December 7, 2022
De parte de Nodo50
222 puntos de vista

Los ultraderechistas, algunos descendientes directos o indirectos de los partidos fascistas, est谩n llegando al poder en Europa; el caso m谩s reciente ha sido en Italia, donde Giorgia Meloni ha alcanzado la c煤spide del gobierno. El hilo negro de su Fratelli d’Italia se remonta a la 鈥減osfascista鈥 Alleanza Nationale y el 鈥渘eofascista鈥 Movimento Sociale Italiano hasta ser lo que es hoy. En Austria, el Freiheitliche Partei 脰sterreichs (FP脰), cuyo predecesor surgi贸 en la d茅cada de 1940 como una especie de punto de confluencia exnazi, ya ha saboreado el poder m谩s de una vez.

Pero incluso los partidos de ultraderecha de nuevo cu帽o, como los Dem贸cratas de Suecia, de los que depende el nuevo gobierno de la derecha en ese pa铆s, no son simplemente 鈥減opulistas鈥. Por decirlo de forma esquem谩tica, tienen m谩s en com煤n con Benito Mussolini que con Juan Per贸n y el ep贸nimo 鈥渋smo鈥 que deriv贸 de su gobierno autoritario-populista en Argentina.

Evitar la palabra que empieza con 鈥渇鈥

Abjuramos, no obstante, de la palabra que empieza con 鈥渇鈥. La nueva ultraderecha rechazar铆a con indignaci贸n el calificativo de 鈥渇ascista鈥: insistir铆a, despu茅s de todo, en que bajo su gobierno no habr铆a supresi贸n de la disidencia, ni anarqu铆a ni violencia callejera, ni siquiera campos de concentraci贸n. La oposici贸n a la extrema derecha tambi茅n evita el t茅rmino, ya que intuitivamente saben que s贸lo se presentar铆a como una prueba m谩s de que 鈥渆l establishment鈥 quer铆a socavar su legitimidad y secundar a sus maltratados electores.

Sin embargo, sigue existiendo un problema: incluso los fascistas hist贸ricos no fueron tan 鈥渇ascistas鈥 hasta que se aseguraron el gobierno de un solo partido; tampoco se convirtieron en ello de golpe. Los nazis privaron legalmente a los jud铆os del derecho al voto y los etiquetaron como Untermenschen 鈥損ersonas de segunda categor铆a con rasgos de car谩cter reprobables鈥 antes de que el ambiente estuviera preparado para los pogromos violentos. El pogromo de noviembre tuvo lugar en 1938, casi seis a帽os despu茅s del nombramiento de Adolf Hitler como canciller y m谩s de cuatro a帽os despu茅s del refer茅ndum que le confiri贸 la condici贸n de f眉hrer.

Incluso los fascistas hist贸ricos no fueron tan 鈥渇ascistas鈥 hasta que se aseguraron el gobierno de un solo partido; tampoco se convirtieron en ello de golpe

Los fascistas hist贸ricos tambi茅n fueron camaleones pol铆ticos: Mussolini anteriormente fue socialista. En el momento crucial, hubo una toma de conciencia de la ambici贸n de poder: la ira, el odio e incluso el miedo son emociones pol铆ticas mucho m谩s fuertes que la esperanza. Los socialistas movilizaron la esperanza, los fascistas el c贸ctel embriagador del miedo y el odio.

Marcar la agenda

Tanto si se trata de fascistas como de 鈥溍簄icamente鈥 ultraderechistas, cabe suponer que tales fuerzas celebrar谩n a煤n m谩s 茅xitos en el futuro. Es cierto que las sociedades modernas, especialmente las econom铆as avanzadas y las comunidades progresistas del occidente hist贸rico, son diversas en todos los aspectos: condiciones de vida, entornos sociales, mentalidades pol铆ticas e ideol贸gicas y criterios 茅tnicos. Esto significa que, incluso all铆 donde la derecha se ha radicalizado enormemente y es muy popular entre sus bases, suele haber mayor铆as que la rechazan apasionadamente. Pero esta derecha suele marcar la agenda, mientras que sus oponentes se mantienen a la defensiva.

