February 14, 2021
De parte de La Haine
288 puntos de vista

La desigualdad en la distribuci贸n de la propiedad de la tierra suele pasar desapercibida. Sin embargo, todas las crisis tienen que ver con ella

Desde Thomas Piketty [a煤n con todas las cr铆ticas que se le pueden y deben hacer] sabemos m谩s sobre la desigualdad de los ingresos y la riqueza en el capitalismo contempor谩neo. La desigualdad crece, no se reduce, porque la riqueza se distribuye de forma mucho m谩s desigual en cualquier parte y crece m谩s r谩pido que los ingresos. Sin embargo, la base de datos sobre la riqueza y la renta mundiales en la que trabajan Piketty y muchos otros, solo registra aspectos parciales de la desigualdad real en nuestro mundo. La desigualdad econ贸mica siempre implica desequilibrios de poder. El capital, seg煤n el hoy tan vigente razonamiento del viejo Marx, no es una cosa sino una relaci贸n de dominaci贸n. Lo mismo vale con la propiedad de la tierra.

M谩s de la mitad de la poblaci贸n mundial vive hoy en ciudades y la tendencia va en aumento. En los pa铆ses ricos del norte, solo entre el dos y el cuatro por ciento de la poblaci贸n activa se dedica a la agricultura. Pero la tierra, especialmente la f茅rtil y cultivable, a煤n sigue siendo el recurso central del que depende la alimentaci贸n de la creciente poblaci贸n mundial. Y esta tierra est谩 hoy mucho m谩s desigualmente distribuida que hace cuarenta a帽os. La desigualdad en la propiedad de la tierra ha sido estudiada durante varios a帽os por un grupo de organizaciones que se unieron para formar la Coalici贸n Internacional de la Tierra (International Land Coalition). Esta coalici贸n, que ya cuenta con 250 organizaciones de todo el mundo, ha publicado recientemente el informe 芦Uneven Ground禄 sobre la desigualdad global en la distribuci贸n de la tierra.

Medida de forma convencional 鈥揷ontando los propietarios registrados en relaci贸n con la superficie de propiedad privada o p煤blica de la tierra鈥 la desigualdad en la distribuci贸n de la tierra ha disminuido. Una mirada m谩s atenta revela un panorama muy diferente. Cada vez m谩s, sobre todo en Norteam茅rica y Europa, los agricultores son nominalmente propietarios de la tierra que trabajan y se consideran agricultores independientes. En realidad, sin embargo, est谩n vinculados por contratos a largo plazo con multinacionales agroalimentarias y la industria de la alimentaci贸n, y solo existen como eslabones de la producci贸n agr铆cola y las cadenas de suministro. Est谩n dominados por unos pocos gigantes de la agroindustria. Quienes controlan decenas de miles de peque帽as y medianas explotaciones agr铆colas pueden ahorrarse robar o comprar tierras. Sin embargo, sigue siendo as铆.

Robo de tierras encubierto

La desigualdad en la distribuci贸n de la tierra ha vuelto a aumentar considerablemente desde la d茅cada de 1980 y sigue aumentando. El diez por ciento m谩s rico de la poblaci贸n rural posee m谩s del 60 por ciento de la tierra, medido en relaci贸n con el precio de la misma. El 1% de las empresas agr铆colas poseen o controlan actualmente m谩s del 70% de las tierras cultivables, campos, plantaciones y granjas de todo el mundo. A este uno por ciento pertenecen solo multinacionales agr铆colas que operan a nivel mundial, como el grupo ABCD: ADM, Bunge, Cargill y Dreyfuss, que en conjunto dominan el mercado mundial de trigo, ma铆z y soja.

Todav铆a hoy, 2.500 millones de personas viven como peque帽os agricultores, principalmente en Am茅rica Latina, Asia y 脕frica. En el norte rico, especialmente en Europa y Am茅rica del Norte, las explotaciones agr铆colas crecen y el n煤mero de agricultores disminuye. El tama帽o medio de las explotaciones agr铆colas est谩 creciendo r谩pidamente; un n煤mero cada vez mayor de agricultores estadounidenses y europeos est谩n vinculados mediante contratos de suministro a largo plazo a multinacionales agroalimentarias, cadenas comerciales e indirectamente a fondos de inversi贸n.

