroizquierda de aquel entonces, junto a la emergencia electoral del PT durante los a帽os 1990, implicaban la coronaci贸n del gramscismo como estrategia pol铆tica. La amenaza gramsciana se expresaba en la difusi贸n r谩pida de la idea de un 芦nuevo socialismo禄 como elemento desencadenante de una 芦guerra psicol贸gica禄 que ten铆a como objetivo debilitar, vaciar y ridiculizar las instituciones capitalistas, las fuerzas armadas y la Iglesia.

De hecho, los partidos actuaban como distintos 芦aparatos de hegemon铆a adquieren funciones estatales禄, como las oeneg茅s y los movimientos sociales. Por lo tanto, frente a una amenaza de este tipo, la 煤nica manera de enfrentar el avance del gramscismo ser铆a la conformaci贸n de un 芦nuevo centro禄 que fuese capaz de recuperar, de reorganizar y de devolver su debido protagonismo a las fuerzas 芦reprimidas禄 durante el proceso de la transici贸n democr谩tica brasile帽a.

Conservadurismo unido

A fines de los a帽os 2010, la reconstrucci贸n de la trayectoria de las ideas de Gramsci entre los intelectuales conservadores alrededor de todo el mundo gan贸 una importancia particular. Estas interpretaciones no tienen un valor intr铆nseco en los medios acad茅micos y en las investigaciones especializadas y, tal vez por eso, no llamaron mucho la atenci贸n. Sin embargo, en el ambiente pol铆tico, la emergencia de liderazgos y de nuevos 鈥搚 no tan nuevos鈥 polemistas antigramscianos parece plantear la necesidad de un an谩lisis detenido del papel que las ideas gramscianas cumplen en la gram谩tica del pensamiento pol铆tico de las denominadas nuevas derechas. A fines del S. XX, las ideas de Gramsci fueron escogidas como punto de partida para la exploraci贸n y la presentaci贸n de un nuevo terreno de conflicto pol铆tico que ya no estaba signado por la divisi贸n del mundo en dos polos n铆tidos. La lucha de clases, afirmaban un谩nimemente los intelectuales conservadores, se desplazaba hacia la esfera poco distinguible de la 芦cultura禄, de las 芦redes de valor禄, de las ideolog铆as.

A pesar de esto, hubo muchas maneras de enfrentar este enemigo com煤n de la 芦civilizaci贸n europea禄, de los valores cat贸licos y de la tradici贸n militar en Am茅rica Latina (y de las 芦libertades禄 seculares en la naci贸n estadounidense). Para algunos, Gramsci representaba un conjunto de ideas que deb铆a ser desenmascarado y repudiado en sus fundamentos; para otros, su marco te贸rico deb铆a ser absorbido y transcripto en clave neoconservadora; y hubo tambi茅n quienes pensaron que era necesario vigilar las experiencias pol铆ticas y culturales de las nuevas democracias, que supuestamente develaban las mismas formas renovadas de subversi贸n comunista inspiradas por Gramsci. Sin embargo, todos los intelectuales antigramscianos cre铆an que el pensador y dirigente sardo representaba, sobre todo, la continuidad de una amenaza profunda.

Las ideas de Gramsci, aun bajo los escombros de la ya escu谩lida experiencia 芦oriental禄, siguieron inspirando y orientando los deseos revolucionarios. Especialmente sus escritos y cartas de la c谩rcel, dejaron la marca indeleble de la resistencia met贸dica y paciente en un siglo que emanaba un aroma pestilente de triunfalismo y barbarie. Gramsci ense帽a, a fin de cuentas, a pensar y a actuar en las peores condiciones materiales y subjetivas, y es por eso que sus ideas y sus conceptos son capaces de convertirse en la lengua franca de la resistencia de los grupos subalternos de varios pa铆ses del mundo.

La reconstrucci贸n del pensamiento antigramsciano, en sus distintas vertientes, puede revelar reflejos distorsionados de esa lengua, como modulaciones antagonistas de los esfuerzos para impedir la derrota definitiva de la utop铆a socialista. De esta forma, ir贸nicamente, el pensamiento de Gramsci forma parte del bot铆n disponible para los arque贸logos de un pasado de luchas sociales radicales y del reencuentro de este con nuevas ant铆tesis vigorosas. (Este texto fue publicado en la primera edici贸n especial de Jacobin Brasil (2019) sobre marxismo cultural).

* Daniela Musi es posdoctoranda en Ciencias Pol铆ticas en la Universidad de S茫o Paulo. 脕lvaro Bianchi es profesor de ciencias pol铆ticas en la UNICAMP
jacobinlat.com. Traducci贸n de Valent铆n Huarte




Fuente: Lahaine.org