Se puede culpar de ello a la incapacidad de la izquierda, los liberales y los progresistas en general, pero probablemente haya razones m谩s profundas. 脡stas tienen que ver con fen贸menos a menudo analizados, como el neoliberalismo o el alejamiento de los partidos obreros cl谩sicos de sus ambientes tradicionales y el sentimiento entre las clases trabajadoras de que ya no est谩n representadas.

Pero ahora se a帽ade algo m谩s: un miedo profundo a la inestabilidad global, al declive, a la p茅rdida de prosperidad. La depresi贸n es general y hay poco optimismo. Este estado de 谩nimo fatalista es el combustible de la estrechez de miras agresiva.

Reacciones defensivas

Los que se sienten inseguros quieren defender lo que tienen: prefieren tener muros a su alrededor para mantener a raya las fechor铆as del mundo. La esperanza lo tiene dif铆cil cuando el cambio solo se imagina a peor. Las crisis econ贸micas y energ茅ticas interconectadas, la guerra y la inflaci贸n oscurecen el 谩nimo. Las reacciones defensivas favorables a la derecha son comprensibles.

鈥淗oy el fascismo no es expansivo, sino contractivo鈥, escribe Georg Diez en el Tageszeitung de Berl铆n. Kia Vahland sugiere en el S眉ddeutsche Zeitung que el fascismo no es solo una forma de gobierno 鈥渟ino tambi茅n una actitud. Y esto, por desgracia, est谩 celebrando su regreso en diversas formaciones y sistemas pol铆ticos鈥.

La extrema derecha de hoy no quiere conquistar imperios, sino decir 鈥減aren el mundo: queremos bajarnos鈥. Entonces, 驴en qu茅 se parece al fascismo hist贸rico y en qu茅 se distingue de 茅l?

Un h谩bil camuflaje

El fascismo hist贸rico era reaccionario como forma de gobierno, en sus objetivos declarados y en la realidad. Estaba expl铆citamente en contra de la democracia y el parlamentarismo, y tambi茅n a favor de un culto autoritario al f眉hrer. Aunque invocaba el 鈥渟entido com煤n鈥 y la opini贸n supuestamente unificada del Volk, rara vez se apropiaba de las preferencias democr谩ticas. Naci贸 de la guerra y fue moldeado por la 鈥渄isciplina鈥 de los militares.

El fascismo actual invoca valores democr谩ticos y pretende ser la voz de la gran masa oprimida por una poderosa 鈥溍﹍ite鈥 minoritaria

El fascismo actual, en cambio, invoca valores democr谩ticos y pretende ser la voz de la gran masa oprimida por una poderosa 鈥溍﹍ite鈥 minoritaria. Sus protagonistas saben utilizar los valores del liberalismo y del consumismo hedonista, lo que significa que incluso se propaga en ambientes antiautoritarios, como han se帽alado los soci贸logos Oliver Nachtwey y Carolin Amlinger: valores como la 鈥渁utonom铆a鈥, la 鈥渁utodeterminaci贸n鈥 y la 鈥渁utorrealizaci贸n鈥 pueden integrarse sorprendentemente bien en movimientos autoritarios.

La extrema derecha a menudo se camufla h谩bilmente como un movimiento de libertad contra los gobiernos invasores que ignoran los deseos de los ciudadanos. Los fascistas han aprendido a 鈥渦tilizar los principios de la democracia liberal para socavarlos y abolirlos鈥, como apunta Diez.

Con la desinformaci贸n y la provocaci贸n, sumadas a la distorsi贸n de la realidad y la simplificaci贸n radical de su complejidad, se alimenta una polarizaci贸n de nosotros contra ellos. A partir de esta guerra sint茅tica dirigida a la opini贸n p煤blica, solo hace falta que salte una chispa para que surja la violencia real a la que la ret贸rica pol铆tica apocal铆ptica ya ha otorgado legitimidad.