En todo el mundo se est谩 procediendo a la expropiaci贸n de peque帽os agricultores y propietarios colectivos de tierras como los pueblos ind铆genas. En muchos pa铆ses en desarrollo, sus t铆tulos de propiedad no existen o les son discutidos, pueden ser f谩cilmente invalidados. La compra de tierras desempe帽a un papel fundamental, as铆 como el robo de tierras abierto o encubierto es igualmente importante. Al igual que en la regi贸n amaz贸nica, esto se hace a menudo a expensas de las zonas naturales que pertenecen al Estado o que est谩n protegidas por 茅l. En el capitalismo, la tierra es una mercanc铆a y tiene un precio con el que se especula con dicha mercanc铆a-tierra. Las multinacionales agr铆colas y alimentarias, as铆 como las cadenas comerciales que operan a nivel internacional, especulan con ella. Actualmente, los grupos financieros internacionales son los agentes m谩s importantes que, no solo se disputan el suelo urbano edificable o los bienes inmuebles, sino que se disputan con la misma intensidad las tierras de cultivo (der Freitag 44/2020).

Estos inversores financieros operan a corto plazo, las compras de tierras y las inversiones en contratos con las explotaciones deben ser rentables lo m谩s r谩pido y lo m谩ximo posible. Empujan hacia la concentraci贸n de la tierra, forzando la transformaci贸n acelerada de las econom铆as campesinas tradicionales en monocultivos y plantaciones mecanizadas a gran escala, sin ninguna contemplaci贸n en las consecuencias a largo plazo. Debido a la progresiva concentraci贸n de la tierra, cada vez son m谩s los campesinos que se ven obligados a someterse a los insuficientes ciclos de recuperaci贸n de la tierra por parte de las financieras.

La concentraci贸n de la tierra, el dominio de las grandes multinacionales agr铆colas y la creciente influencia de los inversores financieros tienen consecuencias claramente visibles. Por ejemplo, para la selva tropical, que est谩 siendo v铆ctima del hambre de tierras de los nuevos grandes terratenientes. Donde hasta hace poco todav铆a hab铆a selva tropical, ahora se produce aceite de palma en enormes plantaciones en Sumatra. En el Amazonas, los peque帽os agricultores est谩n siendo expulsados, al igual que los pueblos ind铆genas de sus zonas protegidas, para dejar paso a gigantescas explotaciones ganaderas controladas por unas pocas corporaciones agr铆colas.

Los peque帽os agricultores son m谩s cuidadosos

Existen claros v铆nculos entre la creciente desigualdad en la distribuci贸n de la tierra, la p茅rdida de biodiversidad, la creciente escasez de agua, el agotamiento o envenenamiento de los suelos por sobreexplotaci贸n y sobrefertilizaci贸n, la crisis clim谩tica y las crisis sanitarias globales, como el aumento de enfermedades zoon贸ticas como el Covid-19 (der Freitag 43/2020). All铆 donde se extiende la econom铆a de plantaci贸n actual con sus monocultivos, crece la pobreza. Tambi茅n crece el n煤mero de personas sin tierra, que ahora son m谩s que nunca en todo el mundo.

Debido a que la poblaci贸n rural de los pa铆ses pobres del sur global se ve privada del acceso a la tierra y, por tanto, de la base de su sustento, los flujos migratorios aumentan. Los que se quedan sin tierra tienen que emigrar para conseguir tierra, agua y bosques en otro lugar. La concentraci贸n de la tierra fuerza las migraciones masivas, que hasta hoy tienen lugar principalmente en el sur global.

Puesto que la lucha por la distribuci贸n de la tierra desempe帽a un papel fundamental en la alimentaci贸n mundial, el consumo de agua, la amenaza de cat谩strofe clim谩tica y la extinci贸n de especies, los autores del estudio proponen una iniciativa de gran calado: la lucha por la propiedad de la tierra debe llevarse a cabo por todos los medios para reforzar los derechos de los peque帽os agricultores y de los usuarios colectivos de la tierra, quienes siempre han tratado la tierra y todos sus recursos con m谩s cuidado y preocupaci贸n que los nuevos latifundistas globales.

freitag.de. Traducci贸n: Jaume Ravent贸s para Sinpermiso




Fuente: Lahaine.org