Cambiar los cimientos 

En la 茅poca dorada de la democracia liberal de posguerra, la derecha conservadora, cuando fue elegida, por supuesto trat贸 de imponer su programa. Pero incluso en su forma reaccionaria, a la sombra del Holocausto, no cuestion贸 los principios y el funcionamiento de la democracia y acept贸 las derrotas. Actualmente, el conservadurismo autoritario y la derecha fascista no lo hacen. Intentan cambiar los cimientos de la democracia de tal modo que sea pr谩cticamente imposible expulsarlos a trav茅s del voto.

El conservadurismo autoritario y la derecha fascista intentan cambiar los cimientos de la democracia de tal modo que sea pr谩cticamente imposible expulsarlos a trav茅s del voto

Est谩n reprimiendo a los medios de comunicaci贸n independientes y a la oposici贸n, cambiando las leyes electorales, manipulando las circunscripciones e invocando la falsa democracia de los plebiscitos diarios, desde las encuestas de opini贸n hasta falsos referendos. All铆 donde cuentan con las mayor铆as necesarias, utilizan estas posibilidades antidemocr谩ticas sin escr煤pulos.

Pensemos en la Hungr铆a de Viktor Orb谩n. Pensemos en los republicanos del 鈥make America great again鈥. O el ansia de poder del Gobierno de extrema derecha austriaco bajo el te贸ricamente conservador Sebastian Kurz en alianza con el FP脰 entre 2017 y 2019, que a煤n podr铆a haber terminado muy mal si el gobierno no se hubiera derrumbado por las revelaciones de corrupci贸n que afectan al l铆der del FP脰, Heinz-Christian Strache, y al propio Kurz. En general, la derecha dura 煤nicamente se adhiere a las costumbres de la democracia mientras carece del poder de monopolio para actuar de otra manera 鈥揷omo durante el tiempo que duran los gobiernos de coalici贸n鈥.

La m谩quina del odio

Las 鈥渋m谩genes del enemigo鈥 鈥Feindbilder en el mundo de habla alemana鈥 se construyen sin freno y se provocan emociones . En el 谩mbito nacional, el objetivo son los supuestos defensores de un 鈥渕arxismo cultural鈥 que pretende prohibir a la gente 鈥渘ormal鈥 disfrutar de sus estilos de vida. En la l铆nea de fuego externa est谩n los 鈥渕igrantes鈥, especialmente los refugiados de pa铆ses predominantemente musulmanes, con grupos 茅tnicos enteros estereotipados y con chivos expiatorios de la delincuencia, entre estridentes advertencias de un 鈥済ran reemplazo鈥 de los cristianos europeos.

Internet se ha convertido en una gigantesca m谩quina de odio. La l贸gica de las 鈥渞edes sociales鈥, impulsadas por el comercio, amplifica la indignaci贸n, exacerbada por la competitividad dentro de sus burbujas, en las que los participantes se radicalizan para impresionar a los suyos.

Se establece un mundo de fantas铆a en el que la poblaci贸n aut贸ctona 鈥搊 al menos el electorado de la extrema derecha鈥 puede redefinirse como una 鈥渧铆ctima鈥 tan amenazada que cualquier forma de resistencia est谩 justificada. Uno se siente amenazado por las hordas y, como siempre en la historia 鈥搃ncluida la de la primera mitad del siglo pasado鈥, esta amenaza fantasiosa legitima a los cautivados por ella a actos inhumanos que rechazar铆an en circunstancias normales.

El embrutecimiento es lento, gradual, una pendiente resbaladiza apenas visible. Sin embargo, independientemente de si fascismo es la palabra correcta para referirnos a la amenaza, restarle importancia ser铆a un error mucho mayor.

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Robert Misik es un escritor y ensayista que reside en Viena. Publica en Medios como Die Zeit y Die Tageszeitung. Ganador del premio de periodismo econ贸mico otorgado por la John Maynard Keynes Society.

Este art铆culo se public贸 originalmente en ingl茅s en Social Europe.

Traducci贸n de Paloma Farr茅.




Fuente: Ctxt.es